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Goya Gutiérrez · Bajo el manto de estrellas...
Biografía y amplia selección de poemas de Goya Gutiérrez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Goya Gutiérrez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Bajo el manto de estrellas De Nevsehir, Te transportó la nota dilatada Del cantor de un alminar. Y en esa noche que tú ya conocías A oscuras y vestida de un silencio remoto Te embarcaste, como en sueño hacia aquel fondo, Donde se refugiaron Titanes Que fueron desterrados del mar a las tinieblas. Prisión de siglos, gestación de gigantes Y nacimiento del que fuiste testigo. Y en esa convulsión de fuego y fuerza De la boca materna incandescente Densa leche que fue manando por la tierra, Formando así las rocas habitables: Chimeneas del viento, subterráneos Refugios indomables, nostalgias De otros tiempos, caricias femeninas De las dunas jugando alrededor De erectas piedras, bajo el ardiente sol De CAPADOCIA Del libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
Aunque penetres lentamente,
Al principio no sabes
Si estás en un infierno,
Pero el olor a polvo
De ruedas, pies desnudos,
Pezuñas y pedales
Es terroso y terreno.
Y el flujo inagotable,
De embarrancado río
De gentes y animales
Sacrílego, en las calles
Del elegido puerto
Y Ãtero de la muerte.
Bajo nubes de incienso
Llama el fuego a los muertos
Engalanados y dispuestos
Hacia el altar, lugar de inicio
Que no cambia.
No hay luto en esta noche
Candente de sus carnes
Crepitando en el viento.
En la quietud del cielo
Desnudo que amanece,
Devolverá el aire
Al agua su principio.
Navegará,
Entre ceniza y lodo.
Alboreará,
El mundo liberado
Del perpetuo regreso
Del
libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
entre las diagonales de su cuerpo mis pasos indecisos te buscaban, huyendo de esos túneles inmensos que engullen el metal de los atardeceres, y traspasan como agujeros negros la ciudad y sus sueños las espumas, aleteaban crepúsculos del último verano archipiélago en la arena de sus brazos, se presentaba octubre vestido de promesas, noviembre cobijaba el temblor de caderas aún frescas que ya diciembre helaba, y sus noches violetas derramaban esperas paseábamos las horas de ida y vuelta hacia aquellas afueras de ciudad, donde los arrabales tiñen con su cemento el humo engendrado de las fábricas, y motores impúdicos violan silencios de jóvenes amándose en parcelas sin dueño, ya ascienden por los muros buganvillas, colorean el aire presagian primaveras, presencian las ágiles piernas decididas de la mujer hacia una cita a ciegas, ¿y adónde estabas tú cuando el amor empuja desde el mar como un útero? allí, junto a la brasa de despierta luna, el cálido remanso de tus ojos, el agua de tus brazos regresando mi cuerpo hacia otros túneles de océanos de mares y desiertos, aquí, dentro de nuestros pechos que agolpaban las noches y los días destejiendo, para al fin encontrar la hebra de seda que el amor escondía en sus dominios Del libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
A Antoni Gaudí los azules y verdes se entibiaban hacia malvas y púrpuras, como hogar encendido crepitaba la tarde, y Ariadna en sus ojos de niña, silenciosa apresaba el vuelo de las hojas y el ondear de un hilo: estrechos ríos férreos surcaban la ciudad de luciérnagas, hasta la estancia mirador llegaban aquellas dulces voces de los locutores que ella creía, habitaban allí, felices y encantados por un mago en aquel pequeño laberinto de cables, misterioso detrás del balcón y sobre el balancín Ariadna se quedó dormida, y en su sueño el crepúsculo la condujo a una cueva de galerías infinitas y abiertas puertas, y ventanas que penetraban en habitaciones de árboles que daban al fondo de un batiente mar de danza planetaria, y allí estaba él: genio, vate, Dédalo, inmerso en el arte y juego sin fin, recorriendo casi agónicamente con sus manos el insondable espacio, pesarosos los ojos de no poder darle alcance al tiempo, inagotable búsqueda, en sus dedos apareció el extremo de un hilo, corriente que lo arrastró hacia fuera, un antiguo clochard se confundía entre la muchedumbre ajena en su mano una moneda para regar aquel jardín eterno, abandonado en la ciudad ausente, dormida entre sus pasos, Ariadna despertó violentamente, tras los cristales el rostro enmarcado en una conocida elipse, y en las dos ondas verticales de aquel número raigambre de obra, vida y muerte sobre aquellos dos hilos paralelos y negros, un cuerpo desvencijado, anónimo, y el parpadeo tenue de una vieja luciérnaga Del libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
entre lisa pared y pálido jazmín suben hacia este monte palomas, tulipanes, bellas gardenias, con sus manos de verde laurel abrirán lechos blancos a la noche insomne, vaciarán de dolor las cuencas de los ojos, verterán amarillos de fiebre en informes, pulsarán con sus dedos asépticos tubos por donde discurren los ríos aciagos, los túneles de aire, los vientres sin fondo, los cuerpos de niebla tendidos esperando del sol la mañana, que disipe los grises y el olor a otoño de los crisantemos los pasillos extienden sus largos tentáculos a orillas del breve reposo, dando asiento a aquella fatiga de la media tarde, cuando ya las visitas regresan al mundo, y el cálido rostro de palabras firmes del especialista y doctor, queda lejos diluido en las tenues luces del atardecer, de las frías estancias de urgencias suben ecos de navajas rojas, y rumor de deseos sin frenos, y quejidos de metal y sombra, el murmullo se adensa en los techos y presiona bajo finas vendas la cama de al lado con cuerpo sin alma, que anoche sostenía aún su duelo la enfermera cambiará solícita la habitual posición de brazos y caderas sin rastro de sudor o lágrimas, por un nuevo sueño bien algodonado un frescor a semillas y a heno llega en la mañana, y las rosas de un jarrón, cortadas anuncian partida, y su límite, y el olor conocido de pétalos nos devuelve a retazos de tiempos y a nombres y a calles, y a pasos sabidos para desandar, lejos, muy lejos de ese tiempo helado de los hospitales Del libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
[...] sé, en la guerra
tú, mi compañera
Safo, Himno a Afrodita
no hacen falta batallas,
huestes, generalifes,
metralletas y láser
marcas ultramodernas,
ni carros de combate,
ni buques de contienda
puede oprimir un techo,
la baldía ventana
que ha incitado al silencio,
el miedo aposentado
en la alargada mano
dominando la puerta,
recordando su cerco
en la piel lacerada
del alma, o de un beso
que ya sabe a alambrada
un brazo poseído,
poseedor de sombra,
un castigo sin culpa,
una invasión, sin fruto
dorado que exprimir,
un diablo sin su infierno,
quizás la libertad,
la belleza, el amor
podrían con el tiempo
llegar a transformarlo,
pero el cretino ríe
ante la tecnocracia
sabia y amordazada ,
y se extiende veloz
como la vieja peste
herrumbre de muñones,
ángel de dos cabezas
atraviesa las nubes,
vuelven polvo y ceniza
a contagiar la tierra,
será herencia o presente,
o serán esas piedras
partidas, mal curadas,
una letal vivencia
en este nuevo siglo
mientras, la voz de un niño
entre las ruinas, canta
Del
libro "La mirada y el viaje" Barcelona 2004
Me desboco En las arterias de tu música, En sus ojos de neón. Abrazo claros de luna. Hago equilibrios En las aristas de la madrugada, Destruyo los límites, Altero el orden de los días y las noches. Para curarme De la ceguera de tu boca, Vierto licores envenenados Que adhieran tus paredes A las mías. Enhebro en tu lengua El hilo de mis deseos. Me anudo en tus labios. Danzo en tus vértices Agotando las horas. Del libro "De mares y espumas" Barcelona 2001
cero
a Mercè
Un pájaro metálico
Devora la distancia,
Pero
sabes que estás lejos
Cuando miras las sonrisas
Blancas, sin
ironía
De su noche.
Allí, donde la bruma
Desdibuja los perfiles,
Y la montaña se
alza
Amamantando el cielo.
Allí, en la raíces inalterables
Del
baobab
Reflejado en sus ojos
Encuentran su refugio:
Máscaras
danzarinas
Que espantan
La carrera de otros tiempos.
Allí quizás regresas tú
Disfrazada de viajera,
De incansable
consumidor
De instantes.
Del libro "De mares y espumas" Barcelona 2001
Homenaje a la poeta y al
poeta suicidas.
"Y ahora soy
espuma de trigo, resplandor de mares"
Sylvia Plath
Tragarse el mar respirar agua azul
limpiar con su sal los pulmones enfermos
de ese alquitrán del tedio que atrapa a algunos
seres que se escriben y pactan con la muerte
y has de estar en el mismo saliente
de piedra en la misma grieta
del cristal para comprenderlo
pero dejan su estela enrojecida
sólo para los otros
para muchas de ellas de ellos no hay tragedia
sólo hay ese deseo de cortar la última
hebra
salir de la jaula del mundo
sólo el pulso final el instante febril
de desenmascararla de mirarle a los ojos
sólo querer ser un mar silente
las olas
cercenando las púas de la angustia
entregando la raíz de la voz
a la gruta de las palabras
sólo ser píldora enrocada del reposo
disolver la conciencia
inundar la memoria ser nada
espuma espuma
Del
libro "El cantar de las amantes" Barcelona, 2006
IV. Ahora que la luz permite reencontrar Los silencios que en el grito hibernaban, Ahora que la lluvia crece irreversible Bajo el resplandor del trigo y sus espigas No quiero Que el tiempo en que dudé de mí Y de tu existencia Trace sus redes de telaraña inhóspita * * * * *
Pero, sin el certificado de amar, Sin bendición ni hipoteca que obligue, He mezclado mi sangre con tu sangre. Mi saliva a través de tus labios Se entrega como espuma De ola a las arenas. Tierra y carne Preñadas del olor a magnolia Y del color del ámbar. Las lenguas, En aquel hechizarse, olvidan Los recuerdos de sombras de aves negras Que traspasan el aire y llegan Hasta el rayo fatal, Con cuya claridad abrasa El espectro más ínfimo. * * * * *
VIII. En la habitación
contigua
Ella escucha a la muerte.
El sonido del agua que baja
Desde el cuarto de baño
Hacia la alcantarilla
Es su helado mensaje:
Disuélvete en la nada,
Acabará la lucha,
Ellos quieren que arranques
La baldosa que guarda tu secreto,
Y despeñada desde el acantilado
Te absorberán las olas.
Pero la vida que aún la estira
En buen agrimensor la ha convertido,
E inspecciona el terreno
Y no halla en sí la kulpa, ni el kastillo,
Y mide, con mano temblorosa
La frialdad del agua…
De pronto
El timbre alborotado del teléfono,
El trajinar cotidiano de unos pasos
Y aquella voz amada
Regalo diario: flor de hibisco,
Que le recuerda el nombre enrojecido
De ese medicamento
Y juntos
La reintegran al mundo de los vivos.
* * * * *
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