Homero Aridjis

Biografía y amplia selección de poemas de Homero Aridjis. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Antología lírica (17 poemas seleccionados)

A Betty

Y Dios creó las grandes ballenas

allá en Laguna San Ignacio,

y cada criatura que se mueve

en los muslos sombreados del agua.

Y creó al delfín y al lobo marino,

a la garza azul y a la tortuga verde,

al pelícano blanco, al águila real

y al cormorán de doble cresta.

Y Dios dijo a las ballenas:

"Fructificad y multiplicaos

en actos de amor que sean

visibles desde la superficie

sólo por una burbuja,

por una aleta ladeada,

asida la hembra debajo

por el largo pene prensil;

que no hay mayor esplendor del gris

que cuando la luz lo platea.

Su respiración profunda

es una exhalación".

Y Dios vio que era bueno

que las ballenas se amaran

y jugaran con sus crías

en la laguna mágica.

Y Dios dijo:

"Siete ballenas juntas

hacen una procesión.

Cien hacen un amanecer".

Y las ballenas salieron

a atisbar a Dios entre

las estrías danzantes de las aguas.

Y Dios fue visto por el ojo de una ballena.

Y las ballenas llenaron

los mares de la tierra.

Y fue la tarde y la mañana

del quinto día.

Homero Aridjis

A veces uno toca un cuerpo y lo despierta...

A veces uno toca un cuerpo
y lo despierta

por él pasamos la noche que se abre
la pulsación sensible de los
brazos marinos

y como al mar lo amamos

como a un canto desnudo
como al solo verano

Le decimos luz como se dice
ahora

le decimos ayer y otras partes

lo llenamos de cuerpos y de
cuerpos

de gaviotas que son nuestras gaviotas

Lo vamos escalando punta a
punta

con orillas y techos y aldabas

con hoteles y cauces y
memorias

y paisajes y tiempo y asteroides

Lo colmamos de nosotros y
de alma

de collares de islas y de alma

Lo sentimos vivir y
cotidiano

lo sentimos hermoso pero sombra.

Homero Aridjis

Abril es ella quien habla por tus labios...

Abril es ella quien habla
por tus labios
como un joven sonido desnudo por el aire

En la noche ha volado con
tu vuelo más alto
con risa de muchacha
como el fuego nocturno de los
frutos del viento
donde vibran los pájaros

Manzana del amor
su voz bajo la lluvia es un pescado rojo

Embarcada en sus cuencos
con los ojos absortos
es la virgen gaviota que ha bebido del mar

en el agua su sol
mariposa de luz

Homero Aridjis

Al hablarte me escuchas...

Al hablarte me escuchas

desnuda de conceptos
renuncias a ti misma
para volverte aire
y al
vuelo de mis pájaros verbales
concibes la palabra
siempre virgen y
madre
vas perdurando los instantes
en tu cintura poderosa
algún día

cuando pierda al mundo
me harás permanecer.

Homero Aridjis

Anverso

No veo tu sonrisa entre
mis labios
apurar la prolongada espera
en tu abandono de
luciérnaga a la noche;
sólo tengo asida entre mis brazos
la
inexpresable lucha
de penetrar en el bosque sin fondo de tu sueño

que empieza en la penumbra.
Sólo el afán de arañar las escamas de la
tierra
y volcar la savia del origen
en tu canasto de riveras
blandas,
para encontrarte a ti,
en el hueco de tus verdes
plantaciones
como un todo revuelto entre mis manos.
Sólo mis
párpados abiertos
confundidos en el incendio de absorberte
en tu
acuario de humo,
bajo la soledad de unos cerebros desyelmados.
No
veo tu presencia desdoblada
ahondarme y contenerme,
sólo mi furia
de hombre
en las grietas de ti misma
persiguiéndote sin
alcanzarte.
Sólo la noche posada en tus cabellos,
la noche
raspándonos los ojos,
la noche uniéndonos y separándonos
como
división eterna entre los cuerpos.

Homero Aridjis

Asombro

del tiempo

(Estela para la muerte de mi madre Josefina Fuentes de Aridjis)

Ella la dijo: Todo sucede en sábado:

el nacimiento, la muerte,

la boda en el aire de los hijos.

Tu piel, mi piel llegó en sábado.

Somos los dos la aurora, la sombra de ese día.

Ella la dijo: Si tu padre muere,

yo también voy a morir.

Sólo es cosa de sábados.

Cualquier mañana los pájaros

que amé y cuidé van a venir por mí.

Ella estuvo conmigo. En mi comienzo.

Yo estuve con ella cuando murió, cuando nació.

Se cerró el círculo. Y no sé

cuándo nació ella, cuándo morí yo.

El rayo umbilical nos dio la vuelta.

Sobre la ciudad de cemento se alza el día.

Abajo queda el asombro del tiempo.

Has cerrado los ojos, en mí los has abierto.

Tu cara, madre, es toda tu cara, hoy que dejas la vida.

La muerte, que conocía de nombre, la conozco en tu cuerpo.

Dondequiera que voy me encuentro con tu rostro.

Al hablar, al moverme estoy contigo.

El camino de tu vida tiene muchos cuerpos míos.

Juntos, madre, estaremos lejanos.

Nos separó la luna del espejo.

Mis recuerdos se enredan con los tuyos.

Tumbados para siempre, ya nada los tumba.

Nada los hace ni deshace.

Palpando tu calor, ya calo tu frío.

Mi memoria es de piedra.

Hablo a solas y hace mucho silencio.

Te doy la espalda pero te estoy mirando.

Las palabras me llevan de ti a mí y de mí a ti

y no puedo pararlas. Esto es poesía, dicen,

pero es también la muerte.

Yo labro con palabras tu estela.

Escribo mi amor con tinta.

Tú me diste la voz, yo sólo la abro al viento.

Tú duermes y yo sueño. Sueño que estás allí,

detrás de las palabras.

Te veo darme dinero para libros,

pero también comida.

Porque en este mundo, dicen,

son hermosos los versos,

pero también los frutos.

Un hombre camina por la calle.

Una mujer viene. Una niña se va.

Sombras y ruidos que te cercan

sin que tú los oigas, como si sucedieran

en otro mundo, el nuestro.

Te curan de la muerte y no te salvan de ella.

Se ha metido en tu carne y no pueden sacarla,

sin matarte. Pero tú te levantas, muerta,

por encima de ti y me miras desde el pasado mío,

intacta.

Ventana grande que deja entrar a tu cuarto la ciudad de cemento.

Ventana grande del día que permite que el sol se asome a tu cama.

y tú, entre tanto calor, tú sola tienes frío.

Así como se hacen años se hace muerte.

Y cada día nos hacemos fantasmas de nosotros.

Hasta que una tarde, hoy, todo se nos deshace

y viendo los caminos que hemos hecho

somos nuestros desechos.

Sentado junto a ti, veo más lejos tu cuerpo.

Acariciándote el brazo, siento más tu distancia.

Todo el tiempo te miro y no te alcanzo.

Para llegar a ti hay que volar abismos.

Inmóvil te veo partir, aquí me quedo.

El corredor por el que ando atraviesa paredes,

pasa puertas, pasa pisos,

llega al fondo de la tierra,

donde me encuentro, vivo,

en el comienzo de mí mismo en ti.

Número en cada puerta y tu ser pierde los años.

Tu cuerpo en esa cama ya sin calendarios.

Quedarás fija en una edad, así pasen los siglos.

Domingo 7 de septiembre, a las tres de la tarde.

Un día más, unos minutos menos.

En tu muerte has rejuvenecido,

has vuelto a tu rostro más antiguo.

El tiempo ha andado hacia atrás

para encontrarte joven. No es cierto

que te vayas, nunca he hablado tanto contigo.

Uno tras otro van los
muertos, bultos blancos,

en el día claro.

Por el camino vienen vestidos de verde.

Pasan delante de mí y me atraviesan. Yo les hablo.

Tú te vuelves.

Pasos apesadumbrados de hombres

que van a la ceremonia de la muerte,

pisando sin pisar las piedras

de las calles de Contepec,

con tu caja al cementerio.

Tú lo dijiste un día:

todo sucede en sábado:

la muerte, el nacimiento.

Sobre tu cuerpo, madre, el tiempo se recuerda.

Mi memoria es de piedra.

México D.F., 2 de septiembre de 1986

Contepec, Mich., 7 de septiembre de 1986

Homero Aridjis

Ayer y hoy

Tu paso, como una
sombra,
era difícil de seguir,
y al perderte en una esquina

sólo quedaba en mí, como en la calle,
un vago sentimiento de vacío.

Tu cimbreo, tu cintura

me estremecían
y el jardín parecía tener más rosas
y el verano
calor,
pues en mis labios de niño aún no había
la palabra que
define al amor.

La edad nos separaba,

como a dos cuerpos,
no de tamaños distintos,
sino de espacios
diferentes.

Y mis manos asiéndote,

mis brazos abarcándote,
no podían asirte,
no podían alcanzar tu
cuerpo, tu mirada.

Homero Aridjis

Cae la lluvia sobre junio...

Cae la lluvia sobre
junio
El espíritu de la mujer que ama
corre en tu cuerpo
se desnuda en las calles

La vida en los rincones
sostiene el equilibrio del mundo
con
un algo de Dios que asciende de las ruinas

Los hijos del hombre hacen su universo
sobre un barco de papel
que se destroza
pero la alegría no está precisamente allí
sino en
la proyección de otro universo

Nada debe detenerse
volverá septiembre y después abril
y los
amigos que no acudieron esta primavera
estarán con nosotros en un
invierno previsible

Amo este tiempo
donde los perros son sagrados
y los insectos
titubean en los vidrios

Te amo a ti por efímera por susceptible al frío

La ciudad se
ilumina para nuevas proezas

Homero Aridjis

Cuando la sombra duerme su cuerpo se ilumina...

Cuando la sombra duerme
su cuerpo se ilumina
su rostro reflejado atraviesa cristales
y
finalmente se instala en todo brillo

Sus dedos trenzan en el aire
los bellos frutos de los días de
mayo

Muda en la respiración muda de las cosas
la voz de una mujer pasa
buscándola

Desnuda en el esplendor irreparable
sus ojos se abren como un río

de luz y de sonido

Homero Aridjis

Déjame...

Déjame
estoy lleno
de ti,
no te perderé,
llevo conmigo tu esperanza invicta
y los
diluvios de tu claustro;
he visto levantarse de tus pupilas
el
sentimiento inaugural del hombre,
pero todavía no tengo la sangre

y la tierra y la palabra
no me pertenecen

Homero Aridjis

Donde el ensoñado y el soñado...

Donde el ensoñado y el
soñado
van por un solo camino
se levanta un cuerpo

Por ese adentro de mujeres que hablan
de pasadas contiendas en
las que no estuvimos
otro cuerpo se abre

y todo aquello que los cuerpos forman
es en la sombra
un
brillo solitario

Homero Aridjis

Ella violenta y pública...

Ella violenta y pública

en el peregrinaje lento de las horas
que resbalan coloreándose hacia
el alba

ella
exterminada y recobrada
por batallones en su misma mano

faz que se dobla en el arco
haciéndose durar

plenitud
quebranto inclinación
centro donde el esplendor se esparce
o se
concentra con el instante a la deriva

con los fetiches
con los proscritos de las calles
con las
mujeres que llaman con susurros

con los que esperan que lo oscuro amanezca
para que su techo sea
un techo dorado

ella con lunas negras
pareja y cada uno de los oponentes
sobre
el hallazgo y el trance

al fondo de su secreto brilla
alberga alas que la ascienden

ojos que develan sus brumas

la noche es su aurora

sacude en el pasmado al desertor
teje un manto de espanto en torno

de aquellos que niegan la justicia

Homero Aridjis

Erótica

Globos
El
deseo perfora
en la clara dureza de su cuerpo,
delgadeces empujan
en su vientre
un temblor que si se agita salta,

ritmos balancean bajo su pecho
viva abundancia que el deseo
persigue
con una sombra flaca.

Deseo
Dos llamas que apagan su calor
cuando están más
fundidas,
y tienen más desolación
cuando parecen más unidas.

Pareja
Dos cuerpos que agotan su fervor
en otro cuerpo,
que
es suyo y no es suyo
al mismo tiempo.

Homero Aridjis

Es tu nombre y es también octubre...

Es tu nombre y es
también octubre

es el diván y tus ungüentos
es ella tú la joven de las
turbaciones

y son las palomas en vuelos secretos
y el último escalón de la
torre

y es la amada acechando el amor en ante muros
y es lo dable en
cada movimiento y los objetos

y son los pabellones
y el no estar del todo en una acción
y
es el Cantar de los Cantares

y es el amor que te ama
y es un resumen de vigilia
de
vigilancia sola al borde de la noche

al borde del soñador y los insomnios
y también es abril y
noviembre

y los disturbios interiores de agosto
y es tu desnudez
que
absorbe la luz de los espejos

y es tu capacidad de trigo
de hacerte mirar en las cosas
y
eres tú y soy yo

y es un caminarte en círculo
dar a tus hechos dimensión de arco

y a solas con tu impulso decirte la palabra.

Homero Aridjis

He de perseguir tu cuerpo...

He de perseguir tu
cuerpo
hasta donde dos cuerpos pelean
tu callejón oscuro

y peligrosamente el día
tiene contacto con una luz que no le
corresponde
para sentirse propio y poseído
hasta donde la
demolición de los conjuros
no perdona el rumor de las palabras

he de perseguir tu cuerpo
hasta el fin de tus calles
donde los
saludos forman esquina con el viento

y la seguridad imposible de manos conocidas
hace vivir deseos
constelaciones
en el solo equilibrio de la sombra

Homero Aridjis

La

forma de tu ausencia

Ni un momento
he
dejado de ver en este cuerpo

la forma de tu ausencia,
como una esfera que ya no te contiene.

Pero dos cosas constantes te revelan,
te tienen de cuerpo entero en
el instante,
y son la cama y la mesa de madera,
hechas a la medida
del amor
y del hambre

Homero Aridjis

La noche muere sobre una manzana rota...

La noche muere sobre
una manzana rota
La creación recomienza

El alba crece insuperable
compacta en sus disturbios

El
hombre pulsa la memoria
abre el instante nuevo
con manos
transparentes

Por todas partes la fantasía
de ser entre las horas
la proeza
el grito la resurrección

También de la tierra húmeda
de los hechos ya ocultos
llega el
movimiento
el segundo perpetuo
la presencia

Una palabra corta en
dos tus labios

Homero Aridjis

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