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Heberto Padilla · Autorretrato del otro
Biografía y amplia selección de poemas de Heberto Padilla. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Heberto Padilla. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
¿Son estremecimientos,
náuseas,
efusiones,
o más bien esas ganas
a veces tiene el hombre de gritar?
No lo sé. Vuelvo a escena.
Camino hacia los reflectores
como ayer,
más veloz que una ardilla,
con mi baba de niño
y una banda tricolor en el pecho,
protestón e irascible
entre los colegiales.
Es que por fin
lograron encerrarme
en el jardín barroco que tanto odié
y este brillo de ópalo
en los ojos
me hace irreconocible.
El gladiador enano ( de bronce)
que he puesto encima de la mesa
-un héroe cejijunto y habilísimo
con su arma corta y blanca-
y su perra enconada,
son ahora mis únicos compinches.
Pero cuando aparezca
mi tropa de juglares
limaremos las rejas
y saldré.
¡Puertas son las que sobran!
Bajo la luna plástica
¿me he vuelto un papagayo
o un payaso de náilon
que enreda y trueca las consignas?
¿O no es cierto?
¿Es una pesadilla
que yo mismo pudiera destruir?
¿Abrir
de repente los ojos
y rodar por el sueño como un tonel
y el mundo ya mezclado con mis fermentaciones?
¿O serán estas ganas
que a veces tiene el hombre de gritar?
Las Derechas me alaban
(ya me difamarán).
Las Izquierdas me han hecho célebre
(¿ no han empezado a alimentar sus dudas?).
Pero de todas formas
advierto que vivo entre las calles.
Voy sin gafas ahumadas.
Y no llevo bombas de tiempo en los bolsillos
ni una oreja peluda -de oso-.
Ábranme paso ya
sin saludarme, por favor.
Sin hablarme.
Échense a un lado si me ven.
De "El hombre junto
al mar" 1981
Estás contra mi pecho, y sé que todo el aire desordenado de mi vida rinde ante ti los brazos, mujer mía. Conmigo por tantas horas, tú restauras mi profunda alegría y la apuntalas a tu modo en el mundo. Y eres la fantasiosa que recorre el delicado juego de la encantada noche, mi poseída. De "El justo tiempo humano" 1962
Día tras día Cada noche me libras de la corona turbia que amenaza las horas de mi felicidad y llegas en puntillas lentamente y me arrancas los ojos de humanista susceptibles al sueño de modo que la muerte no puede seducirme Definitivamente soy tu modelo azul temblando en cualquier agua en que tú me sumerjes La flor monumental para el salón de té de las embajadoras que ignoran nuestros nombres De "El hombre junto al mar" 1981
tiempos difíciles A aquel hombre le pidieron su tiempo para que lo juntara al tiempo de la Historia. Le pidieron las manos, porque para una época difícil nada hay mejor que un par de buenas manos. Le pidieron los ojos que alguna vez tuvieron lágrimas para que contemplara el lado claro (especialmente el lado claro de la vida) porque para el horror basta un ojo de asombro. Le pidieron sus labios resecos y cuarteados para afirmar, para erigir, con cada afirmación, un sueño (el-alto-sueño); le pidieron las piernas, duras y nudosas, (sus viejas piernas andariegas) porque en tiempos difíciles ¿algo hay mejor que un par de piernas para la construcción o la trinchera? Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño, con su árbol obediente. Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros. Le dijeron que eso era estrictamente necesario. Le explicaron después que toda esta donación resultaría inútil sin entregar la lengua, porque en tiempos difíciles nada es tan útil para atajar el odio o la mentira. Y finalmente le rogaron que, por favor, echase a andar, porque en tiempos difíciles esta es, sin duda, la prueba decisiva. De "Fuera del juego" 1968
marzo y
abril está mi mes más cruel...
Entre marzo y abril está mi mes más cruel
Apretado a tus brazos
ascua feliz
el más tierno y salvaje
te dije:
éstos tienen que ser los brazos del amor
Puse tus ojos y tus labios abiertos
debajo de los míos
y caímos cantando en el sofá
fue la última vez en que pudimos amar
sin sobresaltos.
y en vez de libros
flores
y un hechizo calcáreo en la pared
con manchas
y la espuma de los muebles de mimbre
orlando tu aureola
abriendo abanicos de fuego
lanzallamas
y un cielo
y una constelación que se agigantan
muslos y vulvas inmortales
y mi oído en tu vientre
donde te late un nuevo corazón
y en tu entraña
ahora estás embarazada
en la abertura exigua de cada poro
el eterno deseo
la única escritura digna de nuestros nombres
y el retrato de Marx
junto al de nuestros padres
implorando
que arranquemos del mundo la tristeza
Nos alzamos
nos vestimos
le arrancamos al mundo la tristeza
sonreímos
te sentaste a mi lado
me miraste
y yo
el escueto y lógico
te grité
fuego mío, bruñido por la vida
laurel invulnerable
tacto
jadeo
gozo
Algo de eso te dije o te grité
con el horror de que pudieran acabarse
de pronto las palabras
Y continuábamos desnudos
cuerpos
debajo de un pantalón
de un vestido de lana
todo temblor
desnudos
Nadie que no seas tú
podría plegarse a la modulación
urgente de mis días
te dije
en realidad quería susurrarte mis
años
pero eso te alegró
y te dormiste
protegida
confiada
los libros
y la ropa
por el suelo
Cuando duermes parece que te ahogas o sufres
Me das miedo
Ése era yo
tú describiéndome
asustada con mi respiración
De modo que esperé a que durmieras
mucho rato
para que nada pudiera despertarte
nunca nada ni nadie
animales del siglo
enlazados desnudos
y el mundo entre los dos
¿o una cara del mundo?
¿Pero cuál?
Luego fueron zapatos burdos
apresurados
no en la yerba
en el suelo
en la penumbra
en el amanecer
yo vistiéndome adormilado
oyendo
no tu respiración
sino la orden
la más humana
desvistiéndome luego en otro sitio
audible de las voces
vuelto a vestir
con una tela del color de la tierra
un efecto sencillo en una sinfonía
Adelante camina
la más humana
de las voces
Golpetazos
aullidos
Yo subiendo
bajando escaleras
del color de la tela
Puertas
abriéndose
cerrándose
entre marzo y abril
un golpe de metal sobre metal
una cara del mundo.
¿Pero cuál?
Un mes oculto entre otros dos
¿el más cruel? ¿el más fiel?
Y la pared garabateada a punta de cucharas
nombres
fechas
despedidas
pedazos de oraciones
La litera es también color tierra como la tela
El techo y la letrina son también muy oscuros
del color de la tela.
De "El hombre junto al mar" 1981
Fuera del juego
A Yannis Ritzos, en una cárcel de Grecia
¡Al poeta, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera en los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar.
¡A ese tipo, despídanlo!
Echen a un lado al aguafiestas,
a ese malhumorado
del verano,
con gafas negras
bajo el sol que nace.
Siempre
le sedujeron las andanzas
y las bellas catástrofes
del tiempo sin Historia.
Es
incluso
anticuado.
Sólo le gusta el viejo Armstrong.
Tararea, a lo sumo,
una canción de Pete Seeger.
Canta,
entre dientes,
La Guantanamera.
Pero no hay
quien lo haga abrir la boca,
pero no hay
quien lo haga sonreír
cada vez que comienza el espectáculo
y brincan
los payasos por la escena;
cuando las cacatúas
confunden el amor con el terror
y está crujiendo el escenario
y truenan los metales
y los cueros
y todo el mundo salta,
se inclina,
retrocede,
sonríe,
abre la boca
"pues sí,
claro que sí,
por supuesto que sí..."
y bailan todos bien,
bailan bonito,
como les piden que sea el baile.
¡A ese tipo, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
De "Fuera del juego"
1968
Heine En una de estas tardes me pondré guantes blancos, frac negro, sombrero; iré a la calle Behren, cuando nadie se encuentre en el café, y no se haya formado la tertulia y nadie me pueda reconocer excepto Heinrich Heine, pues debo hablar con él, que sabe cuánto oculta la gloria y la ponzoña, el exilio y el reino (y que lo sabe bien). Escéptico, burlón, sentimental creyente... (Así lo describió Gautier) Pero ¿de quién hablaba? ¿De nosotros o de él? Porque ¿quién no ha opinado contra sus sentimientos? ¿Contra quién no ha graznado un cuervo de hiel? En una de estas tardes... Enfundaré los ojos de Teresa, se los pondré delante a Heine de modo que comprenda que también supe de ellos y los desenterré. Le diré que es mi modo de ser contemporáneo. Haremos una larga reverencia (son ojos de otro siglo, descubiertos por mí...) Esta tarde tal vez... Cuando el brumoso mirlo salte de rama en rama y sólo Heine se encuentre en el Café, y nadie pueda nunca saber que anduve entre walkirias, nornas, parcas del norte, que yo también he sido un desenterrador. De "El hombre junto al mar" 1981
del otoño De un rumor creciente y voluptuoso se llenan para mí los días. Dispongo de este mundo exasperado para mi ocio más largo; de la noche más cruel, para el inevitable maleficio. ¡Llegadas del Otoño, mis asiduas, mis fieles! Cuando en la pedregosa mañana el mundo asume la delicia; salto, busco los viejos ritos en el viento; recurro a madres que me ignoran, llamo a sus criaturas temblorosas y hago lumbre en mi cuarto gritando a voz en cuello: ¡Ancianos, para mis ojos es esta flor remota, solamente para ellos! De "El justo tiempo humano" 1962
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