Biografía

Vida

Francisco de Quevedo (Madrid, 14 de septiembre de 1580​– Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645) deslumbró por su portentosa voz lírica y su capacidad única para transformar las emociones más intensas en versos inolvidables. Su vida estuvo consagrada al arte de la palabra, explorando el misterio del amor, el destino y la belleza del mundo con enorme carisma.

Frente a las incertidumbres de su tiempo, defendió con valentía la libertad de creación y la autenticidad del sentimiento más puro. Su obra poética permanece como una joya imperecedera que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones por su frescura y hondura humana.

Poesia

Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo (Madrid, 14 de septiembre de 1580​– Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645) fue un escritor español del Siglo de Oro.

Lírica y Versos

Poemas de Francisco de Quevedo

21 poemas seleccionados
1.

A Aminta que se cubrió los ojos con la mano...

Lo que me quita 
		en fuego, me da en nieve 
la mano que tus ojos me recata; 
y no es 
		menos rigor con el que mata, 
		
ni menos llamas su blancura mueve. 


		La vista 
		frescos los incendios bebe, 
y volcán por las venas los dilata; 

		con miedo atento a la blancura trata 
		
el pecho amante que la siente aleve. 


		Si de tus ojos 
		el ardor tirano 
		
le pasas por tu mano por templarle, 
es gran piedad del corazón 
		humano; 
		


		mas no de ti 
		que puede al ocultarle, 
pues es de nieve derretir tu mano, 
si ya 
		tu mano no pretende helarle.
2.

A Aminta que teniendo un clavel en la boca...

Bastábale al 
		clavel verse vencido
del labio en que se vio, cuando esforzado
con 
		su propia vergüenza, lo encarnado
a tu rubí se vio más parecido,


		sin que en tu 
		boca hermosa dividido
fuese de blancas perlas granizado,
pues tu 
		enojo, con él equivocado,
el labio por clavel dejó mordido;


		si no cuidado 
		de la sangre fuese,
para que, presumir a tiria grana,
de tu 
		púrpura líquida aprendiese.


		Sangre vertió 
		tu boca soberana
porque roja victoria amaneciese
llanto al clavel 
		y risa a la mañana.
3.

A Flori, que tenía unos claveles entre el cabello rubio

Al oro de tu frente unos claveles
veo matizar, cruentos, con heridas;

		ellos mueren de amor, y a nuestras vidas
sus amenazas les avisan 
		fieles.

		
Rúbricas son piadosas y crueles,
joyas facinorosas y advertidas,

		pues publicando muertes florecidas,
ensangrientan al sol rizos 
		doseles.

		
Mas con tus labios quedan vergonzosos
(que no compiten flores a 
		rubíes) 
		
y pálidos después, de temerosos.

Y cuando con relámpagos te 
		ríes,
de púrpura, cobardes, si ambiciosos,
marchitan sus blasones 
		carmesíes.
4.

A una adúltera

Sólo en ti, 
		Lesbia, vemos que ha perdido 
el adulterio la vergüenza al cielo, 

		pues que tan claramente y tan sin velo 
		
has los hidalgos huesos ofendido. 


		Por Dios, por 
		ti, por mí, por tu marido, 
que no sepa tu infamia todo el suelo: 

		cierra la puerta, vive con recelo, 
		
que el pecado nació para escondido. 


		No digo yo que 
		dejes tus amigos, 
		
mas digo que no es bien que sean notados 
de los pocos que son 
		tus enemigos. 
		


		Mira que tus 
		vecinos afrentados, 
		
dicen que te deleitan los testigos 
de tus pecados más que tus 
		pecados.
5.

A

una nariz


		
		Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,

		érase una nariz sayón y escriba,
érase un pez espada muy barbado.

		
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,

		érase un elefante boca arriba, 
		
era Ovidio Nasón más narizado

Érase un espolón de una galera,

		Érase una pirámide de Egipto;
las doce tribus de narices era.

		
Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera,

		que en la cara de Anás fuera delito.
6.

¡ah

¡Ah de la vida!" ... ¿Nadie me responde?


		¡Ah de la 
		vida!" ... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!

		La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde. 
		


		¡Que sin poder 
		saber cómo ni adónde,
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la 
		vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde. 
		


		Ayer se fue; 
		mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un 
		fue, y un será y un es cansado. 
		


		En el hoy y 
		mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes 
		sucesiones de difunto.
7.

Amante agradecido a las lisonjas mentirosas de un sueño

¡Ay, Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te 
		gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto 
		infierno a tanto cielo?

		
Mis llamas con tu nieve y con tu yelo, 
cual suele opuestas 
		flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como 
		mi adoración en su desvelo.

		
Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si 
		estoy despierto, 
		
y que si duermo, que jamás despierte.»

Mas desperté del dulce 
		desconcierto;
y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la 
		vida estaba muerto.
8.

Amante sin reposo

Está el ave en 
		el aire con sosiego,
en la agua el pez, la salamandra en fuego,
y 
		el hombre, en cuyo ser todo se encierra,
está en la sola tierra.

		Yo solo, que nací para tormentos,
la boca tengo en aire suspirando,

		el cuerpo en tierra está peregrinando,
los ojos tengo en agua noche y 
		día,
y en fuego el corazón y el alma mía.
9.

Amor constante más allá de la muerte...

Cerrar podrá 
		mis ojos la postrera 
sombra que me llevare el blanco día, 
y 
		podrá desatar esta alma mía 
		
hora a su afán ansioso lisonjera; 


		mas no de 
		esotra parte en la ribera 
dejará la memoria en donde ardía: 

		nadar sabe mi llama la agua fría, 
		
y perder el respeto a ley severa. 


		Alma a quien 
		todo un dios prisión ha sido, 
venas que humor a tanto fuego han 
		dado, 
medulas, que han gloriosamente ardido, 
		


		su cuerpo 
		dejarán, no su cuidado; 
serán cenizas, mas tendrán sentido; 

		polvo serán, mas polvo enamorado.
10.

Amor impreso en el alma...

Si hija de mi 
		amor mi muerte fuese, 
¡qué parto tan dichoso que sería 
el de mi 
		amor contra la vida mía! 
		
¡Qué gloria que el morir de amar naciese! 


		Llevara yo en 
		el alma, adonde fuese, 
el fuego en que me abraso, y guardaría 
su 
		llama fiel con la ceniza fría, 
		
en el mismo sepulcro en que muriese. 


		De esotra parte 
		de la muerte dura, 
vivirán en mi sombra mis cuidados, 
y más allá 
		del Lethe mi memoria. 
		


		Triunfará del 
		olvido tu hermosura; 
mi pura fe y ardiente, de los hados, 
y el 
		no ser por amar, será mi gloria...
11.

Calvo que no quiere encabellarse

Pelo fue aquí, en donde calavero; 

		calva no sólo limpia, sino hidalga; 

		háseme vuelto la cabeza nalga: 

		antes greguescos pide que sombrero. 

		

		Si, cual Calvino soy, fuera Lutero, 5 

		contra el fuego no hay cosa que me valga; 

		ni vejiga o melón que tanto salga 

		el mes de agosto puesta al resistero. 

		

		Quiérenme convertir a cabelleras 

		los que en Madrid se rascan pelo ajeno, 10 

		repelando las otras calaveras. 

		

		Guedeja réquiem siempre la condeno; 

		gasten caparazones sus molleras: 

		mi comezón resbale en calvatrueno.
12.

Comunicación de amor invisible por los ojos

Si 
		mis párpados, Lisi, labios fueran,
besos fueran los rayos visüales

		de mis ojos, que al sol miran caudales
águilas, y besaran más que 
		vieran.

		
Tus bellezas, hidrópicos, bebieran, 
y cristales, sedientos de 
		cristales;
de luces y de incendios celestiales,
alimentando su 
		morir, vivieran.

		
De invisible comercio mantenidos,
y desnudos de cuerpo, los 
		favores, 
		
gozaran mis potencias y sentidos;

mudos se requebraran los 
		ardores;
pudieran, apartados, verse unidos,
y en público, 
		secretos, los amores.
13.

Contraposiciones y tormentos de su amor

Osar, temer, 
		amar y aborrecerse,
alegre con la gloria, atormentarse;
de olvidar 
		los trabajos olvidarse,
entre llamas arder sin encenderse;


		con soledad 
		entre las gentes verse
y de la soledad acompañarse;
morir 
		continuamente, no acabarse,
perderse por hallar con qué perderse;


		ser Fúcar de 
		esperanzas sin ventura,
gastar todo el caudal en sufrimiento,
con 
		cera conquistar la piedra dura,


		son efectos de 
		amor en mis tormentos;
nadie le llame dios, que es gran locura,

		que más son de verdugo sus tormentos.
14.

De cierta dama que a un balcón estaba...

De cierta dama que a un balcón estaba
pudo la media y 
		zapatillo estrecho
poner el lacio espárrago a provecho
de un tosco 
		labrador que la acechaba.

		
Y ella, cuando advirtió que la miraba,
la causa preguntó del tal 
		acecho;
el labrador la descubrió su pecho,
diciendo lo que vía y 
		contemplaba.

		
Mas ella, con alzar el sobrecejo,
le dijo con melindre: 
		-«Aquesto, hermano,
no es más de ver y desear la fruta».

		
El labrador, sacando el aparejo,
le respondió, tomándolo en la 
		mano:
-«¡Pues ver y desear, señora puta!».
15.

Efinición de amor

Definición 
		de amor


		
		¿Rogarla? ¿Desdeñarme? ¿Amarla?
¿Seguirla? ¿Defenderse? ¿Asirla? 
		¿Airarse?
¿Querer y no querer? ¿Dejar tocarse
ya persuasiones mil 
		mostrarse firme?

		
¿Tenerla bien? ¿Probar a desasirse?
¿Luchar entre sus brazos y 
		enojarse?
¿Besarla a su pesar y ella agraviarse?
¿Probar, y no 
		poder, a despedirme?

		
¿Decirme agravios? ¿Reprenderme el gusto?
¿Y en fin, a beaterías 
		de mi prisa,
dejar el ceño? ¿No mostrar disgusto?

		
¿Consentir que la aparte la camisa?
¿Hallarlo limpio y encajarlo 
		justo?
Esto es amor y lo demás es risa.
16.

Definiendo el amor

Es hielo 
		abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es 
		un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.


		Es un descuido 
		que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar 
		solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.


		Es una libertad 
		encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo,
enfermedad que 
		crece si es curada.


		Éste es el niño 
		Amor, éste es tu abismo:
mirad cuál amistad tendrá con nada
el que 
		en todo es contrario de sí mismo.
17.

Dice que el sol templa la nieve...

Miro este monte 
		que envejece enero,
y cana miro caducar con nieve
su cumbre, que 
		aterido, oscuro y breve,
la mira el sol, que la pintó primero.


		Veo que en 
		muchas partes, lisonjero,
o regal sus hielos o los bebe;
que 
		agradecido a su piedad se mueve
el músico cristal, libre y parlero.


		Mas en los 
		Alpes de tu pecho airado
no miro que tus ojos a los míos
regalen, 
		siendo fuego, el hielo amado.


		Mi propia llama 
		multiplica fríos
y en mis cenizas mesmas ardo helado,
invidiando 
		la dicha de estos ríos.
18.

El

sueño

		

		¿Con qué culpa tan grave, 

		sueño blando y süave, 

		pude en largo destierro merecerte, 

		que se aparte de mí tu olvido manso? 

		Pues no te busco yo por ser descanso 

		sino por muda imagen de la muerte. 

		

		Cuidados veladores 

		hacen inobedientes mis dos ojos 

		a la ley de las horas: 

		no han podido vencer a mis dolores 10 

		las noches, ni dar paz a mis enojos. 

		

		Madrugan más en mí que en las auroras 

		lágrimas a este llano, 

		que amanece a mi mal siempre temprano; 

		y tanto, que persuade la tristeza 

		a mis dos ojos, que nacieron antes 

		para llorar, que para verse sueño. 

		

		De sosiego los tienes ignorantes, 

		de tal manera, que al morir el día 

		con luz enferma vi que permitía 

		el sol que le mirasen en Poniente. 

		Con pies torpes al punto, ciega y fría, 

		cayó de las estrellas blandamente 

		la noche, tras las pardas sombras mudas, 

		que el sueño persuadieron a la gente. 

		

		Escondieron las galas a los prados, 

		estas laderas y sus peñas solas; 

		duermen ya entre sus montes recostados 

		los mares y las olas. 

		Si con algún acento 

		ofenden las orejas, 

		es que entre sueños dan al cielo quejas 

		del yerto lecho y duro acogimiento, 

		que blandos hallan en los cerros duros. 

		

		Los arroyuelos puros 

		se adormecen al son del llanto mío, 

		y a su modo también se duerme el río. 

		Con sosiego agradable 

		se dejan poseer de ti las flores; 

		mudos están los males, 

		no hay cuidado que hable, 

		faltan lenguas y voz a los dolores, 

		y en todos los mortales 

		yace la vida envuelta en alto olvido. 

		

		Tan sólo mi gemido 

		pierde el respeto a tu silencio santo: 

		yo tu quietud molesto con mi llanto, 

		y te desacredito 

		el nombre de callado, con mi grito. 

		Dame, cortés mancebo, algún reposo: 

		no seas digno del nombre de avariento, 

		en el más desdichado y firme amante, 

		que lo merece ser por dueño hermoso. 

		

		Débate alguna pausa mi tormento; 

		gózante en las cabañas, 

		y debajo del cielo 

		los ásperos villanos: 

		hállate en el rigor de los pantanos, 

		y encuéntrate en las nieves y en el hielo 

		el soldado valiente, 

		y yo no puedo hallarte, aunque lo intenté, 

		entre mi pensamiento y mi deseo. 

		

		Ya, pues, con dolor creo 

		que eres más riguroso que la tierra, 

		más duro que la roca, 

		pues te alcanza el soldado envuelto en guerra; 

		y en ella mi alma 

		por jamás te toca. 

		Mira que es gran rigor: dame siquiera 

		lo que de ti desprecia tanto avaro, 

		por el oro en que alegre considera, 

		hasta que da la vuelta el tiempo claro. 

		

		Lo que había de dormir en blando lecho, 

		y da el enamorado a su señora, 

		y a ti se te debía de derecho; 

		dame lo que desprecia de ti agora 

		por robar el ladrón; lo que desecha 

		el que envidiosos celos tuvo y llora. 

		

		Quede en parte mi queja satisfecha, 

		tócame con el cuento de tu vara, 

		oirán siquiera el ruido de tus plumas 

		mis desventuras sumas; 

		que yo no quiero verte cara a cara, 

		ni que hagas más caso 

		de mí, que hasta pasar por mí de paso; 

		o que a tu sombra negra por lo menos, 

		si fueres a otra parte peregrino, 

		se le haga camino 

		por estos ojos de sosiego ajenos. 

		Quítame, blando sueño, este desvelo, 

		o de él alguna parte, 

		y te prometo, mientras viere el cielo, 

		de desvelarme sólo en celebrarte.
19.

En

lo penoso de estar enamorado


		¡Qué verdadero 
		dolor,
y qué apurado sufrir!
¡Qué mentiroso vivir!
¡Qué puro 
		morir de amor!


		¡Qué cuidados a 
		millares!
¡Qué encuentros de pareceres!
¡Qué limitados placeres,

		y qué colmados pesares!


		¡Que amor y qué 
		desamor!
¡Qué ofensas, qué resistir!
¡Qué mentiroso vivir,
qué 
		puro morir de amor!


		¡Qué admitidos 
		devaneos!
¡Qué amados desabrimientos!
¡Qué atrevidos pensamientos

		y qué cobardes deseos!


		¡Qué adorado 
		disfavor!
¡Qué enmudecido sufrir!
¡Qué mentiroso vivir!
¡Qué 
		puro morir de amor!


		¡Qué negociados 
		engaños
y qué forzosos tormentos!
¡Qué aborrecidos alientos
y 
		qué apetecidos daños!


		¡Y qué esfuerzo 
		y qué temor!
¡Qué no ver, qué prevenir!
¡Qué mentiroso vivir!

		¡Qué puro morir de amor!


		¡Qué enredos, 
		ansias, asaltos,
y qué conformes contrarios!
¡Qué cuerdos, qué 
		temerarios!
¡Qué vida de sobresaltos!


		Y que no hay 
		muerte mayor
que el tenerla y no morir.
¡Qué mentiroso vivir!

		¡Qué puro morir de amor!
20.

Estaba una fregona por enero...

Estaba una fregona por enero
metida 
		hasta los muslos en el río,
lavando paños, con tal aire y brío,

		que mil necios traía al retortero.

		
Un cierto Conde, alegre y placentero,
le preguntó con gracia: 
		«¿Tenéis frío?»
respondió la fregona: 
		«Señor mío,
siempre llevo conmigo yo un brasero.»

		
El Conde, que era astuto, y supo dónde,
le dijo, haciendo rueda 
		como pavo,
que le encendiese un cirio que traía.

		
Y dijo entonces la fregona al Conde,
alzándose las faldas hasta 
		el rabo:

		«Pues sople este tizón vueseñoría.»
21.

Exhorta a los que amaren...

Cargado voy de 
		mí; veo delante
muerte que me amenaza la jornada;
ir porfiando por 
		la senda errada,
más de necio será que de constante.


		Si por su mal 
		me sigue ciego amante,
que nunca es sola suerte desdichada,
¡ay!, 
		vuelva en sí, y atrás; no dé pisada
donde la dio tan ciego caminante.


		Ved cuán errado 
		mi camino ha sido;
cuán sólo y triste, y cuán desordenado,
que 
		nunca así le anduvo pie perdido;


		pues por no 
		desandar lo caminado,
viendo delante y cerca fin temido,
con pasos 
		que otros huyen, le he buscado.

Frases y pensamientos de Francisco de Quevedo

54 citas
« Afecto privilegiado el del dolor. »
Francisco de Quevedo · Sentencias político-filosófico-teológicas. Andrea Herrán
« Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y pierde la honra. »
Francisco de Quevedo · Ortega (2013), p. 2862-70
« Bien sé a cuántos contradigo, y reconozco los que se han de armar contra mí; mas no fuera yo español si no buscara peligros, despreciándolos antes para vencerlos después. »
Francisco de Quevedo · Roncero López
« Bien se puede perdonar a un hombre ser necio una hora, cuando hay tontos que no lo dejan de ser una hora en toda su vida. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 399
« Cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el porvenir sin conocerlo. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 515
« El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar que le llamen. »
Francisco de Quevedo · Palomo (2013), p. 34
« El amigo interesado mira a su amor propio; el verdadero, sólo al bien del amigo. »
Francisco de Quevedo · Tag de menciones y referencias en GLibros
« El árbol de la vida es la comunicación con los amigos; el fruto, el descanso y la confianza en ellos. »
Francisco de Quevedo · Herrán (1999), p. 124
« El insulto es la razón del que razón no tiene. »
Francisco de Quevedo · Palomo (2013), p. 169
« El que parece sabio entre los necios, parece necio entre los sabios. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 470
« El rico come, el pobre se alimenta. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 92
« Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja. »
Francisco de Quevedo · Mítica anécdota sobre la audacia de Quevedo
« Es tan noble y tan ilustre la paz, que tiene por solar el cielo. »
Francisco de Quevedo · Ortega (2013), p. 3112
« Haces lo que padeces y te imitas. »
Francisco de Quevedo · Marido paciente
« La longitud y la proximidad engañan a la vista. »
Francisco de Quevedo · Ortega (2013), p. 1475
« La paciencia es virtud vencedora, y hace a los reyes poderosos y justos. La impaciencia es vicio del demonio, seminario de los más horribles y artífice de los tiranos. »
Francisco de Quevedo · Quevedo (1772), Tomo II, p. 220
« La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber, y la mayor de la maldad es ni temer ni pagar. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 78
« Las mentiras del corazón comienzan desde la cara. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 369
« La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 413
« Lo más seguro es no ponerse en peligro. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 429
« Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más. »
Francisco de Quevedo · Quevedo (1772), Tomo II, p. 432
« Los ojos pequeños tienen niñas y lo grandes, mozas. »
Francisco de Quevedo
« Más fácilmente se añade lo que falta que se quita lo que sobra. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 375
« Mejor vida es morir que vivir muerto. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 387
« Muchas veces se suelen perder los hombres por el camino mismo que pensaban remediarse. »
Francisco de Quevedo · Ortega (2013), pp. 652-60
« Muchos son buenos si se da crédito a los testigos; pocos si se toma declaración a su conciencia. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 78
« Muchos son limpios de manos porque se lavan, no porque no roban. »
Francisco de Quevedo · Ortega (2013), p. 1107
« Ninguno se fíe en una profesión sola, que ratón que no sabe más agujero presto es perdido. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 525
« No conviene mostrar la verdad desnuda, sino en camisa. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 552
« No es el filósofo el que sabe donde esta el tesoro, sino el que trabaja y lo saca. »
Francisco de Quevedo · Ortega (2013), p. 1826
« No es menos ofensiva arma la caricia en las mujeres, que la espada en los hombres: de ésta se huye, y esotra se busca. »
Francisco de Quevedo · En Política de Dios y gobierno de Cristo. Obras de don Francisco de Quevedo Villegas. Volumen 1. Edit. ‎Aureliano Fernández-Guerra y Orbe
« No hace la codicia que suceda lo que queremos, ni el temor que no suceda lo que recelamos. »
Francisco de Quevedo · Quevedo (1859), p. 138
« No hay verdadero amor donde hay alguna sospecha. »
Francisco de Quevedo · Menciones en GL
« Pocas veces quien recibe lo que no merece, agradece lo que recibe. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 298
« Pocos oyen murmurar de otro, que no les parezca poco lo que oyen y verdad lo que creen. »
Francisco de Quevedo · Quevedo
« Que por callar a nadie se hizo proceso. »
Francisco de Quevedo · Ortega (2013), p. 2036
« Quien no ama con sus cinco sentidos a una mujer hermosa, no estima a la naturaleza su mayor cuidado y su mayor obra. »
Francisco de Quevedo · Ortega (2013), p. 563
« Rey que con el favor diferencia en público uno de todos, para sí ocasiona desprecio, para el privado odio, y en todos envidia. »
Francisco de Quevedo · E. Barriobero: Doctrinal de Quevedo (1930), p. 34
« Ser tirano no es ser, es dejar de ser y hacer que dejen de ser todos. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 409
« Siempre se ha de conservar el temor mas jamás se deberá mostrar. »
Francisco de Quevedo · En El Rómulo. Obras de don Francisco de Quevedo Villegas
« Siempre hay quien ponga malos nombres a la virtud, mas siempre son los que no merecen conocerla. »
Francisco de Quevedo · Menciones en GL.
« Solamente un dar me agrada, que es el dar en no dar nada. »
Francisco de Quevedo · Quevedo (1772), Tomo IV, p. 264. Terpsicore: Letra satírica XVII
« Todos anhelamos llegar a viejos y todos negamos que hemos llegado. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 179
« Vive para ti solo, si pudieres; pues sólo para ti mueres, si mueres. »
Francisco de Quevedo · Señor (1997), p. 575
« Ayer se fué, mañana no ha llegado,hoy se está yendo sin parar un punto;soy un fué, y un seré y un es cansado. »
Francisco de Quevedo · ¡Ah de la vida!. Citado en Conceptismo por Kassier
« No hay contento en esta vidaque se pueda compararal contento que es cagar. »
Francisco de Quevedo · Quevedo y Villegas
« No he de callar, por más que con el dedo ya tocando la boca, ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?. »
Francisco de Quevedo · Epístola satírica y censoria sobre las costumbres presentes de los castellanos escrita a don Gaspar de Guzmán
« Madre, yo al oro me humilloél es mi amante y mi amado,pues de puro enamorado, de contino anda amarillo:que pues doblón, o sencillohace todo cuanto quieroPoderoso Caballeroes Don Dinero. »
Francisco de Quevedo · Musa V; Letra satírica XIX. Quevedo (1772), Tomo IV, p. 265
« Pues amarga la verdad quiero echarla de la bocapues si a el alma su hiel tocaesconderla es necedad.Sépase, pues, libertadha engendrado en mi perezala Pobreza. »
Francisco de Quevedo · Letrilla satírica VIII. Quevedo (1772), Tomo II, p. 256
« Si cuentas por mujer lo que componea la mujer, no acuestes a tu ladola mujer, sino el fardo que se pone. »
Francisco de Quevedo · Desnuda a la mujer de la mayor parte ajena que la compone. Soneto comentado por Pozuelo Yvancos
« Un nuevo corazón, un hombre nuevoha menester, señor, la ánima mía.¡Desnúdame de mí, que ser podríaque a tu piedad pagase lo que debo!. »
Francisco de Quevedo · Soneto Un nuevo corazón
« Vive para ti solo, si pudieres;pues solo para tí, si muere, mueres. »
Francisco de Quevedo · Bartra (1994), p. 253
« Lo que hace hombre a Quevedo, su golpe viril, es el logro de su novela El Buscón. »
Francisco de Quevedo · Gómez de la Serna (1962),p. 43
« Don Francisco en ygual pesoveras y burlas tratays,acertado aconsejays,y a Don Pablo hazeys trauiesso:Con la Tenaza confiesso,que sera Buscon de traçael llevarla no encabeçapara su conseruación,que fuera espurio Busconsi anduuiera sin Tenaza. »
Francisco de Quevedo · Quevedo El Buscón. Madrid: Cátedra, 93
« Afecto privilegiado el del dolor. »
Francisco de Quevedo
« Apocarse es virtud, poder y humildad; dejarse apocar es vileza y delito. »
Francisco de Quevedo
« Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y pierde la honra. »
Francisco de Quevedo
« Bien acierta quien sospecha que siempre yerra. »
Francisco de Quevedo
« Bien sé a cuántos contradigo, y reconozco los que se han de armar contra mí; mas no fuera yo español si no buscara peligros, despreciándolos antes para vencerlos después. »
Francisco de Quevedo
« Bien se puede perdonar a un hombre ser necio una hora, cuando hay tontos que no lo dejan de ser una hora en toda su vida. »
Francisco de Quevedo
« Cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el porvenir sin conocerlo. »
Francisco de Quevedo
« Donde hay poca justicia es un peligro tener razón. »
Francisco de Quevedo
« El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien. »
Francisco de Quevedo
« El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar que le llamen. »
Francisco de Quevedo
« El amigo interesado mira a su amor propio; el verdadero, sólo al bien del amigo. »
Francisco de Quevedo
« El amor es fe y no ciencia. »
Francisco de Quevedo
« El amor es la última filosofía de la tierra y del cielo. »
Francisco de Quevedo
« El árbol de la vida es la comunicación con los amigos; el fruto, el descanso y la confianza en ellos. »
Francisco de Quevedo
« El exceso es el veneno de la razón. »
Francisco de Quevedo
« El insulto es la razón del que razón no tiene. »
Francisco de Quevedo
« El mayor despeñadero, la confianza. »
Francisco de Quevedo
« El ocio es la pérdida del salario. »
Francisco de Quevedo
« El que parece sabio entre los necios, parece necio entre los sabios. »
Francisco de Quevedo
« El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos. »
Francisco de Quevedo
« El rico come, el pobre se alimenta. »
Francisco de Quevedo
« El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor. »
Francisco de Quevedo
« Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja. »
Francisco de Quevedo
« Es tan noble y tan ilustre la paz, que tiene por solar el cielo. »
Francisco de Quevedo
« Haces lo que padeces y te imitas. »
Francisco de Quevedo
« Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga. »
Francisco de Quevedo
« La guerra es de por vida en los hombres, porque es guerra la vida, y vivir y militar es una misma cosa. »
Francisco de Quevedo
« La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política. »
Francisco de Quevedo
« La longitud y la proximidad engañan a la vista. »
Francisco de Quevedo
« La paciencia es virtud vencedora, y hace a los reyes poderosos y justos. La impaciencia es vicio del demonio, seminario de los más horribles y artífice de los tiranos. »
Francisco de Quevedo
« La posesión de la salud es como la de la hacienda, que se goza gastándola, y si no se gasta no se goza. »
Francisco de Quevedo
« La mayor señal de ser bueno es ni temer ni deber, y la mayor de la maldad es ni temer ni pagar. »
Francisco de Quevedo
« Las mentiras del corazón comienzan desde la cara. »
Francisco de Quevedo
« La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió. »
Francisco de Quevedo
« Lo más seguro es no ponerse en peligro. »
Francisco de Quevedo
« Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más. »
Francisco de Quevedo
« Los ojos pequeños tienen niñas y lo grandes, mozas. »
Francisco de Quevedo
« Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan. »
Francisco de Quevedo
« Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla. »
Francisco de Quevedo
« Más fácilmente se añade lo que falta que se quita lo que sobra. »
Francisco de Quevedo
« Mejor vida es morir que vivir muerto. »
Francisco de Quevedo
« Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez. »
Francisco de Quevedo
« Muchas veces se suelen perder los hombres por el camino mismo que pensaban remediarse. »
Francisco de Quevedo
« Muchos son buenos si se da crédito a los testigos; pocos si se toma declaración a su conciencia. »
Francisco de Quevedo
« Muchos son limpios de manos porque se lavan, no porque no roban. »
Francisco de Quevedo
« Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir. »
Francisco de Quevedo
« Ningún vencido tiene justicia si lo ha de juzgar su vencedor. »
Francisco de Quevedo
« Ninguno se fíe en una profesión sola, que ratón que no sabe más agujero presto es perdido. »
Francisco de Quevedo
« No conviene mostrar la verdad desnuda, sino en camisa. »
Francisco de Quevedo
« No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada. »
Francisco de Quevedo
« No es el filósofo el que sabe donde esta el tesoro, sino el que trabaja y lo saca. »
Francisco de Quevedo
« No es menos ofensiva arma la caricia en las mujeres, que la espada en los hombres: de ésta se huye, y esotra se busca. »
Francisco de Quevedo
« No hace la codicia que suceda lo que queremos, ni el temor que no suceda lo que recelamos. »
Francisco de Quevedo
« No hay verdadero amor donde hay alguna sospecha. »
Francisco de Quevedo
« No es sabio el que sabe donde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca. »
Francisco de Quevedo
« No se debe mostrar la verdad desnuda, sino en camisa. »
Francisco de Quevedo
« No se ganan los hombres con favores sin obras. »
Francisco de Quevedo
« Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres. »
Francisco de Quevedo
« Pocas veces quien recibe lo que no merece, agradece lo que recibe. »
Francisco de Quevedo
« Pocos oyen murmurar de otro, que no les parezca poco lo que oyen y verdad lo que creen. »
Francisco de Quevedo
« Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad lo poco es mucho. »
Francisco de Quevedo
« Que por callar a nadie se hizo proceso. »
Francisco de Quevedo
« Quien no ama con sus cinco sentidos a una mujer hermosa, no estima a la naturaleza su mayor cuidado y su mayor obra. »
Francisco de Quevedo
« Rey que con el favor diferencia en público uno de todos, para sí ocasiona desprecio, para el privado odio, y en todos envidia. »
Francisco de Quevedo
« Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos. »
Francisco de Quevedo
« Ser tirano no es ser, es dejar de ser y hacer que dejen de ser todos. »
Francisco de Quevedo
« Siempre se ha de conservar el temor mas jamás se deberá mostrar. »
Francisco de Quevedo
« Siempre hay quien ponga malos nombres a la virtud, mas siempre son los que no merecen conocerla. »
Francisco de Quevedo
« Si haces bien para que te lo agradezcan, mercader eres, no bienhechor; codicioso, no caritativo. »
Francisco de Quevedo
« Solamente un dar me agrada, que es el dar en no dar nada. »
Francisco de Quevedo
« Sólo el que manda con amor es servido con fidelidad. »
Francisco de Quevedo
« Todos anhelamos llegar a viejos y todos negamos que hemos llegado. »
Francisco de Quevedo
« Vive para ti solo, si pudieres; pues sólo para ti mueres, si mueres. »
Francisco de Quevedo
« Ayer se fué, mañana no ha llegado,hoy se está yendo sin parar un punto;soy un fué, y un seré y un es cansado. »
Francisco de Quevedo
« No hay contento en esta vidaque se pueda compararal contento que es cagar. »
Francisco de Quevedo
« No he de callar, por más que con el dedo ya tocando la boca, ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?. »
Francisco de Quevedo
« Madre, yo al oro me humilloél es mi amante y mi amado,pues de puro enamorado, de contino anda amarillo:que pues doblón, o sencillohace todo cuanto quieroPoderoso Caballeroes Don Dinero. »
Francisco de Quevedo
« Pues amarga la verdad quiero echarla de la bocapues si a el alma su hiel tocaesconderla es necedad.Sépase, pues, libertadha engendrado en mi perezala Pobreza. »
Francisco de Quevedo
« Si cuentas por mujer lo que componea la mujer, no acuestes a tu ladola mujer, sino el fardo que se pone. »
Francisco de Quevedo
« Un nuevo corazón, un hombre nuevoha menester, señor, la ánima mía.¡Desnúdame de mí, que ser podríaque a tu piedad pagase lo que debo!. »
Francisco de Quevedo
« Vive para ti solo, si pudieres;pues solo para tí, si muere, mueres. »
Francisco de Quevedo
« Lo que hace hombre a Quevedo, su golpe viril, es el logro de su novela El Buscón. »
Francisco de Quevedo
« Don Francisco en ygual pesoveras y burlas tratays,acertado aconsejays,y a Don Pablo hazeys trauiesso:Con la Tenaza confiesso,que sera Buscon de traçael llevarla no encabeçapara su conseruación,que fuera espurio Busconsi anduuiera sin Tenaza. »
Francisco de Quevedo
Trayectoria lírica

Poemas y obras destacadas

Antología de poemas inmortales

Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Francisco de Quevedo, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.

Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.

Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.

Algunos libros de poesía de Francisco de Quevedo:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: