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Gioconda Belli · Abandonados
Biografía y amplia selección de poemas de Gioconda Belli. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Gioconda Belli. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Tocamos la noche con las manos escurriéndonos la oscuridad entre los dedos, sobándola como la piel de una oveja negra. Nos hemos abandonado al desamor, al desgano de vivir colectando horas en el vacío, en los días que se dejan pasar y se vuelven a repetir, intrascendentes, sin huellas, ni sol, ni explosiones radiantes de claridad. Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad, sintiendo la necesidad del amor por debajo de las uñas, el hueco de un sacabocados en el pecho, el recuerdo y el ruido como dentro de un caracol que ha vivido ya demasiado en una pecera de ciudad y apenas si lleva el eco del mar en su laberinto de concha. ¿Cómo volver a recapturar el tiempo? ¿Interponerle el cuerpo fuerte del deseo y la angustia, hacerlo retroceder acobardado por nuestra inquebrantable decisión? Pero... quién sabe si podremos recapturar el momento que perdimos. Nadie puede predecir el pasado cuando ya quizás no somos los mismos, cuando ya quizás hemos olvidado el nombre de la calle donde alguna vez pudimos encontrarnos.
vamos envueltos en consignas hermosas Las mañanas cambiaron su signo conocido. Ahora el agua, su tibieza, su magia soñolienta es diferente. Ahora oigo desde que mi piel conoce que es de día, cantos de tiempos clandestinos sonando audaces, altos desde la mesa de noche y me levanto y salgo y veo "compas" atareados lustrando sus botas o alistándose para el día bajo el sol. Ya no hay oscuridad, ni barricadas, ni abuso del espejo retrovisor para ver si me siguen. Ahora mi aire de siempre es mas mi aire y este olor a tierra mojada y los lago s allá y las montañas pareciera que han vuelto a posarse en su lugar, a enraizarse, a sembrarse de nuevo. Ya no huele a quemado, y no es la muerte una conocida presencia esperando a la vuelta de cualquier esquina. He recuperado mis flores amarillas y estos malinches de mayo son mas rojos y se desparraman de gozo reventados contra el rojinegro de las banderas. Ahora vamos envueltos en consignas hermosas, desafiando pobrezas, esgrimiendo voluntades contra malos augurios y esta sonrisa cubre el horizonte, se grita en valles y lagunas, lava lagrimas y se protege con nuevos fusiles. Ya se unió la Historia al paso triunfal de los guerreros y yo invento palabras con que cantar, nuevas formas de amar, vuelvo a ser, soy otra vez, por fin otra vez, soy.
Ahuyentemos el tiempo, amor, que ya no exista; esos minutos largos que desfilan pesados cuando no estás conmigo y estás en todas partes sin estar pero estando. Me dolés en el cuerpo, me acariciás el pelo y no estás y estás cerca, te siento levantarte desde el aire llenarme pero estoy sola, amor, y este estarte viendo sin que estés, me hace sentirme a veces como una leona herida, me retuerzo doy vueltas te busco y no estás y estás allí tan cerca.
Amo a los hombres
y les canto.
Amo a los jóvenes
desafiantes jinetes del aire,
pobladores de pasillos en las
Universidades,
rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.
Amo a los obreros,
esos sudorosos gigantes morenos
que salen de
madrugada a construir ciudades.
Amo a los carpinteros
que reconocen a
la madera como a su mujer
y saben hacerla a su modo.
Amo a los
campesinos
que no tienen más tractor que su brazo
que rompen el
vientre de la tierra y la poseen.
Amo, compasiva y tristemente, a los
complicados
hombres de negocios
que han convertido su hombría en una sanguinaria
máquina de sumar
y han dejado los pensamientos más profundos, los
sentimientos más nobles
por cálculos y métodos de explotación.
Amo
a los poetas -bellos ángeles lanzallamas-
que inventan nuevos mundos
desde la palabra
y que dan a la risa y al vino su justa y proverbial
importancia.
que conocen la trascendencia de una conversación
tranquila bajo los árboles,
a esos poetas vitales que sufren las lágrimas
y van
y dejan todo y mueren
para que nazcan hombres con la frente
alta.
Amo a los pintores -hombres colores-
que guardan su hermosura
para nuestros ojos
y a los que pintan el horror y el hambre
para que
no se nos olvide.
Amo a los solitarios pensadores
los que existen más
allá del amor y de la comprensión sencilla
los que se hunden en titánicas
averiguaciones
y se atormentan día y noche ante lo absurdo de las
respuestas.
A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana,
con un amor
que es más grande que yo toda,
que me supera y me envuelve como un océano
donde todo el misterio se resuelve en espuma...
Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.
A la que se rebela y
forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
a la que se levanta de
noche a ver a su hijo que llora,
a la que llora por un niño que se ha
dormido para siempre,
a la que lucha enardecida en las montañas,
a la
que trabaja -mal pagada- en la ciudad,
a la que gorda y contenta canta
cuando echa tortillas
en la pancita caliente del comal,
a la que
camina con el peso de un ser en su vientre
enorme y fecundo.
A todas
las amo y me felicito por ser de su especie.
Me felicito por estar con
hombres y mujeres
aquí bajo este cielo, sobre esta tierra tropical y
fértil,
ondulante y cubierta de hierba.
Me felicito por ser y por
haber nacido,
por mis pulmones que me llevan y me traen el aire,
porque cuando respiro siento que el mundo todo entra en mí
y sale con
algo mío,
por estos poemas que escribo y lanzo al viento
para alegría
de los pájaros,
por todo lo que soy y rompe el aire a mi paso,
por las
flores que se mecen en los caminos
y los pensamientos que, desenfrenados,
alborotan en las cabezas,
por los llantos y las rebeliones.
Me
felicito porque soy parte de una nueva época
porque he comprendido la
importancia que tiene mi existencia,
la importancia que tiene tu
existencia, la de todos,
la vitalidad de mi mano unida a otras manos,
de mi canto unido a otros cantos.
Porque he comprendido mi misión de ser
creador,
de alfarera de mi tiempo que es el tiempo nuestro,
quiero
irme a la calle y a los campos,
a las mansiones y a las chozas
a
sacudir a los tibios y haraganes,
a los que reniegan de la vida y de los
malos negocios,
a los que dejan de ver el sol para cuadrar balances,
a
los incrédulos, a los desamparados, a los que han
perdido la esperanza,
a los que ríen y cantan y hablan con optimismo;
quiero traerlos a todos hacia la madrugada,
traerlos a ver la vida que
pasa
con una hermosura dolorosa y desafiante,
la vida que nos espera
detrás de cada atardecer
-último testimonio de un día que se va para
siempre,
que sale del tiempo y que nunca volverá a repetirse-.
Quiero
atraer a todos hacia el abrazo de una alegría que comienza,
de un
Universo que espera que rompamos sus puertas
con la energía de nuestra
marcha incontenible.
Quiero llevaros a recorrer los caminos
por donde
avanza -inexorable- la Historia.
Porque los amo quiero llevarlos de
frente a la nueva mañana,
mañana lavada de pesar que habremos
construido todos.
Vámonos y que nadie se quede a la zaga,
que nadie perezoso,
amedrentado, tibio, habite la faz de la tierra
para que este amor
tenga la fuerza de los terremotos,
de los maremotos,
de los ciclones,
de los huracanes
y todo lo que nos aprisione vuele convertido en desecho
mientras hombres y mujeres nuevos
van naciendo erguidos
luminosos
como volcanes...
Vámonos
Vámonos
Vámonoooos!!!
Amor de frutas Déjame que esparza manzanas en tu sexo néctares de mango carne de fresas; Tu cuerpo son todas las frutas. Te abrazo y corren las mandarinas; te beso y todas las uvas sueltan el vino oculto de su corazón sobre mi boca. Mi lengua siente en tus brazos el zumo dulce de las naranjas y en tus piernas el promegranate esconde sus semillas incitantes. Déjame que coseche los frutos de agua que sudan en tus poros: Mi hombre de limones y duraznos, dame a beber fuentes de melocotones y bananos racimos de cerezas. Tu cuerpo es el paraíso perdido del que nunca jamás ningún Dios podrá expulsarme.
I
Mi pedazo de dulce de
alfajor de almendra
mi pájaro carpintero serpiente emplumada
colibrí
picoteando mi flor bebiendo mi miel
sorbiendo mi azúcar tocándome la
tierra
el anturio la cueva la mansión de los atardeceres
el trueno de
los mares barco de vela
legión de pájaros gaviota rasante níspero dulce
palmera naciéndome playas en las piernas
alto cocotero tembloroso
obelisco de mi perdición
tótem de mis tabúes laurel sauce llorón
espuma contra mi piel lluvia manantial
cascada en mi cauce celo de mis
andares
luz de tus ojos brisa sobre mis pechos
venado juguetón de mi
selva de madreselva y musgo
centinela de mi risa guardián de los latidos
castañuela cencerro gozo de mi cielo rosado
de carne de mujer mi hombre
vos único talismán
embrujo de mis pétalos desérticos vení otra vez
llename pegame contra tu puerto de olas roncas
llename de tu blanca
ternura silenciame los gritos
dejame desparramada mujer.
II
Campanas sonidos ulular de sirenas
suelto las riendas galopo
carcajadas
pongo fuera de juego las murallas
los diques caen hechos
pedazos salto verde
la esperanza el cielo azul sonoros horizontes
que
abren vientos para dejarme pasar:
«Abran paso a la mujer que no temió las
mareas del amor
ni los huracanes del desprecio»
Venció el vino añejo el tinto el blanco
salieron brotaron las uvas
con su piel suave
redondez de tus dedos llovés sobre mí
lavás tristeza
reconstruís faros bibliotecas
de viejos libros con hermosas imágenes
me devolvés el gato risón Alicia el conejo
el sombrero loco los enanos de
Blancanieves
el lodo entre los dedos el hálito de infancia
estás en la
centella en la ventana desde donde
nace el árbol trompo tacitas te quiero
te toco
te descubro caballo gato luciérnaga pipilacha
hombre desnudo
diáfano tambor trompeta
hago música
bailo taconeo me desnudo te envuelvo
me envuelves
besos besos besos besos besos besos besos besos
silencio
sueño.
Nacida de la selva me tomaste arisca yegua para estribos y albardas. Durante muchas noches nada se oyó sino el chasquido del látigo el rumor del forcejeo las maldiciones y el roce de los cuerpos midiéndose la fuerza en el espacio. Cabalgamos por días sin parar desbocados corceles del amor dando y quitando, riendo y llorando -el tiempo de la doma el celo de los tigres- No pudimos con la áspera textura de los vientos. Nos rendimos ante el cansancio a pocos metros de la pradera donde hubiéramos realizado todos nuestros encendidos sueños.
¿Por qué no me dijiste que estabas construyendo ese castillo de arena? Hubiera sido tan hermoso poder entrar por su pequeña puerta, recorrer sus salados corredores, esperarte en los cuadros de conchas, hablándote desde el balcón con la boca llena de espuma blanca y transparente como mis palabras, esas palabras livianas que te digo, que no tienen más que el peso del aire entre mis dientes. Es tan hermoso contemplar el mar. Hubiera sido tan hermoso el mar desde nuestro castillo de arena, relamiendo el tiempo con la ternura honda y profunda del agua, divagando sobre las historias que nos contaban cuando, niños, éramos un solo poro abierto a la naturaleza. Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena en la marea alta. Se ha llevado las torres, los fosos, la puertecita por donde hubiéramos pasado en la marea baja, cuando la realidad está lejos y hay castillos de arena sobre la playa...
Claro que no somos una pompa fúnebre, a pesar de todas las lágrimas tragadas estamos con la alegría de construir lo nuevo y gozamos del día, de la noche y hasta del cansancio y recogemos risa en el viento alto. Usamos el derecho a la alegría, a encontrar el amor en la tierra lejana y sentirnos dichosos por haber hallado compañero y compartir el pan, el dolor y la cama. Aunque nacimos para ser felices nos vemos rodeado de tristeza y vainas, de muertes y escondites forzados. Huyendo como prófugos vemos como nos nacen arrugas en la frente y nos volvemos serios, pero siempre por siempre nos persigue la risa amarrada también a los talones y sabemos tirarnos una buena carcajada y ser felices en la noche más honda y más cerrada porque estamos construidos de una gran esperanza, de un gran optimismo que nos lleva alcanzados y andamos la victoria colgándonos del cuello, sonando su cencerro cada vez más sonoro y sabemos que nada puede pasar que nos detenga porque somos semillas y habitación de una sonrisa íntima que explotará ya pronto en las caras de todos.
Te quiero como gata boca arriba, panza arriba te quiero, maullando a través de tu mirada, de este amor-jaula violento, lleno de zarpazos como una noche de luna y dos gatos enamorados discutiendo su amor en los tejados, amándose a gritos y llantos, a maldiciones, lagrimas y sonrisas (de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría) Te quiero como gata panza arriba y me defiendo de huir, de dejar esta pelea de callejones y noches sin hablarnos, este amor que me marea, que me llena de polen, de fertilidad y me anda en el día por la espalda haciéndome cosquillas. No me voy, no quiero irme, dejarte, te busco agazapada ronroneando, te busco saliendo detrás del sofá, brincando sobre tu cama, pasándote la cola por los ojos, te busco desperezándome en la alfombra, poniéndome los anteojos para leer libros de educación del hogar y no andar chiflada y saber manejar la casa, poner la comida, asear los cuartos, amarte sin polvo y sin desorden, amarte organizadamente, poniéndole orden a este alboroto de revolución y trabajo y amor a tiempo y destiempo, de noche, de madrugada, en el baño, riéndonos como gatos mansos, lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados a los pies del sofá de leer el periódico. Te quiero como gata agradecida, gorda de estar mimada, te quiero como gata flaca perseguida y llorona, te quiero como gata, mi amor, como gata, Gioconda, como mujer, te quiero.
Cómo pesa el amor Noche cerrada ciega en el tiempo verde como la luna apenas clara entre las luciérnagas. Sigo la huella de mis pasos, el doloroso retorno a la sonrisa, me invento en la cumbre adivinada entre árboles retorcidos. Sé que algún día se alzarán de nuevo las yemas recién nacidas de mi rojo corazón, entonces, quizás, oirás mi voz enceguecedora como el canto de las sirenas; te darás cuenta de la soledad; juntarás mi arcilla, el lodo que te ofrecí, entonces tal vez sabrás como pesa el amor endurecido.
En los días buenos, de lluvia, los días en que nos quisimos totalmente, en que nos fuimos abriendo el uno al otro como cuevas secretas; en esos días, amor mi cuerpo como tinaja recogió toda el agua tierna que derramaste sobre mí y ahora, en estos días secos en que tu ausencia duele y agrieta la piel, el agua sale de mis ojos llena de tu recuerdo a refrescar la aridez de mi cuerpo tan vacío y tan lleno de vos.
No sé si un sol desmedido y burlón me atravesará de punta a punta cuando salten de mi pecho todos los gritos guardados cuando se rompan las oscuridades de mi perfecta catedral secreta con el sostenido sonido del órgano medieval ululando su voz de parto, su alarido de queja y de tristeza. Estoy como nací-desnuda- mojada de lágrimas con el pelo chorreándome nostalgia y un cansancio vetusto acomodado en mis huesos y mientras me dejo ir en el humo, viene su mano y me sostiene y me levanta y me hace tronar de júbilo, me zarandea las ganas de vivir, me dice verde con ojos de monte azul con el pelo espumoso de mar estrella con las uñas brillantes viento y sopla mi angustia y la desperdiga y me hace nadar en el aire, retozar en los arroyos, romper los relojes del tiempo, borrar la huella de mis pequeños pecados vueltos trascendentes por los oscuros designios de su otro yo iracundo hermano de este duende iluminado que me persigue en el sueño en el que corro huyendo, siguiéndole yo a mi vez juego de gato y ratón hasta que viene la lluvia y la risa y volvemos a ser amantes helechos hojas atrapadas en las correntadas de mayo y todo vuelve a empezar cuando cruzamos lavados y nuevos el umbral del paraíso.
Dios te hizo hombre para mí. Te admiro desde lo más profundo de mi subconsciente con una admiración extraña y desbordada que tiene un dobladillo de ternura. Tus problemas, tus cosas me intrigan, me interesan y te observo mientras discurres y discutes hablando del mundo y dándole una nueva geografía de palabras Mi mente esta covada para recibirte, para pensar tus ideas y darte a pensar las mías; te siento, mi compañero, hermoso juntos somos completos y nos miramos con orgullo conociendo nuestras diferencias sabiéndonos mujer y hombre y apreciando la disimilitud de nuestros cuerpos.
Podríamos tener una discusión sobre el amor. Yo te diría que amo la curiosa manera en que tu cuerpo y mi cuerpo se conocen, exploradores que renuevan el más antiguo acto del conocimiento. Diría que amo tu piel y que mi piel te ama, que amo la escondida torre que de repente se alza desafiante y tiembla dentro de mí buscando la mujer que anida en lo más profundo de mi interior de hembra. Diría también que amo tus ojos que son limpios y que también me penetran con vaho de ternura o de preguntas. Diría que amo tu voz sobre todo cuando decís poemas, pero también cuando sonás serio, tan preocupado por entender este mundo tan ancho y tan ajeno. Diría que amo encontrarte y sentir dentro de mí una mariposa presa aleteándome en el estómago y muchas ganas de reírme de la pura alegría de que existía y estás, de saber que te gustan las nubes y el aire frío de los bosques de Matagalpa. Podríamos discutir si es serio esto que te digo. Si es una quemadura leve, de segundo, tercer o primer grado. Si hay o no que ponerle nombre a las cosas. Yo sólo una simple frase afirmo Te amo
Cuando yo llegue a vieja -si es que llego- y me mire al espejo y me cuente las arrugas como una delicada orografía de distendida piel. Cuando pueda contar las marcas que han dejado las lágrimas y las preocupaciones, y ya mi cuerpo responda despacio a mis deseos, cuando vea mi vida envuelta en venas azules, en profundas ojeras, y suelte blanca mi cabellera para dormirme temprano -como corresponde- cuando vengan mis nietos a sentarse sobre mis rodillas enmohecidas por el paso de muchos inviernos, sé que todavía mi corazón estará -rebelde- tictaqueando y las dudas y los anchos horizontes también saludarán mis mañanas.
Aquí estoy, desnuda, sobre las sábanas solitarias de esta cama donde te deseo. Veo mi cuerpo, liso y rosado en el espejo, mi cuerpo que fue ávido territorio de tus besos; este cuerpo lleno de recuerdos de tu desbordada pasión sobre el que peleaste sudorosas batallas en largas noches de quejidos y risas y ruidos de mis cuevas interiores. Veo mis pechos que acomodabas sonriendo en la palma de tu mano, que apretabas como pájaros pequeños en tus jaulas de cinco barrotes, mientras una flor se me encendía y paraba su dura corola contra tu carne dulce. Veo mis piernas, largas y lentas conocedoras de tus caricias, que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes para abrirte el sendero de la perdición hacia mi mismo centro, y la suave vegetación del monte donde urdiste sordos combates coronados de gozo, anunciados por descargas de fusilerías y truenos primitivos. Me veo y no me estoy viendo, es un espejo de vos el que se extiende doliente sobre esta soledad de domingo, un espejo rosado, un molde hueco buscando su otro hemisferio. Llueve copiosamente sobre mi cara y sólo pienso en tu lejano amor mientras cobijo con todas mis fuerzas, la esperanza.
es el agua Entre tus piernas el mar me muestra extraños arrecifes rocas erguidas corales altaneros contra mi gruta de caracolas concha nácar tu molusco de sal persigue la corriente el agua corta me inventa aletas mar de la noche con lunas sumergidas tu oleaje brusco de pulpo enardecido acelera mis branquias los latidos de esponja los caballos minúsculos flotando entre gemidos enredados en largos pistilos de medusa. Amor entre delfines dando saltos te lanzas sobre mi flanco leve te recibo sin ruido te miro entre burbujas tu risa cerco con mi boca espuma ligereza del agua oxigeno de tu vegetación de clorofila la corona de luna abre espacio al océano De océano los ojos plateados fluye larga mirada final y nos alzamos desde el cuerpo acuático somos carne otra vez una mujer y un hombre entre las rocas.
Es larga la tarde como el camino curvo hasta tu casa por donde regreso arrastrando los pies hasta mi cama sola a dormir con tu olor engarzado en mi piel, a dormir con tu sombra. Es larga la tarde y el amor redondo como el gatillo de una pistola me rodea de frente, de lado, de perfil. El sueño pesa sobre mis hombros y me acerca de nuevo a vos, al huequito de tu brazo, a tu respiración, a una continuación infinita de la batalla de sábanas y almohadas que empezamos y que pone risa y energía a nuestro cansancio.
Este sueño que vivo, esta nostalgia con nombre y apellido, este huracán encerrado tambaleando mis huesos, lamentando su paso por mi sangre... No puedo abandonar el tiempo y sus rincones, el valle de mis días está lleno de sombras innombrables, voy a la soledad como alma en pena, desacatada de todas las razones, heroína de batallas perdidas, de cántaros sin agua. Me hundo en el cuerpo, me desangro en las venas, me bato contra el viento, contra la piel que untada está a la mía. Qué haré con mi castillo de fantasmas, las estrellas fugaces que me cercan mientras el sol deslumbra y no puedo mirar más que su disco -redondo y amarillo- la estela de su oro lamiéndome las manos, surcándome las noches, desviviéndome, haciéndome desastres... Me entregaré a los huracanes para pasar de lejos por esa luz ardiendo. Estoy muriéndome de frío.
Estoy viva como fruta madura dueña ya de inviernos y veranos, abuela de los pájaros, tejedora del viento navegante. No se ha educado aún mi corazón y, niña, tiemblo en los atardeceres, me deslumbran el verde, las marimbas y el ruido de la lluvia hermanándose con mi húmedo vientre, cuando todo es más suave y luminoso. Crezco y no aprendo a crecer, no me desilusiono, ni me vuelvo mujer envuelta en velos, descreída de todo, lamentando su suerte. No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro, de la tierra parida, el canto de los pueblos, los brazos del obrero construyendo, la mujer vendedora con su ramo de hijos, los chavalos alegres marchando hacia el colegio. Si. Es verdad que a ratos estoy triste y salgo a los caminos, suelta como mi pelo, y lloro por las cosas más dulces y más tiernas y atesoro recuerdos brotando entre mis huesos y soy una infinita espiral que se retuerce entre lunas y soles, avanzando en los días, desenrollando el tiempo con miedo o desparpajo, desenvainando estrellas para subir más alto, más arriba, dándole caza al aire, gozándome en el ser que me sustenta, en la eterna marea de flujos y reflujos que mueve el universo y que impulsa los giros redondos de la tierra. Soy la mujer que piensa. Algún día mis ojos encenderán luciérnagas.
"Allí te quedo en el pecho,
por muchos años me goces"
C.M.R.
Con poderes de Dios
-centauro omnipotente-
me
sacaste de la costilla curva de mi mundo
lanzándome a buscar tu prometida
tierra,
la primera estación del paraíso.
Todo dejé atrás.
No oí lamentos, ni recomendaciones
porque en todo
el Universo de mi ceguera
solo vos brillabas
recortado sol en la
oscuridad.
Y así,
Eva de nuevo,
comí la manzana;
quise construir casa y
que la habitáramos,
tener hijos para multiplicar nuestro estrenado
territorio.
Pero, después,
sólo estuvieron en vos
las cacerías, los
leones,
el elogio a la soledad
y el hosco despertar.
Para mí solamente los regresos de prisa,
tu goce de mi cuerpo,
el
descargue repentino de ternura
y luego,
una y otra vez, la huida
tijereteando mi sueño,
llenando de lágrimas la copa de miel
tenazmente
ofrecida.
Me desgasté como piedra de río.
Tantas veces pasaste por encima de
mis murmullos,
de mis gritos,
abandonándome en la selva de tus
confusiones
sin lámpara, ni piedras para hacer fuego y calentarme,
o
adivinar el rumbo de tu sombra.
Por eso un día,
vi por última vez
tu figura recostada en el rojo
fondo de la habitación
donde conocí más furia que ternura
y te dije
adiós
desde el caliente fondo de mis entrañas,
desde el río de lava de
mi corazón.
No me llevé nada
porque nada de lo tuyo me pertenecía
-nunca me
hiciste dueña de tus cosas-
y saliste de mí
como salen -de pronto-
desparramados, tristes,
los árboles convertidos en trozas,
muertos ya,
pulpa para el recuerdo,
material para entretejer versos.
Fuiste mi Dios
y como Adán, también
me preñaste de frutas y
malinches,
de poemas y cogollos,
racimos de inexplicables
desconciertos.
Para nunca jamás
esta Eva verá espejismos de paraíso
o morderá
manzanas dulces y peligrosas,
orgullosas,
soberbias,
inadecuadas
para el amor.
Quiero una huelga donde vayamos todos. Una huelga de brazos, piernas, de cabellos, una huelga naciendo en cada cuerpo. Quiero una huelga de obreros de palomas de choferes de flores de técnicos de niños de médicos de mujeres. Quiero una huelga grande, que hasta el amor alcance. Una huelga donde todo se detenga, el reloj las fábricas el plantel los colegios el bus los hospitales la carretera los puertos. Una huelga de ojos, de manos y de besos. Una huelga donde respirar no sea permitido, una huelga donde nazca el silencio para oír los pasos del tirano que se marcha.
A las cinco de la tarde Cuando el resplandor se queda sin brillo Y el jardín se sumerge en el último hervor dorado del día Oigo el grupo bullicioso de niños Que salen a cazar luciérnagas. Corriendo sobre el pasto Se dispersan entre los arbustos, Gritan su excitación, palpan su deslumbre Se arma un círculo alrededor de la pequeña Que muestra la encendida cuenca de sus manos Titilando. Antiguo oficio humano Este de querer apagar la luz. ¿Te acordás de la última vez que creímos poder iluminar la noche? El tiempo nos ha vaciado de fulgor. Pero la oscuridad Sigue poblada de luciérnagas.
« Tocamos la noche con las manos / escurriéndonos la oscuridad entre los »
« vamos / envueltos en consignas hermosas »
« que ya no exista; / esos minutos largos que desfilan pesados »
« Amo a los hombres / y les canto. »
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