Poesía Universal

Elías Nandino

Biografía y amplia selección de poemas de Elías Nandino. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Elías Nandino. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Elías Nandino

17 poemas seleccionados
1.

Amor sin muerte

Polvo serán, mas polvo enamorado.
                                                                                
		Quevedo

		
Amo y al amar yo siento
que existo, que tengo vida
y soy mi 
		fuga encendida
en constante nacimiento.

		
Amo y en cada momento
amar, es mi muerte urgida,
por un amor 
		sin medida
en incesante ardimiento.

		
Mas cuando amar ya no intente
porque mi cuerpo apagado
vuelva 
		a la tierra absorbente:

		
todo será devorado,
pero no el amor ardiente
de mi polvo 
		enamorado.
2.

Atmã“sfera

Atmósfera de ausencia


		Vivir la tempestad de los silencios
de tu ausencia inmortal,

		palpar tu imagen cóncava, sitiando
mi enardecida espera
con el 
		temblor constante
de no ser y de ser al mismo tiempo.

		
Delgada sepultura de zozobra
que se ajusta a mi cuerpo
como 
		traje de pulso,
piel a piel confundida;
que camina conmigo a todas 
		partes
sin estorbar mis pasos,
y forma con su tacto de vacío
el 
		idioma del roce
que con mi muda soledad conversa.

		
Transparencia desnuda
de tu semblante en viento derramado,
que 
		con muros de aroma
encarcela mi cuerpo
y me obliga a vivir, hombro 
		con hombro,
del molde palpitante
de tu ternura muerta,
que de 
		cerca me mira
con sus ojos de helada lejanía...

		
Latidos invisibles de tu fuga
acosando mi angustia
que, 
		desolada, aspira
el zumo virgen de un llegar a solas
que toma 
		forma, se define en brisa,
me toca, me conmueve, me abandona,
y no 
		deja de estar, huyendo siempre,
pero abrazado de mi pensamiento.

		
En el vaso febril de mi delirio
la vida exacta de tu ausencia cae

		como gota de luz que no se agota
y, de tanto caer, forma una línea

		que hiere mi tiniebla
y enciende la obsesión
de sentir que respiro 
		tu presencia.

		
El aire te pronuncia
con sílabas de asedio,
y estoy seguro que 
		a mi lado vive,
incorpórea y precisa,
la huella misteriosa de tu 
		forma
alumbrando la noche
del profundo universo de mi sangre.
3.

Aventura

No sé cómo viniste hasta mis manos 
a llenar las tinieblas de mi 
		lecho, 
		
y a juntar tus encantos con mi pecho 
realizando las horas que 
		gozamos. 
		
Aventura perfecta que libamos 
en un secreto, bajo el mismo 
		techo, 
		
hasta llegar al goce satisfecho 
y sin saber porqué nos 
		encontramos. 
		
¡Vibración de contacto sin historia; 
un recuerdo grabado en la 
		memoria 
		
ignorando con quién fue compartido; 
porque llegaste al beso de 
		la noche 
		
calmaste mi pasión con tu derroche 
y te fuiste dejándome 
		dormido.
4.

Búsqueda espacial

I
Antes de haber 
		nacido, cuando apenas
en las galaxias era calofrío,
o sed en 
		rotación por el vacío,
o sangre sin la cárcel de las venas;
antes 
		de ser en túnica de arenas
un angustiado palpitar sombrío,
antes, 
		mucho antes que este cuerpo mío
supiera de esperanzas y de penas:

		ya buscaba tu nombre, tu semblante,
el disperso latir de tu vivencia,

		tu mirada en las nubes esparcida;
porque, desde el asomo delirante

		de mis instintos ciegos, tu existencia
era ya por mis ansias 
		presentida.


		II
¿Cuántas 
		transmutaciones has pasado?
¿cuántos siglos de luz, cuántos colores,

		nebulosas, crepúsculos y flores
para llegar a ser, has transitado?

		¿En qué constelaciones has brillado?
¿Después de cuántas muertes y 
		dolores,
de huracanes, relámpagos y albores
la forma corporal has 
		conquistado?
No puedo concebir mi pensamiento
esa edad atmosférica 
		que hicimos
en giratoria espera; mas yo siento
que milenios de 
		lumbres anduvimos
esperanzados en el firmamento,
hasta unir este 
		amor con que existimos.
5.

Casi a la orilla

Al  poeta José Emilio Pacheco

		
Después de lo gozado
y lo sufrido, 
después de lo ganado
y 
		lo perdido, 
		
siento
que existo aún
porque ya, 
casi a la orilla
de mi 
		vida, 
		
puedo recordar
y gozar
enloquecido: 
en lo que he sido, 

		en lo que es ido...
6.

Con mi soledad a solas

Amorosamente mi soledad desnuda
me cubre
como sábana de tierna 
		sombra tibia.
Confundidos somos el orbe
donde la palabra 
		impronunciada
construye el diálogo
que el pensamiento escucha.

		Su compañía es el regazo
de un amor a oscuras
que, sobre mi piel 
		esperanzada,
inventa la resurrección de los recuerdos.
Junto a sus 
		ojos abro mi conciencia
y leemos los biográficos pasos
que caminan 
		hacia atrás de nuestra historia:
fuegos fatuos, diseños, rostros, 
		ecos,
en inquemante desfile momentáneo
que brota de los olvidos 
		insepultos.

		
Estoy solo,
con mi soledad a solas,
amoldado a ella
como el 
		vino a los muros de la copa,
y viviendo la íntima galaxia

		parpadeante,
de una conversación en las tinieblas.
7.

Crimen

¡Qué puñalada

		le ha propinado el viento

		a la granada!

		

		1928
8.

Debo llegar...

Para el poeta Carlos Montemayor

		
Cuento las horas: fuga indetenible,
vendado navegar en mar sin 
		agua:
incesante caer de vida inerte
en el hambre insaciable del 
		vacío,

		
Cuento las horas: gotas agotadas,
creciente angustia en resignado 
		avance
que rueda en la cascada del olvido;
rostros que emigran y 
		no vuelven nunca.

		
Ya se acerca el final. ¡Playa a la vista!
La orden de bajar vibra 
		en el aire.
Debo llegar... Pero llegar ¿a dónde?
y si llego sin 
		mí... ¿para qué llego?

		
Crece mi duda ante el dilema trágico
en que debo sufrir el 
		desenlace:
de abandonar mi cuerpo a la deriva,
o morirme con él, 
		eternamente.

		
Sin mi cuerpo no hubiera yo tenido
el infierno carnal que me dio 
		temple,
por eso en él me quedo, hasta que juntos,
al mismo tiempo 
		nos volvamos tierra.
9.

Décimas de amor

I
Amor, amor traicionado
por mí -que tanto te quiero-
al 
		imponerte el sendero
en que has sido desdichado.
Amor, por mí 
		atormentado:
ya no puedo remediar
mi culpa y hacer llegar
lo 
		que tu anhelo esperaba.
Amor, mi vida se acaba,
ya no es tiempo de 
		empezar.

		
II
Amor: avidez errante,
torbellino incontenible,
esencia 
		de lo terrible
en incendio alucinante.
Con tu codicia incesante

		en mí vives arraigado
y exiges que, enamorado
me entregue cuando 
		me doy.
Amor: ¿no sabes que estoy
sólo de ti enamorado?

		
III
Eres, amor: sed y anhelo,
hambre, delirio, locura,

		azúcar de la amargura
y amargura del desvelo.
Eres infierno, eres 
		cielo,
la esperanza enardecida,
el desangre sin herida,
lo que 
		nos forma y deshace.
Eres la muerte que nace
continuamente en la 
		vida.

		
IV
Amor: has amado tanto
y sin embargo te siento
férvido, 
		puro, sediento,
sin decepción ni quebranto.
No te mina el 
		desencanto
por lo que has sufrido ya,
ni te importa si será

		mentira lo venidero:
porque eres como el venero
que existe por lo 
		que da.

		


		V
Amor, inaudita 
		hoguera
e la entraña del invierno
de mi vida, atroz infierno:

		¡cómo crecerte quisiera!,
mas sin dicha y sin espera
a mi muerte 
		me adelanto
y preso en el desencanto
es mi corazón senil:
hielo 
		en martirio febril
descongelándose en llanto.
10.

Décimas al corazón

I
Corazón: no te atormentes
porque traicionen tu amor,
espera 
		un tiempo mejor
y jamás te desalientes.
Soporta el dolor que 
		sientes
hasta que tu vida obtenga
la rebelión que te abstenga

		de añorar lo que se fue,
y a solas medita que
no hay mal que por 
		bien no venga .

		
II
Corazón: no estoy cansado
de tanto querer amar
y de amar 
		para buscar
el amor que no ha llegado.
Sigue conmigo enraizado

		en un pacto que persista
mientras la esperanza exista,
que aunque 
		Suframos engaños
no hay mal que dure cien años
ni cuerpo que lo 
		resista.

		
III
Corazón: ¡cómo has sufrido
por mi culpa! , yo lo sé;

		pero no pierdas la fe
ni ya te des por vencido.
El amor que no ha 
		venido
pronto vendrá, ten confianza,
y sin medir la tardanza

		que en mí tu vigor perdure:
que mientras la vida dure
lugar tiene 
		la esperanza.

		
IV
Antes, al verte sufrir,
corazón, yo no entendía,
y 
		aunque tus penas veía
nunca las pude asumir.
En cambio, hoy sé 
		compartir
el suplicio que te enciende,
porque ya mi vida entiende

		que existen, en conclusión:
razones del corazón
que la razón no 
		comprende.
11.

Dentro de mí

Con los ojos

		altamente asomados a la noche
contemplo las estrellas
y, dentro de 
		mí,
en el río incansable de mi sangre,
las siento y las descubro

		reflejadas,
luminosas y hondas,
como si mi entraña fuera
el 
		mismo cielo
en donde están ardiendo.
12.

Desasosiego

El fuego quemo y consume.
El hielo quemo y conservo.

		
I
Esta inquietud indomable
de estar sin querer estar
y al 
		pisar otro lugar
regresar inconsolable.

		
Este anhelar incansable
de partir para llegar
sin nunca poder 
		llenar
mi soledad inmutable.

		
Este meditar extremo
que inquiere, desesperado,
a lo invisible 
		que temo.

		
Y en mi fuego, congelado
solo y a solas me queme
en deshielo 
		enamorado...

		


		II
Esta esperanza 
		encendida
que me lanza a caminar
en un constante buscar
la 
		emoción desconocida.

		
Esta lucha sumergida
de creer y de dudar
y, a mi juventud 
		perdida,
sin que la pueda olvidar.


		Este pensar que no sabe

		nada de nada y que quiere
que ya la vida se acabe,


		y la muerte que no 
		hiere,
y el alma que ya no cabe
y en lenta asfixia se muere.
13.

En la sombra

Era sed de muchos años
retenida por mi cuerpo,
palabras 
		encadenadas 
que nunca pude decir
sino en los labios del sueño.


		Era la tierra agrietada,
reseca, sin una planta,
que espera sentir 
		la lluvia
en un afán de caricia 
que le sacie la garganta.


		Era yo vuelto hacia ti
que nunca te conocía, 
porque fuiste de mil 
		modos
en los sueños, en las horas

		y en los ojos de la vida.

Eras todo lo que encierra
una 
		expresión de belleza:
la rosa , el fruto, los ríos;
el color de 
		los paisajes
y la savia de los pinos.

Y de pronto, junto a mí,

		al alcance de mi mano,
como manojo de trigo
que pudiera retener
		
sobre mi pecho guardado.

¡Todo tu cuerpo en mi cuerpo,
por 
		el sueño maniatados,
y tan cerca de la muerte
que la vida no sabía

		cómo volver a encontrarnos!
14.

Erotismo de mente

De desnuda donde está, 
		
brilla la estrella 
Rubén Darío 
Cuando en noches anuentes 

		de intimidad celeste 
		
contemplo las estrellas 
desnudamente bellas: 
me invaden 
		arrebatos 
		
de cósmica lujuria 
y sufro y desespero 
al no poder siquiera 
		
coger alguna de ellas.
15.

Imposible

Mi corazón se pierde en 
		la nevada 
		
ascensión de tu cuerpo, sin consuelo, 
y enfrías la fuerza del 
		anhelo 
		
en medio de tu carne congelada. 

Cada día te ofrezco una 
		alborada 
		
de ilusión y de vida, todo un cielo 
palpitante de sol, que funda 
		el hielo 
		
y transforme tu cuerpo en llamarada. 


		Pero toda mi vida es 
		poca vida 
		
para matar la muerte que se esconde 
y circula en tu sangre 
		adormecida. 
		

Has desatado el nudo de tus brazos, 
tu voz a mi llamado no 
		responde, 
		
y es sólo un eco el paso de tus pasos.
16.

Íntima

Estás en mí, como 
		latido ardiente, 
		
en mis redes de nervios temblorosos, 
en mis vetas de instintos 
		borrascosos, 
		
en los mares de insomnios de mi frente. 


		Estás fuera de mí, como 
		corriente 
		
de voces imprecisas, de sollozos, 
de filos de secretos 
		tenebrosos. 
		
de roces de caricia inexistente. 


		Me cubres y me 
		encubres, sin dejarme 
		
un espacio de ser sin tu presencia 
un átomo sin linfa de tu 
		aliento. 
		


		Estás en mí, tocándote 
		al tocarme, 
		
y palpita la llama de tu esencia 
hasta en la entraña de mi 
		pensamiento.
17.

Me duele presentir

En el fondo sabía que no se puede ir más allá
                                                                                           
		porque no lo hay.
                                                                                                            
		Cortázar

De manera distinta
cada cual debe morir su 
		propia muerte
y afrontar el naufragio
en la perenne inmensidad del 
		polvo.

		
Nadie ha vuelto del seno de la muerte,
por esto
su misterio se 
		conserva intacto,
amenazante.

		
Sin saber si es amiga o enemiga,
ángel que nos transporte al otro 
		lado
para ganar la ubicuidad eterna,
o fuerza que nos retorne a la 
		materia:
todos vivimos la medrosa espera
resignados a la sorpresa 
		de su encuentro
y al suplicio mortal que nos imponga.

		
(Vivo pensando en el trágico momento
que me transforme en 
		ausencia sin regreso,
nombre sin rostro huyendo hacia el olvido,

		absoluto silencio que se ahogue
en la ciega pupila del vacío,
o 
		sombra que se incolore en la distancia.)
 


		(Me duele presentir y 
		también creer
que después de la muerte,
nadie podrá ir más allá 
		del polvo,
del polvo donde debe consumar su fin eterno.)

Versos y pensamientos de Elías Nandino

4 citas
« Polvo serán, mas polvo enamorado. / Quevedo »
Elías Nandino · Amor sin muerte
« Atmósfera de ausencia / Vivir la tempestad de los silencios »
Elías Nandino · Atmã“sfera
« No sé cómo viniste hasta mis manos / a llenar las tinieblas de mi »
Elías Nandino · Aventura
« Antes de haber / nacido, cuando apenas »
Elías Nandino · Búsqueda espacial
Biblioteca poética

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