« Enhiesto surtidor de sombra y sueño que acongojas el cielo con tu lanza. Chorro que a las estrellas casi alcanza devanado a sí mismo en loco empeño. »
Gerardo Diego
Generación del 27 (1896–1987)Generación del 27 · Maestría formal prodigiosa, sonetos de piedra y vanguardia ultraísta
Poemas de Gerardo Diego
1.
Adentro, más adentro...
Adentro, más adentro...
Adentro, más adentro, hasta encontrar en mí todas las cosas. Afuera, más afuera, hasta llegar a ti en todas las cosas. secreto panteísmo. Mi oración es así. Tú estás en todo y todo en mí.
2.
Ahogo
Ahogo
Déjame hacer un árbol con tus trenzas. Mañana me hallarán ahorcado en el nudo celeste de tus venas. Se va a casar la novia del marinerito. Haré una gran pajarita con sus cartas cruzadas. Y luego romperé la luna de una pedrada. Neurastenia, dice el doctor. Gulliver ha hundido todos sus navíos. Codicilo: dejo a mi novia un puñal y una carcajada.
3.
Amor
Amor
Dentro, en tus ojos, donde calla y duerme un palpitar de acuario submarino, quisiera - licor tenue al difumino - hundirme, decantarme, adormecerme. Y a través de tu espalda, pura, inerme, que me trasluce el ritmo de andantino de tu anhelar, si en ella me reclino, quisiera trasvasarme y extenderme. Multiplicar mi nido en tus regazos innumerables, que al cerrar los brazos no encontrases mi carne, en ti disuelta. Y que mi alma, en bulto y tacto vuelta, te resbalase en torno, transparente como tu frente, amor, como tu frente.
4.
Autorretrato
Autorretrato
Todo lo que llevo dentro está ahí fuera. Se ha hecho -fiel a sí mismo- mi evidencia. Mis pensamientos son montes, mares, selvas, bloques de sal cegadora, flores lentas. El sol realiza mis sueños, me los crea y el viento pintor, errante, -luz, tormenta- pule y barniza mis óleos, mis poemas, y el crepúsculo y la luna los avientan. Podéis tocar con las manos mi conciencia. Gozar podéis con los ojos -negro y sepia- los colores y las tintas de mis penas. Y eso que os roza el labio, bruma o seda, es mi amor -flores o pájaros que revuelan- mis amores, criaturas libres, sueltas. Todo lo que fuera duerme, queda o pasa, todo lo que huele o sabe, toca o canta, conmigo dentro se ha hecho viva entraña, víscera oscura y distinta, sueño y alma. Si pudierais traspasarme os pasmarais. Todo está aquí, aquí dormido. Dibujada llevo en mi sangre y mi cuerpo cuerpo y sangre de mi patria. Luces y luces de cielo, cosas santas. Todo lo que está aquí dentro fuera estaba. Todo lo que estaba ahí fuera dentro calca. El universo infinito me enmaraña; auscultadme, soy su cárcel sin ventanas. Escuchadme, dentro, fuera, donde os plazca. Mis más íntimos secretos por el aire los pregonan y los cantan.
5.
Ayer
Ayer
soñaba Ayer soñaba. Tú eras un árbol manso - isla morada, abanico de brisa - entre la siesta densa. Y yo me adormecía. Después yo era un arroyo Y arqueaba mi lomo de agua limpia, como un gato mimado, para rozarte al paso.
6.
Continuidad
Continuidad
Las campanas en flor no se han hecho para los senos de oficina ni el tallo esbelto de los lápices remata en cáliz de condescendencia La presencia de la muerte se hace cristal de roca discreta para no estorbar el intenso olor a envidia joven que exhalan los impermeables Y yo quiero romper a hablar a hablar en palabras de nobles agujeros dominó del destino Yo quiero hacer del eterno futuro un limpio solo de clarinete con opción al aplauso que salga y entre libremente por mis intersticios de amor y de odio que se prolongue en el aire y más allá del aire con intenso reflejo en jaspe de conciencias Ahora que van a caer oblicuamente las últimas escamas de los llantos errantes ahora que puedo descorrer la lluvia y sorprender el beso tiernísimo de las hojas y el buen tiempo ahora que las miradas de hembra y macho chocan sonoramente y se hacen trizas mientras aguzan los árboles sus orejas de lobo dejadme salir en busca de mis guantes perdidos en un desmayo de cielo acostumbrado a mudar de pechera La vida es favorable al viento y el viento propicio al claro ascendiente de los frascos de esencia y a la iluminación transversal de mis dedos Un álbum de palomas rumoroso a efemérides me persuade al empleo selecto de las uñas bruñidas Transparencia o reflejo el amor diafaniza y viaja sin billete de alma a alma o de cuerpo a cuerpo según todas las reglas que la mecánica canta Ciertamente las campanas maduras no saben que se cierran como los senos de oficina cuando cae el relente ni el tallo erguido de los lápices comprende que ha llegado el momento de coronarse de gloria Pero yo sí lo sé y porque lo sé lo canto ardientemente Los dioses los dioses miradlos han vuelto sin una sola cicatriz en la frente.
7.
El
El
sueño Apoya en mí la cabeza, si tienes sueño. apoya en mí la cabeza, aquí, en mi pecho. Descansa, duérmete, sueña, no tengas miedo del mundo, que yo te velo. Levanta hacia mí tus ojos, tus ojos lentos, y ciérralos poco a poco conmigo dentro; ciérralos, aunque no quieras, muertos de sueño. Ya estás dormida. Ya sube, baja tu pecho, y el mío al compás del tuyo mide el silencio, almohada de tu cabeza, celeste peso. Mi pecho de varón duro, tabla de esfuerzo, por ti se vuelve de plumas, cojín de sueños. Navega en dulce oleaje, ritmo sereno, ritmo de olas perezosas el de tus pechos. De cuando en cuando una grande, espuma al viento, suspiro que se te escapa volando al cielo, y otra vez navegas lenta mares de sueño, y soy yo quien te conduce yo que te velo, que para que te abandones te abrí mi pecho. ¿Qué sueñas? ¿Sueñas? ¿Qué buscan - palabras, besos - tus labios que se te mueven, dormido rezo? Si sueñas que estás conmigo, no es sólo sueño; lo que te acuna y te mece soy yo, es mi pecho. Despacio, brisas, despacio, que tiene sueño. Mundo sonoro que rondas, hazte silencio, que está durmiendo mi niña, que está durmiendo al compás que de los suyos copia mi pecho. Que cuando se me despierte buscando el cielo encuentre arriba mis ojos limpios y abiertos.
8.
Ella
Ella
¿No la conocéis? Entonces imaginadla, soñadla. ¿Quién será capaz de hacer el retrato de la amada? Yo sólo podría hablaros vagamente de su lánguida figura, de su aureola triste, profunda y romántica. Os diría que sus trenzas rizadas sobre la espalda son tan negras que iluminan en la noche. Que cuando anda, no parece que se apoya, flota, navega, resbala... Os hablaría de un gesto muy suyo..., de sus palabras, a la vez desdén y mimo, a un tiempo reproche y lágrimas, distantes como en un éxtasis, como en un beso cercanas... Pero no: cerrad los ojos, imaginadla, soñadla, reflejada en el cambiante espejo de vuestra alma.
9.
Fábula
Fábula
Fábula de equis y zeta Amor Góngora 1927 Era el mes que aplicaba sus teorías cada vez que un amor nacía en torno cediendo dócil peso y calorías cuándo por caridad ya para adorno en beneficio de esos amadores que hurtan siempre relámpagos y flores Ella llevaba por vestido combo un proyecto de arcángel en relieve Del hombro al pie su línea exacta un rombo que a armonizar con el clavel se atreve A su paso en dos lunas o en dos frutos se abrían los espacios absolutos Amor amor obesidad hermana soplo de fuelle hasta abombar las horas y encontrarse al salir una mañana que Dios es Dios sin colaboradoras y que es azul la mano del grumete -amor amor amor- de seis a siete Así con la mirada en lo improviso barajando en la mano alas remotas iba el galán ladrándole el aviso de plumas blancas casi gaviotas por las calles que huelen a pintura siempre buscando a ella en cuadratura Y vedla aquí equipando en jabón tierno globos que nunca han visto las espumas vedla extrayendo de su propio invierno la nieve en tiras la pasión en sumas y en margaritas que pacerá el chivo su porvenir listado en subjuntivo Desde el plano sincero del diedro que se queja al girar su arista viva contempla el amador nivel de cedro la amada que en su hipótesis estriba y acariciando el lomo del instante disuelve sus dos manos en menguante «A ti la bella entre las iniciales la más genuina en tinta verde impresa a ti imposible y lenta cuando sales tangente cuando el céfiro regresa a ti envío mi amada caravana larga como el amor por la mañana Si tus piernas que vencen los compases silencioso el resorte de sus grados si más difícil que los cuatro ases telegrama en tu estela de venados mis geometrías y mi sed desdeñas no olvides canjear mis contraseñas Luna en el horno tibio de aburridas bien inflada de un gas que silba apenas contempla mis rodillas doloridas así no estallen tus mejillas llenas contempla y dime si hay otro infortunio comparable al desdén y al plenilunio Y tú inicial del más esbelto cuello que a tu tacto haces sólida la espera no me abandones no Yo haré un camello del viento que en tus pechos desaltera y para perseguir tu fuga en chasis yo te daré un desierto y un oasis Yo extraeré para ti la presuntuosa raíz de la columna vespertina Yo en fiel teorema de volumen rosa te expondré el caso de la mandolina Yo peces te traeré -entre crisantemos- tan diminutos que los dos lloremos Para ti el fruto de dos suaves nalgas que al abrirse dan paso a una moneda Para ti el arrebato de las algas y el alelí de sálvese el que pueda y los gusanos de pasar el rato príncipes del azar en campeonato Príncipes del azar Así el tecleo en ritmo y luz de mecanografía hace olvidar tu nombre y mi deseo tu nombre que una estrella ama y enfría Príncipes del azar gusanos leves para pasar el rato entre las nieves Pero tú voladora no te obstines Para cantar de ti dame tu huella La cruzaré de cuerdas de violines y he de esperar que el sol se ponga en ella Yo inscribiré en tu rombo mi programa conocido del mar desde que ama» Y resumiendo el amador su dicho recogió los suspiros redondeles y abandonando al humo del capricho se dejó resbalar por dos rieles Una sesión de circo se iniciaba en la constelación decimoctava.
10.
Gesto
Gesto
A la brisa, a la abeja, a la hermosa el rosal puede dedicar la rosa. Al poeta, al grumete, a la doncella la noche puede dedicar la estrella. Si eres tú misma el rosal y las rosas, la noche de mi verso y sus estrellas, ¿a quién dedicaré este breve cielo, este arbusto, esta fuente, este desvelo?
11.
Glosa
Glosa
Déjame vivir verdades: la verdad de tus miradas, la de tus apasionadas promesas de eternidades, y entre tus sinceridades, la doble verdad querida con que llaman a la vida tus dos palmas amorosas cuando estrechan, perezosas, mi mano desfallecida.
12.
Insinuación
Insinuación
Oh, ven, ven, ¿a qué esperas? Los árboles te llaman agitando sus miembros infinitos. La tierra abre sedienta la boca, y modifica la incómoda postura de sus muslos. Sus párpados entoldan los tejados. Alborotan los niños de la escuela. Se hace más tersa y suave la mejilla frutal de las mujeres. Y acarician mi frente anubarrada, barriéndola de duros pensamientos los plumeros de seda de la brisa. Oh, ven pronto a adormecer -silencio- nuestros sueños, contándoles tu historia sin sentido, tan casta y voluptuosa, toda de besos mudos y calladas sorpresas.
13.
Insomnio
Insomnio
Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes. Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo, y tú, inocente, duermes bajo el cielo. Tú por tu sueño, y por el mar las naves. En cárceles de espacio, aéreas llaves te me encierran, recluyen, roban. Hielo, cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo que alce hasta ti las alas de mis aves. Saber que duermes tú, cierta, segura - cauce fiel de abandono, línea pura -, tan cerca de mis brazos maniatados. Qué pavorosa esclavitud de isleño, yo, insomne, loco, en los acantilados, las naves por el mar, tú por tu sueño.
14.
La
La
despedida Aquel día -estoy seguro- me amaste con toda el alma. Yo no sé por qué sería. Tal vez porque me marchaba... -Me vas a olvidar -dijiste- . Ay, tu ausencia será larga, y ojos que no ven... Presente Has de estar siempre en mi alma. Ya lo verás cuando vuelva. Te escribiré muchas cartas. Adiós, adiós... -Me entregaste tu mano suave y rosada, y, entre mis dedos, tu mano, fría de emoción, temblaba. ...Sentí el roce de un anillo como una promesa vaga... Yo no me atreví a mirarte, pero sin verte, notaba que los ojos dulcemente se te empañaban las lágrimas. Me lo decía tu mano en la mía abandonada, y aquel estremecimiento y aquel temblor de tu alma. Ya nunca más me quisiste como entonces, muda y pálida. ...Hacía apenas tres días que eran novias nuestras almas.
15.
Madrigal
Madrigal
A Juan
Ramón Jiménez
Estabas en el agua
estabas que yo te vi
Todas las ciudades
lloraban por ti
Las ciudades desnudas
balando como bestias en manada.
A tu paso
las palabras eran gestos
como éstos que ahora te ofrezco
Creían poseerte
porque sabían teclear en tu abanico
Pero
No
Tú
no estabas allí
Estabas en el agua
que yo te vi.
16.
Me
Me
estás enseñando a amar...
Me estás enseñando a
amar.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar,
noche tras día.
La Noche ama al Día, el
claro
ama a la Oscura.
Qué amor tan perfecto y tan raro.
Tú mi ventura.
El Día a la Noche alza,
besa
sólo un instante.
la Noche al Día -alba, promesa-
beso de amante.
Me estás enseñando a
amar.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar.
Mi alma, vacía.
17.
Mujer
Mujer
de ausencia Mujer de ausencia, escultura de música en el tiempo. Cuando modelo el busto faltan los pies y el rostro se deshizo. Ni el retrato me fija con su química el momento justo. Es un silencio muerto en la infinita melodía. Mujer de ausencia, estatua de sal que se disuelve, y la tortura de forma sin materia.
18.
No
No
está el aire propicio para estampar mejillas... No está el aire propicio para estampar mejillas. Se borraron la flechas que indicaban la ruta más copiosa de pájaros para los que agonizan. Se arrastran por los suelos nubes sin corazón y a la garganta trepa la impostura del mundo. No está el aire propicio para cantar tus labios, tu nuca en desacuerdo con las leyes de física ni tu pecho de interna geografía afectuosa. Las tijeras gorjean mejor que las calandrias y no vuelven ya nunca si remontan el vuelo y aquí en mi cercanía tres libros se aproximan, abiertos en la página donde muere una reina. Qué dulce despertar el del amor que existe y qué existencia clara la del ojo que duerme, velado por las alas remotas de los párpados. Pétalos de difuntas miradas, llueven, llueven y llueven, llueven, llueven. Me sepultan los pies, las rodillas, el vientre, la cintura, los hombros. Van a enterrarme vivo; van a enterrarme vivo; No está el aire propicio para soñar contigo.
19.
Nocturno
Nocturno
XI Sentadas sobre un pozo alabastrino una mujer desnuda -amor profano- y una blanca doncella -amor divino-. ¿No recordáis el cuadro de Tiziano? También en el nocturno chopiniano se oye primero el cántico argentino que nos dice las rosas del camino, que al goce invita del amor profano. El ave del amor borda su trino escondida en el bíblico manzano, y un cupidillo frívolo y pagano apunta al cielo el chorro cristalino. Es todo risas. Se respira un vano perfume anacreóntico; y el vino tiñe acaso el paisaje veneciano como en una vendimia de Bassano o en una bacanal del Aretino. Un acorde litúrgico; imagino que lo trenza algún órgano cristiano. Es la aureola del amor divino la que ilumina el corazón humano. Renunciamiento, paz, quietud, lejano son de plegarias místicas. El lino de un cuento nazareno y peregrino devana el dulce corazón del piano. Y se piensa en el claustro; el vespertino toque de Ángelus, trémulo y lontano, un conventual jardín benedictino, azucenas, cipreses, una mano blanca en las sombras lentas adivino... Pasa el encanto del amor divino. Vuelve el triunfo del amor pagano. Ya conoces los dos, mi buen hermano. Pero tú no decides tu camino. Es tan bello el amor a lo profano... Es tan bello el amor a lo divino...
20.
-...No
puedo ser tuya.
-...No puedo ser tuya.
Nocturno XII A Santiago de la Escalera La noche resbala con mansa dulzura. Como una azucena de nevada túnica, inocente y lírica, florece la luna. las estrellas cantan su cantiga muda y sueña el paisaje dormido en la bruma. ¡Qué suave sosiego! ¡Qué paz tan profunda! Cual blandas cadencias de canción de cuna, únicos rumores que el silencio surcan, se estremece el bosque, la brisa susurra y abajo en el río rezan las espumas. Sólo dos zagales - él fuerte, ella rubia - velan en el valle Por gozar la albura de la noche clara, de la noche rústica. - Juan, ¿estoy soñando? ¡Oh, qué dulce música! - Parecen campanas; no las sentí nunca. - Quién las toca, di? -No sé; pero escucha. María, te quiero. - Si serán las brujas? - María, si vieras... _ O serán los ángeles allá en las alturas... - María, te adoro... - ¿Campanas, o guzlas? - Me atiendes, María? - Qué paz, qué dulzura... ¿oyes las campanas? - ¿María, me escuchas? - Campanas celestes ¿sonáis en la luna? Tañido divino... ¡Oh, Juan, esa música!... - María, ¿me quieres? -...No puedo ser tuya.
21.
Otoño
Otoño
Mujer densa de horas
y amarilla de frutos
como el sol del ayer
El reloj de los vientos
te vio florecer
cuando en su jaula antigua
se arrancaba las plumas
el terco atardecer
El reloj de los vientos
despertador de pájaros pascuales
que ha dado la vuelta al mundo
y
hace juegos de agua en los advientos
De tus ojos la arena
fluye en un río estéril
Y tantas mariposas
distraídas
han fallecido en tu mirada
que las estrellas ya no
alumbran nada
Mujer cultivadora
de
semillas y auroras
Mujer en donde nacen
las abejas
que fabrican las horas
Mujer puntual como la
luna llena
Abre tu cabellera
origen de los vientos
que vacía y sin muebles
mi colmena te
espera.
22.
Por
Por
qué cuando te hablo... ¿Por qué cuando te hablo cierro los ojos? Yo pienso en aquel día y en que tú me los cierres - esperanza infinita -, a ver si mis palabras - costumbre larga mía - pueden más que la muerte.
23.
Posesión
Posesión
Fue una tarde de enero. Mi entereza de cántabro se defendía, encastillaba. Mis amigos pensaban persuadirme, no conocían aún la irrebatible casta de mi carácter. Insistían, razonaban volvían, apremiaban. Yo, numantino. Y por dentro un supliciado. No poder ser, Dios mío, como ellos. Los comprendía. Y ellos a mí, no. Y para hacerles ver que era verdad la mía, hube de volverme niño y dejar que asomaran a mis ojos unas lágrimas de hombre. Entonces comprendieron. Y callaron. Yo salí a la calle, al paseo, aprisa, aprisa, al campo, a la sagrada libertad. Empezaba a llover, gotas menudas, hijas de las nieves. Qué caricia de besos en mi frente. Qué hora feliz, yo absuelto, perdonado. Aquel domingo decisivo tomé posesión, no de un cargo, de mi vida modesta, transparente.
24.
Quisiera
Quisiera
ser convexo... Quisiera ser convexo para tu mano cóncava. Y como un tronco hueco para acogerte en mi regazo y darte sombra y sueño. Suave y horizontal e interminable para la huella alterna y presurosa de tu pie izquierdo y de tu pie derecho. Ser de todas las formas como agua siempre a gusto en cualquier vaso siempre abrazándote por dentro. Y también como vaso para abrazar por fuera al mismo tiempo. Como el agua hecha vaso tu confín - dentro y fuera - siempre exacto.
Versos y pensamientos de Gerardo Diego
Selección destacada« Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja; nadie se detiene a oír tu eterna estrofa de agua. »
« La música más extrema es el silencio de la boca amada. »
« La poesía o no es nada o es el lenguaje incorruptible. »
« Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela —nueva— para mi uso personal e intransferible. »
Poemas y obras destacadas
Antología de poemas inmortales
Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Poemas de Gerardo Diego, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.
Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.
Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.
Algunos libros de poesía de Gerardo Diego:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: