Poesía Universal

Heberto Padilla

Biografía y amplia selección de poemas de Heberto Padilla. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Heberto Padilla. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Heberto Padilla

8 poemas seleccionados
1.

Autorretrato del otro

¿Son estremecimientos, 
		náuseas,

		efusiones,

		o más bien esas ganas

		a veces tiene el hombre de gritar?

		No lo sé. Vuelvo a escena.

		Camino hacia los reflectores

		como ayer,

                  
		más veloz que una ardilla,

		con mi baba de niño

		y una banda tricolor en el pecho,

               
		protestón e irascible

                          
		entre los colegiales.

		

		Es que por fin

                       
		lograron encerrarme

		en el jardín barroco que tanto odié

		y este brillo de ópalo

                         
		en los ojos

		me hace irreconocible.

		El gladiador enano ( de bronce)

		que he puesto encima de la mesa

		-un héroe cejijunto y habilísimo

		con su arma corta y blanca-

		y su perra enconada,

                 
		son ahora mis únicos compinches.

		Pero cuando aparezca

                 
		mi tropa de juglares

		limaremos las rejas

                                         
		y saldré.

		¡Puertas son las que sobran!

		

		Bajo la luna plástica

		¿me he vuelto un papagayo

		o un payaso de náilon

		que enreda y trueca las consignas?

		¿O no es cierto?

		¿Es una pesadilla

		que yo mismo pudiera destruir?

		¿Abrir

		de repente los ojos

		y rodar por el sueño como un tonel

		y el mundo ya mezclado con mis fermentaciones?

		¿O serán estas ganas

		que a veces tiene el hombre de gritar?

		Las Derechas me alaban

                 
		(ya me difamarán).

		Las Izquierdas me han hecho célebre

               
		(¿ no han empezado a alimentar sus dudas?).


		Pero de todas formas

		advierto que vivo entre las calles.

		Voy sin gafas ahumadas.

		Y no llevo bombas de tiempo en los bolsillos

		ni una oreja peluda -de oso-.

		Ábranme paso ya

		sin saludarme, por favor.

		Sin hablarme.

		Échense a un lado si me ven.


		De "El hombre junto 
		al mar"  1981
2.

Berta

Estás contra mi pecho, 

		y sé que todo el aire desordenado 

		de mi vida 

		rinde ante ti los brazos, mujer mía. 

		

		Conmigo por tantas horas, 

		tú restauras mi profunda alegría 

		y la apuntalas a tu modo 

		en el mundo. 

		Y eres la fantasiosa que recorre 

		el delicado juego 

		de la encantada noche, mi poseída.


		De "El justo tiempo 
		humano" 1962
3.

De "El hombre junto al mar" 1981

Día 
		tras día

		

		Cada noche me libras

		de la corona turbia

		que amenaza las horas de mi felicidad

		y llegas en puntillas lentamente

		y me arrancas los ojos de humanista

		susceptibles al sueño

		de modo que la muerte no puede seducirme

		Definitivamente soy tu modelo azul

		temblando en cualquier agua en que tú me sumerjes

		La flor monumental para el salón de té

		de las embajadoras que ignoran nuestros nombres


		De "El hombre junto 
		al mar"  1981
4.

En

tiempos difíciles

		

		A aquel hombre le pidieron su tiempo

		para que lo juntara al tiempo de la Historia.

		Le pidieron las manos,

		porque para una época difícil

		nada hay mejor que un par de buenas manos.

		Le pidieron los ojos

		que alguna vez tuvieron lágrimas

		para que contemplara el lado claro

		(especialmente el lado claro de la vida)

		porque para el horror basta un ojo de asombro.

		Le pidieron sus labios

		resecos y cuarteados para afirmar,

		para erigir, con cada afirmación, un sueño

		(el-alto-sueño);

		le pidieron las piernas,

		duras y nudosas,

		(sus viejas piernas andariegas)

		porque en tiempos difíciles

		¿algo hay mejor que un par de piernas

		para la construcción o la trinchera?

		Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,

		con su árbol obediente.

		Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.

		Le dijeron

		que eso era estrictamente necesario.

		Le explicaron después

		que toda esta donación resultaría inútil

		sin entregar la lengua,

		porque en tiempos difíciles

		nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.

		Y finalmente le rogaron

		que, por favor, echase a andar,

		porque en tiempos difíciles esta es, sin duda, la prueba decisiva.


		De "Fuera del juego" 
		1968
5.

Entre

marzo y 
		abril está mi mes más cruel...

		

		Entre marzo y abril está mi mes más cruel 

		Apretado a tus brazos

		ascua feliz

                       
		el más tierno y salvaje

		te dije:

              
		éstos tienen que ser los brazos del amor

		Puse tus ojos y tus labios abiertos

                                    
		debajo de los míos

		y caímos cantando en el sofá

		fue la última vez en que pudimos amar

          sin sobresaltos.

		y en vez de libros

                                    
		flores

		y un hechizo calcáreo en la pared

                                                   
		con manchas

		y la espuma de los muebles de mimbre

                                                   
		orlando tu aureola

		abriendo abanicos de fuego

		lanzallamas

		y un cielo

		y una constelación que se agigantan

		muslos y vulvas inmortales

		y mi oído en tu vientre

                
		donde te late un nuevo corazón

		y en tu entraña

                                 
		ahora estás embarazada

		en la abertura exigua de cada poro

		el eterno deseo

		la única escritura digna de nuestros nombres

		y el retrato de Marx

		junto al de nuestros padres

                                                         
		implorando

		que arranquemos del mundo la tristeza

		Nos alzamos

                          
		nos vestimos

		le arrancamos al mundo la tristeza

                        
		sonreímos

		te sentaste a mi lado

                                          
		me miraste

		y yo

         el escueto y lógico

		te grité

              
		fuego mío, bruñido por la vida

               
		laurel invulnerable

               
		tacto

                          
		jadeo

                                       
		gozo

		Algo de eso te dije o te grité

		con el horror de que pudieran acabarse

                         
		de pronto las palabras

		Y continuábamos desnudos

                
		cuerpos

		debajo de un pantalón

                                     
		de un vestido de lana

		todo temblor

                            
		desnudos

		Nadie que no seas tú

        podría plegarse a la modulación 
		urgente de mis días

		te dije

        en realidad quería susurrarte mis 
		años

		pero eso te alegró

		y te dormiste

                           
		protegida

                                                
		confiada

		los libros

                    
		y la ropa

                                      
		por el suelo

		Cuando duermes parece que te ahogas o sufres

           Me das miedo

		Ése era yo

                     
		tú describiéndome

		asustada con mi respiración

		De modo que esperé a que durmieras

              
		mucho rato

		para que nada pudiera despertarte

		nunca nada ni nadie

		animales del siglo

                  
		enlazados desnudos

		y el mundo entre los dos

                     
		¿o una cara del mundo?

                     
		¿Pero cuál?

		Luego fueron zapatos burdos

                                                            
		apresurados

		no en la yerba

               
		en el suelo

                       
		en la penumbra

                                 
		en el amanecer

		yo vistiéndome adormilado

		oyendo

               
		no tu respiración

                                                  
		sino la orden

		la más humana

               
		desvistiéndome luego en otro sitio

                        
		audible de las voces

		vuelto a vestir

                
		con una tela del color de la tierra

		un efecto sencillo en una sinfonía

                 
		Adelante camina

		la más humana 

                              
		de las voces

		Golpetazos 

		aullidos

		Yo subiendo

                
		bajando escaleras

                                 
		del color de la tela

		Puertas

                
		abriéndose

                           
		cerrándose

		entre marzo y abril

                  
		un golpe de metal sobre metal

                  
		una cara del mundo.

                  
		¿Pero cuál?

		Un mes oculto entre otros dos

              
		¿el más cruel?      ¿el más fiel?

		Y la pared garabateada a punta de cucharas

		nombres

                   
		fechas

                                 
		despedidas

                                                       
		pedazos de oraciones

		La litera es también color tierra como la tela

		El techo   y   la letrina son también muy oscuros

                                            
		del color de la tela.

		

		De "El hombre junto al mar"  1981
6.

De "Fuera del juego" 1968

Fuera del juego

		

		                                    
		A Yannis Ritzos, en una cárcel de Grecia

		

		

		¡Al poeta, despídanlo!

		Ese no tiene aquí nada que hacer.

		No entra en el juego.

		No se entusiasma.

		No pone en claro su mensaje.

		No repara siquiera en los milagros.

		Se pasa el día entero cavilando.

		Encuentra siempre algo que objetar.

		

		¡A ese tipo, despídanlo!

		Echen a un lado al aguafiestas,

		a ese malhumorado

		del verano,

		con gafas negras

		bajo el sol que nace.

		Siempre

		le sedujeron las andanzas

		y las bellas catástrofes

		del tiempo sin Historia.

		Es

     incluso

                     
		anticuado.

		Sólo le gusta el viejo Armstrong.

		

		Tararea, a lo sumo,

		una canción de Pete Seeger.

		Canta,

              
		entre dientes,

                                           
		La Guantanamera.

		Pero no hay

		quien lo haga abrir la boca,

		pero no hay

		quien lo haga sonreír

		cada vez que comienza el espectáculo

		y brincan

		los payasos por la escena;

		cuando las cacatúas

		confunden el amor con el terror

		y está crujiendo el escenario

		y truenan los metales

		y los cueros

		y todo el mundo salta,

		se inclina,

		retrocede,

		sonríe,

		abre la boca

                         
		"pues sí,

                          
		claro que sí,

                          
		por supuesto que sí..."

		y bailan todos bien,

		bailan bonito,

		como les piden que sea el baile.

		¡A ese tipo, despídanlo!

		Ese no tiene aquí nada que hacer.


		De "Fuera del juego" 
		1968
7.

Heinrich

Heine


		En una de estas tardes

		me pondré guantes blancos,

		frac negro,

		sombrero;

		iré a la calle Behren,

		cuando nadie se encuentre en el café,

		y no se haya formado la tertulia

		y nadie me pueda reconocer

		excepto Heinrich Heine,

		pues debo hablar con él,

		que sabe cuánto oculta la gloria y la ponzoña,

		el exilio y el reino

		(y que lo sabe bien).

		Escéptico, burlón, sentimental creyente...

		(Así lo describió Gautier)

		Pero ¿de quién hablaba?

		¿De nosotros o de él?

		Porque ¿quién no ha opinado

		contra sus sentimientos?

		¿Contra quién no ha graznado

		un cuervo de hiel?

		En una de estas tardes...

		Enfundaré los ojos de Teresa,

		se los pondré delante a Heine

		de modo que comprenda que también

		supe de ellos y los desenterré.

		Le diré que es mi modo de ser contemporáneo.

		Haremos una larga reverencia

		(son ojos de otro siglo,

		descubiertos por mí...)

		

		Esta tarde tal vez...

		Cuando el brumoso mirlo

		salte de rama en rama

		y sólo Heine se encuentre en el Café,

		y nadie pueda nunca saber

		que anduve entre walkirias, nornas,

		parcas del norte,

		que yo también he sido un desenterrador.


		De "El hombre junto 
		al mar"  1981
8.

Llegada

del otoño 
		

		

		De un rumor 

		creciente y voluptuoso 

		se llenan para mí los días. 

		Dispongo de este mundo 

		exasperado 

		para mi ocio más largo; 

		de la noche más cruel, 

		para el inevitable maleficio. 

		

		¡Llegadas 

		del Otoño, mis asiduas, 

		mis fieles! 

		Cuando en la pedregosa mañana 

		el mundo asume la delicia; 

		salto, busco los viejos ritos 

		en el viento; recurro 

		a madres que me ignoran, 

		llamo a sus criaturas 

		temblorosas 

		y hago lumbre en mi cuarto 

		gritando a voz en cuello: 

		¡Ancianos, 

		para mis ojos es esta flor 

		remota, 

		solamente para ellos! 

		

		De "El justo tiempo humano" 1962

Versos y pensamientos de Heberto Padilla

4 citas
« ¿Son estremecimientos, / náuseas, »
Heberto Padilla · Autorretrato del otro
« Estás contra mi pecho, / y sé que todo el aire desordenado »
Heberto Padilla · Berta
« tras día / Cada noche me libras »
Heberto Padilla · De "El hombre junto al mar" 1981
« tiempos difíciles / A aquel hombre le pidieron su tiempo »
Heberto Padilla · En
Biblioteca poética

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