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Flor Alba Uribe · Amantes
Biografía y amplia selección de poemas de Flor Alba Uribe. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Flor Alba Uribe. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Ascendente marea creciendo en lenta fiebre los amantes se buscan y enlazan dulcemente, como árboles que avanzan, cumpliendo su destino de incendiada epidermis. De pie son dos espadas que luchan tercamente por distraer la muerte, tendidos son dos ríos fluyendo hacia el instante que anula la sellada consigna del olvido. Y si el mundo, impaciente, se sale de sus goznes, estalla o se disuelve, los amantes lo ignoran, apenas necesitan el canto de su sangre, su vida recobrada en húmedas batallas y las pequeñas muertes en cada despedida.
"Te amaré siempre, siempre" Inapelable noria de las palabras que da vueltas, al otro lado de la ausencia, junto al vaciad0 pozo de los sueños. "Tú y yo por la vida y por la muerte" Quién retuerce el cáñamo para tejer la hora de un pasado ilusorio. Rumor que se aproxima, eco en suave curva donde la realidad es fuga. Quién envía señales de humo, palomas mensajeras, ramas sobre el agua, almizcle en pos del viento presagiando caminos de regreso y así aniquila el tráfago irrevocable del olvido. Canción tardía. Voz de pájaro emigrante que ha extraviado el rumbo, su estela monitora y se abandona al sino de caprichosos vientos mientras deplora la prematura llegada del invierno.
Hoy he besado a un hombre hechura de la tierra, elemental, agreste, sin linaje ni aroma. Capricho en el desgaste de una tarde cualquiera. ¡Dura carne de cobre para mi carne ardía. Y aconteció, tan cierto, el regreso a la orilla donde todo comienza: la tierra, su inocencia, y dos seres que aprenden el estupor de un niño cruzando el lento abismo. Obediencia de arcilla perpleja y clamorosa horneada en el oscuro resplandor del deseo. El mundo en perspectiva, y el ojo de los astros miro, visión del Génesis, los cuerpos anudados. Y mientras Dios gestaba la rosa, los metales, la curva de los montes, los ríos iniciales, un gemido y un canto de agonía deleitosa diseñaron los sauces y el primer ruiseñor, e inmersa en la fragante destilación del sexo halló el mar tumultuoso su vocación salina.
A la hora del amor llega desnudo, desnudo y puro, como quien vive su muerte y resucita. Besa hasta que sean de piedra tus labios y tu lengua. Acaricia hasta que palidezcan los tigres camorreros. Entrégate con la avidez del sediento en la taberna, con fervor, con pavor, no retrocedas. Y en la batalla de labios y de huesos, en la apretada urdimbre de dos cuerpos baja cantando, como un minero iluminado, para cavar muy hondo entre dos muslos.
Voy por tu cuerpo con la avidez gozosa de un lobo que demarca su nuevo territorio, preciso tu latido, tu miel, tu levadura, el tacto que me brinda paraísos contrarios. -Tu piel, con su fragancia de tierra lloviznada, transpira como un niño que juega entre la niebla-. Con manos como olas, con labios como insectos, con el abrasado viento de mínimas palabras me aferro a tus costados, deambulo por tu cuerpo, convoco en tus fronteras el solapado fuego. Y, así, de toque a beso, de humedad a silencio te creces en ternura, te viertes en codicia, aprendo de tus manos mi resplandor más hondo, y bebo en tu saliva mis sales y mi aroma.
Anuncio mi regreso al límite marcado. Al reloj con sus rígidas señales, a las siglas convenidas y ese rictus que amedrenta los símbolos vitales. Sí, ya estoy aquí, vedme desnuda de toda rebelión, de todo intento, del fuego primordial de la esperanza, fracción de vida con su perfil anónimo. Ya enjaulé mis ensueños migratorios, exilié mis verdades insurgentes, ahuyenté mis fantasmas libertarios y renegué de mis locuras esenciales. Ya soy de nuevo la cifra en el rebaño, la postulante de toda cobardía, os invito, sin rencor, al gran evento, de mis remordimientos y nostalgias.
La noche traficante de eróticas consignas. Los amantes transcurren hacia el éxtasis. Un almizcle ritual de miel salobre impregna el aire y su fervor me ubica en el puntual laberinto del deseo. Servidumbre de labios suplicantes, obstinada ambición que discrimina todo gesto vital que no aproxime la hoguera de otra piel, y el denso musgo. Qué mercenario puñal, qué ultrasonido, qué atroz felicidad, qué fiera subterránea podrá desvertebrar esta codicia, este monstruo de sedas y pezuñas, lengua en acecho, famélica pantera que desoye la hora del que sufre, el paso de la furia y sus escombros, la complicidad del aire en los violines, y absorta en mi delirio sólo imploro un cuerpo de varón, elemental, desnudo que exorcice mis lúbricos fantasmas mientras preso en mi vientre muere y vive.
Pon en guardia tu cuerpo y el ritmo de tus sueños. Desde la médula del tiempo busco tu paraíso, la mezcla de tu sangre, el crisol de tu sexo donde el futuro ensaya su cósmica simiente. Estoy desnuda como el eco de la primer mañana, con mi sed disparada como una bala al cosmos, acechando tus manos, el cielo de tu boca, la genital presencia entre tus muslos firmes. Ah, pero mi amor no altera tus sólidos baluartes, te sellas castamente para esquivar mi asedio, estás sordo a mi grito, al fragor de mi sangre, a la insomne ternura que para ti alimento. Déjame ser el vértigo que apura tu caída, el vino que amedrenta tus íntimos pudores, la hoguera donde crujan tus huesos uno a uno, el amor que aniquile tu párvula indolencia. Dame tu luz, tu risa, la fuerza que te escuda, el clima de arrogancia que yergue tu estatura, tus ojos invasores y esa vital delicia que se aferra a tu cuerpo y dora tu epidermis. Entrégame tu enigma, la descifrada clave que me guíe al prohibido torreón donde sueñas. Te escalaré en silencio, exhausta de anhelarte y seremos dos leños nutriendo el mismo fuego.
En dónde estarás ahora, dulce amigo, qué luz desatará de ti mi sombra, qué boca lapidará lo que antes fuimos, qué piel me exilará de tu memoria. En dónde estarás ahora, mientras bebe su postrer arrebol un viejo cuervo y cae la plomada del silencio señalando al rencor su dura lágrima. En dónde ya sin mí, sin nuestro tiempo, nuestro pacto de amor tras la batalla, en dónde y hacia dónde tu deseo y su terco llamear en cada encuentro. En dónde la respuesta mientras sumo otra piel, otro vino y la certeza de no poder ser ya por haber sido. ¡Terca es la pena y es vano el simulacro!
¡Oh, deseado! Cuánto amor profanado para hallarte, cuánta fábula escrita sobre ruinas, y el dolor clausurado en roca viva para sellar tu fuga innumerable. Pero fuiste huella en el viento, mediodía de tinieblas, en el centro de la hoguera lodo y ceniza, en la súplica del agua prólogo de fuego, a la hora del dolor medianoche de lobos. Hasta que fui anulando tus escapes, tus pasos hacia atrás, tus negaciones, levantando piedra a piedra la mazmorra donde amurar la obsesión de tu vigilia. Y ahora que, total ya mi albedrío, deshaces tu falacia de imposibles, farsante de la hora qué poca cosa entregas: desolación y hastío bajo ensayada máscara. Tendrás que regresar a la nada, cuando eras apenas bella fábula y enigma de algún sueño.
Entonces era el caos, la sombra en desmesura. Apenas el vacío al borde de la nada. Sopor de los abismos. ¡Soledad! ¡Soledad! Y tú en el umbral empujaste las sombras, milenios de silencio, baldías soledades. Anulaste la nada. Buscaron las galaxias posibles horizontes y hallaron los planetas sus órbitas precisas. Después comenzó el amor y surgió el alfabeto, el ángel de la música la flauta de los vientos. El beso inventó unos labios y fue posible la miel en los panales, los ritos de la zafra, las uvas moscateles. El deseo se hizo carne y el fuego ardió en asombro ritual sobre la tierra, fecundó los volcanes, habitó cada estrella. Y, ya a merced del gozo, desplegado oleaje de piel salobre y húmeda, inventaste los mares, sus crestas, sus abismos, y juntos navegamos el altamar del éxtasis. Todo lo fue creando el germen de tu aliento, toso edé, fue posible a partir de tu tacto. Después dijiste: olvídame, Y creaste tus mitos y leyendas.
Hoy contiene mi cuerpo avidez de parcela. Tendida, alegre, abierta bajo el sol llameante, por los cuatro costados me recorre la vida y destila en mi boca sus ardientes resinas. Trasciende poro a poro mi desnudez propicia pujante olor a tierra blanda y recién volcada, soy toda como un surco palpitante y ansioso, un terreno baldío que se vierte en promesa y domina el primero que lo quiera sembrar El sol, hoguera y lámpara, me dora e ilumina, y cae sobre mi cuerpo rotunda la mañana. Y grito, danzo y giro, y canto ennoblecida por la suprema dicha de reflejar la espiga que tiembla en el fragante regazo de la tierra.
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