Poesía Universal

Francisco Pino

Biografía y amplia selección de poemas de Francisco Pino. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

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Biografía y amplia selección de poemas de Francisco Pino. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

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Lírica y Versos

Poemas de Francisco Pino

15 poemas seleccionados
1.

Advertencia

En silencio 
como el río, 
		
en silencio, 

largamente
como el chopo,
largamente,

		
por tu amigo
el enemigo,
por tu amigo

vas a llorar

		te lo digo
en silencio,
lar
         
		ga
                  
		mente.

De "Versos para distraerme" 1982
2.

Así, prendido de la espesa rama...

Así, prendido de la espesa rama
como a nuevo Absalón me viste atado.

		Oh espesa rama que me tiene alzado
a un viento vivo que ternuras 
		brama.

		
Oh viento! ¡Oh toro! ¡Oh llanto! ¡Oh luna! ¡Oh llama!
que a mi 
		cuerpo con saña has castigado;
ya como vaso, de dolor sobrado, 
		
mi corazón sangrando se derrama.

¿De qué torturas dulces eres 
		río,
árbol crecido en tierras de desvío,
cielo con ramas de sutil 
		locura?

		
Espero muerte viva, fuego frío,
de tu lanza de fino desvarío;

		clavado corazón: dicha insegura.
3.

Ausencia

Solitario 
		campo.
Me encuentro conmigo.
Soy mi descampado.


		Solitario 
		cielo.
Me encuentro conmigo.
Soy mi desanhelo.


		Solitario 
		alud.
Me encuentro conmigo.
Soy mi multitud.


		De 
		"Versos para distraerme" 1982
4.

El pañuelo

El 
		pañuelo; te hallabas en un fondo
donde el trajín y un ruido de bielas

		y corales, delfines, algas y
azucenas, acacias, te incorporaban 
		para...

		
No, adiós no le decías
a nada; tu pañuelo
dormido reposaba en 
		tus antaños,
sin futuro en su entraña.

		
Oías los murmullos, los silencios,
los grandes estruendos, 
		explosiones,
tú, pero tu pañuelo que dormía
seguía sin decir adiós 
		a nada.

		
Oyendo en la penumbra los corales,
oyendo en la penumbra las 
		bielas,
oyendo en la penumbra las penumbras,
oyendo en la penumbra 
		las acacias,

		
tu pañuelo, un Edipo, un dios y un asa
en el ayer te anclaba,

		tan quietísimo.
¡Ay!, con qué adiós de mármol en su lienzo.


		De 
		"Claro decir" 2002
5.

El pecho

Aquí cesa el clamor; ya nada canta.
Aquí el silencio su contorno 
		imprime.
Sólo el pecho, nevado y tan sublime,
de pie puede servir 
		a la garganta.

		
Ya, como con las albas, se levanta,
o, como con las tardes, se 
		deprime;
su femenino día nos encanta;
con su esplendor de 
		oscuridad redime.

		
El ritmo de lo humano él lo condensa,
cofre es de aquello que la 
		mente piensa,
donde la eternidad se guarda breve.

		
Si el corazón se ofrece en esa altura,
respire en esa cima la 
		ternura,
mitíguese mi ardor sobre esa nieve.
6.

El

soneto es tan ágil como un brinco...


		El soneto es tan ágil como un brinco;
brinco de corazón o catarata

		despeñada en un tiempo que delata
el deseo del curso hacia un ahínco

		
de no ser y de estar. En él afinco,
en vuelo, la ilusión más 
		inmediata,
y así, en el mismo olvido, me retrata
desvanecido allí 
		donde me hinco.

		
Alma de espuma y cuerpo de suspiro,
tomar pretende en mármol el 
		respiro
como lo quiere el río en ese salto 
		

blanquísimo, sonoro, ardiente y frío...
Mas sólo en el pasar 
		mantiene el brío
y habrá de ser su piedra el sobresalto.
7.

El soneto es tan ágil como un brinco...

El soneto es tan ágil como un brinco,
nadadora de noches perfumadas;

		aquí, tu voz, tu risa, tus miradas,
esta rama de amor tejen espesa.

		
Desde el pálido gris a la frambuesa,
del cálido tabaco hojas 
		doradas,
todas tus sombras rinden concentradas
aguas de una 
		corriente que no cesa.

		
Oh lento surtidor que sombras mana,
tranquilas formas de figura 
		humana,
en líquidos topacios ya resuelto.

		
Esta tu oscura piel de alga morena
cambia la espesa rama en 
		fuerte vena,
y en yodo creces: surtidor esbelto.
8.

En otro octubre

María, a nuestro lado, ¿qué rugía?
Luz de octubre encendía la mañana.

		Mas luz de primavera en ti dormía,
y luz en mí, de primavera humana.

		
El Parque del Oeste en guerra ardía.
¿Qué importaba la muerte en 
		tu ventana?
Amor era el fusil que pretendía
quitarnos vida con la 
		más lozana.

		
¿Quién en la primavera, di, se muere?
¿Quién bajo de esta luz se 
		moriría?
La muerte no era nada dentro y fuera.

		
Decías: Moriré por quien me quiere.
y yo: Por quien me quiere, 
		repetía.
No hay muerte -ni aun muriendo- en primavera.
9.

Esta

tierra


		No me busques en los montes
por altos que sean,
ni me busques en 
		el mar
por grande que te parezca.
Búscame aquí, en esta tierra

		llana, con puente y pinar,
con almena y agua lenta,
donde se 
		escucha volar
aunque el sonido se pierda...
10.

Esta vejez reposa...

Esta vejez reposa
sobre un aire de luna.
mónde huyeron los soles?

		
Apenas si se ve,
andas, ¿tropezarás?
Bien abiertos los ojos.

		
Esta vejez mil cimas,
subes, no llegas nunca.
Subir, ramo de 
		rosas.

		
Esta vejez, mil simas,
bajas, ni te aproximas.
Bajar, un 
		crisantemo. 
		

Cimas, abismos llaman.
Quieres abrirles, mas
nunca 
		encuentras las llaves.

		
Vejez, el detenerse
en el volar: vilano.
Que no le soplen 
		nunca.


		De 
		"Claro decir" 2002
11.

Generosa

luz


		¿Qué importa cuanto no es azul o rosa,
pequeño violeta o rojo suave?

		¡Ay, lo que pasará, tal vuelo de ave,
conmueve la mirada más ansiosa;

		
lo que no volverá!... Tan nimia cosa
como el rubor de un rostro, 
		que se sabe
que se habrá de olvidar, con la más grave
emoción 
		sella el alma. ¡Oh generosa


		luz del 
		olvido y de la muerte: sombra
que da el volumen lírico a la vida,

		nimiedad por la que el vivir asombra!


		Di, en lo 
		que ya no volverá ¿no anida
el porvenir más grato? ¿No se nombra

		con lo que muere toda nuestra vida?
12.

La

cintura


		Cicatriz de los hálitos; censura
como trémulo párpado; un rocío

		del insomnio esculpido, tu cintura
de diminutas flores albedrío.

		
Es, tu cintura, tálamo de un río
exhausto en un suspiro sin 
		holgura
-un gorjeo, una lágrima y un brío-
de minúsculos besos 
		mordedura.

		
Su corriente me arrastra arrolladora,
nardo angustiado de 
		sedosidades,
donde el pistilo es sol, dedal la aurora.

		
Son huellas de jilguero sus edades
y en un copo de nieve arde su 
		flora
compuesta de rubor de eternidades.
13.

Las

cejas


		¿Quién ha escrito en tu frente esas leales
frases tan misteriosas, 
		tan oscuras?
Fronteras para el nácar, nervaduras
de ónice en unos 
		cielos aurorales.

		
¿Qué dicen, qué dirán esas geniales
de dos noches curvadas 
		miniaturas?
Palabras bien trazadas, bien seguras
como dos de 
		azabache arcos triunfales.

		
¿Firmas son o son sombras o son rejas?
Sólo sé que un dios niño 
		entre esas cejas
se debate en prisión, ¡rejas morunas!

		
¿Qué firman? ¿Qué sombrean? ¿Qué aprisionan?
iQué importa! ¡Para 
		el cielo que coronan,
blanco y verde, ellas son dos negras lunas!
14.

Las huellas

¿Habrá algo más hermoso que quedarse sin huellas?
Sólo el pájaro sabe 
		de esta gracia
y el horizonte aquel que de la luz se arranca
sin 
		dolor, con un leve marcharse ajeno al tiempo,

		
al calendario triste que siempre deja huella.
Andar, andar, andar 
		esperando que un día
la tierra no nos sienta; querer la lejanía

		donde el hombre se evade de los ojos.

		
¿Así será la muerte? Si es así será dulce.
Diluirse en el aire, 
		ser el después sin rastro
de una nube. Y andando seguir y ver la 
		tierra,
al fin sin nuestras huellas, con nuestros propios ojos.


		De 
		"Cuaderno salvaje" 1983
15.

Lenguaje

¿Dónde está la voz del aire?
Tú la escuchas. Es silencio.
Sus 
		palabras son las nubes,
la luz y el viento sus verbos.

Versos y pensamientos de Francisco Pino

4 citas
« mente. / De "Versos para distraerme" 1982 »
Francisco Pino · Advertencia
« Así, prendido de la espesa rama / como a nuevo Absalón me viste atado. »
Francisco Pino · Así, prendido de la espesa rama...
« Me encuentro conmigo. / Soy mi descampado. »
Francisco Pino · Ausencia
« El / pañuelo; te hallabas en un fondo »
Francisco Pino · El pañuelo
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