« Varsovia 1945 / "Vosotros, a quienes no pude salvar, »
Czeslaw Milosz
Czeslaw Milosz es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras c...
Vida
Czeslaw Milosz es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Czeslaw Milosz
1.
Dedicatoria
Dedicatoria
Varsovia 1945 "Vosotros, a quienes no pude salvar, Escuchadme. Intentad entender estas simples palabras, ya que de otras me avergonzaría. Os juro que en ellas no hay hechicería. Os hablo en silencio como una nube, como un árbol. Aquello que me fortaleció a mí, para vosotros fue mortal. Confundisteis el adiós a una época, con el advenimiento de una nueva -Odio confabulado de belleza lírica. Fuerza ciega de forma completa. He aquí un valle polaco de ríos anémicos. Y un inmenso puente Perdiéndose en la niebla. He aquí una ciudad vencida, Y el viento arroja alaridos de gaviotas sobre vuestra tumba Mientras os hablo. ¿Qué clase de poesía es aquella que no salva Naciones o pueblos? Una conspiración de mentiras oficiales. Una tonadilla de borrachos cuyas gargantas serán cortadas de inmediato, Una conferencia para señoritas. He deseado la buena poesía sin saberlo, He descubierto, ya tarde, su saludable objetivo. En ella y sólo en ella, encuentro salvación. Se solía esparcir millo o alpiste sobre las tumbas Para alimentar a los muertos que volvían disfrazados de pájaros. Aquí os dejo este libro, vosotros quienes alguna vez vivisteis Para que nunca más volváis. " Versión de Rafael Díaz Borbón
2.
El
El
paisaje El paisaje no necesitaba nada excepto glorificación. Excepto mensajeros reales que trajeran sus dones: Un nombre con un atributo y un verbo inflexivo. Si solamente preciosos robles copiosamente brillaran Cuando nuestros bravos estudiantes, en un camino sobre el valle, Pasean y cantan "La Oda a la Alegría ". Si al menos un solitario pastor grabara cartas en una corteza. El paisaje no necesitaba nada excepto glorificación. Pero no existían mensajeros. Matorrales, oscuras gargantas, Bosque colgando del bosque, pájaro de largo gemido. Y quién aquí podría iniciar una frase? El paisaje era, quien conoce, probablemente hermoso. Allá abajo, todo estaba derrumbándose: las salas del castillo, Las callejuelas detrás de la catedral, los bordellos, las tiendas. Y ni un alma. Por tanto, de dónde podrían venir mensajeros? Después de olvidados desastres, yo estaba heredado a la tierra, Abajo, a la playa del mar y, arriba, a la tierra, al sol. Versión de Rafael Díaz Borbón
3.
Elegía
Elegía
Elegía para N. N.
Si es demasiado lejos para ti, dilo.
Habrías podido correr sobre las
pequeñas olas del Báltico,
atravesar el campo de Dinamarca, la floresta
de hayas,
virar hacia el océano, y ya está, cerca,
el Labrador, blanco
en esta estación del año.
Tú, que soñabas una isla solitaria,
si temes
las ciudades, el parpadeo de los fuegos sobre las autorrutas,
habrías
podido tomar el camino de los bosques sordos,
sobre torrentes revueltos y
azules, y rastros del ciervo y del reno,
hasta las Sierras, hasta las
minas de oro abandonadas.
El Río Sacramento te habría llevado entonces,
por entre las colinas recubiertas de encinas espinosas.
Todavía un bosque de eucaliptos, y estarás en mi casa.
Es cierto,
cuando la manzanita florece,
y la bahía es azul en las mañanas de primavera,
yo pienso a mi pesar
en la casa entre lagos
y en las redes recogidas bajo el cielo Lituano.
La cabaña donde te despojabas de tu traje antes del baño
se cambió para
siempre en un cristal abstracto.
Y en él está la oscura miel de la tarde,
junto al balcón,
y las pequeñas lechuzas, graciosas, y el olor de los
arneses.
Cómo podíamos vivir entonces, yo no puedo decirlo.
Las costumbres,
los trajes, vibran imprecisos,
inconsistentes, tensos hacia el final.
Es tal vez que pensábamos en las cosas tal como son?
El saber de los años
fogosos ha enrojecido los caballos ante la forja,
y las pequeñas columnas
en el mercado de la aldea,
y los peldaños de madera y la peluca de Mamá
Fliegeltaub.
Mucho hemos aprendido, tú bien lo sabes:
cómo nos es quitado, cosa
por cosa, todo aquello que no podía ser,
la gente, las comarcas.
Y el corazón no muere cuando uno creyó que
debería,
pero sonreímos, el té y el pan sobre la mesa.
Sólo el
remordimiento de no haber amado como se debe
esa pálida ceniza de
Sachsenhausen
con un amor absoluto, que no está a la medida del hombre.
Tú te has acostumbrado a nuevos inviernos, húmedos,
a la ciudad donde
la sangre del propietario alemán
fue raspada de los muros, y a donde él jamás regresó.
Tampoco yo he
llevado más de lo que podía, ciudades y país.
No se puede entrar dos
veces en el mismo lago,
sobre hojas descompuestas de abedul,
y
quebrando una estrecha estría de sol.
Tus faltas y las mías, no fueron grandes faltas,
tus secretos y los
míos, no eran grandes secretos.
Cuando te anudan la mandíbula con un
pañuelo,
cuando te ponen una cruz entre los dedos,
y a lo lejos un
perro ladra, brilla una estrella.
No, no es porque estés tan lejos
que no has venido el otro día, la
otra noche.
De año en año madura en nosotros y nos invadirá,
yo, como
tú, lo he comprendido: la indiferencia.
Berkeley, 1963
Versión de William Ospina
4.
Encuentro
Encuentro
Estuvimos paseando a través de los campos
en un vagón al amanecer.
Una herida rosa roja en la oscuridad.
Y de pronto una liebre atravesó la carretera.
Uno de nosotros la señaló con la mano.
Eso fue hace tiempos. Hoy ninguno de ellos está vivo,
Ni la liebre, ni el hombre que hizo el ademán.
Oh, amor mío, dónde están ellos, a dónde han ido?
El destello de una mano, la línea de un movimiento,
el susurro de los guijarros.
Pregunto no con tristeza, sino con asombro.
Versión de Rafael
Díaz Borbón
5.
Eso
Eso
Ojalá por fin pudiera decir qué está en mí. Gritar: gente, les mentí diciendo que eso no estaba en mí, cuando eso está ahí siempre, días y noches. Aunque gracias a eso supe describir sus ciudades inflamables, sus cortos amores y juegos desmembrándose en humus, aretes, espejos, el deslizar de un tirante, escenas de alcoba y de campos de batalla. Escribir fue para mí estrategia de protección, de borrar las huellas. Porque a la gente no puede gustarle aquél que alcanza lo prohibido. Llamo en mi ayuda a los ríos en los que nadé, lagos con puentecillos entre cedazos, valle en cuyo eco la canción duplica la luz del anochecer, y confieso que mis extáticos halagos a la existencia sólo pudieron ser entrenamientos de alto estilo, Pero abajo estaba eso, que no me atrevo nombrar. Eso se parece al pensamiento de alguien sin hogar, cuando atraviesa la ciudad ajena, congelada. Se asemeja al momento cuando un judío cercado ve aproximarse los pesados cascos de los gendarmes alemanes. Eso es cuando el hijo del rey se dirige a la ciudad y ve el mundo real: pobreza, enfermedad, vejez y muerte. Eso puede ser comparado con el inmóvil rostro de alguien que entendió que fue abandonado para siempre. O con las palabras del médico sobre la sentencia inevitable. Porque eso significa enfrentar un muro de piedra y entender que ese muro no cederá ante ninguna de nuestras súplicas. Versión de Agnieszka Kawecka
6.
Estudio de la soledad
Estudio de la soledad
Un guardián de conductos de larga-distancia en el desierto?
Un equipo de
un solo hombre para una fortaleza en la arena?
Quienquiera que él fuera.
Al alba vio las surcadas montañas
El color de las cenizas, encima la
fundida oscuridad,
Saturada de violeta, irrumpiendo en un fluido carmín,
Aún permanecerían, inmensos, en la luz naranja.
Día tras día. Y, antes
que lo notara, año tras año.
Para quién, pensó, ese esplendor? Para mí,
solitari0?
Aún permanecerá aquí por mucho tiempo después que yo perezca.
Qué es eso en el ojo de una lagartija? O cuándo fue visto
por un pájaro migratorio?
Y si yo soy toda la humanidad, existe ella a si
misma sin mí?
Y sabía que no se acostumbraba pregonarlo, por ninguno de
ellos
se salvaría.
Versión de Rafael Díaz Borbón
7.
Honesta descripción de mí mismo
Honesta descripción de mí mismo
Tomándome un whisky en
un aeropuerto,
digamos que en Mineápolis
Mis oídos captan
cada vez menos las conversaciones,
mis ojos se debilitan, pero siguen
siendo insaciables.
Veo sus piernas en minifalda, en pantalones o envueltas
en telas ligeras.
A cada una la observo por separado, sus traseros y
sus muslos, pensativo, arrullado por sueños porno.
Viejo verde, ya sería tiempo de que te fueras a la tumba
en lugar de
entretenerte con juegos y diversiones de jóvenes.
No es verdad, hago solamente lo que siempre he hecho,
ordenando las
escenas de esta tierra bajo el dictado
de la imaginación erótica.
No deseo a esas criaturas en particular, lo deseo todo,
y ellas son
como el signo de una relación extática.
No es mi culpa que así estemos constituidos: la mitad
de
contemplación desinteresada y la mitad de apetito.
Si después de morir me voy al cielo, tendrá que ser
como aquí, sólo
que liberado de estos torpes sentidos,
de estos pesados huesos.
Transformado en mirar puro, seguiré devorando las
proporciones del
cuerpo humano, el color de los lirios,
esa calle parisina en un amanecer
de junio, y toda la
extraordinaria, inconcebible multiplicidad de las
cosas visibles.
Versión de Gerardo
Beltrán
8.
Isla
Isla
Piense como quiera acerca de esta isla, la blancura de su
océano, grutas
cubiertas de viñedos, violetas, manantiales.
Estoy
atemorizado, para poder recordarme difícilmente
allá, en una de esas
mediterráneas civilizaciones desde las cuales uno
debe
navegar lejos, a través de
la lobreguez y el susurro de los icebergs.
Aquí un dedo señala los campos en filas, los perales, una
brida, la yunta de un
cargador de agua, cada cosa encerrada en cristal y,
entonces, yo creo que,
sí, una vez viví allá, instruido en esas
costumbres y maneras.
Me acomodo el abrigo escuchando la marea cómo asciende,
balanceo
y lamento mis necios caminos, pero aún si hubiera sido
sabio habría fracasado
al cambiar mi destino.
Lamento mis
necedades entonces y más tarde y ahora, por
lo cual mucho
me gustaría ser perdonado.
Versión de Rafael Díaz
Borbón
9.
La caída
La caída
La muerte de un hombre es como la caída de una poderosa nación Que tuvo valientes ejércitos, capitanes y profetas, Y ricos puertos y barcos en todos los mares, Pero ahora no socorrerá ninguna sitiada ciudad, No entrará en ninguna alianza, Porque sus ciudades están vacías, su población dispersa, Su tierra que una vez proveyó de cosechas está saturada de cardos, Su misión olvidada, su lengua perdida, El dialecto de un pueblo puesto sobre inaccesibles montañas. Versión de Rafael Díaz Borbón
10.
Lecturas
Lecturas
Usted me preguntó qué es lo bueno de leer El Evangelio en Griego.
Yo
respondo que eso es propio de nosotros mover nuestro dedo
A lo largo de
las letras que perduran más que esas grabadas en la piedra,
Y que,
despaciosamente pronunciando cada sílaba,
Descubrimos la verdadera
dignidad de la palabra.
Compelido a ser obsequioso pensaremos esa época
No es más distante que ayer, aunque las cabezas de los Césares
En monedas
sean diferentes hoy. Aún hasta esto es la misma eternidad.
Miedo y deseo
son lo mismo, aceite y vino
Y pan significan lo mismo. Por tanto la misma
veleidad de la multitud
Ávida de milagros como en el pasado. Todavía
costumbres,
Fiestas de bodas, drogas, lamentaciones por la muerte
Solamente parecen diferir. Por consiguiente, también, por ejemplo,
Hubo
muchos a quienes el texto llama
Daimonizomenoi, esto es, los endemoniados
O, si usted prefiere, lo diabólico (Lo de "los posesos" es el capricho
de un diccionario).
Convulsiones, espumarajos, rechinar de dientes
No
se consideraron signos de talento.
lo diabólico no tuvo acceso a la
impresión y a las pantallas,
escasamente comprometidas en artes y
literatura.
Pero la Parábola Evangélica permanece con fuerza:
que el
espíritu dominándolos puede entrar en puercos,
El cual, exasperado por
semejante repentino choque
Entre dos naturalezas, la de ellos y la de
Lucifer,
Salta dentro del agua y se ahoga (ocurre repetidamente).
Y,
así, en cada página, un persistente lector
Va veinte centurias como
veinte días
En un mundo que un día vendrá a su fin.
Versión de Rafael Díaz
Borbón
Versos y pensamientos de Czeslaw Milosz
4 citas« paisaje / El paisaje no necesitaba »
« Elegía para N. N. / Si es demasiado lejos para ti, dilo. »
« Estuvimos paseando a través de los campos / en un vagón al amanecer. »
Libros de Czeslaw Milosz recomendados
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: