Poesía Universal

Gioconda Belli

Biografía y amplia selección de poemas de Gioconda Belli. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Gioconda Belli. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Gioconda Belli

24 poemas seleccionados
1.

Abandonados

Tocamos la noche con las manos
escurriéndonos la oscuridad entre los 
	dedos,
sobándola como la piel de una oveja negra.

	
Nos hemos abandonado al desamor,
al desgano de vivir colectando horas 
	en el vacío,
en los días que se dejan pasar y se vuelven a repetir,

	intrascendentes,
sin huellas, ni sol, ni explosiones radiantes de 
	claridad.

	
Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad,
sintiendo la 
	necesidad del amor por debajo de las uñas,
el hueco de un sacabocados en 
	el pecho,
el recuerdo y el ruido como dentro de un caracol
que ha 
	vivido ya demasiado en una pecera de ciudad
y apenas si lleva el eco del 
	mar en su laberinto de concha.

	
¿Cómo volver a recapturar el tiempo?

¿Interponerle el cuerpo 
	fuerte del deseo y la angustia,
hacerlo retroceder acobardado
por 
	nuestra inquebrantable decisión?

	
Pero... quién sabe si podremos recapturar el momento
que perdimos.

	
Nadie puede predecir el pasado
cuando ya quizás no somos los mismos,

	cuando ya quizás hemos olvidado
el nombre de la calle
donde
alguna 
	vez
pudimos
encontrarnos.
2.

Ahora

vamos 
	envueltos en consignas hermosas


	Las mañanas cambiaron su signo conocido.
Ahora el agua, su tibieza, su 
	magia soñolienta
es diferente.
Ahora oigo desde que mi piel conoce que 
	es de día,
cantos de tiempos clandestinos
sonando audaces, altos desde 
	la mesa de noche
y me levanto y salgo y veo "compas" atareados

	lustrando sus botas o alistándose para el día
bajo el sol.
Ya no hay 
	oscuridad, ni barricadas,
ni abuso del espejo retrovisor
para ver si 
	me siguen.
Ahora mi aire de siempre es mas mi aire
y este olor a 
	tierra mojada y los lago s allá
y las montañas
pareciera que han 
	vuelto a posarse en su lugar,
a enraizarse, a sembrarse de nuevo.
Ya 
	no huele a quemado,
y no es la muerte una conocida presencia
esperando 
	a la vuelta de cualquier esquina.
He recuperado mis flores amarillas
y 
	estos malinches de mayo son mas rojos
y se desparraman de gozo

	reventados contra el rojinegro de las banderas.

	
Ahora vamos envueltos en consignas hermosas,
desafiando pobrezas,

	esgrimiendo voluntades contra malos augurios
y esta sonrisa cubre el 
	horizonte,
se grita en valles y lagunas,
lava lagrimas y se protege 
	con nuevos fusiles.
Ya se unió la Historia al paso triunfal de los 
	guerreros
y yo invento palabras con que cantar,
nuevas formas de amar,

	vuelvo a ser,
soy otra vez,
por fin otra vez,
soy.
3.

Ahuyentemos el tiempo, amor...

Ahuyentemos el tiempo, 
	amor,
que ya no exista;
esos minutos largos que desfilan pesados

	cuando no estás conmigo
y estás en todas partes
sin estar pero 
	estando.
Me dolés en el cuerpo,
me acariciás el pelo
y no estás

	y estás cerca,
te siento levantarte
desde el aire llenarme
pero 
	estoy sola, amor,
y este estarte viendo
sin que estés,
me hace 
	sentirme a veces
como una leona herida,
me retuerzo
doy vueltas

	te busco
y no estás
y estás
allí
tan cerca.
4.

Amo a los hombres y les canto...

Amo a los hombres
y les canto.

Amo a los jóvenes

	desafiantes jinetes del aire,
pobladores de pasillos en las 
	Universidades,
rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.

	Amo a los obreros,
esos sudorosos gigantes morenos
que salen de 
	madrugada a construir ciudades.
Amo a los carpinteros
que reconocen a 
	la madera como a su mujer
y saben hacerla a su modo.
Amo a los 
	campesinos
que no tienen más tractor que su brazo
que rompen el 
	vientre de la tierra y la poseen.
Amo, compasiva y tristemente, a los 
	complicados
                                                         
	hombres de negocios
que han convertido su hombría en una sanguinaria
                                                                        
	máquina de sumar
y han dejado los pensamientos más profundos, los
                                                             
	sentimientos más nobles
por cálculos y métodos de explotación.

Amo 
	a los poetas -bellos ángeles lanzallamas-
que inventan nuevos mundos 
	desde la palabra
y que dan a la risa y al vino su justa y proverbial 
	importancia.
que conocen la trascendencia de una conversación

	tranquila bajo los árboles,
a esos poetas vitales que sufren las lágrimas 
	y van
y dejan todo y mueren
para que nazcan hombres con la frente 
	alta.
Amo a los pintores -hombres colores-
que guardan su hermosura 
	para nuestros ojos
y a los que pintan el horror y el hambre
para que 
	no se nos olvide.
Amo a los solitarios pensadores
los que existen más 
	allá del amor y de la comprensión sencilla
los que se hunden en titánicas 
	averiguaciones
y se atormentan día y noche ante lo absurdo de las 
	respuestas.

	
A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana,
con un amor 
	que es más grande que yo toda,
que me supera y me envuelve como un océano

	donde todo el misterio se resuelve en espuma...

	
Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.
A la que se rebela y 
	forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
a la que se levanta de 
	noche a ver a su hijo que llora,
a la que llora por un niño que se ha 
	dormido para siempre,
a la que lucha enardecida en las montañas,
a la 
	que trabaja -mal pagada- en la ciudad,
a la que gorda y contenta canta 
	cuando echa tortillas
en la pancita caliente del comal,
a la que 
	camina con el peso de un ser en su vientre
enorme y fecundo.
A todas 
	las amo y me felicito por ser de su especie.
Me felicito por estar con 
	hombres y mujeres
aquí bajo este cielo, sobre esta tierra tropical y 
	fértil,
ondulante y cubierta de hierba.
Me felicito por ser y por 
	haber nacido,
por mis pulmones que me llevan y me traen el aire,

	porque cuando respiro siento que el mundo todo entra en mí
y sale con 
	algo mío,
por estos poemas que escribo y lanzo al viento
para alegría 
	de los pájaros,
por todo lo que soy y rompe el aire a mi paso,
por las 
	flores que se mecen en los caminos
y los pensamientos que, desenfrenados, 
	alborotan en las cabezas,
por los llantos y las rebeliones.
Me 
	felicito porque soy parte de una nueva época
porque he comprendido la 
	importancia que tiene mi existencia,
la importancia que tiene tu 
	existencia, la de todos,
la vitalidad de mi mano unida a otras manos,

	de mi canto unido a otros cantos.
Porque he comprendido mi misión de ser 
	creador,
de alfarera de mi tiempo que es el tiempo nuestro,
quiero 
	irme a la calle y a los campos,
a las mansiones y a las chozas
a 
	sacudir a los tibios y haraganes,
a los que reniegan de la vida y de los 
	malos negocios,
a los que dejan de ver el sol para cuadrar balances,
a 
	los incrédulos, a los desamparados, a los que han
                                                                     
	perdido la esperanza,
a los que ríen y cantan y hablan con optimismo;

	quiero traerlos a todos hacia la madrugada,
traerlos a ver la vida que 
	pasa
con una hermosura dolorosa y desafiante,
la vida que nos espera 
	detrás de cada atardecer
-último testimonio de un día que se va para 
	siempre,
que sale del tiempo y que nunca volverá a repetirse-.
Quiero 
	atraer a todos hacia el abrazo de una alegría que comienza,
de un 
	Universo que espera que rompamos sus puertas
con la energía de nuestra 
	marcha incontenible.
Quiero llevaros a recorrer los caminos
por donde 
	avanza -inexorable- la Historia.
Porque los amo quiero llevarlos de 
	frente a la nueva  mañana,
mañana lavada de pesar que habremos 
	construido  todos.

	
Vámonos y que nadie se quede a la zaga,
que nadie perezoso, 
	amedrentado, tibio, habite la faz  de la tierra
para que este amor 
	tenga la fuerza de los terremotos,
de los maremotos,
de los ciclones, 
	de los huracanes
y todo lo que nos aprisione vuele convertido en desecho

	mientras hombres y mujeres nuevos
van naciendo erguidos
luminosos

	como volcanes...

	
Vámonos
Vámonos
Vámonoooos!!!
5.

Tu cuerpo son todas las frutas.

Amor de frutas


	Déjame que esparza

	manzanas en tu sexo
néctares de mango
carne de fresas;


	Tu cuerpo son todas las 
	frutas.


	Te abrazo y corren las 
	mandarinas;
te beso y todas las uvas sueltan
el vino oculto de su 
	corazón
sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos
el zumo dulce 
	de las naranjas
y en tus piernas el promegranate
esconde sus semillas 
	incitantes.


	Déjame que coseche los 
	frutos de agua
que sudan en tus poros:


	Mi hombre de limones y 
	duraznos,
dame a beber fuentes de melocotones y bananos
racimos de 
	cerezas.


	Tu cuerpo es el paraíso 
	perdido
del que nunca jamás ningún Dios
podrá expulsarme.
6.

Amor en dos tiempos

I
Mi pedazo de dulce de 
	alfajor de almendra
mi pájaro carpintero serpiente emplumada
colibrí 
	picoteando mi flor bebiendo mi miel
sorbiendo mi azúcar tocándome la 
	tierra
el anturio la cueva la mansión de los atardeceres
el trueno de 
	los mares barco de vela
legión de pájaros gaviota rasante níspero dulce

	palmera naciéndome playas en las piernas
alto cocotero tembloroso 
	obelisco de mi perdición
tótem de mis tabúes laurel sauce llorón

	espuma contra mi piel lluvia manantial
cascada en mi cauce celo de mis 
	andares
luz de tus ojos brisa sobre mis pechos
venado juguetón de mi 
	selva de madreselva y musgo
centinela de mi risa guardián de los latidos

	castañuela cencerro gozo de mi cielo rosado
de carne de mujer mi hombre 
	vos único talismán
embrujo de mis pétalos desérticos vení otra vez

	llename pegame contra tu puerto de olas roncas
llename de tu blanca 
	ternura silenciame los gritos
dejame desparramada mujer.

	
II
Campanas sonidos ulular de sirenas
suelto las riendas galopo 
	carcajadas
pongo fuera de juego las murallas
los diques caen hechos 
	pedazos salto verde
la esperanza el cielo azul sonoros horizontes
que 
	abren vientos para dejarme pasar:
«Abran paso a la mujer que no temió las 
	mareas del amor
ni los huracanes del desprecio»

	
Venció el vino añejo el tinto el blanco
salieron brotaron las uvas 
	con su piel suave
redondez de tus dedos llovés sobre mí
lavás tristeza 
	reconstruís faros bibliotecas
de viejos libros con hermosas imágenes

	me devolvés el gato risón Alicia el conejo
el sombrero loco los enanos de 
	Blancanieves
el lodo entre los dedos el hálito de infancia
estás en la 
	centella en la ventana desde donde
nace el árbol trompo tacitas te quiero 
	te toco
te descubro caballo gato luciérnaga pipilacha
hombre desnudo 
	diáfano tambor trompeta
                   
	hago música
                   
	bailo taconeo me desnudo te envuelvo
                   
	me envuelves
besos besos besos besos besos besos besos besos
silencio 
	sueño.
7.

Áspera textura del viento

Nacida de la selva me 
	tomaste
arisca yegua para estribos y albardas.

	
Durante muchas noches
nada se oyó
sino el chasquido del látigo

	el rumor del forcejeo
las maldiciones
y el roce de los cuerpos

	midiéndose la fuerza en el espacio.

	
Cabalgamos por días sin parar
desbocados corceles del amor
dando y 
	quitando,
riendo y llorando
-el tiempo de la doma
el celo de los 
	tigres-

	
No pudimos con la áspera textura de los vientos.
Nos rendimos ante el 
	cansancio
a pocos metros de la pradera
donde hubiéramos realizado

	todos nuestros encendidos sueños.
8.

Castillos de arena

¿Por qué no me dijiste que 
	estabas construyendo
ese castillo de arena?
Hubiera sido tan hermoso

	poder entrar por su pequeña puerta,
recorrer sus salados corredores,

	esperarte en los cuadros de conchas,
hablándote desde el balcón
con la 
	boca llena de espuma blanca y transparente
como mis palabras,
esas 
	palabras livianas que te digo,
que no tienen más que el peso
del aire 
	entre mis dientes.
Es tan hermoso contemplar el mar.
Hubiera sido tan 
	hermoso el mar
desde nuestro castillo de arena,
relamiendo el tiempo

	con la ternura
honda y profunda del agua,
divagando sobre las 
	historias que nos contaban
cuando, niños, éramos un solo poro
abierto 
	a la naturaleza.
Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena
en 
	la marea alta.
Se ha llevado las torres,
los fosos,
la puertecita 
	por donde hubiéramos pasado
en la marea baja,
cuando la realidad está 
	lejos
y hay castillos de arena
sobre la playa...
9.

Claro que no somos una pompa fúnebre...

Claro que no somos una pompa fúnebre,
a pesar de todas las lágrimas 
	tragadas
estamos con la alegría de construir lo nuevo
y gozamos del 
	día, de la noche
y hasta del cansancio
y recogemos risa en el viento 
	alto.

	
Usamos el derecho a la alegría,
a encontrar el amor
en la tierra 
	lejana
y sentirnos dichosos
por haber hallado compañero
y compartir 
	el pan, el dolor y la cama.

	
Aunque nacimos para ser felices
nos vemos rodeado de tristeza y 
	vainas,
de muertes y escondites forzados.

	
Huyendo como prófugos
vemos como nos nacen arrugas en la frente
y 
	nos volvemos serios,
pero siempre por siempre
nos persigue la risa

	amarrada también a los talones
y sabemos tirarnos una buena carcajada

	y ser felices en la noche más honda y más cerrada

	
porque estamos construidos de una gran esperanza,
de un gran 
	optimismo que nos lleva alcanzados
y andamos la victoria colgándonos del 
	cuello,
sonando su cencerro cada vez más sonoro
y sabemos que nada 
	puede pasar que nos detenga
porque somos semillas 
	
y habitación de una sonrisa íntima
que explotará
ya pronto
en 
	las caras
de todos.
10.

Como gata boca arriba

Te quiero como gata boca arriba, 
	
panza arriba te quiero, 
maullando a través de tu mirada, 
de este 
	amor-jaula 
	
violento, 
lleno de zarpazos 
como una noche de luna
y dos 
	gatos enamorados 
	
discutiendo su amor en los tejados, 
amándose a gritos y llantos, 

	a maldiciones, lagrimas y sonrisas 
	
(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría) 

Te quiero como 
	gata panza arriba 
	
y me defiendo de huir, 
de dejar esta pelea 
de callejones y 
	noches sin hablarnos, 
	
este amor que me marea, 
que me llena de polen, 
de fertilidad 

	y me anda en el día por la espalda 
	
haciéndome cosquillas. 

No me voy, no quiero irme, dejarte, 

	te busco agazapada 
	
ronroneando, 
te busco saliendo detrás del sofá, 
brincando sobre 
	tu cama, 
	
pasándote la cola por los ojos, 
te busco desperezándome en la 
	alfombra, 
	
poniéndome los anteojos para leer 
libros de educación del hogar 

	y no andar chiflada y saber manejar la casa, 
	
poner la comida, 
asear los cuartos, 
amarte sin polvo y sin 
	desorden, 
	
amarte organizadamente, 
poniéndole orden a este alboroto 
de 
	revolución y trabajo y amor 
	
a tiempo y destiempo, 
de noche, de madrugada, 
en el baño, 

	riéndonos como gatos mansos, 
	
lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados 
a los pies del sofá 
	de leer el periódico. 
	

Te quiero como gata agradecida, 
gorda de estar mimada, 
te 
	quiero como gata flaca 
	
perseguida y llorona, 
te quiero como gata, mi amor, 
como gata, 
	Gioconda, 
	
como mujer, 
te quiero.
11.

Cã“mo

Cómo pesa el amor


	Noche cerrada
ciega en 
	el tiempo
verde como la luna
apenas clara entre las luciérnagas.

	Sigo la huella de mis pasos,
el doloroso retorno a la sonrisa,
me 
	invento en la cumbre adivinada
entre árboles retorcidos.
Sé que algún 
	día
se alzarán de nuevo
las yemas recién nacidas
de mi rojo 
	corazón,
entonces, quizás,
oirás mi voz enceguecedora
como el canto 
	de las sirenas;
te darás cuenta
de la soledad;
juntarás mi arcilla,

	el lodo que te ofrecí,
entonces tal vez sabrás
como pesa el amor

	endurecido.
12.

Como tinaja

En 
	los días buenos,
de lluvia,
los días en que nos quisimos

	totalmente,
en que nos fuimos abriendo
el uno al otro
como cuevas 
	secretas;
en esos días, amor
mi cuerpo como tinaja
recogió toda el 
	agua tierna
que derramaste sobre mí
y ahora,
en estos días secos

	en que tu ausencia duele
y agrieta la piel,
el agua sale de mis ojos

	llena de tu recuerdo
a refrescar la aridez de mi cuerpo
tan vacío y 
	tan lleno de vos.
13.

Conjuros de la memoria

No sé si un sol desmedido y burlón

	me atravesará de punta a punta

	cuando salten de mi pecho todos los gritos guardados

	cuando se rompan las oscuridades

	de mi perfecta catedral secreta

	con el sostenido sonido del órgano medieval

	ululando su voz de parto,

	su alarido de queja y de tristeza.

	

	Estoy como nací-desnuda-

	mojada de lágrimas con el pelo chorreándome nostalgia

	y un cansancio vetusto acomodado en mis huesos

	y mientras me dejo ir en el humo,

	viene su mano y me sostiene

	y me levanta y me hace tronar de júbilo,

	me zarandea las ganas de vivir,

	me dice verde con ojos de monte

	azul con el pelo espumoso de mar

	estrella con las uñas brillantes

	viento y sopla mi angustia y la desperdiga

	y me hace nadar en el aire, retozar en los arroyos,

	romper los relojes del tiempo,

	borrar la huella de mis pequeños pecados

	vueltos trascendentes por los oscuros designios

	de su otro yo iracundo hermano de este duende iluminado

	que me persigue en el sueño

	en el que corro huyendo, siguiéndole yo a mi vez

	juego de gato y ratón hasta que viene la lluvia

	y la risa y volvemos a ser amantes helechos hojas atrapadas

	en las correntadas de mayo y todo vuelve a empezar

	cuando cruzamos lavados y nuevos

	el umbral del paraíso.
14.

De la mujer al hombre

Dios te hizo hombre para 
	mí.
Te admiro desde lo más profundo
de mi subconsciente
con una 
	admiración extraña y desbordada
que tiene un dobladillo de ternura.

	Tus problemas, tus cosas
me intrigan, me interesan
y te observo

	mientras discurres y discutes
hablando del mundo
y dándole una nueva 
	geografía de palabras
Mi mente esta covada para recibirte,
para pensar 
	tus ideas
y darte a pensar las mías;
te siento, mi compañero, hermoso

	juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras 
	diferencias
sabiéndonos mujer y hombre
y apreciando la disimilitud

	de nuestros cuerpos.
15.

Definición

Podríamos tener una 
	discusión sobre el amor.
Yo te diría que amo la curiosa manera
en que 
	tu cuerpo y mi cuerpo se conocen,
exploradores que renuevan
el más 
	antiguo acto del conocimiento.

	
Diría que amo tu piel y que mi piel te ama,
que amo la escondida 
	torre
que de repente se alza desafiante
y tiembla dentro de mí

	buscando la mujer que anida
en lo más profundo de mi interior de hembra.

	
Diría también que amo tus ojos
que son limpios y que también me 
	penetran
con vaho de ternura o de preguntas.

	
Diría que amo tu voz
sobre todo cuando decís poemas,
pero también 
	cuando sonás serio,
tan preocupado por entender
este mundo tan ancho y 
	tan ajeno.

	
Diría que amo encontrarte
y sentir dentro de mí
una mariposa presa

	aleteándome en el estómago
y muchas ganas de reírme
de la pura alegría 
	de que existía y estás,
de saber que te gustan las nubes
y el aire 
	frío de los bosques de Matagalpa.
Podríamos discutir si es serio 
	
esto que te digo.
Si es una quemadura leve, de segundo, 
tercer o 
	primer grado.
Si hay o no que ponerle nombre a las cosas.
Yo sólo una 
	simple frase afirmo
Te amo
16.

Desafío a la vejez

Cuando yo 
	llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente 
	las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando 
	pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las 
	preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,

	cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y 
	suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-

	cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por 
	el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará 
	-rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también 
	saludarán
mis mañanas.
17.

En la doliente soledad del domingo...

Aquí estoy,
desnuda,

	sobre las sábanas solitarias
de esta cama donde te deseo.

	
Veo mi cuerpo,
liso y rosado en el espejo,
mi cuerpo
que fue 
	ávido territorio de tus besos;
este cuerpo lleno de recuerdos
de tu 
	desbordada pasión
sobre el que peleaste sudorosas batallas
en largas 
	noches de quejidos y risas
y ruidos de mis cuevas interiores.

	
Veo mis pechos
que acomodabas sonriendo
en la palma de tu mano,

	que apretabas como pájaros pequeños
en tus jaulas de cinco barrotes,

	mientras una flor se me encendía
y paraba su dura corola
contra tu 
	carne dulce.

	
Veo mis piernas,
largas y lentas conocedoras de tus caricias,
que 
	giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes
para abrirte el sendero de 
	la perdición
hacia mi mismo centro,
y la suave vegetación del monte

	donde urdiste sordos combates
coronados de gozo,
anunciados por 
	descargas de fusilerías
y truenos primitivos.

	
Me veo y no me estoy viendo,
es un espejo de vos el que se extiende 
	doliente
sobre esta soledad de domingo,
un espejo rosado,
un molde 
	hueco buscando su otro hemisferio.

	
Llueve copiosamente
sobre mi cara
y sólo pienso en tu lejano amor

	mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza.
18.

Eros

es el agua


	Entre tus piernas
el mar 
	me muestra extraños arrecifes
rocas erguidas corales altaneros
contra 
	mi gruta de caracolas concha nácar
tu molusco de sal persigue la 
	corriente
el agua corta me inventa aletas
mar de la noche con lunas 
	sumergidas
tu oleaje brusco de pulpo enardecido
acelera mis branquias 
	los latidos de esponja
los caballos minúsculos flotando entre gemidos

	enredados en largos pistilos de medusa.
Amor entre delfines
dando 
	saltos te lanzas sobre mi flanco leve
te recibo sin ruido te miro entre 
	burbujas
tu risa cerco con mi boca espuma
ligereza del agua oxigeno de 
	tu vegetación de clorofila
la corona de luna abre espacio al océano
De 
	océano los ojos plateados
fluye larga mirada final
y nos alzamos desde 
	el cuerpo acuático
somos carne otra vez
una mujer y un hombre
entre 
	las rocas.
19.

Es larga la tarde...

Es larga la tarde
como 
	el camino curvo hasta tu casa
por donde regreso arrastrando los pies

	hasta mi cama sola
a dormir con tu olor engarzado en mi piel,
a dormir 
	con tu sombra.

	
Es larga la tarde
y el amor redondo como el gatillo de una pistola

	me rodea de frente, de lado, de perfil.
El sueño pesa sobre mis hombros

	y me acerca de nuevo a vos,
al huequito de tu brazo,
a tu respiración,

	a una continuación infinita de la batalla
de sábanas y almohadas que 
	empezamos
y que pone risa
y energía
a nuestro cansancio.
20.

Esta nostalgia

Este sueño que vivo,

	esta nostalgia con nombre y apellido,
este huracán encerrado tambaleando 
	mis huesos,
lamentando su paso por mi sangre...
No puedo abandonar el 
	tiempo y sus rincones,
el valle de mis días
está lleno de sombras 
	innombrables,
voy a la soledad como alma en pena,
desacatada de todas 
	las razones,
heroína de batallas perdidas,
de cántaros sin agua.
Me 
	hundo en el cuerpo,
me desangro en las venas,
me bato contra el 
	viento,
contra la piel que untada está a la mía.
Qué haré con mi 
	castillo de fantasmas,
las estrellas fugaces que me cercan
mientras el 
	sol deslumbra
y no puedo mirar más que su disco
-redondo y amarillo-

	la estela de su oro lamiéndome las manos,
surcándome las noches,

	desviviéndome,
haciéndome desastres...
Me entregaré a los huracanes

	para pasar de lejos por esa luz ardiendo.
Estoy muriéndome de frío.
21.

Estoy viva como fruta madura...

Estoy viva
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos,

	abuela de los pájaros,
tejedora del viento navegante.

	
No se ha educado aún mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres, 
	
me deslumbran el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia

	hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.

	
Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo 
	mujer envuelta en velos,
descreída de todo, lamentando su suerte.
No. 
	Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,
de la tierra parida,

	el canto de los pueblos,
los brazos del obrero construyendo,
la mujer 
	vendedora con su ramo de hijos,
los chavalos alegres marchando hacia el 
	colegio.

	
Si.
Es verdad que a ratos estoy triste
y salgo a los caminos,

	suelta como mi pelo,
y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
y 
	atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral 
	que se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,

	desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo,
desenvainando 
	estrellas
para subir más alto, más arriba,
dándole caza al aire,

	gozándome en el ser que me sustenta, 
	
en la eterna marea de flujos y reflujos
que mueve el universo
y 
	que impulsa los giros redondos de la tierra.

	
Soy la mujer que piensa.
Algún día
mis ojos
encenderán 
	luciérnagas.
22.

Eva advierte sobre las manzanas

"Allí te quedo en el pecho,
                                            
	por muchos años me goces"
                                                                                         
	C.M.R.

Con poderes de Dios
-centauro omnipotente-
me 
	sacaste de la costilla curva de mi mundo
lanzándome a buscar tu prometida 
	tierra,
la primera estación del paraíso.

	
Todo dejé atrás.
No oí lamentos, ni recomendaciones
porque en todo 
	el Universo de mi ceguera
solo vos brillabas
recortado sol en la 
	oscuridad.

	
Y así,
Eva de nuevo,
comí la manzana;
quise construir casa y 
	que la habitáramos,
tener hijos para multiplicar nuestro estrenado 
	territorio.
Pero, después,
sólo estuvieron en vos
las cacerías, los 
	leones,
el elogio a la soledad
y el hosco despertar.

	
Para mí solamente los regresos de prisa,
tu goce de mi cuerpo,
el 
	descargue repentino de ternura
y luego,
una y otra vez, la huida

	tijereteando mi sueño,
llenando de lágrimas la copa de miel
tenazmente 
	ofrecida.

	
Me desgasté como piedra de río.
Tantas veces pasaste por encima de 
	mis murmullos,
de mis gritos,
abandonándome en la selva de tus 
	confusiones
sin lámpara, ni piedras para hacer fuego y calentarme,
o 
	adivinar el rumbo de tu sombra.

	
Por eso un día,
vi por última vez
tu figura recostada en el rojo 
	fondo de la habitación
donde conocí más furia que ternura
y te dije 
	adiós
desde el caliente fondo de mis entrañas,
desde el río de lava de 
	mi corazón.

	
No me llevé nada
porque nada de lo tuyo me pertenecía
-nunca me 
	hiciste dueña de tus cosas-
y saliste de mí
como salen -de pronto-

	desparramados, tristes,
los árboles convertidos en trozas,
muertos ya,

	pulpa para el recuerdo,
material para entretejer versos.

	
Fuiste mi Dios
y como Adán, también
me preñaste de frutas y 
	malinches,
de poemas y cogollos,
racimos de inexplicables 
	desconciertos.

	
Para nunca jamás
esta Eva verá espejismos de paraíso
o morderá 
	manzanas dulces y peligrosas,
orgullosas,
soberbias,
inadecuadas

	para el amor.
23.

Huelga

Quiero 
	una huelga donde vayamos todos.
Una huelga de brazos, piernas, de 
	cabellos,
una huelga naciendo en cada cuerpo.

	
Quiero una huelga
de obreros de palomas
de choferes de flores

	de técnicos de niños
de médicos de mujeres.

	
Quiero una huelga grande,
que hasta el amor alcance. 
Una huelga 
	donde todo se detenga,
el reloj las fábricas
el plantel los colegios

	el bus los hospitales
la carretera los puertos.

	
Una huelga de ojos, de manos y de besos.
Una huelga donde respirar no 
	sea permitido,
una huelga donde nazca el silencio
para oír los pasos 
	del tirano que se marcha.
24.

Luciérnagas

A las cinco de la tarde

	Cuando el resplandor se queda sin brillo
Y el jardín se sumerge en el 
	último hervor dorado del día
Oigo el grupo bullicioso de niños
Que 
	salen a cazar luciérnagas.

	
Corriendo sobre el pasto
Se dispersan entre los arbustos,
Gritan 
	su excitación, palpan su deslumbre
Se arma un círculo alrededor de la 
	pequeña
Que muestra la encendida cuenca de sus manos
Titilando.

	
Antiguo oficio humano
Este de querer apagar la luz.

¿Te 
	acordás de la última vez que creímos poder iluminar
la noche?

	
El tiempo nos ha vaciado de fulgor.
Pero la oscuridad
Sigue 
	poblada de luciérnagas.

Versos y pensamientos de Gioconda Belli

4 citas
« Tocamos la noche con las manos / escurriéndonos la oscuridad entre los »
Gioconda Belli · Abandonados
« vamos / envueltos en consignas hermosas »
Gioconda Belli · Ahora
« que ya no exista; / esos minutos largos que desfilan pesados »
Gioconda Belli · Ahuyentemos el tiempo, amor...
« Amo a los hombres / y les canto. »
Gioconda Belli · Amo a los hombres y les canto...
Biblioteca poética

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