Poesía Universal

Eugenio de Nora

Biografía y amplia selección de poemas de Eugenio de Nora. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Eugenio de Nora. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Eugenio de Nora

11 poemas seleccionados
1.

Adiós

¿Recuerdas? Era así. Césped de alfombra
florecía en colores 
		dulcemente,
y en la vibrante y tibia y clara sombra
era verdad tu 
		cuerpo adolescente.

		
Dorados, rosas, blancos, tus vestidos:
gaviotas de aquel cielo, 
		extenuadas
por adioses inmensos, sólo oídos
en mis remotas playas 
		deslumbradas.

		
¡Adiós, amor! Tu fuego ya en mi pecho.
¿Dónde el mundo y su 
		forma, luz gozosa?
¡Huye, cintura breve, astro deshecho, 
		

opaca ya en tu piel la luz hermosa!
Nada quedaba, boca. Así 
		fui hecho
a la furia: besar un ascua rosa.
2.

Canto

al demonio de la 
		sangre

		
Una vez más tu látigo de fuego,
¡déspota de la sangre! , y 
		adelante.
Tu música brutal de mar furioso
que el mundo toca, ¡y 
		adelante!
¡Oh Capitán! Tú sabes que en la sombra
velé y velé mi 
		guardia, cada noche,
y que nunca cedí. Que el medio día
no sonó a 
		calma para mí. Que siempre
que tu voz me llamó, presente estuve,

		pronto a mí guerra. Que la primavera,
rosa o mujer, no adormeció mi 
		anhelo:
tú sabes, Capitán, que el mundo es breve
para tu voz Y 
		para mi destino.

		
Y, por eso quizá...

                                    
		Es madrugada,
Y un divino claror inunda el aire:
era violeta, es 
		rosa. .., dime, dime,
¿dónde está lo que fue, quién lo sostiene?
         
		Yo miro los colores que suceden
en el aire sereno, ahora que salgo

		vencedor de la noche. ¡Alerta, alerta!
Miro el matiz aquél: oro entre 
		rosa,
y siento así temblar mi vida leve.
Mi Capitán, mi espléndido 
		Tirano,
¿cuál es tu voz; serás cuando yo huya?
¿O eres quizá 
		inmortal?...
                                     
		Pero tu sangre
es mi sangre, tu voz mi voz, tu impulso
es sólo mi 
		apetencia.
                                    
		Y yo he de irme.
Lo sé, bien sé: como el dolor violado
abandona 
		esa tenue, tenue nube,
como el agua que fluye entre los juncos,
o 
		el racismo cumplido en el otoño...
Un día me iré. ¿Cuál es nuestro 
		destino?

		
¡Oh Déspota, tú apremias el mandato,
tu alto azote de mar, tu 
		ardiente tralla!
¡Hay cumbres a escalar en donde el viento
ciñe de 
		gloria la irradiante frente!
¡Guerras en que esgrimir, como una 
		espada,
la voluntad de amar a hachazos ciegos!
¡Apetencia de ser! 
		¡Amor! ¡Los labios
aún vírgenes al beso donde el rojo
no es color, 
		sino vida! ¡Criaturas
de belleza mortal! ¡Perenne gloria!
¡Ser! ¡Y 
		ser más!
                             
		Tu látigo, Tirano,
restalle bien. Eso es la vida. ¡Sigue!

Pero 
		luchar, amar, poseer la gloria,
¿es madurar el hombre hacia lo 
		eterno?
¡No es vida, mi Demonio, lo que pido;
quiero inmortalidad 
		y permanencia!
    ¡No! Sólo a Dios, a Ti, mi Dios 
		oculto,
mi silencioso Dios, es a quien quiero,
¡Tú, mi Libertador!

		
                              
		Nunca el tirano
restallaría su látigo en mi sangre
si ella creyera 
		en Ti como yo creo.
Pero la sangre es monte y viento y mar,
es 
		loba, o savia de la tierra ardiente,
y ama su carne, mi Señor, la 
		forma
que el tiempo nutre, la belleza vana.
      
		Más Tú lo sabes, Dios. Que no te olvido,
que a tu gloria combato. Que 
		si amo
a mi sangre, a las dulces criaturas
que, de sangre también, 
		hacen tu mundo,
es por tuyas, mi Dios. Dame el destino
de confiar 
		en Ti, y cuanto haga
según mi sangre mientras dure el tiempo,
en 
		tu gracia florezca.
                                
		¡Entonces llega,
oh Capitán de fuego, y nunca cese
tu mandato 
		imperioso, y mi batalla!
Quiero creer, ¡También la vida es santa!

		Y aunque vano es el mundo y sus criaturas,
y es Dios quien quiero que 
		jamás me olvide,
¡Déspota, ordena! Y que mi amor disperso
me dé 
		inmortalidad y permanencia.
3.

Carmen de la eterna vida

Miraba yo las rosas 
		penando de alegría,
solas entre mis manos, atónitas, perdidas.


		Miraba antes las rosas. 
		Quería tener, tenerlas.
Quería querer. Quería. Mas la forma no sueña.


		Yo canté entre los 
		chopos. Y contra el sol poniente
vi florecer los ramos de luz dorada 
		y verde.


		Y besé el agua, el 
		cielo. Me trasfundí, fui todo.
Pero en la cima, siempre, sentí que 
		estaba solo.


		( Queremos lo infinito. 
		Nos duele lo que escapa,
aunque entre luz y rosas sintamos fluir el 
		alma.


		Sólo es cual si cesara 
		la corriente del tiempo
con otro tiempo humano. Tú y yo, remanso 
		eterno. )


		Felicidad contigo. Nos 
		viven y sustentan
en lo hondo de la noche las eternas estrellas.


		¡Felicidad! Tendremos, 
		alba de cada día,
nuestro infinito en rosas desnudas. Nuestra vida.
4.

Carmen de la riqueza

Yo, muchacho aldeano, 
		regresando
por mis años de fresca y verde senda,
traigo, para tu 
		tiempo, la alegría
de aquella inagotable primavera.


		Para tu boca traigo la 
		caricia
de tantas flores de color que sueña;
para tus ojos en los 
		que oscurece,
la estrella de la tarde triste y bella.


		Traigo la voz del agua 
		que ha pasado
en el silencio tibio de la hierba;
te traigo el 
		cielo, corazón sonoro
con álamos de música y ribera.


		Abre tu alma. Mira el 
		valle inmenso.
Nos ha correspondido esta riqueza.
es todo tuyo. el 
		borde de la dicha
va más allá del tiempo y de la tierra.
5.

Carmen de la tarde bella

Querría solamente una 
		rosa;
esta luz clara y tibia en los ojos,
y una rosa entre las 
		verdes hojas.


		Una rosa,
para 
		mirarla, para descansar,
para sentir el alma y ver su forma;
para 
		estar solamente en silencio,
en armonía con la tarde hermosa.


		Dejar que el tiempo, 
		como una muchacha
deshoje su blanca corola,
eligiendo, dejando 
		caer
entre las cosas, nuevas cosas;
el tiempo de luz y de 
		sombra...


		Quisiera solamente ser

		una ternura frente a otra;
quisiera únicamente soñarte;
quisiera 
		una rosa, una rosa.
6.

Armen de la voz más pura

Carmen 
		de la voz más pura


		¡Maravillosos pájaros 
		del alba!
Los musicales ramos
del aire, quietos. ¿Para quién

		cantamos?


		...Decís el cielo, 
		lejana rosa
y violeta; en lo alto,
es azul, tiempo. ¿Para quién

		cantamos?


		La primavera secará sus 
		flores.
cuando el amor vuele en el viento, el tallo
estará roto. 
		¿Para quién
cantamos?


		¡Música dulce, oh voz 
		de madrugada!
No he conocido lo que amo;
pero yo canto con 
		vosotros,
¡maravillosos pájaros!
7.

Carmen de las manos maravillosas

¡Versos de amor! Qué pronto queda
dicho todo, sin empezar.
Es 
		igual que mirar al cielo
iluminado alguna vez.


		Tan honda en lejanía, 
		tan puro
lo que quisiéramos cantar.
Pero qué decir de una rosa

		en la mano, en el corazón.


		( Sentarse al borde de 
		una fuente,
sedientos, y verla temblar
en el junco verde, en el 
		pájaro
que alegra la onda de la luz.


		Tan indecible y sin 
		palabras
como adorar, quedar, sentir
al aire en flor de una 
		sonrisa
toda nuestra felicidad. )


		Yo no sé bien por qué, 
		tentado
de imposible, quiero decir
cómo la dicha excede al hombre,

		cómo es tan inefable ser;


		¡ser, solamente, ser, 
		completos,
esto que somos al amar!
Una lira sonora, ebria,
en 
		manos...
             
		ah, ¿de quién, de quién?
8.

Carmen de unos recuerdos

Hermosa,
sólo hermosa.
Estrellas tibias en tu pelo suelto
que 
		el aire combatía;
prados floridos, cielos
en el agua, curvados

		animales ligeros cuerpo abajo, ladera
abajo; pechos
gacelas; 
		áureas
caderas con caballos. Todo, fuego
en un río de espacio 
		musical, cauce de astros
infinito.
                         
		Sí: bella,
hermosa. Sonreías
como cálida nieve; mirabas pasar 
		ríos;
concedías labiales
claveles oprimidos, auroras

		vacilantes, luz negra,
hiedras ardientes cuerpo adentro.

		
¡Oh rosa
hija del tiempo, agua
del tiempo, floreciente
lago 
		de tiempo!
                       
		Junto a tus orillas
he soñado la vida, y he mirado
anchos los 
		cielos. Aunque todo pase,
yo amaré siempre.
                       
		Poso mi cabeza
sobre la roca, muevo el horizonte,
y oh sollozado 
		ramo de palabras, golpeo
el agua clara. ¡Fuente,
luz del ser, con 
		tu imagen!
¿Te soñaba? Tenía
una estrella en el pecho.
Y tú 
		eras
hermosa, eras
hermosa; sonreías...
9.

Carmen del amor implacable

Está lejos el mar, pero recuerdo
el musical chasquido de las olas

		-oh cima, oh prados de agua florecida-,
corona de la fuerza 
		melodiosa.

		
Está lejos el mar, pero recuerdo
la luz del sol en mil alfanjes 
		rota,
la intensidad feroz, la luz de fuego
reverberando, primavera 
		honda.

		
Oh, la visión alegra y embellece
la tristeza infinita de las 
		horas
en espera; el azul innumerable
acoge al alma innumerable y 
		sola.

		
Está lejos el mar, pero ¿quién ama
sin recordar las implacables 
		olas?
La Fuerza insoportable hiere, rapta,
y de palabras bellas 
		nos corona.
10.

Carmen del éxtasis

Distraída del mundo; 
		más, lejana 
		
como un vuelo de pájaros, tú existes 
donde el silencio empieza, 
		donde el alma.

		
Donde las avenidas, misteriosas
de árboles altos y de sombra 
		extraña
nos llevan a la pena más hermosa;
donde la noche llora, 
		constelada 
		
frente a sí misma, porque todo es poco,

porque los mundos 
		brillan en la nada,
como nosotros, donde la belleza 
		
suspende el tiempo; donde canta 
mi voz más sola; en mi reducto 
		último, 
		
allí estás tú, silencio, alma.

Alza los ojos, tienes la 
		cabeza 
		
de una imposible luz aureolada;
quieres, querrías, pero no te 
		sientes,
porqué eres sólo noche, noche clara.

		
¡Ah, dame ese silencio, rompe 
esta belleza que nos mata!
Y en 
		tu infinita noche, álcese 
		
un viento dulce, despertando ramas.
11.

Canción sin destino

Tú, nunca encontrado,
sólo a quien busqué.
¿Siempre he de seguirte

		sin llegarte a ver?

		
Amor prometido
en rosa y en luna,
en toda belleza
que quede 
		o que huya...

		
Tú que me naciste.
y el amor nació;
unidad completa,

		soledad, amor.

		
¡Amor sin amada!
¡Fantasma de fe,
nostalgia, recuerdo
que 
		nunca miré!

		
¿No eres tú quien mueve
la buena pelea,
tú, a quien se va 
		siempre,
y nunca se llega?

		
Si eres en mi alma
flor de eternidad,
¡florécete y huye,
no 
		me des la paz!

		
Pero, no: en el mundo
me naciste un día;
pues en ti soy 
		hombre,
déjame que viva.

		
Estoy: una vida
es la eternidad.
Jamás tendré otra,
te 
		quiero alcanzar.

		
¡Sí, quiero alcanzarte,
y tenerte, sí;
vivir un destino,

		vivir y vivir!

		
¡Yo quiero tus ojos,
tu voz y tu boca,
y tu alma y tu carne

		toda, toda, toda!

		
¡Oh, amor prometido
que nunca he de ver;
si eres como un 
		sueño,
bella debes ser!

Versos y pensamientos de Eugenio de Nora

4 citas
« ¿Recuerdas? Era así. Césped de alfombra / florecía en colores »
Eugenio de Nora · Adiós
« sangre / Una vez más tu látigo de fuego, »
Eugenio de Nora · Canto
« Miraba yo las rosas / penando de alegría, »
Eugenio de Nora · Carmen de la eterna vida
« Yo, muchacho aldeano, / regresando »
Eugenio de Nora · Carmen de la riqueza
Biblioteca poética

Libros de Eugenio de Nora recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: