Poesía Universal

Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis

Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad h...

Biografía lírica

Vida

Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis

18 poemas seleccionados
1.

A la entrada del café

Algo que dijeron al lado mío 

	dirigió mi atención a la entrada del café. 

	Y vi el hermoso cuerpo que parecía 

	como si el Amor lo hubiese forjado con su más consumada experiencia 

	plasmando sus armoniosas formas con alegría, 

	elevando esculturalmente la estatura; 

	plasmando con emoción el rostro 

	y dejando a través del tacto de sus manos

	un sentimiento en la frente, en los ojos, y en los labios.


	Versión de 
	Miguel Castillo Didier
2.

Buen tiempo, mal tiempo

Me alegra que se vaya
el invierno con sus nieblas, temporales y frío.

	La primavera entra en mí, oh alegría verdadera.
La risa es como un rayo 
	de sol, todo de oro puro,
no hay otro jardín como el del amor,
el 
	calor de la canción derrite todas las nieves.
Que agradable cuando la 
	primavera
siembra de flores las verdes campiñas.
Pero si tienes el 
	corazón herido es como si llegara el invierno.
La tristeza puede empañar 
	el mas brillante de los soles;
si estás apenado, Mayo parecerá Diciembre,

	porque las lágrimas son tan frías como la nieve.


	Versión de 
	Miguel Castillo Didier
3.

Candelabro

En una pieza vacía y pequeña, sólo cuatro paredes, 

	y cubiertas por telas íntegramente verdes, 

	está encendido un hermoso candelabro y arde: 

	y en cada llama suya se abrasa 

	una pasión lasciva, un impulso lascivo. 

	

	En la pequeña pieza, que brilla iluminada 

	por el fuego vigoroso del candelabro, 

	no es en absoluto usual esta luz que brota. 

	Para cuerpos sin audacia no está hecha 

	la voluptuosidad de este calor.


	Versión de 
	Miguel Castillo Didier
4.

Cuando despierten

Trata de guardarlas, poeta, 

	por más que sean pocas aquellas que se detienen. 

	Las visiones de tu amor. 

	Ponlas, medio ocultas, entre tus frases. 

	Trata de retenerles, poeta, 

	cuando despierten en tu mente 

	en la noche o en el fulgor del mediodía.

	

	Versión de Miguel Castillo Didier
5.

Cuanto

puedas...


	Cuanto puedas
Si imposible es hacer tu vida como quieres,
por lo menos 
	esfuérzate
cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca
por contacto 
	excesivo
con el mundo que agita movedizas palabras.

	
No la envilezcas nunca
en el tráfago inútil
o en el necio vacío

	de los rostros diarios
y al cabo te resulte un huésped importuno.


	Versión de 
	José Ángel Valente
6.

Desde las nueve

Doce y media. Rápidamente el tiempo
pasó desde las nueve, cuando encendí 
	mi lámpara
y me senté aquí. Estoy sentado
sin hablar o leer. ¿A quién 
	podría hablar
en la casa desierta?

	
La imagen de mi cuerpo joven,
cuando encendí mi lámpara a las nueve,

	vino a mi encuentro despertando
un perfume de cámaras cerradas
y 
	pasado placer. ¡Qué audaz placer!
También trajo a mis ojos
calles 
	ahora no reconocibles,
lugares de otro tiempo donde la vida ardió,

	viejos teatros o cafés difuntos.

	
La imagen de mi cuerpo joven vino
y me trajo también memorias 
	tristes:
las penas familiares, los adioses,
los sentimientos de los 
	míos, 
	

	los sentimientos de los muertos
apenas atendidos.

Doce y media. 
	Cómo pasan las horas.
Doce y media. Cómo pasan los años.


	Versión de 
	José Ángel Valente
7.

Deseos

Como 
	hermosos cuerpos que murieron jóvenes
y  fueron sepultados, con 
	lágrimas, en rico mausoleo, 
		
coronados de rosas y con jazmines en los pies,
así son los deseos 
	que pasaron sin realización;
sin que ninguno sobreviviera una noche
de 
	sensual deleite o una mañana de plenilunio

	
Versión de Eduardo López
8.

Días de 1901

Esto era lo que había de excepcional en él:
a pesar de su vida disoluta,

	de su larga experiencia del deseo
y de la habitual correspondencia
con 
	que en él se mostraban la actitud y la edad,
había insólitos momentos,

	ciertamente muy raros, en que daba
la impresión de una carne casi 
	intacta.

	
La belleza de sus veintinueve años,
que tanto en el placer fuera 
	probada,
recordaba de pronto paradójica
la de un adolescente que con 
	cierta torpeza
por vez primera su intocado cuerpo abandona al amor.


	Versión de 
	José Ángel Valente
9.

Versión de José Ángel Valente

El dios abandona a Antonio
	

	

	Cuando, de pronto, a media noche oigas 

	pasar una invisible compañía 

	con exquisitas músicas y voces, 

	no lamentes en vano tu fortuna 

	que cede al fin, tus obras fracasadas, 

	los ilusorios planes de tu vida. 

	Como dispuesto de hace tiempo, como valiente, dile 

	adiós a Alejandría que se aleja. 

	Y sobre todo no te engañes: en ningún caso pienses 

	que es un sueño tal vez o que miente tu oído. 

	A tan vana esperanza no desciendas. 

	Como dispuesto de hace tiempo, como valiente, como 

	quien digno ha sido de tal ciudad, acércate 

	a la ventana. Y ten firmeza. Oye 

	con emoción, mas nunca 

	con el lamento y quejas del cobarde, 

	goza por vez final los sones, 

	la música exquisita de la tropa divina, 

	despide a Alejandría que así pierdes. 


	Versión de 
	José Ángel Valente
10.

El viejo

En una 
	esquina del café sonoro de murmullos confusos
un anciano sentado se 
	inclina sobre la mesa,
leyendo un periódico, sin compañía.

	
Y en el ocaso de su miserable senectud 
piensa cuán poco gozó en los 
	años)
cuando tuvo la fuerza y el verbo y la belleza.

	
Sabe que está muy viejo, y lo siente, y lo ve.

Y, sin embargo, le 
	parece que la juventud 
		
fue ayer. ¡Corto intervalo, corto! 

Y piensa en qué forma lo 
	embaucó la prudencia,
cómo de ella se fió y qué locura
cuando la 
	engañadora le decía: «Mañana. 
		
Tienes todo tu tiempo».

Se acuerda de los impulsos que detuvo 
	y cuántas
delicias sacrificó. Ocasiones perdidas
que burla ahora su 
	prudencia insensata. 
		

...A fuerza de rumiar pensamientos y recuerdos
el vértigo lo 
	invade. Y se duerme 
		
inclinado sobre la mesa del café. 


	Versión de 
	Fernando Arbeláez
11.

En el puerto

Joven, de veintiocho años, en un barco de Tinos 

	llegó Emes a este puerto sirio, 

	con el propósito de aprender perfumería. 

	Pero en la travesía se enfermó. Y apenas 

	desembarcó, murió. Su entierro, muy pobre, 

	se hizo aquí. Pocas horas antes de morir algo 

	susurró sobre un "hogar", sobre "padres muy ancianos". 

	Pero quiénes eran ellos nadie lo supo, 

	ni cuál su patria en el vasto mundo panhelénico. 

	Mejor. Porque así mientras 

	yace muerto en este puerto, 

	siempre tendrán sus padres la esperanza de que está vivo.


	Versión de 
	Miguel Castillo Didier
12.

En la calle

Su 
	simpático rostro un poco pálido
y los ojos castaños aún absortos.

	Veinticinco años, aunque aparenta más bien veinte.
Algo le da en su 
	atuendo vago aire de artista:
la corbata tal vez o la forma del cuello.

	Marcha sin fin preciso por la calle
como aún poseído del placer ilegal,

	del prohibido amor que acaba de ser suyo.


	Versión de 
	José Ángel Valente
13.

En un viejo libro de hace casi cien años...

En un viejo 
	libro de hace casi cien años,
entre las hojas olvidada,
encontré una 
	acuarela sin firma.
Ha de haber sido obra de un poderoso artista

	Llevaba como título: «Imagen del amor».
En un viejo libro

	
-Del amor extremadamente sensual, sería más preciso.

Porque era 
	manifiesto al contemplarla
(en nada se ocultaba la intención del artista)

	que al amor ejercido sanamente, dijéramos,
al amor más o menos permitido,

	el joven del dibujo
no fuera destinado: con sus profundos ojos pardos

	y la sutil belleza de su rostro,
la absorbente belleza de lo anómalo,

	sus labios ideales
que entregan el placer a un cuerpo amado,
sus 
	ideales miembros hechos para camas
que infames considera la ordinaria 
	moral.


	Versión de 
	José Ángel Valente
14.

Fui

No me ligué.

	                          
	Por entero me liberé y me fui.
Hacia goces que estaban
parte en la 
	realidad, parte en mi ser,
en la noche iluminada fui.
Yo bebí un vino 
	fuerte,
como sólo el audaz bebe el placer.

	
Versión de José Ángel Valente
15.

Grises

Mirando un 
	ópalo casi gris
recordé unos hermosos ojos grises
que había visto hará 
	unos veinte años...


	Nos amamos un 
	mes.
Marchó después a Esmirna, creo,
a trabajar allí y no nos vimos 
	más.


	Se habrán 
	empañado -si vive- aquellos ojos;
ajado estará aquel rostro hermoso...


	Guárdalos tú, 
	memoria mía, como eran.
Y cuanto de mi amor puedas, memoria,
cuanto 
	puedas, tráemelo de nuevo 
		
esta noche.


	Versión de 
	Pedro Bádenas de la Peña
16.

He dado al arte

Me siento y medito.      He dado al Arte
deseos, 
	sensaciones,       ciertos entrevistos

	rostros o líneas,      la insegura imagen
de 
	amores incompletos.       Dejad que a él me 
	entregue.
El Arte sabe       dar forma a la 
	Belleza,
con toque imperceptible       
	completando la vida
combinando impresiones,      
	combinando los días.


	Versión de 
	José Ángel Valente
17.

Versión de Pedro Bádenas de la Peña

He ido (otra versión)


	No tengo ligaduras; 
me abandoné del todo. 
		
He ido en la noche iluminada 
hacia goces que eran mitad reales 
		
mitad elaborados por mi espíritu. 
Y he bebido un vino fuerte 

	como beben aquellos 
		
que se entregan valerosamente al placer.


	Versión de 
	Pedro Bádenas de la Peña
18.

Itaca

Cuando 
	emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de 
	aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los Lestrigones ni a los 
	Cíclopes,
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu 
	camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu 
	espíritu y tu cuerpo.
Ni a los Lestrigones ni a los Cíclopes
ni al 
	salvaje Poseidón encontrarás,
si no lo llevas dentro de tu alma,
si no 
	los yergue tu alma ante tí.

	
Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano

	en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.

	Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,

	nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,

	cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.
Ve a muchas ciudades 
	egipcias
a aprender de sus sabios.

	
Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.

	Mas no apresures nunca el viaje.
mejor que dure muchos años
y atracar, 
	viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin 
	aguardar a que Itaca te enriquezca.

	
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el 
	camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

	
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te 
	has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las 
	Itacas.


	Versión de 
	Pedro Bádenas de la Peña

Versos y pensamientos de Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis

4 citas
« Algo que dijeron al lado mío / dirigió mi atención a la entrada del café. »
Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis · A la entrada del café
« Me alegra que se vaya / el invierno con sus nieblas, temporales y frío. »
Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis · Buen tiempo, mal tiempo
« En una pieza vacía y pequeña, sólo cuatro paredes, / y cubiertas por telas íntegramente verdes, »
Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis · Candelabro
« Trata de guardarlas, poeta, / por más que sean pocas aquellas que se detienen. »
Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis · Cuando despierten
Biblioteca poética

Libros de Constantine Cavafy - Konstantinus Kafavis recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: