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Eugenio de Nora · Adiós
Biografía y amplia selección de poemas de Eugenio de Nora. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Eugenio de Nora. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
¿Recuerdas? Era así. Césped de alfombra florecía en colores dulcemente, y en la vibrante y tibia y clara sombra era verdad tu cuerpo adolescente. Dorados, rosas, blancos, tus vestidos: gaviotas de aquel cielo, extenuadas por adioses inmensos, sólo oídos en mis remotas playas deslumbradas. ¡Adiós, amor! Tu fuego ya en mi pecho. ¿Dónde el mundo y su forma, luz gozosa? ¡Huye, cintura breve, astro deshecho, opaca ya en tu piel la luz hermosa! Nada quedaba, boca. Así fui hecho a la furia: besar un ascua rosa.
al demonio de la
sangre
Una vez más tu látigo de fuego,
¡déspota de la sangre! , y
adelante.
Tu música brutal de mar furioso
que el mundo toca, ¡y
adelante!
¡Oh Capitán! Tú sabes que en la sombra
velé y velé mi
guardia, cada noche,
y que nunca cedí. Que el medio día
no sonó a
calma para mí. Que siempre
que tu voz me llamó, presente estuve,
pronto a mí guerra. Que la primavera,
rosa o mujer, no adormeció mi
anhelo:
tú sabes, Capitán, que el mundo es breve
para tu voz Y
para mi destino.
Y, por eso quizá...
Es madrugada,
Y un divino claror inunda el aire:
era violeta, es
rosa. .., dime, dime,
¿dónde está lo que fue, quién lo sostiene?
Yo miro los colores que suceden
en el aire sereno, ahora que salgo
vencedor de la noche. ¡Alerta, alerta!
Miro el matiz aquél: oro entre
rosa,
y siento así temblar mi vida leve.
Mi Capitán, mi espléndido
Tirano,
¿cuál es tu voz; serás cuando yo huya?
¿O eres quizá
inmortal?...
Pero tu sangre
es mi sangre, tu voz mi voz, tu impulso
es sólo mi
apetencia.
Y yo he de irme.
Lo sé, bien sé: como el dolor violado
abandona
esa tenue, tenue nube,
como el agua que fluye entre los juncos,
o
el racismo cumplido en el otoño...
Un día me iré. ¿Cuál es nuestro
destino?
¡Oh Déspota, tú apremias el mandato,
tu alto azote de mar, tu
ardiente tralla!
¡Hay cumbres a escalar en donde el viento
ciñe de
gloria la irradiante frente!
¡Guerras en que esgrimir, como una
espada,
la voluntad de amar a hachazos ciegos!
¡Apetencia de ser!
¡Amor! ¡Los labios
aún vírgenes al beso donde el rojo
no es color,
sino vida! ¡Criaturas
de belleza mortal! ¡Perenne gloria!
¡Ser! ¡Y
ser más!
Tu látigo, Tirano,
restalle bien. Eso es la vida. ¡Sigue!
Pero
luchar, amar, poseer la gloria,
¿es madurar el hombre hacia lo
eterno?
¡No es vida, mi Demonio, lo que pido;
quiero inmortalidad
y permanencia!
¡No! Sólo a Dios, a Ti, mi Dios
oculto,
mi silencioso Dios, es a quien quiero,
¡Tú, mi Libertador!
Nunca el tirano
restallaría su látigo en mi sangre
si ella creyera
en Ti como yo creo.
Pero la sangre es monte y viento y mar,
es
loba, o savia de la tierra ardiente,
y ama su carne, mi Señor, la
forma
que el tiempo nutre, la belleza vana.
Más Tú lo sabes, Dios. Que no te olvido,
que a tu gloria combato. Que
si amo
a mi sangre, a las dulces criaturas
que, de sangre también,
hacen tu mundo,
es por tuyas, mi Dios. Dame el destino
de confiar
en Ti, y cuanto haga
según mi sangre mientras dure el tiempo,
en
tu gracia florezca.
¡Entonces llega,
oh Capitán de fuego, y nunca cese
tu mandato
imperioso, y mi batalla!
Quiero creer, ¡También la vida es santa!
Y aunque vano es el mundo y sus criaturas,
y es Dios quien quiero que
jamás me olvide,
¡Déspota, ordena! Y que mi amor disperso
me dé
inmortalidad y permanencia.
Miraba yo las rosas penando de alegría, solas entre mis manos, atónitas, perdidas. Miraba antes las rosas. Quería tener, tenerlas. Quería querer. Quería. Mas la forma no sueña. Yo canté entre los chopos. Y contra el sol poniente vi florecer los ramos de luz dorada y verde. Y besé el agua, el cielo. Me trasfundí, fui todo. Pero en la cima, siempre, sentí que estaba solo. ( Queremos lo infinito. Nos duele lo que escapa, aunque entre luz y rosas sintamos fluir el alma. Sólo es cual si cesara la corriente del tiempo con otro tiempo humano. Tú y yo, remanso eterno. ) Felicidad contigo. Nos viven y sustentan en lo hondo de la noche las eternas estrellas. ¡Felicidad! Tendremos, alba de cada día, nuestro infinito en rosas desnudas. Nuestra vida.
Yo, muchacho aldeano, regresando por mis años de fresca y verde senda, traigo, para tu tiempo, la alegría de aquella inagotable primavera. Para tu boca traigo la caricia de tantas flores de color que sueña; para tus ojos en los que oscurece, la estrella de la tarde triste y bella. Traigo la voz del agua que ha pasado en el silencio tibio de la hierba; te traigo el cielo, corazón sonoro con álamos de música y ribera. Abre tu alma. Mira el valle inmenso. Nos ha correspondido esta riqueza. es todo tuyo. el borde de la dicha va más allá del tiempo y de la tierra.
Querría solamente una rosa; esta luz clara y tibia en los ojos, y una rosa entre las verdes hojas. Una rosa, para mirarla, para descansar, para sentir el alma y ver su forma; para estar solamente en silencio, en armonía con la tarde hermosa. Dejar que el tiempo, como una muchacha deshoje su blanca corola, eligiendo, dejando caer entre las cosas, nuevas cosas; el tiempo de luz y de sombra... Quisiera solamente ser una ternura frente a otra; quisiera únicamente soñarte; quisiera una rosa, una rosa.
Carmen de la voz más pura ¡Maravillosos pájaros del alba! Los musicales ramos del aire, quietos. ¿Para quién cantamos? ...Decís el cielo, lejana rosa y violeta; en lo alto, es azul, tiempo. ¿Para quién cantamos? La primavera secará sus flores. cuando el amor vuele en el viento, el tallo estará roto. ¿Para quién cantamos? ¡Música dulce, oh voz de madrugada! No he conocido lo que amo; pero yo canto con vosotros, ¡maravillosos pájaros!
¡Versos de amor! Qué pronto queda
dicho todo, sin empezar.
Es
igual que mirar al cielo
iluminado alguna vez.
Tan honda en lejanía,
tan puro
lo que quisiéramos cantar.
Pero qué decir de una rosa
en la mano, en el corazón.
( Sentarse al borde de
una fuente,
sedientos, y verla temblar
en el junco verde, en el
pájaro
que alegra la onda de la luz.
Tan indecible y sin
palabras
como adorar, quedar, sentir
al aire en flor de una
sonrisa
toda nuestra felicidad. )
Yo no sé bien por qué,
tentado
de imposible, quiero decir
cómo la dicha excede al hombre,
cómo es tan inefable ser;
¡ser, solamente, ser,
completos,
esto que somos al amar!
Una lira sonora, ebria,
en
manos...
ah, ¿de quién, de quién?
Hermosa,
sólo hermosa.
Estrellas tibias en tu pelo suelto
que
el aire combatía;
prados floridos, cielos
en el agua, curvados
animales ligeros cuerpo abajo, ladera
abajo; pechos
gacelas;
áureas
caderas con caballos. Todo, fuego
en un río de espacio
musical, cauce de astros
infinito.
Sí: bella,
hermosa. Sonreías
como cálida nieve; mirabas pasar
ríos;
concedías labiales
claveles oprimidos, auroras
vacilantes, luz negra,
hiedras ardientes cuerpo adentro.
¡Oh rosa
hija del tiempo, agua
del tiempo, floreciente
lago
de tiempo!
Junto a tus orillas
he soñado la vida, y he mirado
anchos los
cielos. Aunque todo pase,
yo amaré siempre.
Poso mi cabeza
sobre la roca, muevo el horizonte,
y oh sollozado
ramo de palabras, golpeo
el agua clara. ¡Fuente,
luz del ser, con
tu imagen!
¿Te soñaba? Tenía
una estrella en el pecho.
Y tú
eras
hermosa, eras
hermosa; sonreías...
Está lejos el mar, pero recuerdo el musical chasquido de las olas -oh cima, oh prados de agua florecida-, corona de la fuerza melodiosa. Está lejos el mar, pero recuerdo la luz del sol en mil alfanjes rota, la intensidad feroz, la luz de fuego reverberando, primavera honda. Oh, la visión alegra y embellece la tristeza infinita de las horas en espera; el azul innumerable acoge al alma innumerable y sola. Está lejos el mar, pero ¿quién ama sin recordar las implacables olas? La Fuerza insoportable hiere, rapta, y de palabras bellas nos corona.
Distraída del mundo; más, lejana como un vuelo de pájaros, tú existes donde el silencio empieza, donde el alma. Donde las avenidas, misteriosas de árboles altos y de sombra extraña nos llevan a la pena más hermosa; donde la noche llora, constelada frente a sí misma, porque todo es poco, porque los mundos brillan en la nada, como nosotros, donde la belleza suspende el tiempo; donde canta mi voz más sola; en mi reducto último, allí estás tú, silencio, alma. Alza los ojos, tienes la cabeza de una imposible luz aureolada; quieres, querrías, pero no te sientes, porqué eres sólo noche, noche clara. ¡Ah, dame ese silencio, rompe esta belleza que nos mata! Y en tu infinita noche, álcese un viento dulce, despertando ramas.
Tú, nunca encontrado, sólo a quien busqué. ¿Siempre he de seguirte sin llegarte a ver? Amor prometido en rosa y en luna, en toda belleza que quede o que huya... Tú que me naciste. y el amor nació; unidad completa, soledad, amor. ¡Amor sin amada! ¡Fantasma de fe, nostalgia, recuerdo que nunca miré! ¿No eres tú quien mueve la buena pelea, tú, a quien se va siempre, y nunca se llega? Si eres en mi alma flor de eternidad, ¡florécete y huye, no me des la paz! Pero, no: en el mundo me naciste un día; pues en ti soy hombre, déjame que viva. Estoy: una vida es la eternidad. Jamás tendré otra, te quiero alcanzar. ¡Sí, quiero alcanzarte, y tenerte, sí; vivir un destino, vivir y vivir! ¡Yo quiero tus ojos, tu voz y tu boca, y tu alma y tu carne toda, toda, toda! ¡Oh, amor prometido que nunca he de ver; si eres como un sueño, bella debes ser!
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