Poesía Universal

Eduardo Carranza

Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Carranza....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Eduardo Carranza.

Antología de la poesía perdurable, sensual y romántica.

Lírica y Versos

Poemas de Eduardo Carranza

9 poemas seleccionados
1.

A veces cruza mi pecho dormido...

A veces cruza mi pecho 
		dormido 
		
una alada magnolia gimiendo, 
con su aroma lascivo, una campana 
		
tocando a fuego, a besos, 
una soga llanera 
que enlaza una 
		cintura 
		
una roja invasión de hormigas blancas, 
una venada oteando el 
		paraíso 
		
jadeante, alzado el cuello 
hacia el éxtasis, 
una falda de 
		cámbulos
		
un barco que da tumbos 
por ebrio mar de noche y de cabellos, 

		un suspiro, un pañuelo que delira 
		
bordado con diez letras 
y el laurel de la sangre, 
un 
		desbocado vendaval, un cielo 
		
que ruge como un tigre, 
el puñal de la estrella fugaz 
que 
		sólo dos desde un balcón han visto, 
		
un sorbo delirante de vino besador 
una piedra de otro planeta 
		silbando 
		
como la leña verde cuando arde, 
un penetrante río que busca 
		locamente 
		
su desenlace o desembocadura 
donde nada la Bella Nadadora, 

		un raudal de manzana y roja miel 
		
el arañazo de la ortiga más dulce 
la sombra azul que baila en el 
		mar de Ceilán, 
		
tejiendo su delirio, 
un clarín victorioso levantado hacia el 
		alba 
		
la doble alondra del color del maíz 
volando sobre un celeste 
		infierno 
		
y veo, dormido, un precipicio súbito 
y volar o morir... 
		


		A veces cruza mi pecho 
		dormido 
		
una persona o viento, 
un enjambre o relámpago, 
un súbito 
		galope: 
		
es el amor que pasa en la grupa de un potro 
y se hunde en el 
		tiempo hacia el mar.
2.

Azul de ti

Pensar en 
		ti es azul, como ir vagando
por un bosque dorado al mediodía:

		nacen jardines en el habla mía
y con mis nubes por tus sueños ando.


	
	
		Nos une y 
		nos separa un aire blando,
una distancia de melancolía;
yo alzo 
		los brazos de mi poesía,
azul de ti, dolido y esperando.


		Es como un 
		horizonte de violines
o un tibio sufrimiento de jazmines
pensar en 
		ti, de azul temperamento.


		El mundo 
		se me vuelve cristalino,
y te miro, entre lámparas de trino,
azul 
		domingo de mi pensamiento.
3.

El insomne

A Alberto Warnier


		A alguien oí subir por 
		la escalera.
Eran -altas- las tres de la mañana.
Callaban el rocío 
		y la campana
... Sólo el tenue crujir de la madera.


		No eran mis hijos. Mi 
		hija no era.
Ni el son del tiempo en mi cabeza cana.
( Deliraba de 
		estrellas la ventana. )
Tampoco el paso que mi sangre espera...


		Sonó un reloj en la 
		desierta casa.
Alguien dijo mi nombre y apellido.
Nombrado me 
		sentí por vez primera.


		No es de ángel o amigo 
		lo que pasa
en esa voz de acento conocido... 
		
... A alguien sentí subir por la escalera...
4.

El olvidado

A Jorge Gaitán Durán


		
Ahora tengo sed y 
		mi amante es el agua.
Vengo de lo lejano, de unos ojos oscuros.

		Ahora soy del hondo reino de los dormidos;
allí me reconozco, me 
		encuentro con mi alma.


		La noche a picotazos 
		roe mi corazón,
y me bebe la sangre el sol de los dormidos;
ando 
		muerto de sed y toco una campana
para llamar el agua delgada que me 
		ama.


		Yo soy el olvidado. 
		Quiero un ramo de agua;
quiero una fresca orilla de arena 
		enternecida,
y esperar una flor, de nombre margarita,
para callar 
		con ella apoyada en el pecho.


		Nadie podrá quitarme un 
		beso, una mirada.
Ni aún la muerte podrá borrar este perfume.
Voy 
		cubierto de sueños, y esta fosforescencia
que veis es el recuerdo del 
		mar de los dormidos.
5.

Elegía pura

Aún me 
		dura la melancolía.
Allá por el sinfín cantaba un gallo
agrandando 
		el silencio perla y malva
en que el lucero azul se disolvía.


		Olía a 
		cielo, a ella, a poesía.
Sin volver a mirar me fui a caballo.

		Maduraban las frutas y sus frutas.
A ella y a jardín secreto, olía.


		Me fui, me 
		fui como por un romance
donde fuera el doncel que nunca vuelve...

		la casa se quedó con su ventana,


		hundida 
		entre la ausencia, al pie del alba.
Flotó su mano y yo me fui a 
		caballo.
Aún me dura la melancolía.
6.

El amor enlazaba nuestros pasos, ¿recuerdas?

Elegía suspirante


		El amor 
		enlazaba nuestros pasos, ¿recuerdas?


		Hacia mi 
		corazón con indolente gracia
caía tu cabeza, ¿recuerdas?, como cae

		sobre el hombro del viento una rama de acacia.


		Nos tendía 
		sus brazos desnudos el aroma
de las frutas; tu alma se iba y 
		regresaba
como si por instantes entreabriera los párpados.
Entre 
		los dos estaba como un cuento el silencio.


		Balbuceaba 
		el agua lo que los dos callábamos.
la sombra de las hojas pasaba por 
		tu rostro,
como suele el silencio pasar entre la música.
Desleía 
		la tarde su pétalo en tus ojos.


		Tu corazón 
		se ha ido, ahora, con la fuente.
El viento habrá borrado los pasos en 
		la arena,
borrado habrá el olvido mi huella por tu frente,
como 
		borra el crepúsculo la luz con que te escribo.
7.

Es melancolía

Te 
		llamarás silencio en adelante.
Y el sitio que ocupabas en el aire

		se llamará melancolía.


		Escribiré 
		en el vino rojo un nombre:
el tu nombre que estuvo junto a mi alma

		sonriendo entre violetas.


		Ahora miro 
		largamente, absorto,
esta mano que anduvo por tu rostro,
que soñó 
		junto a ti.


		Esta mano 
		lejana, de otro mundo
que conoció una rosa y otra rosa,
y el 
		tibio, el lento nácar.


		Un día iré 
		a buscarme, iré a buscar
mi fantasma sediento entre los pinos
y la 
		palabra amor.


		Te 
		llamarás silencio en adelante.
Lo escribo con la mano que aquel día

		iba contigo entre los pinos.
8.

Galope súbito

A veces cruza mi pecho dormido 

		una alada magnolia gimiendo, 

		con su aroma lascivo, una campana 

		tocando a fuego, a besos, 

		una soga llanera 

		que enlaza una cintura, 

		una roja invasión de hormigas blancas, 

		una venada oteando el paraíso 

		jadeante, alzado el cuello 

		hacia el éxtasis, 

		una falda de cámbulos, 

		un barco que da tumbos 

		por ebrio mar de noche y de cabellos 

		un suspiro, un pañuelo que delira 

		bordado con diez letras 

		y el laurel de la sangre, 

		un desbocado vendaval, un cielo 

		que ruge como un tigre, 

		el puñal de la estrella fugaz 

		que sólo dos desde un balcón han visto, 

		un sorbo delirante de vino besador, 

		una piedra de otro planeta silbando 

		como la leña verde cuando arde, 

		un penetrante río que busca locamente 

		su desenlace o desembocadura 

		donde nada la Bella Nadadora, 

		un raudal de manzana y roja miel, 

		el arañazo de la ortiga más dulce, 

		la sombra azul que baila en el mar de Ceilán, 

		tejiendo su delirio, 

		un clarín victorioso levantado hacia el alba, 

		la doble alondra del color del maíz 

		volando sobre un celeste infierno 

		y veo, dormido, un precipicio súbito 

		y volar o morir... 

		

		A veces cruza mi pecho dormido 

		una persona o viento, 

		un enjambre o relámpago, 

		un súbito galope: 

		es el amor que pasa en la grupa de un potro 

		y se hunde en el tiempo hacia el mar y la muerte.
9.

Imagen

casi perdida


		Eres como 
		la luz alta y delgada.
Como el viento eres clara sin saberlo.

		Vacila tu actitud como la tarde
suavemente inclinada sobre el mundo.


		Eres hecha 
		de sueños olvidados
y te olvido de pronto, como a un sueño;
mi 
		corazón te busca como el humo
busca la altura y hacia ella muere.


		Como una 
		tibia flor te lleva el día
prendida entre sus labios. Eres alta,

		azul, delgada, y recta como un silbo.
Te recuerdo de pronto como a un 
		sueño.

Versos y pensamientos de Eduardo Carranza

4 citas
« A veces cruza mi pecho / dormido »
Eduardo Carranza · A veces cruza mi pecho dormido...
« Pensar en / ti es azul, como ir vagando »
Eduardo Carranza · Azul de ti
« A Alberto Warnier / A alguien oí subir por »
Eduardo Carranza · El insomne
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Eduardo Carranza · El olvidado
Biblioteca poética

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