Poesía Universal

Dolan Mor

Biografía y amplia selección de poemas de Dolan Mor. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Dolan Mor. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Dolan Mor

6 poemas seleccionados
1.

A

la sombra de un violín pienso que soy Anne Sophie Mutter

		

		

		1

		Veo una corneja que brilla sobre la rama de un abeto 

		mientras pienso en tu apellido (oh Franz Kafka) y medito:

                                                              
		a) en tu familia sin dinero 

                                                              
		b) en la empresa del cuervo 

                                                                    
		hacia el negocio 

                                                              
		c) en los alambres de tus cejas muertas

                                                              
		d) en tu semblante enfermo taciturno

                                                              
		e) en tu cara de ave que me observa

                                                                   
		delante de un espejo 

                                                               
		f) en tu nariz acaso el pico hundido 

                                                                   
		bajo la carne que destruye la vida. 

		

		

		2

		¿Cuánta distancia existe entre tu muerte de escritor y un jardín 

		que florece con sus huesos o entre un bello cadáver que se viste 

		de lino y la palabra indescifrable "corvus"? 

		¿Cuánto silencio 

                                                                  
		grumos en papel 

                                                                  
		libros 

                                                                  
		textos 

                                                                  
		rosas portland 

                                                                  
		escritos 

                                                                  
		maldiciones de tos en sanatorios 

		para darnos al fuego sin sentido en misivas de amor 

		porque ese ha sido, oh corvus monedula, nuestro oficio? 

		

		

		3

		Escucho una canción en alemán 

                                                
		es un violín con alas 

		porque, sabes, yo soy Anne Sophie Mutter que me hablo a mí misma 

		de unos lagos en los bosques de Viena, del sol que se refleja 

		en el verano que buscamos, que huye como liebre 

                                                                                                        
		salta 

		sobre las aguas

                                          
		se diluye como pez en el tiempo. 

		

		

		4

		A esa liebre, como dijera Wittgenstein, la busco, la persigo 

		en mis poemas, pero yo sólo veo la corneja posada entre las ramas 

		del abeto, aquí, lejos, en Rusia, a miles de kilómetros de Cuba, 

		a millones de polvos de tus huesos a cenizas de letras 

		que me arrastran a contemplar la luna tu apellido posado 

		en ese árbol contra el cielo cubierto por la nieve.

		

		

		

		5

		Al pronunciar tu nombre como un cuervo, graznar 

		hacia la noche tu apellido, salen las plumas negras de mi boca, 

		se clavan como agujas en mis dedos, escribo y sale viento 

		de mi mano, un aire que sacude las palabras te busco 

		como un niño que se pierde en un bosque de noche y sólo escucha 

		la corneja tatuada en el camino la corneja del Cid 

		(que es la de Pound) el viento de la niebla, sólo un niño

		bajo un árbol de noche es un desierto al que llaman Milena, 

		un nombre sin sentido que no es nombre y vuela salta del suelo 

		hacia la rama y te pronuncia  "Kafka". 

		

		

		6

		Doy mi vida por amarte

                                                   
		junto a la chimenea

                                                   
		a orillas de la estufa 

		de esta noche en Moscú, huyendo de la cárcel, de los hierros, 

		herido por la voz de la familia que llama por teléfono, 

		me encuentran siempre triste alguien dijo mi breve dirección:

		"está al norte del Volga, al sur del aeropuerto, llegó bien, pero hay 
		hielo 

		de muerto en su mirada". Y las voces oh Kafka me recuerdan 

		a ti entre la penumbra redactando tus obras 

		para darlas con Brod al vano fuego.

		

		

		7

		Entonces la corneja que me mira y yo siento tu voz en su discurso, 

		familia eres del cuervo y yo contigo arrodillado tiemblo en la cocina
		

		de un mal apartamento aquí, en Moscú. Digo "frambuesa", 

		devoro una tostada sin caviar y aparece la rama despejada, 

		el ave permutó, se ha ido lejos, hacia dentro, como yo de mi tierra, 

		para siempre, perdido en unas fotos, en flashes de miradas 

		que separan a un pájaro de otro, una señal maligna 

		en el camino del hombre hacia su muerte. 

		

		8

		Puede que un día:

                                      
		a) quemen tus relatos

                                      
		b) los tiempos ya no existan

                                      
		c) se confundan tus padres

                                      
		d) familiares ya no estampen el sello 

                                           
		de tu ilustre apellido en los paraguas

                                           
		en membretes correos, 

		pero tú, Franz Kafka, demonio de los cielos destruidos, 

		siempre estarás posado en la distancia, aunque a veces los ojos 

		nos engañen y pensemos que vimos la corneja, 

                                           
		que te vimos a ti 

		

                                                                                     
		brillar sobre el abeto.
2.

Ahora

la poesía no menciona los sauces a orillas...

		

		Ahora la poesía no menciona los sauces a orillas 

		de la alberca, ni escribe cisne o dalia al pie de un cardenillo.

		Sólo habla de McDonalds, drogas, viajes a Europa, 

		la práctica promiscua del sexo en los hoteles.

		No está bien ser poeta si no fumas cannabis, 

		si no besas a un perro en su esfera de muerte.

		Sólo se necesita un coche en la cartera, un anillo 

		en la oreja, un polvo en la nariz. No importa 

		si eres hembra o macho en tus costumbres

		siempre que un vibrador descanse en tu bolsillo 

		cual pez de silicona bajo un lago de escarcha.

		No debes olvidar las playas de nudismo o leer 

		a Bukowski en medio de un spa (aunque ignores 

		que Spa se llama un pueblo en Bélgica, 

		o que salut per aquam proviene del latín).

		Lo importante es decir palabras en inglés e ignorar 

		que Lezama vivió dentro de un mulo asmático y rapsoda.

		También que lleves gafas en medio de la noche, 

		o que hagas como yo que me pongo una gorra 

		hasta para ducharme en los meses de invierno.

		Un sello en el mercado, los enigmas del marketing 

		en cada laberinto que construyen tus dedos 

		mientras subes un día al tren, al ascensor que te lleve 

		a ese suave destino que es el arte.

		Eso sí, nunca olvides borrar de tus poemas las hojas 

		de los sauces o ir a un restaurante donde la carta ignore 

		ese plato exquisito: el cisne de Darío 

		(desplumado y enfermo) con la dalia en el pico.
3.

Arte

poética

		

		"No hables en tus poemas del ruiseñor

		de Wilde, ni menciones amor, perfume, labio o rosa"

		–me dice en los manuales Ariel Rivadeneira–

		y yo evito poner en cada verso escrito

		un ala,  algún jardín, la luna de Virgilio,

		y hasta a veces me niego, sentado

		en el alféizar, a mirar las heladas

		del invierno en España, porque queman

		las ramas de los árboles todos y la niebla

		me invita a escribir con nostalgia

		"y ese signo, nostalgia, –me dicen

		los manuales– es señal del pasado,

		y se debe escribir sin alma, con estilo,

		igual que si torcieras el cuello

		de una garza con desprecio en tus dedos".

		

		"Habla de cibernética y de física cuántica,

		menciona blog, pantalla, correos

		electrónicos" –me aconsejan los críticos–.

		Y yo sumo las cifras o despejo ecuaciones,

		digo leyes, neones, sistemas invisibles

		que arman genios, científicos.

		También menciono genes, vídeos,

		ordenadores, y hay instantes, incluso,

		que hablo sin meditar y construyo asonantes

		al decir aeropuertos, submarinos, aviones

		y algún laboratorio (…), móviles, cines, clones.

		

		Pero aunque logre versos posmodernos

		siguiendo los consejos de sabios

		que hablan de poesía como hablar

		de la historia, de mercados, teoremas

		que establecen los pliegues en las cuerdas

		del tiempo, no he logrado escribir

		el poema perfecto, e incluso

		cuando leo alguna línea aislada

		de Wilde entre las sábanas, y todos

		mis maestros (con diplomas de masters

		y perfil de doctores) se divierten

		en bares o en los pubs de internet,

		yo lloro como dama sin remedio

		y me jode el viejo de Quevedo,

		y me arriesgo, en la cama, a que digan

		los críticos en los post o en revistas:

		"¡qué anticuado y qué griego se volvió

		Dolan Mor leyendo a los antiguos!,

		si hasta le creció un día, encima

		de las cejas, (en lugar de la gorra

		ladeada sobre un piercing) un ramo

		de laurel…

		

		Pero logró dos cosas: pasar

		imperceptible delante de los hombres,

		como dijo Epicuro, y escribir con la espalda

		inclinada en la hoja, sin cederle la mano

		al influjo variable del tiempo y de las modas".
4.

Cámara

Cámara de hielo

		

		Alguien ha colocado un ramillete de orquídeas 

		sobre la superficie de una cámara de hielo. 

		Se diría que crecen sin sentido esas flores 

		silvestres en la estepa blindada de la muerte, 

		sus pétalos de negro fuego, el perfume 

		amarillo de una máquina de aceites leves. 

		

		*

		Es un contraste aquí, sobre la piedra de un cuarto 

		congelado, un almacén abierto de metales 

		con puertas donde sólo se observan carnes 

		de ciervo eldii, perniles desangrados, patas

		de nobles liebres, rostros de un faisán hembra 

		que mira sin maldad (sus ojos de un cristal asustado). 

		

		*

		Las botas de los cazadores dejan huellas violetas 

		sobre las charcas de sangre, el sudor que discurre 

		debajo de sus cueros dibuja el invisible cuño de los mercurios.

		

		*

		Así y todo, no sé, alguien ha colocado, junto 

		al ramo de orquídeas, unos guantes azules 

		de proteger sus manos a golpes de neveras 

		y todo me seduce ahora entre ese humo 

		que desprenden los cuerpos de muertos animales. 

		

		*

		

		Veo a mi alrededor un jardín que me invita 

		a escribir un poema que mencione en sus versos 

		esas flores de orquídeas, esas gemas de luz 

		que nombrara Teofastro como raros testículos.

		

		*

		Pero no escribo nada, prefiero contemplar 

		las orquídeas (reales) de mi imaginación, sobre la escarcha 

		de la cámara de hielo, como si fueran el último 

		instante de eso que los hombres llaman "vida".
5.

Confesiones

Al principio yo anhelaba ser el príncipe

		de la poesía, el rey de las palabras,

		un ministro de los poemas con una medalla

		sobre mi oscuro pecho, una corona de oro

		alumbrando con su dorada luz mi noble cabeza.

		Después, bajé mis metas y me propuse ser

		un licenciado, un doctor en gramática,

		políglota, un James Joyce, usar barba,

		un abrigo negro hasta los tobillos, las gafas

		circulares, la pipa entre los labios

		recitando los versos de Charles Baudelaire.

		(Recuerdo que tenía la foto de Vallejo

		debajo del cristal de mi mesa de noche

		y, mirándola, apoyaba mi rostro y mis manos

		cruzadas encima de un bastón con el puño

		de plata, en forma de león, para creer

		un instante que mi nombre era César.

		–Incluso estuve preso por parecerme a él.)

		Me decía a mí mismo frases de Kierkegaard:

		"para el hombre que aspire a triunfar en la vida

		existen dos caminos: ser César o ser Nada".

		Y yo lo repetía con la convicción de que era

		(sólo faltaba tiempo) un dios o hijo de un dios.

		Sin embargo, las cosas han cambiado y mi punto

		de vista se cayó en un abismo. Ya no aspiro

		a ser príncipe, ni ministro, ni rey, ni políglota

		un día, mucho menos deseo ser Joyce o Baudelaire

		porque ambos están muertos, y un hombre,

		si está muerto, vale menos que un perro.

		Ahora aspiro a las cosas sencillas de la vida.

		(Me lo dijo Ray Carver y nunca lo entendí.)

		Miro el agua de un río sin pensar qué es el agua,

		me acuesto entre la hierba y disfruto del sol.

		Pienso, respiro, siento cómo limpia el oxígeno

		mi sangre, mis pulmones, late en mi corazón.

		Soy feliz con vivir sencillo, aspiro a eso:

		Posado, como un pájaro, sólo quiero una rama

		para cantar mis versos, también una ventana

		para mirar el mundo, aunque no tenga un piso,

		ni un palacio, ni un templo. Un marco,

		una ventana para asomar mis ojos, humilde,

		con asombro, sabiendo que soy polvo,

		y, debajo del cielo, un animal o nada.
6.

El

obrero

		

		He traído un pico y una pala para cavar 

		un poema en la hoja. Ya he pasado la primera 

		capa de hielo que construye el silencio 

		sobre el blanco papel. (Esa lámina fina, 

		inmaculada.) Ahora rompo las piedras, 

		los gusanos que aparecen debajo de mis dedos.

		Golpeo duro, golpeo en cada sustantivo, 

		gerundio o participio. Las palabras parecen 

		las hijas sublimes del metal más propicio.

		Ya introduzco mis pies dentro del hoyo. 

		Los zapatos se ensucian, pero sigo 

		golpeando con las vísceras, la sangre 

		en cada movimiento que ejecuto. Golpeo 

		fuerte, golpeo el sustantivo, adverbio, 

		el adjetivo. Los minerales sangran debajo 

		de mis suelas. Ya introduzco mis piernas, 

		pantalones, hasta doy la cintura para abajo. 

		Me quito la camisa, me desnudo. Se trabaja

		mejor en ese estado. Meto mi vientre, 

		el pecho, los dos brazos para golpear 

		con fuerza el agujero, perforar hasta 

		el fondo del idioma, hasta el verbo del fango. 

		Apenas veo hierbas, ya no hay árboles, 

		ni casas ni consuelos en un círculo. Sólo 

		están mi yo y mi doble ego dentro 

		de mi cabeza. Pero no me amilano, 

		mi espíritu no tiembla, duro golpeo 

		hasta dejarme el músculo y quedarme 

		en los huesos bajo tierra. Así, ahora, sin cielo, 

		la tierra como un techo me ha cubierto, 

		se acuesta como un monstruo sobre mí. 

		Pero yo no me canso, sigo, muerdo la muerte 

		con mi pico y con mi pala, las paredes, las rocas. 

		Y así, sólo, en el agujero sellado bajo tierra, 

		esperaré a que venga otro poeta a golpear 

		como yo la dura hoja, a enterrarse de nuevo 

		en el poema. Tal vez encuentre mi cadáver 

		vivo que no para nunca (con el pico y la pala rotos) 

		de golpear y golpear versos en vano.

Versos y pensamientos de Dolan Mor

4 citas
« la sombra de un violín pienso que soy Anne Sophie Mutter / 1 »
Dolan Mor · A
« Ahora la poesía no menciona los sauces a orillas / de la alberca, ni escribe cisne o dalia al pie de un cardenillo. »
Dolan Mor · Ahora
« poética / "No hables en tus poemas del ruiseñor »
Dolan Mor · Arte
« Cámara de hielo / Alguien ha colocado un ramillete de orquídeas »
Dolan Mor · Cámara
Biblioteca poética

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