Poesía Universal

Fina García Marruz

Biografía y amplia selección de poemas de Fina García Marruz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Fina García Marruz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Fina García Marruz

15 poemas seleccionados
1.

A aquel vago delirio de la sala...

A aquel vago delirio de 
		la sala 
		
traías el portal azul del pueblo 
de tu niñez, en tu silencio 
		abríase
		
una lejana cena misteriosa. 
Cayó el espeso velo de los ojos 

		y al que aguardó toda la noche abrimos. 
		
Partía el pan con un manto de nieve. 
Con las espaldas del pastor 
		huiste, 
		
cuando volviste el rostro era la noche, 
todo había cambiado y 
		sin embargo 
		
en la granja dormían tranquilas las ovejas.
2.

Al

despertar...


		Al despertar 
uno se vuelve 
		
al que era 
al que tiene 
el nombre con que nos llaman, 
al 
		despertar 
		
uno se vuelve 
seguro, 
sin pérdida, 
al uno mismo 
al 
		uno solo 
		
recordando 
lo que olvidan 
el tigre 
la paloma 
en su 
		dulce despertar.
3.

Ama la superficie casta y triste...

"Sé el que eres" 
                                                                                            
		Píndaro


		Ama la superficie casta 
		y triste. 
		
Lo profundo es lo que se manifiesta. 
La playa lila, el traje 
		aquel, la fiesta 
		
pobre y dichosa de lo que ahora existe 


		Sé el que eres, que es 
		ser el que tú eras, 
al ayer, no al mañana, el tiempo insiste, 
sé 
		sabiendo que cuando nada seas 
		
de ti se ha de quedar lo que quisiste. 


		No mira Dios al que tú 
		sabes que eres 
		
-la luz es ilusión, también locura- 
sino la imagen tuya que 
		prefieres, 
		


		que lo que amas torna 
		valedera, 
		
y puesto que es así, sólo procura 
que tu máscara sea verdadera.
4.

Cine

mudo


		No es que le falte 
el sonido,
es que tiene 
		
el silencio.
5.

Cã“mo

Cómo ha cambiado el tiempo...


		
		Amigo, el 
		que yo más amaba,
      	
venid a la luz del alba 

Cómo ha cambiado el tiempo aquella 
		fija 
		
mirada inteligente que una extraña 
ternura, como un sol, 
		desdibujaba! 
		
La música de lo posible rodeaba tu rostro, 
como un ladrón el 
		tiempo llevó sólo el despojo, 
		
en nuestra fiel ternura te cumplías 
como en lo ardido el fuego, 
		y no en la lívida 
		
ceniza, acaba. Y donde ven los otros 
la arruga del escarnio, te 
		tocamos 
		
el traje adolescente, casi nieve 
infantil a la mano, pues que 
		sólo 
		
nuestro fue el privilegio de mirarte 
con el rostro de tu 
		resurrección.
6.

Como un romano

Quién sirve
como un 
		romano
-ese monarca
natural- una cena?


		A quién no merma

		jamás su oficio
sino alegría?


		Rey, Guerrero,

		Oficiante,
y Padre siempre.


		Quién
-como si 
		mandase-
sirve una copa?
7.

Cruz de palomas

Para Isabel, que me enseñó la basílica de San Clemente
                                                                                                    
		(Mosaico del ábside, s. XII)


		Creíamos que la cruz

		era sólo de amargura
y ahora vemos las palomas
poblando sus 
		travesaños.
(Verdad que es en San Clemente
y en el siglo de 
		María.)
La cruz echa las raíces
de donde, en círculos magos,

		nace la vida; los ciervos
beben el agua brotada
del Dolor; bajo su 
		fronda
los hombres y las mujeres
se afanan en sus oficios,
y 
		por las tablas nocturnas,
blanquísima, las palomas
caminan. Es su 
		jardín.
8.

Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna...

Cuando el tiempo ya es 
		ido, uno retorna 
		
como a la casa de la infancia, a algunos 
días, rostros, sucesos 
		que supieron 
		
recorrer el camino de nuestro corazón. 
Vuelven de nuevo los 
		cansados pasos 
		
cada vez más sencillos y más lentos, 
al mismo día, el mismo 
		amigo, el mismo 
		
viejo sol. Y queremos contar la maravilla 
ciega para los otros, 
		a nuestros ojos clara, 
		
en donde la memoria ha detenido 
como un pintor, un gesto de la 
		mano, 
		
una sonrisa, un modo breve de saludar. 
Pues poco a poco el mundo 
		se vuelve impenetrable, 
		
los ojos no comprenden, la mano ya no toca 
el alimento 
		innombrable, lo real.
9.

Del tiempo largo

A veces, 
		en raros
instantes, se abre, talud
real y enorme, el tiempo

		transcurrido.
                       
		Y no es entonces
breve el tiempo. Como el pájaro
al elevarse 
		abarca con sus alas
un diminuto pueblo o costerío,
la inmensidad 
		de lo vivido arrecia,
y se mira remoto el ayer próximo,
en que el 
		pico ávido bajaba
en busca de alimento.
                        
		¡Qué eternidad
de soles ya vividos! ¡Y qué completa
ausencia de 
		nostalgia! Para crecer
se vive. Para nacer de nuevo
y rehacer la 
		mala copia original.
Para crecer, se sufre. No se quiere
volver 
		atrás, ni tan siquiera al tiempo
rumoreante de la juventud.
                         
		Que no para que el rostro
luzca lozano y terso se ha vivido.
No 
		para atraer por siempre con el fuego
de la mirada, no con el alma en 
		vilo,
por siempre se ha de estar.
                          
		De cierto modo
la juventud es también como una cierta
decrepitud: 
		un ser informe,
larva, debatíase, qué peligrosamente
amenazado. Se 
		vivió. se salió,
quién sabe cómo, del hueco,
de la trampa:
                           
		valió el otro
del bosque de la vida, el pleno encanto
de los 
		claros del sol entre lo umbrío
para pagar su precio: lo tanto

		costó poco; poco el sufrir inmenso
para esta dádiva: al rostro

		orne la arruga como el pecho la cinta coloreada
de un guerrero
o 
		como al niño la medalla premia
por la humilde labor.
                            
		Como el avaro
el peso de un tesoro, encorva
la espalda anciana el 
		peso
del vivir.
                             
		Mas ya, arriba,
a la salida, ya, se mira
hacia atrás sonriendo, 
		renacido,
como agrietada cáscara el polluelo,
ya se van desligando 
		las amarras,
del extraño navío, y como novio trémulo
locamente lo 
		incierto hace señales.


		costó 
		dolor, muerte costó, la vida.
Y al tiempo, breve o largo, siempre 
		corto,
como el relámpago del amor, se le mira
ya sin recelo ni 
		amargura
como a las heridas de la mano, en el arduo
aprender de su 
		oficio,
contempla el aprendiz.


		Bella es 
		toda partida.
10.

El

que solía visitarnos, el que 
		era...


		
		El que solía 
		visitarnos, el que era 
		
de todos más amado, suave vuelve 
a la sala sencilla, cada día 
		
más real y más leve, ya de humo. 
¿Cuándo tocó la puerta? No 
		podemos 
		
recordarlo. Estaba allí, estaba! 
Y no se irá jamás ni puede 
		irse. 
		
No nos trae la memoria las palabras 
del adiós. Sólo podrá 
		volverse 
		
por la puerta de un ruido, de un llamado 
de ese mundo que borra, 
		ignora y vence.
11.

Huésped me fue palabra misteriosa...

¿No sentías que ardía tu corazón
                                                         
		cuando nos hablaba de las Escrituras? 
                                                                                 
		Los peregrinos de Enmaús


		Huésped me fue palabra 
		misteriosa. 
		
Huésped es el que viene de muy lejos, 
de algún pueblo que nunca 
		habremos visto. 
		
Huésped es el que viene por la noche, 
toca la aldaba de la 
		puerta y todo
el umbral resplandece como nieve.
Huésped es quien 
		se sienta a nuestra mesa 
		
sólo por una noche, y no se acierta
sino ya a oír lo que su boca 
		dijo. 
		
Huésped es el que alegra con su rostro, 
y alumbra con sus manos 
		nuestro pan, 
		
y no logramos recordar su nombre. 
Huésped es el que ha de 
		partir, al alba.
12.

Italia

En Roma,
la Madona.


		En Florencia,
la 
		Doncella.


		La Pasión,
en 
		Venecia.


		Amica mea.
13.

La

Pietà de Miguel Angel

                                                                     
		A Dinorah


		Ay, es como una luna,

		esos delgados miembros sostenidos
por la madre, ahora poderosa,

		más allá del dolor.


		La mano sosteniéndolo 
		la arruga
levemente la piel bajo los hombros.
La otra, de reina, 
		parece que mendiga.


		No llora ya: ofrece al 
		Hijo
que quisiera mecer,
a su pequeño inmenso
que quiso lo 
		inaudito.


		Ay, es como la fina

		luna menguante.
14.

Los extraños retratos

Ahora que estamos solos,

		infancia mía,

		hablemos,

		

		olvidando un momento

		los extraños retratos

		que nos hicieron.

		

		Hablemos de lo que tú y yo,

		por no tener ya nada, 

		sabemos.

		

		Que esta solitaria noche mía

		no ha tenido la gracia

		del comienzo,

		

		y entré en la danza oscura de mi estirpe

		como un joven tristísimo

		en un lienzo.

		

		Mi imagen sucesiva no me habita

		sino como un oscuro

		remordimiento,

		

		sin poder distinguir siquiera

		qué de mi pan o de mi vino

		invento.

		

		En el oscuro cuarto en que levanto

		la mano con un gesto

		polvoriento,

		

		donde no puedo entrar, allí me miras

		con tu traje y tu terco

		fundamento,

		

		y no sé si me llamas o qué quieres

		en este mutuo, extraño

		desencuentro.

		

		Y a veces me parece que me pides

		para que yo te saque

		del silencio,

		

		me buscas en los árboles de oro

		y en el perdido parque

		del recuerdo,

		

		y a veces me parece que te busco

		a tu tranquila fuerza

		y tu sombrero,

		

		para que tú me enseñes el camino

		de mi perdido nombre

		verdadero.

		

		De tu estrella distante, aparecida,

		no quiero más la luz tan triste

		sino el Cuerpo.

		

		Ahonda en mí. Encuéntrame.

		Y que tu pan sea el día

		nuestro.
15.

No, no, memoria del pasado día...

No, no, memoria del 
		pasado día 
		
vengas sobre este sol y césped santo. 
No vuelva yo a invocar 
		refugio tanto 
		
de lo que así se crece en despedida. 


		Quédeme tu intemperie y 
		mi porfía 
		
de caer, de volver de nuevo a alzarme, 
no la raída pasamanería 
		
que alza mi polvo y que tu luz deshace. 


		No me hartes de mí que 
		hartazgo tanto 
		
no soporta mi poca luz vencida. 
Mas mi ayer fue tu hoy: no halle 
		quebranto. 
		



		Volver a lo pasado no 
		es mi ruego...
¿Pero y aquel aroma de la vida? 
		
Retenga su promesa, no su fuego.

Versos y pensamientos de Fina García Marruz

4 citas
« A aquel vago delirio de / la sala »
Fina García Marruz · A aquel vago delirio de la sala...
« al que tiene / el nombre con que nos llaman, »
Fina García Marruz · Al
« Píndaro / Ama la superficie casta »
Fina García Marruz · Ama la superficie casta y triste...
« No es que le falte / el sonido, »
Fina García Marruz · Cine
Biblioteca poética

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