« A veces cruza mi pecho / dormido »
Eduardo Carranza · A veces cruza mi pecho dormido...
Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Carranza....
Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Carranza.
Antología de la poesía perdurable, sensual y romántica.
A veces cruza mi pecho dormido una alada magnolia gimiendo, con su aroma lascivo, una campana tocando a fuego, a besos, una soga llanera que enlaza una cintura una roja invasión de hormigas blancas, una venada oteando el paraíso jadeante, alzado el cuello hacia el éxtasis, una falda de cámbulos un barco que da tumbos por ebrio mar de noche y de cabellos, un suspiro, un pañuelo que delira bordado con diez letras y el laurel de la sangre, un desbocado vendaval, un cielo que ruge como un tigre, el puñal de la estrella fugaz que sólo dos desde un balcón han visto, un sorbo delirante de vino besador una piedra de otro planeta silbando como la leña verde cuando arde, un penetrante río que busca locamente su desenlace o desembocadura donde nada la Bella Nadadora, un raudal de manzana y roja miel el arañazo de la ortiga más dulce la sombra azul que baila en el mar de Ceilán, tejiendo su delirio, un clarín victorioso levantado hacia el alba la doble alondra del color del maíz volando sobre un celeste infierno y veo, dormido, un precipicio súbito y volar o morir... A veces cruza mi pecho dormido una persona o viento, un enjambre o relámpago, un súbito galope: es el amor que pasa en la grupa de un potro y se hunde en el tiempo hacia el mar.
Pensar en ti es azul, como ir vagando por un bosque dorado al mediodía: nacen jardines en el habla mía y con mis nubes por tus sueños ando. Nos une y nos separa un aire blando, una distancia de melancolía; yo alzo los brazos de mi poesía, azul de ti, dolido y esperando. Es como un horizonte de violines o un tibio sufrimiento de jazmines pensar en ti, de azul temperamento. El mundo se me vuelve cristalino, y te miro, entre lámparas de trino, azul domingo de mi pensamiento.
A Alberto Warnier A alguien oí subir por la escalera. Eran -altas- las tres de la mañana. Callaban el rocío y la campana ... Sólo el tenue crujir de la madera. No eran mis hijos. Mi hija no era. Ni el son del tiempo en mi cabeza cana. ( Deliraba de estrellas la ventana. ) Tampoco el paso que mi sangre espera... Sonó un reloj en la desierta casa. Alguien dijo mi nombre y apellido. Nombrado me sentí por vez primera. No es de ángel o amigo lo que pasa en esa voz de acento conocido... ... A alguien sentí subir por la escalera...
A Jorge Gaitán Durán Ahora tengo sed y mi amante es el agua. Vengo de lo lejano, de unos ojos oscuros. Ahora soy del hondo reino de los dormidos; allí me reconozco, me encuentro con mi alma. La noche a picotazos roe mi corazón, y me bebe la sangre el sol de los dormidos; ando muerto de sed y toco una campana para llamar el agua delgada que me ama. Yo soy el olvidado. Quiero un ramo de agua; quiero una fresca orilla de arena enternecida, y esperar una flor, de nombre margarita, para callar con ella apoyada en el pecho. Nadie podrá quitarme un beso, una mirada. Ni aún la muerte podrá borrar este perfume. Voy cubierto de sueños, y esta fosforescencia que veis es el recuerdo del mar de los dormidos.
Aún me dura la melancolía. Allá por el sinfín cantaba un gallo agrandando el silencio perla y malva en que el lucero azul se disolvía. Olía a cielo, a ella, a poesía. Sin volver a mirar me fui a caballo. Maduraban las frutas y sus frutas. A ella y a jardín secreto, olía. Me fui, me fui como por un romance donde fuera el doncel que nunca vuelve... la casa se quedó con su ventana, hundida entre la ausencia, al pie del alba. Flotó su mano y yo me fui a caballo. Aún me dura la melancolía.
Elegía suspirante El amor enlazaba nuestros pasos, ¿recuerdas? Hacia mi corazón con indolente gracia caía tu cabeza, ¿recuerdas?, como cae sobre el hombro del viento una rama de acacia. Nos tendía sus brazos desnudos el aroma de las frutas; tu alma se iba y regresaba como si por instantes entreabriera los párpados. Entre los dos estaba como un cuento el silencio. Balbuceaba el agua lo que los dos callábamos. la sombra de las hojas pasaba por tu rostro, como suele el silencio pasar entre la música. Desleía la tarde su pétalo en tus ojos. Tu corazón se ha ido, ahora, con la fuente. El viento habrá borrado los pasos en la arena, borrado habrá el olvido mi huella por tu frente, como borra el crepúsculo la luz con que te escribo.
Te llamarás silencio en adelante. Y el sitio que ocupabas en el aire se llamará melancolía. Escribiré en el vino rojo un nombre: el tu nombre que estuvo junto a mi alma sonriendo entre violetas. Ahora miro largamente, absorto, esta mano que anduvo por tu rostro, que soñó junto a ti. Esta mano lejana, de otro mundo que conoció una rosa y otra rosa, y el tibio, el lento nácar. Un día iré a buscarme, iré a buscar mi fantasma sediento entre los pinos y la palabra amor. Te llamarás silencio en adelante. Lo escribo con la mano que aquel día iba contigo entre los pinos.
A veces cruza mi pecho dormido una alada magnolia gimiendo, con su aroma lascivo, una campana tocando a fuego, a besos, una soga llanera que enlaza una cintura, una roja invasión de hormigas blancas, una venada oteando el paraíso jadeante, alzado el cuello hacia el éxtasis, una falda de cámbulos, un barco que da tumbos por ebrio mar de noche y de cabellos un suspiro, un pañuelo que delira bordado con diez letras y el laurel de la sangre, un desbocado vendaval, un cielo que ruge como un tigre, el puñal de la estrella fugaz que sólo dos desde un balcón han visto, un sorbo delirante de vino besador, una piedra de otro planeta silbando como la leña verde cuando arde, un penetrante río que busca locamente su desenlace o desembocadura donde nada la Bella Nadadora, un raudal de manzana y roja miel, el arañazo de la ortiga más dulce, la sombra azul que baila en el mar de Ceilán, tejiendo su delirio, un clarín victorioso levantado hacia el alba, la doble alondra del color del maíz volando sobre un celeste infierno y veo, dormido, un precipicio súbito y volar o morir... A veces cruza mi pecho dormido una persona o viento, un enjambre o relámpago, un súbito galope: es el amor que pasa en la grupa de un potro y se hunde en el tiempo hacia el mar y la muerte.
casi perdida Eres como la luz alta y delgada. Como el viento eres clara sin saberlo. Vacila tu actitud como la tarde suavemente inclinada sobre el mundo. Eres hecha de sueños olvidados y te olvido de pronto, como a un sueño; mi corazón te busca como el humo busca la altura y hacia ella muere. Como una tibia flor te lleva el día prendida entre sus labios. Eres alta, azul, delgada, y recta como un silbo. Te recuerdo de pronto como a un sueño.
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