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Gabriel Ferrater
Gabriel Ferrater es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras...
Vida
Gabriel Ferrater es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Gabriel Ferrater
1.
A
A
media mañana El sol, el viejo sabio, va disipando minúsculas dudas de oscuridad, dejadas hasta ahora por resolver. Le tiemblan un poco las manos, y temblamos los árboles y nosotros cuando oímos que todo minuto que pasa ha de arrancar, brusco, una venda de sombra, y ahora el justo caso de la luz será bien recto, y ahora chillará la delgada desazón de la flauta de Iblis, y lo veremos todo, y repleto de espacios de claridad, impenetrables como el cristal. Manifestado todo, diremos: tú lo has querido, te lo has buscado tú, de noche, cuando dormías sólo para despertarte y no querías creer que la vida se te volvería más ignorada que el sueño. Versión de M. Ãngels Cabré
2.
Amanecer
Amanecer
Noche que se me va, otra noche, y el ala de un inmenso avión se ha interpuesto entre el azul espeso y la ventana, y dudo si es un verde tenuísimo o si es plata, fría cual finura insistente del bisturí que rasga el útero, o también la luz misma, cuando agrieta la mano del chiquillo cansado de hacer fuerza para irritar a sus hermanos, simulando que oculta quién sabe qué tesoro, y va aflojando la presa, y sé que nada ha de salir que ayer no estuviera ya en mí desconsoladamente, y me da frío mirarme un día más, chupado hueso frutal, sin pulpa, a la intemperie. Versión de José Agustín Goytisolo
3.
Amistad del brazo
Amistad del brazo
El metro iba muy lleno. Me agarraba al lado de la puerta, de un barrote niquelado. Tenía el brazo tenso y toleraba aquella persistencia de un peso tibio sobre el antebrazo. Había poca gente cuando al fin me volví. Era muy joven. Fea y pobre, descarnada como una enjuta cabra mogrebina, obstinada la frente, ojos cerrados, abalanzada por toda carencia, un brazo aún sin dueño, libre y promiscuo, y no veía que alguien se movía y se aislaba ante ella. Yo, también muy joven, demasiado, aún no sabía reconocerme, más que en la elección, en aceptar. Así, abandoné el brazo, como si ya no fuera mío, hasta la estación, cuando se rompió de pronto la última cuerda del violoncello. Versión de Pere Gimferrer
4.
Bosque
Bosque
Recuerda. Cinco niveles. Tierra y vida oscura. Una hiedra profusa. Y ella. Sobre ella la araña oscilante, la avispa estremecida y tú. El espino a tu lado, infecta herrumbre. Cinco niveles de un sedimento espeso de instintos soñados. Y todo en torno, proyecto de luz cansado o inexperto, veíais alinearse los troncos de los robles. Nada confiaba en ello, pero te diste vuelta furtivo, ojos bebidos. Un instante de observación y, excitadas de pronto como nervios, las ramas rezumaron azufres de sol invernal. Versión de José María Valverde
5.
Cifra
Cifra
Amor, llevabas en el mundo siete mil setecientos sesenta y cinco días, al cerrarse la noche en que me llamaste desde tu rincón, voz que se había compadecido y me recibías, cuerpo bondadoso. Qué juego perdido, qué rodar hasta romper un oscuro ramaje, siete mil setecientos sesenta y cinco días, antes de que encontrara dónde te me habías acurrucado, amor, para crecer lejos de mí. Versión de José María Valverde
6.
Como Fausto
Como Fausto
¿Quién no lo habrá invocado? Una salida. y aunque no era la única, sí era la más rentable, la mejor salida. Nos lo iba a vender todo, infinidad de cosas pagando al por mayor, en este mundo donde él nunca responde. Mas, si un día compareciese, ¿no sería el alma más rica, negociable al por menor? Versión de Pere Gimferrer
7.
Dedos
Dedos
Ligera, se iniciaba
la lluvia de una noche.
Ligeros, se confiaban
tus dedos entre mis dedos.
Instante breve de adiós.
Oh, sólo por dos días.
Me sonreías a
través
de las lágrimas que llovían
sobre tu abrigo de cuero.
Temblor de los bruscos túneles
por donde
te me vas: confuso el corazón,
desmenuzo esta noche
la maña de recuerdo
que tengo en los dedos. Vacíos dos días,
oprimieron la sombra del tacto
de tus dedos, cuando te me ibas.
Versión de José Agustín Goytisolo
8.
El mutilado
El mutilado
Ya sé que no le quieres. No lo digas a nadie Los tres, si tú me ayudas, guardamos el secreto. Nadie más ha de ver lo que tú y yo hemos visto. Se esconderá de todas las personas y cosas que antes eran amigas. Vendrán días de invierno, muy lejos de las mesas donde os servían antes ostras y vino blanco. En los días lluviosos no mirará el asfalto donde os habíais visto cuando ibais a pie porque no había taxis. No abrirá más los libros que le hablaron de ti: ignorará qué dicen cuando no hablan de ti. Y sobre todo, puedes estar segura, nunca sabremos dónde está. Él se irá confinando en muy lejanas tierras. Caminará por bosques oscuros. No verá la azagaya de luz de la memoria súbita. Y cuando esté tan lejos que ya parezca muerto podremos recordarle, decir que no le amabas. Ya no nos dolerá ver que te necesita. Será como un espectro sin dolor y sin vida. Tal la foto macabra de una Gueule Cassie, que orna un escaparate y no nos sobresalta. Pero ahora, silencio: no alarmemos a nadie, que no vean la herida sangrante y purulenta. Demos tiempo al olvido. Callemos, y que nadie -ni siquiera yo mismo- recuerde que soy yo. Versión de Pere Gimferrer
9.
El
secreto
El secreto
Llegará el día más largo de algún larguísimo verano. Muy de mañana, antes que el teléfono llame a la playa o al bosque, nos iremos. Entre el vaho de las calles recién regadas atravesaremos la ciudad, hasta tomar el tren más lento que salga. Bajaremos en la tercera estación, en un pueblo de tierra sin verdes. El disco rojo de una taberna nos dará la señal. Creeremos. Nos sentaremos, y todo el día, sin mirar mientras nos miran, beberemos la tibia cerveza del silencio. Volveremos bien seguros de que ningún recuerdo ha entrado en nosotros. Cuando encontremos al primer amigo y, dentro de un bar encendido de voces y manos, comprendamos que ese día ha sido el del prodigio, que se han dicho la palabra sencilla de los justos, y que los unos han sabido creer a los otros cuando negaban las horas de tantos años, y todos ríen, reiremos también, y guardaremos el secreto. Y más que nunca, cuando les llegue el tormento del desgarrón del puro anochecer (cuando pisaran caretas, y la piel al descubierto les dijera todo el asco de cómo eran antes: tal como habrán vuelto a ser) y se hermanen todos dentro del odio mutuo, callaremos. Que no sepa nadie que no dijimos ni sentimos nada. Que puedan odiarnos también, fraternalmente. Versión de José María Valverde
10.
Engaño
Engaño
"Di, ¿por qué me hiciste
confiar en mí?"
¿Te he podido engañar,
corazón tan perplejo?
"Me has querido sobornar,
cauto, sin orgullo."
Sin espera, con orgullo,
te me entregaste.
"¡Y era para hacerme daño
cuando viniera hoy!"
Oh, ¿cómo te me has creído
que me serías fiel?
Versión de José María Valverde
11.
Estancia de otoño
Estancia de otoño
La persiana, sin cerrar del todo, como
un sobresalto que se contiene para no caer al suelo,
no nos separa del aire. Mira, se abren
treinta y siete horizontes rectos y delgados,
pero el corazón los olvida. Sin nostalgia
se nos va muriendo la luz, que era de color
de miel, y que ahora es de color de olor a manzana.
Qué lento, el mundo; qué lento, el mundo; qué lenta,
la pena por las horas que se van
tan aprisa. Di, ¿recuerdas esta
estancia, verdad?
«Le tengo mucho cariño.
Esas voces de obreros -¿Quiénes son?»
Albañiles:
falta una casa en la manzana.
«Cantan,
y hoy no los oigo. Gritan, ríen,
y hoy, que callan, los echo a faltar.»
Qué lentas,
las hojas rojas de las voces, qué inciertas
cuando vienen a cubrirnos. Dormidas,
las hojas de mis besos van cubriendo
los refugios de tu cuerpo, y mientras olvidas
las hojas altas del verano, los días
abiertos y sin besos, el cuerpo,
en lo hondo, recuerda: todavía
tienes la piel hecha de sol y luna.
Versión de José Corredor-Matheos
12.
Exeunt personae
Exeunt personae
Tú, hija clara del silencio, me dices
que si no sé callar, te puedo
decir las cosas
que se han dicho siempre, y te escuchas
como la
mano que sopesa el sol de invierno
y recibe la luz global y vaga, sin
reventarla en figuras y colores.
Tú, madre de los olvidos, no me solicitas
a soñar que podrás quererme
y a reunir trozos de mí para ponértelos
en el regazo, y ensalzarte la
finura
del jarro que quizá tendremos entero
cuando me serenes el
pulso que tiembla.
Tú, hermana indulgente, no ves en mí
cosas que te molesten para no
verme,
y me tomas como una costumbre, abierto y vacío,
y vas por
mí sin retirar nada,
con un instinto de mucho antes, sencillo
como
lo es la sangre de los hombres y las mujeres.
Versión de José María Valverde
13.
Fe
Fe
La tienes en tus brazos. Duermes, y la sueñas, y sabes que es un sueño todo lo que ves de ella. Y el corazón se te arranca, tiembla de fe. Solamente una cosa que le propones te da prenda de que te querrá despierto. Conoce que es un sueño lo que le dices de ella, pero que por debajo del sueño, es ella la que tienes en tus brazos. Versión de José María Valverde
14.
Helena
Helena
Cumples veinte años, Helena. Vienes de donde no recuerdas, miras adelante, y quieres hacer una sola limpia transparencia de los millares de vidrios (uno tras otro) que son días tuyos por donde mirarás cómo se te abre el tiempo. ¡Tan fina, la curva del cuervo que se aleja al sesgo por el cielo, y decanta los árboles haciendo un orden nuevo con el campo y la tarde! Corta tú como él azul y tiempo y mundo, siguiéndolo con la vista por muchos años, Helena, muchacha de largo cuello, tú que ríes alto y siempre te decantas un poco, a la derecha, a la izquierda, y ahora (tienes veinte años) dispones para tu balance las líneas del mundo con todo lo que es viejo (como quien dice yo). Versión de José María Valverde
15.
Ídolos
Ídolos
Entonces, cuando yacíamos abrazados frente a la ventana abierta al desmonte de olivos (do semillas desnudas dentro de un fruto que el verano ha abierto violento, y que se llena de aire) no teníamos recuerdos. Éramos el recuerdo que tenemos ahora. Éramos esta imagen. Ídolos de nosotros para la fe sumisa de después. Versión de José Agustín Goytisolo
16.
Juego
Juego
Puedes jugar con su cuerpo, que es joven y ríe, y quiere el juego, y no se ha saciado de él. ¿Crees todavía que en ti hay vicio? Muestra tu vicio. Date entero. Si lo amas, no ahogues ese temblor: la curiosidad del cuerpo, que tú hace demasiado tiempo que llamas deseo. Versión de José María Valverde
17.
Kensington
Kensington
La luz de
estío nórdico es inmensa
-y aquellas tardes que no mueren nunca.
Tal la paz de después. Cuando ellas dicen
casi el viejo secreto que
buscamos siempre
por sendas nuevas.
Y ella habla, y me cuenta
las imágenes que con ella recorren su
camino:
su camino, tan lento, por donde la conduzco
hasta la cima.
"Siempre creo que me transformo.
Nunca sabrás las cosas que me haces
creer,
cuerpo mío. Una vez yo fui Kensington,
esa extensión de
calles tortuosas,
llenas de luz sin sol. Y hace un momento
te digo
que me he vuelto una flor amarilla."
Imágenes florales me son fáciles.
Du bist wie eine Blume, y en la mano
tengo aún el recuerdo
de una flor carnívora,
la cosa que se abre hasta una flor
de
húmeda carne, la corola abierta
vasta increíblemente, para que yo,
insecto,
me entregue. Digo:
"Te conviertes en flor,
y hacia aquí todo el cuerpo te sube".
Me equivoqué. Luz pura. Todos los dibujos
que sé calcar, no sirven. Y
corrige:
"No, no cuenta esa flor. Era del todo
amarilla. Te me he vuelto una
flor amarilla".
Versión de José Agustín Goytisolo
Versos y pensamientos de Gabriel Ferrater
4 citas« Noche que se me va, otra noche, y el ala / de un inmenso avión se ha »
« El metro iba muy lleno. Me agarraba / al lado de la puerta, de un »
« Recuerda. Cinco niveles. / Tierra y vida oscura. »
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