Biografía

Vida

Poemas de Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1987) deslumbró por su portentosa voz lírica y su capacidad única para transformar las emociones más intensas en versos inolvidables. Su vida estuvo consagrada al arte de la palabra, explorando el misterio del amor, el destino y la belleza del mundo con enorme carisma.

Frente a las incertidumbres de su tiempo, defendió con valentía la libertad de creación y la autenticidad del sentimiento más puro. Su obra poética permanece como una joya imperecedera que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones por su frescura y hondura humana.

Gerardo Diego

Generación del 27 (1896–1987)

Generación del 27 · Maestría formal prodigiosa, sonetos de piedra y vanguardia ultraísta

Lírica y Versos

Poemas de Gerardo Diego

24 poemas seleccionados
1.

Adentro, más adentro...

Adentro, más adentro,

		hasta encontrar en mí todas las cosas.
Afuera, más afuera,
hasta 
		llegar a ti en todas las cosas.


		secreto panteísmo.

		Mi oración es así.
Tú estás en todo
y todo en mí.
2.

Ahogo

Déjame hacer un árbol con tus trenzas. 
		

Mañana me hallarán ahorcado 
en el nudo celeste de tus venas. 
		

Se va a casar la novia 
del marinerito. 

Haré una gran 
		pajarita 
		
con sus cartas cruzadas. 
Y luego romperé 
la luna de una 
		pedrada. 
		
Neurastenia, dice el doctor. 

Gulliver 
ha hundido todos 
		sus navíos. 
		

Codicilo: dejo a mi novia 
un puñal y una carcajada.
3.

Amor

Dentro, en tus ojos, 
		donde calla y duerme
un palpitar de acuario submarino,
quisiera - 
		licor tenue al difumino -
hundirme, decantarme, adormecerme.


		Y a través de tu 
		espalda, pura, inerme,
que me trasluce el ritmo de andantino
de tu 
		anhelar, si en ella me reclino,
quisiera trasvasarme y extenderme.


		Multiplicar mi nido en 
		tus regazos
innumerables, que al cerrar los brazos
no encontrases 
		mi carne, en ti disuelta.


		Y que mi alma, en bulto 
		y tacto vuelta,
te resbalase en torno, transparente
como tu 
		frente, amor, como tu frente.
4.

Autorretrato

Todo lo que llevo dentro 
		
está ahí fuera. 
Se ha hecho -fiel a sí mismo- 
mi evidencia. 
		
Mis pensamientos son montes, 
mares, selvas, 
bloques de sal 
		cegadora, 
		
flores lentas. 
El sol realiza mis sueños, 
me los crea 
y 
		el viento pintor, errante, 
		
-luz, tormenta- 
pule y barniza mis óleos, 
mis poemas, 
y 
		el crepúsculo y la luna 
		
los avientan. 

Podéis tocar con las manos 
mi conciencia. 
		
Gozar podéis con los ojos 
-negro y sepia- 
los colores y las 
		tintas 
		
de mis penas. 
Y eso que os roza el labio, 
bruma o seda, 

		es mi amor -flores o pájaros 
		
que revuelan- 
mis amores, criaturas 
libres, sueltas. 

		
Todo lo que fuera duerme, 
queda o pasa, 
todo lo que huele o 
		sabe, 
		
toca o canta, 
conmigo dentro se ha hecho 
viva entraña, 

		víscera oscura y distinta, 
		
sueño y alma. 
Si pudierais traspasarme 
os pasmarais. 

		Todo está aquí, aquí dormido. 
		
Dibujada 
llevo en mi sangre y mi cuerpo 
cuerpo y sangre de 
		mi patria. 
		
Luces y luces de cielo, 
cosas santas. 
Todo lo que está aquí 
		dentro 
		
fuera estaba. 
Todo lo que estaba ahí fuera 
dentro calca. 

		El universo infinito 
		
me enmaraña; 
auscultadme, soy su cárcel 
sin ventanas. 

		
Escuchadme, dentro, fuera, 
donde os plazca. 
Mis más íntimos 
		secretos 
		
por el aire los pregonan 
y los cantan.
5.

Ayer

soñaba


		Ayer soñaba.
Tú eras 
		un árbol manso
- isla morada, abanico de brisa -
entre la siesta 
		densa.
Y yo me adormecía.


		Después yo era un 
		arroyo
Y arqueaba mi lomo de agua limpia,
como un gato mimado,

		para rozarte al paso.
6.

Continuidad

Las campanas en flor 
no se han hecho para los senos de oficina 
		
ni el tallo esbelto de los lápices 
remata en cáliz de 
		condescendencia 
		
La presencia de la muerte 
se hace cristal de roca discreta 

		para no estorbar 
		
el intenso olor a envidia joven 
que exhalan los impermeables 

		
Y yo quiero romper a hablar a hablar 
en palabras de nobles 

		agujeros dominó del destino 
		
Yo quiero hacer del eterno futuro 
un limpio solo de clarinete 
		
con opción al aplauso 
que salga y entre libremente 
por mis 
		intersticios de amor y de odio 
		
que se prolongue en el aire y más allá del aire 
con intenso 
		reflejo en jaspe de conciencias 
		

Ahora que van a caer oblicuamente 
las últimas escamas de los 
		llantos errantes 
		
ahora que puedo descorrer la lluvia 
y sorprender el beso 
		tiernísimo 
		
de las hojas y el buen tiempo 
ahora que las miradas de hembra y 
		macho 
		
chocan sonoramente y se hacen trizas 
mientras aguzan los árboles 
		sus orejas de lobo 
		
dejadme salir en busca de mis guantes 
perdidos en un desmayo de 
		cielo 
		
acostumbrado a mudar de pechera 

La vida es favorable al 
		viento 
		
y el viento propicio al claro ascendiente 
de los frascos de 
		esencia 
		
y a la iluminación transversal de mis dedos 
Un álbum de palomas 
		rumoroso a efemérides 
		
me persuade al empleo selecto 
de las uñas bruñidas 

		Transparencia o reflejo 
		
el amor diafaniza y viaja sin billete 
de alma a alma o de cuerpo 
		a cuerpo 
		
según todas las reglas que la mecánica canta 

Ciertamente las 
		campanas maduras 
		
no saben que se cierran como los senos 
de oficina 
cuando cae 
		el relente 
		
ni el tallo erguido de los lápices 
comprende que ha llegado 

		el momento de coronarse de gloria 
		
Pero yo sí lo sé 
y porque lo sé lo canto ardientemente 
Los 
		dioses los dioses miradlos han vuelto 
		
sin una sola cicatriz en la frente.
7.

El

sueño


		Apoya en mí la cabeza,

		si tienes sueño.
apoya en mí la cabeza,
aquí, en mi pecho.

		Descansa, duérmete, sueña,
no tengas miedo del mundo,
que yo te 
		velo.
Levanta hacia mí tus ojos,
tus ojos lentos,
y ciérralos 
		poco a poco
conmigo dentro;
ciérralos, aunque no quieras,

		muertos de sueño.


		Ya estás dormida. Ya 
		sube,
baja tu pecho,
y el mío al compás del tuyo
mide el 
		silencio,
almohada de tu cabeza,
celeste peso.
Mi pecho de 
		varón duro,
tabla de esfuerzo,
por ti se vuelve de plumas,

		cojín de sueños.
Navega en dulce oleaje,
ritmo sereno,
ritmo de 
		olas perezosas
el de tus pechos.
De cuando en cuando una grande,

		espuma al viento,
suspiro que se te escapa
volando al cielo,
y 
		otra vez navegas lenta
mares de sueño,
y soy yo quien te conduce

		yo que te velo,
que para que te abandones
te abrí mi pecho.

		¿Qué sueñas?  ¿Sueñas?  ¿Qué buscan
- palabras, besos - 
		
tus labios que se te mueven,
dormido rezo?
Si sueñas que estás 
		conmigo,
no es sólo sueño;
lo que te acuna y te mece
soy yo, es 
		mi pecho.


		Despacio, brisas, 
		despacio,
que tiene sueño.
Mundo sonoro que rondas,
hazte 
		silencio,
que está durmiendo mi niña,
que está durmiendo
al 
		compás que de los suyos
copia mi pecho.
Que cuando se me despierte

		buscando el cielo
encuentre arriba mis ojos
limpios y abiertos.
8.

Ella

¿No la 
		conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer

		el retrato de la amada?


		Yo sólo 
		podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola

		triste, profunda y romántica.


		Os diría 
		que sus trenzas
rizadas sobre la espalda
son tan negras que 
		iluminan
en la noche. Que cuando anda,


		no parece 
		que se apoya,
flota, navega, resbala...
Os hablaría de un gesto

		muy suyo..., de sus palabras,


		a la vez 
		desdén y mimo,
a un tiempo reproche y lágrimas,
distantes como en 
		un éxtasis,
como en un beso cercanas...


		Pero no: 
		cerrad los ojos,
imaginadla, soñadla,
reflejada en el cambiante

		espejo de vuestra alma.
9.

Fábula

Fábula de equis y zeta


		Amor
Góngora 1927

		
Era el mes que aplicaba sus teorías
cada vez que un amor nacía en 
		torno
cediendo dócil peso y calorías
cuándo por caridad ya para 
		adorno
en beneficio de esos amadores
que hurtan siempre relámpagos 
		y flores

		
Ella llevaba por vestido combo
un proyecto de arcángel en relieve

		Del hombro al pie su línea exacta un rombo
que a armonizar con el 
		clavel se atreve
A su paso en dos lunas o en dos frutos
se abrían 
		los espacios absolutos

		
Amor amor obesidad hermana
soplo de fuelle hasta abombar las 
		horas
y encontrarse al salir una mañana
que Dios es Dios sin 
		colaboradoras
y que es azul la mano del grumete
-amor amor amor- 
		de seis a siete

		
Así con la mirada en lo improviso
barajando en la mano alas 
		remotas
iba el galán ladrándole el aviso
de plumas blancas casi 
		gaviotas
por las calles que huelen a pintura
siempre buscando a 
		ella en cuadratura

		
Y vedla aquí equipando en jabón tierno
globos que nunca han visto 
		las espumas
vedla extrayendo de su propio invierno
la nieve en 
		tiras la pasión en sumas
y en margaritas que pacerá el chivo
su 
		porvenir listado en subjuntivo

		
Desde el plano sincero del diedro
que se queja al girar su arista 
		viva
contempla el amador nivel de cedro
la amada que en su 
		hipótesis estriba
y acariciando el lomo del instante
disuelve sus 
		dos manos en menguante

		
«A ti la bella entre las iniciales
la más genuina en tinta verde 
		impresa
a ti imposible y lenta cuando sales
tangente cuando el 
		céfiro regresa
a ti envío mi amada caravana
larga como el amor por 
		la mañana

		
Si tus piernas que vencen los compases
silencioso el resorte de 
		sus grados
si más difícil que los cuatro ases
telegrama en tu 
		estela de venados
mis geometrías y mi sed desdeñas
no olvides 
		canjear mis contraseñas

		
Luna en el horno tibio de aburridas
bien inflada de un gas que 
		silba apenas
contempla mis rodillas doloridas
así no estallen tus 
		mejillas llenas
contempla y dime si hay otro infortunio
comparable 
		al desdén y al plenilunio

		
Y tú inicial del más esbelto cuello
que a tu tacto haces sólida 
		la espera
no me abandones no Yo haré un camello
del viento que en 
		tus pechos desaltera
y para perseguir tu fuga en chasis
yo te daré 
		un desierto y un oasis

		
Yo extraeré para ti la presuntuosa
raíz de la columna vespertina

		Yo en fiel teorema de volumen rosa
te expondré el caso de la 
		mandolina
Yo peces te traeré -entre crisantemos-
tan diminutos que 
		los dos lloremos

		
Para ti el fruto de dos suaves nalgas
que al abrirse dan paso a 
		una moneda
Para ti el arrebato de las algas
y el alelí de sálvese 
		el que pueda
y los gusanos de pasar el rato
príncipes del azar en 
		campeonato

		
Príncipes del azar Así el tecleo
en ritmo y luz de mecanografía

		hace olvidar tu nombre y mi deseo
tu nombre que una estrella ama y 
		enfría
Príncipes del azar gusanos leves
para pasar el rato entre 
		las nieves

		
Pero tú voladora no te obstines
Para cantar de ti dame tu huella

		La cruzaré de cuerdas de violines
y he de esperar que el sol se ponga 
		en ella
Yo inscribiré en tu rombo mi programa
conocido del mar 
		desde que ama»

		
Y resumiendo el amador su dicho
recogió los suspiros redondeles

		y abandonando al humo del capricho
se dejó resbalar por dos rieles

		Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.
10.

Gesto

A la brisa, a la abeja, 
		a la hermosa
el rosal puede dedicar la rosa.


		Al poeta, al grumete, a 
		la doncella
la noche puede dedicar la estrella.
Si eres tú misma 
		el rosal y las rosas,
la noche de mi verso y sus estrellas,
¿a 
		quién dedicaré este breve cielo,
este arbusto, esta fuente, este 
		desvelo?
11.

Glosa

Déjame vivir verdades:

		la verdad de tus miradas,
la de tus apasionadas
promesas de 
		eternidades,
y entre tus sinceridades,
la doble verdad querida

		con que llaman a la vida
tus dos palmas amorosas
cuando estrechan, 
		perezosas,
mi mano desfallecida.
12.

Insinuación

Oh, ven, 
		ven, ¿a qué esperas?
Los árboles te llaman
agitando sus miembros 
		infinitos.
La tierra abre sedienta
la boca, y modifica
la 
		incómoda postura de sus muslos.
Sus párpados entoldan los tejados.

		Alborotan los niños de la escuela.
Se hace más tersa y suave
la 
		mejilla frutal de las mujeres.
Y acarician mi frente anubarrada,

		barriéndola de duros pensamientos
los plumeros de seda de la brisa.

		Oh, ven pronto
a adormecer  -silencio-  nuestros sueños,

		contándoles tu historia sin sentido,
tan casta y voluptuosa,
toda 
		de besos mudos
y calladas sorpresas.
13.

Insomnio

Tú y tu desnudo sueño. 
		No lo sabes. 
		
Duermes.  No. No lo sabes. Yo en desvelo, 
y tú, inocente, 
		duermes bajo el cielo. 
		
Tú por tu sueño, y por el mar las naves. 


		En cárceles de espacio, 
		aéreas llaves 
		
te me encierran, recluyen, roban. Hielo, 
cristal de aire en mil 
		hojas. No. No hay vuelo 
		
que alce hasta ti las alas de mis aves. 


		Saber que duermes tú, 
		cierta, segura 
		
- cauce fiel de abandono, línea pura -, 
tan cerca de mis brazos 
		maniatados. 
		


		Qué pavorosa esclavitud 
		de isleño, 
		
yo, insomne, loco, en los acantilados, 
las naves por el mar, tú 
		por tu sueño.
14.

La

despedida


		Aquel día  
		-estoy seguro-
me amaste con toda el alma.
Yo no sé por qué sería.

		Tal vez porque me marchaba...


		-Me vas a 
		olvidar  -dijiste- .
Ay, tu ausencia será larga,
y ojos que 
		no ven... Presente
Has de estar siempre en mi alma.


		Ya lo 
		verás cuando vuelva.
Te escribiré muchas cartas.
Adiós, adiós...  
		-Me entregaste
tu mano suave y rosada,


		y, entre 
		mis dedos, tu mano,
fría de emoción, temblaba.
...Sentí el roce de 
		un anillo
como una promesa vaga...


		Yo no me 
		atreví a mirarte,
pero sin verte, notaba
que los ojos dulcemente

		se te empañaban las lágrimas.


		Me lo 
		decía tu mano
en la mía abandonada,
y aquel estremecimiento
y 
		aquel temblor de tu alma.


		Ya nunca 
		más me quisiste
como entonces, muda y pálida.
...Hacía apenas tres 
		días
que eran novias nuestras almas.
15.

Madrigal

A Juan 
		Ramón Jiménez


		Estabas en el agua
                    
		estabas que yo te vi


		Todas las ciudades
                            
		lloraban por ti
                            
		Las ciudades desnudas
           
		balando como bestias en manada.


		A tu paso
              
		las palabras eran gestos 
como éstos que ahora te ofrezco


		Creían poseerte 

		porque sabían teclear en tu abanico


		Pero
            
		No
Tú 
		
     no estabas allí


		Estabas en el agua
                              
		que yo te vi.
16.

Me

estás enseñando a amar...


		Me estás enseñando a 
		amar.
               
		Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar,
                
		noche tras día.


		La Noche ama al Día, el 
		claro
                
		ama a la Oscura.
Qué amor tan perfecto y tan raro.
                
		Tú mi ventura.


		El Día a la Noche alza, 
		besa
                
		sólo un instante.
la Noche al Día -alba, promesa-
                
		beso de amante.


		Me estás enseñando a 
		amar.
                 
		Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar.
                  
		Mi alma, vacía.
17.

Mujer

de ausencia


		Mujer de ausencia,

		escultura de música en el tiempo.
Cuando modelo el busto
faltan 
		los pies y el rostro se deshizo.
Ni el retrato me fija con su química

		el momento justo.
Es un silencio muerto
en la infinita melodía.

		Mujer de ausencia, estatua
de sal que se disuelve, y la tortura
de 
		forma sin materia.
18.

No

está 
		el aire propicio para estampar mejillas...


		No está el aire propicio para estampar mejillas.
Se borraron la 
		flechas que indicaban la ruta
más copiosa de pájaros para los que 
		agonizan.
Se arrastran por los suelos nubes sin corazón
y a la 
		garganta trepa la impostura del mundo.

		
No está el aire propicio para cantar tus labios,
tu nuca en 
		desacuerdo con las leyes de física
ni tu pecho de interna geografía 
		afectuosa.
Las tijeras gorjean mejor que las calandrias
y no 
		vuelven ya nunca si remontan el vuelo
y aquí en mi cercanía tres 
		libros se aproximan,
abiertos en la página donde muere una reina.

		
Qué dulce despertar el del amor que existe
y qué existencia clara 
		la del ojo que duerme,
velado por las alas remotas de los párpados.

		
Pétalos de difuntas miradas, llueven, llueven
y llueven, llueven, 
		llueven. Me sepultan los pies,
las rodillas, el vientre, la cintura, 
		los hombros.
Van a enterrarme vivo; van a enterrarme vivo;

		
No está el aire propicio para soñar contigo.
19.

Nocturno

XI


		Sentadas 
		sobre un pozo alabastrino
una mujer desnuda  -amor profano-
y 
		una blanca doncella  -amor divino-.
¿No recordáis el cuadro de 
		Tiziano?


		También en 
		el nocturno chopiniano
se oye primero el cántico argentino
que nos 
		dice las rosas del camino,
que al goce invita del amor profano.


		El ave del 
		amor borda su trino
escondida en el bíblico manzano,
y un 
		cupidillo frívolo y pagano
apunta al cielo el chorro cristalino.


		Es todo 
		risas. Se respira un vano
perfume anacreóntico; y el vino
tiñe 
		acaso el paisaje veneciano
como en una vendimia de Bassano
o en 
		una bacanal del Aretino.


		Un acorde 
		litúrgico; imagino
que lo trenza algún órgano cristiano.
Es la 
		aureola del amor divino
la que ilumina el corazón humano.


		
		Renunciamiento, paz, quietud, lejano
son de plegarias místicas. El 
		lino
de un cuento nazareno y peregrino
devana el dulce corazón del 
		piano.


		Y se 
		piensa en el claustro; el vespertino
toque de Ángelus, trémulo y 
		lontano,
un conventual jardín benedictino,
azucenas, cipreses, una 
		mano
blanca en las sombras lentas adivino...


		Pasa el 
		encanto del amor divino.
Vuelve el triunfo del amor pagano.
Ya 
		conoces los dos, mi buen hermano.
Pero tú no decides tu camino.
Es 
		tan bello el amor a lo profano...
Es tan bello el amor a lo divino...
20.

-...No puedo ser tuya.

Nocturno XII


		A 
		Santiago de la Escalera


		La noche 
		resbala
con mansa dulzura.
Como una azucena
de nevada túnica,

		inocente y lírica,
florece la luna.
las estrellas cantan
su 
		cantiga muda
y sueña el paisaje
dormido en la bruma.
¡Qué suave 
		sosiego!
¡Qué paz tan profunda!
Cual blandas cadencias
de 
		canción de cuna,
únicos rumores
que el silencio surcan,
se 
		estremece el bosque,
la brisa susurra
y abajo en el río
rezan 
		las espumas.


		Sólo dos 
		zagales
- él fuerte, ella rubia -
velan en el valle
Por gozar 
		la albura
de la noche clara,
de la noche rústica.


		- Juan, 
		¿estoy soñando?
¡Oh, qué dulce música!
- Parecen campanas;
no 
		las sentí nunca.
- Quién las toca, di?
-No sé; pero escucha.

		María, te quiero.
- Si serán las brujas?
- María, si vieras...

		_ O serán los ángeles
allá en las alturas...
- María, te adoro...

		- ¿Campanas, o guzlas?
- Me atiendes, María?
- Qué paz, qué 
		dulzura...
¿oyes las campanas?
- ¿María, me escuchas?
- 
		Campanas celestes
¿sonáis en la luna?
Tañido divino...
¡Oh, 
		Juan, esa música!...
- María, ¿me quieres?


		-...No 
		puedo ser tuya.
21.

Otoño

Mujer densa de horas

		y amarilla de frutos
como el sol del ayer


		El reloj de los vientos 
		te vio florecer
cuando en su jaula antigua
se arrancaba las plumas 
		el terco atardecer


		El reloj de los vientos

		despertador de pájaros pascuales
que ha dado la vuelta al mundo
y 
		hace juegos de agua en los advientos


		De tus ojos la arena 
		fluye en un río estéril


		Y tantas mariposas 
		distraídas
han fallecido en tu mirada
que las estrellas ya no 
		alumbran nada


		Mujer cultivadora
de 
		semillas y auroras


		Mujer en donde nacen 
		las abejas
que fabrican las horas


		Mujer puntual como la 
		luna llena


		Abre tu cabellera
                            
		origen de los vientos
que vacía y sin muebles
mi colmena te 
		espera.
22.

Por

qué cuando te hablo...


		¿Por qué cuando te 
		hablo
cierro los ojos?
Yo pienso en aquel día
y en que tú me 
		los cierres
- esperanza infinita -,
a ver si mis palabras
- 
		costumbre larga mía -
pueden más que la muerte.
23.

Posesión

Fue una tarde de enero. Mi entereza
de cántabro se defendía, 
		encastillaba.
Mis amigos pensaban persuadirme,
no conocían aún la 
		irrebatible
casta de mi carácter. Insistían,
razonaban volvían, 
		apremiaban.
Yo, numantino.
Y por dentro un supliciado.
No poder 
		ser, Dios mío, como ellos.
Los comprendía. Y ellos a mí, no.

		
Y para hacerles ver que era verdad
la mía, hube de volverme niño

		y dejar que asomaran a mis ojos
unas lágrimas de hombre.
Entonces 
		comprendieron. Y callaron.

		
Yo salí a la calle, al paseo, aprisa, aprisa,
al campo, a la 
		sagrada libertad.
Empezaba a llover, gotas menudas,
hijas de las 
		nieves.
Qué caricia de besos en mi frente.
Qué hora feliz, yo 
		absuelto,
perdonado.

		
Aquel domingo decisivo
tomé posesión, no de un cargo,
de mi 
		vida modesta, transparente.
24.

Quisiera

ser convexo...


		Quisiera ser convexo

		para tu mano cóncava.
Y como un tronco hueco
para acogerte en mi 
		regazo
y darte sombra y sueño.
Suave y horizontal e interminable

		para la huella alterna y presurosa
de tu pie izquierdo
y de tu pie 
		derecho.
Ser de todas las formas
como agua siempre a gusto en 
		cualquier vaso
siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso

		para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Como el agua hecha vaso
tu 
		confín - dentro y fuera - siempre exacto.

Versos y pensamientos de Gerardo Diego

Selección destacada
« Enhiesto surtidor de sombra y sueño que acongojas el cielo con tu lanza. Chorro que a las estrellas casi alcanza devanado a sí mismo en loco empeño. »
Gerardo Diego · El ciprés de Silos
« Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja; nadie se detiene a oír tu eterna estrofa de agua. »
Gerardo Diego · Romance del Duero
« La música más extrema es el silencio de la boca amada. »
Poemas de Gerardo Diego
« La poesía o no es nada o es el lenguaje incorruptible. »
Poemas de Gerardo Diego
« Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela —nueva— para mi uso personal e intransferible. »
Poemas de Gerardo Diego
Trayectoria lírica

Poemas y obras destacadas

Antología de poemas inmortales

Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Poemas de Gerardo Diego, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.

Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.

Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.

Algunos libros de poesía de Gerardo Diego:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: