Poesía Universal

Dulce María Loynaz

Biografía y amplia selección de poemas de Dulce María Loynaz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Dulce María Loynaz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Dulce María Loynaz

17 poemas seleccionados
1.

Agua escondida

Tú eres el agua oscura 
			
que mana por dentro de la roca. 
Tú eres el agua oscura y 
			entrañable 
			
que va corriendo bajo la tierra, 
ignorada del sol, 
de la 
			sed de los que rastrean la tierra, 
			
de los que ruedan por la tierra.

			
Tú eres agua virgen sin 
			destino y sin nombre 
			
geográfico; tú eres la frescura intocada, 
el trémulo secreto 
			de frescura, el júbilo secreto 
			
de esta frescura mía que tú eres, de esta agua 
honda que tú 
			has sido siempre, 
			
sin alcanzar a ser más nada que eso; 
agua negra, sin 
			nombre... 
			
¡Y apretada, apretada contra mí!
2.

¡Amor es resucitar!

Amor es...


			Amar la gracia 
			delicada
del cisne azul y de la rosa rosa; 
			
amar la luz del alba 
y la de las estrellas que se abren
y 
			la de las sonrisas que se alargan... 
			
Amar la plenitud del árbol, 
amar la música del agua
y la 
			dulzura de la fruta 
			
y la dulzura de las almas dulces.... 
Amar lo amable, no es 
			amor: 
			


			Amor es ponerse de 
			almohada 
			
para el cansancio de cada día; 
es ponerse de sol vivo
en 
			el ansia de la semilla ciega 
			
que perdió el rumbo de la luz, 
aprisionada por su tierra, 
			
vencida por su misma tierra... 
		


			Amor es desenredar 
			marañas 
			
de caminos en la tiniebla: 
¡Amor es ser camino y ser escala! 
			
Amor es este amar lo que nos duele,
lo que nos sangra bien 
			adentro...


			Es entrarse en la 
			entraña de la noche
y adivinarle la estrella en germen... 
			
¡La esperanza de la estrella!...


			Amor es amar desde 
			la raíz negra.
Amor es perdonar; 
			
y lo que es más que perdonar,
es comprender... 
Amor es 
			apretarse a la cruz,
y clavarse a la cruz,
y morir y resucitar 
			...


			¡Amor es resucitar!
3.

Cheché

(Muchacha que hace flores artificiales)

			

			                                                           
			Dedico estos veros a la señorita

			                                              
			Mercedes Sardañas, heroina anónima

			                                                                                    
			A ella devotamente

			

			Cheché es delgada y ágil. Va entrada en el otoño.

			Tiene los ojos mansos y la boca sin besos...

			Yo la he reconocido en la paz de una tarde

			como el Hada -ya mustia- de mi libro de cuentos.

			

			Cheché es maravillosa y cordial;

			vuela sin alas por calles y talleres.

			En invierno hace brotar claveles y rosas y azucenas

			con un poco de goma y unas varas de lienzo ...

			

			Esta Cheché hace flores artificiales.

			Ella es la abastecedora de escuelas y conventos...

			¡La primavera la hace florecer como a tierra virgen!...

			Y la deshoja y la sacude en pétalos ...

			

			Ella tiene la altura de los lirios pascuales en sus manos;

			y tiene que pasar por sus dedos la mística corona

			para la niña de Primera Comunión, enviada desde el cielo ...

			

			Cheché no llora nunca. 

			Ni necesita cantos en su trabajo largo, silencioso, ligero...

			Es seria sin ser agria;

			es útil sin ser tosca;

			es tierna sin blanduras

			y es buena sin saberlo ...

			

			Yo no sé de árbol fuerte más fuerte que su alma...

			Ni de violeta humilde comparable a su gesto.

			Ni se de ojos de niño más puros que sus ojos,

			ni de música grata aún más que su silencio ...

			

			Ella es la Primavera Menor,

			la Segadora de prados irreales, de jardines inciertos...

			¡Ella es como un rosal vivo!...Como un rosal:

			¡Cuando ya hasta las flores su aroma van perdiendo,

			yo he encontrado en las flores de Cheché la fragancia de los 
			antiguos mayos,

			de los cerrados huertos!...

			Más que un clavel me huele a clavel su inocente clavel de trapo...

			¡Y más que otras tierras 

			yo creo que serviría para sembrar una esperanza 

			la poca tierra humilde y noble de su pecho!...
4.

Y primero era el agua: un agua ronca, sin respirar de peces, sin orillas que la apretaran... Era el agua primero, sobre un mundo naciendo de la mano de Dios... Era el agua... Todavía la tierra no asomaba entre las olas, todavía la tierra sólo era un fango blando y tembloroso... No había flor de lunas ni racimos de islas... En el vientre del agua joven se gestaban continentes...

Creación

Y primero era el agua:
un agua ronca,
sin respirar de peces, sin orillas
que la apretaran...
Era el agua primero,
sobre un mundo naciendo de la mano de Dios...
Era el agua...
Todavía
la tierra no asomaba entre las olas,
todavía la tierra
sólo era un fango blando y tembloroso...
No había flor de lunas ni racimos
de islas... En el vientre
del agua joven se gestaban continentes...
			¡Amanecer del mundo, despertar
del mundo!
¡Qué apagar de fuegos últimos¡
¡Qué mar en llamas bajo el cielo negro¡
			Era primero el agua.
5.

Rodeada de mar por todas partes, soy isla asida al tallo de los vientos... Nadie escucha mi voz, si rezo o grito: Puedo volar o hundirme... Puedo, a veces, morder mi cola en signo de Infinito. Soy tierra desgajándome... Hay momentos en que él me ciega y me acobarda, en que el agua es la muerte donde floto... Pero abierta a mareas y a ciclones, hinco en el mar raíz roto. Crezco del mar y muero de él... Me alzo ¡para volverme en nudos desatados...! ¡Me come un mar batido por las alas de arcángeles sin cielo, naufragados!

Criatura de isla

Rodeada de mar por todas partes,
soy isla asida al tallo de los vientos...
Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:
Puedo volar o hundirme... Puedo, a veces,
morder mi cola en signo de Infinito.
Soy tierra desgajándome... Hay momentos
en que él me ciega y me acobarda,
en que el agua es la muerte donde floto...
Pero abierta a mareas y a ciclones,
hinco en el mar raíz roto.
Crezco del mar y muero de él... Me alzo
¡para volverme en nudos desatados...!
¡Me come un mar batido por las alas
de arcángeles sin cielo, naufragados!
6.

Deseo

Que la vida no vaya más 
		allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,

		que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
sin que afuera se queden 
		ni mi sol ni mi sombra.
Que me sean tus brazos horizonte y camino,

		camino breve, y único horizonte de carne;
que la vida no vaya más 
		allá... ¡Que la muerte
se parezca a esta muerte caliente de tus 
		brazos!...
7.

Desprendimiento

Dulzura de sentirse 
		cada vez más lejano.
Más lejano y más vago... 
		
Sin saber si es porque las cosas se van yendo
o es uno el que se 
		va. 
		
Dulzura del olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla... 

		Dulzura de sentirse limpio de toda cosa. 
		
Dulzura de elevarse y ser como la estrella inaccesible y alta, 

		alumbrando en silencio...
En silencio,
¡Dios mío!...
8.

Divagaciã“n

Divagación


		Si yo no hubiera 
		sido....
¿qué sería en mi lugar?


		¿Más lirios o más 
		rosas?
0 chorros de agua 
		
o gris de serranía
o pedazos de niebla
o mudas rocas...


		De alguna de esas 
		cosas, la más fría
me viene al corazón que las añora.
Si yo no 
		hubiera sido,
el alma mía repartida 
		
pondría en cada cosa una chispa de amor...


		Nubes habría
más que 
		otras nubes lentas... 
		
(¡la nube que podría haber sido!...)
¿En el sitio, en la hora de 
		qué árbol estoy, 
		
de qué armonía más asequible y útil?

Esta sombra tan lejana 
		parece que no es mía. 
		
Me siento extraída en mi ropaje 
y rota en las aguas,
en la 
		monotonía del viento sobre el mar,
en la paz honda del campo,
en 
		el sopor del mediodía!...


		¡Quién me volviera a la 
		raíz remota 
		
sin luz, sin fin, sin término y sin vía!
9.

El cántaro azul

Al atardecer iré   
		
con mi cántaro azul al río,   
para recoger la última   
		
sombra del paisaje mío.   

Al atardecer el agua   
		
lo reflejará muy vago;   
con claridades de cielo   
		
y claridades de lago...   

Por última vez el agua   
		
reflejará mi paisaje.   
La cogeré suavemente   
		
como quien coge un encaje...  

Serán al atardecer   
		
más lejanas estas cosas...   
Más lejanas y más dulces,   
		
más dulces y más borrosas.   

Después... ¡Que venga 
		la noche!   
		
Que ya lo tenue del sueño   
-de sueño olvidado-   
		
lo delicado, gris, sedeño   
de tela antigua... y lo 
		fino,   
		
lo transparente de tul...   
¡Serán un solo temblor   
		
dentro del cántaro azul!
10.

Espejismo

Tú eres un espejismo en mi vía.
Tú eres una mentira de agua
y sombra en el desierto. Te miran
mis ojos y no creen en ti.
No estás en mi horizonte, no brillas
aunque brilles con una luz de agua...
¡No amarras aunque amarres la vida!...
No llegas aunque llegues, no besas
aunque beses... Reflejo, mentira
de agua tus ojos. Ciudad
de plata que me miente el prisma,
tus ojos... El verde que no existe,
la frescura de ninguna brisa,
la palabra de fuego que nadie
escribió sobre el muro... ¡Yo misma
proyectada en la noche por mi
ensueño, eso tú eres!... No brillas
aunque brilles... No besa tu beso...
¡Quien te amó sólo amaba cenizas!...
11.

Está

Está bien lo que está...


		Está bien lo que está:

		Sé que todo está bien.
Sé el Nexo.
Y la Razón.
Y hasta el 
		Designio.
Yo lo sé todo,
lo aprendí en un libro sin páginas, 
		
sin letras y sin nombre ...
Y no soy como el loco 
que se 
		quema los dedos trémulos
por separar la llama rosa de la mecha negra 
		...
Pasó volando y me rozó la frente...
Era buena la Vida:

		Había rosas.
Unos minutos antes me había sonreído un niño...
Pasó 
		volando y me rozó la frente. 
		
No sé por dónde vino 
ni por dónde se perdió luego pálida y 
		ligera...
No recuerdo la fecha.
No sabría decir de qué color era 
		ni de qué forma;
no sabría, de veras, decir nada.
Pasó volando... 
		-había muchas rosas...-
y era buena la Vida todavía...
12.

Eternidad

En mi jardín hay rosas   

		yo no te quiero dar   
las rosas que mañana...   
		
mañana no tendrás.  

En mi jardín hay pájaros   
		
con cantos de cristal:   
No te los doy, que tienen   
		
alas para volar...   

En mi jardín abejas   
		
labran fino panal   
¡Dulzura de un minuto...   
		
no te la quiero dar!   



		
Para 
		ti lo infinito   
o nada; lo inmortal   
o 
		ésta muda tristeza   
		
que no comprenderás...   


		
La 
		tristeza sin nombre   
de no tener que dar   

		o quien lleva en la frente   
		
algo de eternidad...   

Deja, deja el jardín...   
		
no toques el rosal:   
Las cosas que se mueren   
		
no se deben tocar.
13.

La balada del amor tardío

Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de 
		atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?


		Amor que 
		me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que 
		vas a decirme
o la que yo no digo ya...


		Amor... 
		¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad

		lejana... -No me des tus rosas frescas;
soy grave para rosas. Dame el 
		mar...


		Amor que 
		llegas tarde, no me viste
ayer cuando cantaba en el trigal...
Amor 
		de mi silencio y mi cansancio,
hoy no me hagas llorar.
14.

La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una criatura distinta. Más leve, más sutil, más sensitiva. Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo deja un hueco en el viento; si es niño, juega a veces con un petrel, con una nube... La criatura de isla trasciende siempre al mar que la rodea y al que no la rodea. Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se amansan en su pecho, duermen a su calor como palomas. Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos. Las piedras de la isla parece que van a salir volando... Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal, de horizontes perdidos, la traspasa en cada ola, y una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura, le estremece la yema de las alas... Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme, lo menos tierra de la Tierra.

La criatura de isla paréceme, no sé por qué...

La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una
criatura distinta. Más leve, más sutil,
más sensitiva.

Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo
deja un hueco en el viento; si es niño, juega
a veces con un petrel, con una nube...

La criatura de isla trasciende siempre al mar que la
rodea y al que no la rodea.

Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se
amansan en su pecho, duermen a su calor
como palomas.

Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
Las piedras de la isla parece que van a salir
volando...

Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal,
de horizontes perdidos, la traspasa en cada ola, y
una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura,
le estremece la yema de las alas...

Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no
fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme,
lo menos tierra de la Tierra.
15.

La

duda


		Era buena la Vida:
Había rosas.
Unos minutos antes 
		me había sonreído un niño...
Pasó volando y me rozó la frente.


		No 
		sé por dónde vino 
		
ni por dónde se perdió luego pálida y ligera...
No recuerdo la 
		fecha.
No sabría decir de qué color era ni de qué forma;
no 
		sabría, de veras, decir nada.


		Pasó volando... Había 
		muchas rosas...
Y era buena la Vida todavía...
16.

Poema sin nombre

He de amoldarme a 
		ti como el río a su cauce, 
como el mar a su playa, como la espada a 
		su vaina.
He de correr en ti, 
		
he de cantar en ti, 
he de guardarme en ti ya para siempre.

		Fuera de ti ha de sobrarme el mundo 
		

		como 
		le sobra al río el aire, al mar la tierra, 
a la espada la mesa del 
		convite.
Dentro de ti no ha de faltarme 
		
blandura de limo para mi corriente, 
perfil de viento para mis 
		olas, 
		
ceñidura y reposo para mi acero. 
Dentro de ti está todo; fuera 
		de ti no hay nada.
Todo lo que eres tú está en su puesto; 
		
todo lo que no seas tú me ha de ser vano.
En ti quepo, estoy 
		hecha a tu medida; 
		
pero si fuera en mí donde algo falta, me crezco... 
Si fuera en 
		mí donde algo sobra, lo corto.
17.

Poema XVII

Hay algo muy sutil y muy hondo 
		
en volverse a mirar el camino andado...
El camino en donde, sin 
		dejar huella, 
		
se dejó la vida entera.

Versos y pensamientos de Dulce María Loynaz

4 citas
« Tú eres el agua oscura / que mana por dentro de la roca. »
Dulce María Loynaz · Agua escondida
« delicada / del cisne azul y de la rosa rosa; »
Dulce María Loynaz · ¡Amor es resucitar!
« (Muchacha que hace flores artificiales) / Dedico estos veros a la señorita »
Dulce María Loynaz · Cheché
« Creación / Y primero era el agua: »
Dulce María Loynaz · Y primero era el agua: un agua ronca, sin respirar de peces, sin orillas que la apretaran... Era el agua primero, sobre un mundo naciendo de la mano de Dios... Era el agua... Todavía la tierra no asomaba entre las olas, todavía la tierra sólo era un fango blando y tembloroso... No había flor de lunas ni racimos de islas... En el vientre del agua joven se gestaban continentes...
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