Poesía Universal

Gabriel Celaya

Biografía y amplia selección de poemas de Gabriel Celaya. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Gabriel Celaya. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Gabriel Celaya

19 poemas seleccionados
1.

A Blas de Otero

Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes, 
	
y porque el mundo existe, y yo también existo, 
porque tú y yo y el 
	mundo nos estamos muriendo, 
	
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada, 
quiero hablarte y 
	hablarme, dejar hablar al mundo 
	
de este dolor que insiste en todo lo que existe. 

Vamos a ver, 
	amigo, si esto puede aguantarse: 
	
El semillero hirviente de un corazón podrido, 
los mordiscos 
	chiquitos de las larvas hambrientas, 
	
los días cualesquiera que nos comen por dentro, 
la carga de miseria, 
	la experiencia —un residuo—, 
	
las penas amasadas con lento polvo y llanto. 

Nos estamos 
	muriendo por los cuatro costados, 
	
y también por el quinto de un Dios que no entendemos. 
Los metales 
	furiosos, los mohos del cansancio, 
	
los ácidos borrachos de amarguras antiguas, 
las corrupciones vivas, 
	las penas materiales... 
	
todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro. 

Tú sabes. No 
	perdonas. Estás ardiendo vivo. 
	
La llama que nos duele quería ser un ala. 
Tú sabes y tu verso pone 
	el grito en el cielo. 
	
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas, 
sabes también 
	por dentro de una angustia rampante, 
	
de poemas prosaicos, de un amor sublevado. 

Nuestra pena es tan 
	vieja que quizá no sea humana: 
	
ese mugido triste del mar abandonado, 
ese temblor insomne de un 
	follaje indistinto, 
	
las montañas convulsas, el éter luminoso, 
un ave que se ha vuelto 
	invisible en el viento, 
	
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne. 

Con los cuatro 
	elementos de la sangre, los huesos, 
	
el alma transparente y el yo opaco en su centro, 
soy el agua sin 
	forma que cambiando se irisa, 
	
la inercia de la tierra sin memoria que pesa, 
el aire estupefacto 
	que en sí mismo se pierde, 
	
el corazón que insiste tartamudo afirmando. 

Soy creciente. Me 
	muero. Soy materia. Palpito. 
	
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura. 
He asumido en mi 
	cuerpo la pasión, el misterio, 
	
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio, 
Soy la instancia 
	que elevan hacia un Dios excelente 
	
la materia y el fuego, los latidos arcaicos. 

Debo salvarlo todo 
	si he de salvarme entero. 
	
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo, 
soy el tordo en la 
	zarza, soy la luz en el trino, 
	
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto, 
soy estrella, soy 
	tigre, soy niño y soy diamante 
	
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos. 

¡Si fuera yo 
	quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero! 
	
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere 
sabiendo lo que sabe, 
	pesando lo que pesa! 
	
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros 
y es una vieja 
	historia lo que aquí desemboca. 
	
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa. 

Invoco a 
	los amantes, los mártires, los locos 
	
que salen de sí mismos buscándose más altos. 
Invoco a los valientes, 
	los héroes, los obreros, 
	
los hombres trabajados que duramente aguantan 
y día a día ganan su 
	pan, mas piden vino. 
	
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes. 

Invoco a los que 
	asaltan, hiriéndose, gloriosos, 
	
la justicia exclusiva y el orden calculado, 
las rutinas mortales, el 
	bienestar virtuoso, 
	
la condición finita del hombre que en sí acaba, 
la consecuencia 
	estricta, los daños absolutos. 
	
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando. 

Tú también, Blas 
	de Otero, chocas con las fronteras, 
	
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos, 
con tu ciudad, tus 
	días y un caer gota a gota, 
	
con ese mal tremendo que no te explica nadie. 
Irónicos zumbidos de 
	aviones que pasan 
	
y muertos boca arriba que no, no perdonamos. 

A veces me parece 
	que no comprendo nada, 
	
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro. 
Lo real me 
	resulta increíble y remoto. 
	
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro. 
Sonámbulo 
	transcurro sin memoria ni afecto, 
	
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco. 

Detrás de cada cosa 
	hay otra cosa que es la misma, 
	
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña. 
Detrás de cada 
	hombre un espejo repite 
	
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos. 
Detrás de Blas de 
	Otero, Blas de Otero me mira, 
	
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda. 

Hace aún pocos 
	días caminábamos juntos 
	
en el frío, en el miedo, en la noche de enero 
rasa con sus estrellas 
	declaradas lucientes, 
	
y era raro sentirnos diferentes, andando. 
Si tu codo rozaba por azar 
	mi costado, 
	
un temblor me decía: «Ese es otro, un misterio.» 

Hablábamos 
	distantes, inútiles, correctos, 
	
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba, 
distintos en un tiempo y 
	un lugar personales, 
	
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo, 
en esto con que afirmo: 
	«Yo, tú, él, hoy, mañana», 
	
en esto que separa y es dolor sin remedio. 

Tuvimos aún que 
	andar, cruzar calles vacías, 
	
desfilar ante casas quizá nunca habitadas, 
saber que una escalera 
	por sí misma no acaba, 
	
traspasar una puerta -lo que es siempre asombroso-, 
saludar a otro 
	amigo también raro y humano, 
	
esperar que dijeras -era un milagro-: Dios al fin escuchaba. 


	Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros. 
	
Las iras eran santas; el amor, atrevido; 
los árboles, los rayos, la 
	materia, las olas, 
	
salían en el hombre de un penar sin conciencia, 
de un seguir por 
	milenios, sin historia, perdidos. 
	
Como quien dice «sí», dije Dios sin pensarlo. 

Y vi que era 
	posible vivir, seguir cantando.
	
Y vi que el mismo abismo de miseria medía 
como una boca hambrienta, 
	qué grande es la esperanza. 
	
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre, 
sentí que era 
	posible salvar el mundo entero, 
	
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo. 

Por eso, 
	amigo mío, te recuerdo, llorando; 
	
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho; 
pensando que soy bueno, 
	mordiéndome las uñas, 
	
con este yo enconado que no quiero que exista, 
con eso que en ti 
	canta, con eso en que me extingo 
	
y digo derramado: amigo Blas de Otero.
2.

A veces me figuro que estoy enamorado...

A veces me figuro que estoy enamorado, 
y es dulce, y es extraño, 
	
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo. 

Las canciones de 
	moda me parecen bonitas, 
	
y me siento tan solo 
que por las noches bebo más que de costumbre. 
	

Me ha enamorado Adela, me ha enamorado Marta, 
y, 
	alternativamente, Susanita y Carmen,
	
y, alternativamente, soy feliz y lloro. 

No soy muy inteligente, 
	como se comprende, 
	
pero me complace saberme uno de tantos 
y en ser vulgarcillo hallo 
	cierto descanso.
3.

Amor

Vivir es fácil y, a veces, 
	casi alegre.


	Esta tarde -mar, pinares, 
	azul-,
suspendido entre los brazos ligerísimos del aire
y entre los 
	tuyos, dulce, dulce mía,
un ritmo palpitante me cantaba:
es fácil y, a 
	veces, casi alegre.

	
La brisa unía en un mismo latido
nuestros cuerpos, los árboles, las 
	olas,
y nosotros no éramos distintos
de las nubes, los pájaros, los 
	pinos,
de las plantas azules de agua y aire,
plantas, al fin, 
	nosotros, de callada y dulce carne.

	
La tierra se extasiaba; ya casi era divina
en las nubes redondas, en 
	la espuma,
en este blanco amor que, radiante, se eleva
al suave empuje 
	de dos cuerpos que se unen 
	
                                                           
	en la hierba.

¿Recuerdas, dulce mía, cuando el aire
se llenaba de 
	palomas invisibles,
de una música o brisa que tu aliento
repetía 
	apresurado de secretos? 
	

Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.
Contigo entre los brazos 
	estoy viendo
caballos que me escapan por un aire lejano,
y estoy, y 
	estamos, tocando con los labios
esas flores azules que nacen de la nada.

	
Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.
Al hablar, confundimos; al 
	andar, tropezamos;
al besarnos no existe un solo error posible:

	resucitan los cuerpos cantando, y parece
que vamos a cubrirnos de flores 
	diminutas,
de flores blancas, lo mismo que un manzano.

	
Dulce, dulce mía, ciérrame los ojos,
deja que este aire inunde 
	nuestros cuerpos;
seamos solamente dos árboles temblando
con lo mismo 
	que en ellos ha temblado esta tarde.


	Vivir es más que fácil: es 
	alegre.
Por caminos difíciles hoy llego
a la simple verdad de que tú 
	vives.
Sólo quiero el amor, el árbol verde
que se mueve en el aire 
	levemente
mientras nubes blanquísimas escapan
por un cielo que es 
	rosa, que es azul, que es 
	
                                                            
	gris y malva,
que es siempre lo infinito y no comprendo, 
ni quiero 
	comprender porque esto basta:
¡amor, amor! , tus brazos y mis brazos
y 
	los brazos ligerísimos del aire que nos lleva,
y una música que flota por 
	encima,
que oímos y no oímos,
que consuela y exalta:
¡amor también 
	volando a lo divino!
4.

Amparo-Ezbá

Amparo-Eszbá


	Indecisa y cambiante, ¿eres 
	amor o muerte?
¡Ay, ven, Amparo-Ezbá, que te estoy esperando!
Es la 
	palpitación de origen quien podría
acogerte, y besarte, y ofrecerte un 
	refugio
caliente de jazz-hot y trances convulsivos
como, cuando 
	bailando, se pierde la conciencia.
Ven tú, amorosa, ven como la noche 
	crece,
deseo sin objeto, tú que eres el no-objeto
y el placer 
	imposible que en el límite busca
infinitudes ciegas. ¡Ay, no-tú, Ezbá, 
	no-sí,
sí, ven, Ezbá, indecisa, transparente, inasible,
temblorosa de 
	luces, soñadora, engañosa,
tú, tejido del iris, centelleo, sonrisa

	hasta mi dulce llanto y a esos gritos salvajes
que no son el amor, o sí 
	son, o al no ser
te llaman desde el centro del tornasol nocturno,

	tiránica, traviesa, fascinante, escapada,
y niña, y absorbente como un 
	vórtice suave,
y riendo, riendo, mortal como un pecado
que no existe 
	mas haces con tu burla que exista,
tan cruel, encantadora, pasajera, 
	incitante,
que líquida, impalpable, movimiento sin móvil,
descubres, 
	deshuesada, la santa realidad!
Entonces flota el mundo casi feliz, 
	dudoso,
y el recuerdo anochece lentísimo en la brisa.
Y tú, nunca 
	creída, y tú, siempre sabida,
te ofreces para nada, te niegas para más,

	como un antiguo ensalmo y un susurro al oído,
cuando ya todo duerme, y tú 
	casi nos hablas,
o nos cantas, nos rezas, entonteces con nanas.
¡Oh 
	tú, dime quién eres! ¡Oh Ezba, dime si existes!
5.

Apasionadamente

¡Y tanto, y tanto te amo

	que mis palabras mueren
en un rumor de besos sin descanso!


	¡Y tanto todavía que mis 
	manos
no te hallan al tocarte!


	¡Tanto y tan sin descanso,

	que fluyo, y fluyo, y fluyo,
y es solamente llanto!
6.

Aquí están todas las rosas encarnadas del deseo...

¡Aquí están todas las rosas 
	encarnadas del deseo! 
Allí la luna, callada, 
blanca y estéril, 
	mirando, 
espejo vuelto a sí mismo, 
	
su perfección de narciso: 
soledad en aguas blancas 
de lo blanco 
	quieto y frío. 
	


	Dura o sin sangre, 
	tranquila, 
	
de está mirando a sí misma, 
mientras rosas encarnadas, 
pulpa y 
	amor, carne viva, 
	
bajo una brisa caliente 
se desmayan de delicia. 


	Con los ojos en la luna, 
	
bajo los pies, rosas rojas, 
estoy esperando, quieto, 
que tú, que 
	yo mismo venga 
	
sigiloso por la espalda, 
con la sorpresa de un beso 
blanco y 
	verde de silencio, 
	
que tú, que yo mismo venga 
con un beso 
muerto de puro perfecto.
7.

Cerca y lejos

Más allá del pecado,

	indecible, te adoro,
y al buscar mis palabras
sólo encuentro unos 
	besos.


	En el pecho, en la nuca,

	te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.


	donde tu vientre es combo,

	fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.
8.

Cuéntame

Cuéntame cómo vives, 
	cómo vas muriendo


	Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus 
	lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan 
	perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

	
Cuéntame cómo vives;
ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las 
	mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese 
	estúpido orgullo (puedo comprenderte).

	
Cuéntame cómo mueres;
nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o 
	el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;

	la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

	
Cuéntame cómo mueres;
cómo renuncias -sabio-,
cómo -frívolo- 
	brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, 
	a quedarme tranquilo.


	De "Tranquilamente 
	hablando, 1945
9.

De noche

Y la noche se eleva como 
	música en ciernes,
y las estrellas brillan temblando de extinguirse,
y 
	el frío, el claro frío,
el gran frío del mundo,
la poca realidad de 
	cuanto veo y toco,
el poco amor que encuentro,
me mueven a buscarte,

	mujer, en cierto bosque de latidos calientes.


	Sólo tú, dulce mía,

	dulce en los olores de savia espesa y fuerte,
sin palabras, muy cerca, 
	palpitando conmigo,
sólo tú eres real en un mundo fingido;
y te toco, 
	y te creo,
y eres cálida y suave matriz de realidades,
amante, amparo, 
	madre,
o peso de la tierra que sólo en ti acaricio,
o presencia que 
	aún dura cuando cierro los ojos,
fuera de mí, tan bella.
10.

Dedicatoria final

Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca! 
	
Muerdes una manzana. Y la manzana existe. 
Te enfadas. Te ríes. Estás 
	existiendo. 
	
Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo, 
y me das la manzana 
	mordida que muerdo. 
	
¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso 
que -¡basta!- te 
	beso! 
	
¡Y al diablo los versos, 
y Don Uno, San Equis, y el Ene más Cero!
	
Estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor, 
y aunque sea un 
	disparate todo existe porque existes, 
	
y si irradias, no hay vacío, ni hay razón para el suicidio, 
ni 
	lógica consecuencia. Porque vivo en ti, me vivo, 
	
y otra vez, gracias a ti, vuelvo a sentirme niño.
11.

Descanso

Con ternura, con paz, con inocencia,
con una blanda tristeza o el 
	cansancio
que viene a ser un perro fiel que acariciamos,
estoy sentado 
	en mi sillón y soy feliz,
y soy feliz
porque no siento la necesidad de 
	pensar algo preciso.

	
Con una fatiga que no es un desengaño,
con un gozo que no alienta 
	esperanzas,
estoy en mi sillón, y estoy
en algo que quizás sólo es 
	amor.

	
Sé que floto
y nada me parece sin embargo indiferente;
sé que nada 
	me alegra ni me duele
y que sin embargo todo me enternece;
sé que eso 
	es el amor,
o que quizá solamente es un dulce cansancio;
sé que soy 
	feliz
porque no siento la necesidad de pensar algo preciso.
12.

Desde lo informe

Un dulce llanto espeso,

	una delicia informe,
materia que me envuelve y sofoca magnolias,
suave 
	silencio oscuro,
aliento largo y blando.


	Las caricias se espesan

	(me derramo por ellas),
y, voy por el jardín secreto murmurando,
y, al 
	tocarte, me asombro de que tengas un cuerpo,
y al lazar la cabeza,
las 
	estrellas me asustan con su dura fijeza.
13.

Deseada

Deseada, ¡tan suave!,

	confín donde resbalo.
¡Oh siempre un poco ausente,
suspendida en la 
	nada!


	¿Son tus ojos dulces?

	No, que está turbado
tu mirar brillante
de anhelos contrarios.


	Yo te amo, te amo, te amo,

	todo lleno de alas tempestuosas,
y de garras, de furias,
de dolor, por 
	abrirme.


	¡Oh, tenme en tu sonrisa,

	en tu sombra, en lo leve
de tu mano impalpable!
¡Tenme en tu caricia!


	¿A qué llamas cambiando?

	¿Qué me pides furtiva?
¡Oh tú, siempre ignorada,
tú siempre antigua y 
	nueva!


	Ven más cerca. No temas.

	Tu mano tibia tiembla,
tu cintura se atreve
con sobresaltos, mía. 
	¡Mía, deseada!


	Y aún sonríes con ojos

	inocentes y raros.
¡Oh, dime! ¿Qué sugieren
tus ojos arcaicos?


	Cabelleras, torrentes,

	músicas perdidas,
corazón: esa ave
que, cogida, tiembla.


	Y tú, esquiva, flotando

	desnuda, lenta y suave.
Tú, chiquita, huida
en un cielo sin nadie.


	¡Oh dime, deseada,
cómo 
	hay que abrazarte
mientras tu boca expira
en la mía, sin habla!


	Di si tu remota
belleza 
	en tu cuerpo
puedo yo apresarla.
Puedo así matarte.


	Deseada, ya basta.

	Deseada, no puedo.
Deseada, tú quieres
que yo muera contigo.
14.

Despedida

Quizás, cuando me muera, 
dirán: Era un poeta. 
Y el mundo, siempre 
	bello, brillará sin conciencia. 
	

Quizás tú no recuerdes 
quién fui, mas en ti suenen 
los 
	anónimos versos que un día puse en ciernes. 
	

Quizás no quede nada 
de mí, ni una palabra, 
ni una de estas 
	palabras que hoy sueño en el mañana. 
	

Pero visto o no visto, 
pero dicho o no dicho, 
yo estaré en 
	vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!
	

Yo seguiré siguiendo, 
yo seguiré muriendo, 
seré, no sé bien 
	cómo, parte del gran concierto.
15.

Égloga

Rubio, fuerte, manso,

	triste sin melancolía

	como el mediodía,

	lento como la tierra,

	toscas las manos que parten

	el pan y abarcan el seno

	maternal de Ceres,

	Menalcas apacienta sus grandes vacas rojas

	frente al mar: estupor

	de luz en la inmensidad.

	¡Oh mar, oh campo, oh bestias!

	¡Oh siesta, pesadumbre

	del cuerpo poderoso que, ahora, inerte,

	se cubre como de una enfermedad de cantos

	monótonos y vagos,

	mientras la tierra sueña,

	muge lenta

	como una vaca triste que esperara

	la fecunda inquietud de las estrellas,

	la sagrada

	palpitación escondida,

	el amante

	nocturno que no dice su nombre!
16.

El

toque delicado


	Si toco en mi dolor, todo 
	lo siento
mío, mío, perdido vagamente.
Si toco en el dolor mas de 
	repente
me vuelvo a las estrellas y a lo bello,
yo siento el corazón 
	que aquí me quema
como un mero detalle en el sistema.
17.

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata...

En el fondo de la noche 
	tiemblan las aguas de plata. 

	La luna es un grito muerto en los ojos delirantes. 

	Con su nimbo de silencio 

	pasan los sonámbulos de cabeza de cristal, 

	pasan como quien suspira, 

	pasan entre los hielos transparentes y verdes. 

	Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero 

	sobre los cuerpos blanquísimos del frío. 

	

	En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio; 

	los hombres gritan tan alto que solo se oye la luna. 

	

	Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos, 

	el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas, 

	el momento en que por fin todo parece posible. 

	En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio. 

	

	Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta. 

	La quietud de esta hora es un silencio que escucha, 

	el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca. 

	Decidme lo que habéis visto. 

	En el fondo de la noche 

	hay un escalofrío de cuerpos ateridos.
18.

En

ti termino


	Este objeto de amor no es 
	un objeto puro;
es un objeto bello, y creo que eso basta.
Bellos son 
	sus brazos, sus hombros, sus senos;
bellos son sus ojos (¡y qué bien me 
	mienten!)


	Deseable, me engaña, o 
	furtiva, resbala
suave, suavemente, con física dulzura,
o gravita 
	hacia un centro más secreto que el alma;
o duele con un fuego más real 
	que el cariño.


	Si la beso, no hablo; si la 
	toco, no creo;
y me quedo callado mirándola muy cerca,
o me duermo en 
	sus brazos, o me muero en su espasmo,
y en aniquilarme hallo cierto 
	descanso.
19.

Fecundaciã“n

Fecundación


	Y si yo te toco, tú eres lo 
	que eres;
y si no te toco,
tú, tranquila, duermes.


	Tú, conmigo, todo;
tú, 
	sin mi, perdida;
tú, mujer conmigo,
nada si no nombro.


	Y si yo te toco,
palmera 
	que crece,
sonrisas abiertas
que, meciendo, envuelven.


	Y si no te toco,
dulzura 
	que pesa,
caes en tu silencio
densamente lenta.

Versos y pensamientos de Gabriel Celaya

4 citas
« Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes, / y porque el mundo existe, y yo también existo, »
Gabriel Celaya · A Blas de Otero
« A veces me figuro que estoy enamorado, / y es dulce, y es extraño, »
Gabriel Celaya · A veces me figuro que estoy enamorado...
« Vivir es fácil y, a veces, / casi alegre. »
Gabriel Celaya · Amor
« Amparo-Eszbá / Indecisa y cambiante, ¿eres »
Gabriel Celaya · Amparo-Ezbá
Biblioteca poética

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