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Gottfried Benn
Gottfried Benn es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras c...
Vida
Gottfried Benn es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Gottfried Benn
1.
Despedida
Despedida
Me colmas como la sangre en la herida fresca derramándote en su oscura huella, te extiendes como la noche en esa hora en que el prado se tiñe de sombras, floreces como rosas en todos los jardines, tú, soledad de pérdida y vejez, que sobrevives al morir los sueños, después de tanto dolor y demasiado saber. Ajeno desde joven a la ilusión de la realidad negándose a un mundo fácilmente otorgado, cansado del engaño de los detalles porque ninguno acompaña al Yo profundo; ahora, desde el fondo mismo, inconmovible, ningún vocablo o signo te revela -a quién le ocurrirá, será mejor que olvide y no toque más las horas idas. Un último día: un fuego postrero, un vasto espacio, un agua te conduce a un lejano fin, un alta luz que baña a los vetustos árboles creando entre las sombras su contrario, un día sin frutos y sin espigas y sin preguntar por la cosecha: él juega su Juego, siente su luz y sin memoria la humilla. Todo se ha consumado. Versión de Eustaquio Barjau
2.
Dime dónde
Dime dónde
Si tuvieras anhelos todavía (dime cuándo, dime dónde), si aún con besos te encadenas (amour -bel oiseau), si con rumor de alas todavía sobre los Andes planeas cambiándote en dos mares sin saber a quién vives, si hablan aún las penas, lágrimas por bel oiseau te derriban y destruyen - dime cuándo -dime ¿dónde? - Versión de Eustaquio Barjau
3.
Dos sueños
Dos sueños
Dos sueños. El primero preguntaba: ¿cómo es tu rostro ahora?: ¿qué son tus labios? , decía, ¿o aquello a lo que osaste sollozando a una luz de crepúsculo? Más claro te veía el otro: una rosa o un trébol, tiernos, dulces -un maravilloso antiquísimo conservador de mundos de las formas de concha de la mar. ¿Va a llegar aún otro? Estaría lleno de tristeza: un sueño de la concha que ha empezado a brillar, la concha tomada de las aguas y llevada a otro mar. Versión de Eustaquio Barjau
4.
En una noche
En una noche
En una noche que nadie conoce, sustancia de niebla, humedad y lluvia, en un lugar casi sin nombre, tan ignoto, pequeño y alejado, vi la locura de sufrir y amar, lo transido de afán y de finales, lo teatral de todos lados, lo que Dios nunca apoya de las manos que te acarician cálidas y sucias, que quieren retenerte, mas no saben cómo hay que retener al otro, en qué mallas hay que zurcir que no se rasguen - ay esta niebla, estos fríos, esta ruina de todo lo que dura, de todo enlace y de toda fe, de todo apoyo y toda intimidad, ay Dios -¡los dioses! ¡Humedad y espanto! Versión de Eustaquio Barjau
5.
Es que son humanos
Es que son humanos
"Tener las ideas confusas y no saber escribir no es surrealismo". Es que son humanos, se piensa cuando el camarero choca con una mesa, una mesa invisible, una mesa de clientes habituales, o algo parecido, en un rincón, es que son gente sensible, sibaritas, que seguro tienen también sus sentimientos y sus penas. Tan solo no estás en tu confusión, inquietud, en tus temblores, también aquí habrá duda, vacilación, inseguridad, si bien en la conclusión de los negocios, lo humano universal, en formas de economía, ¡también allí! Infinita es la pena de los corazones y general, pero, ¿han amado alguna vez (fuera de la cama) ardiendo, consumidos, sedientos de desierto, después de un zumo de melocotón que viene de una boca lejana, sucumbiendo, ahogándose en la incompatibilidad de las almas ? - no se sabe, tampoco se puede preguntar al camarero que junto a la caja registradora teclea la nueva cerveza, ansioso de tickets, para apagar una sed de otro tipo, pero que viene de muy hondo. Versión de Eustaquio Barjau
6.
Hogar
Hogar
Cuando resistes la noche solo algo bebido pero no borracho a través de nieve y polvaredas y chispas viniendo de Dios sabe dónde andas por el camino que va a casa por el camino-del-adónde, la gente está tumbada y mira fijamente en el vacío, pero naturalmente podrían llenarse de reminiscencias, discursos, apostillas con los que el tiempo se abre como presente, pero detrás de él, y delante, está el abuelo como también los nietos, alternando y compartidos: ¿piensas que en ti había otra cosa, con mirada e imagen, que la antigua locura? Versión de Eustaquio Barjau
7.
Melancolía
Melancolía
Cuando leemos sobre mariposas, sobre cañaverales, sobre abejas y que un bello verano se mece sobre esto, preguntamos si existen estas dichas, si no existe un engaño detrás de ello, y también si el laúd del que ellos hablan, con trinos, con aromas, vestidos vaporosos, en donde fingen que se encuentran, es algo cuestionable a otros oídos, un potpourri engañoso, artificial - la agonía del alma no se engaña. Qué es el hombre -quizás duerme de noche, pero está ya cansado de afeitarse, antes aún de que el cartero llegue y antes de que le llamen por teléfono, está su ser vacío ya y sin brasa; una acción superior y general, de la que se oye hablar, que a veces se presiente, fracasa en muchas zonas corporales, son fuerzas malogradas en trágicos empeños: no es verdad que el espíritu lo alcance, son tan sólo esporádicos destellos. No es explicable ni remotamente, como si el creador fuera alguien sin alma que no pregunta nunca por la gente, por sus quejas, su cáncer o su piel, él los tejió de muy distintas cosas, que usa también para otros astros; él nos dio medios para enardecernos -lábil, estable, lábil- sueños, baños, una sola tableta te levanta, ilumina lo oscuro, el frío enciende. De tu región has de sacarlo todo, pues regresas sin nada del viaje; si te abandonas, vienen piruetas y vas perdiendo todo la que tienes. De entre las flores tienes que escoger las que en el seto crecen y el sembrado ya tu cuarto llevarlas y contar los sones de la vida, sus acordes: las terceras mayores y menores - todo la frío hiela el corazón. Así la flor -luego a lo pasado te vuelves o al futuro, como viene; pasas de la neblina a lo nublado, de un quizás a un error sin tacha, ir y venir: fuentes secadas, resplandece Noé, toca el Arca la tierra y el Nilo es el río de los ríos, y la morena mano besa Antonio: los Rurik, los Anjou, Rasputín, Judas, pero tu propio hoy no está ahí dentro. La ostra, con su perla, está cerrada, conoce sólo el mar, está callada; en tierra y aire: verdugos, coronados - un herma todavía en la alameda; tan sólo calla Eón, con la perla en la mano, donde no hay nada y todo apunta a algo, Eón está soñando, Eón es un muchacho, juega consigo mismo en una tabla: un herma todavía -que lo dejen, también lleva al poema: melancolía. Versión de Eustaquio Barjau
8.
Metropolitano
Metropolitano
Aguaceros suaves. Flor temprana. Llega del bosque un aire a pieles cálidas. Se alza el enjambre púrpura. Asciende la gran sangre. Ella, desconocida, viene a través de toda esa primavera. El pie, la media, ahí, sí, pero concluye y se cierra lejos, inalcanzable. Sollozo sobre el umbral. Florecer tibio. Humedades ajenas. ¡Oh, cómo derrocha su boca el aire tibio¡ Tú, cerebro de rosas, sangre de mares, media luz en las alturas, tú, bancal terrenal, cómo fluye fresco de tus caderas el hálito que te envuelve al caminar. Oscuridad: ahora vive bajo su vestido: sólo animal blanco. Despreocupado; mudo aroma. Un pobre perro cerebral. Sobrecargado con Dios. ¡Estoy tan harto de esta frente mía! Oh, si un andamio de espádices la desprendiera suavemente y se hinchara y retemblara y goteara con ella. Tan desprendido. Tan cansado. Quiero caminar. Anémicos los caminos. Canciones en los jardines. Sombras, diluvio. Dicha lejana. ir muriendo hacia el profundo azul liberador del mar. 1913
Versos y pensamientos de Gottfried Benn
4 citas« Si tuvieras anhelos todavía / (dime cuándo, dime dónde), »
« Dos sueños. El primero preguntaba: / ¿cómo es tu rostro ahora?: »
« En una noche que nadie conoce, / sustancia de niebla, humedad y lluvia, »
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