Poesía Universal

Eduardo Milán

Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Milán. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Milán. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Eduardo Milán

11 poemas seleccionados
1.

A los veinte años tu sexo olía profundamente...

A los 
		veinte años tu sexo olía profundamente,
antiguo, tibio, una raíz sin 
		frío, precaria
aun viniendo de un pasado tan hondo, mítico
de 
		atreverse a atravesar la selva sin ser visto.
Voz de ánima en pena 
		que busca un continente,
África donde agarrarse, desgarrada. Pero 
		volviendo,
el sexo de la mujer tiene una autonomía rara
como si le 
		perteneciera y como si le fuera ajeno,
ajenjo, independiente, estado 
		ebrio. Vive en la fiebre
su larga memoria que lo habilita al delirio. 
		Sus labios
son verdaderos labios. Una raíz que no es una raíz
pero 
		parece por su resonancia. A partir de un punto
el poema son 
		innumerables ecos, aguas liberadas, felices
de expansivas después de 
		ser tocadas.
2.

El dolor del desencanto está presente...

El dolor 
		del desencanto está presente

		en este párrafo. Parra,

		fado de Portugal, gota

		de saudade para no beber en labios

		sino en vaso de vino, solo. Lo que resta de saúde

		no lo resta el vaso ni sus labios húmedos:

		lo resta la saudade, lo mejor de Portugal.


		* * *
		


		Se agita 
		el corazón como si fuera

		un órgano exterior clavado dentro.

		Felices los niños que no saben lo que tienen

		a ciencia cierta -sí lo que no tienen, por arte de magia.

		Tristeza es descubrirse el corazón.


		* * *
		


		Es duro 
		abandonar el concepto,

		las cosas queridas de esta vida de cosas,

		en favor de la palabra, en su apuesta.

		La verdad, la razón, la mentira, el movimiento,

		la flor, el buzón de la correspondencia, la máscara 

		y las cartas de amor que se introducen selladas 

		no son nada absolutamente si no hay palabra cerca.

		No cosas, palabra cerca.


		* * *


		La memoria 
		es una llama

		que habita la casa de uno,

		dos, tres, los que quieras

		que habiten tu casa interna.

		Hay dos casas: una interna

		y una externa, esta última

		es la fachada que detiene los ojos

		y la lluvia. Es una llama encendida

		que no se apaga. Puede no dejarte vivir.

		Dentro de ti es alimento no siempre en buen estado.

		Fuera es una fogata. Cuando la memoria sale

		en general sale mal: prende fuego en los pinos,

		en los techos, en la antenas, y, si hay azoteas,

		ahí. En la cordillera está en calma,

		impávida la llama,

		su memoria ceremonial sumida en sí misma.

		Cuando sale bien incendia lo incendiable

		la presencia de la llama y su ausencia,

		ambas fundidas en una, fulgurante

		memoria de lo que no se cumplió.

		

		* * *


		¿Para 
		quién habla uno?

		Habla uno para uno, no para dos ni para tres.

		Ni siquiera para uno:

		para dos ojos brillando en la espesura..

		Habla el esperma en la esperanza del hijo. 

		Uno habla para otro intangible que es llovizna, 

		no tocable, no moldeable por las manos de masa,

		o tocable por palabras, tan afecto. 


		* * *


		No más de 
		un poema por vez.

		Esta es la vez de la amada, marca

		el tiempo lo que es: su hora,

		hora del cuerpo. Cuerpo tiene el amor

		-espíritu lo demás, y lo demás, demasiado- ~

		cuerpo no siempre justo, a veces excede el cuerpo. r

		Sede de la forma y de tí sed,

		agua a la que nada falta -otra mentira:

		¿le falta algo a la flor? Nada falta a la gacela,

		llena de celo, completa. Abra,

		al abra se le parece.

		Veníamos rondando la idea de apertura

		del tiempo en un lugar preciso: el abra,

		ése es el lugar preciso,

		no la palabra que tu cuerpo calla.

		El amor cuando es amor no habla,

		no necesita.


		* * *
		


		Ella 
		oficia lo que oficia,

		lo que la pica.

		Dándole el sol un brillo jubiloso,

		la luna le quita esplendor, la opaca

		El día la mueve, en tanto

		la noche, reposo, la obliga a posarse.

		Se posa. Y es como una pájara

		que espera, posada, al pájaro

		que venga de una vez a la morada,

		que le haga justicia en la tierra.

		Que -que-que, vertical descendente,

		ha venido el pájaro a hacerle justicia

		A la posada, a la en la morada abierta.
3.

El sol, sol de dos nidos...

El sol, 
		sol de dos nidos,
uno en la luz del día,
otro en la de la noche,

		ahora bajo en calorías.
De ahí ese frío en verano,
esa tibieza en 
		invierno,
ni  primavera ni otoño.
No sabemos qué ponernos

		ya que estamos habituados
a ponernos algo. El sol
sería bueno que 
		eligiera,
que el sol tomara partido.
4.

Éste va para los mártires del arte...

Éste va 
		para los mártires del arte,
ya que lo invisible no es tan limpio

		como parecía: ahora está poblado por la serie
paralela de los ojos. 
		No los ojos del deseo,
ojos claros, verdes, amielados. Por la serie

		de los ojos del hambre. Ni por la serie de los
ojos policía: por la 
		de los ojos del hambre.
Esos podrían ser los ojos de tus hijos.
Ya 
		verás a donde lleva esta mirada de los
ojos paralelos. Lleva a los 
		acantilados de tu boca,
puedes cantarla como una canción.
5.

Primera parte

*Ya pasó el tiempo en que me acercaba a ti como a un
almácigo. 
		Entraba en tu ámbito extenso, casi
inconmensurable, más allá del 
		contexto, como
quien entra más allá de sí mismo al páramo
donde se 
		encuentra. Me quedaba mirándote sin
escribir, era como la misma hora 
		siempre, era
como una paz
o una especie de paz. Desaparecían las 
		tensiones. Era
como una especie de paz en extinción.

		
*No había árboles
pero tampoco guerra. Yo sabía que al entrar en 
		ti, como
quien entra en tu lugar, no iba a ganar el premio. Y todo

		lo que tenía encima me presionaba. El sol, siempre, es
una gran 
		presión.

		
*Yo era los animales.
Yo era los animales pacificados
pero no 
		por tu música sino por tu silencio. Por los
acordes que no oía, por 
		las voces
que no escuchaba, hay una prolongación, muy extraña,
de 
		rododendros. Yo logré ser -y ese es mi triunfo-
un silencio de los 
		animales esperando de ti
o una especie, una señal.

		
*Estoy quitando dar,
estoy quitando dar al entrar en ti,
no 
		estoy dando,
estoy quitándole a Gabriela,
estoy quitándole a 
		Alejandro,
no soy, al entrar en ti,
mi segundo nombre. Amor, 
		juegos contigo, miradas
al cielo -¿cómo es posible que existan estos 
		árboles
sobre el cielo, tan ausentes de nosotros?-
No es que no 
		los quiera: necesito pedir perdón.
Por eso entro.

		
*Dividí el mundo en dos, lo partí.
Están los que dan
y están 
		los que no dan. Es muy simple.
Está el sol, ese huevo tan extraño que 
		ya no
recuerda nada, y está la luna más extraña,
aún estando el 
		sol, en su continuidad.
No recuerda su propia creación, su momento.

		Y siento que una frontera me sigue.

		
*Yo no entraba en ti buscando poesía,
ni extraños frutos, ni 
		paraíso, ni
manifestación. No tenía la menor idea
de lo que era 
		una epifanía 0 un dejarse,
un caer. Entraba buscándote a ti.
La 
		carne que me diste vino sola,
no pedida, como pulpa de Dios. Pero 
		entonces
-yo no pedía nada, yo no sabía nada- ¿por qué
me culpo?
6.

Segunda parte

* ¿La ausencia es mi centro?
¿Ese centro lo llena la escritura?

		¿No lo llenan Gabriela,
Leonora, Andrés y Alejandro?
¿Pedirles que 
		llenen mi ausencia
-si la ausencia es mi ausencia-
no es pedirles 
		que me sirvan de soporte
para no caer?
¿La tristeza que siento 
		cuando los veo
no es la tristeza por quererlos mediado por mi 
		ausencia?

		
*Si la ausencia es mi ausencia
estoy identificado con lo que no 
		está.
Si estoy identificado con lo que no está
de alguna manera no 
		estoy.
¿Cómo querer si no estoy?
¿Qué me puede hacer estar
para 
		volver a querer a los que quiero
sin verlos como a la distancia,

		sin poder acercarme a ellos?
¿La escritura puede hacerme estar?

		¿Es la escritura la asunción de la ausencia?

		
*La ausencia es un dolor
vuelto vacío, es un cambio
de centro: 
		un centro que ya no está fuera
sino adentro.
Escribir es permitir

		que la ausencia crezca
en sus dominios internos, que vaya
por sus 
		propios fueros. Escribir
es reconocer el adentro, es
verlo.

		Pero es un adentro que sale, se asoma
a la ventana, revela la 
		ausencia.

		
*Olvidé durante mucho tiempo
que la palabra es de adentro,

		enamorado tal vez de tanto verla fuera,
de tanto mundo que insiste en 
		que la palabra es de afuera,
como si la palabra sólo comunicara

		cuando la palabra no sólo es lazo.
Una palabra condenada a celebrar

		o a condenar el mundo,
una palabra del mundo
no puede durar mucho 
		tiempo.

		
*Una parte de la palabra
debe permanecer en su adentro.
Una 
		parte de la palabra es secreto.
No sé si para toda la poesía:
para 
		estos poemas.
Esa parte de la palabra que es secreto
protege su 
		adentro.
Es la parte vigilante de la palabra,
la parte de la 
		palabra que no habla,
su parte guardián de la frontera.
Es la 
		parte-silencio de la palabra
que ya no escuchamos
empeñados en que 
		la palabra hable por completo.
Olvidamos -olvidé- que el 
		hombre-palabra
tiene una parte silencio.
El pájaro es todo el 
		pájaro
pero la palabra no es toda palabra ella,
es parte silencio 
		y parte habla.
Este es el aviso de la palabra:
silencio-aguas.

		Gracias a Gabriela que me dijo:
«olvida todo y ponte a escribir.»

		Esto es más o menos sincero.
7.

Ella es Gabriela.

Tercera parte


		*Se puede bucear más,
siempre se puede más
averiguar los peces

		del fondo.
Sin olvidar que parte
de la palabra es silencio.

		
*Ir allí
y volver
para que la memoria nazca
y muera el 
		recuerdo.
Ir allí pero regresar a casa.
No olvidar por el camino 
		que una parte
de la palabra es silencio.

		
*Ir a buscar el origen del dolor,
el prístino, el inmaculado o 
		casi,
porque aún ese tiene rezagos de tiempo
como una cabeza 
		coronada de polvo
o un sombrero cubierto de hojas verdes.
Es lo 
		que queda del regreso: no olvidar
que parte de la palabra es 
		silencio.

		
*Se puede parodiar al sol,
cómo no se va a poder decir que bien 
		vale una parodia
el sol, una parodia que quema.
Parodiar esa garza 
		por su pata
y por la otra que se dobla
explícita.
Es posible no 
		entender una garza
sin olvidar que parte de la palabra es silencio.

		
*Es posible morder la mano
que te da de comer. Por justicia,

		no por arrepentimiento.
Y dejar la mano intacta
sin la huella de 
		los dientes.
Una vez es posible ser un perro.
Sin olvidar que una 
		parte de la palabra es silencio.
No la más fiel, la más buena.

		
*Todo se puede en este mundo
a juzgar por los hechos
que no 
		dejan mentir.
Esos hechos, los encargados
de frenar el exceso. El 
		exceso,
esa cresta que en la aurora canta todo su Poder
es la 
		potencia misma donde el abismo se expresa.
El exceso no cree en los 
		hechos.
Olvida el exceso que parte de la palabra es silencio.

		
*Es posible ser sincero
pese al corazón expuesto
a la mordida 
		del perro que pasa.
Siempre hay un perro que pasa
alrededor del 
		sincero,
muy cerca, peligrosamente,
del corazón expuesto.
A 
		tres pasos del estacionamiento,
en el cantero crece el ciruelo.

		*Escrito esto,
pidiendo que no haya represalia
del destino cierto.

		Con el dolor dicho,
con el pasado ausente,
con cierta paz, con 
		esta noche
y para ella.


		Ella es 
		Gabriela.
8.

Humildad, la fuente inagotable...

Humildad, 
		la fuente inagotable
de recursos naturales es un río
que no 
		quiebra, un río
que fue lluvia, una elevada
vertiente que cae

		como toda la plata, finalmente.
El hombre del rocío en la cabeza
y 
		en los hombros, el famoso rocío
de los prados, hoy canoso,
no es 
		más que la humildad que anda,
el otrora verdura de las eras, 
		cabizbajo.
No está solo: una bandada
anda empapada como voz de 
		Neruda.
Ese río, dios mortal del mar,
renace en meaculpa de la 
		lluvia.
9.

Inventarse

otro corazón...


		Inventarse otro corazón
con ritmo lento, parece ser la idea.
Este 
		presente será una eternidad
menos la falta, parecería el augurio.

		Un corazón con falta puede andar
mucho más lento, con su seguridad

		vacía. Las palabras podrían acompañar
como muletas la falta del 
		corazón,
el gran faltado. El corazón, no yo,
es el faltado y las 
		palabras sin corazón.
Es El faltado.
10.

Jugados

como siempre...


		Jugados 
		como siempre
estuvimos, como echados
aunque fuese sin echar fuera 
		del mundo, dados
a las condiciones reinantes, a la eterna

		imprecisión del hecho en sí
que se sustrae, cortante

		
o en secreto: ese caracol
que no escucha sino su ruido interno

		de mar, que oye llover
particularmente sobre sus chapas
gotas 
		precisas, las traslúcidas,
las que filtran toda densidad, toda 
		viscosa
sofocación: botas entrando a la Universidad
cuando la 
		aurora, sabia, distraída,
como un golpe de caballos fuera de épica.
11.

No volver sino volver...

No volver sino volver
a decir, ahora adherido
a tu piel, que da 
		lugar. Hablo
de tu piel que es de lo poco
que conozco y esplende.

		No soy más que la sombra de tu cuerpo
pero puedo hablar, sombra que 
		habla
pero habla. Soy un residuo de un cielo,
el tuyo, un azul 
		abierto.

Versos y pensamientos de Eduardo Milán

4 citas
« A los / veinte años tu sexo olía profundamente, »
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