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Eduardo Milán · A los veinte años tu sexo olía profundamente...
Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Milán. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Milán. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
A los veinte años tu sexo olía profundamente, antiguo, tibio, una raíz sin frío, precaria aun viniendo de un pasado tan hondo, mítico de atreverse a atravesar la selva sin ser visto. Voz de ánima en pena que busca un continente, África donde agarrarse, desgarrada. Pero volviendo, el sexo de la mujer tiene una autonomía rara como si le perteneciera y como si le fuera ajeno, ajenjo, independiente, estado ebrio. Vive en la fiebre su larga memoria que lo habilita al delirio. Sus labios son verdaderos labios. Una raíz que no es una raíz pero parece por su resonancia. A partir de un punto el poema son innumerables ecos, aguas liberadas, felices de expansivas después de ser tocadas.
El dolor del desencanto está presente en este párrafo. Parra, fado de Portugal, gota de saudade para no beber en labios sino en vaso de vino, solo. Lo que resta de saúde no lo resta el vaso ni sus labios húmedos: lo resta la saudade, lo mejor de Portugal. * * * Se agita el corazón como si fuera un órgano exterior clavado dentro. Felices los niños que no saben lo que tienen a ciencia cierta -sí lo que no tienen, por arte de magia. Tristeza es descubrirse el corazón. * * * Es duro abandonar el concepto, las cosas queridas de esta vida de cosas, en favor de la palabra, en su apuesta. La verdad, la razón, la mentira, el movimiento, la flor, el buzón de la correspondencia, la máscara y las cartas de amor que se introducen selladas no son nada absolutamente si no hay palabra cerca. No cosas, palabra cerca. * * * La memoria es una llama que habita la casa de uno, dos, tres, los que quieras que habiten tu casa interna. Hay dos casas: una interna y una externa, esta última es la fachada que detiene los ojos y la lluvia. Es una llama encendida que no se apaga. Puede no dejarte vivir. Dentro de ti es alimento no siempre en buen estado. Fuera es una fogata. Cuando la memoria sale en general sale mal: prende fuego en los pinos, en los techos, en la antenas, y, si hay azoteas, ahí. En la cordillera está en calma, impávida la llama, su memoria ceremonial sumida en sí misma. Cuando sale bien incendia lo incendiable la presencia de la llama y su ausencia, ambas fundidas en una, fulgurante memoria de lo que no se cumplió. * * * ¿Para quién habla uno? Habla uno para uno, no para dos ni para tres. Ni siquiera para uno: para dos ojos brillando en la espesura.. Habla el esperma en la esperanza del hijo. Uno habla para otro intangible que es llovizna, no tocable, no moldeable por las manos de masa, o tocable por palabras, tan afecto. * * * No más de un poema por vez. Esta es la vez de la amada, marca el tiempo lo que es: su hora, hora del cuerpo. Cuerpo tiene el amor -espíritu lo demás, y lo demás, demasiado- ~ cuerpo no siempre justo, a veces excede el cuerpo. r Sede de la forma y de tí sed, agua a la que nada falta -otra mentira: ¿le falta algo a la flor? Nada falta a la gacela, llena de celo, completa. Abra, al abra se le parece. Veníamos rondando la idea de apertura del tiempo en un lugar preciso: el abra, ése es el lugar preciso, no la palabra que tu cuerpo calla. El amor cuando es amor no habla, no necesita. * * * Ella oficia lo que oficia, lo que la pica. Dándole el sol un brillo jubiloso, la luna le quita esplendor, la opaca El día la mueve, en tanto la noche, reposo, la obliga a posarse. Se posa. Y es como una pájara que espera, posada, al pájaro que venga de una vez a la morada, que le haga justicia en la tierra. Que -que-que, vertical descendente, ha venido el pájaro a hacerle justicia A la posada, a la en la morada abierta.
El sol, sol de dos nidos, uno en la luz del día, otro en la de la noche, ahora bajo en calorías. De ahí ese frío en verano, esa tibieza en invierno, ni primavera ni otoño. No sabemos qué ponernos ya que estamos habituados a ponernos algo. El sol sería bueno que eligiera, que el sol tomara partido.
Éste va para los mártires del arte, ya que lo invisible no es tan limpio como parecía: ahora está poblado por la serie paralela de los ojos. No los ojos del deseo, ojos claros, verdes, amielados. Por la serie de los ojos del hambre. Ni por la serie de los ojos policía: por la de los ojos del hambre. Esos podrían ser los ojos de tus hijos. Ya verás a donde lleva esta mirada de los ojos paralelos. Lleva a los acantilados de tu boca, puedes cantarla como una canción.
*Ya pasó el tiempo en que me acercaba a ti como a un almácigo. Entraba en tu ámbito extenso, casi inconmensurable, más allá del contexto, como quien entra más allá de sí mismo al páramo donde se encuentra. Me quedaba mirándote sin escribir, era como la misma hora siempre, era como una paz o una especie de paz. Desaparecían las tensiones. Era como una especie de paz en extinción. *No había árboles pero tampoco guerra. Yo sabía que al entrar en ti, como quien entra en tu lugar, no iba a ganar el premio. Y todo lo que tenía encima me presionaba. El sol, siempre, es una gran presión. *Yo era los animales. Yo era los animales pacificados pero no por tu música sino por tu silencio. Por los acordes que no oía, por las voces que no escuchaba, hay una prolongación, muy extraña, de rododendros. Yo logré ser -y ese es mi triunfo- un silencio de los animales esperando de ti o una especie, una señal. *Estoy quitando dar, estoy quitando dar al entrar en ti, no estoy dando, estoy quitándole a Gabriela, estoy quitándole a Alejandro, no soy, al entrar en ti, mi segundo nombre. Amor, juegos contigo, miradas al cielo -¿cómo es posible que existan estos árboles sobre el cielo, tan ausentes de nosotros?- No es que no los quiera: necesito pedir perdón. Por eso entro. *Dividí el mundo en dos, lo partí. Están los que dan y están los que no dan. Es muy simple. Está el sol, ese huevo tan extraño que ya no recuerda nada, y está la luna más extraña, aún estando el sol, en su continuidad. No recuerda su propia creación, su momento. Y siento que una frontera me sigue. *Yo no entraba en ti buscando poesía, ni extraños frutos, ni paraíso, ni manifestación. No tenía la menor idea de lo que era una epifanía 0 un dejarse, un caer. Entraba buscándote a ti. La carne que me diste vino sola, no pedida, como pulpa de Dios. Pero entonces -yo no pedía nada, yo no sabía nada- ¿por qué me culpo?
* ¿La ausencia es mi centro? ¿Ese centro lo llena la escritura? ¿No lo llenan Gabriela, Leonora, Andrés y Alejandro? ¿Pedirles que llenen mi ausencia -si la ausencia es mi ausencia- no es pedirles que me sirvan de soporte para no caer? ¿La tristeza que siento cuando los veo no es la tristeza por quererlos mediado por mi ausencia? *Si la ausencia es mi ausencia estoy identificado con lo que no está. Si estoy identificado con lo que no está de alguna manera no estoy. ¿Cómo querer si no estoy? ¿Qué me puede hacer estar para volver a querer a los que quiero sin verlos como a la distancia, sin poder acercarme a ellos? ¿La escritura puede hacerme estar? ¿Es la escritura la asunción de la ausencia? *La ausencia es un dolor vuelto vacío, es un cambio de centro: un centro que ya no está fuera sino adentro. Escribir es permitir que la ausencia crezca en sus dominios internos, que vaya por sus propios fueros. Escribir es reconocer el adentro, es verlo. Pero es un adentro que sale, se asoma a la ventana, revela la ausencia. *Olvidé durante mucho tiempo que la palabra es de adentro, enamorado tal vez de tanto verla fuera, de tanto mundo que insiste en que la palabra es de afuera, como si la palabra sólo comunicara cuando la palabra no sólo es lazo. Una palabra condenada a celebrar o a condenar el mundo, una palabra del mundo no puede durar mucho tiempo. *Una parte de la palabra debe permanecer en su adentro. Una parte de la palabra es secreto. No sé si para toda la poesía: para estos poemas. Esa parte de la palabra que es secreto protege su adentro. Es la parte vigilante de la palabra, la parte de la palabra que no habla, su parte guardián de la frontera. Es la parte-silencio de la palabra que ya no escuchamos empeñados en que la palabra hable por completo. Olvidamos -olvidé- que el hombre-palabra tiene una parte silencio. El pájaro es todo el pájaro pero la palabra no es toda palabra ella, es parte silencio y parte habla. Este es el aviso de la palabra: silencio-aguas. Gracias a Gabriela que me dijo: «olvida todo y ponte a escribir.» Esto es más o menos sincero.
Tercera parte *Se puede bucear más, siempre se puede más averiguar los peces del fondo. Sin olvidar que parte de la palabra es silencio. *Ir allí y volver para que la memoria nazca y muera el recuerdo. Ir allí pero regresar a casa. No olvidar por el camino que una parte de la palabra es silencio. *Ir a buscar el origen del dolor, el prístino, el inmaculado o casi, porque aún ese tiene rezagos de tiempo como una cabeza coronada de polvo o un sombrero cubierto de hojas verdes. Es lo que queda del regreso: no olvidar que parte de la palabra es silencio. *Se puede parodiar al sol, cómo no se va a poder decir que bien vale una parodia el sol, una parodia que quema. Parodiar esa garza por su pata y por la otra que se dobla explícita. Es posible no entender una garza sin olvidar que parte de la palabra es silencio. *Es posible morder la mano que te da de comer. Por justicia, no por arrepentimiento. Y dejar la mano intacta sin la huella de los dientes. Una vez es posible ser un perro. Sin olvidar que una parte de la palabra es silencio. No la más fiel, la más buena. *Todo se puede en este mundo a juzgar por los hechos que no dejan mentir. Esos hechos, los encargados de frenar el exceso. El exceso, esa cresta que en la aurora canta todo su Poder es la potencia misma donde el abismo se expresa. El exceso no cree en los hechos. Olvida el exceso que parte de la palabra es silencio. *Es posible ser sincero pese al corazón expuesto a la mordida del perro que pasa. Siempre hay un perro que pasa alrededor del sincero, muy cerca, peligrosamente, del corazón expuesto. A tres pasos del estacionamiento, en el cantero crece el ciruelo. *Escrito esto, pidiendo que no haya represalia del destino cierto. Con el dolor dicho, con el pasado ausente, con cierta paz, con esta noche y para ella. Ella es Gabriela.
Humildad, la fuente inagotable de recursos naturales es un río que no quiebra, un río que fue lluvia, una elevada vertiente que cae como toda la plata, finalmente. El hombre del rocío en la cabeza y en los hombros, el famoso rocío de los prados, hoy canoso, no es más que la humildad que anda, el otrora verdura de las eras, cabizbajo. No está solo: una bandada anda empapada como voz de Neruda. Ese río, dios mortal del mar, renace en meaculpa de la lluvia.
otro corazón... Inventarse otro corazón con ritmo lento, parece ser la idea. Este presente será una eternidad menos la falta, parecería el augurio. Un corazón con falta puede andar mucho más lento, con su seguridad vacía. Las palabras podrían acompañar como muletas la falta del corazón, el gran faltado. El corazón, no yo, es el faltado y las palabras sin corazón. Es El faltado.
como siempre... Jugados como siempre estuvimos, como echados aunque fuese sin echar fuera del mundo, dados a las condiciones reinantes, a la eterna imprecisión del hecho en sí que se sustrae, cortante o en secreto: ese caracol que no escucha sino su ruido interno de mar, que oye llover particularmente sobre sus chapas gotas precisas, las traslúcidas, las que filtran toda densidad, toda viscosa sofocación: botas entrando a la Universidad cuando la aurora, sabia, distraída, como un golpe de caballos fuera de épica.
No volver sino volver a decir, ahora adherido a tu piel, que da lugar. Hablo de tu piel que es de lo poco que conozco y esplende. No soy más que la sombra de tu cuerpo pero puedo hablar, sombra que habla pero habla. Soy un residuo de un cielo, el tuyo, un azul abierto.
« A los / veinte años tu sexo olía profundamente, »
« El dolor / del desencanto está presente »
« sol de dos nidos, / uno en la luz del día, »
« Éste va / para los mártires del arte, »
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