Poesía Universal

Fernando Charry Lara

Biografía y amplia selección de poemas de Fernando Charry Lara. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Fernando Charry Lara. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Fernando Charry Lara

9 poemas seleccionados
1.

A la poesía

Al soñar tu imagen, 
bajo la luna sombría, el adolescente 
		
de entonces hallaba 
el desierto y la sed de su pecho. 
Remoto 
		fuego de resplandor helado, 
		
llama donde palidece la agonía, 
entre glaciales nubes enemigas 
		
te imaginaba y era 
como se sueña a la muerte mientras se vive. 
		
Todo siendo, sin embargo, tan íntimo. 
Apenas una habitación, 

		apenas el roce de un ala o un amor que atravesase noches, 
		
con pausado vuelo lánguido, 
con solamente el ruido, el resbalar 
		
de la lluvia sobre dormidos hombros adorados. 

Sí, dime de 
		dónde llegabas, sueño o fantasma, 
		
hasta mi propia sombra, dulce, tenaz, al lado. 
Así asomas ahora, 
		
silenciosa, 
tal entre los recuerdos 
el cuerpo amado avanza 
		
y al despertar, a la orilla del lecho, 
entre olvido y años, 

		al entreabrir los ojos a su deslumbramiento, 
		
hoy es sólo 
la gracia melancólica que huye, 
invisible 
		hermosura de otro tiempo. 
		

No existe sino un día, un solo día, 
existe un único día 
		inextinguible, 
		
lento taladro sin fin royendo sombras: 
¡No soy aquel ni el otro, 
		
y ayer ni ahora soy como soñaba! 

Qué turbadora memoria 
		recobrarte, 
		
adorar de nuevo tu voracidad, 
repasar la mano por tu cabellera 
		en desorden, 
		
brazo que ciñe una cintura en la oscuridad silenciosa. 
Ser otra 
		vez tú misma, 
		
salobre respuesta casi sin palabras, 
surgida de la noche 
con 
		tristes sonidos, rocas, lamentos arrancados del mar. 
		

Tú sola, lunar y solar astro fugitivo, 
contemplas perder al 
		hombre su batalla 
		
mas tú sola, secreta amante, 
puedes compensarle su derrota con 
		tu delirio. 
		
Míralo por la tierra vagar a través de su tiniebla: 
crúzalo con 
		la espada de tu relámpago, 
		
condúcelo a tu estación nocturna, 
enajénalo con tu amor y tu 
		desdén. 
		
Y luego, en tu desnudez eterna, 
abandóname tu cuerpo 
y haz 
		que sienta tibio tu labio cerca de mi beso, 
		
para que otra vez, despierto entre los hombres, 
te recuerde. 

		
 De 
		"Los adioses" 1963
2.

Al ausente

Recuerdo de Jorge Gaitán Durán


		Si tu desnudo gesto 
		inmóvil
si tu rostro que estalló de pronto ante un espejo
Si tu 
		voz mutilada por el árbol por la nube
Si tu paso callado por un 
		sótano
Una obstinada selva carnicera
Piedras y hojas de inútil 
		rocío
y sigo sigo despierto pensando
Silencio ahora duermes

		Ahora eres
Un puñado de estrellas y de madrugadas

		
La lenta noche del mar vaga por la memoria
La alucinación de 
		cuerpos y fiestas lejanas
El herido cansancio del oleaje a la espalda

		La víspera de Colombia en el entresueño
El amor y el hastío el deseo 
		indolente
La respiración el perfume de un pecho a oscuras
El labio 
		adolescente que miras entre lunas
La palidez de los objetos a tu 
		alrededor
El golpe del trueno en olas en espumas en rocas
No 
		escuchas callas es más sordo el silencio
Está más cerca el silencio

		Ya adviertes la tormenta los relámpagos
Entresacas otro huracán de 
		tus recuerdos
Ronco de sombras y vientos yagonías

		
Si nunca aquella errante ráfaga huyendo
Salida del cielo morado a 
		borbotones
Con un ruido de corazón destartalado
Riega el espacio 
		de lágrimas y desperdicios
Es el inasible aullido del insomnio
Es 
		un largo funeral por una calle a solas
Es un sollozo que silba 
		perdido en las esquinas
Como el eco de un grito en una
Imprevista 
		ciudad que sonámbulo:
Vislumbras ves desierta entre pesadillas

		
Porque inhumano el mundo se niega a ser eterno
Vuelas 
		irrescatable de cenizas
En la medianoche de un bar te despides
Te 
		rodean mutilaciones y senos y maderas
y ya no quieres escuchar
Mas 
		es verdad que ya no me oyes
Y el traje con que andabas por la tarde

		Y mujeres encinta llenas de besos
Caen también con precipitación

		Desplomándose en estrechos invisibles corredores 
		

Quedan la lluvia la conversación los recuerdos 
Si no hubiese 
		sido montaña sino mar sino llanura 
		
Aquel que en mitad del camino de la noche
Buscando palabras el 
		infinito tiempo medía
Sin olvidar la muerte al lado
Repentinamente 
		entrado a su muerte
En el vértigo el asombro instantáneo del vacío

		Palpando en el espacio tanta inmovilidad 
		
Ahora te sé de aire y noche y nada

Eres tú el mismo que vivía

		El mismo que regresaba
O era yo o era otro
O éramos me repito 
		nuestros amigos
Estuvimos uno a uno al amanecer en Pointe a Pitre

		O pudo no haber sido nadie sino
El sueño de algún huésped de mi 
		memoria

		
Apenas los cabellos apenas el alba caída
En el vestido
Entre 
		escombros inerte sin luz deshabitado
¿Qué raíces qué miradas 
		lentamente
Despiertan junto a un cuerpo
Silenciosas y frías para 
		reconocerlo? 
		


		De "Los adioses" 
		1963
3.

Blanca

taciturna


		Qué día de silencio 
		enamorado
vive en mi gesto vago y en mi frente.
Qué día de 
		nostalgia suavemente
solloza amor al corazón cansado.


		Alta, dulce, distante, 
		se ha callado
tu nombre en mi voz fiel, pero presente
su turbia 
		luz mi soledad lo siente
en todo lo que existe y ha soñado.


		En la tarde vagando, 
		voluptuoso
de horizontes sin fin, la lejanía
me envuelve en tu 
		recuerdo silencioso.


		Claros cabellos, 
		cuerpo, ojos lejanos,
pálidos hombros. Oh, si en este día
tuviera 
		yo tu mano entre mis manos.
4.

Ciudad

Por el aire se escucha el alarido, el eco, la distancia. 
		

Alguien con el viento cruza por las esquinas y es un 

		instante 
		
su mirada como puñal que arañara la sombra. 
Desde el desvelo se 
		oyen sus pisadas alejarse en secreto 
		
por la calle desierta tras un grito. 

Una mujer o nave o nube 
		por la noche desliza como río. 
		
Junto al agua taciturna de los pasos 
nadie le observa el rostro, 
		su perfil helado 
		
frente al silencio blanco del muro. 

(Por el mar bajo la luna 
		su navegación no sería 
		
tan lenta y pálida, 
como por los andenes, ondulante, 
su 
		clara forma en olas 
		
avanza y retrocede. 

Esos pasos, rozando el aire, se niegan a 
		la tierra: 
		
no es el repetido cuerpo que en hoteles de media hora 
entre 
		repentinos amantes y porteros 
		
su desnudo deslumbra bajo manos y manos 
y despierta soñoliento 
		en un 
		
apagado movimiento 
mientras a la memoria 
acuden en desorden 
		lamentos. 
		

En la oscuridad son relámpagos 
la humedad en llamas de esos 
		ojos 
		
de oculta fiera sorprendida, 
y algo instantáneo brilla, 
la 
		rebeldía del ángel súbito 
		
y su desaparición en la tiniebla). 

La noche, la plaza, la 
		desolación 
		
de la columna esbelta contra el tiempo. 
Entonces, un ruido agudo 
		y subterráneo 
		
desgarra el silencio 
de rieles por donde coches pesados de sueño 
		
viajan hacia las estaciones del Infierno. 

Duermevela el 
		reloj, su campanada el aire rasga claro. 
		
En el desierto de las oficinas, en patios, 
en pabellones de 
		enronquecida luz sombría, 
		
el silencio con la luna crece 
y, no por jardines, se estaciona 
		en bocinas, 
		
en talleres, en bares, 
en cansados salones de mujeres solas, 

		hasta cuando, como con fatiga, 
		
la sombra se desvanece en sombra más espesa. 

Desde la fiebre 
		en círculos de cielos rasos, 
		
oh triste vagabundo entre nubes de piedra, 
el sonámbulo arrastra 
		su delirio por las aceras. 
		
El viento corre tras devastaciones y vacíos, 
resbala oculto tal 
		navaja que unos dedos acarician, 
		
retrocede ante el sueño erguido de las torres, 
inunda 
		desordenadamente calles como un mar en derrota. 
		
Siguen por avenidas sus alas, su vuelo lúgubre por 

		                                                           suburbios:
      	
se ahonda la eternidad de un solo instante 
y por el aire resuena 
		el alarido, el eco, la distancia. 
		

Muerte y vida avanzan 
por entre aquella oscura invasión de 
		fantasmas. 
		
Los cuerpos son uniformemente silenciosos y caídos. 
Un cuerpo 
		muere, más otro dulce y tibio cuerpo apenas 
		

		                                                                  duerme
      	
y la respiración ardiente de su piel 
estremece en el lecho al 
		solitario, 
		
llegándole en aromas desde lejos, desde un bosque 
de jóvenes y 
		nocturnas vegetaciones. 
		


		De "Los adioses" 
		1963
5.

Como la ola

Con llegada de espuma hasta la playa triste,
oscura ola de esplendor 
		lunar extendido,
tú cruzas, tú cruzas
con remoto ardor despertando 
		mi beso
en el mar delirante de la noche.

		
En fuga siempre, llena de reflejos,
reconstruyendo a solas lo 
		amargo y lo distante,
o recostada un poco a la luz de los 
		crepúsculos,
así mejor dibujo la melancolía de su retrato:
junto 
		al piano, a la ventana
de irrespirables sueños, a la música de súbito 
		callada,
esperando una voz que llega como el eco a las zonas

		desiertas.

		
Nocturna entonces,
como la piel,
como lo profundo de los 
		besos,
como la noche de los árboles,
como el amor sería junto a su 
		cabellera.

		
Luego, sin sonido,
espuma silenciosa tras la sombra,
entre el 
		rumor apagado de los pasos,
desnuda huyes, pálida ola,
no se te 
		reconoce.
6.

El exilio

El hombre entristecido 
		mira
caer vehemente la luz a su ventana:
distraído contempla la 
		distancia
de espumas como olas, lejanías.

		
Leves despiertan a su nostalgia
los reflejos de otros días,
y 
		es ocio y congoja de una tarde
por gracia de este cielo,
que a su 
		imagen
es mar azul, playas doradas, islas,
regresar desde la 
		claridad de unas nubes
en el desmayo ávido del instante
hacia la 
		antigua soledad remota.

		
Mas no puede la frente melancólica
soñar con esperanza sus 
		recuerdos.
Volver a la tierra perdida
sería también 
		deslumbramiento amargo:
un sol ajeno se levanta
como espada en 
		mano enemiga.
Y su deseo es apenas
la pasión lánguida de la 
		adolescencia en olvido,
un indolente jardín o una calle,
su deseo 
		es apenas un aire,
si nocturno, de borrosas estrellas,
si de 
		fulgor o nieve,
si de sol sangriento en el ocaso.

		
Sin testigo,
la obscuridad del rostro en los cristales,
bajo 
		la luz que anochece punzante a la ventana
sus miradas entonces se 
		obstinan,
frías, tenaces de silencio,
más allá,
entre vagas 
		nubes o mares.

		
Puñal siempre en el pecho es la memoria.
Callar consuelo ha sido.

		Mejor será
morir secretamente a solas.

		
De "Los adioses" 1963
7.

El lago

By the waters of Leman I sat down and wept
                                                                                                                        
		T. S. Eliot

Érase entre la luz de la mañana 
Alta y 
		desierta nube de otro tiempo 
		
Me mirabas llegar desconocido 
Aire írio cristal pálido día 

		Llovía luego un agua verde entre el paisaje 
		
Un agua azul y plata por el lago 
Un agua ronca con sollozo a 
		mares 
		
Despedazándose rota en ventanales 
Me veías llegar desconocido me 
		veías 
		
Amante que perdió su memoria el rostro amado 
Me veías ráfaga de 
		huracanadas 
		
Olas de luz y viento y tempestades 

Dejabas penetrado de 
		relámpagos 
		
Al extranjero corazón a oscuras 
La ciudad que rodea de verdor el 
		lago 
		
Cuando a la hora última la tarde 
Dejabas tu desolación en las 
		esquinas 
		
Cuerpo insinuándose al recuerdo 
Dejabas tus sedosas violetas 
		esparcidas 
		

El mundo extraño apenas prodigando 
Leves fulgores perlas por 
		el aire 
		
Frágil contra la sombra el muro el árbol 
La viuda cabellera de 
		las luces 
		
De noche tiernas lunas 
Sobre los pavimentos y las lluvias 

		
Cuando eres tú y a tu lado impalpable 
Una joven cintura 
		entredormida
		
O femenino cráter insospechado ardiendo 
Ebrio de tristes pasos 
		cuando el eco 
		
Por soledades vagas como espejos 
Como calles por nadie nunca 
		recorridas 
		
Que hace más años tú ya presentías 
Ser el desconocido 
De 
		súbito al encuentro 
		

El rugido del viento en las orillas 
Ecos de ahogados flotan 
		sordamente en insomnio 
		
La oscuridad el cielo inmóvil 
Las aguas que noche y día son tu 
		pensamiento 
		
Lago tal corazón desbordado 
Bajo la madrugada sollozando 
A 
		solas su imagen tan desierta 
		
Un momento le creíste 
palpitación o llamarada 
Como tú 
De 
		amor y luz y tiempo ausentes 
		
Contemplar aún su claro pecho irisado 
Mientras la vastedad del 
		agua amaneciendo 
		
Lago era entonces sin furor 
Invisible al deseo 
Cuello jazmín 
		apenas 
		
Solitario de silenciosa blancura 
Muslos apenas grises de nácares 
		helados 
		

Alejándose entonces la presencia y el sueño 
Borrando al alba 
		en cansancio su latir obstinado 
		
Llegar por fin a ti la vida en secreto 
La vida ahora que asoma 
		entre tus labios 
		
Tus mudos labios volviendo a tu vida 
Aquel desconocido 
De 
		siempre a tu encuentro 
		
El cuerpo del pensamiento de ti mismo 
Aquel 
Amante que 
		perdió su memoria el rostro amado 
		
Huésped del laberinto y la nada.
8.

El verso llega de noche

En la ciudad de bruma la fiesta
de las noches es un bosque
de 
		cabelleras oscuras y de estrellas.

		
Turbándome con sus pálidos dedos de rocío
como entre los amantes 
		sorpresivas palabras,
su silencio enloquece las plazas solitarias,

		las calles, los ámbitos callados
por donde pasa el aire misterioso de 
		siempre.

		
Es el rumor, las alas
como ala anochecer la sombra
de una 
		cabellera en las manos.
Es el rumor vagando entre vientos,
entre 
		lúgubres vientos
en que sollozan luces
y espejos de la ciudad 
		nocturna.

		
Es el rumor, las sílabas
que nacen y llevan una canción
al 
		corazón que sueña,
una canción, las sílabas
creciendo en medio de 
		la niebla
o tal flor desnuda bajo la lluvia,
(nunca hemos amado 
		tanto, nadie
sabrá decir que hemos amado tanto
en una noche.
En 
		nuestro corazón resuenan los horizontes
y resuena también la vecindad 
		de la tierra.)

		
El verso silencioso fue en la noche,
el verso claro fue el 
		instinto
bajo ruda corteza o piel amarga.
El verso, palabras 
		ceñían los cuerpos
delgados de las mujeres,
sus claros cuerpos 
		bajo la luna
suspendidos en la música,
sílabas ceñían sus cuerpos

		como voces ardientes, como llamas.

		
En un árbol de lluvia que gime al viento
sus canciones,
sube 
		la sangre en río sollozando ligera
y soporto encendida la tristeza de 
		un grito
largamente tendido en medio de la noche.

		
De la noche sedienta, de la innúmera noche,
de la noche que 
		guarda
los deseos como sombras,
de las dolorosas, mudas sombras 
		amadas,
sombras de los deseos
sombras de un antiguo amargo 
		silencio.
Amargo, sí, errante silencio en que no queda
sino el 
		poema en la noche,
como recuerdo herido por el filo de un beso.
9.

Fantasma

Esbelta sombra dulce, sombra con ademán de entrega,
cuerpo en forma 
		de cielo y sueño, reposas en el aire,
rompes el silencio con el 
		corazón a borbotones,
pero me dejas en suspenso, extraña.
sólo 
		palpitación, sólo deseo,
hallazgo imprevisto de mi destino ignorado.

		
Como distancia enlunada y desierta,
así de soledad y palidez te 
		imagino, así
te construye mi pensamiento, me llegas, te amo.
Lo 
		impenetrable de mi ser creas a tu imagen misma,
mas sólo existes

		en el temblor y fascinación ante tu llamarada oscura,
en esta nube en 
		desvelo o cárcel solitaria de mi frente,
y en el recuerdo también

		de aquel salón con alas en que duerme el hermano muerto
y un vuelo 
		repentino esas alas, esa ráfaga fría.

		
Yo no sé descender sino a ti misma, viva,
sin hallar jamás la 
		huella bajo tus pies de otra música
sino solamente el trote,
la 
		desesperación de desencadenados caballos nocturnos.

		
¿Es sólo un lamento que huye
ese cuerpo tuyo por el que sueño y 
		muero?
¿La luz que te ciñe y persigue
en esa sombra por la que 
		vaga desierta mi caricia?
Sin embargo tu desnuda sombra es dulce,

		fantasma, como yo, ¡de polvo y nostalgia!
y si aparte de esta avidez 
		en llamas
fueras leve criatura al lado,
junto a ti el aire a tu 
		paso como ángeles serían blancas, blandas espadas,
un diluvio, a lo 
		lejos, un caer de invisibles, inmóviles relámpagos.

Yo no sé, yo 
		no sé por qué mi mano anhelante,
por qué la obstinación de mi mano 
		como un mar de noche y sin reposo,
no te encuentra finalmente, o mi 
		beso, al rozar esta sombra,
al contemplarte a solas, oh tú creada de 
		pensamiento mío,
si no en el atardecer de un desdeñoso juego de 
		espejos,
rodeada por la música del día y soles y avenidas,
pero de 
		pronto la evidencia
de no ser ni haber sido,
de no ser silencio,

		solamente vacío.


		De 
		"Los adioses" 1963

Versos y pensamientos de Fernando Charry Lara

4 citas
« Al soñar tu imagen, / bajo la luna sombría, el adolescente »
Fernando Charry Lara · A la poesía
« Recuerdo de Jorge Gaitán Durán / Si tu desnudo gesto »
Fernando Charry Lara · Al ausente
« taciturna / Qué día de silencio »
Fernando Charry Lara · Blanca
« Por el aire se escucha el alarido, el eco, la distancia. / Alguien con el viento cruza por las esquinas y es un »
Fernando Charry Lara · Ciudad
Biblioteca poética

Libros de Fernando Charry Lara recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: