Poesía Universal

Gilberto Owen

Biografía y amplia selección de poemas de Gilberto Owen. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Gilberto Owen. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Gilberto Owen

20 poemas seleccionados
1.

Allá

Allá en mis años...

		

		Allá en mis años Poesía usaba por cifra una equis,

		y su conciencia se llamaba quince.

		¿Qué van a hacer las rosas

		sin quien les fije el límite exacto de la rosa?


		¿Qué van a 
		hacer los pájaros (hasta los de cuenta)

		sin quien les mida el número exacto de su trino?

		Ahora pájaros y rosas tendrán que pensar por sí mismos

		y la vida será muchísimo más sin sentido.

		Como la esclava que perdió a su dueño

		(y tú eras su amo y él tu esclavo),

		así irás Poesía por las calles de México.
2.

Booz

canta su amor

		

		Me he querido mentir que no te amo,

		roja alegría incauta, sol sin freno

		en la tarde que sólo tú detienes,

		luz demorada sobre mi deshielo.

		Por no apagar la brasa de tus labios

		con un amor que darte no merezco,

		por no echar sobre el alba de tus hombros

		las horas que le restan a mi duelo.

		Pero cómo negarte mis espigas

		si las alzabas con tan puro gesto;

		cómo temer tus años, si me dabas

		toda mi juventud en mi deseo.

		

		Quédate, amor adolescente, quédate.

		Diez golondrinas saltan de tus dedos.

		París cumple en tu rostro quince años.

		Cómo brilla mi voz sobre tu pecho.

		óyela hablarte de la luna, óyela

		cantando lánguida por los senderos:

		sus palabras más nimias tienen forma,

		no le avergüenza ya decir "te quiero".

		Me has untado de fósforo los brazos:

		no los tienen más fuertes los mancebos.

		Flores palúdicas en los estanques.

		de mis ojos. El trópico en mis huesos.

		Cien lugares comunes, amor cándido,

		amoroso y porfiado amor primero.


		Vámonos 
		por las rutas de tus venas

		y de mis venas. Vámonos fingiendo

		que es la primera vez que estoy viviéndote.

		Por la carne también se llega al cielo.

		Hay pájaros que sueñan que son pájaros

		y se despiertan ángeles. Hay sueños

		de los que dos fantasmas se despiertan

		a la virginidad de nuestros cuerpos.

		Vámonos como siempre: Dafnis, Cloe.

		Tiéndete bajo el pino más erecto,

		una brizna de yerba entre los dientes.

		No te muevas. Así. Fuera del tiempo.

		

		Si cerrara los ojos, despertándome,

		me encontraría, como siempre, muerto.
3.

Celos

y muerte de Booz

		

		Y sólo sé que no soy yo,

		el durmiente que sueña un cedro Huguiano, lo que sueñas,

		y pues que he nacido de muerte natural, desesperado,

		paso ya, frenesí tardío, tardía voz sin ton ni son.

		

		Me miro con tus ojos y me veo alejarme,

		y separar las aguas del Mar Rojo de nuestros cuerpos mal fundidos

		para la huida infame,

		y sufro que me tiñe de azules la distancia,

		y quisiera gritarme desde tu boca: "No te vayas."

		

		Destrencemos los dedos y sus promesas no cumplidas.

		Te cambio por tu sombra y te dejo como sin pies sin ella

		y no podrás correr al amor de tu edad que he suplantado.

		Te cambio por tu sueño para irme a dormir con el cadáver leal de tu 
		alegría.

		Te cedo mi lámpara vieja por la tuya de luz de plata virgen

		para desear frustradas canciones inaudibles.

		

		Ya me hundo a buscarme en un te amé que quiso ser te amo,

		donde se desenrolla un caracol atónito al descubrir el fondo salobre de 
		sus ecos,

		y los confesonarios desenredan mis arrepentimientos mentirosos.

		Ya me voy con mi muerte de música a otra parte.

		Ya no me vivo en ti. Mi noche es alta y mía.
4.

* * *

1. Pureza

		

		¿Nada de amor -¡de nada!- para mí?

		Yo buscaba la frase con relieve, la palabra

		hecha carne de alma, luz tangible,

		y un rayo del sol último, en tanto hacía luz

		el confuso piar de mis polluelos.

		

		Ya para entonces se me había vuelto

		el diálogo monólogo,

		y el río, Amor -el río: espejo que anda-,

		llevaba mi mirada al mar sin mí.

		

		¡Qué puro eco tuyo, de tu grito

		hundido en el ocaso, Amor, la luna,

		espejito celeste, poesía!


		* * *
5.

4.

El agua, entre los 
		álamos...

		

		El agua, entre los álamos,

		pinta la hora, no el paisaje; 

		su rostro desleído entre las manos

		copia un aroma, un eco...

		(Colgaron al revés

		ese cromo borroso de la charca,

		con su noche celeste tan caída

		y sus álamos hacia abajo,

		y yo mismo, la cabeza en el agua

		y el pie en la nube negra de la orilla.)

		

		Llega -¿de dónde?- el tren;

		corazón -¿de quién?- alargado,

		oscuro y próspero, la vía

		nos lo plantea = algo

		más allá del alcance de los ojos.

		Terremoto: llorando demasiado

		los sauces salen al camino

		como mujeres aterrorizadas.

		Incendio: la luna, viento frío,

		arrastra el humo de las sombras

		hasta detrás del horizonte.

		

		En el bosque, con tantos mármoles,

		no queda sitio ya para las ninfas:

		sólo Eco, tan menudita,

		tan invisible y tan cercana.

		Sólo una memoria sin nexo:

		"cuéntalas bien

		que las once son".

		

		Luego el castigo de la encrucijada

		por el afán de haber querido

		saber a dónde llevan todos los caminos:

		1, al pueblo; 100, a la ciudad; 1000, al cielo;

		todos de ti y ninguno a ti,

		a tu centro impreciso, alma,

		eje de mi abanico de miradas,

		surtidor exaltado de caminos.


		* * *
6.

6.

Palabras

		

		Sólo tu palabra,

        río, deletreada,

        repetida, agria.

		

		Sólo las estrellas

		-solas- en el agua

		y despedazadas.

		

		¡Ya viene la luna!

		Río, despedázala,

		como a tu palabra

		

		el silencio, como

		la noche a la amada,

		río, por románticas.


		* * *
7.

8.

Desamor

		

		¡Qué bosque -cómo oprime- tan oscuro!

		Ganas de sacudir los árboles

		para que caiga aquella luz

		que se quedó enredada

		entre las ramas últimas.


		-Ella se 
		quedaría, esclava,

		trémula entre los dedos de Josué

		detrás del horizonte, sin remedio-.

		

		¡Luz de ayer, luz de ayer,

		lluévete, vertical, a mi memorial

		¡Rompe las rejas de los troncos,

		horizontal luz de mañana!


		* * *
8.

10.

Tierra que la guarda 
		ahora...

		

		Tierra que la guarda ahora

		-montoncito de tierra

		y un poco de savia en los árboles-.

		

		Ramas sin marzo, sin viento,

		metálicas, más de luna

		que de árbol, casi de alma.

		

		Esta vez no ha quedado nada

		del día en mi mirada.

		Noche demasiado lírica.

		

		Ella estará aquí más presente

		-viéndome completo-

		que yo que la creo sólo

		puñadito de tierra

		y un poco de savia en los árboles.


		* * *
9.

12.

Adiós

		

		El pañuelo de espumas

		del rompeolas me lloraba, ¡adiós!,

		y en la noche aquel grito -aquella estrella-,

		¡ven! y mi corazón que era sólo

		un temblor que cantaba, en medio,

		y de mi hondura, hacia la nada,

		ya sin mis ojos, yo.

		

		Y mi nombre escrito en la arena,

		y tu ascensión, luz, lumbre, sobre el mar;

		luego de allá, lejos, la onda,

		de aquí, de mí, la sombra

		que todo lo borraban.

		

		El mar dormía

		como nunca, y como si fuera

		ya para siempre, sin mi alma.


		* * *
10.

13.

El tranvía

		

		A esta hora ese telegrama amarillo

		ya sólo trae malas noticias:

		un hombre, yo, tan agobiado...

		

		¡Cómo abre -¡qué lívida!-

		sus ventanas, leyéndolo, mi casa!


		* * *
11.

14.

Corolas de 
		papel de estas canciones...


		Corolas de 
		papel de estas canciones.

		Se abren cuando al alba

		nocturna de la lámpara

		rompe a cantar ociosa

		la ternura enjaulada entre los dedos.


		Se cierran 
		cuando Venus matutina

		cae desprendida de su rama,

		aún no madura y ya picoteada

		por el frío del alba verdadera.


		* * *
12.

15.

Romance

		

		Niño Abril me escribió de un pueblo

		por completo silvestre, por completo.

		Pero yo con mi sombra estaba

		haciendo sube y baja

		en balanza de aire, a la ventana,

		y el pasado pesaba más,

		y se divulgó aquella carta

		al caer a pasearse al bulevar.

		

             Señor 
		policía el cielo,

             yo no 
		hice aquel verso, no,

             que la 
		estrella que veis ahogada

             sola a 
		mi espejo se cayó.

		

		Camino incansable, automóvil

		para poetas, siempre a cien

		kilómetros, y río que se va;

		el cenit viene con nosotros,

		el horizonte huye sin fin.

		

		Niño Abril me escribía: "En junio,

		ya no flor y no fruto aún,

		¿qué prefieres, el pan o el vino?"

		-Yo prefiero el vino y el pan,

		y ser a la vez yo y mi sombra,

		y tener cabal todo el campo

		en mi árbol del bulevar.

		

               
		Señor policía el viento,

               
		yo no ando desnudo, no.

               
		que la sombra que veis llorando

               
		de un sueño mío se cayó.


		* * *
13.

Final

Palabras oscuras, que entonces

		me parecían, ¡ay! , tan claras.

		Hoy me estaría aquí pensando

		hasta el alba, desesperadamente,

		sin arrancarles un sentido:

		¡tan de otro me suenan,

		tan lejanas!

		

		En cambio ésta aún no modulada

		que en mí dirá una voz innata,

		¡qué desnuda la siento,

		qué nueva aún y ya qué conocida!

		

		Está en mí -y en ti, libro,

		como un recién nacido en el regazo

		frío de este silencio, este cadáver,

		hoy, de aquellas palabras.
14.

Elogio

Las 
		palabras más ricas,

		menguante aurirrosado de la luna,

		se me van por el lago, verticales,

		en una temblorosa exaltación,

		a colgarse de ti.

		

		Que los poetas -que todo lo sueñan-

		y los amantes -que lo tienen todo-

		son aquí tus mendigos humillados.
15.

Es

ya el cielo...


		Es ya el 
		cielo. O la noche. O el mar que me reclama

		con la voz de mis ríos aún temblando en su trueno,

		sus mármoles yacentes hechos carne en la arena,

		y el hombre de la luna con la foca del circo,

		y vicios de mejillas pintadas en los puertos,

		y el horizonte tierno, siempre niño y eterno.

		Si he de vivir, que sea sin timón y en delirio.
16.

Espera,

octubre...

		

		Espera, octubre.

		No hables, voz. Abril disuelve apenas

		la piel de las estatuas en espuma,

		aún canta en flor el árbol de las venas,

		y ya tu augurio a ras del mar, tu bruma

		que sobre el gozo cuelga sus cadenas,

		y tu clima de menta, en que se esfuma

		el pensamiento por su laberinto

		y se ahonda el laberinto del instinto.

		

		No quemes, cal. No raye las paredes

		de aire de abril de mi festín tu aviso.

		Si ya me sabes presa de tus redes,

		si a mi soñar vivir nací sumiso,

		vuelve al sueño real de que procedes,

		déjame roca el humo infiel que piso,

		deja a mi sed el fruto, el vino, el seno,

		y a mi rencor su diente de veneno.

		

		Espejo, no me mires todavía.

		Abril nunca es abril en el desierto,

		y me espía tu noche todo el día

		para que al verte yo me mire muerto;

		Narciso no murió de egolatría,

		sí cuando le enseñé que eres incierto,

		que eres igual al hombre que te mira

		y que al mirarse en ti ya no se mira.
17.

Y pensar, corazón...

La pompa de jabón


		1

		Aquel rostro, aquel libro, aquel paisaje,

		y todo el iris y yo mismo, todo,

		todo en tu agua sedienta

		de imágenes.

		

		2

		Te saludan los pájaros, las cosas

		todas afinan para ti

		su mejor alba de sonrisas.

		

		Y recuerdan tus viajes, cuando ibas

		como un poco de río

		redondo y frágil, por el cauce

		innúmero del viento.

		

		Y te recuerdan, Arca de Noé,

		porque las regalabas a los niños,

		transmutando en juguetería

		de Noche Buena, el Mundo.

		

		3

		Y la vida niña soplándote,

		oh pompa, oh árbol de cristal de alma,

		por aquella raíz

		que te ocultó en su seno Poesía,

		y te era, en el cielo, rama en flor

		y pájaro en la rama.


		Y la vida, sin fin, 
		soplándote,

		sin fin, sin fin, burbuja de emoción,

		hasta tu fin sin ruido ni violencias

		-cuando mucho con un rocío amargo

		y trémulo, como de lágrimas.

		

		Y pensar, corazón...

		

		¡Y pensar, conmovido corazón,

		que algún día nefando, los gusanos

		han de roerte tus orgullos vanos

		y emponzoñar tu fuente de emoción...!

		

		Saber la vida tránsfuga, y saber

		el fracaso de todo en un minuto:

		toda tu heroica fiebre de absoluto

		(náufraga en unos labios de mujer)

		

		y todo tu dolor, y tu sensual

		podredumbre obcecada, y tu efusiva

		devoción a la Amada primitiva

		de alma jocunda y clara de cristal.

		

		Aún no habrás logrado modelar

		tu poema mejor, cuando la pálida

		Intrusa llegue, y tu Poesía, inválida,

		interrumpa su lírico volar

		

		Saber que un día, trémulo rubí,

		leal y atormentado, solamente

		polvo inmóvil será tu carne ardiente,

		sin nada de lo noble que hay en ti.

		

		Cuánto mejor sería, corazón,

		que te agotaras, trágico y canoro,

		en este amor vernal de fuego y oro,

		en una fervorosa combustión.

		

		Toluca, agosto de 1921
18.

Nueva

Nao de Amor


		I

		Primero amaneció para mis ojos.

		Que yo estaba caído

		en la cisterna de tu sueño,

		y sin saber voltearme el corazón

		y alzarme de puntillas en su vértice

		a espiar el alba de oro sólo mía.

		

		¡Qué sin eco mi llanto, hoy, nublándome

		en mi elevada soledad sin ángeles,

		esa aurora que no amanece nunca!
19.

Sindbad

el Varado

		

		Bitácora de febrero


		                                           
		Encontrarás tierra distinta de tu tierra, pero

                                                
		tu alma es una sola y no encontrarás otra.

                                                                                                  
		Sindbad el marino


		                                                              
		Bacause I do not hope to turn again

                                                                                           
		Because I do not hope

                                                                            
		Because I do not hope to turn
20.

El naufragio

Día primero, 
		El naufragio
		

		

		Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos;

		sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,

		un aire que te cuelga de los ojos y los dientes,

		correveidile colibrí, estático

		dentro del halo de su movimiento.

		Y no hablas. No hables,

		que no tienes ya voz de adivinanza

		y acaso te he perdido con saberte,

		y acaso estás aquí, de pronto inmóvil,

		tierra que me acogió de noche náufrago

		y que al alba descubro isla desierta y árida;

		y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro

		el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta.

		

		Esta mañana me consume en su rescoldo la conciencia mis llagas;

		sin ella no creería en la escalera inaccesible de la noche

		ni en su hermoso guardián insobornable:


		aquí me 
		hirió su mano, aquí su sueño,

		en Emel su sonrisa, en luz su poesía,

		su desamor me agobia en tu mirada.

		

		Y luché contra el mar toda la noche,

		desde Homero hasta Joseph Conrad,

		para llegar a tu rostro desierto

		y en su arena leer que nada espere,

		que no espere misterio, que no espere.

		

		Con la mañana derogaron las estrellas sus señales y sus leyes

        y es inútil que el cartógrafo dibuje 
		ríos secos en la palma

        de la mano.


		

		* * * * *

Versos y pensamientos de Gilberto Owen

4 citas
« Allá en mis años Poesía usaba por cifra una equis, / y su conciencia se llamaba quince. »
Gilberto Owen · Allá
« canta su amor / Me he querido mentir que no te amo, »
Gilberto Owen · Booz
« y muerte de Booz / Y sólo sé que no soy yo, »
Gilberto Owen · Celos
« 1. Pureza / ¿Nada de amor -¡de nada!- para mí? »
Gilberto Owen · * * *
Biblioteca poética

Libros de Gilberto Owen recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: