« Noche, fabricadora de embelecos, / loca, imaginativa, quimerista, »
Félix Lope de Vega
Félix Lope de Vega es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primer...
Vida
Félix Lope de Vega es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Félix Lope de Vega
1.
A la noche
A la noche
Noche, fabricadora de embelecos, loca, imaginativa, quimerista, que muestras al que en ti su bien conquista los montes llanos y los mares secos; habitadora de celebros huecos, mecánica, filósofa, alquimista, encubridora mil, lince sin vista, espantadiza de tus mismos ecos: la sombra, el miedo, el mal se te atribuya, solícita, poeta, enferma, fría, manos del bravo y pies del fugitivo. Que vele o duerma, media vida es tuya: si velo, te lo pago con el día, y si duermo, no siento lo que vivo.
2.
A una calavera de mujer
A una calavera de mujer
Esta cabeza, cuando viva, tuvo sobre la arquitectura de estos huesos carne y cabellos, por quien fueron presos los ojos que mirándola detuvo. Aquí la rosa de la boca estuvo, marchita ya con tan helados besos; aquí los ojos, de esmeralda impresos, color que tantas almas entretuvo; aquí la estimativa, en quien tenía el principio de todo movimiento; aquí de las potencias la armonía. ¡Oh hermosura mortal, cometa al viento! En donde tanta presunción vivía desprecian los gusanos aposento.
3.
A una dama que salió revuelta una
mañana
A una dama que salió revuelta una mañana
Hermoso desaliño, en quien se fía cuanto después abrasa y enamora, cual suele amanecer turbada aurora, para matar de sol al mediodía. Solimán natural, que desconfía el resplandor con que los cielos dora; dajad la arquilla, no os toquéis, señora, tóquese la vejez de vuestra tía. Mejor luce el jazmín, mejor la rosa por el revuelto pelo en la nevada columna de marfil, garganta hermosa. Para la noche estáis mejor tocada; que no anocheceréis tan aliñosa como hoy amanecéis desaliñada.
4.
A una rosa
A una rosa
¡Con qué artificio tan divino sales de esa camisa de esmeralda fina, oh rosa celestial alejandrina, coronada de granos orientales! Ya en rubíes te enciendes, ya en corales, ya tu color a púrpura se inclina sentada en esa basa peregrina que forman cinco puntas desiguales. Bien haya tu divino autor, pues mueves a su contemplación el pensamiento, o aun a pensar en nuestros años breves. Así la verde edad se esparce al viento, y así las esperanzas son aleves que tienen en la tierra el fundamento...
5.
Dulce desdén, si el daño que me haces...
Dulce desdén, si el daño que me haces...
Dulce desdén, si el daño que me haces de la suerte que sabes te agradezco, qué haré si un bien de tu rigor merezco, pues sólo con el mal me satisfaces. No son mis esperanzas pertinaces por quien los males de tu bien padezco sino la gloria de saber que ofrezco alma y amor de tu rigor capaces. Dame algún bien, aunque con él me prives de padecer por ti, pues por ti muero si a cuenta dél mis lágrimas recibes. Mas ¿cómo me darás el bien que espero?, si en darme males tan escaso vives que ¡apenas tengo cuantos males quiero!
6.
Dura
Dura
necesidad, madre afrentosa... Dura necesidad, madre afrentosa de la vergüenza y vil atrevimiento, escuridad del claro entendimiento tal vez en los peligros ingeniosa; inventora de máquinas famosa, pensión del generoso nacimiento, consejera del mal, Argos del viento y a la mortal naturaleza odiosa; vil salteador que a los caminos sales, los peregrinos matas o detienes y para derribar el honor vales; sólo una cosa provechosa tienes; que al hombre que jamás probó los males es imposible conocer los bienes.
7.
El
firme amor
El firme amor
Miré, señora, la ideal belleza, guiándome el amor por vagarosas sendas de nueve cielos, y absorto en su grandeza, las ejemplares formas de las cosas bajé a mirar en los humanos velos, y en la vuestra sensible contemplé la divina inteligible. Y viendo que conforma tanto el retrato a su primera forma, amé vuestra hermosura, imagen de su luz divina y pura, haciendo, cuando os veo, que pueda la razón más que el deseo. Y pues por ella sola me gobierno, amor, que todo es alma, será eterno.
8.
Es la mujer del hombre lo más
bueno...
Es la mujer del hombre lo más bueno...
Es la mujer del hombre lo más bueno, y locura decir que lo más malo, su vida suele ser y su regalo, su muerte suele ser y su veneno. Cielo a los ojos, cándido y sereno, que muchas veces al infierno igualo, por raro al mundo su valor señalo, por falso al hombre su rigor condeno. Ella nos da su sangre, ella nos cría, no ha hecho el cielo cosa más ingrata: es un ángel, y a veces una arpía. Quiere, aborrece, trata bien, maltrata, y es la mujer al fin como sangría, que a veces da salud, y a veces mata.
9.
Esparcido el cabello por la
espalda...
Esparcido el cabello por la espalda...
Esparcido el cabello por la espalda que fue del sol desprecio y maravilla, Silvia cogía por la verde orilla del mar de Cádiz conchas en su falda. El agua, entre el hinojo de esmeralda, para que entrase más el curso humilla; tejió de mimbre una alta canastilla y púsola en su frente por guirnalda. Mas cuando ya desamparó la playa, «Mal haya, dijo, el agua, que, tan poca con su sal me abrasó pies y vestidos». Yo estaba cerca y respondí: «Mal haya la sal que tiene tu graciosa boca, que así tiene abrasados mis sentidos».
10.
Ir y quedarse, y con quedar
partirse...
Ir y quedarse, y con quedar partirse...
Ir y quedarse,
y con quedar partirse,
partir sin alma y ir con alma ajena,
oír
la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;
arder como la
vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser
demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;
hablar entre
las mudas soledades,
pedir pues resta sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar
eterno;
creer sospechas
y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la
vida infierno.
Versos y pensamientos de Félix Lope de Vega
4 citas« Esta cabeza, cuando viva, tuvo / sobre la arquitectura de estos »
« Hermoso / desaliño, en quien se fía »
« ¡Con qué / artificio tan divino sales »
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