Poesía Universal

Francisco Villaespesa

Biografía y amplia selección de poemas de Francisco Villaespesa. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de Francisco Villaespesa. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Francisco Villaespesa

20 poemas seleccionados
1.

A la fortuna

Cuatro muros de cal, libros, y una
ventana al campo, y en la lejanía

		las montañas o el mar, y la alegría
del sol, y la tristeza de la 
		luna:

		
eso a mi eterna laxitud moruna,
para vivir en paz le bastaría...

		¡Bien poco es lo que pides, alma mía,
pero menos te ha dado la 
		Fortuna!

		
Échate, alma, a recordar... ¡Infancia
sin madre, adolescencia sin 
		amores,
juventud sin placer!... ¡Así has vivido!...

		
¡Y ahora, un caduco otoño sin fragancia,
un pálido luar sin 
		ruiseñores,
y un amor imposible sin olvido!
2.

Balada

Llamaron 
		quedo, muy quedo,

		a las puertas de la casa.

		-¿Será algún sueño- le dije-

		que viene a alegrar tu alma?


		-¡Quizás! 
		-contestó riendo...

		Su risa y su voz soñaban.

		Volvieron a llamar quedo

		a las puertas de la casa...

		

		-¿Será el amor?-grité, pálido,

		llenos los ojos de lágrimas...

		-Acaso- dijo mirándome...

		Su voz de pasión temblaba...

		

		Llamaron quedo, muy quedo,

		a las puertas de la casa.

		-¿Será la Muerte? -le dije...

		Ella no me dijo nada...

		

		Y se quedó inmóvil, rígida,

		sobre la blanca almohada,

		las manos como la cera

		y las mejillas muy pálidas.
3.

Celos

Al saber la verdad de tu perjurio
loco de celos, penetré en tu 
		cuarto...
Dormías inocente como un ángel,
con los rubios cabellos 
		destrenzados
enlazadas las manos sobre el pecho
y entreabiertos 
		los labios...

		
Me aproximé a tu lecho, y de repente
oprimí tu garganta entre mis 
		manos...
Despertaste... Miráronme tus ojos...
¡Y quedé 
		deslumbrado,
igual que un ciego que de pronto viese
brillar del 
		sol los luminosos rayos!

		
¡Y en vez de estrangularte, con mis besos
volví a cerrar el oro 
		de tus párpados!
4.

Convalecencia

¡Qué suavidad, qué suavidad de raso,
qué acariciar de plumas en el 
		viento;
en terciopelos se apagó mi paso
y en remansos de seda el 
		pensamientoI

		
Todo impreciso es como en un cuento,
se desborda en silencio como 
		un vaso,
y en esta tibia languidez de ocaso
desfallecer hasta 
		morir me siento.

		
Como un panal disuélvome en dulzura,
desfallezco de todo: de 
		ternura,
de claridad, del éxtasis de verte...

		
Y todo tan lejano, tan lejano...
En este atardecer tu frágil mano

		pudiera con un lirio darme muerte...
5.

El jardín de Lindaraja

De la tarde de octubre bajo la luz gloriosa,
en la fuente de mármol 
		que el arrayán orilla,
diluyen los cipreses su esmeralda herrumbrosa

		y la arcada del fondo su tristeza amarilla.

		
Rosales y naranjos. ..Mustio el jardín reposa
en un verdor que el 
		oro del otoño apolilla...
¡Sólo, a veces, se enciende la llama de una 
		rosa,
o el oro polvoriento de una naranja brillaI

		
Mas, dentro de este otoño, hay tanta primavera
en gérmenes; y es 
		todo tan dulce y apacible,
que antes de abandonarlo, mi corazón 
		quisiera,
oyendo el melodioso suspirar de la fuente
y soñando con 
		una Lindaraja imposible,
sobre este viejo banco dormir eternamente...
6.

El poema de la carne

Cuando me dices: 
		Soy tuya,
tu voz es miel y es aroma,
es igual que una 
		paloma
torcaz que a su macho arrulla.

		
Sobre mi mano dormida
de tu nuca siento el peso,
mientras te 
		sorbo en un beso
todo el fuego de la vida.

		
Cuando ciega y suspirante
tu cuerpo recorre una
convulsión 
		agonizante,

		
adquiere tu faz inerte
bajo el blancor de la luna
la palidez 
		de la Muerte.
7.

El reloj

Tardes de Paz... Monotonía
de lluvia en las vidrieras...
Se 
		extingue el humo gris del día...
¿En dónde están mis primaveras?

		
La lluvia es una fantasía,
de misteriosas encajeras...
Tú, que 
		tejiste mi alegría,
¿tras qué cristal mi vuelta esperas...?

		
Lentas deslízanse en la alfombra
las tocas negras de la sombra;

		viuda que no falta a la cita...

		
Igual que un pecho adormecido
el reloj tímido palpita...
¡Oh 
		juventud! ¿Dónde te has ido...?
8.

Elegía

Elegía de la juventud


		Sacar en 
		hombros por mi puerta

		miré ayer un ataúd,

		donde entre flores iba muerta

     mi Juventud.

		

		Perdida toda fuerza física

		la vi en mis brazos expirar.

		como una pobre novia tísica

     ¡de tanto amar!

		

		Sobre su cuerpo, las postreras

		rosas de otoño deshojé.

		y entre recuerdos y quimeras

     la amortajé.

		

		Para no ver su rostro amado

		tendí un pañuelo por su faz.

		y exclamé en lágrimas bañado:

     -¡descansa en paz!

		

		Lenta la lluvia descendía...

		La golondrina iba a partir...

		Y hasta la brisa parecía

		entre los árboles gemir.

		

		Cármenes viejos de Granada,

		en un crepúsculo otoñal,

		vieron perderse en la enramada

     su funeral.

		

		Almas sedientas de ideales

		que tanto amó mi juventud...

		¡Deshojar rosas otoñales

     en su ataúd!

		

		Y tú, incansable peregrino.

		que el mundo cruzas sin cesar,

		¡si ves su entierro en tu camino,

     ponte a rezar!


		Sacar en 
		hombros por mi puerta

		miré ayer tarde un ataúd,

		donde entre flores iba muerta

     mi Juventud.
9.

En la penumbra

¡La hora 
		confidencial!... Entre banales
palabras, toda entera, te respiro

		como un perfume, y en tus ojos miro
desnudarse tu espíritu. ..Hay 
		fatales

		
silencios... Se oscurecen los cristales;
y se esfuma la luz en un 
		suspiro,
temblando sobre el pálido zafiro
que azula entre tus 
		manos imperiales.

		
Las tinieblas palpitan... Andan miedos 
descalzos por las sedas 
		de la alfombra,
mientras que, presintiendo tus hechizos,

		
naufraga la blancura de mis dedos
en la profunda y ondulante 
		sombra
del mar tempestuoso de tus rizos.
10.

Ensueño

Ensueño de opio


		Es otra 
		señorita de Maupin. Es viciosa
y frágil como aquella imagen del 
		placer,
que en la elegancia rítmica de su sonora prosa
nos dibujó 
		la pluma de Theófilo Gautier.

		
Sus rojos labios sáficos, sensitivos y ambiguos,
a la par piden 
		besos de hombre y de mujer,
sintiendo las nostalgias de los faunos 
		antiguos
cuyos labios sabían alargar el placer.

		
Ama los goces sádicos. Se inyecta de morfina;
pincha a su gata 
		blanca. El éter la fascina,
y el opio le produce un ensueño oriental.

		
De súbito su cuerpo de amor vibra y se inflama
al ver, entre los 
		juncos, temblar como una llama
la lengua roja y móvil de algún tigre 
		real.
11.

Eres como una ola...

Eres como una ola
de sombra que me envuelve,
y espumeando de 
		amargura pasa,
y entre otras negras olas va a perderse...

		
¿Adónde vas?...
¿De dónde vienes?
¡Sólo sé que soy tuyo, que 
		me arrastras!...
¡Y cuando tú me dejes,
vendrá acaso otra ola,

		como tú ignota y como tú inconsciente,
y sin querer me arrastrará de 
		nuevo
gin saber dónde va ni dónde viene!...
12.

Junto al mar

Todo en silencio está. Bajo la parra
yace el lebrel por el calor 
		rendido.
Torna a la flor la abeja, el ave al nido,
y a dormir nos 
		invita la cigarra.

		
La madreselva que al balcón se agarra,
vierte como un suave olor 
		a olvido;
y a lo lejos escúchase el quejido
de una pena andaluza, 
		en la guitarra.

		
Del mar de espigas en las áureas olas
fingen las encendidas 
		amapolas
corazones de llamas rodeados...

		
¡Y el sudor, con sus gotas crepitantes,
ciñe a tus bucles, como 
		el sol dorados,
una regia corona de diamantes!
13.

La sabia mano a cuyo tacto ardiente...

La sabia 
		mano a cuyo tacto ardiente
vibra la carne como un instrumento,

		prolongó la agonía del momento
en una languidez intermitente...

		
¡Oh, el cálido contacto de tu frente!
¡Oh, tu dorso desnudo y 
		opulento
echado sobre mí, como un sediento
sobre la superficie de 
		una fuente!

		
Mis besos perfumaron el vacío
de un húmedo y mortal escalofrío...

		¡Y bajo tu melena estremecida

		
en un áureo manojo de serpientes,
sentí sangrar y sucumbir mi 
		vida,
entre el canibalismo de tus dientes!
14.

La sombra

¡Remansos del crepúsculo! Lejanos
amores de una copla campesina...

		De los cielos desciende una divina
paz, sobre el sueño de los verdes 
		llanos.

		
Vuelven a perfumar los sueños vanos,
y yo no sé qué angustia nos 
		domina,
que se cierran los ojos, y se inclina
la frente, 
		pensativa, entre las manos.

		
Por el azul magnífico del cielo,
sobre la frente que el dolor 
		abrasa
y en las manos se apoya dolorida,

		
tiembla la sombra rápida de un vuelo...
-¡Esa sombra, mortal, que 
		rauda pasa,
es la fugaz imagen de tu vida!
15.

La

sombra de Beatriz


		El crepúsculo está lleno de aromas,
de campanas de plata y de 
		cantares...
Zumban abejas en los azahares.
Baja un temblor de 
		esquilas por las lomas.

		
El aire sabe a miel de abiertas pomas,
y al tornar a sus blancos 
		palomares
proyectan en los verdes olivares
sus sombras fugitivas 
		las palomas.

		
Yo sueño con tu amor... Una infinita
dulzura sube del florido 
		huerto...
¿Por qué el ensueño de una margarita,

		
hoja tras hoja mi saudade arranca,
si en la penumbra del balcón 
		abierto
falta esta tarde tu silueta blanca?
16.

Las lágrimas sonoras de una copla...

Las 
		lágrimas sonoras de una copla
con el perfume de la noche entran

		por mi balcón, y todo cuanto duerme
en mi callado corazón despierta.

		
«¡Amor, amor, amor! Sangre de celos»,
gime la triste copla 
		callejera:
blanca paloma herida que sangrando
a refugiarse a mis 
		recuerdos llega.

		
¿Ya no recuerdas aquel rostro pálido,
las pupilas tan grandes y 
		tan negras
que te hicieron odiar al amor mismo
y maldecir la vida 
		y la belleza,
y amar el crimen y gustar la sangre
que tibia mana 
		de la herida fresca?

		
Duerme ya, corazón... Se va la música
aullando de pasión por la 
		calleja.

		
Y en la paz de la noche sólo late
el tiempo en el reloj que, 
		lento, cuenta
las venturas perdidas para siempre
y los dolores que 
		sufrir te quedan.

		
«¡Amor, amor, amor'. ¡Que nadie bese
lo que ni en sueños mi 
		esperanza besa!
¡Antes que en brazos de otro amor, prefiero
entre 
		mis brazos contemplarte muerta!
17.

Lo que pasa

¡Felicidad!... ¡Felicidad!... Dulzura
del labio y paz del alma... Te 
		he buscado
sin tregua, eternamente, en la hermosura,
en el amor y 
		el arte...  ¡Y no te he halladoI

		
En vano, el alma, sin cesar te nombra...
¡Oh luz lejana, y por 
		lejana, bellaI...
¡Jamás la mano alcanzará la estrellaI...

		¿Pasaste sobre mí, como una sombra?

		
¿En brazos de qué amor has sido mía?..
¿No he besado tus labios 
		todavía?...
¿Los besaré, Señor?... Sobre mi oído

		
murmura alguna voz, remota y triste :
-Pasó por tu jardín... y no 
		la viste...
¡y ya, sin conocerla, la has perdidoI
18.

Mi vida es el silencio de una espera...

Mi vida es el silencio de una espera...
Se escapa de mis ojos la 
		mirada,
ansiando contemplar la sombra amada
que en otros tiempos a 
		mi lado viera.

		
La mano palpa, cual si presintiera
negrear en la atmósfera 
		callada
la seda tibia de su destrenzada,
profusa y olorosa 
		cabellera.

		
Mi oído de impaciencia se estremece,
un olor a algo suyo el 
		viento exhala...
-¿Estás ya aquí? -le digo, y me parece

		
que «Aquí estoy», dulcemente, me contesta
aquella voz que pasa 
		como un ala
rozando fugitiva la floresta.
19.

Nocturno de plata

Cruzas por mis recuerdos como un rayo de luna
que lo ilumina todo de 
		una blanca poesía...
El ruiseñor cantaba su amor. Colgaba una
fina 
		escala de seda desde tu celosía.

		
Era la noche un río cristalino y sonoro,
que arrastraba en sus 
		ondas, hacia la Eternidad,
nuestro amor como una carabela de oro,

		palpitantes las velas bajo la tempestad.

		
Entre un deshojamiento de románticas rosas
de luz, juntos 
		surcamos Venecias fabulosas,
en un olvido eterno de todo... Tu laúd

		
desgranaba en la noche su inmortal serenata...
¡Y al pie de la 
		marmórea y altiva escalinata
nos esperaba el paje de nuestra 
		Juventud!
20.

Ofelia

Turbia de 
		sombra, el agua del remanso
reflejó nuestras trémulas imágenes,

		extáticas de amor, bajo el crepúsculo,
en la enferma esmeralda del 
		paisaje...


		Era el 
		frágil olvido de las flores
en el azul silencio de la tarde,
un 
		desfile de inquietas golondrinas
sobre pálidos cielos otoñales...


		En un beso 
		muy largo y muy profundo
nos bebimos las lágrimas del aire,
y 
		fueron nuestras vidas como un sueño
y los minutos como eternidades...


		Al 
		despertar del éxtasis, había
una paz funeraria en el paisaje,

		estertores de fiebre en nuestras manos
y en nuestras bocas un sabor 
		de sangre...


		Y en el 
		remanso turbio de tristeza
flotaba la dulzura de la tarde,

		enredada y sangrante entre los juncos,
con la inconsciencia inmóvil 
		de un cadáver.

Versos y pensamientos de Francisco Villaespesa

4 citas
« Cuatro muros de cal, libros, y una / ventana al campo, y en la lejanía »
Francisco Villaespesa · A la fortuna
« quedo, muy quedo, / a las puertas de la casa. »
Francisco Villaespesa · Balada
« Al saber la verdad de tu perjurio / loco de celos, penetré en tu »
Francisco Villaespesa · Celos
« ¡Qué suavidad, qué suavidad de raso, / qué acariciar de plumas en el »
Francisco Villaespesa · Convalecencia
Biblioteca poética

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