Poesía Universal

Giuseppe Ungaretti

Giuseppe Ungaretti es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primer...

Biografía lírica

Vida

Giuseppe Ungaretti es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Giuseppe Ungaretti

11 poemas seleccionados
1.

A

la salida


		Quién viniera conmigo a través de los campos

El sol se esparce en 
		diamantinas
gotas de agua
sobre la frágil hierba

		
Me recuesto con
el placer
del apacible corazón del universo

		
Las montañas crecen
en corrientes de sombra lila
y se perfilan 
		contra el cielo

		
En la luminosa cúpula arriba
el hechizo se ha roto

Y yo 
		retorno hacia mí
y anidado me escondo dentro de mí mismo
                                                       
		Versa, 27 Abril 1916

Versión de Rafael Díaz Borbón
2.

Atardecer

Versa, 20 de mayo de 1916


		La 
		ruborosa cara del cielo
despierta el oasis
para el nómada amor.


		
		Versión de Rafael Díaz Borbón
3.

Bois de Courton, Julio 1918

Cielo despejado


		                              
		Bois de Courton, Julio 1918


		Después de 
		la creciente
niebla
una
por una
las estrellas
se quitan 
		el velo


		Respiro

		el aire fresco
que el color del cielo
me ofrece


		Sé soy

		una pasajera
imagen


		atrapada 
		en un círculo
inmortal


		
		Versión de Rafael Díaz Borbón
4.

Condena

Como 
		la áspera piedra del volcán,
como la piedra pulida del torrente,

		como la noche sola y desnuda,
alma como honda y con terrores
¿Por 
		qué no te recoge
la mano firme del Señor?

		
Este alma
que sabe las vanidades del corazón
y sabe pérfidas 
		sus tentaciones,
y del mundo conoce la medida,
y los planes de 
		nuestra mente
considera minucias,
¿por qué no puede soportar

		más que arrebatos terrenos?

		
Tú no me miras ya, Señor...
Y no busco sino olvido
en la 
		ceguedad de la carne.


		
		Versión de Jesús López Pacheco
5.

Distante

Versa, 15 Febrero 1917


		Distante 
		en una tierra distante
como a un hombre ciego
ellos me han 
		abandonado


		
		Versión de Rafael Díaz Borbón
6.

El ángel del pobre

Ahora que invade las nubladas mentes

    	más áspera piedad de la sangre y la tierra,

    	ahora que nos mide a cada pálpito

    	el silencio de tanta injusta muerte,

    

    	ahora que despierta el ángel del pobre,

    	gentileza del alma, pervivida...

    

    	Con el gesto inextinguible de los siglos

    	baje a la cabecera de su viejo pueblo

    	en medio de las sombras...

    	

    	Versión de Jesús López Pacheco
7.

Juno

1931


		Alrededor 
		de esa perfecta madurez que me atormenta,
Un muslo levantándose por 
		sobre otro...


		Esparce tu 
		furia a través de una acerba noche!


		
		Versión de Rafael Díaz Borbón
8.

La

madre


		Y cuando el corazón de un último latido
haya hecho caer el muro de 
		sombra,
para conducirme, madre, hasta el Señor,
como una vez me 
		darás la mano.

		
De rodillas, decidida,
serás una estatua delante del Eterno,

		como ya te veía
cuando estabas todavía en la vida.

		
Alzarás temblorosa los viejos brazos,
como cuando expiraste

		diciendo: Dios mío, heme aquí.

		
Y sólo cuando me haya perdonado
te entrarán deseos de mirarme.

		
Recordarás haberme esperado tanto
y tendrás en los ojos un rápido 
		suspiro.


		
		Versión de Jesús López Pacheco
9.

La muerte meditada

Canto quinto

		
Has cerrado los ojos,
nace una noche
nena de falsos huecos,

		de ruidos muertos
como de corchos
de redes caladas en el agua.

		
Tus manos se hacen como un soplo
de inviolables lontananzas,

		inaferrables como las ideas,

		
y el equívoco de la luna
y el balancearse, dulcísimos,
si 
		quieres posármelas sobre los ojos,
tocan el alma.

		
Eres la mujer que pasa
como una hoja
y dejas en los árboles un 
		fuego de otoño.


		
		Versión de Jesús López Pacheco
10.

La piedad

1

		Soy un hombre herido.
Y yo quisiera irme
y llegar finalmente,

		piedad, a donde se escucha
al hombre que está sólo consigo.

		
No tengo más que soberbia y bondad.

Y me siento exilado en 
		medio de los hombres.

		
Mas por ellos estoy en pena.

¿No sería digno de volver a mí?

		
He poblado de nombres el silencio.

¿He hecho pedazos corazón 
		y mente
para caer en servidumbre de palabras?
Reino sobre 
		fantasmas.

		
Hojas secas,
alma llevada aquí y allá...,

No, odio el 
		viento y su voz
de bestia inmemorable.

		
Dios, ¿aquéllos que te imploran
no te conocen más que de nombre?

		
Me has arrojado de la vida:
¿me arrojarás de la muerte?


		Quizá el hombre también es indigno de esperanza.

		
¿Hasta la fuente del remordimiento está seca?

El pecado, qué 
		importa
si ya no conduce a la pureza.

		
La carne apenas recuerda
que tuvo fuerza una vez.

Loca y 
		gastada está el alma.

		
Dios mira nuestra debilidad.

Queremos una certeza.

¿Ya 
		ni siquiera te ríes de nosotros?

		
Compadécenos entonces, crueldad.

No puedo seguir amurallado

		en el deseo sin amor .

		
Muéstranos una huella de justicia.

Tu ley, ¿cuál es?


		Fulmina mis pobres emociones,
libérame de la inquietud.
Estoy 
		cansado de gritar sin voz.

		

2
Carne melancólica
donde una vez pululó la alegría,

		ojos entreabiertos del despertar cansado,
¿ves tú, alma demasiado 
		madura,
lo que seré caído en la tierra?

		
Está en los vivos el camino de los difuntos,

nosotros somos 
		una riada de sombras,

		
y ellas el grano que explota en el sueño,

de ellas es la 
		lejanía que nos queda
y de ellas la sombra que da peso a los nombres.

		
La esperanza de una gran sombra
¿sólo es esto nuestra suerte?

		
¿Y no serías tú más que un sueño, Dios?

Temerarios, por lo 
		menos un sueño
queremos que sea semejante a ti.

		
Es parto de la locura más clara.

No tiembla en nubes de ramas

		como pájaros de la madrugada
al borde de los párpados.

		
En nosotros está y languidece, llaga misteriosa

3
La luz 
		que nos aguija
es un hilo cada vez más sutil.
¿Sólo deslumbras 
		matando?
Dáme esta alegría suprema.

		
4
El hombre, monótono universo,
cree acrecentar sus bienes,

		y de sus manos febriles
no salen, sin fin, más que límites.

		
Pegado al vacío,
a su hilo de araña,

no teme ni seduce 

		más que a su propio grito. 
		

Evita el desgaste haciendo tumbas,
y para pensarte, Eterno,

		no tiene más que blasfemias.


		Versión de Jesús 
		López Pacheco
11.

Los

recuerdos


		Los recuerdos, inútil infinito,
pero solos y unidos contra el mar, 
		intacto,
en medio de estertores infinitos...

		
El mar,
voz de una libre grandeza
pero inocencia enemiga en 
		los recuerdos,
tan rápido en borrar las huellas dulces
de un 
		pensamiento fiel...

		
El mar, sus blanduras indolentes
tan feroces y esperadas tanto, 
		tanto,
y en su agonía,
presente siempre, renovada siempre,
en 
		el despierto pensamiento, la agonía.

		
Los recuerdos,
el revolverse vano
de arena que se mueve
sin 
		pesar sobre la arena,

		
ecos breves y lentos,
sin voz, ecos de los adioses
a minutos 
		que parecían felices...

		
Versión de Jesús López Pacheco

Versos y pensamientos de Giuseppe Ungaretti

4 citas
« la salida / Quién viniera conmigo a través de los campos »
Giuseppe Ungaretti · A
« ruborosa cara del cielo / despierta el oasis »
Giuseppe Ungaretti · Atardecer
« Cielo despejado / Bois de Courton, Julio 1918 »
Giuseppe Ungaretti · Bois de Courton, Julio 1918
« Como / la áspera piedra del volcán, »
Giuseppe Ungaretti · Condena
Biblioteca poética

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