Poesía Universal

Gabriel D'Annunzio

Gabriel D'Annunzio es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primer...

Biografía lírica

Vida

Gabriel D'Annunzio es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Gabriel D'Annunzio

3 poemas seleccionados
1.

El inefable gozo

...Celebra el 
	grande, el inefable goce
de vivir, de ser joven, de ser fuerte,
de 
	hincar los dientes ávidos y blancos
en los más dulces frutos terrenales.

	De posar las audaces, sabias manos
sobre todo lo más puro y secreto,
y 
	de tender el arco contra todas
las presas que voraz deseo asecha.
De 
	oír todas las músicas livianas,
y mirar, con pupilas fulgurantes,
la 
	bella faz del mundo, como mira
un amante feliz a su adorada.
A ti el 
	placer, ¡oh amiga!
	
¡A ti el ensueño!
¡Yo quiero revestirte la más roja
de las 
	púrpuras regias, siquier tiña
su seda con la sangre de mis venas.
Yo 
	quiero coronarte de albas rosas
para que así, transfigurada, cantes
la 
	divina Alegría, la Alegría,
la Alegría, magnífica, invencible!
2.

Las

manos


	¡Oh manos de 
	mujeres encontradas

      una vez en el sueño y en la vida:

      manos, por la pasión enloquecida

      opresas una vez, o desfloradas

      con la boca, en el sueño, o en la vida.


      Frías, muy 
		frías algunas, como cosas

      muertas, de hielo, (¡cuánto desconsuelo!)

      o tibias cual extraño terciopelo,

      parecían vivir, parecían rosas:

      ¿rosas de qué jardín de ignoto suelo?


      Nos dejaron 
		algunas tal fragancia

      y tan tenaz, que en una noche entera

      brotó en el corazón la primavera,

      y tanto embalsamó la muda estancia,

      que más aromas el abril no diera.


      Otra, que 
		acaso ardía el fuego extremo

      de un alma (¿dónde estás, oh breve mano

      intacta ya, que con fervor insano

      oprimí?), clama con el dolor supremo;

      ¡tú me pudiste acariciar no en vano!


      De otra 
		viene el deseo, el violento

      deseo que las carnes nos azota,

      y suscita en el ánimo la ignota

      caricia de la alcoba, el morir lento

      bajo ese gesto que la sangre agota.


      Otras 
		(aquéllas?) fueron homicidas,

      maravillosas en engaños fueron:

      de arabias los perfumes no pudieron

      endulzarlas, hermosas y vendidas

      ¡cuántos ¡ay! por besarlas perecieron!


	Otras (¿las mismas?) de 
	marmóreo brillo

    y más potentes que la recia espira,

    nos congelaron de demencia o ira,

    y las sacrificamos al cuchillo 

    ( y, ni en sueños, la manca se retira.


    vive en el 
	sueño inmóvilmente erguida

    la atroz mujer sin manos. Junto brota

    fuente de sangre y sin cesar rebota

    el par de manos en la enrojecida

    charca, sin salpicarse de una gota ).


    Otras, como 
	las manos de María,

    hostias fueron de luz vivificante,

    y en su dedo anular brilló el diamante

    entre la augusta ceremonia pía:

    ¡jamás los rizos del amante!


    Otras, cuasi 
	viriles, que oprimimos

    con pasión, de nosotros la pavura

    arrebataron y la fiebre oscura,

    y anhelando la gloria, presentimos

    iluminarse la virtud futura.


    Otras nos 
	produjeron un profundo

    calofrío de espasmos sin iguales;

    y comprendimos que sus liliales

    palmas podrían encerrar un mundo

    inmenso, con sus bienes y sus male


    ¡Oh alma, con 
	sus bienes y sus males!

	

    Versión de Guillermo Valencia
3.

Mujeres

Han existido mujeres serenas de ojos claros, 
infinitas y silenciosas 
	como esa llanura 
	
que atraviesa un río de agua pura. 

Han existido mujeres con 
	visos de oro, 
	
rivales del estío y del fuego, semejantes a 
trigales lascivos que no 
	hieren la hoz 
	
con sus dientes pero arden por dentro 
con fuego sideral ante el 
	cielo despojado. 
	

Han existido mujeres tan leves 
que una sola palabra, una sola, 
	
las convirtió en esclavas. Y existieron otras, 
de manos rojizas, que 
	al tocar una frente 
	
suavemente disiparon ideas terribles. 

Y otras cuyas manos 
	exangües y elásticas, 
	
con giros lentos aparentaban insinuarse 
creando una urdimbre rara y 
	fina 
	
en que las venas simulaban 
hilos de vibración ultramarina. 


	Mujeres pálidas, marchitas, devastadas, 
	
ardidas en el fuego amoroso 
hasta lo más profundo de sí mismas, 

	consumido el rostro ardiente, 
	
con la nariz agitada por el impulso 
de inquietas aletas, con los 
	labios abiertos 
	
como yendo hacia las palabras pronunciadas, 
con los párpados lívidos 
	
como las corolas de las violetas. 

Y todavía han existido otras 
	y, 
	
maravillosamente, yo las he conocido. 


	Versión de Luis A. Cano

Versos y pensamientos de Gabriel D'Annunzio

3 citas
« grande, el inefable goce / de vivir, de ser joven, de ser fuerte, »
Gabriel D'Annunzio · El inefable gozo
« ¡Oh manos de / mujeres encontradas »
Gabriel D'Annunzio · Las
« Han existido mujeres serenas de ojos claros, / infinitas y silenciosas »
Gabriel D'Annunzio · Mujeres
Biblioteca poética

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