Poesía Universal

Enrique Lihn

Biografía y amplia selección de poemas de Enrique Lihn. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de Enrique Lihn. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Enrique Lihn

10 poemas seleccionados
1.

Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro...

Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro 

		que dos estrellas de diferentes galaxias. 

		Ningún astrónomo logrará tenernos juntos 

		en su vertiginoso campo visual 

		ni el fotógrafo de Cartagena ante su Polaroid 

		así fue hace la infinidad de siete años 

		el resto de las imágenes son nubes de la memoria 

		y de aquélla y de todas se ha retirado la vida.
2.

Autocine

Se lee en la pantalla: sólo para ti

		La función empezaría siempre que te duermes

		Si no fuera porque, a veces, felizmente la pierdes

		Vienes al cine solo

		como lo estás en la pantalla

		tus encuentros en ella con la primera actriz

		aunque fatales no agregan

		su nombre a la falacia del reparto:

		tú mismo haces todos los papeles.

		Igual, será la última vez que trabajemos juntos

		La angustia que te despierta tiene un aire de falsedad

		Desistes de anotar en tu cuaderno de sueños

		esa cosa de nada que llenaría cien páginas

		el análisis para qué

		una interpretación de rutina
3.

Buenas noches, Aquiles

Buenas noches, Aquiles


		Ahora sí 
		que te dimos en el talón

		La muerte de la que huyas

		Correrá acompasadamente a tu lado


		Buenas 
		noches, Aquiles
4.

Casi

cruzo la barrera


		Casi cruzo 
		la barrera

		del espejo para ver

		lo que no se puede ver:

		el mundo cómo sería

		si la realidad copiara,

		y no al revés, el espejo

		llena, por fin, de su nada.
5.

Como

desde hace años 
		me detestabas...

		

		Como desde hace años me detestabas

		porque a tu real saber y entender yo había sido

                                             
		el mal marido de una amiga tuya

		me elegiste para hacerme decir de tu marido

		cosa que repetiste al inventarla

		que yo había dicho de él, entre amigos comunes

		en una casa precisa

		"es un perfecto mediocre"

		se te ocurrió darle esa aguja en el costado

		celebro aquí esta gran precisión

		de la perversidad femenina

		Así compenso mis excesos en gloria y alabanza

		de las mujeres

		Me gustaría escuchar tu versión de los hechos algún día

		pero naturalmente más allá de la muerte .
6.

Contra

los pensamientos 
		negros

		

		Pensamientos

		no pensamientos negros

		La relación paradigmática de éstos con la muerte es un recurso fácil

		una mala metáfora

		Los pensamientos no lloran

		no se conduelen de sus objetos

		tampoco deben ser pensados como auxiliares de la razón contra la locura

		(Fourier no anunció sin razón las ciencias de la locura)

		El desahuciado observa que, en la perspectiva de la muerte, las cosas

		forzadas a ocupar un espacio limitado antes que a fluir en un

                                                                    
		tiempo amorfo supuestamente ilimitado

		se ordenan como en un cuadro de Mantegna

		Nunca antes se había visto así, al centro del escenario

		Como un santo con un león a sus pies

		Nunca fui un santo ni domestiqué un león

		lo importante es el centro del cuadro

		como lo veo como lo ven

		en el andén de la equidistancia

		el de ser sin que esto sea un motivo de orgullo

		(¿qué orgullo puede tener el que va a morir?)

		el centro de un pequeño sistema planetario

		al que, en honor a la claridad, le falta la cuarta dimensión

		

		el tiempo que ciega en punto a la perspectiva.
7.

De

todas las desesperaciones, la de la muerte tiene que ser la 
		peor...

		

		De todas las desesperaciones, la de la muerte tiene que ser la peor

		ella y el miedo a morir, cruz y raya

		cuando ya se puede pronosticar el día y la hora

		Hay una fea probabilidad de que el miedo a morir y la desesperación 

                                                                                                                          
		de la muerte sean

		normalmente inseparables como la uña y la carne

		Recuerdo a un amigo de otros años él huía de noche de su casa y del 
		hospital

		sin más salvoconducto que el que se daría a un condenado en el infierno

		se dejaba caer en casa de amigas que no compartían su amor por ellas,
		

                                                                                                          
		condenadamente bellas

		exigía con argumentos propios de la ciencia de la locura

		que lo recibieran en esas casas como huésped estable

		me parece ver cómo al final de esas conversaciones imposibles

		era reconducido a su madriguera por las señoras y los esposos

		en medio del gran silencio, él, el gnomo de la selva negra del amanecer

		de vuelta a su anticasa

		o al aeródromo de los hospitales para que no perdiera su vuelo.
8.

Destiempo

Nuestro entusiasmo alentaba a estos días que corren

		entre la multitud de la igualdad de los días.

		Nuestra debilidad cifraba en ellos

		nuestra última esperanza.

		Pensábamos y el tiempo que no tendría precio

		se nos iba pasando pobremente

		y estos son, pues, los años venideros.

		

		Todo lo íbamos a resolver ahora.

		Teníamos la vida por delante.

		Lo mejor era no precipitarse.
9.

Estación

Estación terminal

		

		Esta será ya lo veo tu última imagen:

		nuestra despedida en el poema en la estación terminal.

		No sé por dónde empezarla para que no se me escape nada, 

		y las gentes las cosas apelotonadas aquí tienen algo de

		agobiadoramente comparable a los restos que se enfrían

		frases enteras o adjetivos de una pequeña obra maestra

		sobre la cual pesara, hasta perderla, esta impaciencia,

		nuestro cansancio mi inarticulación la ferocidad del egoísmo

		por el cual cuando me empiezan a doler los pies 

		prefiero la cama a cualquier otra cosa incluyendo 

		a la poesía que voy a decirlo todo esta noche eres tú,

		y, entretanto, no insistas en que un gordinflón de cuarenta años

		duerma apoyado en tu hombro, para retenerlo otro poco.

		A la estación le sobran escenas como éstas,

		la cara triste de la revolución

		que me sonría por la tuya

		con algo de una máscara de hojas de tabaco 

		pequeña obra maestra de la noche te improvisas

		una moral una paciencia y hasta lo que llamas tu amor, 

		nada podría de todo eso

		brotar en esta tierra caliente removida por los huracanes

		sobre la que pasa y repasa este mundo con sus pies,

		y se acumulan los restos a la espera de mis adjetivos, 

		obscenos bultos un mar de papeles, etc.,

		algo, en fin, como para renunciar a este tipo de viajes.

		

		Me parece llegar a la edad más ingrata,

		me parece recordar el momento presente:

		no eres tú la muchacha que conocí hace un año

		ni te marchaste en circunstancias que prefiero olvidar.

		Por el contrario, ¿no hicimos el amor?

		Una y mil veces, se diría, y para el caso es lo mismo:

		te reemplazaron hasta en eso como una sombra borrara a otra,

		y tu virginidad: el colmo del absurdo

		no te defiende ahora de parecer agotada.

		En realidad recuerdo que nos despedimos aquí,

		pero no puedo precisar, con este sueño, cómo ocurrió la despedida,

		en qué sentido tus manos me revuelven el pelo

		y yo arrastro tu equipaje una caja de latón

		o me insinúas que te regale un pullover.

		A los ojos de la gente que no distingo de mis ojos

		sino para mirarles desde una especie de ultratumba

		somos una pareja un poco desafiante

		y acostumbrada a esto en su Estación Terminal 

		un blanco y una negra 

		contra la que, en cualquier momento, alguien arroja una 

		sonrisa estúpida

		el comienzo de una pedrada

		La cara triste de la revolución

		y yo la tomo entre mis manos de egoísta consumado

		Tanto como los párpados me pesan quienes se sientan en el suelo

		a esperar una guagua hasta la hora del juicio

		en que el viejo carcamal logra ponerse en movimiento

		y los riegue lentamente por el interior de la República.

		Tu última imagen quizá con tus yollitos en el pelo,

		esta falta de sentimientos profundos en que me encuentro

		parecida a la pobreza por la que en cambio tú

		no sientes nada o bien una despreocupada afinidad,

		la risa de juntar unos medios con tus alumnos,

		el espejo que se guarda debajo de la almohada para soñar con quién se 
		quiera

		y tus visitas a la abandonada

		que por penas de amor se llena de hijos.

		Ya no estoy en edad de soportarme en este trance

		ni los bolsillos vacíos ni la efusión sentimental son cosas de mi 
		agrado,

		hasta leyendo mis propios versos más o menos románticos bostezo

		y se me dormiría la mano si tuviera que escribirlos.

		Cuántos años aquí, pero, en fin, tú eres joven:

		«de otro, serás de otro como antes de mis besos».

		Yo prefiero al lirismo la observación exacta

		el problema de lengua que me planteas y que no logro resolver te 
		escribiré.

		La Estación Terminal un libro abierto perezosamente en que las frases 
		ondulan

		como si mis ojos fueran un paraje de turistas desacostumbrados a estos 
		inconvenientes,

		nada que se parezca a una mancha gloriosa,

		ya lo dije, de vez en cuando, una observación estúpida:

		piedrecillas que se desprenden de este yacimiento humano,

		incongruentes, con el saludo de Ho Chi Min 

		transmitido por los altoparlantes institutrices 

		de esas que no dejan en paz a los niños a ninguna hora de la noche,

		y sin embargo, tú duermes con tranquilidad

		capaz de todas las consignas, pero con una reserva al buen humor

		quizá la clave de todo esto

		un primer verso que pone al poema en movimiento como por obra de magia.
10.

Hay

sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos...

		

		Hay sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos

		por un tiempo se puede gozar de doble nacionalidad

		pero, a la larga, eso no tiene sentido

		Duele separarse, poco a poco, de los sanos a quienes

		seguiremos unidos, hasta la muerte

		separadamente unidos

		Con los enfermos cabe una creciente complicidad

		que en nada se parece a la amistad o el amor

		(esas mitologías que dan sus últimos frutos a unos pasos del hacha) 

		Empezamos a enviar y recibir mensajes de nuestros verdaderos

                                                                                                    
		conciudadanos 

		una palabra de aliento

		un folleto sobre el cáncer

Versos y pensamientos de Enrique Lihn

4 citas
« Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro / que dos estrellas de diferentes galaxias. »
Enrique Lihn · Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro...
« Se lee en la pantalla: sólo para ti / La función empezaría siempre que te duermes »
Enrique Lihn · Autocine
« Buenas noches, Aquiles / Ahora sí »
Enrique Lihn · Buenas noches, Aquiles
« la barrera / del espejo para ver »
Enrique Lihn · Casi
Biblioteca poética

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