Poesía Universal

David Escobar Galindo

Biografía y amplia selección de poemas de David Escobar Galindo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de David Escobar Galindo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de David Escobar Galindo

11 poemas seleccionados
1.

Ars dinámica

Usted es 
		la sombra que amanece desnuda,
con un temblor de miedo en las 
		espaldas.


		Pero hay 
		que estar despierto: a mediodía
sonará la trompeta.


		Doy fe 
		de la esperanza" 1985 - 1992
2.

Ars poética

¡Belleza, flor de sueño, al fin alientas
después de tanto espanto y 
		tanto llanto!
Porque también tu gracia puede tanto, 
		
tanto más que el crujir de las afrentas.

Después de la 
		dolencia del espanto,
cómo surgen tus músicas sedientas:

		surtidores que ayer fueron tormentas
murmullos que mañana serán 
		canto.

		
Se escondió tu vigilia donde pudo,
durmió entre los escombros 
		hecha un nudo, 
		
se ocultó en un rincón de la cornisa.

Pero ha venido el 
		tiempo del sosiego.
¡Y tú, belleza, manantial de fuego,
renaces 
		otra vez de la ceniza!


		"Doy 
		fe de la esperanza" 1985 - 1992
3.

Como los dioses en su audaz vigilia...

Como los dioses en su audaz vigilia,
me asombro de estar vivo y 
		de estar muerto.
La palabra revienta en el silencio
y el silencio 
		se nutre de palabras.
¿Cuál es la diferencia entre estar vivo
y 
		estar muerto? -Los dioses son balanzas.
4.

Deja que el aire libre se libere...

Deja que 
		el aire libre se libere
más aún, oh Dolor, deja que afine
su 
		transparente fuego Mnemosine
para cantar lo que viviendo muere.

		
Que así, en lo oscuro, mi estupor inquiere
y en mano abierta el 
		eco se define
ante la espina que la mano hiere.

		
Deja pues, oh Dolor, que me encamine
hacia la lumbre que mi 
		lumbre quiere,
lenta unidad de noche que termine.

		
Y así en el blanco oficio que me espere
la vida clara y corporal 
		germine
como si el día sin fronteras fuere.

		


		"El 
		libro de Lillian" 1975
5.

Devocionario

I 
La paz no necesita de los héroes. 
		
el heroísmo de la paz es otro. 
Es un sereno paso sin angustia 
		
por aquel campo en que acechaban minas. 
Y es sobre todo ese 
		convivio afable
		
de la diversidad de los anónimos. 

II 
La paz cierra la 
		cripta de los mártires 
		
y los deja dormir, para que olviden 
que la tierra es el sitio 
		pavoroso 
		
donde todos los miedos son posibles 
Bien se merecen su corona de 
		oro, 
		
bajo la condición de que se duerman. 

III 
La paz no la 
		hace nadie. Se hace sola. 
		
Lo importante es sembrar una semilla. 
La gente piensa que la 
		guerra es fuerte: 
		
!Qué va! La guerra es sólo un aneurisma. 
Alguien la pincha, y se 
		desangra toda. 
		
La paz en cambio es la verdad de un árbol. 

IV
No me 
		pregunten por qué soy pacífico. 
		
Es algo natural, quizás congénito. 
Esto es lo que tal vez muchos 
		no entienden 
		
que no todo poeta es un revólver. 
Por mí, que los revólveres se 
		esfumen. 
		
Eso sí: No me toquen a la rosa. 

"Doy fe de la esperanza" 
		1985 - 1992
6.

Diálogo en la tiniebla

No busco la verdad, pero persigo
su estela cautivante, su aleteo

		que es la réplica infiel de lo que creo
y el huidizo fulgor de lo que 
		digo.

		
La verdad absoluta es un castigo
que quizás no merezca mi deseo.

		Y su ausencia es el último trofeo
que desvela mi angustia de testigo.

		
Me quedo con la flor de la pregunta,
aspirando el aroma sin 
		respuesta,
dejando que el silencio apenas hable.

		
Y al sentir que la lágrima despunta,
la verdad, como un grillo, 
		me contesta
desde el jardín del vértigo insondable.
7.

El arraigado

¡Yo no me iré de esta casa
aunque el huracán arrecie!

		
Seguiré aspirando el moho
de sus ancianas paredes,
oyendo 
		crujir maderas
en noches de viento fértil,
y contando entre las 
		vigas
los murciélagos de siempre.

		
Yo no me iré de esta casa,
de sus tres tiempos clementes,
de 
		su patio con begonias,
de su estrellita en la frente,
de su Virgen 
		del Rosario
y de su Arcángel prudente.

		
Aunque el huracán desboque
sus espumosos jinetes,
esta casa es 
		mi universo,
con abrigos e intemperies,
y su pequeña nostalgia

		guardada en cofres que huelen.

		
Porque esta casa es tan triste 
como un difunto en diciembre,

		porque tiene tantas grietas
que el aire en ella es un duende,

		porque en alambres nerviosos
sus viejas ropas se tienden,
porque 
		en la noche hay un eco
de bisabuelas ausentes,
porque en un cuarto 
		cerrado
alguien llama y nadie viene,
porque vivieron en ella

		muertos que aún son vivientes,
porque hay un gran jazminero
a la 
		par de un pozo verde,
porque es pobre como un niño
y como un 
		anciano, inerme.

		
Por eso yo estoy aquí,
dibujándola en mi frente
con un lápiz 
		de obsidiana
que no hay siglo que lo quiebre;
y aquí oigo pasos y 
		pasos
-¡cómo trajina la gente!-,
con la vigilia remota
y con el 
		sueño presente,
haciendo ruido a la vida
porque si no se nos 
		duerme
y entonces baja el tigrillo
-que ya es fantasma- y la 
		muerde…

		
¡Porque esta casa es tan triste
que les da miedo a los huéspedes,

		y todos lloran al verla,
con llanto que el sol disuelve!
Sus 
		ventanas, arrancadas;
sus puertas, crujir de dientes;
sus pisos, 
		barro desnudo;
sus cielos, cielos que llueven…

		
Y es tan triste, pero tanto,
que a ratos parece alegre,
con 
		alegrón de guitarras
que ilumina el aguardiente,
sacado en el 
		alambique
que nunca hallan los agentes…

		
Yo no me iré de esta casa,
porque el invierno no quiere,


		Porque el verano me llama,
porque los dos bien se entienden,
y 
		ambos juegan con mi voz
hasta dejarla tan tenue
que ya es una 
		telaraña
de cariñosas mercedes…

		
Y al fondo dice un espejo
la fantasía de siempre:
que es la 
		casa una metáfora
erizada de alfileres
alborotada de encajes,

		arrinconada de ayeres.
¡Pues si esta casa es la Patria,
tan firme 
		que acaso tiemble,
tan dulce que acaso ahogue,
tan honda que acaso 
		vuele!

		
Y yo nunca me iré de ella,
aunque el huracán arrecie…


		"Doy 
		fe de la esperanza" 1985 - 1992
8.

El episodio terrorista 2

Ando entre luz quebrada, oscurecida,
con una abeja dentro del 
		cerebro,
pulso de amor abriéndose, cerrándose;
y las palabras 
		cotidianas gimen
como puertas antiguas, sin retorno,
una taza de 
		leche cumple el celo
de la época, pasan los ejércitos
mientras por 
		la ventana ven mis ojos
una pequeña calle transversal
con suaves 
		casas que no se imaginan
la vecindad del hombre desvelado
por la 
		violencia -polvo irrestañable,
remolino de polvo que aparece
por 
		un segundo, igual que los relámpagos.
Tiempo de meditar- silla 
		furiosa.
¿Seré el cautivo o el apasionado?

		
Ambos -doble rumor de la estructura:
el sonido del arma en pie de 
		vuelo,
la razón que estrujada se alimenta
de sus propias 
		sustancias ofendidas;
y hoy levantarse con el santo y seña
desde 
		la construcción ebria de clavos
hasta la densidad del sentimiento,

		fértil como canela masticada,
es una soledad de doble filo,
un 
		tener la remota valentía
de caminar con húmedos plumajes
entre las 
		horas de crucial encuentro.

		
Después de todo el aire es una dádiva
llena de pasionales 
		abundancias, 
		
¿y qué enseña este tiempo sino el eco
de la conturbación 
		racionalista,
bella en inútiles declaraciones,
la organizada 
		sombra de las piedras
que en su esplendor de muros y de tumbas

		tapia a muertos y a vivos, a opresores
y a oprimidos, a limpios y a 
		envidiosos?

		
El sol entre los árboles ardiendo
me quema la mirada, me 
		enternece,
porque respiro un fuego respirado
y amo este reino de 
		respiraciones, 
		
hoy más que nunca, ante el clamor secreto.

Y de esta funeral 
		demografía,
de este ecológico derrumbamiento,
de esta presión 
		impúdica, inodora,
de esta anillada criminalidad,
¿hacia qué 
		callejones embocamos,
enardecidos entre dos cegueras?
Quizás nunca 
		se extingue al fe última,
la luna clara al fondo de la sangre,
así 
		como los ojos siempre vuelven
hacia un desnudo de mujer deseada.

		
Mi corazón olvida entre las sombras
sus tijeras sagradas: los 
		recuerdos.


		
		"Discurso secreto" 1974
9.

El episodio terrorista 3

Amor, pleno misterio,
sonido de algún bosque, pánica agua,

		llavero del armario con papeles sagrados, 
		
cabello de mujer mientras el día remonta sus chatarras,
podría 
		así seguir, pulsando el laberinto fantasioso,
todo esto tiene una 
		fugaz explicación mesiánica,
como en una asamblea de ídolos 
		inocentes,
mitos de iridiscencia compulsiva,
también amores de 
		sabor plural,
palmas de mitológica palmera,
collar iluminado de 
		los mares del sur,
espejismo de aurora entre los chupamieles, 
		
y callados remedios del zodíaco,
¿por qué digo estas sordas 
		palabras entre el humo
que todo lo gobierna con su acre desatino?

		
Se acerca a pasos vivos la hora señalada,
la sombra de mi cuerpo 
		es juez y parte;
por el barro, animales domésticos destrozan
una 
		piltrafa -amor, pleno misterio-,
y el vendedor de diarios ya va de 
		espaldas en su bicicleta
con el gran cargamento de odios universales,

		de consumibles sueños -sonido de algún bosque,
dócil revelación-, 
		mientras me acerco
a la ventana la rutina suena, cascabel de culebra 
		escondida,
las señoras se asoman a las puertas moviendo sus escobas,

		en una transparencia de pudor -agua pánica-,
qué espacio dulce borra 
		el abandono, 
		
se disipa un segundo el remolino de lo inexpugnable
-peligro de 
		morir en luz de día-,
y es que en el riesgo adquiere cada cosa,

		cada gesto, un color intenso, amable,
quisiera uno besar viejas 
		paredes,
recordar cada uno de los jazmines ya vividos,
esto es un 
		reto vivo a la intemperie,
un silencio de amor hacia cosas ajenas y 
		sencillas,
quizás ya demasiado mentadas por escrito,
una luna 
		encendiéndose sobre un techo oxidado,
risas de servidumbres en las 
		casas vecinas,
agua de chorro para rostro en fiebre,
y ese olor a 
		aserrín que recuerda
un suave amor total por lo cercano,
san 
		Salvador espejo, rayo virgen,
ámbito desvelado con sólo que mis ojos 
		ardan en la penumbra,
camino de palabras desde la piedra pómez

		hasta el tubo de azul desodorante;
y de repente hay un fulgor inédito

		por donde la ciudad tiene otra cara,
un amarillo que hace aparecer en 
		las esquinas seres sospechosos,
un mirto en la tiniebla se destiñe,

		siento quebrarse el pulso de la luna,
amor, pleno misterio, sonido de 
		algún bosque,
valor frugal que envuelve lo viviente,
la flor 
		ensimismada amanece con garras,
¿dónde está el almanaque con sus 
		dulces mareas,
la eficiencia del aire que acaricia las malvas esas 
		joyas antiguas?

		
Por las paredes cruzan las sombras a caballo,
¿qué realidad 
		transita por mis sienes?

		
Como en una película, los niños
preguntan por la magia del 
		recuerdo,
y la respuesta es una roja máscara
que sonríe sin fin, 
		oigo y me callo,
late el polvo al cruzar las francas puertas,
olor 
		a queso rancio despiden los papeles,
y alguna majestad de vigilante

		mueve las secas brasas de la ira:

		
¡Cuidado, la verdad es un destello!

Sin embargo este día está 
		apagándose,
queda un rescoldo verde debajo de mi lengua,
una 
		licuada sal expectativa
que es la hermana menor del musgo mismo;

		ahí, junto a la llama del revólver,
la almohada abre sus ojos 
		transparentes,
y el grave amor al ámbito visible
pasa alzando 
		pañuelos por los cuartos vacíos.

		
Contraste fervoroso, huella en ascuas.

De esa región perlada 
		de alas vividas
se filtran estas públicas palabras.

		

"Discurso secreto" 1974
10.

El reencuentro

No te encontraba, Dios, desde hace tanto. 
Es cierto: te rezaba, te 
		pedía; 
		
pero eso es sólo la ansiedad que envía 
sondas de luz desde el 
		vital quebranto. 
		

Hallarte es otra cosa. Es otro encanto, 
otra necesidad. Y 
		hasta diría 
		
que es la más entrañable fantasía: 
gozar de tu memoria el 
		adelanto. 
		

Y eso es lo que hago ahora: te disfruto, 
sin la intimidación 
		del absoluto; 
		
ya puro corazón que te consume. 

Sorbo tu voz y tu silencio, 
		a una. 
		
Y, sin pedirlo, tengo la fortuna 
de respirar a ciegas tu 
		perfume. 
		


		"Doy 
		fe de la esperanza" 1985 - 1992
11.

El viejo grito

Sorpresa. Barro. Espíritu.
Llegas cayendo en mí, lluvia del tiempo,

		con tus augustas sombras de fría limpidez,
y de repente estoy en 
		otras épocas,
entre las piedras de otros horizontes,
libre de la 
		conciencia que me amarra a una imagen voluble
                  
		como el polvo,
concluyendo en un ancho silencio de memorias.


		¿Este -aquí- es mi dolor o en el pulso inventado?
Tú no calles, 
		nostalgia de la esfinge.
Vuelvo de las tormentas, de los rostros,

		de la miradas húmedas en alcohol o belleza,
de los niños que un día 
		salieron de mis ojos,
de la remota luz que temblaba en las flores de 
		una
                   
		música ajena,
y al recorrer mis pasos conocidos
ya no soy el 
		primer habitante que gime,
el sol es como un ojo vacío a mis 
		espaldas.
¡Tú no calles, nostalgia de la esfinge!
Algún día se 
		llega de regreso a la sombra
y entonces es preciso llevar siquiera un 
		rayo de certeza.

		
En las bodas del sol y de la tierra,
la edad perdió sus 
		laberintos
al conjuro del tiempo destrozado...

		
En las bodas del sol y de la tierra,
fue el principio del rostro.

		Fue la ferodidad un lirio de ternura.
El hallazgo vacío. El 
		crecimiento
para poblar de llamas el recuerdo...

		
Bodas,
relucientes bodas que en verdad fueron bellas...

Versos y pensamientos de David Escobar Galindo

4 citas
« Usted es / la sombra que amanece desnuda, »
David Escobar Galindo · Ars dinámica
« ¡Belleza, flor de sueño, al fin alientas / después de tanto espanto y »
David Escobar Galindo · Ars poética
« Como los dioses en su audaz vigilia, / me asombro de estar vivo y »
David Escobar Galindo · Como los dioses en su audaz vigilia...
« Deja que / el aire libre se libere »
David Escobar Galindo · Deja que el aire libre se libere...
Biblioteca poética

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