« Da miedo, a veces, encontrarse con que el camino cae a pico y que hay / que bajar agarrándose con las uñas de las rocas. »
Emilio Westphalen · Amor eterno
Biografía y amplia selección de poemas de Emilio Westphalen. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Emilio Westphalen. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Da miedo, a veces, encontrarse con que el camino cae a pico y que hay que bajar agarrándose con las uñas de las rocas. En esta circunstancia, no se puede sino aconsejar que a cien metros del suelo se suelten las manos. La caída es deliciosa: el cuerpo se ha hecho permeable; lo atraviesan flores, hojas aromáticas; riachuelos, algas, espuma del mar, hilos de lluvia, cabellos de mujer, copos de nieve. Estos, al fin, se solidifican a su alrededor, para luego estallar tal una granada arrojada con violencia al rostro de la mujer amada, que aparece sonriente tras las trayectorias vertiginosas de los granos rojos.
Andando el tiempo Los pies crecen y maduran Andando el tiempo Los hombres se miran en los espejos Y no se ven Andando el tiempo Zapatos de cabritilla Corriendo el tiempo Zapatos de atleta Cojeando el tiempo Con errar de cada instante y no regresar Alzando el dedo Señalando Apresurado Es el tiempo y no tiene tiempo No tengo tiempo Mostrar la libreta Todo en orden Por aquí a la aventura silencio cerrado Por allá a la descompuesta inmóvil móvil Ya llega y tarda Y se olvida Por acá con boca falsa y palabras de otra hora El pañuelo nuevo y pronto Para el adiós Adiós y no ha llegado Ésta es la señal El tiempo Casi no es niño Pero flor no es Casi Cuando está sobre un árbol Se divisa el paisaje la estrella Los zapatos Osamentas de pescado Y el ojo llena el horizonte El tiempo Aunque cojee y se hiera y se lamente Prohibido No te hagas tan silencio La nube sabe de otro lugar Son las escaleras que bajan Porque nadie sube Porque nadie muerde la nuca Sino las flores O los pies llagados Andando y sangre de tiempo Gotas de lluvia el torrente La mano llega Éste es su destino Llegar el tiempo Se devuelve y usted sabe más Estaba junto al silencio Estaba con ojos pequeños La mano a lo desierto El pie a lo ignorado Indudable Los huesos prestados podían ser míos Si un leve signo no dijera Y no decía Alzada levantada Me doy a tu más leve giro Al amor de las pestañas A lo no dicho Vértigo Te temía sin noche y sin día Aunque no regreses Por la marcha de mis huesos a otra noche Por el silencio que se cae O tu sexo
Cuál es la risa leve cubierta de espuma Que anuncia el amor Cuál la túnica desvanecida que oculta Los lentos puñales ciegos del amor Cual el momento en el cual aparece indudable Benévolo golpe de sangre sobre la arboleda Y los trozos de un cuerpo en estado de putrefacción Aún se hacen visibles sobre la muralla de mármol.
Del fuego viene y en él acaba toda música No hay diferencia entre música en incendio. Las columnas del sonido concluyen en llamas. Borbotean en el fuego las músicas. Un magma ardiente danza y se arrebata. Descuartícenme al fuego de la música- En rescoldos de música entiérrenme La dulce y terrorífica música retiempla aire y ánimo.
¿Es éste el mar que se arrastra por los campos, Que rodea los muros y las torres, Que levanta manos como olas Para avistar de lejos su presa o su diosa? ¿Es éste el mar que tímida, amorosamente Se pierde por callejas y plazuchas, Que invade jardines y lame pies Y labios de estatuas rotas, caídas? No se oye otro rumor que el borboteo Del agua deslizándose por sótanos Y alcantarillas, llevando levemente En peso hojas, pétalos, insectos. ¿Qué busca el mar en la ciudad desierta, Abandonada aun por gatos y perros, Acalladas todas sus fuentes, Mudos los tenues campanarios? La ronda inagotable prosigue, El mar enarca el lomo y repite Su canción, emisario de la vida Devorando todo lo muerto y putrefacto. El mar, el tierno mar, el mar de los orígenes, Recomienza el trabajo viejo: Limpiar los estragos del mundo, Cubrirlo todo con una rosa dura y viva.
Los gérmenes poéticos del sueño resultaron ser, no como los pobres profesores, los mezquinos críticos realistas trataron de hacernos creer, un nuevo paraíso inalcanzable, un espejismo, sino los gérmenes nocivos y actuante, los útiles reactivos para corroer la infame realidad. El sueño no es un refugio sino un arma. Los malos instintos de libertad danzan su ronda diabólica. ¡Fuera la conformidad, la resignación, la medianía!. En su esputo negro ahóguense los bellacos, los explotadores, los que aprovechan la miseria de los más, y la maldita clerigalla, y el abominable espíritu religioso, y los fantasmas cristianos, y los mitos del capital, y la familia burguesa , y la patria infamante. La libertad del hombre, es decir, el sueño acuñado en la realidad, la poesía hablando por la boca de todos y realizándose, concreta y palpable, en los actos de todos.
He dejado descansar tristemente mi cabeza En esta sombra que cae del ruido de tus pasos Vuelta a la otra margen Grandiosa como la noche para negarte He dejado mis albas y los árboles arraigados en mi garganta He dejado hasta la estrella que corría entre mis huesos He abandonado mi cuerpo Como el naufragio abandona las barcas O como la memoria al bajar las mareas Algunos extraños sobre las playas He abandonado mi cuerpo Como un guante para dejar la mano libre Si hay que estrechar la gozosa pulpa de una estrella No me oyes más leve que las hojas Porque me he librado de todas las ramas Y ni el aire me encadena Ni las aguas pueden contra mi sino No me oyes venir más fuerte que la noche Y las puertas que no resisten a mi soplo Y las ciudades que callan para que nos aperciba Y el bosque que sé abre como una mañana Que quiere estrechar el mundo entre sus brazos Bella ave que has de caer en el paraíso Ya los telones han caído sobre tu huída Ya mis brazos han cerrado las murallas Y las ramas inclinado para impedirte el paso Corza frágil teme la tierra Teme el ruido de tus pasos sobre mi pecho Ya los cercos están enlazados Ya tu frente ha de caer bajo el peso de mi ansia Ya tus ojos han de cerrarse sobre los míos Y tu dulzura brotarte como cuernos nuevos Y tu bondad extenderse como la sombra que me rodea Mi cabeza he dejado rodar Mi corazón he dejado caer Ya nada me queda, pata estar más seguro de alcanzarte Porque lleva prisa y tinieblas como la noche La otra margen acaso no he de alcanzar, Ya que no tengo manos que se cojan De lo que está acordado para el perecimiento Ni pies que pesen sobre tanto olvido De huesos muertos y flores muertas La otra margen acaso no he de alcanzar Si ya hemos leído la última hoja Y la música ha empezado a trenzar la luz en que has de caer Y los ríos te cierran el camino Y las flores te llevan en mi voz Rosa grande ya es hora de detenerte El estío suena como un deshielo por los corazones Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse Las salidas están guardadas Rosa grande ¿no has de caer?
La mañana alza el río la cabellera después la niebla la noche el cielo los ojos me miran los ojos del cielo despertar sin vértebras sin estructura la piel está en su eternidad se suaviza hasta perderse en la memoria existía no existía por el camino de los ojos por el camino del cielo qué tierno el estío llora en su boca llueve gozo beatitud el mar acerca su amor teme la rosa el pie la piel el mar aleja su amor el mar cuántas barcas las olas dicen amor la niebla otra vez otra barca los remos el amor no se mueve sabe cerrar los ojos dormir el aire no los ojos la ola alcanza los ojos duermen junto al río la cabellera sin peligro de naufragio en los ojos calma tardanza el cielo o los ojos fuego fuego fuego fuego en el cielo cielo fuego cielo cómo rueda el silencio por sobre el cielo el fuego el amor el silencio qué suplicio baña la frente el silencio detrás de la ausencia mirabas sin fuego es ausencia noche pero los ojos el fuego caricia estás los ojos la boca el fuego nace en los ojos el amor nace en los ojos el cielo el fuego el fuego el amor el silencio
Tengo que darles una noticia negra y definitiva Todos ustedes se están muriendo Los muertos la muerte de ojos blancos las muchachas de ojos rojos Volviéndose jóvenes las muchachas las madres todos mis amorcitos Yo escribía Dije amorcitos Digo que escribía una carta Una carta una carta infame Pero dije amorcitos Estoy escribiendo una carta Otra será escrita mañana Mañana estarán ustedes muertos La carta intacta la carta infame también está muerta Escribo siempre y no olvidaré tus ojos rojos Es todo lo que puedo prometer Tus ojos inmóviles tus ojos rojos Es todo lo que puedo prometer Cuando fui a verte tenía un lápiz y escribí sobre tu puerta Esta es la casa de las mujeres que se están muriendo Las mujeres de ojos inmóviles las muchachas de ojos rojos Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería Mi lápiz enano mi querido lápiz de ojos blancos Pero una vez lo llamé el peor lápiz que nunca tuve No oyó lo que dije no se enteró Sólo tenía ojos blancos Luego besé sus ojos blancos y él se convirtió en ella Y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos Mis hijos o sus hijos Cada uno tiene un periódico para leer Los periódicos de la muerte que están muertos Sólo que ellos no saben leer No tienen ojos ni rojos ni inmóviles ni blancos Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están muriendo Pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos Ojos rojos ojos inmóviles Bah no la quiero
« Da miedo, a veces, encontrarse con que el camino cae a pico y que hay / que bajar agarrándose con las uñas de las rocas. »
« Andando el tiempo / Los pies crecen y maduran »
« Cuál es la risa leve cubierta de espuma / Que anuncia el amor »
« Del fuego viene y en él acaba toda música / No hay diferencia entre »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: