« Usted es / la sombra que amanece desnuda, »
David Escobar Galindo · Ars dinámica
Biografía y amplia selección de poemas de David Escobar Galindo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de David Escobar Galindo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Usted es la sombra que amanece desnuda, con un temblor de miedo en las espaldas. Pero hay que estar despierto: a mediodía sonará la trompeta. Doy fe de la esperanza" 1985 - 1992
¡Belleza, flor de sueño, al fin alientas después de tanto espanto y tanto llanto! Porque también tu gracia puede tanto, tanto más que el crujir de las afrentas. Después de la dolencia del espanto, cómo surgen tus músicas sedientas: surtidores que ayer fueron tormentas murmullos que mañana serán canto. Se escondió tu vigilia donde pudo, durmió entre los escombros hecha un nudo, se ocultó en un rincón de la cornisa. Pero ha venido el tiempo del sosiego. ¡Y tú, belleza, manantial de fuego, renaces otra vez de la ceniza! "Doy fe de la esperanza" 1985 - 1992
Como los dioses en su audaz vigilia, me asombro de estar vivo y de estar muerto. La palabra revienta en el silencio y el silencio se nutre de palabras. ¿Cuál es la diferencia entre estar vivo y estar muerto? -Los dioses son balanzas.
Deja que el aire libre se libere más aún, oh Dolor, deja que afine su transparente fuego Mnemosine para cantar lo que viviendo muere. Que así, en lo oscuro, mi estupor inquiere y en mano abierta el eco se define ante la espina que la mano hiere. Deja pues, oh Dolor, que me encamine hacia la lumbre que mi lumbre quiere, lenta unidad de noche que termine. Y así en el blanco oficio que me espere la vida clara y corporal germine como si el día sin fronteras fuere. "El libro de Lillian" 1975
I La paz no necesita de los héroes. el heroísmo de la paz es otro. Es un sereno paso sin angustia por aquel campo en que acechaban minas. Y es sobre todo ese convivio afable de la diversidad de los anónimos. II La paz cierra la cripta de los mártires y los deja dormir, para que olviden que la tierra es el sitio pavoroso donde todos los miedos son posibles Bien se merecen su corona de oro, bajo la condición de que se duerman. III La paz no la hace nadie. Se hace sola. Lo importante es sembrar una semilla. La gente piensa que la guerra es fuerte: !Qué va! La guerra es sólo un aneurisma. Alguien la pincha, y se desangra toda. La paz en cambio es la verdad de un árbol. IV No me pregunten por qué soy pacífico. Es algo natural, quizás congénito. Esto es lo que tal vez muchos no entienden que no todo poeta es un revólver. Por mí, que los revólveres se esfumen. Eso sí: No me toquen a la rosa. "Doy fe de la esperanza" 1985 - 1992
No busco la verdad, pero persigo su estela cautivante, su aleteo que es la réplica infiel de lo que creo y el huidizo fulgor de lo que digo. La verdad absoluta es un castigo que quizás no merezca mi deseo. Y su ausencia es el último trofeo que desvela mi angustia de testigo. Me quedo con la flor de la pregunta, aspirando el aroma sin respuesta, dejando que el silencio apenas hable. Y al sentir que la lágrima despunta, la verdad, como un grillo, me contesta desde el jardín del vértigo insondable.
¡Yo no me iré de esta casa aunque el huracán arrecie! Seguiré aspirando el moho de sus ancianas paredes, oyendo crujir maderas en noches de viento fértil, y contando entre las vigas los murciélagos de siempre. Yo no me iré de esta casa, de sus tres tiempos clementes, de su patio con begonias, de su estrellita en la frente, de su Virgen del Rosario y de su Arcángel prudente. Aunque el huracán desboque sus espumosos jinetes, esta casa es mi universo, con abrigos e intemperies, y su pequeña nostalgia guardada en cofres que huelen. Porque esta casa es tan triste como un difunto en diciembre, porque tiene tantas grietas que el aire en ella es un duende, porque en alambres nerviosos sus viejas ropas se tienden, porque en la noche hay un eco de bisabuelas ausentes, porque en un cuarto cerrado alguien llama y nadie viene, porque vivieron en ella muertos que aún son vivientes, porque hay un gran jazminero a la par de un pozo verde, porque es pobre como un niño y como un anciano, inerme. Por eso yo estoy aquí, dibujándola en mi frente con un lápiz de obsidiana que no hay siglo que lo quiebre; y aquí oigo pasos y pasos -¡cómo trajina la gente!-, con la vigilia remota y con el sueño presente, haciendo ruido a la vida porque si no se nos duerme y entonces baja el tigrillo -que ya es fantasma- y la muerde… ¡Porque esta casa es tan triste que les da miedo a los huéspedes, y todos lloran al verla, con llanto que el sol disuelve! Sus ventanas, arrancadas; sus puertas, crujir de dientes; sus pisos, barro desnudo; sus cielos, cielos que llueven… Y es tan triste, pero tanto, que a ratos parece alegre, con alegrón de guitarras que ilumina el aguardiente, sacado en el alambique que nunca hallan los agentes… Yo no me iré de esta casa, porque el invierno no quiere, Porque el verano me llama, porque los dos bien se entienden, y ambos juegan con mi voz hasta dejarla tan tenue que ya es una telaraña de cariñosas mercedes… Y al fondo dice un espejo la fantasía de siempre: que es la casa una metáfora erizada de alfileres alborotada de encajes, arrinconada de ayeres. ¡Pues si esta casa es la Patria, tan firme que acaso tiemble, tan dulce que acaso ahogue, tan honda que acaso vuele! Y yo nunca me iré de ella, aunque el huracán arrecie… "Doy fe de la esperanza" 1985 - 1992
Ando entre luz quebrada, oscurecida, con una abeja dentro del cerebro, pulso de amor abriéndose, cerrándose; y las palabras cotidianas gimen como puertas antiguas, sin retorno, una taza de leche cumple el celo de la época, pasan los ejércitos mientras por la ventana ven mis ojos una pequeña calle transversal con suaves casas que no se imaginan la vecindad del hombre desvelado por la violencia -polvo irrestañable, remolino de polvo que aparece por un segundo, igual que los relámpagos. Tiempo de meditar- silla furiosa. ¿Seré el cautivo o el apasionado? Ambos -doble rumor de la estructura: el sonido del arma en pie de vuelo, la razón que estrujada se alimenta de sus propias sustancias ofendidas; y hoy levantarse con el santo y seña desde la construcción ebria de clavos hasta la densidad del sentimiento, fértil como canela masticada, es una soledad de doble filo, un tener la remota valentía de caminar con húmedos plumajes entre las horas de crucial encuentro. Después de todo el aire es una dádiva llena de pasionales abundancias, ¿y qué enseña este tiempo sino el eco de la conturbación racionalista, bella en inútiles declaraciones, la organizada sombra de las piedras que en su esplendor de muros y de tumbas tapia a muertos y a vivos, a opresores y a oprimidos, a limpios y a envidiosos? El sol entre los árboles ardiendo me quema la mirada, me enternece, porque respiro un fuego respirado y amo este reino de respiraciones, hoy más que nunca, ante el clamor secreto. Y de esta funeral demografía, de este ecológico derrumbamiento, de esta presión impúdica, inodora, de esta anillada criminalidad, ¿hacia qué callejones embocamos, enardecidos entre dos cegueras? Quizás nunca se extingue al fe última, la luna clara al fondo de la sangre, así como los ojos siempre vuelven hacia un desnudo de mujer deseada. Mi corazón olvida entre las sombras sus tijeras sagradas: los recuerdos. "Discurso secreto" 1974
Amor, pleno misterio, sonido de algún bosque, pánica agua, llavero del armario con papeles sagrados, cabello de mujer mientras el día remonta sus chatarras, podría así seguir, pulsando el laberinto fantasioso, todo esto tiene una fugaz explicación mesiánica, como en una asamblea de ídolos inocentes, mitos de iridiscencia compulsiva, también amores de sabor plural, palmas de mitológica palmera, collar iluminado de los mares del sur, espejismo de aurora entre los chupamieles, y callados remedios del zodíaco, ¿por qué digo estas sordas palabras entre el humo que todo lo gobierna con su acre desatino? Se acerca a pasos vivos la hora señalada, la sombra de mi cuerpo es juez y parte; por el barro, animales domésticos destrozan una piltrafa -amor, pleno misterio-, y el vendedor de diarios ya va de espaldas en su bicicleta con el gran cargamento de odios universales, de consumibles sueños -sonido de algún bosque, dócil revelación-, mientras me acerco a la ventana la rutina suena, cascabel de culebra escondida, las señoras se asoman a las puertas moviendo sus escobas, en una transparencia de pudor -agua pánica-, qué espacio dulce borra el abandono, se disipa un segundo el remolino de lo inexpugnable -peligro de morir en luz de día-, y es que en el riesgo adquiere cada cosa, cada gesto, un color intenso, amable, quisiera uno besar viejas paredes, recordar cada uno de los jazmines ya vividos, esto es un reto vivo a la intemperie, un silencio de amor hacia cosas ajenas y sencillas, quizás ya demasiado mentadas por escrito, una luna encendiéndose sobre un techo oxidado, risas de servidumbres en las casas vecinas, agua de chorro para rostro en fiebre, y ese olor a aserrín que recuerda un suave amor total por lo cercano, san Salvador espejo, rayo virgen, ámbito desvelado con sólo que mis ojos ardan en la penumbra, camino de palabras desde la piedra pómez hasta el tubo de azul desodorante; y de repente hay un fulgor inédito por donde la ciudad tiene otra cara, un amarillo que hace aparecer en las esquinas seres sospechosos, un mirto en la tiniebla se destiñe, siento quebrarse el pulso de la luna, amor, pleno misterio, sonido de algún bosque, valor frugal que envuelve lo viviente, la flor ensimismada amanece con garras, ¿dónde está el almanaque con sus dulces mareas, la eficiencia del aire que acaricia las malvas esas joyas antiguas? Por las paredes cruzan las sombras a caballo, ¿qué realidad transita por mis sienes? Como en una película, los niños preguntan por la magia del recuerdo, y la respuesta es una roja máscara que sonríe sin fin, oigo y me callo, late el polvo al cruzar las francas puertas, olor a queso rancio despiden los papeles, y alguna majestad de vigilante mueve las secas brasas de la ira: ¡Cuidado, la verdad es un destello! Sin embargo este día está apagándose, queda un rescoldo verde debajo de mi lengua, una licuada sal expectativa que es la hermana menor del musgo mismo; ahí, junto a la llama del revólver, la almohada abre sus ojos transparentes, y el grave amor al ámbito visible pasa alzando pañuelos por los cuartos vacíos. Contraste fervoroso, huella en ascuas. De esa región perlada de alas vividas se filtran estas públicas palabras. "Discurso secreto" 1974
No te encontraba, Dios, desde hace tanto. Es cierto: te rezaba, te pedía; pero eso es sólo la ansiedad que envía sondas de luz desde el vital quebranto. Hallarte es otra cosa. Es otro encanto, otra necesidad. Y hasta diría que es la más entrañable fantasía: gozar de tu memoria el adelanto. Y eso es lo que hago ahora: te disfruto, sin la intimidación del absoluto; ya puro corazón que te consume. Sorbo tu voz y tu silencio, a una. Y, sin pedirlo, tengo la fortuna de respirar a ciegas tu perfume. "Doy fe de la esperanza" 1985 - 1992
Sorpresa. Barro. Espíritu.
Llegas cayendo en mí, lluvia del tiempo,
con tus augustas sombras de fría limpidez,
y de repente estoy en
otras épocas,
entre las piedras de otros horizontes,
libre de la
conciencia que me amarra a una imagen voluble
como el polvo,
concluyendo en un ancho silencio de memorias.
¿Este -aquí- es mi dolor o en el pulso inventado?
Tú no calles,
nostalgia de la esfinge.
Vuelvo de las tormentas, de los rostros,
de la miradas húmedas en alcohol o belleza,
de los niños que un día
salieron de mis ojos,
de la remota luz que temblaba en las flores de
una
música ajena,
y al recorrer mis pasos conocidos
ya no soy el
primer habitante que gime,
el sol es como un ojo vacío a mis
espaldas.
¡Tú no calles, nostalgia de la esfinge!
Algún día se
llega de regreso a la sombra
y entonces es preciso llevar siquiera un
rayo de certeza.
En las bodas del sol y de la tierra,
la edad perdió sus
laberintos
al conjuro del tiempo destrozado...
En las bodas del sol y de la tierra,
fue el principio del rostro.
Fue la ferodidad un lirio de ternura.
El hallazgo vacío. El
crecimiento
para poblar de llamas el recuerdo...
Bodas,
relucientes bodas que en verdad fueron bellas...
« Usted es / la sombra que amanece desnuda, »
« ¡Belleza, flor de sueño, al fin alientas / después de tanto espanto y »
« Como los dioses en su audaz vigilia, / me asombro de estar vivo y »
« Deja que / el aire libre se libere »
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