Harold Alvarado Tenorio

Biografía y amplia selección de poemas de Harold Alvarado Tenorio. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Antología lírica (10 poemas seleccionados)

Anotaciones

Dulce enemiga
que llevas al hombre
más allá de sí mismo.

Adoro tus perfecciones
y tus fulgores sobre mi cuerpo helado.

Recorres a zancadas
los cielos -nada apacibles-
y las estrellas
incesantes

y las estrellas quietas.

Bella al alba y al crepúsculo
dueña
de la vida

todo te magnifica.

Ante vosotros llego
soberanos de la gran
ramera

con la vieja segadora de vidas.

Otorgadle,
como a los
secuaces del gran negocio,

pasteles y agua y aire
y una casa solariega en Manhattan.

Retrocede, Sui,

viejo cocodrilo
no me acometas
vete
no cortarás mi juventud.

Mis versos
como cuchillo de pedernal,
mis versos
como
muelas de joven caballo,

destruirán tus ojos y tu boca.

Harold Alvarado Tenorio

Bodas de plata

La belleza de tu rostro
y la dulzura de tu voz bastaron

para que te amara.

Un año pasamos juntos
y luego a él
regresaste.

Ahora, que de nuevo le engañas,
te duele el corazón
y ante a
mí

crece tu desgracia:
has comenzado a envejecer.

Harold Alvarado Tenorio

Cabaret

Que el poema la retrate
sólo como la viste en el tiempo
que
quiso darse a tus ojos y a tu alma.

Hecha de la dura memoria de la carne,
mostraba la astucia y el
candor

de quien presentía
la huella que deja otro corazón.

Así la
deseabas.

Querías someterte al desdén que promete
el oro de la juventud.

Estabas dispuesto
a sufrir el rigor de sus ojos de hembra

del mejor cabaret: la vida.

Harold Alvarado Tenorio

Café Beach Café

El amargo sabor de los
sueños
volverá para darte una muchacha

con el pelo suelto
contando recibos del paso del día.

Desnúdate de ti

y ella vendrá a vestirse
con las caderas, los ojos y los gestos

que hubo en tu camino

ese verano del ochenta y dos.

Harold Alvarado Tenorio

Café Blanche

Creyendo que la mejor cura contra la melancolía
eran esas superficies
radiantes y abiertas
fuiste hasta las memorables ruinas
y viste la
estatua de basalto
que del cuerpo de Antonio hicieron.
Grecia era el
testimonio, bajo esa copiosa
y virulenta luz, de cómo solo lo externo

tiene propia existencia.
Ética y belleza
eran una y lo mismo.

Tallar el cuerpo era
tallar también el alma.
Curar el odio a si mismo

era curar la soledad.

De vuelta a casa, liberado ya del pasado,
con aquellas camisas de
colores chillones,
tus negros pantalones de tres prenses,
tus zapatos
puntiagudos y habaneros,
el desnudo pecho mostrando la cadena
de oro
macizo y los cinco medallones
entrabas al Blanche y pasabas las noches

bebiendo cubatas y quemando porros.

Todas y todos eran tuyos.
Te enamorabas, sin duda.
Amabas tanto
los ritos de la carne,
su lenguaje y sus palabras
que incluso ahora,
cuando escribes,
no sientes, tampoco, interés alguno
por el "acto
final".

Harold Alvarado Tenorio

Cuando

fuimos uno con otro...

Cuando fuimos uno con
otro

contamos numerosas estrellas

Cuando hacíamos el amor
las
noches se detenían en la nuestra

Cuando de toda palabra nos recibíamos
escribíamos un libro

Los dioses no han sido derrocados
y su poder nos asignó varios
caminos

Cuando nos separamos
todo retornó al futuro y al vacío

Habíamos recobrado nuestra contingencia

y el pasado habitaba en la memoria.

Harold Alvarado Tenorio

Dónde

¿Dónde posar el pie,
dónde el poema?

¿Por qué las llagas nos
cubren

y el escarnio te cerca a toda hora?

Sueño del hombre y su sombra

ninguno sabe que uno es sombra de otro
nadie sabe si sueña o está
muerto.

Harold Alvarado Tenorio

Happy

New Year

Cruzamos
trece mil novecientos kilómetros
para encontrarnos

pero, como es habitual en ti,
cambiaste el parecer.

Oh, tú,
nacida

en un Diciembre inconstante,
de grandes ojos de novilla,
de fina
cintura

y pies diminutos,
dueña de un Loto Dorado
voraz e insaciable.

Harold Alvarado Tenorio

Hoja de otoño

Hoja de otoño, no percibes
el saludo y el beso,
el cuerpo detenido
en un lecho de aroma,

la mano y el labio en la boca,
la carne y el ojo en los ojos.

Viento de otoño vuelto hacia dentro.

Harold Alvarado Tenorio

La

pregunta

Un día preguntaron qué deseaba
y le trajeron aquella que había
perdido en su juventud.

Después de siete lunas y siete sonrisas
un hueso de uva
le
separó de sus brazos

de su perfume
y sus ajorcas.

Harold Alvarado Tenorio

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