« Orilla / laxitud donde se duerme un río »
Cristina Maya · Deseo
Biografía y amplia selección de poemas de Cristina Maya. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Cristina Maya. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Orilla laxitud donde se duerme un río tierra húmeda placidez del silencio. Deseo que crece en las fuentes del sueño o en el paisaje cálido donde la luz se anida. Camino blanco concierto unánime ¡amanecer abierto de campanas!
Crece la noche en su fragor secreto de resinas, como un hilo de sangre en la espesura, crece la noche sin otra voz que el sordo murmurar del tiempo. La luna eclipsa su presencia y como sombra tenue se posa entre las ramas desoladas, en los oscuros quicios de las puertas, en los senderos olvidados donde la luz naufraga de nostalgia. Un preludio de alas anuncia el vuelo de la tarde y mientras crece la noche, yo escucho la canción de los crepúsculos, la voz oscura del misterio que enreda sueños en el telar vicioso de las horas y mece entre los mágicos follajes, las larvas del silencio.
Voy por tu piel desnuda alcanzando tus manos que diluyen las horas, acercando mis ojos a tus sueños, dibujando tu frente, tu mirada, súbitamente recobrándote. Comienzo a oír tu voz ahora, a algún país lejano perteneces, dueño de alguna embarcación perdida, así te siento.... Ahondo mi corazón en tu latido, distante estás del mar soñado Y a mi orilla te acoges dulcemente.
En el límite del ayer que era nostalgia y en el continuo adiós que es mi presencia algo de mi propio abandono, de ese lento sigilo que no nombra ternuras ni añoranzas, como el ensueño plácido, inconcluso, en mi mundo de sombras sobrevive. Como si al deslizarse la tierra descubriera también la mínima catástrofe del agua que se quiebra. Una plegaria entonces para aquellos que viven en fúnebre abandono y un sol no más para que pueda, llorar lo que se ha ido.
Cómo romper la cáscara del tiempo, enredada en la entraña del pasado... Cómo salir, soltar la amarra de ese espacio compacto del recuerdo... Soy la misma que refleja su imagen en la memoria ajada de los días. La que adopta una máscara idéntica y repite el vestuario de la escena. La que viaja y regresa por el mismo camino hasta la orilla. La que al cerrar los párpados refleja sus sueños en la pupila inerte de la noche. La que vive el amor y el desamor y repite por siempre la historia circular del laberinto.
He regresado de la ausencia, me detuvo en el largo camino la estación de la muerte. Viajaban trenes imposibles, transeúntes anónimos, laberintos oscuros. No sé en qué estancia donde todas las voces se diluyen, tuve sentido del silencio. Olvidé mis palabras, alejé los recuerdos y anduve sola y desterrada. no hubo espejo dónde reflejar mi imagen lugar alguno dónde asir la nostalgia. Sólo un abismo innumerable donde el tiempo ahondaba cada vez mi vacío. Quedé anclada en las horas, aferrada al momento. Perdida de mí misma, me busqué en la memoria. Fui así reconstruyendo a fragmentos mi imagen y descubrí el espejo en mi propia conciencia.
Esta tarde de bruma gris y hondo abandono, tiene dolor de ausencia. Frente a mí la lenta melancolía de las hojas y en la ventana el viento preludia una canción entristecida. Soy el instante impreciso, el endeble reflejo de un retrato, un espejo, un poema. Soy el perfil desvanecido de todas las imágenes posibles, sombra no más de lo que fue, palabra blanca en el papel del aire.
Hilandera que tejes con tus tristes designios el hilo de la vida. Mira como avanzas y avanzas con el tiempo cual implacable máquina. Mira como arrastras con paso indiferente todo el clamor humano. Hilandera desteje, o al menos, detén la rueda hostil pues aún vive la esperanza.
Deshabitada, ausente del lugar acostumbrado, enclavada en un tiempo indefinido así me siento en esta noche. Ah, no quiero saber más de las fugas perpetuas, de las claudicaciones. Mi mente vuela ágil sin poder detenerse guiada por una luz inagotable, por un sueño de estrellas que calcinan el cielo. Me erijo en el recuerdo y busco mi lugar en la cambiante forma de las cosas. Porque ahora la noche se perfila en su mudez pesada donde queda temblando el pulso de las horas y mi deseo habita esa región innominada que se quiebra por dentro en mil pedazos. Entonces no puedo desprender la recia costra de los años y soy sólo el fluir de mi conciencia ¡debatiéndose sola entre la nada!
« Orilla / laxitud donde se duerme un río »
« la noche / en su fragor secreto de resinas, »
« piel desnuda / alcanzando tus manos que diluyen las horas, »
« que era nostalgia / y en el continuo adiós »
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