« Bajo el cielo tenebroso / el rehilete se abre en el jardín. »
Eduardo Lizalde · 1.
Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Lizalde. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Lizalde. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Bajo el cielo tenebroso el rehilete se abre en el jardín. La fiesta del gorrión que danza, canta -se vuelve flor su trino, fruto su aleteo-, se baña bajo el líquido haz de chispas. Pura felicidad en el pequeño prado, el agua limpia -hubiera dicho el santo-, es la sonrisa de Dios. * * *
Buenos días, mundo. Me alegra verte afuera al despertar. Celebro que no hayas -la ocasión la pintan calva- aprovechado el manto de la noche maldita para irte por siempre al inframundo. También me reconforta que aún te habiten pájaros cantores, meistersinger del bosque en el jardín; que el sol severo nos escalde aún y nos torture el rudo ozono -como todos los días-. Soñé que te habías ido, conmigo hacia el infierno y que se habían quedado aquí sin mundo todas las demás criaturas: piedras, grajos, insectos o personas. Te veo tan grande y bello, que me río de los siniestros solipsistas de antaño. No has de esfumarte cuando yo me extinga. Canto tu salud de hierro, tu verde corazón y tu estructura de granito. Buenos días, querido, hermoso mundo.
El tiempo escaso por costumbre y, por la costumbre, frágil, no basta para el amor y es demasiado para el sexo. Pero si en sexo se midiera el tiempo si el sexo -el gozo, mejor dicho- fuera una unidad de tiempo, sería la más pequeña que el reloj pudiera imaginar, la apenas registrable, el átomo del tiempo. * * *
Ni el denodado goce de los cuerpos, ni el carnívoro roce de las bocas, ni las fieras sensuales de los dedos, ni las mejillas ardorosas, ni el sudor refrescante de los pechos -su rima encantadora-, ni el tacto delicioso de los muslos, ni la plata del pubis, ni las caudas azules y viriles, son suficientes para el sexo. La plena saciedad misma, no basta. Lacios los cuerpos tras el goce, exhaustos, bebidos uno a otro hasta las plantas, sueñan, despiertos, con el sexo. Sólo han probado, sólo empiezan a hervir. La saciedad más absoluta es siempre, apenas, el principio. * * *
El cuerpo es siempre virgen para el sexo. El cuerpo siempre, Paul, recomenzando. Y el cuerpo eterno, el fiero eterno cuerpo muere antes que el sexo. * * *
Y nada de que el sexo sólo con amor es sexo. El sexo es siempre amor, nunca el amor es sexo. El amor no es amor, el sexo es el amor. No hay sexo sin amor pero hay amor sin sexo, y no lo es. Todo amor sin sexo es corruptible. Sólo una advertencia: es ya desgracia conocida que el sexo y el amor no sean posibles sino con personas, con almas y con cuerpos de cuatro dimensiones, con seres existentes, y nunca con fantasmas o sombras pasajeras, mucho menos con plantas o gallinas.
(y última). El sexo es una cosa que se embellece cuando se la mira. Y la prostitución es su magnífico revés, su negación perfecta, su ausencia depresiva. El sexo es este Dios moldeado por su más portentosa y vil creatura.
« Bajo el cielo tenebroso / el rehilete se abre en el jardín. »
« Buenos días, mundo. / Me alegra verte afuera al despertar. »
« El tiempo escaso / por costumbre »
« Ni el denodado / goce de los cuerpos, »
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