« Allá en mis años Poesía usaba por cifra una equis, / y su conciencia se llamaba quince. »
Gilberto Owen · Allá
Biografía y amplia selección de poemas de Gilberto Owen. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Gilberto Owen. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Allá en mis años... Allá en mis años Poesía usaba por cifra una equis, y su conciencia se llamaba quince. ¿Qué van a hacer las rosas sin quien les fije el límite exacto de la rosa? ¿Qué van a hacer los pájaros (hasta los de cuenta) sin quien les mida el número exacto de su trino? Ahora pájaros y rosas tendrán que pensar por sí mismos y la vida será muchísimo más sin sentido. Como la esclava que perdió a su dueño (y tú eras su amo y él tu esclavo), así irás Poesía por las calles de México.
canta su amor Me he querido mentir que no te amo, roja alegría incauta, sol sin freno en la tarde que sólo tú detienes, luz demorada sobre mi deshielo. Por no apagar la brasa de tus labios con un amor que darte no merezco, por no echar sobre el alba de tus hombros las horas que le restan a mi duelo. Pero cómo negarte mis espigas si las alzabas con tan puro gesto; cómo temer tus años, si me dabas toda mi juventud en mi deseo. Quédate, amor adolescente, quédate. Diez golondrinas saltan de tus dedos. París cumple en tu rostro quince años. Cómo brilla mi voz sobre tu pecho. óyela hablarte de la luna, óyela cantando lánguida por los senderos: sus palabras más nimias tienen forma, no le avergüenza ya decir "te quiero". Me has untado de fósforo los brazos: no los tienen más fuertes los mancebos. Flores palúdicas en los estanques. de mis ojos. El trópico en mis huesos. Cien lugares comunes, amor cándido, amoroso y porfiado amor primero. Vámonos por las rutas de tus venas y de mis venas. Vámonos fingiendo que es la primera vez que estoy viviéndote. Por la carne también se llega al cielo. Hay pájaros que sueñan que son pájaros y se despiertan ángeles. Hay sueños de los que dos fantasmas se despiertan a la virginidad de nuestros cuerpos. Vámonos como siempre: Dafnis, Cloe. Tiéndete bajo el pino más erecto, una brizna de yerba entre los dientes. No te muevas. Así. Fuera del tiempo. Si cerrara los ojos, despertándome, me encontraría, como siempre, muerto.
y muerte de Booz Y sólo sé que no soy yo, el durmiente que sueña un cedro Huguiano, lo que sueñas, y pues que he nacido de muerte natural, desesperado, paso ya, frenesí tardío, tardía voz sin ton ni son. Me miro con tus ojos y me veo alejarme, y separar las aguas del Mar Rojo de nuestros cuerpos mal fundidos para la huida infame, y sufro que me tiñe de azules la distancia, y quisiera gritarme desde tu boca: "No te vayas." Destrencemos los dedos y sus promesas no cumplidas. Te cambio por tu sombra y te dejo como sin pies sin ella y no podrás correr al amor de tu edad que he suplantado. Te cambio por tu sueño para irme a dormir con el cadáver leal de tu alegría. Te cedo mi lámpara vieja por la tuya de luz de plata virgen para desear frustradas canciones inaudibles. Ya me hundo a buscarme en un te amé que quiso ser te amo, donde se desenrolla un caracol atónito al descubrir el fondo salobre de sus ecos, y los confesonarios desenredan mis arrepentimientos mentirosos. Ya me voy con mi muerte de música a otra parte. Ya no me vivo en ti. Mi noche es alta y mía.
1. Pureza ¿Nada de amor -¡de nada!- para mí? Yo buscaba la frase con relieve, la palabra hecha carne de alma, luz tangible, y un rayo del sol último, en tanto hacía luz el confuso piar de mis polluelos. Ya para entonces se me había vuelto el diálogo monólogo, y el río, Amor -el río: espejo que anda-, llevaba mi mirada al mar sin mí. ¡Qué puro eco tuyo, de tu grito hundido en el ocaso, Amor, la luna, espejito celeste, poesía! * * *
El agua, entre los álamos... El agua, entre los álamos, pinta la hora, no el paisaje; su rostro desleído entre las manos copia un aroma, un eco... (Colgaron al revés ese cromo borroso de la charca, con su noche celeste tan caída y sus álamos hacia abajo, y yo mismo, la cabeza en el agua y el pie en la nube negra de la orilla.) Llega -¿de dónde?- el tren; corazón -¿de quién?- alargado, oscuro y próspero, la vía nos lo plantea = algo más allá del alcance de los ojos. Terremoto: llorando demasiado los sauces salen al camino como mujeres aterrorizadas. Incendio: la luna, viento frío, arrastra el humo de las sombras hasta detrás del horizonte. En el bosque, con tantos mármoles, no queda sitio ya para las ninfas: sólo Eco, tan menudita, tan invisible y tan cercana. Sólo una memoria sin nexo: "cuéntalas bien que las once son". Luego el castigo de la encrucijada por el afán de haber querido saber a dónde llevan todos los caminos: 1, al pueblo; 100, a la ciudad; 1000, al cielo; todos de ti y ninguno a ti, a tu centro impreciso, alma, eje de mi abanico de miradas, surtidor exaltado de caminos. * * *
Palabras
Sólo tu palabra,
río, deletreada,
repetida, agria.
Sólo las estrellas
-solas- en el agua
y despedazadas.
¡Ya viene la luna!
Río, despedázala,
como a tu palabra
el silencio, como
la noche a la amada,
río, por románticas.
* * *
Desamor ¡Qué bosque -cómo oprime- tan oscuro! Ganas de sacudir los árboles para que caiga aquella luz que se quedó enredada entre las ramas últimas. -Ella se quedaría, esclava, trémula entre los dedos de Josué detrás del horizonte, sin remedio-. ¡Luz de ayer, luz de ayer, lluévete, vertical, a mi memorial ¡Rompe las rejas de los troncos, horizontal luz de mañana! * * *
Tierra que la guarda ahora... Tierra que la guarda ahora -montoncito de tierra y un poco de savia en los árboles-. Ramas sin marzo, sin viento, metálicas, más de luna que de árbol, casi de alma. Esta vez no ha quedado nada del día en mi mirada. Noche demasiado lírica. Ella estará aquí más presente -viéndome completo- que yo que la creo sólo puñadito de tierra y un poco de savia en los árboles. * * *
Adiós El pañuelo de espumas del rompeolas me lloraba, ¡adiós!, y en la noche aquel grito -aquella estrella-, ¡ven! y mi corazón que era sólo un temblor que cantaba, en medio, y de mi hondura, hacia la nada, ya sin mis ojos, yo. Y mi nombre escrito en la arena, y tu ascensión, luz, lumbre, sobre el mar; luego de allá, lejos, la onda, de aquí, de mí, la sombra que todo lo borraban. El mar dormía como nunca, y como si fuera ya para siempre, sin mi alma. * * *
El tranvía A esta hora ese telegrama amarillo ya sólo trae malas noticias: un hombre, yo, tan agobiado... ¡Cómo abre -¡qué lívida!- sus ventanas, leyéndolo, mi casa! * * *
Corolas de papel de estas canciones... Corolas de papel de estas canciones. Se abren cuando al alba nocturna de la lámpara rompe a cantar ociosa la ternura enjaulada entre los dedos. Se cierran cuando Venus matutina cae desprendida de su rama, aún no madura y ya picoteada por el frío del alba verdadera. * * *
Romance
Niño Abril me escribió de un pueblo
por completo silvestre, por completo.
Pero yo con mi sombra estaba
haciendo sube y baja
en balanza de aire, a la ventana,
y el pasado pesaba más,
y se divulgó aquella carta
al caer a pasearse al bulevar.
Señor
policía el cielo,
yo no
hice aquel verso, no,
que la
estrella que veis ahogada
sola a
mi espejo se cayó.
Camino incansable, automóvil
para poetas, siempre a cien
kilómetros, y río que se va;
el cenit viene con nosotros,
el horizonte huye sin fin.
Niño Abril me escribía: "En junio,
ya no flor y no fruto aún,
¿qué prefieres, el pan o el vino?"
-Yo prefiero el vino y el pan,
y ser a la vez yo y mi sombra,
y tener cabal todo el campo
en mi árbol del bulevar.
Señor policía el viento,
yo no ando desnudo, no.
que la sombra que veis llorando
de un sueño mío se cayó.
* * *
Palabras oscuras, que entonces me parecían, ¡ay! , tan claras. Hoy me estaría aquí pensando hasta el alba, desesperadamente, sin arrancarles un sentido: ¡tan de otro me suenan, tan lejanas! En cambio ésta aún no modulada que en mí dirá una voz innata, ¡qué desnuda la siento, qué nueva aún y ya qué conocida! Está en mí -y en ti, libro, como un recién nacido en el regazo frío de este silencio, este cadáver, hoy, de aquellas palabras.
Las palabras más ricas, menguante aurirrosado de la luna, se me van por el lago, verticales, en una temblorosa exaltación, a colgarse de ti. Que los poetas -que todo lo sueñan- y los amantes -que lo tienen todo- son aquí tus mendigos humillados.
ya el cielo... Es ya el cielo. O la noche. O el mar que me reclama con la voz de mis ríos aún temblando en su trueno, sus mármoles yacentes hechos carne en la arena, y el hombre de la luna con la foca del circo, y vicios de mejillas pintadas en los puertos, y el horizonte tierno, siempre niño y eterno. Si he de vivir, que sea sin timón y en delirio.
octubre... Espera, octubre. No hables, voz. Abril disuelve apenas la piel de las estatuas en espuma, aún canta en flor el árbol de las venas, y ya tu augurio a ras del mar, tu bruma que sobre el gozo cuelga sus cadenas, y tu clima de menta, en que se esfuma el pensamiento por su laberinto y se ahonda el laberinto del instinto. No quemes, cal. No raye las paredes de aire de abril de mi festín tu aviso. Si ya me sabes presa de tus redes, si a mi soñar vivir nací sumiso, vuelve al sueño real de que procedes, déjame roca el humo infiel que piso, deja a mi sed el fruto, el vino, el seno, y a mi rencor su diente de veneno. Espejo, no me mires todavía. Abril nunca es abril en el desierto, y me espía tu noche todo el día para que al verte yo me mire muerto; Narciso no murió de egolatría, sí cuando le enseñé que eres incierto, que eres igual al hombre que te mira y que al mirarse en ti ya no se mira.
La pompa de jabón 1 Aquel rostro, aquel libro, aquel paisaje, y todo el iris y yo mismo, todo, todo en tu agua sedienta de imágenes. 2 Te saludan los pájaros, las cosas todas afinan para ti su mejor alba de sonrisas. Y recuerdan tus viajes, cuando ibas como un poco de río redondo y frágil, por el cauce innúmero del viento. Y te recuerdan, Arca de Noé, porque las regalabas a los niños, transmutando en juguetería de Noche Buena, el Mundo. 3 Y la vida niña soplándote, oh pompa, oh árbol de cristal de alma, por aquella raíz que te ocultó en su seno Poesía, y te era, en el cielo, rama en flor y pájaro en la rama. Y la vida, sin fin, soplándote, sin fin, sin fin, burbuja de emoción, hasta tu fin sin ruido ni violencias -cuando mucho con un rocío amargo y trémulo, como de lágrimas. Y pensar, corazón... ¡Y pensar, conmovido corazón, que algún día nefando, los gusanos han de roerte tus orgullos vanos y emponzoñar tu fuente de emoción...! Saber la vida tránsfuga, y saber el fracaso de todo en un minuto: toda tu heroica fiebre de absoluto (náufraga en unos labios de mujer) y todo tu dolor, y tu sensual podredumbre obcecada, y tu efusiva devoción a la Amada primitiva de alma jocunda y clara de cristal. Aún no habrás logrado modelar tu poema mejor, cuando la pálida Intrusa llegue, y tu Poesía, inválida, interrumpa su lírico volar Saber que un día, trémulo rubí, leal y atormentado, solamente polvo inmóvil será tu carne ardiente, sin nada de lo noble que hay en ti. Cuánto mejor sería, corazón, que te agotaras, trágico y canoro, en este amor vernal de fuego y oro, en una fervorosa combustión. Toluca, agosto de 1921
Nao de Amor I Primero amaneció para mis ojos. Que yo estaba caído en la cisterna de tu sueño, y sin saber voltearme el corazón y alzarme de puntillas en su vértice a espiar el alba de oro sólo mía. ¡Qué sin eco mi llanto, hoy, nublándome en mi elevada soledad sin ángeles, esa aurora que no amanece nunca!
el Varado
Bitácora de febrero
Encontrarás tierra distinta de tu tierra, pero
tu alma es una sola y no encontrarás otra.
Sindbad el marino
Bacause I do not hope to turn again
Because I do not hope
Because I do not hope to turn
Día primero,
El naufragio
Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos;
sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,
un aire que te cuelga de los ojos y los dientes,
correveidile colibrí, estático
dentro del halo de su movimiento.
Y no hablas. No hables,
que no tienes ya voz de adivinanza
y acaso te he perdido con saberte,
y acaso estás aquí, de pronto inmóvil,
tierra que me acogió de noche náufrago
y que al alba descubro isla desierta y árida;
y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro
el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta.
Esta mañana me consume en su rescoldo la conciencia mis llagas;
sin ella no creería en la escalera inaccesible de la noche
ni en su hermoso guardián insobornable:
aquí me
hirió su mano, aquí su sueño,
en Emel su sonrisa, en luz su poesía,
su desamor me agobia en tu mirada.
Y luché contra el mar toda la noche,
desde Homero hasta Joseph Conrad,
para llegar a tu rostro desierto
y en su arena leer que nada espere,
que no espere misterio, que no espere.
Con la mañana derogaron las estrellas sus señales y sus leyes
y es inútil que el cartógrafo dibuje
ríos secos en la palma
de la mano.
* * * * *
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