Poesía Universal

Flor Alba Uribe

Biografía y amplia selección de poemas de Flor Alba Uribe. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Flor Alba Uribe. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Flor Alba Uribe

12 poemas seleccionados
1.

Amantes

Ascendente 
		marea creciendo en lenta fiebre
los amantes se buscan y enlazan 
		dulcemente,
como árboles que avanzan,
cumpliendo su destino de 
		incendiada epidermis.
De pie son dos espadas que luchan tercamente

		por distraer la muerte,
tendidos son dos ríos fluyendo hacia el 
		instante
que anula la sellada consigna del olvido.


		Y si el 
		mundo, impaciente,
se sale de sus goznes, estalla o se disuelve,

		los amantes lo ignoran, apenas necesitan
el canto de su sangre,
su 
		vida recobrada en húmedas batallas
y las pequeñas muertes en cada 
		despedida.
2.

Canción tardía

"Te amaré siempre, siempre"
Inapelable noria de 
		las palabras que da vueltas,
al otro lado de la ausencia, 
		
junto al vaciad0 pozo de los sueños.

"Tú y yo por la vida y 
		por la muerte"
Quién retuerce el cáñamo para tejer la hora
de un 
		pasado ilusorio.
Rumor que se aproxima, eco en suave curva
donde 
		la realidad es fuga.

		
Quién envía señales de humo, palomas mensajeras,
ramas sobre el 
		agua, almizcle en pos del viento
presagiando caminos de regreso
y 
		así aniquila
el tráfago irrevocable del olvido.

		
Canción tardía. Voz de pájaro emigrante
que ha extraviado el 
		rumbo, su estela monitora
y se abandona al sino de caprichosos 
		vientos
mientras deplora la prematura llegada del invierno.
3.

Capricho

Hoy he 
		besado a un hombre hechura de la tierra,
elemental,
agreste,

		sin linaje ni aroma.
Capricho en el desgaste de una tarde cualquiera.


		¡Dura 
		carne de cobre para mi carne ardía.


		Y 
		aconteció, tan cierto, el regreso a la orilla
donde todo comienza:

		la tierra, su inocencia,
y dos seres que aprenden el estupor de un 
		niño
cruzando el lento abismo.


		Obediencia 
		de arcilla perpleja y clamorosa
horneada en el oscuro
resplandor 
		del deseo.
El mundo en perspectiva, y el ojo de los astros
miro, 
		visión del Génesis, los cuerpos anudados.


		Y mientras 
		Dios gestaba
la rosa, los metales,
la curva de los montes, los 
		ríos iniciales,
un gemido y un canto de agonía deleitosa
diseñaron 
		los sauces y el primer ruiseñor,
e inmersa en la fragante destilación 
		del sexo
halló el mar tumultuoso
su vocación salina.
4.

Consejos de Afrodita

A la hora 
		del amor llega desnudo,
desnudo y puro,
como quien vive su muerte 
		y resucita.

		Besa

		hasta que sean de piedra tus labios 
		
y tu lengua.
Acaricia

		hasta que palidezcan los tigres camorreros.

		Entrégate

		con la avidez del sediento en la taberna,
con fervor, con pavor,

		no retrocedas.


		Y en la 
		batalla de labios y de huesos,
en la apretada urdimbre de dos cuerpos

		baja cantando, como un minero iluminado,
para cavar muy hondo entre 
		dos muslos.
5.

Delictia carnis

Voy por tu 
		cuerpo
con la avidez
gozosa
de un lobo que demarca
su nuevo 
		territorio,
preciso tu latido,
tu miel,
tu levadura,
el 
		tacto que me brinda 
		
paraísos contrarios.
-Tu piel,
con su fragancia
de tierra 
		lloviznada,
transpira como un niño
que juega entre la niebla-.

		Con manos
como olas,
con labios
como insectos,
con el 
		abrasado viento 
		
de mínimas palabras
me aferro
a tus costados,
deambulo 

		por tu cuerpo,
convoco en tus fronteras
el solapado fuego.
Y, 
		así,
de toque a beso,
de humedad a silencio
te creces en 
		ternura,
te viertes
en codicia,
aprendo de tus manos
mi 
		resplandor más hondo,
y bebo
en tu saliva
mis sales y mi aroma.
6.

Derrota

Anuncio mi regreso al límite marcado.
Al reloj con sus rígidas 
		señales,
a las siglas convenidas y ese rictus
que amedrenta
los 
		símbolos vitales.
Sí, ya estoy aquí, vedme desnuda
de toda 
		rebelión, de todo intento,
del fuego primordial de la esperanza,

		fracción de vida
con su perfil anónimo. 
		

Ya enjaulé mis ensueños migratorios,
exilié mis verdades 
		insurgentes,
ahuyenté mis fantasmas libertarios
y renegué de

		mis locuras esenciales.

		
Ya soy de nuevo la cifra en el rebaño,
la postulante de toda 
		cobardía,
os invito, sin rencor, al gran evento,
de mis 
		remordimientos
y nostalgias.
7.

Deseo

La noche

		traficante de eróticas consignas.
Los amantes transcurren hacia el 
		éxtasis.
Un almizcle ritual de miel salobre
impregna el aire y su 
		fervor me ubica
en el puntual laberinto del deseo.


		
		Servidumbre
de labios suplicantes,
obstinada ambición que 
		discrimina
todo gesto vital que no aproxime
la hoguera de otra 
		piel, y el denso musgo.


		Qué 
		mercenario puñal,
qué ultrasonido,
qué atroz felicidad, qué fiera 
		subterránea
podrá desvertebrar esta codicia,
este monstruo de 
		sedas y pezuñas,
lengua en acecho, famélica pantera
que desoye la 
		hora del que sufre,
el paso de la furia y sus escombros,
la 
		complicidad
del aire en los violines,
y absorta en mi delirio sólo 
		imploro
un cuerpo de varón, elemental, desnudo
que exorcice mis 
		lúbricos fantasmas
mientras preso en mi vientre muere y vive.
8.

Erótica

Pon en 
		guardia tu cuerpo y el ritmo de tus sueños.
Desde la médula del 
		tiempo busco tu paraíso,
la mezcla de tu sangre,
el crisol de tu 
		sexo
donde el futuro ensaya su cósmica simiente.


		Estoy 
		desnuda como el eco de la primer mañana,
con mi sed disparada como 
		una bala al cosmos,
acechando tus manos, el cielo de tu boca,
la 
		genital presencia entre tus muslos firmes.


		Ah, pero 
		mi amor no altera tus sólidos baluartes,
te sellas castamente para 
		esquivar mi asedio,
estás sordo a mi grito,
al fragor de mi 
		sangre,
a la insomne ternura que para ti alimento.


		Déjame ser 
		el vértigo que apura tu caída,
el vino que amedrenta tus íntimos 
		pudores,
la hoguera donde crujan
tus huesos uno a uno,
el amor 
		que aniquile tu párvula indolencia.


		Dame tu 
		luz, tu risa, la fuerza que te escuda,
el clima de arrogancia que 
		yergue tu estatura,
tus ojos invasores
y esa vital delicia
que 
		se aferra a tu cuerpo y dora tu epidermis.


		Entrégame 
		tu enigma, la descifrada clave
que me guíe al prohibido torreón donde 
		sueñas.
Te escalaré en silencio,
exhausta de anhelarte
y 
		seremos dos leños nutriendo el mismo fuego.
9.

Evocación

En dónde 
		estarás ahora, dulce amigo,
qué luz desatará de ti mi sombra,
qué 
		boca lapidará lo que antes fuimos,
qué piel me exilará
de tu 
		memoria.


		En dónde 
		estarás ahora, mientras bebe
su postrer arrebol un viejo cuervo
y 
		cae la plomada del silencio
señalando al rencor
su dura lágrima.


		En dónde 
		ya sin mí, sin nuestro tiempo,
nuestro pacto de amor tras la batalla,

		en dónde y hacia dónde tu deseo
y su terco llamear
en cada 
		encuentro.


		En dónde 
		la respuesta mientras sumo
otra piel, otro vino y la certeza
de no 
		poder ser ya por haber sido.
¡Terca es la pena
y es vano el 
		simulacro!
10.

Farsante

¡Oh, deseado!
Cuánto amor profanado para hallarte,
cuánta fábula 
		escrita sobre ruinas,
y el dolor clausurado en roca viva
para 
		sellar tu fuga innumerable.

		
Pero fuiste
huella en el viento,
mediodía de tinieblas,
en 
		el centro de la hoguera lodo y ceniza,
en la súplica del agua prólogo 
		de fuego,
a la hora del dolor
medianoche de lobos.

		
Hasta que fui anulando tus escapes,
tus pasos hacia atrás,
tus 
		negaciones,
levantando piedra a piedra la mazmorra
donde amurar la 
		obsesión de tu vigilia.

		
Y ahora que,
total ya mi albedrío,
deshaces tu falacia de 
		imposibles,
farsante de la hora qué poca cosa entregas:
desolación 
		y hastío bajo ensayada máscara.
Tendrás que regresar a la nada, 
		cuando eras
apenas bella fábula
y enigma de algún sueño.
11.

Génesis

Entonces era el caos,
la sombra en desmesura. Apenas el vacío
al 
		borde de la nada. Sopor de los abismos.

		
¡Soledad! ¡Soledad!

Y tú en el umbral empujaste las sombras,

		milenios de silencio, baldías soledades.

		
Anulaste la nada.

Buscaron las galaxias posibles horizontes

		y hallaron los planetas sus órbitas precisas.

		
Después comenzó el amor
y surgió el alfabeto, el ángel de la 
		música
la flauta de los vientos.

		
El beso inventó unos labios
y fue posible la miel en los panales,

		los ritos de la zafra, las uvas moscateles.

		
El deseo se hizo carne
y el fuego ardió en asombro ritual sobre 
		la tierra,
fecundó los volcanes, habitó cada estrella.


		Y, ya a 
		merced del gozo,
desplegado oleaje de piel salobre y húmeda,

		inventaste los mares, sus crestas, sus abismos,
y juntos navegamos el 
		altamar del éxtasis.


		Todo lo 
		fue creando el germen de tu aliento,
toso edé, fue posible a partir 
		de tu tacto.
Después dijiste: olvídame,
Y creaste tus mitos y 
		leyendas.
12.

Germinal

Hoy 
		contiene mi cuerpo avidez de parcela.
Tendida, alegre,
abierta

		bajo el sol llameante,
por los cuatro costados me recorre la vida

		y destila en mi boca sus ardientes resinas.
Trasciende poro a poro mi 
		desnudez propicia
pujante olor a tierra
blanda y recién volcada,

		soy toda como un surco palpitante y ansioso,
un terreno baldío
que 
		se vierte en promesa
y domina el primero que lo quiera sembrar


		El sol, 
		hoguera y lámpara, me dora e ilumina,
y cae sobre mi cuerpo

		rotunda la mañana.
Y grito, danzo y giro,
y canto ennoblecida

		por la suprema dicha
de reflejar la espiga
que tiembla en el 
		fragante regazo de la tierra.

Versos y pensamientos de Flor Alba Uribe

4 citas
« Ascendente / marea creciendo en lenta fiebre »
Flor Alba Uribe · Amantes
« "Te amaré siempre, siempre" / Inapelable noria de »
Flor Alba Uribe · Canción tardía
« Hoy he / besado a un hombre hechura de la tierra, »
Flor Alba Uribe · Capricho
« A la hora / del amor llega desnudo, »
Flor Alba Uribe · Consejos de Afrodita
Biblioteca poética

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