Biografía

Vida

Poemas de Gérard de Nerval (París, 22 de mayo de 1808 - 26 de enero de 1855) deslumbró por su portentosa voz lírica y su capacidad única para transformar las emociones más intensas en versos inolvidables. Su vida estuvo consagrada al arte de la palabra, explorando el misterio del amor, el destino y la belleza del mundo con enorme carisma.

Frente a las incertidumbres de su tiempo, defendió con valentía la libertad de creación y la autenticidad del sentimiento más puro. Su obra poética permanece como una joya imperecedera que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones por su frescura y hondura humana.

Gérard de Nerval

Romanticismo y simbolismo francés (1808–1855)

Romanticismo y simbolismo francés · Autor de Las quimeras, El desdichado y la poesía órfica de los sueños

Lírica y Versos

Poemas de Gérard de Nerval

9 poemas seleccionados
1.

A Luisa D'or, reina

El patriarca temblando sacudía el universo.
Isis, la Madre, al fin se 
		levantó del lecho,
hizo un gesto de odio a su feroz esposo,
y el 
		ardor de otros tiempos brilló en sus ojos verdes.

		
"Miradle", dice, "duerme ese viejo perverso,
todo el hielo del 
		mundo por su boca ha pasado.
Cuidado con su pie, apagad su ojo bizco,

		es rey de los volcanes y dios de los inviernos".

		
"El águila ha pasado: Napoleón me llama;
he vestido por él el 
		manto de Cibeles,
soy esposa de Hermes, soy hermana de Osiris..."

		
La diosa había escapado en su concha dorada;
el mar nos devolvía 
		su idolatrada imagen,
e irradiaban los cielos bajo el echarpe de 
		Iris.


		Versión 
		de Aníbal Núñez
2.

A Madame Aguado

¡Columna 
		de zafiro, bordada de arabescos,
reaparece! Se vuelan los remeros del 
		nido;
de tu frente ceñida de azur hasta tu planta
de granito la 
		púrpura de Judea se despliega.

		
Si ves a Benarés acodada en su río,
desata con tu arco de oro 
		bruñido el torso
pues soy el buitre que vuela sobre Patani,
y el 
		mar está inundado de mariposas blancas.

		
¡Lanasá! ¡haz que flote en las aguas tu velo!
Da las flores de 
		púrpura al curso del arroyo.
La nieve del Catay ya cae sobre el 
		Atlántico.

		
Mientras, la del bermejo rostro sacerdotisa
bajo el arco del sol 
		todavía duerme,
y nada ha molestado al pórtico severo.


		Versión 
		de Aníbal Núñez
3.

A Madame Ida Dumas

Yo cantaba 
		sentado a los pies de Miguel;
Mitra sobre nosotros su tienda había 
		cerrado;
dormía el Rey de reyes en su lecho radiante,
y los dos 
		entre sueños por Israel llorábamos

		
cuando en la nube ardiente se levantó Tippoo...
Venganza habían 
		gritado tres veces junto al cielo;
él llamó desde arriba a mi hermano 
		Gabriel,
y volvió hacia Miguel su pupila sangrante:

		
"Mirad venir el lobo, el tigre y el león...
Uno Ibrahim se llama, 
		Napoleón el otro
y el otro Abd-el-Kader que en la pólvora ruge;

		
La espada de Alarico, de Atila el sable tienen...
Mi lanza y mi 
		mandoble están allí también;
pero el César romano el rayo no ha 
		robado".

		
Versión de Aníbal Núñez
4.

A Madame Sand

"Esa roca ahuecada por el arte, obra maestra
de otra edad, esa roca 
		de Tarascon antaño
albergaba gigantes venidos de las cumbres,
y 
		cuyos huesos rinden seguro testimonio".

		
Oh señor Du Bartas. yo soy de tu linaje,
yo que sueldo mi verso a 
		tu verso de antaño:
mas los fríos descendientes de los condes de Foix

		necesitan testigos para hablar actualmente.

		
Yo pasé por Salzburgo bajo trémulas rocas;
la cigüeña de Austria 
		nutre allí a los milanos.
Barbarroja y Ricardo aquel refugio 
		honraron.

		
La nieve reina en lo alto de sus picachos vírgenes,
y me han 
		dicho que son las osamentas blancas
de los antiguos montes roídos por 
		el diluvio.


		Versión 
		de  Aníbal Núñez
5.

A J-Y.Colonna

AJ-Y.Colonna


		
¿La 
		conoces tú, Dafne, esa vieja romanza
al pie del sicomoro... bajo 
		moreras blancas,
bajo el llorón olivo, o los sauces temblones,
esa 
		canción de amor que siempre vuelve a empezar?

		
¿Reconoces el templo del peristilo inmenso,
los limones amargos 
		donde imprimías tus dientes,
y la gruta fatal de huéspedes incautos

		do duerme la semilla de la sierpe vencida?


		¿Sabes por 
		qué el volcán se ha abierto allá de nuevo?
¡Un día lo tocamos con 
		nuestras plantas ágiles,
cubriendo el horizonte lejano con su polvo!


		Desde que 
		rompió un buques nuestros dioses de arcilla,
siempre bajo la palma de 
		la urna de Virgilio
se unen al laurel verde las pálidas hortensias.


		Versión 
		de Aníbal Núñez
6.

A

J- y Colonna (otra 
		versión)

		

		

		¿Conoces tú, oh Dafne, esta vieja romanza

		Al pie del sicomoro o bajo el moral blanco,

		Bajo el luctuoso olivo o los trémulos sauces,

		Esta canción de amor que siempre recomienza?

		

		¿Reconoces el Templo del peristilo inmenso,

		Y los agrios limones que tus dientes mordían,

		Y la gruta, fatal al huésped imprudente,

		Que alberga el viejo germen de la sierpe vencida?

		

		¿Sabes, tú, por qué allá el volcán volvió a abrirse?

		Por apenas rozarlo con nuestros pies un día,

		Y su polvo cubrió el lejano horizonte.

		

		Cuando un duque normando os rompió los penates,

		Siempre bajo las palmas del panteón de Virgilio

		La pálida hortensia se unió al laurel verde.

		

		Versión de Pedro Gandía

		Del libro Las Quimeras y otros versos, Valencia, Instituto de Estudios 
		Modernistas, 1999
7.

Anteros

Por 
		qué en mi corazón hay tanta rabia, dices,
y en mi cuello flexible una 
		cabeza indómita;
es porque yo provengo de la raza de Anteo
y hago 
		volver los dardos contra el dios vencedor.

		
Yo soy de aquéllos, sí, que el Vengador alienta,
él me marcó la 
		frente con su boca irritada,
bajo la palidez de Abel, llena de 
		sangre,
lel rubor implacable de Caín tengo a veces!

		
Jehovah, aquél que, vencido por tu genio, el postrero,
del fondo 
		del infierno gritaba: "¡Oh tiranía!"
es mi abuelo Belús o mi padre 
		Dagón...

		
Tres veces me bañaron en las aguas del Cócito,
y, único protector 
		de mi madre Amalécita,
siempre a sus pies los dientes del viejo 
		dragón, siembro.

		
Versión de Aníbal Núñez
8.

Artemis

La 
		treceava vuelve... Vuelve a ser la primera;
y la única es siempre, o 
		el único momento;
pues, tú, reina ¿quién eres? ¿la primera o la 
		última?
Y, tú, rey ¿el amante único o el postrero?...

		
Amar a quien amé desde la cuna al féretro;
Ila que yo amaba solo 
		aún me ama tiernamente!
Es la muerte o la muerta... ¡Oh delicia! ¡Oh 
		tormento!
La rosa que sostiene no es rosa, es 
		Malvarrosa.

Santa napolitana de manos que son fuego,

		rosa de alma violeta, flor de la santa Gúdula:
encontraste tu cruz en 
		los cielos desérticos?

		
¡Rosas blancas, caed! que insultáis a mis dioses,
caed, fantasmas 
		blancos, de vuestro cielo ardiente:
-La santa del abismo es más santa 
		a mis ojos.

		
Versión de  Aníbal Núñez
9.

La

prima 1

		
Hay placeres de invierno, y a menudo el domingo,
cuando un poco 
		de sol dora la tierra blanca,
con la prima salimos para dar un 
		paseo...
-Pero no volváis tarde, que la cena no espera.

		
Cuando en las Tullerías ya hemos visto cien veces
entre troncos 
		negruzcos muchas ropas floridas,
tiene frío la joven... Y nos dice 
		que empieza
a notarse la niebla que acompaña al crepúsculo.

		
Y volvemos hablando de ese día feliz
que pasó tan aprisa... y de 
		amor insinuado.
Y se huele al entrar, con enorme apetito,
desde el 
		mismo portal, nuestro pavo en el horno.

Versos y pensamientos de Gérard de Nerval

Selección destacada
« Yo soy el Tenebroso, el Viudo, el Desolado, el Príncipe de Aquitania de la torre abolida: mi sola estrella ha muerto, y mi laúd constelado lleva el negro Sol de la Melancolía. »
Gérard de Nerval · El desdichado (El desolado)
« ¡Hombre, pensador libre!, ¿te crees el único pensante en este mundo donde todo resplandece de vida? De las fuerzas que posees tu libertad dispone, mas en todos los seres el universo respira. »
Gérard de Nerval · Versos dorados
« Tengo diecisiete religiones, y ni aun así estoy seguro. »
Poemas de Gérard de Nerval
Trayectoria lírica

Poemas y obras destacadas

Antología de poemas inmortales

Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Poemas de Gérard de Nerval, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.

Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.

Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.

Algunos libros de poesía de Gérard de Nerval:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: