« Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro / que dos estrellas de diferentes galaxias. »
Enrique Lihn · Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro...
Biografía y amplia selección de poemas de Enrique Lihn. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Enrique Lihn. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro que dos estrellas de diferentes galaxias. Ningún astrónomo logrará tenernos juntos en su vertiginoso campo visual ni el fotógrafo de Cartagena ante su Polaroid así fue hace la infinidad de siete años el resto de las imágenes son nubes de la memoria y de aquélla y de todas se ha retirado la vida.
Se lee en la pantalla: sólo para ti La función empezaría siempre que te duermes Si no fuera porque, a veces, felizmente la pierdes Vienes al cine solo como lo estás en la pantalla tus encuentros en ella con la primera actriz aunque fatales no agregan su nombre a la falacia del reparto: tú mismo haces todos los papeles. Igual, será la última vez que trabajemos juntos La angustia que te despierta tiene un aire de falsedad Desistes de anotar en tu cuaderno de sueños esa cosa de nada que llenaría cien páginas el análisis para qué una interpretación de rutina
Buenas noches, Aquiles Ahora sí que te dimos en el talón La muerte de la que huyas Correrá acompasadamente a tu lado Buenas noches, Aquiles
cruzo la barrera Casi cruzo la barrera del espejo para ver lo que no se puede ver: el mundo cómo sería si la realidad copiara, y no al revés, el espejo llena, por fin, de su nada.
desde hace años
me detestabas...
Como desde hace años me detestabas
porque a tu real saber y entender yo había sido
el mal marido de una amiga tuya
me elegiste para hacerme decir de tu marido
cosa que repetiste al inventarla
que yo había dicho de él, entre amigos comunes
en una casa precisa
"es un perfecto mediocre"
se te ocurrió darle esa aguja en el costado
celebro aquí esta gran precisión
de la perversidad femenina
Así compenso mis excesos en gloria y alabanza
de las mujeres
Me gustaría escuchar tu versión de los hechos algún día
pero naturalmente más allá de la muerte .
los pensamientos
negros
Pensamientos
no pensamientos negros
La relación paradigmática de éstos con la muerte es un recurso fácil
una mala metáfora
Los pensamientos no lloran
no se conduelen de sus objetos
tampoco deben ser pensados como auxiliares de la razón contra la locura
(Fourier no anunció sin razón las ciencias de la locura)
El desahuciado observa que, en la perspectiva de la muerte, las cosas
forzadas a ocupar un espacio limitado antes que a fluir en un
tiempo amorfo supuestamente ilimitado
se ordenan como en un cuadro de Mantegna
Nunca antes se había visto así, al centro del escenario
Como un santo con un león a sus pies
Nunca fui un santo ni domestiqué un león
lo importante es el centro del cuadro
como lo veo como lo ven
en el andén de la equidistancia
el de ser sin que esto sea un motivo de orgullo
(¿qué orgullo puede tener el que va a morir?)
el centro de un pequeño sistema planetario
al que, en honor a la claridad, le falta la cuarta dimensión
el tiempo que ciega en punto a la perspectiva.
todas las desesperaciones, la de la muerte tiene que ser la
peor...
De todas las desesperaciones, la de la muerte tiene que ser la peor
ella y el miedo a morir, cruz y raya
cuando ya se puede pronosticar el día y la hora
Hay una fea probabilidad de que el miedo a morir y la desesperación
de la muerte sean
normalmente inseparables como la uña y la carne
Recuerdo a un amigo de otros años él huía de noche de su casa y del
hospital
sin más salvoconducto que el que se daría a un condenado en el infierno
se dejaba caer en casa de amigas que no compartían su amor por ellas,
condenadamente bellas
exigía con argumentos propios de la ciencia de la locura
que lo recibieran en esas casas como huésped estable
me parece ver cómo al final de esas conversaciones imposibles
era reconducido a su madriguera por las señoras y los esposos
en medio del gran silencio, él, el gnomo de la selva negra del amanecer
de vuelta a su anticasa
o al aeródromo de los hospitales para que no perdiera su vuelo.
Nuestro entusiasmo alentaba a estos días que corren entre la multitud de la igualdad de los días. Nuestra debilidad cifraba en ellos nuestra última esperanza. Pensábamos y el tiempo que no tendría precio se nos iba pasando pobremente y estos son, pues, los años venideros. Todo lo íbamos a resolver ahora. Teníamos la vida por delante. Lo mejor era no precipitarse.
Estación terminal Esta será ya lo veo tu última imagen: nuestra despedida en el poema en la estación terminal. No sé por dónde empezarla para que no se me escape nada, y las gentes las cosas apelotonadas aquí tienen algo de agobiadoramente comparable a los restos que se enfrían frases enteras o adjetivos de una pequeña obra maestra sobre la cual pesara, hasta perderla, esta impaciencia, nuestro cansancio mi inarticulación la ferocidad del egoísmo por el cual cuando me empiezan a doler los pies prefiero la cama a cualquier otra cosa incluyendo a la poesía que voy a decirlo todo esta noche eres tú, y, entretanto, no insistas en que un gordinflón de cuarenta años duerma apoyado en tu hombro, para retenerlo otro poco. A la estación le sobran escenas como éstas, la cara triste de la revolución que me sonría por la tuya con algo de una máscara de hojas de tabaco pequeña obra maestra de la noche te improvisas una moral una paciencia y hasta lo que llamas tu amor, nada podría de todo eso brotar en esta tierra caliente removida por los huracanes sobre la que pasa y repasa este mundo con sus pies, y se acumulan los restos a la espera de mis adjetivos, obscenos bultos un mar de papeles, etc., algo, en fin, como para renunciar a este tipo de viajes. Me parece llegar a la edad más ingrata, me parece recordar el momento presente: no eres tú la muchacha que conocí hace un año ni te marchaste en circunstancias que prefiero olvidar. Por el contrario, ¿no hicimos el amor? Una y mil veces, se diría, y para el caso es lo mismo: te reemplazaron hasta en eso como una sombra borrara a otra, y tu virginidad: el colmo del absurdo no te defiende ahora de parecer agotada. En realidad recuerdo que nos despedimos aquí, pero no puedo precisar, con este sueño, cómo ocurrió la despedida, en qué sentido tus manos me revuelven el pelo y yo arrastro tu equipaje una caja de latón o me insinúas que te regale un pullover. A los ojos de la gente que no distingo de mis ojos sino para mirarles desde una especie de ultratumba somos una pareja un poco desafiante y acostumbrada a esto en su Estación Terminal un blanco y una negra contra la que, en cualquier momento, alguien arroja una sonrisa estúpida el comienzo de una pedrada La cara triste de la revolución y yo la tomo entre mis manos de egoísta consumado Tanto como los párpados me pesan quienes se sientan en el suelo a esperar una guagua hasta la hora del juicio en que el viejo carcamal logra ponerse en movimiento y los riegue lentamente por el interior de la República. Tu última imagen quizá con tus yollitos en el pelo, esta falta de sentimientos profundos en que me encuentro parecida a la pobreza por la que en cambio tú no sientes nada o bien una despreocupada afinidad, la risa de juntar unos medios con tus alumnos, el espejo que se guarda debajo de la almohada para soñar con quién se quiera y tus visitas a la abandonada que por penas de amor se llena de hijos. Ya no estoy en edad de soportarme en este trance ni los bolsillos vacíos ni la efusión sentimental son cosas de mi agrado, hasta leyendo mis propios versos más o menos románticos bostezo y se me dormiría la mano si tuviera que escribirlos. Cuántos años aquí, pero, en fin, tú eres joven: «de otro, serás de otro como antes de mis besos». Yo prefiero al lirismo la observación exacta el problema de lengua que me planteas y que no logro resolver te escribiré. La Estación Terminal un libro abierto perezosamente en que las frases ondulan como si mis ojos fueran un paraje de turistas desacostumbrados a estos inconvenientes, nada que se parezca a una mancha gloriosa, ya lo dije, de vez en cuando, una observación estúpida: piedrecillas que se desprenden de este yacimiento humano, incongruentes, con el saludo de Ho Chi Min transmitido por los altoparlantes institutrices de esas que no dejan en paz a los niños a ninguna hora de la noche, y sin embargo, tú duermes con tranquilidad capaz de todas las consignas, pero con una reserva al buen humor quizá la clave de todo esto un primer verso que pone al poema en movimiento como por obra de magia.
sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos...
Hay sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos
por un tiempo se puede gozar de doble nacionalidad
pero, a la larga, eso no tiene sentido
Duele separarse, poco a poco, de los sanos a quienes
seguiremos unidos, hasta la muerte
separadamente unidos
Con los enfermos cabe una creciente complicidad
que en nada se parece a la amistad o el amor
(esas mitologías que dan sus últimos frutos a unos pasos del hacha)
Empezamos a enviar y recibir mensajes de nuestros verdaderos
conciudadanos
una palabra de aliento
un folleto sobre el cáncer
« Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro / que dos estrellas de diferentes galaxias. »
« Se lee en la pantalla: sólo para ti / La función empezaría siempre que te duermes »
« Buenas noches, Aquiles / Ahora sí »
« la barrera / del espejo para ver »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: