« Digamos que una tarde / el ruiseñor cantó »
Giovanni Quessep · Alguien se salva por escuchar al ruiseñor
Biografía y amplia selección de poemas de Giovanni Quessep. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Giovanni Quessep. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Digamos que una tarde el ruiseñor cantó sobre esta piedra porque al tocarla el tiempo no nos hiere no todo es tuyo olvido algo nos queda Entre las ruinas pienso que nunca será polvo quien vio su vuelo o escuchó su canto
Felicidad en ruinas Lo que han visto mis ojos Volver al tiempo amado Ya fugitiva música del polvo (Nada tendrá el amor Si en jardines o nieve La Quimera le cuenta Del valle de la muerte) Felicidad en ruinas Lo que ha visto mi alma en el encanto Amara yo el olvido Y el reino de las hojas que he encontrado
Por la virtud del alba quieres cambiar tu vida, y aferrado a la jarcia partes sin rumbo conocido. Todo es propicio, los acantilados y el arrecife duermen en la espuma, tan sólo una gaviota espera sobre el palo mayor de caoba y de luna. Quizá te aguarden para darte el amor y la palma del vino o en la orilla sin nombre, pescadores vestidos de un luto azul. Vas solo con tu alma, barajando canciones y presagios que hablan del bosque donde la hierba es tenue, lejos de la desgracia que en ti se confabula. A tu paso verás las islas que otorgan el sonido de un caracol, verás tu casa, el humo que ya aspiraron otros en la aurora. Mas, ay, si te detienes tal vez allí se acabe tu destino; ¿y quién podrá salvarte, quién te daría lo que buscas entre hadas? Duro es partir a la fortuna; el hombre solo cierra los ojos ante el cielo y oye su propia historia si se rompe el encanto. Pero, si quieres seguir, sigue con la felicidad entre tu barca, todo está a tu favor, el cielo, la lejanía que se abre como el amor, como la muerte.
Abandonas la música del bosque Oh cuerpo amado si olvidé tu nombre ¿Qué tiempo de castillo entre las ruinas La clausurada torre? Desde mi canto para qué leyenda (Tejió el amor la túnica imprecisa) Si el canto no es real si el caminante No asciende a tu colina Si sombra de un color es la palabra Ceniza de la piedra es el destino Y el poeta lejano de la noche Al lado del olvido Dónde la oculta voz que te nombraba El extranjero la doliente luna Viene venía por el mar de vino La nave en la penumbra Penumbra de la nave es el espejo La púrpura o lo blanco de la muerte Vendrás venías por el mar antiguo Penélope doliente La mano y el cristal en su premura Oh rostro amado si perdí tu nombre Nave del paraíso te deshojas Solitaria del bosque Quién moverá mis pasos en la arena Celeste o gris si al reino desencanta El hilo de la muerte o la memoria Cercano de la nada Vuélveme ahora a mi país de origen Nómbrame el reino para mí celeste ¿Qué sombra de silencio por el agua Paraíso de nieve? Nave de casi ayer entre las manos El mar no permanece a tus orillas Ya fábula de un cuento para siempre Y espejo de las islas
Cántico de dos rosas No digas nada, escucha a las estrellas. Tal vez te digan algo de la rosa que hay en tu jardín y la rosa del tiempo, -la que está viva o muerta- en la arena que arde. La rosa que hay en tu jardín es bella. No la amarga hechicera que te llama desde tu nacimiento, rosa oscura que te alumbra el final y las orillas del aqueronte. No hables, que estás solo con nada indecible, siempre lejos del azul más profundo. Mira pues si el agua va a una isla donde crecen rosas ya sin ventura o venturosas; y escribe y canta. Y oye a las estrellas que hablan desde una página pedida.
del extranjero Penumbra de castillo por el sueño Torre de Claudia aléjame la ausencia Penumbra del amor en sombra de agua Blancura lenta Dime el secreto de tu voz oculta La fábula que tejes y destejes Dormida apenas por la voz del hada Blanca Penélope Cómo entrar a tu reino si has cerrado La puerta del jardín y te vigilas En tu noche se pierde el extranjero Blancura de isla Pero hay alguien que viene por el bosque De alados ciervos y extranjera luna Isla de Claudia para tanta pena Viene en tu busca Cuento de lo real donde las manos Abren el fruto que olvidó la muerte Si un hilo de leyenda es el recuerdo Bella durmiente La víspera del tiempo a tus orillas Tiempo de Claudia aléjame la noche Cómo entrar a tu reino si clausuras La blanca torre Pero hay un caminante en la palabra Ciega canción que vuela hacia el encanto Dónde ocultar su voz para tu cuerpo Nave volando Nave y castillo es él en tu memoria El mar de vino príncipe abolido Cuerpo de Claudia pero al fin ventana Del paraíso Si pronuncia tu nombre ante las piedras Te mueve el esplendor y en él derivas Hacia otro reino y un país te envuelve La maravilla ¿Qué es esta voz despierta por tu sueño? ¿La historia del jardín que se repite? ¿Dónde tu cuerpo junto a qué penumbra Vas en declive? Ya te olvidas Penélope del agua Bella durmiente de tu luna antigua Y hacia otra forma vas en el espejo Perfil de Alicia Dime el secreto de esta rosa o nunca Que guardan el león y el unicornio El extranjero asciende a tu colina Siempre más solo Maravilloso cuerpo te deshaces Y el cielo es tu fluir en lo contado Sombra de algún azul de quien te sigue Manos y labios Los pasos en el alba se repiten Vuelves a la canción tú misma cantas Penumbra de castillo en el comienzo Cuando las hadas A través de mi mano por tu cauce Discurre un desolado laberinto Perdida fábula de amor te llama Desde el olvido Y el poeta te nombra sí la múltiple Penélope o Alicia para siempre El jardín o el espejo el mar de vino Claudia que vuelve Escucha al que desciende por el bosque De alados ciervos y extranjera luna Toca tus manos y a tu cuerpo eleva La rosa púrpura ¿De qué país de dónde de qué tiempo Viene su voz la historia que te canta? Nave de Claudia acércame a tu orilla Dile que lo amas Torre de Claudia aléjale el olvido Blancura azul la hora de la muerte Jardín de Claudia como por el cielo Claudia celeste Nave y castillo es él en tu memoria El mar de nuevo príncipe abolido Cuerpo de Claudia pero al fin ventana Del paraíso
El hombre solo habita Una orilla lejana Mira la tarde gris cayendo Mira las hojas blancas Rostro perdido del amor Apenas canta y mueve La rueda del azar Que lo acerca a la muerte Extranjero de todo La dicha lo maldice El hombre solo a solas habla De un reino que no existe
Si pudiera yo darte La luz que no se ve En un azul profundo De peces. Si pudiera Darte una manzana Sin el edén perdido, Un girasol sin pétalos Ni brújula de luz que se elevara, ebrio, al cielo de la tarde; y esta pagina en blanco que pudieras leer como se lee el más claro jeroglífico. Si pudiera darte, como se canta en bellos versos, unas alas sin pájaro, siempre un vuelo sin alas, mi escritura sería, quizá como el diamante, piedra de luz sin llama, paraíso perpetuo.
La biblioteca a solas. Luna, duendes en el umbral, y un canto que se anuncia posible en el dorado de las hojas. Toma el asombro de morir y el cielo por la música hallada se hace noche que ilumina la rosa en la tiniebla. Voces de lo más hondo, pasos y alas en el umbral, y un habla oscura y bella de hilo desvelado que retorna por el telar al bosque, nos envuelve. ¿Qué se hizo la casa, dónde estamos? Duendes y luna a solas en el muro.
Feliz tú que no miras los ojos de la Esfinge, y no ves que es azul el laberinto de su arena; terrible conocimiento de una vida amarga el que nos dan los últimos jardines. Feliz tú que no sabes quién teje la ilusión de tus tapices, ni quién es la hilandera de tus días, vendimiadora que da un vino triste. Cantas tu himno, loco de esperanza, y no sabes si mueres o si vives.
« Digamos que una tarde / el ruiseñor cantó »
« Felicidad en ruinas / Lo que han visto mis ojos »
« Por la virtud del alba / quieres cambiar tu vida, »
« Abandonas la música del bosque / Oh cuerpo amado si olvidé tu nombre »
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