Poesía Universal

Goya Gutiérrez

Biografía y amplia selección de poemas de Goya Gutiérrez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

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Biografía y amplia selección de poemas de Goya Gutiérrez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

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Lírica y Versos

Poemas de Goya Gutiérrez

13 poemas seleccionados
1.

Bajo el manto de estrellas...

Bajo el 
		manto de estrellas

		De Nevsehir,

		Te transportó la nota dilatada

		Del cantor de un alminar.

		

		Y en esa noche que tú ya conocías

		A oscuras y vestida de un silencio remoto

		Te embarcaste, como en sueño hacia aquel fondo,

		Donde se refugiaron Titanes

		Que fueron desterrados del mar a las tinieblas.

		Prisión de siglos, gestación de gigantes

		Y nacimiento del que fuiste testigo.

		

		Y en esa convulsión de fuego y fuerza

		De la boca materna incandescente

		Densa leche que fue manando por la tierra,

		Formando así las rocas habitables:

		Chimeneas del viento, subterráneos

		Refugios indomables, nostalgias

		De otros tiempos, caricias femeninas

		De las dunas jugando alrededor

		De erectas piedras, bajo el ardiente sol

		De CAPADOCIA


		Del 
		libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
2.

Benarés

Aunque penetres lentamente,

		Al principio no sabes

		Si estás en un infierno,

          Pero el olor a polvo

		De ruedas, pies desnudos,

          Pezuñas y pedales

		Es terroso y terreno.

		Y el flujo inagotable,

		De embarrancado río

		De gentes y animales

		Sacrílego, en las calles

		Del elegido puerto

		Y Útero de la muerte.

		

		Bajo nubes de incienso

		Llama el fuego a los muertos

		Engalanados y dispuestos

		Hacia el altar, lugar de inicio

		Que no cambia.

		

		No hay luto en esta noche

		Candente de sus carnes

		Crepitando en el viento.

		

		En la quietud del cielo

		Desnudo que amanece,

		Devolverá el aire

		Al agua su principio.

		

          Navegará,

          Entre ceniza y lodo.

		Alboreará,

		El mundo liberado

		Del perpetuo regreso


		Del 
		libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
3.

Ciudad de los amantes

entre las diagonales de su cuerpo

		mis pasos indecisos te buscaban,

		huyendo de esos túneles inmensos

		que engullen el metal 

		de los atardeceres,

		y traspasan como agujeros negros

		la ciudad y sus sueños las espumas,

		aleteaban crepúsculos del último verano

		archipiélago en la arena

		de sus brazos,

		se presentaba octubre vestido

		de promesas,

		noviembre cobijaba el temblor

		de caderas aún frescas

		que ya diciembre helaba,

		y sus noches violetas derramaban

		esperas

		

		paseábamos las horas de ida y vuelta

		hacia aquellas afueras

		de ciudad,

		donde los arrabales

		tiñen con su cemento

		el humo engendrado de las fábricas,

		y motores impúdicos violan

		silencios

		de jóvenes amándose en parcelas

		sin dueño,

		

		ya ascienden por los muros buganvillas,

		colorean el aire presagian primaveras,

		presencian las ágiles piernas decididas

		de la mujer hacia una cita a ciegas,

		¿y adónde estabas tú cuando el amor

		empuja desde el mar como un útero?

		

		allí, junto a la brasa de despierta

		luna, el cálido remanso de tus ojos,

		el agua de tus brazos

		regresando

		mi cuerpo hacia otros túneles

		de océanos de mares y desiertos,

		

		aquí, dentro de nuestros pechos

		que agolpaban las noches y los días

		destejiendo,

		para al fin encontrar

		la hebra de seda

		que el amor escondía en sus dominios


		Del 
		libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
4.

Ciudad de los tranvías

A Antoni Gaudí

		

		los azules y verdes se entibiaban

		hacia malvas y púrpuras,

		como hogar encendido crepitaba la tarde,

		y Ariadna

		en sus ojos de niña, silenciosa

		apresaba

		el vuelo de las hojas y el ondear de un hilo:

		estrechos ríos férreos surcaban

		la ciudad de luciérnagas,

		

		hasta la estancia mirador

		llegaban aquellas dulces voces

		de los locutores

		que ella creía, habitaban allí,

		felices y encantados por un mago

		en aquel pequeño laberinto de cables,

		misterioso

		

		detrás del balcón y sobre el balancín

		Ariadna se quedó dormida,

		y en su sueño el crepúsculo

		la condujo a una cueva

		de galerías infinitas y abiertas puertas,

		y ventanas que penetraban

		en habitaciones de árboles

		que daban al fondo

		de un batiente mar

		de danza planetaria,

		y allí estaba él: genio, vate, Dédalo,

		inmerso en el arte

		y juego sin fin,

		recorriendo casi agónicamente

		con sus manos

		el insondable espacio,

		pesarosos los ojos

		de no poder darle alcance al tiempo,

		inagotable búsqueda, en sus dedos

		apareció el extremo de un hilo,

		corriente que lo arrastró hacia fuera,

		

		un antiguo clochard se confundía

		entre la muchedumbre ajena

		en su mano una moneda para regar

		aquel jardín eterno, abandonado

		en la ciudad ausente, dormida

		entre sus pasos,

		

		Ariadna despertó violentamente,

		tras los cristales el rostro

		enmarcado en una conocida elipse,

		y en las dos ondas verticales

		de aquel número

		raigambre

		de obra, vida y muerte

		

		sobre aquellos dos hilos paralelos

		y negros, un cuerpo

		desvencijado, anónimo,

		y el parpadeo tenue

		de una vieja luciérnaga


		Del 
		libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
5.

Ciudad hospitalaria

entre lisa pared y pálido jazmín

		suben hacia este monte

		palomas, tulipanes, bellas gardenias,

		con sus manos de verde laurel

		abrirán lechos blancos a la noche insomne,

		vaciarán de dolor las cuencas de los ojos,

		verterán amarillos de fiebre en informes,

		pulsarán con sus dedos asépticos tubos

		por donde discurren los ríos aciagos,

		los túneles de aire, los vientres sin fondo,

		los cuerpos de niebla tendidos

		esperando del sol la mañana,

		que disipe los grises

		y el olor a otoño de los crisantemos

		

		los pasillos extienden sus largos

		tentáculos a orillas del breve reposo,

		dando asiento

		a aquella fatiga de la media tarde,

		cuando ya las visitas regresan al mundo,

		y el cálido rostro de palabras firmes

		del especialista y doctor, queda lejos

		diluido en las tenues luces del atardecer,

		

		de las frías estancias de urgencias

		suben ecos de navajas rojas,

		y rumor de deseos sin frenos,

		y quejidos de metal y sombra,

		el murmullo se adensa en los techos

		y presiona bajo finas vendas

		la cama de al lado con cuerpo

		sin alma, que anoche

		sostenía aún su duelo

		

		la enfermera cambiará solícita

		la habitual posición de brazos y caderas

		sin rastro

		de sudor o lágrimas,

		por un nuevo sueño bien algodonado

		

		un frescor a semillas y a heno

		llega en la mañana,

		y las rosas de un jarrón, cortadas

		anuncian partida, y su límite,

		y el olor conocido de pétalos

		nos devuelve

		a retazos de tiempos y a nombres

		y a calles, y a pasos sabidos

		para desandar, lejos, muy lejos

		de ese tiempo helado

		de los hospitales

		

		Del libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
6.

Ciudad violentada

[...] sé, en la guerra

		                                                                      
		tú, mi compañera

                                                           
		Safo, Himno a Afrodita

		

		no hacen falta batallas,

		huestes, generalifes,

		metralletas y láser

		marcas ultramodernas,

		ni carros de combate,

		ni buques de contienda

		

		puede oprimir un techo,

		la baldía ventana

		que ha incitado al silencio,

		el miedo aposentado

		en la alargada mano

		dominando la puerta,

		recordando su cerco

		en la piel lacerada

		del alma, o de un beso

		que ya sabe a alambrada

		

		un brazo poseído,

		poseedor de sombra,

		un castigo sin culpa,

		una invasión, sin fruto

		dorado que exprimir,

		un diablo sin su infierno,

		

		quizás la libertad,

		la belleza, el amor

		podrían con el tiempo

		llegar a transformarlo,

		

		pero el cretino ríe

		ante la tecnocracia

		sabia y amordazada ,

		

		y se extiende veloz

		como la vieja peste

		

		herrumbre de muñones,

		ángel de dos cabezas

		atraviesa las nubes,

		vuelven polvo y ceniza

		a contagiar la tierra,

		será herencia o presente,

		o serán esas piedras

		partidas, mal curadas,

		una letal vivencia

		en este nuevo siglo

		

		mientras, la voz de un niño

		entre las ruinas, canta


		Del 
		libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
7.

Presente

Me desboco
En las arterias de tu música,
En sus ojos de neón.

		Abrazo claros de luna.
Hago equilibrios
En las aristas de la 
		madrugada,
Destruyo los límites,
Altero el orden de los días y las 
		noches.

		
Para curarme
De la ceguera de tu boca,
Vierto licores 
		envenenados
Que adhieran tus paredes
A las mías.
Enhebro en tu 
		lengua
El hilo de mis deseos.
Me anudo en tus labios.
Danzo en 
		tus vértices

		
Agotando las horas.


		Del 
		libro "De mares y espumas" Barcelona 2001
8.

Tiempo

cero

                                                    
		a Mercè

Un pájaro metálico
Devora la distancia,
Pero 
		sabes que estás lejos
Cuando miras las sonrisas
Blancas, sin 
		ironía
De su noche.

		
Allí, donde la bruma
Desdibuja los perfiles,
Y la montaña se 
		alza
Amamantando el cielo.
Allí, en la raíces inalterables
Del 
		baobab
Reflejado en sus ojos
Encuentran su refugio:
Máscaras 
		danzarinas
Que espantan
La carrera de otros tiempos.

		
Allí quizás regresas tú
Disfrazada de viajera,
De incansable 
		consumidor
De instantes.

		
Del libro "De mares y espumas" Barcelona 2001
9.

El cantar de los amantes:

Homenaje a la poeta y al 

                                                                                                       
		poeta suicidas.

		

		                                                                                                           
		"Y ahora soy

		                                                      
		espuma de trigo, resplandor de mares"

                                                                                                              
		Sylvia Plath
10.

Espuma espuma

Tragarse el mar respirar agua azul

		limpiar con su sal los pulmones enfermos

		de ese alquitrán del tedio que atrapa a algunos

		seres que se escriben y pactan con la muerte

		y has de estar en el mismo saliente

		de piedra en la misma grieta 

		del cristal para comprenderlo 

		

		pero dejan su estela enrojecida

		sólo para los otros

		para muchas de ellas de ellos no hay tragedia

		sólo hay ese deseo de cortar la última

		hebra 

		salir de la jaula del mundo

		sólo el pulso final el instante febril

		de desenmascararla de mirarle a los ojos

		

		sólo querer ser un mar silente

		las olas

		cercenando las púas de la angustia

		entregando la raíz de la voz

		a la gruta de las palabras

		sólo ser píldora enrocada del reposo

		disolver la conciencia

		inundar la memoria ser nada

		

                           
		espuma espuma


		Del 
		libro "El cantar de las amantes" Barcelona, 2006
11.

Iv.

IV. Ahora que 
		la luz permite reencontrar

		Los silencios que en el grito hibernaban,

		Ahora que la lluvia crece irreversible

		Bajo el resplandor del trigo y sus espigas

		No quiero

		Que el tiempo en que dudé de mí

		Y de tu existencia

		Trace sus redes de telaraña inhóspita


		* * * * *
12.

V.

Pero, sin el 
		certificado de amar,

		Sin bendición ni hipoteca que obligue,

		He mezclado mi sangre con tu sangre.

		Mi saliva a través de tus labios

		Se entrega como espuma

		De ola a las arenas. Tierra y carne

		Preñadas del olor a magnolia

		Y del color del ámbar. Las lenguas,

		En aquel hechizarse, olvidan

		Los recuerdos de sombras de aves negras

		Que traspasan el aire y llegan

		Hasta el rayo fatal,

		Con cuya claridad abrasa

		El espectro más ínfimo.


		* * * * *
13.

Viii.

VIII. En la habitación 
		contigua

		Ella escucha a la muerte.

		El sonido del agua que baja

		Desde el cuarto de baño

		Hacia la alcantarilla

		Es su helado mensaje:

		

		Disuélvete en la nada,

		Acabará la lucha,

		Ellos quieren que arranques

		La baldosa que guarda tu secreto,

		Y despeñada desde el acantilado

		Te absorberán las olas.

		

		Pero la vida que aún la estira

		En buen agrimensor la ha convertido,

		E inspecciona el terreno

		Y no halla en sí la kulpa, ni el kastillo,

		Y mide, con mano temblorosa

		La frialdad del agua…

          De pronto

		

		El timbre alborotado del teléfono,

		El trajinar cotidiano de unos pasos

		Y aquella voz amada

		Regalo diario: flor de hibisco,

		Que le recuerda el nombre enrojecido

		De ese medicamento

          Y juntos

		

		La reintegran al mundo de los vivos.


		* * * * *

Versos y pensamientos de Goya Gutiérrez

4 citas
« manto de estrellas / De Nevsehir, »
Goya Gutiérrez · Bajo el manto de estrellas...
« Aunque penetres lentamente, / Al principio no sabes »
Goya Gutiérrez · Benarés
« entre las diagonales de su cuerpo / mis pasos indecisos te buscaban, »
Goya Gutiérrez · Ciudad de los amantes
« A Antoni Gaudí / los azules y verdes se entibiaban »
Goya Gutiérrez · Ciudad de los tranvías
Biblioteca poética

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