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Francisco Pino · Advertencia
Biografía y amplia selección de poemas de Francisco Pino. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Francisco Pino. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
En silencio
como el río,
en silencio,
largamente
como el chopo,
largamente,
por tu amigo
el enemigo,
por tu amigo
vas a llorar
te lo digo
en silencio,
lar
ga
mente.
De "Versos para distraerme" 1982
Así, prendido de la espesa rama como a nuevo Absalón me viste atado. Oh espesa rama que me tiene alzado a un viento vivo que ternuras brama. Oh viento! ¡Oh toro! ¡Oh llanto! ¡Oh luna! ¡Oh llama! que a mi cuerpo con saña has castigado; ya como vaso, de dolor sobrado, mi corazón sangrando se derrama. ¿De qué torturas dulces eres río, árbol crecido en tierras de desvío, cielo con ramas de sutil locura? Espero muerte viva, fuego frío, de tu lanza de fino desvarío; clavado corazón: dicha insegura.
Solitario campo. Me encuentro conmigo. Soy mi descampado. Solitario cielo. Me encuentro conmigo. Soy mi desanhelo. Solitario alud. Me encuentro conmigo. Soy mi multitud. De "Versos para distraerme" 1982
El pañuelo; te hallabas en un fondo donde el trajín y un ruido de bielas y corales, delfines, algas y azucenas, acacias, te incorporaban para... No, adiós no le decías a nada; tu pañuelo dormido reposaba en tus antaños, sin futuro en su entraña. Oías los murmullos, los silencios, los grandes estruendos, explosiones, tú, pero tu pañuelo que dormía seguía sin decir adiós a nada. Oyendo en la penumbra los corales, oyendo en la penumbra las bielas, oyendo en la penumbra las penumbras, oyendo en la penumbra las acacias, tu pañuelo, un Edipo, un dios y un asa en el ayer te anclaba, tan quietísimo. ¡Ay!, con qué adiós de mármol en su lienzo. De "Claro decir" 2002
Aquí cesa el clamor; ya nada canta. Aquí el silencio su contorno imprime. Sólo el pecho, nevado y tan sublime, de pie puede servir a la garganta. Ya, como con las albas, se levanta, o, como con las tardes, se deprime; su femenino día nos encanta; con su esplendor de oscuridad redime. El ritmo de lo humano él lo condensa, cofre es de aquello que la mente piensa, donde la eternidad se guarda breve. Si el corazón se ofrece en esa altura, respire en esa cima la ternura, mitíguese mi ardor sobre esa nieve.
soneto es tan ágil como un brinco... El soneto es tan ágil como un brinco; brinco de corazón o catarata despeñada en un tiempo que delata el deseo del curso hacia un ahínco de no ser y de estar. En él afinco, en vuelo, la ilusión más inmediata, y así, en el mismo olvido, me retrata desvanecido allí donde me hinco. Alma de espuma y cuerpo de suspiro, tomar pretende en mármol el respiro como lo quiere el río en ese salto blanquísimo, sonoro, ardiente y frío... Mas sólo en el pasar mantiene el brío y habrá de ser su piedra el sobresalto.
El soneto es tan ágil como un brinco, nadadora de noches perfumadas; aquí, tu voz, tu risa, tus miradas, esta rama de amor tejen espesa. Desde el pálido gris a la frambuesa, del cálido tabaco hojas doradas, todas tus sombras rinden concentradas aguas de una corriente que no cesa. Oh lento surtidor que sombras mana, tranquilas formas de figura humana, en líquidos topacios ya resuelto. Esta tu oscura piel de alga morena cambia la espesa rama en fuerte vena, y en yodo creces: surtidor esbelto.
María, a nuestro lado, ¿qué rugía? Luz de octubre encendía la mañana. Mas luz de primavera en ti dormía, y luz en mí, de primavera humana. El Parque del Oeste en guerra ardía. ¿Qué importaba la muerte en tu ventana? Amor era el fusil que pretendía quitarnos vida con la más lozana. ¿Quién en la primavera, di, se muere? ¿Quién bajo de esta luz se moriría? La muerte no era nada dentro y fuera. Decías: Moriré por quien me quiere. y yo: Por quien me quiere, repetía. No hay muerte -ni aun muriendo- en primavera.
tierra No me busques en los montes por altos que sean, ni me busques en el mar por grande que te parezca. Búscame aquí, en esta tierra llana, con puente y pinar, con almena y agua lenta, donde se escucha volar aunque el sonido se pierda...
Esta vejez reposa sobre un aire de luna. mónde huyeron los soles? Apenas si se ve, andas, ¿tropezarás? Bien abiertos los ojos. Esta vejez mil cimas, subes, no llegas nunca. Subir, ramo de rosas. Esta vejez, mil simas, bajas, ni te aproximas. Bajar, un crisantemo. Cimas, abismos llaman. Quieres abrirles, mas nunca encuentras las llaves. Vejez, el detenerse en el volar: vilano. Que no le soplen nunca. De "Claro decir" 2002
luz ¿Qué importa cuanto no es azul o rosa, pequeño violeta o rojo suave? ¡Ay, lo que pasará, tal vuelo de ave, conmueve la mirada más ansiosa; lo que no volverá!... Tan nimia cosa como el rubor de un rostro, que se sabe que se habrá de olvidar, con la más grave emoción sella el alma. ¡Oh generosa luz del olvido y de la muerte: sombra que da el volumen lírico a la vida, nimiedad por la que el vivir asombra! Di, en lo que ya no volverá ¿no anida el porvenir más grato? ¿No se nombra con lo que muere toda nuestra vida?
cintura Cicatriz de los hálitos; censura como trémulo párpado; un rocío del insomnio esculpido, tu cintura de diminutas flores albedrío. Es, tu cintura, tálamo de un río exhausto en un suspiro sin holgura -un gorjeo, una lágrima y un brío- de minúsculos besos mordedura. Su corriente me arrastra arrolladora, nardo angustiado de sedosidades, donde el pistilo es sol, dedal la aurora. Son huellas de jilguero sus edades y en un copo de nieve arde su flora compuesta de rubor de eternidades.
cejas ¿Quién ha escrito en tu frente esas leales frases tan misteriosas, tan oscuras? Fronteras para el nácar, nervaduras de ónice en unos cielos aurorales. ¿Qué dicen, qué dirán esas geniales de dos noches curvadas miniaturas? Palabras bien trazadas, bien seguras como dos de azabache arcos triunfales. ¿Firmas son o son sombras o son rejas? Sólo sé que un dios niño entre esas cejas se debate en prisión, ¡rejas morunas! ¿Qué firman? ¿Qué sombrean? ¿Qué aprisionan? iQué importa! ¡Para el cielo que coronan, blanco y verde, ellas son dos negras lunas!
¿Habrá algo más hermoso que quedarse sin huellas? Sólo el pájaro sabe de esta gracia y el horizonte aquel que de la luz se arranca sin dolor, con un leve marcharse ajeno al tiempo, al calendario triste que siempre deja huella. Andar, andar, andar esperando que un día la tierra no nos sienta; querer la lejanía donde el hombre se evade de los ojos. ¿Así será la muerte? Si es así será dulce. Diluirse en el aire, ser el después sin rastro de una nube. Y andando seguir y ver la tierra, al fin sin nuestras huellas, con nuestros propios ojos. De "Cuaderno salvaje" 1983
¿Dónde está la voz del aire? Tú la escuchas. Es silencio. Sus palabras son las nubes, la luz y el viento sus verbos.
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