« Afecto privilegiado el del dolor. »
Francisco de Quevedo
Francisco de Quevedo (Madrid, 14 de septiembre de 1580– Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645) fue un escritor español del Siglo de Oro.
Poemas de Francisco de Quevedo
1.
A Aminta que se cubrió los ojos con
la mano...
A Aminta que se cubrió los ojos con la mano...
Lo que me quita en fuego, me da en nieve la mano que tus ojos me recata; y no es menos rigor con el que mata, ni menos llamas su blancura mueve. La vista frescos los incendios bebe, y volcán por las venas los dilata; con miedo atento a la blancura trata el pecho amante que la siente aleve. Si de tus ojos el ardor tirano le pasas por tu mano por templarle, es gran piedad del corazón humano; mas no de ti que puede al ocultarle, pues es de nieve derretir tu mano, si ya tu mano no pretende helarle.
2.
A Aminta que teniendo un clavel en
la boca...
A Aminta que teniendo un clavel en la boca...
Bastábale al clavel verse vencido del labio en que se vio, cuando esforzado con su propia vergüenza, lo encarnado a tu rubí se vio más parecido, sin que en tu boca hermosa dividido fuese de blancas perlas granizado, pues tu enojo, con él equivocado, el labio por clavel dejó mordido; si no cuidado de la sangre fuese, para que, presumir a tiria grana, de tu púrpura líquida aprendiese. Sangre vertió tu boca soberana porque roja victoria amaneciese llanto al clavel y risa a la mañana.
3.
A Flori, que tenía unos claveles entre el cabello rubio
A Flori, que tenía unos claveles entre el cabello rubio
Al oro de tu frente unos claveles veo matizar, cruentos, con heridas; ellos mueren de amor, y a nuestras vidas sus amenazas les avisan fieles. Rúbricas son piadosas y crueles, joyas facinorosas y advertidas, pues publicando muertes florecidas, ensangrientan al sol rizos doseles. Mas con tus labios quedan vergonzosos (que no compiten flores a rubíes) y pálidos después, de temerosos. Y cuando con relámpagos te ríes, de púrpura, cobardes, si ambiciosos, marchitan sus blasones carmesíes.
4.
A una adúltera
A una adúltera
Sólo en ti, Lesbia, vemos que ha perdido el adulterio la vergüenza al cielo, pues que tan claramente y tan sin velo has los hidalgos huesos ofendido. Por Dios, por ti, por mí, por tu marido, que no sepa tu infamia todo el suelo: cierra la puerta, vive con recelo, que el pecado nació para escondido. No digo yo que dejes tus amigos, mas digo que no es bien que sean notados de los pocos que son tus enemigos. Mira que tus vecinos afrentados, dicen que te deleitan los testigos de tus pecados más que tus pecados.
5.
A
A
una nariz Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un pez espada muy barbado. Era un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa, érase un elefante boca arriba, era Ovidio Nasón más narizado Érase un espolón de una galera, Érase una pirámide de Egipto; las doce tribus de narices era. Érase un naricísimo infinito, muchísimo nariz, nariz tan fiera, que en la cara de Anás fuera delito.
6.
¡ah
¡ah
¡Ah de la vida!" ... ¿Nadie me responde? ¡Ah de la vida!" ... ¿Nadie me responde? ¡Aquí de los antaños que he vivido! La Fortuna mis tiempos ha mordido; las Horas mi locura las esconde. ¡Que sin poder saber cómo ni adónde, la salud y la edad se hayan huido! Falta la vida, asiste lo vivido, y no hay calamidad que no me ronde. Ayer se fue; mañana no ha llegado; hoy se está yendo sin parar un punto; soy un fue, y un será y un es cansado. En el hoy y mañana y ayer, junto pañales y mortaja, y he quedado presentes sucesiones de difunto.
7.
Amante agradecido a las lisonjas mentirosas de un sueño
Amante agradecido a las lisonjas mentirosas de un sueño
¡Ay, Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo? Sí, pues que sueño fue: que te gozaba. ¿Y quién, sino un amante que soñaba, juntara tanto infierno a tanto cielo? Mis llamas con tu nieve y con tu yelo, cual suele opuestas flechas de su aljaba, mezclaba Amor, y honesto las mezclaba, como mi adoración en su desvelo. Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte, que nunca duerma yo, si estoy despierto, y que si duermo, que jamás despierte.» Mas desperté del dulce desconcierto; y vi que estuve vivo con la muerte, y vi que con la vida estaba muerto.
8.
Amante sin reposo
Amante sin reposo
Está el ave en el aire con sosiego, en la agua el pez, la salamandra en fuego, y el hombre, en cuyo ser todo se encierra, está en la sola tierra. Yo solo, que nací para tormentos, la boca tengo en aire suspirando, el cuerpo en tierra está peregrinando, los ojos tengo en agua noche y día, y en fuego el corazón y el alma mía.
9.
Amor constante más allá de la
muerte...
Amor constante más allá de la muerte...
Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día, y podrá desatar esta alma mía hora a su afán ansioso lisonjera; mas no de esotra parte en la ribera dejará la memoria en donde ardía: nadar sabe mi llama la agua fría, y perder el respeto a ley severa. Alma a quien todo un dios prisión ha sido, venas que humor a tanto fuego han dado, medulas, que han gloriosamente ardido, su cuerpo dejarán, no su cuidado; serán cenizas, mas tendrán sentido; polvo serán, mas polvo enamorado.
10.
Amor impreso en el alma...
Amor impreso en el alma...
Si hija de mi amor mi muerte fuese, ¡qué parto tan dichoso que sería el de mi amor contra la vida mía! ¡Qué gloria que el morir de amar naciese! Llevara yo en el alma, adonde fuese, el fuego en que me abraso, y guardaría su llama fiel con la ceniza fría, en el mismo sepulcro en que muriese. De esotra parte de la muerte dura, vivirán en mi sombra mis cuidados, y más allá del Lethe mi memoria. Triunfará del olvido tu hermosura; mi pura fe y ardiente, de los hados, y el no ser por amar, será mi gloria...
11.
Calvo que no quiere encabellarse
Calvo que no quiere encabellarse
Pelo fue aquí, en donde calavero; calva no sólo limpia, sino hidalga; háseme vuelto la cabeza nalga: antes greguescos pide que sombrero. Si, cual Calvino soy, fuera Lutero, 5 contra el fuego no hay cosa que me valga; ni vejiga o melón que tanto salga el mes de agosto puesta al resistero. Quiérenme convertir a cabelleras los que en Madrid se rascan pelo ajeno, 10 repelando las otras calaveras. Guedeja réquiem siempre la condeno; gasten caparazones sus molleras: mi comezón resbale en calvatrueno.
12.
Comunicación de amor invisible por
los ojos
Comunicación de amor invisible por los ojos
Si mis párpados, Lisi, labios fueran, besos fueran los rayos visüales de mis ojos, que al sol miran caudales águilas, y besaran más que vieran. Tus bellezas, hidrópicos, bebieran, y cristales, sedientos de cristales; de luces y de incendios celestiales, alimentando su morir, vivieran. De invisible comercio mantenidos, y desnudos de cuerpo, los favores, gozaran mis potencias y sentidos; mudos se requebraran los ardores; pudieran, apartados, verse unidos, y en público, secretos, los amores.
13.
Contraposiciones y tormentos de su
amor
Contraposiciones y tormentos de su amor
Osar, temer, amar y aborrecerse, alegre con la gloria, atormentarse; de olvidar los trabajos olvidarse, entre llamas arder sin encenderse; con soledad entre las gentes verse y de la soledad acompañarse; morir continuamente, no acabarse, perderse por hallar con qué perderse; ser Fúcar de esperanzas sin ventura, gastar todo el caudal en sufrimiento, con cera conquistar la piedra dura, son efectos de amor en mis tormentos; nadie le llame dios, que es gran locura, que más son de verdugo sus tormentos.
14.
De cierta dama que a un balcón estaba...
De cierta dama que a un balcón estaba...
De cierta dama que a un balcón estaba pudo la media y zapatillo estrecho poner el lacio espárrago a provecho de un tosco labrador que la acechaba. Y ella, cuando advirtió que la miraba, la causa preguntó del tal acecho; el labrador la descubrió su pecho, diciendo lo que vía y contemplaba. Mas ella, con alzar el sobrecejo, le dijo con melindre: -«Aquesto, hermano, no es más de ver y desear la fruta». El labrador, sacando el aparejo, le respondió, tomándolo en la mano: -«¡Pues ver y desear, señora puta!».
15.
Efinición
de amor
Efinición de amor
Definición de amor ¿Rogarla? ¿Desdeñarme? ¿Amarla? ¿Seguirla? ¿Defenderse? ¿Asirla? ¿Airarse? ¿Querer y no querer? ¿Dejar tocarse ya persuasiones mil mostrarse firme? ¿Tenerla bien? ¿Probar a desasirse? ¿Luchar entre sus brazos y enojarse? ¿Besarla a su pesar y ella agraviarse? ¿Probar, y no poder, a despedirme? ¿Decirme agravios? ¿Reprenderme el gusto? ¿Y en fin, a beaterías de mi prisa, dejar el ceño? ¿No mostrar disgusto? ¿Consentir que la aparte la camisa? ¿Hallarlo limpio y encajarlo justo? Esto es amor y lo demás es risa.
16.
Definiendo el amor
Definiendo el amor
Es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente, es un soñado bien, un mal presente, es un breve descanso muy cansado. Es un descuido que nos da cuidado, un cobarde con nombre de valiente, un andar solitario entre la gente, un amar solamente ser amado. Es una libertad encarcelada, que dura hasta el postrero parasismo, enfermedad que crece si es curada. Éste es el niño Amor, éste es tu abismo: mirad cuál amistad tendrá con nada el que en todo es contrario de sí mismo.
17.
Dice que el sol templa la nieve...
Dice que el sol templa la nieve...
Miro este monte que envejece enero, y cana miro caducar con nieve su cumbre, que aterido, oscuro y breve, la mira el sol, que la pintó primero. Veo que en muchas partes, lisonjero, o regal sus hielos o los bebe; que agradecido a su piedad se mueve el músico cristal, libre y parlero. Mas en los Alpes de tu pecho airado no miro que tus ojos a los míos regalen, siendo fuego, el hielo amado. Mi propia llama multiplica fríos y en mis cenizas mesmas ardo helado, invidiando la dicha de estos ríos.
18.
El
El
sueño ¿Con qué culpa tan grave, sueño blando y süave, pude en largo destierro merecerte, que se aparte de mí tu olvido manso? Pues no te busco yo por ser descanso sino por muda imagen de la muerte. Cuidados veladores hacen inobedientes mis dos ojos a la ley de las horas: no han podido vencer a mis dolores 10 las noches, ni dar paz a mis enojos. Madrugan más en mí que en las auroras lágrimas a este llano, que amanece a mi mal siempre temprano; y tanto, que persuade la tristeza a mis dos ojos, que nacieron antes para llorar, que para verse sueño. De sosiego los tienes ignorantes, de tal manera, que al morir el día con luz enferma vi que permitía el sol que le mirasen en Poniente. Con pies torpes al punto, ciega y fría, cayó de las estrellas blandamente la noche, tras las pardas sombras mudas, que el sueño persuadieron a la gente. Escondieron las galas a los prados, estas laderas y sus peñas solas; duermen ya entre sus montes recostados los mares y las olas. Si con algún acento ofenden las orejas, es que entre sueños dan al cielo quejas del yerto lecho y duro acogimiento, que blandos hallan en los cerros duros. Los arroyuelos puros se adormecen al son del llanto mío, y a su modo también se duerme el río. Con sosiego agradable se dejan poseer de ti las flores; mudos están los males, no hay cuidado que hable, faltan lenguas y voz a los dolores, y en todos los mortales yace la vida envuelta en alto olvido. Tan sólo mi gemido pierde el respeto a tu silencio santo: yo tu quietud molesto con mi llanto, y te desacredito el nombre de callado, con mi grito. Dame, cortés mancebo, algún reposo: no seas digno del nombre de avariento, en el más desdichado y firme amante, que lo merece ser por dueño hermoso. Débate alguna pausa mi tormento; gózante en las cabañas, y debajo del cielo los ásperos villanos: hállate en el rigor de los pantanos, y encuéntrate en las nieves y en el hielo el soldado valiente, y yo no puedo hallarte, aunque lo intenté, entre mi pensamiento y mi deseo. Ya, pues, con dolor creo que eres más riguroso que la tierra, más duro que la roca, pues te alcanza el soldado envuelto en guerra; y en ella mi alma por jamás te toca. Mira que es gran rigor: dame siquiera lo que de ti desprecia tanto avaro, por el oro en que alegre considera, hasta que da la vuelta el tiempo claro. Lo que había de dormir en blando lecho, y da el enamorado a su señora, y a ti se te debía de derecho; dame lo que desprecia de ti agora por robar el ladrón; lo que desecha el que envidiosos celos tuvo y llora. Quede en parte mi queja satisfecha, tócame con el cuento de tu vara, oirán siquiera el ruido de tus plumas mis desventuras sumas; que yo no quiero verte cara a cara, ni que hagas más caso de mí, que hasta pasar por mí de paso; o que a tu sombra negra por lo menos, si fueres a otra parte peregrino, se le haga camino por estos ojos de sosiego ajenos. Quítame, blando sueño, este desvelo, o de él alguna parte, y te prometo, mientras viere el cielo, de desvelarme sólo en celebrarte.
19.
En
En
lo penoso de estar enamorado ¡Qué verdadero dolor, y qué apurado sufrir! ¡Qué mentiroso vivir! ¡Qué puro morir de amor! ¡Qué cuidados a millares! ¡Qué encuentros de pareceres! ¡Qué limitados placeres, y qué colmados pesares! ¡Que amor y qué desamor! ¡Qué ofensas, qué resistir! ¡Qué mentiroso vivir, qué puro morir de amor! ¡Qué admitidos devaneos! ¡Qué amados desabrimientos! ¡Qué atrevidos pensamientos y qué cobardes deseos! ¡Qué adorado disfavor! ¡Qué enmudecido sufrir! ¡Qué mentiroso vivir! ¡Qué puro morir de amor! ¡Qué negociados engaños y qué forzosos tormentos! ¡Qué aborrecidos alientos y qué apetecidos daños! ¡Y qué esfuerzo y qué temor! ¡Qué no ver, qué prevenir! ¡Qué mentiroso vivir! ¡Qué puro morir de amor! ¡Qué enredos, ansias, asaltos, y qué conformes contrarios! ¡Qué cuerdos, qué temerarios! ¡Qué vida de sobresaltos! Y que no hay muerte mayor que el tenerla y no morir. ¡Qué mentiroso vivir! ¡Qué puro morir de amor!
20.
Estaba una fregona por enero...
Estaba una fregona por enero...
Estaba una fregona por enero metida hasta los muslos en el río, lavando paños, con tal aire y brío, que mil necios traía al retortero. Un cierto Conde, alegre y placentero, le preguntó con gracia: «¿Tenéis frío?» respondió la fregona: «Señor mío, siempre llevo conmigo yo un brasero.» El Conde, que era astuto, y supo dónde, le dijo, haciendo rueda como pavo, que le encendiese un cirio que traía. Y dijo entonces la fregona al Conde, alzándose las faldas hasta el rabo: «Pues sople este tizón vueseñoría.»
21.
Exhorta a los que amaren...
Exhorta a los que amaren...
Cargado voy de mí; veo delante muerte que me amenaza la jornada; ir porfiando por la senda errada, más de necio será que de constante. Si por su mal me sigue ciego amante, que nunca es sola suerte desdichada, ¡ay!, vuelva en sí, y atrás; no dé pisada donde la dio tan ciego caminante. Ved cuán errado mi camino ha sido; cuán sólo y triste, y cuán desordenado, que nunca así le anduvo pie perdido; pues por no desandar lo caminado, viendo delante y cerca fin temido, con pasos que otros huyen, le he buscado.
Frases y pensamientos de Francisco de Quevedo
54 citas« Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y pierde la honra. »
« Bien sé a cuántos contradigo, y reconozco los que se han de armar contra mí; mas no fuera yo español si no buscara peligros, despreciándolos antes para vencerlos después. »
« Bien se puede perdonar a un hombre ser necio una hora, cuando hay tontos que no lo dejan de ser una hora en toda su vida. »
« Cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el porvenir sin conocerlo. »
« El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar que le llamen. »
« El amigo interesado mira a su amor propio; el verdadero, sólo al bien del amigo. »
« El árbol de la vida es la comunicación con los amigos; el fruto, el descanso y la confianza en ellos. »
« El insulto es la razón del que razón no tiene. »
« El que parece sabio entre los necios, parece necio entre los sabios. »
« El rico come, el pobre se alimenta. »
« Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja. »
« Es tan noble y tan ilustre la paz, que tiene por solar el cielo. »
« Haces lo que padeces y te imitas. »
« La longitud y la proximidad engañan a la vista. »
« La paciencia es virtud vencedora, y hace a los reyes poderosos y justos. La impaciencia es vicio del demonio, seminario de los más horribles y artífice de los tiranos. »
« La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber, y la mayor de la maldad es ni temer ni pagar. »
« Las mentiras del corazón comienzan desde la cara. »
« La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió. »
« Lo más seguro es no ponerse en peligro. »
« Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más. »
« Los ojos pequeños tienen niñas y lo grandes, mozas. »
« Más fácilmente se añade lo que falta que se quita lo que sobra. »
« Mejor vida es morir que vivir muerto. »
« Muchas veces se suelen perder los hombres por el camino mismo que pensaban remediarse. »
« Muchos son buenos si se da crédito a los testigos; pocos si se toma declaración a su conciencia. »
« Muchos son limpios de manos porque se lavan, no porque no roban. »
« Ninguno se fíe en una profesión sola, que ratón que no sabe más agujero presto es perdido. »
« No conviene mostrar la verdad desnuda, sino en camisa. »
« No es el filósofo el que sabe donde esta el tesoro, sino el que trabaja y lo saca. »
« No es menos ofensiva arma la caricia en las mujeres, que la espada en los hombres: de ésta se huye, y esotra se busca. »
« No hace la codicia que suceda lo que queremos, ni el temor que no suceda lo que recelamos. »
« No hay verdadero amor donde hay alguna sospecha. »
« Pocas veces quien recibe lo que no merece, agradece lo que recibe. »
« Pocos oyen murmurar de otro, que no les parezca poco lo que oyen y verdad lo que creen. »
« Que por callar a nadie se hizo proceso. »
« Quien no ama con sus cinco sentidos a una mujer hermosa, no estima a la naturaleza su mayor cuidado y su mayor obra. »
« Rey que con el favor diferencia en público uno de todos, para sí ocasiona desprecio, para el privado odio, y en todos envidia. »
« Ser tirano no es ser, es dejar de ser y hacer que dejen de ser todos. »
« Siempre se ha de conservar el temor mas jamás se deberá mostrar. »
« Siempre hay quien ponga malos nombres a la virtud, mas siempre son los que no merecen conocerla. »
« Solamente un dar me agrada, que es el dar en no dar nada. »
« Todos anhelamos llegar a viejos y todos negamos que hemos llegado. »
« Vive para ti solo, si pudieres; pues sólo para ti mueres, si mueres. »
« Ayer se fué, mañana no ha llegado,hoy se está yendo sin parar un punto;soy un fué, y un seré y un es cansado. »
« No hay contento en esta vidaque se pueda compararal contento que es cagar. »
« No he de callar, por más que con el dedo ya tocando la boca, ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?. »
« Madre, yo al oro me humilloél es mi amante y mi amado,pues de puro enamorado, de contino anda amarillo:que pues doblón, o sencillohace todo cuanto quieroPoderoso Caballeroes Don Dinero. »
« Pues amarga la verdad quiero echarla de la bocapues si a el alma su hiel tocaesconderla es necedad.Sépase, pues, libertadha engendrado en mi perezala Pobreza. »
« Si cuentas por mujer lo que componea la mujer, no acuestes a tu ladola mujer, sino el fardo que se pone. »
« Un nuevo corazón, un hombre nuevoha menester, señor, la ánima mía.¡Desnúdame de mí, que ser podríaque a tu piedad pagase lo que debo!. »
« Vive para ti solo, si pudieres;pues solo para tí, si muere, mueres. »
« Lo que hace hombre a Quevedo, su golpe viril, es el logro de su novela El Buscón. »
« Don Francisco en ygual pesoveras y burlas tratays,acertado aconsejays,y a Don Pablo hazeys trauiesso:Con la Tenaza confiesso,que sera Buscon de traçael llevarla no encabeçapara su conseruación,que fuera espurio Busconsi anduuiera sin Tenaza. »
« Afecto privilegiado el del dolor. »
« Apocarse es virtud, poder y humildad; dejarse apocar es vileza y delito. »
« Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y pierde la honra. »
« Bien acierta quien sospecha que siempre yerra. »
« Bien sé a cuántos contradigo, y reconozco los que se han de armar contra mí; mas no fuera yo español si no buscara peligros, despreciándolos antes para vencerlos después. »
« Bien se puede perdonar a un hombre ser necio una hora, cuando hay tontos que no lo dejan de ser una hora en toda su vida. »
« Cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el porvenir sin conocerlo. »
« Donde hay poca justicia es un peligro tener razón. »
« El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien. »
« El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar que le llamen. »
« El amigo interesado mira a su amor propio; el verdadero, sólo al bien del amigo. »
« El amor es fe y no ciencia. »
« El amor es la última filosofía de la tierra y del cielo. »
« El árbol de la vida es la comunicación con los amigos; el fruto, el descanso y la confianza en ellos. »
« El exceso es el veneno de la razón. »
« El insulto es la razón del que razón no tiene. »
« El mayor despeñadero, la confianza. »
« El ocio es la pérdida del salario. »
« El que parece sabio entre los necios, parece necio entre los sabios. »
« El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos. »
« El rico come, el pobre se alimenta. »
« El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor. »
« Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja. »
« Es tan noble y tan ilustre la paz, que tiene por solar el cielo. »
« Haces lo que padeces y te imitas. »
« Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga. »
« La guerra es de por vida en los hombres, porque es guerra la vida, y vivir y militar es una misma cosa. »
« La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política. »
« La longitud y la proximidad engañan a la vista. »
« La paciencia es virtud vencedora, y hace a los reyes poderosos y justos. La impaciencia es vicio del demonio, seminario de los más horribles y artífice de los tiranos. »
« La posesión de la salud es como la de la hacienda, que se goza gastándola, y si no se gasta no se goza. »
« La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber, y la mayor de la maldad es ni temer ni pagar. »
« Las mentiras del corazón comienzan desde la cara. »
« La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió. »
« Lo más seguro es no ponerse en peligro. »
« Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más. »
« Los ojos pequeños tienen niñas y lo grandes, mozas. »
« Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan. »
« Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla. »
« Más fácilmente se añade lo que falta que se quita lo que sobra. »
« Mejor vida es morir que vivir muerto. »
« Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez. »
« Muchas veces se suelen perder los hombres por el camino mismo que pensaban remediarse. »
« Muchos son buenos si se da crédito a los testigos; pocos si se toma declaración a su conciencia. »
« Muchos son limpios de manos porque se lavan, no porque no roban. »
« Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir. »
« Ningún vencido tiene justicia si lo ha de juzgar su vencedor. »
« Ninguno se fíe en una profesión sola, que ratón que no sabe más agujero presto es perdido. »
« No conviene mostrar la verdad desnuda, sino en camisa. »
« No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada. »
« No es el filósofo el que sabe donde esta el tesoro, sino el que trabaja y lo saca. »
« No es menos ofensiva arma la caricia en las mujeres, que la espada en los hombres: de ésta se huye, y esotra se busca. »
« No hace la codicia que suceda lo que queremos, ni el temor que no suceda lo que recelamos. »
« No hay verdadero amor donde hay alguna sospecha. »
« No es sabio el que sabe donde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca. »
« No se debe mostrar la verdad desnuda, sino en camisa. »
« No se ganan los hombres con favores sin obras. »
« Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres. »
« Pocas veces quien recibe lo que no merece, agradece lo que recibe. »
« Pocos oyen murmurar de otro, que no les parezca poco lo que oyen y verdad lo que creen. »
« Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad lo poco es mucho. »
« Que por callar a nadie se hizo proceso. »
« Quien no ama con sus cinco sentidos a una mujer hermosa, no estima a la naturaleza su mayor cuidado y su mayor obra. »
« Rey que con el favor diferencia en público uno de todos, para sí ocasiona desprecio, para el privado odio, y en todos envidia. »
« Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos. »
« Ser tirano no es ser, es dejar de ser y hacer que dejen de ser todos. »
« Siempre se ha de conservar el temor mas jamás se deberá mostrar. »
« Siempre hay quien ponga malos nombres a la virtud, mas siempre son los que no merecen conocerla. »
« Si haces bien para que te lo agradezcan, mercader eres, no bienhechor; codicioso, no caritativo. »
« Solamente un dar me agrada, que es el dar en no dar nada. »
« Sólo el que manda con amor es servido con fidelidad. »
« Todos anhelamos llegar a viejos y todos negamos que hemos llegado. »
« Vive para ti solo, si pudieres; pues sólo para ti mueres, si mueres. »
« Ayer se fué, mañana no ha llegado,hoy se está yendo sin parar un punto;soy un fué, y un seré y un es cansado. »
« No hay contento en esta vidaque se pueda compararal contento que es cagar. »
« No he de callar, por más que con el dedo ya tocando la boca, ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?. »
« Madre, yo al oro me humilloél es mi amante y mi amado,pues de puro enamorado, de contino anda amarillo:que pues doblón, o sencillohace todo cuanto quieroPoderoso Caballeroes Don Dinero. »
« Pues amarga la verdad quiero echarla de la bocapues si a el alma su hiel tocaesconderla es necedad.Sépase, pues, libertadha engendrado en mi perezala Pobreza. »
« Si cuentas por mujer lo que componea la mujer, no acuestes a tu ladola mujer, sino el fardo que se pone. »
« Un nuevo corazón, un hombre nuevoha menester, señor, la ánima mía.¡Desnúdame de mí, que ser podríaque a tu piedad pagase lo que debo!. »
« Vive para ti solo, si pudieres;pues solo para tí, si muere, mueres. »
« Lo que hace hombre a Quevedo, su golpe viril, es el logro de su novela El Buscón. »
« Don Francisco en ygual pesoveras y burlas tratays,acertado aconsejays,y a Don Pablo hazeys trauiesso:Con la Tenaza confiesso,que sera Buscon de traçael llevarla no encabeçapara su conseruación,que fuera espurio Busconsi anduuiera sin Tenaza. »
Poemas y obras destacadas
Antología de poemas inmortales
Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Francisco de Quevedo, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.
Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.
Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.
Algunos libros de poesía de Francisco de Quevedo:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: