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Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis
Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad h...
Vida
Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis
1.
A la entrada del café
A la entrada del café
Algo que dijeron al lado mío dirigió mi atención a la entrada del café. Y vi el hermoso cuerpo que parecía como si el Amor lo hubiese forjado con su más consumada experiencia plasmando sus armoniosas formas con alegría, elevando esculturalmente la estatura; plasmando con emoción el rostro y dejando a través del tacto de sus manos un sentimiento en la frente, en los ojos, y en los labios. Versión de Miguel Castillo Didier
2.
Buen tiempo, mal tiempo
Buen tiempo, mal tiempo
Me alegra que se vaya el invierno con sus nieblas, temporales y frío. La primavera entra en mí, oh alegría verdadera. La risa es como un rayo de sol, todo de oro puro, no hay otro jardín como el del amor, el calor de la canción derrite todas las nieves. Que agradable cuando la primavera siembra de flores las verdes campiñas. Pero si tienes el corazón herido es como si llegara el invierno. La tristeza puede empañar el mas brillante de los soles; si estás apenado, Mayo parecerá Diciembre, porque las lágrimas son tan frías como la nieve. Versión de Miguel Castillo Didier
3.
Candelabro
Candelabro
En una pieza vacía y pequeña, sólo cuatro paredes, y cubiertas por telas íntegramente verdes, está encendido un hermoso candelabro y arde: y en cada llama suya se abrasa una pasión lasciva, un impulso lascivo. En la pequeña pieza, que brilla iluminada por el fuego vigoroso del candelabro, no es en absoluto usual esta luz que brota. Para cuerpos sin audacia no está hecha la voluptuosidad de este calor. Versión de Miguel Castillo Didier
4.
Cuando despierten
Cuando despierten
Trata de guardarlas, poeta, por más que sean pocas aquellas que se detienen. Las visiones de tu amor. Ponlas, medio ocultas, entre tus frases. Trata de retenerles, poeta, cuando despierten en tu mente en la noche o en el fulgor del mediodía. Versión de Miguel Castillo Didier
5.
Cuanto
Cuanto
puedas... Cuanto puedas Si imposible es hacer tu vida como quieres, por lo menos esfuérzate cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca por contacto excesivo con el mundo que agita movedizas palabras. No la envilezcas nunca en el tráfago inútil o en el necio vacío de los rostros diarios y al cabo te resulte un huésped importuno. Versión de José Ángel Valente
6.
Desde las nueve
Desde las nueve
Doce y media. Rápidamente el tiempo pasó desde las nueve, cuando encendí mi lámpara y me senté aquí. Estoy sentado sin hablar o leer. ¿A quién podría hablar en la casa desierta? La imagen de mi cuerpo joven, cuando encendí mi lámpara a las nueve, vino a mi encuentro despertando un perfume de cámaras cerradas y pasado placer. ¡Qué audaz placer! También trajo a mis ojos calles ahora no reconocibles, lugares de otro tiempo donde la vida ardió, viejos teatros o cafés difuntos. La imagen de mi cuerpo joven vino y me trajo también memorias tristes: las penas familiares, los adioses, los sentimientos de los míos, los sentimientos de los muertos apenas atendidos. Doce y media. Cómo pasan las horas. Doce y media. Cómo pasan los años. Versión de José Ángel Valente
7.
Deseos
Deseos
Como hermosos cuerpos que murieron jóvenes y fueron sepultados, con lágrimas, en rico mausoleo, coronados de rosas y con jazmines en los pies, así son los deseos que pasaron sin realización; sin que ninguno sobreviviera una noche de sensual deleite o una mañana de plenilunio Versión de Eduardo López
8.
Días de 1901
Días de 1901
Esto era lo que había de excepcional en él: a pesar de su vida disoluta, de su larga experiencia del deseo y de la habitual correspondencia con que en él se mostraban la actitud y la edad, había insólitos momentos, ciertamente muy raros, en que daba la impresión de una carne casi intacta. La belleza de sus veintinueve años, que tanto en el placer fuera probada, recordaba de pronto paradójica la de un adolescente que con cierta torpeza por vez primera su intocado cuerpo abandona al amor. Versión de José Ángel Valente
9.
Versión de
José Ángel Valente
Versión de José Ángel Valente
El dios abandona a Antonio Cuando, de pronto, a media noche oigas pasar una invisible compañía con exquisitas músicas y voces, no lamentes en vano tu fortuna que cede al fin, tus obras fracasadas, los ilusorios planes de tu vida. Como dispuesto de hace tiempo, como valiente, dile adiós a Alejandría que se aleja. Y sobre todo no te engañes: en ningún caso pienses que es un sueño tal vez o que miente tu oído. A tan vana esperanza no desciendas. Como dispuesto de hace tiempo, como valiente, como quien digno ha sido de tal ciudad, acércate a la ventana. Y ten firmeza. Oye con emoción, mas nunca con el lamento y quejas del cobarde, goza por vez final los sones, la música exquisita de la tropa divina, despide a Alejandría que así pierdes. Versión de José Ángel Valente
10.
El viejo
El viejo
En una esquina del café sonoro de murmullos confusos un anciano sentado se inclina sobre la mesa, leyendo un periódico, sin compañía. Y en el ocaso de su miserable senectud piensa cuán poco gozó en los años) cuando tuvo la fuerza y el verbo y la belleza. Sabe que está muy viejo, y lo siente, y lo ve. Y, sin embargo, le parece que la juventud fue ayer. ¡Corto intervalo, corto! Y piensa en qué forma lo embaucó la prudencia, cómo de ella se fió y qué locura cuando la engañadora le decía: «Mañana. Tienes todo tu tiempo». Se acuerda de los impulsos que detuvo y cuántas delicias sacrificó. Ocasiones perdidas que burla ahora su prudencia insensata. ...A fuerza de rumiar pensamientos y recuerdos el vértigo lo invade. Y se duerme inclinado sobre la mesa del café. Versión de Fernando Arbeláez
11.
En el puerto
En el puerto
Joven, de veintiocho años, en un barco de Tinos llegó Emes a este puerto sirio, con el propósito de aprender perfumería. Pero en la travesía se enfermó. Y apenas desembarcó, murió. Su entierro, muy pobre, se hizo aquí. Pocas horas antes de morir algo susurró sobre un "hogar", sobre "padres muy ancianos". Pero quiénes eran ellos nadie lo supo, ni cuál su patria en el vasto mundo panhelénico. Mejor. Porque así mientras yace muerto en este puerto, siempre tendrán sus padres la esperanza de que está vivo. Versión de Miguel Castillo Didier
12.
En la calle
En la calle
Su simpático rostro un poco pálido y los ojos castaños aún absortos. Veinticinco años, aunque aparenta más bien veinte. Algo le da en su atuendo vago aire de artista: la corbata tal vez o la forma del cuello. Marcha sin fin preciso por la calle como aún poseído del placer ilegal, del prohibido amor que acaba de ser suyo. Versión de José Ángel Valente
13.
En un viejo libro de hace casi cien años...
En un viejo libro de hace casi cien años...
En un viejo libro de hace casi cien años, entre las hojas olvidada, encontré una acuarela sin firma. Ha de haber sido obra de un poderoso artista Llevaba como título: «Imagen del amor». En un viejo libro -Del amor extremadamente sensual, sería más preciso. Porque era manifiesto al contemplarla (en nada se ocultaba la intención del artista) que al amor ejercido sanamente, dijéramos, al amor más o menos permitido, el joven del dibujo no fuera destinado: con sus profundos ojos pardos y la sutil belleza de su rostro, la absorbente belleza de lo anómalo, sus labios ideales que entregan el placer a un cuerpo amado, sus ideales miembros hechos para camas que infames considera la ordinaria moral. Versión de José Ángel Valente
14.
Fui
Fui
No me ligué. Por entero me liberé y me fui. Hacia goces que estaban parte en la realidad, parte en mi ser, en la noche iluminada fui. Yo bebí un vino fuerte, como sólo el audaz bebe el placer. Versión de José Ángel Valente
15.
Grises
Grises
Mirando un ópalo casi gris recordé unos hermosos ojos grises que había visto hará unos veinte años... Nos amamos un mes. Marchó después a Esmirna, creo, a trabajar allí y no nos vimos más. Se habrán empañado -si vive- aquellos ojos; ajado estará aquel rostro hermoso... Guárdalos tú, memoria mía, como eran. Y cuanto de mi amor puedas, memoria, cuanto puedas, tráemelo de nuevo esta noche. Versión de Pedro Bádenas de la Peña
16.
He dado al arte
He dado al arte
Me siento y medito. He dado al Arte deseos, sensaciones, ciertos entrevistos rostros o líneas, la insegura imagen de amores incompletos. Dejad que a él me entregue. El Arte sabe dar forma a la Belleza, con toque imperceptible completando la vida combinando impresiones, combinando los días. Versión de José Ángel Valente
17.
Versión de
Pedro Bádenas de la Peña
Versión de Pedro Bádenas de la Peña
He ido (otra versión) No tengo ligaduras; me abandoné del todo. He ido en la noche iluminada hacia goces que eran mitad reales mitad elaborados por mi espíritu. Y he bebido un vino fuerte como beben aquellos que se entregan valerosamente al placer. Versión de Pedro Bádenas de la Peña
18.
Itaca
Itaca
Cuando emprendas tu viaje a Itaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los Lestrigones ni a los Cíclopes, ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los Lestrigones ni a los Cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no lo llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante tí. Pide que el camino sea largo. Que sean muchas las mañanas de verano en que llegues -¡con qué placer y alegría!- a puertos antes nunca vistos. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes voluptuosos, cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender de sus sabios. Ten siempre a Itaca en tu pensamiento. Tu llegada allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguardar a que Itaca te enriquezca. Itaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte. Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Itacas. Versión de Pedro Bádenas de la Peña
Versos y pensamientos de Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis
4 citas« Me alegra que se vaya / el invierno con sus nieblas, temporales y frío. »
« En una pieza vacía y pequeña, sólo cuatro paredes, / y cubiertas por telas íntegramente verdes, »
« Trata de guardarlas, poeta, / por más que sean pocas aquellas que se detienen. »
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