Francisco Alvarez

Biografía y amplia selección de poemas de Francisco Álvarez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Antología lírica (15 poemas seleccionados)

Abrazos

"Tenme junto a ti de mil maneras"

I

Hambrientos y desnudos,
van mis brazos en busca de un abrazo,

arrastrando abandono,
y abiertos en silencio en doble arco.

En las mieses maduras del gentío,

separan las espigas cuando avanzo.
Qué insípida igualdad de
multitudes,

sin destacarse variedad ni encanto.
Roja de sangre, tímida
amapola,

¿dónde te ocultas, bajo el sol de mayo?
Mira que vengo ahogado
de infortunio,

y te quiero adherir a mi costado.

II
Sentada en mis
rodillas, desprovista

de palabras, ideas y reclamos,
recoge mi hombro el rostro,

leve sonrisa y ojos entornados.

Flota en el aire la quietud dormida,
con auras místicas de
epitalamio,

y la mente vacía se columpia
en la sombra de un mundo
imaginario.

Nada se mueve en torno,
como el agua tranquila del remanso;

detenida la arena en la clepsidra,

dormido el viento, inmóviles los pájaros…
Qué abrazo
interminablemente dulce;

no te muevas, mujer, de mi regazo.

III
Este abrazo,
mujer, viste mi cuerpo

de la túnica azul de tu arrebato,
marea de tu mar, contra las
rocas

firmes y erectas de mi acantilado.
Cúbreme de ti misma, que al
ceñirme,

tus labios con los míos amordazo,
y sólo el alma me hablará en
tus ojos,

y me transmitirá tus sobresaltos.
Estrecha el cerco, que aún no
somos uno,

que dos es casi tanto como varios…
Desliza la rodilla entre mis
piernas,

que a mi tigre despierta como un látigo,
y en ímpetu salvaje se
abalanza

hacia tí incontrolable, incontrolado.
Abrazo vertical,
exuberante,

nudo incondicional, íntimo abrazo.

IV
Se alejaron las
aguas torrenciales

que el paisaje arrasaron a su paso;
desanudóse la atadura firme

y la pasión degeneró en letargo.
Mi cómplice, mi amante,

yace exhausta a mi lado.,

y los brazos que fueran energía,
se hallan ahora en descanso.

Se despierta la brisa junto al río,
coqueteando inquieta entre
los álamos,

y se percibe el agridulce aroma
de almendros, limoneros y
naranjos.

El sol naciente besará tu espalda,
y se adormecerá en ella mi
mano,

y tamborilearán sobre mi pecho
tus finos dedos largos.

Lentas las horas van, y silenciosas,

seco el sudor, y el ímpetu apagado,
sueña despierta junto a mí,
y sonríe

al sentir en tus párpados mis labios.

Francisco Alvarez

Amor ausente

Fue un
amor a distancia, absorbente y profundo,
que vertió luz intensa
sobre mi estéril mundo.

Fue el clamor estentóreo de vibrante campana,
resucitando el eco
de una pasión temprana.

Vino como una musa, recitando cantares,
filtrándose en mi arena,
subiendo a mis altares.

La percibí a mi lado como una frágil rosa
abriéndome sus pétalos,
ingenua y temblorosa.

Se me adentró en el alma, y navegó en mis venas,
arrasando a su
paso mi muro y mis almenas.

Galvanizó mi entraña con la encendida furia
de una sed insaciable
de candente lujuria.

La contemplé desnuda, dulce y acogedora,
agresiva y violenta,
crepúsculo y aurora.

Depositó en mis labios sus labios, entregados
a amar con besos
tenues y besos prolongados.

Y al acercar mi boca a los duros pezones
sentí el salvaje
instinto de tigres y leones.

Sus muslos me ofrecían la invitación callada
de atravesar su
carne al filo de mi espada.

Palpé su piel vibrante, su vientre estremecido,
y la humedad
ardiente del recóndito nido.

Era un canto a la vida, manojo de temblores,
estallido en la
sombra de ocultos interiores.

Y era el rumor alegre del agua entre las rocas,
y el clarín que
se anuncia con esperanzas locas.

Y un firmamento cálido, envolviendo en su seno
el murmullo del
aire y el rugido del trueno.

Y una lluvia ligera su ternura incesante,
y un huracán furioso
sus pasiones de amante

Y al
despertar del sueño que soñaba despierto,
sin haber recogido las
rosas de su huerto,

abrumado del peso sentido en el instante,
maldije los amores del
amante distante.

Francisco Alvarez

Ante

el espejo

Me ha engañado el
espejo, dulce engaño,

devolviendo una imagen que no es mía;
mi desnudez le ofrezco
cada día

envuelta sólo en el vapor del baño.

Nunca me devolvió un
reflejo extraño,

sólo a mí, en mi tristeza o mi alegría,
pero hoy vi que tu
rostro aparecía

bajo mi pelo de color castaño.

Y al mirarme tus ojos
fijamente,

mi piel mojada te sintió presente,
y me abrazó un ligero
escalofrío.

Y no sabré decir si mi
delicia

vino de tu caricia o mi caricia,
mías tus manos, y tu rostro
mío.

Francisco Alvarez

Besos dormidos

Vendrán los besos, y
traerán silencio,

y nos preguntaremos quiénes somos,
dónde nos conocimos, qué
buscamos,

y tal vez nos respondan nuestros ojos,
ignorantes del miedo a la
palabra,

pues la verdad les grita desde el fondo.
Y al mirarnos, habrá
una luz recóndita

de tibio colorido melancólico,
que abrirá perspectivas
imprevistas,

y que será en sí misma testimonio
de algo que fue, que ya es
insostenible,

tan quimérico como el unicornio.

Ayer los besos, aunque
amortiguados,

llevaban un clamor de intenso gozo,
entretejían lágrimas y risas

en verdes primaveras y en otoños,
calendario de pétalos
dormidos,

dormido el tiempo sobre nuestros rostros.

¿Qué sucedió? Tal vez
una mañana,

a la orilla del río, entre los olmos,
se despertó la niebla del
cansancio,

y repobló el paisaje de abandono.
Y los besos se fueron
marchitando,

sin casi percibirlo, sin sollozos.
Y hoy sólo son costumbre, su
arrebato

en retirada triste, sin retorno.
Es hora de partir; se fue la
magia,

el temblor está en calma, el amor prófugo,
los besos
silenciosos, tan dormidos

que no despertarán... como nosotros.

Francisco Alvarez

Breverías

92
Sentirás una
noche de repente
tibio temblor que sobre ti resbala.
No es el roce
de un ángel con el ala,
sino mis labios al besar tu frente.

97
¡Cómo me
sorprendió la mansedumbre
de tus manos rozando mis mejillas!
Haz
de esa iniciativa una costumbre,
yo seré el río, y tú las dos
orillas.

100
Me acercaré a tu
espalda con ternura
Reclinando en el hombro mi barbilla,
rozaré
suavemente tu mejilla,

y anudarán mis brazos tu cintura.

106
Me esperabas con
alma descubierta,

y el alma entera con pasión te di.
Me entreabriste tu más secreta
puerta,

y mi puerta secreta yo te abrí.
Mi vida estaba estéril y
desierta,

y entraste en ella cuando entré yo en ti.
Y sólo quiero al verme
en tu mirada,
tenerte para siempre penetrada.

123
Déjame entrar en
ti por las esquinas,

tocándote la mano con la mano,
el brazo en la cintura si caminas,

o el beso del amigo o del hermano.

Pero ábrete también a mis
deseos,
con impulsos desnudos y humedades,

sin escrúpulos y sin titubeos,
con invasiones y voracidades.

149
Derrámate en la
hierba innumerable,
húmeda y fresca alfombra,
déjame que te cubra
con mi sombra,
que mi boca te bese, y no te hable.
El viento
arrullará los arrayanes,
y su perfume te saldrá al encuentro,

mientras en ti me adentro
inundándote el alma de huracanes.

153
No he de ser en
tu vida el alfarero
que pueda moldear tu roja arcilla;
debo
absorber tu espíritu primero
para que en mí germine tu semilla;

mas quiero ser el único velero
que en tu mar trace estelas con su
quilla.
Tú serás tú, sin modificaciones,
susurrando en mi oído tus
canciones.

167
Amordaza el
impulso del sollozo
y suelta la gaviota de la risa
que en el azul
del mar y de la brisa
alzará la blancura de su gozo.

Mas si el dolor no duerme su gemido,
no cierres los oídos ni le
ignores,
mejor será que en la tristeza llores,
porque el dolor no
entiende del olvido.

177
Lejos estás de
mí, pero tan dentro
te llevo que jamás podré perderte.
Y tan
presente estás en mí que encuentro
imposible mirar algo sin verte.

199
Hay lágrimas en
mí cuando tú lloras,

y habrá sonrisas cuando tú sonrías;
permíteme que arranque de
tus días

un ramillete de olvidadas horas,
para alargar tus noches, y las
mías,

retrasando la luz de las auroras.

200
Cuántas veces
mi cuerpo ha percibido

la magia y el calor de tu contacto,
y cuántas en el alma he
recibido

tu entrega, sin haber firmado un pacto.
Tu impulso, generoso y
decidido,

fue un estado de amor, no un sólo acto;
y habrá de prolongarse
en permanencia

con cada beso y cada confidencia.

206
Despierta mis
estímulos de amante,

sal del letargo que ata tus sentidos;
te quiero frente a frente,
cimbreante,

no espalda contra espalda, ambos dormidos.

242
Te vas, me voy,
qué fría es la distancia,

qué largo es el camino que divide:
Que tu amor permanezca en
vigilancia,

me sueñe cada noche, y no me olvide.

247
Me has llevado
a tu sueño, amada ausente,

y en ti perdido me encontró la aurora.
No despiertes, que aún no
llegó tu hora:

Suéñame, amor, interminablemente.

270
El muro de
Berlín que te rodea

debe ser abatido pieza a pieza;
yo colaboraré en esa tarea,

pero el desmantelar tu fortaleza

debe empezar por rechazar la idea
de que es debilidad la
gentileza.

Eres frágil…y ¿qué? Así es la rosa,
y entre las flores es
la más hermosa.

278
Introduce tus
dedos en mi pelo,

introduce tus labios en mi boca,
introdúcete en mí con furia
loca,

aquí, de pie o rodando por el suelo.

308
Fui temeroso
del amor un día,

por su dolor, quizá, y sus desengaños;
pero en el tiempo aquel
no comprendía

lo que aprendí al correr de tantos años:
Miedo al amor es miedo
a la alegría,

miedo a la vida en todos sus peldaños;
y quienes tienen miedo de
la vida,

la consideran ya medio perdida.

313
Bajo los
pliegues semitransparentes

de la bata adivino tu figura;
deslizando mi mano en la abertura

florecerán deseos inminentes
al rodear mi brazo tu cintura.

332
Dedos de fina
seda tiene el viento,

e impulsos de callado atrevimiento;
rondándote la blusa le
sentí.

Percibí sus caricias en
tus senos,

y cuanto más le dejas, tanto menos
parece ser que queda para mí.

343
Si acaso temes
o si acaso dudas,

piensa en la vida que se desperdicia;
acaricia la piel que te
acaricia,

mira en silencio las miradas mudas.

Ríe con el que ríe, y
al que olvida

olvídale sin más, pero a quien ama
ámale con pasión, y que esa
llama

desvanezca las sombras de tu vida.

368
Alza tu falda
juguetón el viento

con sus mil dedos de invisible amante
acariciando el vientre con
su aliento,

y pintando de rojo tu semblante,
pero no te defiendes de su
intento,

tan atrevido como estimulante.
Si el camino del viento yo
siguiera,

cómo te haría mía a mi manera.

353
Muerde tus
muslos al pasar el río

y lúbrico se apropia tu figura;
yo te contemplo oculto en la
espesura,

y percibo un ligero escalofrío
anudándose en torno a tu cintura.

374
Tu beso ha
recorrido mis sentidos,

serpiente de calor y de humedades,
vertiendo su veneno en mis
oídos,

indagando en el vientre oscuridades,
ya en juegos silenciosos y
prohibidos,

ya bordeando en las frivolidades;
y de la rigidez a lo flexible,

no halló lugar que fuera inaccesible.

391
Si te abrazara
el aire, si la lluvia lo hiciera,

si la luz, si la nube, si la sombra, si el fuego,
no sería un
abrazo tan total como fuera

mi abrazo por ti mudo, y por ti sordo y ciego.

398
Con los ojos
cerrados, con los brazos abiertos,

con sonrisa elocuente sobre labios callados,
y en doble
ofrecimiento los senos descubiertos,

y los ojos abiertos, y los brazos cerrados,

ven a mí con la audacia
que ni duda ni niega,
vestida de ilusiones, desnuda de temor,

exhibiendo en el gesto definitiva entrega,

que te estoy esperando para hacer el amor.

413
Recogeré en
otoño tus sonrisas

bajo los olmos desnudando el llanto
de las hojas, que flotan
indecisas,

y al fin descansan en crujiente manto.

Sobre esta alfombra te
hallaré tendida,

bajo diáfana cúpula de ramas,
sólo de tus deseos revestida,

y ofreciendo lo mismo que reclamas.

Francisco Alvarez

Cuando de ti me vaya

Al llegar el momento,
ha de llorar la luna con lágrimas de estrellas

haciendo más oscuro en la noche el firmamento,

pero serán las tuyas más tristes y más bellas.

Cuando llegue
el momento se aferrará tu mano
a la mía, intentando retenerme a tu
vera,
y maldiciendo al tiempo, inflexible tirano,

que no detuvo el paso en su carrera.

Una serpiente amarga se
enroscará en tu pecho,
atenazando el alma con negra incertidumbre.

Qué frío habrá en tu lecho,

qué sola irás entre la muchedumbre.

Mas quedará el recuerdo
de los días brillantes,

de las noches rojizas
en que fuimos amantes,
y el fuego estará
vivo en las cenizas.

Y habrá un faro en la costa destellando
chorros de luces sobre el
mar inquieto,
penetrando en las sombras, y aventando
la duda
oculta y el temor secreto.

Mira en la oscuridad
del sentimiento triste
el resplandor, no
la fugacidad,
de la entrega que di y que me ofreciste.

Y cesará la luna
de sollozar nostálgicos olvidos,
porque no
habrá ninguna,
ninguna otra mujer en mis gemidos.

Francisco Alvarez

Deja

Si los
mínimos dedos de la lluvia
tiemblan sobre tu rostro y se deslizan;

si te envuelve el embozo

de la ligera capa de la brisa;
si el espejo sonríe
cada vez
que le miras;

y se elevan del mar múltiples senos
hacia la clara luz de manos
tibias;

deja a mis dedos dibujar tu imagen
en prolongada, trémula
caricia;

deja a mis brazos circundar los hombros
en actitud tajante,
posesiva;

a mi rostro flotar en los radiantes,
oscuros círculos de tus
pupilas;

y entera libertad en estas manos,
que anhelantes están de
hacerte mía.

Francisco Alvarez

Desnudo

Desnuda al pie de la
vetusta encina

alza los brazos en ofrecimiento,
y el arroyo se acerca, claro y
lento,

roba sus formas y se arremolina.

Desierto está el
paisaje. En la colina

rompe el amanecer, y en un momento
invisibles tentáculos de
viento

la envuelven en espira clandestina.

Oh, libertad del cuerpo
despojado

de vestimenta inútil, que ha logrado
revestirse de luz y de
color.

Belleza de
los senos descubiertos,
de temblorosos muslos entreabiertos,
y
en los ojos azules el candor.

Francisco Alvarez

Dulce y triste

¡Qué dulce es querer
mucho, pero también qué triste!
¿Por qué esperamos tanto y obtenemos
tan poco?
¿Por qué si uno se entrega el otro se resiste?
¿Por qué
el amor es ciego, y sordo, y mudo, y loco?

Llevamos en el alma la
divina tendencia
de ofrecer sin reservas nuestros cálidos brazos,

y nos quedamos solos, con nuestra propia ausencia,
y el corazón
sangrante partido en mil pedazos.

Francisco Alvarez

Él

Hay en tu rostro un gesto de embeleso
al ajustar tu mano mi
corbata;
y me encuentro vestido con exceso
al ver tu desnudez bajo
la bata.

De repente me asaltan intenciones
que sacuden la fibra del
sentido,
y que encajan en las incitaciones
que el brillo de tus
ojos me ha tendido.

Sin vacilar, toma hoy la iniciativa
y traduce en acciones la
sonrisa,
que tu mano sensual y decisiva
me arranque la corbata y
la camisa.

Deslízame los dedos sobre el pecho,
y extiéndete a la espalda
suavemente;
mi instinto levantado está al acecho,
todo mi voluntad
te lo consiente.

Hoy serás tú quien todo lo decida,
seré el juguete, y tú serás
quien juegue,
tendrás autoridad indefinida
y no encontrarás nada
que te niegue.

Ya el cinturón se siente relajado,
y tu contacto excita mi
impaciencia,
siento el impulso desencadenado,
pero a él, no a ti,
he de hacerle resistencia.

Es tu oportunidad, es tu momento,
será tu desnudez junto a la
mía,
tus caricias tendrán el ritmo lento
de inevitable, espléndida
agonía.

Y aunque te exija que me lo aceleres,
no escuches mi clamor ni mi
quejido,
habré de recibir lo que me dieres,

cuando, como y en donde hayas querido.

Siento tus manos
descendiendo lentas
y tú también te inclinas y desciendes,
y a mi
virilidad la boca enfrentas,
y una violencia emocional enciendes.

Ese beso profundo y penetrante,
me acerca a ti de singular
manera;
y aunque no puedo verlo en tu semblante,
percibo toda tu
pasión entera.

Tus manos en mi piel clavan crispadas
las uñas, que de sangre se
revisten;
flota tu pelo en nuevas oleadas,

los labios y la lengua no desisten.

Qué catarata de placer
provocas
volcándose en caída resonante,
tal la furia del mar
contra las rocas…

Qué maravilla poder ser tu amante.

Y al fin las aguas,
blancas de la espuma,

tras la caída, avanzan en el río;
siento en la mente el sueño de
la bruma,

y en el cuerpo el postrer escalofrío.

Levántate y abrázame,
cariño,

yace conmigo en silenciosa calma,
manténme en tu regazo como a un
niño,

y toma posesión de cuerpo y alma.

Francisco Alvarez

Ella

Desnúdenme tus manos lentamente
sobrenadando senos y caderas,

y desliza tus dedos diligente
entre botones, lazos, cremalleras.

Mira mis ojos y ábreme la blusa,
y descuelga los pechos
prisioneros,
que mi deseo nada te rehusa,
y ellos son del deseo
mensajeros.

Se abren a ti como dos rosas tiernas,
esperando la lengua en los
pezones,
y percibo temblores en mis piernas,
y un aire abrasador
en los pulmones.

No hay en mi ofrecimiento ambigüedades,
va a ti sin desvergüenza
o timidez,
y aunque con tinte de frivolidades,

parece siempre la primera vez.

Besa con humedad mi boca
hambrienta,

y haz que ambas lenguas jueguen en contacto,
no ha de haber nada
a lo que no consienta ,
mía es la voluntad, tuyo es el acto.

En la espalda hay insólitos caminos
que mi mano jamás ha
transitado,
y de tus dedos brotan remolinos
erizando la piel de mi
costado.

En breve y delicada sacudida
mis hombros de la blusa se
desprenden;
semidesnuda estoy, y enardecida,
y alzo los brazos,
que hacia ti se extienden.

Detente brevemente en la cintura,
rodéame en caricias
circulares,
y explora el resto de mi arquitectura,
con paso franco
a todos mis lugares.

Cae la falda a los pies..., al fin desnuda...
Qué libertad e
independencia siento.
No queda en mí vacilación ni duda,
sólo
serenidad..., y atrevimiento.

Están mis ojos en tus ojos fijos,
y tus manos me arropan
insistentes;
suaves contactos causan regocijos,
lentas fricciones
llegan más frecuentes.

Aproxímate más, cúbreme entera,
encadéname a ti, y abre mi rosa,

dame un beso total, de tal manera
que resulte en fusión voluptuosa.

Quédate en pie y recibe el doble abrazo,
y al rodear tu cuerpo
con mis piernas,
introduce tu furia de un zarpazo
anegando mis
cámaras internas.

El ímpetu, el gemido y los sudores
me dirán que soy tuya y eres
mío;
seremos mutuamente posesores,
como el cauce y las aguas en el
río.

Francisco Alvarez

En mis rodillas

Sentada en mis rodillas
y a mi cuello abrazada,
se ha detenido el tiempo, la palabra
dormita,
el pensamiento inmóvil no se ocupa de nada,

e ignoran los oídos a quien murmura o grita.

Qué lejanas las
sombras que las nubes proyectan,

y las dudas qué absurdas y qué insignificantes,
que aún estando
en el fondo del alma, no la infectan,

y aún hiriendo sus teclas no suenan discordantes.

Flota la mente ausente
en exótico nirvana,
el sentimiento fluye profundo pero lento,
y
en la quietud serena ni el sentido se afana,

ni la ansiedad destruye la magia del momento.

La cabeza en el hombro
resuelve los dilemas,
evade los conflictos y el horizonte amplía;

susurraré a tu oído uno de mis poemas,

y te amaré esta noche que es joven todavía.

Francisco Alvarez

En ti

Quisiera ser tu propio
pensamiento,

la inseparable sombra que te siga
si no ya como amante, como
amiga,

en sol, en luna, en luz de apartamento.

Quisiera ser el vaho de
tu aliento,

la inquietud afectiva que te intriga,
de tu edificio columnata y
viga,

de tus heridas oloroso ungüento.

Tanto quiero ser tuya,
hacerte mío,

que dejaré mi espíritu vacío
para que lo satures de tu esencia.

Remolca mi silueta en
tu sendero,

sombra adherida a tu vagar ligero,
y absórbeme en tu piel y en
tu existencia.

Francisco Alvarez

Huellas del beso

No sé por qué tus
labios me despiertan
besos lejanos que jamás me diste;
no saben
desterrarlos, o no aciertan
a dejarlos dormir. Cuando viniste,

rozándome la carne, de puntillas,
nadie te vio, nadie escuchó tu
paso,
sino un temblor ligero en mis rodillas,
trémulo de
enfrentarme a otro fracaso.
Cuántas veces idéntico sendero
nos
conduce a dispares objetivos,
y en el nuevo, no vemos que el primero

aún nos mantiene en su poder cautivos.

Y no sirve pensar que lo pasado
pasado está, que nunca ha de
volver;
ayer, más que un diseño ya borrado,
es espectro que vuelve
a aparecer
Y así fluye la vida, una amalgama
de incidentes que
fueron, y que son,.
que no se desvanecen; una trama
de dolores, de
olvidos, de ilusión;
como rosa que cada primavera
asiduamente en
el rosal florece,
nube inquieta, incesante viajera,
o estrella que
a la aurora palidece.
Quizá tus besos son evocadores
de nube
transeúnte, antigua rosa,
o estrella cuyos últimos fulgores
se
extinguieron, y duerme silenciosa.
Hay tanto nuevo en cada beso, hay
tanto
que arrastramos de antiguo, tanta vida,
tanto de gozo,
soledad y llanto,
tanto de acogedor y despedida,

que un beso no es un beso solo, aislado,
es una larga historia
enmarañada
aflorando a un presente arrebatado,

que abraza todo, y que no olvida nada.

Francisco Alvarez

Junto al fuego

Ven hacia mí en
silencio, con la sonrisa abierta,
absorbiendo en los ojos la noche
iluminada;
deslízame en la mano la imperceptible oferta
del rayo
que la luna depositó en tu almohada.

Reclínate en la alfombra y oye el rumor del fuego
cuyas lenguas
nerviosas erotizan el leño;
que su calor tu cuerpo revitalice, y
luego
encienda tu mirada y acaricie mi sueño.

A tu lado en el suelo veré los diablos rojos
de las llamas
inquietas, con tu mano en mi mano,
y las chispas revueltas danzarán
en tus ojos
como estrellas fugaces en un cielo lejano.

Descenderá mi brazo de tu hombro a tu cintura,
despertando
temblores en tu piel descubierta,
y acercarás el rostro bañado de
ternura
para aspirar los besos de mi boca entreabierta.

Las cien lenguas del fuego se deslizan lascivas
en torno al
tronco envuelto por el abrazo ardiente,
y tus trémulas manos se
arrastrarán furtivas
asiendo el miembro erecto gentil y firmemente.

En tu mirar directo flotan complicidades
que acercan a mi mundo
tu intensidad de amante,
y percibo tu entrega y calmo tus ansiedades,

mientras entre tus dedos me retienes vibrante.

Lame incesante
el fuego, y es cálida tu boca,
en aquel, sequedades, y humedades en
ésta;
labios que se resbalan, y paladar que toca,
y relieves e
impulsos que el amor manifiesta.

Arde el leño sin tregua, con ligeros chasquidos,
y se elevan las
llamas en ondas desiguales;
y en tu ascenso y descenso hay rítmicos
sonidos
de profundos y tensos contactos guturales.

El leño se retuerce bajo el calor intenso
y explota en la
alegría de una amplia llamarada;
y tus ojos revelan el repentino y
denso
fluir de surtidores en garganta infiltrada.

La lumbre ya se extingue, y el tronco está deshecho;
ven, mujer,
y sonríe, y abrázame apacible,
reposa tu cabeza gentil sobre mi
pecho,
y soñemos el sueño de un futuro tangible.

Francisco Alvarez

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