« Lo que me interesó / de ese amor, de ese larguísimo simulacro de amor, fue precisamente lo »
Filoteo Samaniego · 1.
Biografía y amplia selección de poemas de Filoteo Samaniego. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Filoteo Samaniego. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Lo que me interesó de ese amor, de ese larguísimo simulacro de amor, fue precisamente lo menos, lo simple, lo vulgar, lo aburrido. Amor aburrido y cotidiano, tan sin sorpresas, que fue tal vez su ausencia de carácter lo que lo volvía sorprendente. El comienzo, el fin, los intermedios, seguían un itinerario preciso, cronométrico; sin olvido de destino ni equivocación de ruta, sin citas fallidas ni menos retardos a una cita. Llegábamos, saludábamos, desfogábamos nuestros deseos y partíamos tras prudentes y moderados reposos, luego de haber ordenado vestidos y ojeras y equilibrado la altura de los hombros y de la mirada. Sorprendente amor, tan cotidiano. Jamás el viento en el bosque sopló más de lo debido. Los pétalos desflorados se empeñaban en una afirmación impertinente de pasión y siempre sobraron tréboles sobrecargados de la mejor suerte. Sorprendente amor tan repetido. Nunca, en la caricia, utilicé sendas diferentes: del cabello a los hombros; de la frente al corpiño, hasta que surgía la púdica protesta de su mano cancerbera... * * * * *
Al iniciarse todo comienzo, innumerables razones, avatares, caminos y raíces surgen en estrecha red, se mezclan y entremezclan dando variedad a la angustia e impidiendo la monotonía de la risa. El horizonte del recuerdo se abre y se entrega sin reparos ni mezquindad. Nunca hay mayor aglomeración de circunstancias ni más material descriptivo que en un comienzo. Todo se da aunque exista todavía trecho por recorrer. Allí nos están permitidos desafueros y exageraciones por pertenecer a la fantasía y al cuento, únicos tenedores legítimos del derecho a la verdad y a la farsa. Al iniciarse todo comienzo tropiezan desordenados los acontecimientos y se encadenan por infinitos eslabones hacia la trama del relato. Pero el comienzo de este amor, abundante en tiempo y pobre en novedad, no permite un margen de invención, me atropella en lila desbandada de hechos similares, en un pasar sin pasar de días, meses y años. Aquello que autoriza la definición de ese mágico nombre "comienzo", no puede entrar en terreno de mi preocupación, por la imposibilidad de descubrir un ángulo, una ocasión propicia que permitan diferenciarlo de cualquier otro instante intermedio o final de este larguísimo amor. * * * * *
La amé, y sólo después de consumado el beso, me interrogué sobre el significado de la entrega. Era el primer día y aún no conocía el color de sus ojos. Me equivoqué al alabarlos, porque fui directo al fondo de la mirada. De la misma manera que un día, el último, al caer de la noche y conociendo ya el sabor de sus ojos, me equivoqué asimismo y para siempre por la última vez. Claro que para entonces había ya acostumbrado mis horas a ese error y amaba el error que era Ella toda y que la hacía personal, incomparable, única. No acierto a comprender cuál fue su última caricia: la de la noche primera o la que cronológicamente clausuró nuestro intento de amor. Pues si fue un beso de partida el saludo de sus labios, partió lenta y difícilmente. Se despidió sin quererlo desde la entrega inicial y retardó el desenlace de su definitiva desaparición. Presintió la imposibilidad de fusión de labios y salivas y sufrió de la certeza del fin que entreveía y al que no quería llegar ni apresurarlo por haberse encariñado, aquerenciado súbitamente en la imposibilidad fatal. Y si el último lo fue en realidad ¿por qué lo acortó y se echó, llorando, a correr? * * * * *
La historia que relato tiene en su actual realidad cariz y circunstancias idénticas, aunque diferentes. ¡Ahora estoy solo! La costumbre de Ella estuvo tan enraizada, que me duelen las horas extraídas, los muebles abandonados, los gestos rutinarios: me hice a esa rutina y ahora me pesa la rutina degollada. "No te equivoques, parece decirme alguien, sobre la causa de tus sufrimientos; los únicos que sufren son los baldados: les duele el miembro que les falta". Compruebo la ausencia de innumerables minutos en el día y ya no puedo conformar ni ensamblar los instantes hasta completar las veinticuatro horas que eran péndulo y constancia de mi vida. ¡Y los muebles! Los otros, fuera del lecho. Los muebles, digo: la alfombra arrugada por los pasos imprecisos; la lámpara de tres bombillas en la que nunca alumbró más de una; la cómoda, el escritorio y la silla. ¡Ah! la silla, que favorecía tanto a la rigidez de su aparente dignidad. Y hoyno hay nadie en la silla. Desde arriba la mira un rayo de luz mas no encuentro la sombra que busco. El aire está sentado en la silla, cómodo, tranquilo, cruzando las piernas sin gracia. Mas a él no lo busco. Persigo una mirada algo más arriba del espaldar y cerca, muy cerca de mi anhelo. No me atrevo a aproximarme. Detesto palpar la ausencia. La silla permanece inmóvil como mi aliento. Detesto la quietud del mueble vetusto y el ruido que ya no está: como cuando algo inquietaba su impaciencia. Era tarde; debía partir, y partió a esta misma hora. Y ahora me duele la sombra escapada del cuerpo de los días y añoro los repetidos gestos que me contrariaban; la voz que hablaba y golpeaba mis oídos hasta exasperarlos. Añoro la monotonía, la exasperación, la falta de incidentes, pues ahora estoy solo: comprobación estricta y precisa. * * * * *
« Lo que me interesó / de ese amor, de ese larguísimo simulacro de amor, fue precisamente lo »
« Al iniciarse / todo comienzo, innumerables razones, avatares, caminos y raíces surgen »
« La amé, y sólo después de consumado el beso, me interrogué sobre el / significado de la entrega. »
« La historia que / relato tiene en su actual realidad cariz y circunstancias idénticas, »
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