Poesía Universal

Eliseo Diego

Biografía y amplia selección de poemas de Eliseo Diego. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de Eliseo Diego. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Eliseo Diego

8 poemas seleccionados
1.

Asombro

Me asombran las hormigas que al ir vienen 
tan seguras de sí que me 
		dan miedo 
		
porque están donde van sin más preguntas 
y aunque asomos de vida 
		son perfectas 
		
si minúsculas máquinas que saben 
el dónde y el adónde que les 
		toca 
		
y a la muerte la ignoran como a nada 
si no fuese tan útil 
		instrumento 
		
con que hacer de lo inerme nueva vida. 

Pero aunque agrande 
		su minucia viva 
		
el azoro redondo en que las miro 
y me apena que no se sepan 
		nunca
		
tal como son en su afanarse oscuro 
ya tan inmemorial como la 
		Tierra 
		

más me asombra mi pena y me convence 
de que saberse el ser 
		bien que la vale 
		
aun cuando el precio sea tan alto como 
el enorme silencio de 
		allá afuera.
2.

Calma

Este silencio,
blanco, ilimitado,
este silencio
del mar 
		tranquilo, inmóvil,

		
que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la 
		brisa,

		
Se extiende acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez 
		por la arenilla 
		
de fuego, 

la infinita
playa desierta,
de manera

		
que no acaba,
quizás,
este silencio,

nunca?
3.

Canción para todas las que eres

No solo el hoy fragante de tus ojos amo 
sino a la niña 
		oculta que allá dentro 
		
mira la vastedad del mundo con redondo azoro, 
y amo a la extraña 
		gris que me recuerda 
		
en un rincón del tiempo que el invierno ampara. 
La multitud de 
		ti, la fuga de tus horas, 
		
amo tus mil imágenes en vuelo 
como un bando de pájaros salvajes. 
		
No solo tu domingo breve de delicias 
sino también un viernes 
		trágico, quien sabe, 
		
y un sábado de triunfos y de glorias 
que no veré yo nunca, pero 
		alabo. 
		
Niña y muchacha y joven ya mujer, tú todas, 
colman mi corazón, y 
		en paz las amo.
4.

Comienza un lunes

La eternidad por fin comienza un lunes 
y el día siguiente 
		apenas tiene nombre 
		
y el otro es el oscuro, al abolido.

Y en él se apagan todos 
		los murmullos 
		
y aquel rostro qua amábamos se esfuma 
y en vano es ya la espera, 
		nadie viene. 
		

La eternidad ignora las costumbres, 
le da lo mismo rojo que 
		azul tierno, 
		
se inclina al gris, al humo, a la ceniza.

Nombre y fecha tú 
		grabas en un mármol, 
		
los roza displicente con el hombro, 
ni un montoncillo de 
		amargura deja. 
		

Y sin embargo, ves, me aferro al lunes 
y al día siguiente 
		doy el nombre tuyo 
		
y con la punta del cigarro escribo 
en plena oscuridad: aquí he 
		vivido.
5.

Cuadernillo de bella

1

Cómo llevar a las palabras 
		
la sensación, el roce de tu mano 
por vez primera entre la mía. 
		
Su forma frágil, delicada, 
su ser, su estar en mí, su suave 
		entrega. 
		
"Esta es la mano, en fin, de tu muchacha",
me dices no sé cómo, 
		mientras siento 
		
"esta es la mano de la niña mía".

Mayor delicia habrá,
si 
		tiempo y suerte quieren.
Ninguna habrá tan absoluta y pura.

		
2

Reverente imagino tus muñecas
en tus brazos menudos 
		acunadas.
Cómo se llaman, digo. Y me respondes
en una voz que la 
		distancia vela
desde el hondo del patio. Deja. Mira,
tú estás 
		feliz, eres feliz, qué importa.

		
Tú estás hecha de infancias, niña mía.
tú eres toda de niños. 
		Vida solo.

		
3

Ya te miro venir, ligera y leve,
volando las escalas del 
		teatro,
la boina al sesgo de tu pelo lacio,
radiante y feliz, 
		hecha de aromas.
Das a mi amigo un libro, me sonríes,
después te 
		vuelves y tu esbelta espalda
escaleras abajo es una música
y es 
		una puertecilla hacia la dicha.

		
4

Quién sabe cómo fue ni cuándo y dónde
me dijiste que sí, 
		que me entregabas
el huerto de ti misma, paraíso
de magias y 
		delicias y qué glorias.
Y yo ciego de mí te acepto a ciegas
del 
		esplendor terrible de tu llama
tan frágil y menuda entre mis brazos.

		Pues tú eres tú y eras la vida y todo 
		
cuanto va desde el júbilo a lo trágico, 
desde el alba a las 
		fiestas de la tarde.

		
5

Y tus muñecas fueron al fin hijos,
oh música del mundo, 
		oh maravilla,
mi cajita de asombros, mi señora!
Y el dueño de tu 
		huerto florecido,
el taciturno, te volvió la espalda, 
		
te dejó a solas con tus juegos mágicos,
los únicos que importan, 
		y lloraste.
¿Cómo pude yo hacer que sollozaras?
¡La boina al sesgo 
		del cabello pulcro,
tú, la del rostro terso, radiante,
quién pudo 
		imaginarte entonces lágrimas!
Y sin embargo fuimos los dos uno,
no 
		se puede ser más, y tú has llorado.

		
6

Todo es al fin no más un cuento mágico.
Quién sabe cómo, 
		todo cuento acaba.
Yo di su vida a los muñecos tuyos
como un brujo 
		hechizado. Me embrujaste
con solo ser tan niña a vida pura.
Como a 
		través de un vidrio estoy mirándote.
Turbio vidrio mi asombro de 
		saberte
tal cual eres, mi niña desdichada.
Me hechizaste, y en 
		cambio te hice daño.
Mas yo sólo te amé porque tú eras.
6.

El general a veces nos decía...

El General a veces nos decía 
extendiendo sus manos 
		transparentes: 
		
«así fue que lo vimos aquel día 
en la tranquila lluvia 
		indiferente 
		

sobre el negro caballo memorable». 
Suavizaba la sombra del 
		alero 
		
su camisa de nieve irreprochable 
y el arco duro del perfil 
		severo. 
		

Y mientras en el patio de azul fino 
cercana renacía la 
		tristeza 
		
del platanal con sus nocturnos roces, 

más allá de las palmas 
		y el camino, 
		
limpiamente ceñida su pobreza, 
pasaban en silencio nuestros 
		dioses.
7.

En lo alto

Un 
		pájaro en lo alto,
en lo más fino
del árbol alto,
un tomeguín

		nervioso, breve, tan liviano

		
como un soplo de luz,
está cantando
su propia levedad,
la 
		maravilla
de su increíble ser

		
           su pura 
		vida
minúscula, perfecta, iluminada.
8.

Juegos

-¡Ahora nosotros somos buenos
y ustedes malos!

		
Y los niños,
desde la cima blanca
de la mañana,

todos,

		buenos y malos,

		
se hunden en el fuego
purísimo

-ya espléndidos

		-gritando.

Versos y pensamientos de Eliseo Diego

4 citas
« Me asombran las hormigas que al ir vienen / tan seguras de sí que me »
Eliseo Diego · Asombro
« Este silencio, / blanco, ilimitado, »
Eliseo Diego · Calma
« No solo el hoy fragante de tus ojos amo / sino a la niña »
Eliseo Diego · Canción para todas las que eres
« La eternidad por fin comienza un lunes / y el día siguiente »
Eliseo Diego · Comienza un lunes
Biblioteca poética

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