« ¡Amado! Este es aquel / amor que conocimos »
Dora Castellanos · Adolescente amor
Biografía y amplia selección de poemas de Dora Castellanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Dora Castellanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
¡Amado! Este es aquel amor que conocimos antaño en nuestra vida; éramos casi niños, hace ya mucho tiempo, cuando tu boca me enseñó la risa y tus labios el beso. Este es el mismo amor; viene de lejos, desde la adolescencia; cuando en la tuya conoció mi mano el dulce entrelazarse de los dedos y abrió la noche entre su cielo oscuro la blanca floración de los luceros. Este es el mismo amor, cuando jóvenes éramos y yo aprendí en la noche de tus ojos la vigilia y el sueño. Recuerdo aquel amor, el de turbada soledad y silencio; el que marcó en la luz de los cocuyos el camino del pueblo. El que nos embriagó con su perfume en los frutos del huerto, el que nos enseño toda blandura sobre el musgo pequeño. ¿Lo recuerdas amor? Desde tus brazos contemplé la noche hasta aclarar el cielo; la luna se apagó, brilló la aurora, y recuerdo con qué deslumbramiento vieron nuestras pupilas sombradas brotar el sol sobre los campos nuevos. Hace ya mucho tiempo, supimos la ternura de la hierba bajo los pies traviesos, aprendimos la música del agua de su sonido fresco. Escuchamos el mar, vimos el viento, gozamos del arrullo, del aroma, y del amor de todo el universo, cuando puros, amantes exaltados nos enseñó la vida su misterio. El agua, el sol, la brisa, la montaña; el libro del Señor estaba abierto y nuestros ojos ávidos e insomnes escrutaban el cielo. Todo lo que es hermoso, lo aprendimos entonces. ¿Cuándo fue? ¿Cuándo, amado? En el amor sin tiempo... Ahora todo nos parece tan lejos... Vendrán los duros años de la vejez, amor, seremos viejos. toda nuestra verdad, será añoranza, desteñido recuerdo: el joven resplandor de las miradas, el encendido fuego de los besos. ¡Oh nuestro amor de antaño! quizá desde las venas apagadas de la vejez sin término, sintamos otra vez, entre suspiros, el indecible gozo de querernos. Que viva el corazón para sentirlo, que guarde la memoria su recuerdo. ¡Vibrar de plenitud, vibrar de nuevo! Llevemos su existencia hasta la muerte que amarnos fue tan hondo y verdadero.
Un día llegarás; el amor no espera. Y me dirás: Amada, ya llegó la primavera. Un día me amarás. Estarás de mi pecho tan cercano, que no sabré si el fuego que me abrasa es de tu corazón o del verano. Un día me tendrás. Escucharemos mudos latir nuestras arterias y sollozar los árboles desnudos. Un día. Cualquier día. Breve y eterno, el amor es el mismo en primavera, en verano, en otoño y en invierno.
Oculta fuerza de agua soterrada, nos sorprendió el amor tan de repente, que al mirarse a los ojos hondamente se desbordó el amor en la mirada. Y brotó aquella fuente enamorada, con fuerza tan vital y jubilosa, que fue en verdad y amor la más gozosa en que jamás me viera arrebatada. Fue aquel amor, pasión tan verdadera, -¿era tierna o sensual, dulce o ardiente?- ¡ya nunca más sabremos cómo era! Que tus labios juraron en los míos: vivirá nuestro amor eternamente, y nuestro amor pasó como los ríos.
Anclado en la mitad de mis sentidos, corazón, eres barco solitario; cuéntame el inefable itinerario de los amores y los tiempos idos. Velámen roto y mástiles vencidos; flotando en el refugio del estuario, tú quisieras un ímpetu corsario para encontrar océanos perdidos. Surto en mitad del alma, has escuchado el oleaje fiel de los latidos y no sabes aún si te han amado, tú que conoces todos los olvidos. ¡Corazón, triste barco abandonado y anclado en la mitad de mis sentidos!
Hay algo en ti que nunca permanece y fluye de tu alma como un río; algo que te ilumina y te ensombrece, algo resplandeciente, algo sombrío, como un ala fugaz que te ennoblece el placer, el dolor, el albedrío. Algunas veces goza, otras padece lo que hay en ti que nunca será mío. Aquello que en el éxtasis nos llega, lo que el dolor en lágrimas entrega, lo que el amor entrega en poderío. Lo que está más allá de todo goce: que siempre en el amor me desconoce aquello en ti que nunca será mío.
Entre la fina red que siempre estoy tejiendo con todos los sentidos prisionera me encuentro. En la urdimbre sutil de verdad y misterio, de amor, olvido, pena, ansiedad y recuerdo, yo misma como un pez me confundo y me enredo; yo misma día a día los hilos voy tejiendo; cuando sé lo que amo ya no sé si lo quiero. En las confusas noches en que pienso y más pienso las barras de mi cárcel como un escualo muerdo.
A Nancy Pulecio Muñoz Quemadura glacial de fuego y nieve, contradictorio amor, tierno y violento, cerebro ardido, loco pensamiento; ansioso corazón que no se atreve. Su voz nos extermina y nos conmueve; su vivo manantial muere sediento. Amor, amor, amor, este que siento como la vida misma eterno y breve. Algo dentro del ser padece y canta breve canción, larguísimo gemido que hasta el infierno mismo nos levanta. No sabe del amor quien no ha podido, con un grito clavado en la garganta, gozar el paraíso prometido.
Era lirio en el aire y fragancia en el viento; ondas sobre las aguas y temblor en el río; cuando vi su hermosura, con todo el pensamiento, grabé su amado nombre para llamarlo mío. Nunca supe la hora ni el exacto momento en que amé su mirada. Sólo sé que tardío su amor llegó a mi vida con el deslumbramiento de una fruta en invierno, de una flor en estío. Por menos presentido, todo fue tan hermoso como ver cuando caen nieves en primavera, lluvias en el verano, lágrimas en el gozo. Después de haberlo amado que mi alma responda si sabe por qué existen sobre la tierra entera el perfume en el aire y el temblor en la onda.
Alma mía que trémula y ansiosa te asombras ante tanta maravilla: el sol en la luciérnaga que brilla, todo el bosque fragante en una rosa. Un día el agua eterna y silenciosa has de surcar en vacilante quilla; el fuego que encendió tu lamparilla apagará la noche misteriosa. Hay algo en existir que te aniquila. La vida es un anillo que se cierra, la muerte un ojo insomne que vigila. Puede el último ser el mejor día: verás al alejarte de la tierra la luz eterna de la poesía.
Elegía del amor gozoso Amor, gozo por ti, por ti padezco; por ti la sombra que ilumina el mundo y esta sed de fulgor en que anochezco; por ti mis bellas horas tenebrosas en que deshoja sin pudor el alma su túnica de espinas y de rosas; tus manos con el tacto de la vida, mi espíritu cubierto de zozobras, tu cuerpo con la veste desceñida; mi panal de amarguras y de mieles, el campo de la frente coronado con una rama negra de laureles. Por ti mis cuatro cirios encendidos, la muerte viva en ataúd gozoso, los edenes hallados y perdidos; el jardín interior de mis aromas, mis ciervos vulnerados, tus jaurías, tu gavilán voraz de mis palomas; tus fieras azuzadas, tus mastines, mi queja entre la noche como un grito, tu voz de funeral y de festines; mi pradera agostada de rosales, tus viñas en agraz para el olvido, la cosecha en sazón de mis eriales; tu faro entre las sombras, desafiante, tu mar embravecido contra el mundo, tu playa inaccesible y delirante. Amor y siempre amor. amor altivo, humillado, exaltado, desolado; amor por lo que muero y lo que vivo. Por ti todos los males y mis bienes: tu lirio inmemorial y la manzana y este cielo infernal entre mis sienes. Por ti lo que desdeño y lo que ruego, el fuego de la vida turbadora, la muerte entre mi túnica de fuego. Por ti, maldito amor, amor bendito, la claridad de mi desesperanza, mi esperanza clamando al infinito. Por ti, siempre por ti. Por lo que espero; lo que no espero ya, por esperado. Por ti, sólo por ti, mientras me muero.
De ti se nutren todas mis raíces: me nutro de tu voz, de tu mirada y de ti, porque vivo enamorada de lo que piensas y de lo que dices. La carne triste y los cabellos grises iremos al final. La llamarada de nuestra gran verdad, será olvidada cuando yo muera o cuando tú agonices. El tallo, la raíz, la flor, el fruto, fueron savia de amor que en un minuto para nosotros maduró la vida. Sin sombra, sin frescura, al sol y al viento, porque en tu propia savia me sustento, soy una flor al infortunio erguida.
Quedarás como huella sobre mi brazo,
como marca sobre mi corazón.
Cantar de los cantares
No pasarás en vano por mi vida,
ni
encontrarnos fue obra del acaso;
que por tu abrazo quedará en mi
brazo
la fuerte huella que el amor no olvida.
La llama que de ti quedó encendida
arde sin consumirse en mi
regazo.
Amor que más juntaste con el lazo
terrible de la sangre y
de la herida.
En mí no fuiste gozo pasajero
sino la esencia de la tierra pura
floreciendo en el árbol verdadero.
Y para siempre brillará tu estrella,
porque de amor dejaste en
hermosura
sobre mi corazón eterna huella.
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« Y me dirás: / Amada, ya llegó la primavera. »
« Oculta fuerza de agua / soterrada, »
« Anclado en la mitad de / mis sentidos, »
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