Poesía Universal

Esther Giménez

Biografía y amplia selección de poemas de Esther Giménez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Esther Giménez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Esther Giménez

12 poemas seleccionados
1.

Albada

Alguna vez he visto amanecer.
Todos sabéis cómo es: de la negrura

		resurge un débil brote sin querer

		
de luz que el ojo apenas asegura
-si de un color, si de otro, 
		siempre cálido-
que duele, que molesta, que depura

		
su recién vida, crítico y crisálido,
a punto de quebrársele la 
		pata
al tembloroso cervatillo escuálido.

		
Se pone en pie, se estira, se dilata...
Mientras, el ojo, ya 
		desperezado,
comienza a reinventar su flor y nata

		
-color, tono, matiz, significado-
como si no supiera que la luz

		nunca ha atendido a Adán ni a su legado.

		
El Sol confuso alarga la testuz,
se asoma a ver quién mira y nos 
		conoce
aún tras la Tierra-costra-tragaluz

		
y en confianza nos brinda el primer roce.
¿Quién es padre de 
		quién? Se dice El Hombre
-obtiene de Natura tanto goce

		
que no queda camino que no alfombre-.
¿Qué sirve de la luz, 
		tautología,
si no tiene perrito que la nombre?

		
Y el Sol siguió saliendo cada día,
incombustible siempre a 
		nuestros símbolos,
motor casi inmortal de poesía.

		
Pasando por el forro de los nimbos
cada cantar, si alondra o 
		ruiseñor,
si hacemos desayunos con Pan Bimbo,

		
si tú, si yo, si bien o mal de amor...
Sin embargo, la ciencia y 
		la costumbre
me obligan a encontrarle al esplendor

		
un estatismo impropio de su lumbre,
un apagarse lento y sostenido

		que no podemos ver desde la cumbre,

		
que no queremos ver pero es sabido,
se sabe ya seguro, se 
		presiente,
se acabará. Sabéis ya cómo ha sido:


		viajante del Oriente al 
		Occidente
mientras captas de él fulgor de vela,
de toda su 
		reacción la suficiente

		
aletargada luz que nos revela.
Alguna vez he visto algún ocaso.

		Sabéis cómo será: deja su estela

		
la luz; después se va, poeta acaso.
2.

Antes del examen

Ansiedad. Corazón. 
		Viejo bolero.
Cargada de café miro tu boca
descafeinada. Amor, 
		espero, espero...
Paciente está tu lengua, ¿por qué evoca


		tal vez a 
		Garcilaso? Mal agüero:
es torre de Babel con la que enroca
mi rey 
		marmóreo, príncipe, hechicero.
Poeta: lee los versos de una roca


		y aprende de las olas. 
		Luego, escribe
en húmedos idiomas su querencia
sobre mi playa 
		abierta y calla. Avive


		tu lengua la mudez de 
		la impaciencia,
que acecho en tus palabras el declive
por ansia de 
		otros modos de sentencia.
3.

Anti-dormeuse

Deja dormir en paz, necio guisante.
Desiste en tus esféricas razones,

		que ya me tienes hasta los colchones
de lo que te mandara hacer 
		Violante.

		
¿Qué va a pensar mi dueña y qué mi amante?
A qué tanto pinchar 
		reputaciones
si no te salvará ni Indiana Jones
cuando en la senda 
		estés del elefante.

		
Tu sola presunción me es tan molesta
que crudos ni cocidos ni al 
		jamón
consigo soportaros en la siesta.

		
Y ahí sigues, germinando en mi edredón,
robándole a mi paz lo que 
		te presta,
haz sediento de luz y desazón.
4.

Chagrin d'amour

No hay estrellas fugaces ni horizontes.
La tierra inmóvil ve cómo el 
		Sol muere
olvidando marcar días y noches.
La Luna es una cara 
		oscura. Duerme.

		
Después de primaveras no hay veranos.
Mayo es glacial y abate la 
		turgencia
tallando un verde intrínseco y ajado.
Los aromas, 
		antígenos de alergia.


		Todo es lo que parece. 
		Nada existe.
5.

De vuelta a los tejados

De un primer salto
me subiré en el Árbol de la Vida.
Está desnudo 
		ya de primaveras
y no se quejará.

		
Segundo salto:
en la terraza del segundo piso
un par de 
		truchas jóvenes se quieren
y mueren por amor.

		
Del tercer salto
directamente al límite del cielo.
Gorriones, 
		despertad bajo las tejas
o no traeréis el alba.

		
Un cuarto salto...
¡He estado tanto tiempo por el suelo!
Se me 
		olvidó la brisa erizadora
del quince al diecisiete.

		
El quinto salto.
¿Es Luna mi sonrisa? Me regala
unas pupilas 
		nuevas que destellan
también por la mañana.
6.

Después del examen

Y contigo aprendí
el vuelo con motor de los vencejos,
la urbanidad 
		precisa
de un gorrión
y su descuido espía.

		
La distinción de estimas y de aprecios;
a plancharle la ropa
a 
		la pasión
y dónde se coloca.

		
Y también aprendí
los nombres en el nombre del silencio.
y que 
		hay que darle gusto
al profesor
lo mismo que al alumno.
7.

Fin

de curso


		Se sabe del amor por la querella
entre lo que has ganado y has 
		perdido;
esa lucha ampulosa del sentido
contra la dependencia que 
		lo sella.

		
Quizás en la tendencia a dejar huella
para que nadie más caliente 
		el nido
o en el reír perverso, enloquecido,
tocando el centro 
		exacto de una estrella.

		
Es la butaca incómoda de un cine:
la mente más curiosa y 
		transitoria
se sienta por que el fin no se termine.

		
En el beso final, la vasta Historia.
Ese breve esplendor que nos 
		define
la intemporalidad de la memoria.
8.

Fuegos

fatuos


		Esposo: 
Quiero cerrar los ojos,
entre la oscuridad buscar la 
		nada.
Hallar en mis despojos
la libertad soñada:
no puedo 
		desclavarme tu mirada.

		
Esposa: 
Pero no son tus cruces
más que de dioses mártires y 
		mías.
A imagen me reduces,
altar donde me expías
es tu mirar 
		rezándome elegías,

		
eternas, como llagas
que han de doler por más que resucite
de 
		tantas muertes vagas.
Cristiano es el desquite;
un fin sin fin de 
		ojos sin remite.

		
Al último suspiro,
difusa entre lo humano y lo celeste,
le 
		contaré que aspiro
a Ti, que desde el Este
me elevas como un dios 
		tras esta peste
de inmendables errores,
de taliones corruptos y de 
		atilas
cuidándonos las flores.
Mientras de arañas hilas
con 
		sedas de mi alma en tus pupilas.

		
Esposo: 
Me das el Universo
por un gran verde-miel 
		caleidoscopio
igual por el reverso.
Igual parece propio
tu 
		espejo de quimera, igual mi acopio

		
de fuerzas resistentes
a otra visión daltónica del Mundo.
Pero 
		el iris son lentes
y aumentan en profundo
el bicolor mosaico en 
		que me hundo,

		
el mar de algas que mecen,
que lentamente rozan, ciernen lento

		y acariciar parecen
como amoroso viento
hasta cegar el cuello, el 
		pensamiento.

		
Esposa: 
De agua extrasalada
se escuece tanto valle, pudre, 
		anida
muertos de tanta nada.
Ojos cavando herida.
Sangra paloma 
		inútil concebida

		
sin alas y sin tacto.
Cree que en el horizonte será un ave,

		allí, en lo más abstracto
después de ti. No sabe
que ni siquiera 
		existe aunque lo alabe

		
como tú apenas eres
frontera imaginaria de amor-llanto
aunque 
		estás, los difieres,
pero ellos mientras tanto
a escondidas 
		reflejan, mezclan canto.

		
Esposo: 
Quiero cerrar los ojos...
y entre la oscuridad 
		también advierto
tus dos infiernos rojos,
los soles de desierto

		secando y agrietando el pecho abierto.

		
Esposa: 
Se apaga, se silencia,
se va desmoronando y se hace 
		trizas
cada brizna de esencia;
me esparces, me atomizas,

		requemas, desintegras las cenizas.


		Esposo & Esposa:
Las 
		tiras a los ojos
para que observe bien: yo soy la nada.
Ni tan 
		sólo despojos
ni libertad vetada.
Una mota de polvo en tu mirada.
9.

Haces de luz

Recuerdo que una vez te di un poema
con los ojitos prietos y 
		asordado,
que aún no llegaba a ser, que era un poema
en estado 
		embrionario.

		
Se haría de mayor un buen soneto.
Qué habría sido de él si a cada 
		paso
torpe y atropellado, si al boceto
de cada simple hallazgo

		
no lo esperara un molde de sorpresa,
de asombro rescatado, tu 
		crisol
tallando calabazas en calesa
como quien ve algo nuevo bajo 
		el Sol.

		
Y al fin creció y se alzó de entre el tumulto;
se irguió luciendo 
		altivo el capirote
de las maneras propias del adulto:
a ser sin 
		ser y a hacer sin que se note.

		
Pero cuando la luz de la mesilla
-tu lámpara genial, tu falsa 
		luna-
se apaga a largo trecho de la orilla
y vuelve El Coco raudo 
		hacia la cuna,


		le apremian veinte 
		toques en el hombro:
¿por qué no das la luz de un nuevo asombro?
10.

Hallar al fin

Mirarte a ti a los ojos más atenta.
Perderse en línea recta en la que 
		busco.
Sólo encontrar la puerta tras la puerta,
espejo en el 
		espejo más minúsculo.

		
El Aire, el Agua, el Fuego, solo estrella.
El Big Bang de 
		moléculas del Mundo.
Responderse "verdad " por si se acierta
y no 
		acertar. Volverse a un mismo punto.

		
Leerte a ti en los ojos un poema.
Buscarte donde estás, cavar la 
		justo,
descifrar los estratos de La Tierra
y no acertar. Volverse 
		eterno alumno.

		
Azar. Hallar al fin. Mirarte dentro:
certeza de que no hay Quinto 
		Elemento.
11.

I was thy will

If thy soul check thee that I come so near
                                                                
		Swear to thy blind soul that I was thy Will.
                                                                                                             
		William Shakespeare


		I
Cuando apenas me 
		dejas sino ausencia,
el pétalo marchito de uno mismo;
cuando 
		deshoja el tiempo tu apariencia
a ráfagas dentadas de cinismo;

		
cuando los frutos yacen derrocados
y yo me suelto aún verde de 
		tus ramas;
cuando crecen desiertos en los prados
como vaca voraz, 
		envuelta en llamas;

		
cuando no estás ni estoy, recuerdo el día
que El Ciclo 
		interrumpió la flor señera;
al tiempo burló al tiempo que moría

		para en ti ser perpetua primavera.

		
Porque si al fin te ajases, no lo olvides:
mis versos recomponen 
		sus ardides.
 


		II
No ha de 
		truncarse El Mundo
si tú no quieres.
Si es que fugaz te gusta,

		será obediente.


		Pero las plantas

		dicen que entristecemos
si no nos hablan.
12.

In the lap of the Gods

Fluyen desde tu cuello arpados vórtices,
rizos de aire se escapan por 
		tus besos
entre blancas paredes que del eco
debieron contener 
		secretos códices.

		
De tus arañas tela la que enclava
innüendos en magias amatorias;

		enrockados por arte de rapsodia,
mitad Hendrix, mitad María Callas.

		
Excitan tus caderas el Olimpo,
reina del corazón descapuchado.

		Cambias por vodka el líquido de Baco
ungiendo de milagros el sonido.

		
Rebel of gods, although you spread the wings,
your messages won't 
		tell why love can kill.

Versos y pensamientos de Esther Giménez

4 citas
« Alguna vez he visto amanecer. / Todos sabéis cómo es: de la negrura »
Esther Giménez · Albada
« Ansiedad. Corazón. / Viejo bolero. »
Esther Giménez · Antes del examen
« Deja dormir en paz, necio guisante. / Desiste en tus esféricas razones, »
Esther Giménez · Anti-dormeuse
« No hay estrellas fugaces ni horizontes. / La tierra inmóvil ve cómo el »
Esther Giménez · Chagrin d'amour
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