Poesía Universal

Francisco Hernández

Biografía y amplia selección de poemas de Francisco Hernández. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

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Biografía y amplia selección de poemas de Francisco Hernández. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

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Lírica y Versos

Poemas de Francisco Hernández

9 poemas seleccionados
1.

A estas palabras menudas...

-A estas palabras menudas se las va a llevar
la trampa, me 
		aseguras.
Y añades en voz baja:
-Ojo con el hoyo hirviente
de 
		las bellas bailarinas tramposas.
2.

Ahora, rojo es el lenguaje...

Ahora, rojo es el lenguaje,
rojo como mi lengua cuando pasa
sobre 
		la flor labiodental del flamboyán.
Ahora, tu cara es roja,
roja 
		como cuando se enfrenta
a la rubicundez arrugada de mi cara.

		Ahora, más que nunca,
rojo antojo de tus grandes ojos.

		
(Sobre una llave de agua, canta un gallo
blanco a punto de 
		enrojecer.)
3.

Desnuda eres como una calle...

Desnuda eres como una calle
subes, te abres, serpeas, te 
		angostas,
doblas, sigues mis pasos y desembocas.
4.

El

amor, rodeado 
		casi siempre por un antojo...


		El amor, rodeado casi 
		siempre por un antojo
de olvido, avanza resuelto hacia las trampas

		creadas para cazar osos con piel de leopardo
y serpientes con plumaje 
		de cóndor.

		
Y el amor sobrevive a las heridas y ruge,
voladora, la envidia de 
		los venenosos.
5.

En las trampas de los ojos...

En las trampas de los ojos
el paisaje y su escritura verde,
la 
		tierra y su amor calizo,
la luz y sus remolinos amarillos.

		
El tránsito hacia los escalofríos,
hacia el vestido recto de la 
		noche,
hacia el agua embriagante de la cercanía.

		
La plenitud de tu flor abierta
en el espejo, de tu cintura 
		encerrada entre mis manos,
de tus labios en el lugar común
de mi 
		nombre completo.
6.

Extraño tu sexo. Piso flores al caminar y extraño tu sexo...

Extraño tu sexo. Piso 
		flores rosadas al caminar y extraño
          
		tu sexo.
En mis labios tu sexo se abre como fruta viva, como voraz
          
		molusco agonizante.
Piso flores negras al caminar y recuerdo el olor 
		de tu sexo,
sus violentas marejadas de aroma, su coralina humedad

		entre los carnosos crepúsculos del estío.
Piso flores translúcidas 
		caídas de árboles sin corteza 
		
y extraño tu sexo ciñéndose a mi lengua.
7.

Fantasma

Amo las líneas nebulosas de tu cara,
tu voz que no recuerdo,
tu 
		racimo de aromas olvidados.
Amo tus pasos que a nadie te conducen

		y el sótano que pueblas con mi ausencia.
Amo entrañablemente tu carne 
		de fantasma.
8.

Gota

Una gota de anís
resbala por tus muslos
con la indiferencia 
		
de un barco que se aleja.
Suena el color dorado en las orillas 
		del ojo,
del mar del ojo, del mal de ojo.
Sueña una imagen color 
		naranja
con ser, eternamente,
una perseguidora quintaesencia.

		
Por eso, a las trampas del ojo
me encomiendo.
Y me inflamo, 
		por si llegan a tiempo
las pesadillas del cristalino.
9.

Habla Scardanelli

I
Cómo cantarte, Diótima, sin vino
y con el piano mudo que a señas 
		me congela.
Cómo describir, en su cadencia, tus lentas ceremonias

		si no puedo beberte de mi vaso,
si no te me atragantas rumorosa,

		si la botella rota no conserva tu ardor
ni los reflejos.
No hay 
		alcohol, amantísima Griega de voz noble,
comparable a tus claras 
		humedades:
las de tus ojos grandes y en destierro,
las de tus 
		frescas lágrimas fingidas,
las de tu vientre ajeno que humea bajo la 
		lluvia.
Cómo cantarte con la garganta seca,
cómo vivir si no puedo 
		beberte devorándote,
cómo sorber tus músculos tirantes
de alta 
		mujer bandera entre los hombres
si ya no estás emparedada en vidrio, 
		
si resulta imposible pulverizar tus huesos. 
Brilla perfecto el 
		sol de los nocturnos.
El veneno en silencio merodea.
La quietud 
		con sus fauces me rodea.


		 


		II
Cómo nombrarte, 
		Diótima, sin vino en la mar alta.
Se resecan los vocablos innobles,

		se agrieta la faringe bajo esta
sobriedad de hachazos, 
		
no soportan tus lóbulos carnosos
mis huecas oraciones caídas del 
		fermento. 
		
Qué soledad más triste la del sobrio.
De la luz amarilla se 
		desprende un tropel
de gnomos enyesados.
Abro la boca para que mis 
		gritos
se adornen con vómitos o maldiciones
y las encías supuran

		una dulce canción por la embriaguez perdida.
Cómo nombrarte, Diótima, 
		si no soy el ahogado
amanecido en el centro de tu calma.

Versos y pensamientos de Francisco Hernández

4 citas
« -A estas palabras menudas se las va a llevar / la trampa, me »
Francisco Hernández · A estas palabras menudas...
« Ahora, rojo es el lenguaje, / rojo como mi lengua cuando pasa »
Francisco Hernández · Ahora, rojo es el lenguaje...
« Desnuda eres como una calle / subes, te abres, serpeas, te »
Francisco Hernández · Desnuda eres como una calle...
« El amor, rodeado casi / siempre por un antojo »
Francisco Hernández · El
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