« Por lo que te he ofendido, dulce cariño mío, / quiero ser a tu anhelo cual »
Concha Urquiza · Arrepentimiento
Biografía y amplia selección de poemas de Concha Urquiza. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Concha Urquiza. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Por lo que te he ofendido, dulce cariño mío, quiero ser a tu anhelo cual sería el rocío: tierna, dócil y humilde como el agua que mana y se ofrece a las llagas de la miseria humana. Yo enseñaré a mis manos a ser mansas contigo, tal como las entrañas sonrosadas del higo, para que te acaricien con tan suave caricia como la voz del ave de la blanca novicia. Yo enseñaré a mis plantas a que pisen tan quedo como el viento que mueve las hojas del viñedo, ya mis claros cabellos a quebrarse en tus manos como frágiles tallos de lirios franciscanos. Apoyaré mis dedos sobre tu excelsa frente y será mi caricia sosegada corriente para que fertilice tu pensamiento bello y haga brillar tus ojos con singular destello. Seré quieta y humilde como la arena rubia y rozaré tus labios como agua de la lluvia para llenar las horas del dulzor de las vidas, hasta que tú perdones y para siempre olvides.
Aunque tu nombre es tierno como un beso y trasciende como óleo derramado, y tu recuerdo es dulce y deseado, rica fiesta al sentido y embeleso; y es gloria y luz, Amor, llevarlo impreso como un sello en el alma dibujado, no basta al corazón enamorado para alcanzar la vida todo eso. Ya sólo, Amor, perdido en tus abrazos, cabe tu pecho detendrá su empeño: no aflojará las redes y los lazos, verá la paz ni gozará del sueño, hasta que tenga paz entre tus brazos y duerma en el regazo de su Dueño. 6 de julio, 1937
Oh dulce canto de viaje, mi alegría y mi caudal, más que en las velas el viento más que el surco en el mar! Por los senderillos negros nubes cargadas de afán, por los senderillos rojos alardes de tempestad, por las llanuras inmensas, soledad..., pero una canción de viaje me llena de oro el morral. Cuán largo camino largo desde esta noche a la aurora! mas un cantarcillo alegre los labios sedientos moja: "¡Qué amor y qué amores tengo allá en fronteras remotas! ¿qué camino será largo siendo camino de bodas?" La luna viaja de incógnito tras las nubes borrascosas; y galopa el duro viento con el girón de su antorcha; en la soledad vibrante se adelgaza cada nota, y siguiendo la carrera de la senda voladora, como una cinta de onix la noche se desenrolla. Negro camino impaciente cárcel que vuela hacia el mar; hilillo de oro lo enfrena la música de un cantar: "¿qué camino será triste que a tus labios dulces va?" Agosto, 1942
Cancioncilla
¿A quién contaré mis quejas,
mi lindo amor,
a quién contaré mis quejas
si a voz non?...
Canción popular del s. XV
Amor, corriente escondida
que
pechos adentro va,
como un manantial que está
alimentando mi vida;
en turbias aguas perdida
abreva el alma dolor:
si no te la cuento,
Amor,
¿a quién contaré mi herida?
Flauta y risa, pan y abrigo,
levanten gritos de guerra;
lágrimas
brota la tierra
que amargan la vid y el trigo;
zumo de dardo enemigo
la dulce vida envenena:
¿cómo lloraré mi pena
si no la lloro contigo?
Negras alas han manchado
el claro cielo de estío;
se encrespa el
seno del río
de recias olas turbado:
cómo pasaré este vado
sino en tus brazos, amor?
¿Cómo beberé el
dolor
si no lo bebo a tu lado?
10 de junio, 1940
Variaciones de los Cantares Yo cantaré mi amor contigo a solas que escuchas en el viento sosegado sobre los vastos campos de amapolas, pasando por los montes y collado, soplando en las corolas encendidas, acariciando el brote malogrado; contigo en las veredas escondidas donde vagan arroyos silenciosos y están las azucenas florecidas; contigo en los parajes nemorosos, donde el cansado corazón se entrega por los espesos cedros rumorosos y sombra de dolor el alma niega; por los ardientes valles dilatados que el sol calienta, que la lluvia riega, donde suenan los vientos derramados; en caminos que suben desde el suelo, rodeando los montes levantados, hasta la faz clarísima del cielo; contigo, Amor, entre las hojas de oro donde toda la luz detiene el vuelo. Allí tendré mi canto, allí mi lloro, allí podré contarte mi desvelo donde todas las aves forman coro. * No más la soledad aborrecida que el corazón henchía de amargura, no más dolerse de la paz perdida, no más el ruido de la turba impura; ya no en las noches el gemido triste, el falso amigo, la compaña oscura El corazón do entero te vertiste tu camino forzando entre despojos, y el duro sello de tu amor pusiste, ¿qué puede ya buscar sino tus ojos? ¿qué desear, sino morir contigo por los caminos de tu sangre rojos? Si no en ti, ¿dónde gozará de abrigo? ¿ni en qué ricos manjares tendrá halagos más que en la hartura de tu pan de trigo? Él cruzará los ondeantes lagos, y llevándote asido dulcemente buscará el seno de los montes vagos: allí estará contigo tiernamente; allí sabrá decirte que te ama; se abrazará de ti, como la fuente por cuyo rostro el cielo se derrama, se abraza de ese cielo transparente sobre su asiento de flexible lama. * Volvámonos, Amor, y semejante al cervato en los bosques esparcidos sobre las altas cumbres, vaga errante (como vagan los pájaros perdidos, de sus tiernos hijuelos olvidados, en tu vuelo suavísimo mecidos). Huye, Amor, sobre montes y collados; yo esperaré tu paso, y entre tanto buscaré los parajes más callados, en soledad, para ensayar mi canto. y tendida en praderas deleitosas donde brota el romero y amaranto, veré los días de oro, las graciosas tardes, donde ya brillan los luceros, y el giro de las noches luminosas. ¡Que vuele la canción por los oteros y escuchen a la siesta los pastores los gritos del deseo lastimeros; y el Austro, desatado entre las flores, recoja el canto claro y armonía que responde a la voz de los amores. Yo desearé tus besos como el día y diré que tus pechos son mejores que el vino, dador nuestro de alegría. 18 de junio, 1937
¡Oh Betsabé, simbólica y vehemente! Con doble sed mi corazón heriste Cuando la llama de tu cuerpo hiciste Duplicarse en la onda transparente. Cerca el terrado y el marido ausente, ¿quién a la dicha de tu amor resiste? No en vano fue la imagen que me diste Acicate a los flancos y a la mente. ¡Ay de mí, Betsabé, tu brazo tierno, traspasado de luz como las ondas, lió mis carnes a dolor eterno! ¡Qué horrenda sangre salpicó mis frondas! ¡En qué negrura y qué pavor de invierno se ahogó la luz de tus pupilas blondas! Agosto, 1944
Del ser que alienta y del color que brilla me separa tu cálida presencia, clausurando el sentido en la vehemencia. de una noche sin fondo y sin orilla. En ella mi tortuosa pesadilla te confiere su trágica opulencia, y tórnase inmortal como una esencia, siendo que eres trivial como una arcilla. Te he engendrado en mi lumbre y mi universo, en tu forma plural he proyectado la queja vaga y el afán disperso. Dudando está el espíritu sitiado si eres mi sangre disculpada en verso o mi dolor en carne figurado. San Luis Potosí, 7 de julio, 1943
Mi corazón olvida y asido de tus pechos se adormece: eso que fue la vida se anubla y oscurece y en un vago horizonte desparece. De estar tan descuidada del mal de ayer y de la simple pena, pienso que tu mirada -llama pura y serena- secó del llanto la escondida vena. En su dicha perdido, abandonado a tu dulzura ardiente, de sí mismo en olvido, el corazón se siente una cosa feliz y transparente. La angustia miserable batió las alas y torció la senda; ¡oh paz incomparable! un día deleitable nos espera a la sombra de tu tienda. La más cruel amargura con que quieras herirme soberano, se henchirá de dulzura como vino temprano apurado en el hueco de tu mano. hiere con saña fuerte si sólo no desciñes este abrazo, que aun la faz de la muerte -con ser tan duro lazo- pienso que ha de reír en tu regazo. 25 de octubre, 1940
(Ensayo de rima interna)
Para María del Rosario Oyarzun
Amigo, ten el paso presuroso;
mira este valle umbroso, esta pradera
donde la primavera se derrama
y su sagrada llama va agitando,
el cáliz
desatando de las flores
que escondidos amores enardecen.
Mira cómo se
mecen en el viento
con leve movimiento rama y nido.
Pon atento el oído
al son del agua
donde el paisaje fragua un espejismo,
amándose a sí
mismo en ser ajeno.
Gusta el soplo sereno de la brisa,
y la tierna
sonrisa de este cielo,
y el misterioso anhelo de las cosas.
Las formas portentosas adivina
que la noche divina engendra y brota,
la música remota de los mundos
los acordes profundos y distantes
que
en voces consonantes se responden
allí donde se esconden en el seno
del infinito lleno de fulgores;
los oscuros temblores de la tierra
que
la simiente encierra y torna a vida,
y acaso, enardecida con la muerte,
del mismo cuerpo inerte y miserable
el fruto deleitable en sí concibe.
El aullido percibe de la fiera
que de su madriguera en noche oscura
llama con hambre dura su pareja.
Oye cómo se queja la floresta,
y en
la selva repuesta y misteriosa
el ave rumorosa, a par de viento,
el
grado amarillento al pico lleva
con que la flor renueva, e hinche el
tallo.
Y aun los amores callo de que el hombre,
eternizando el nombre del
proscrito,
pobló el tiempo infinito de su nada.
Basta que la mirada
desenvuelvas
y el ámbito revuelvas de la tierra,
y cuanto el mar
encierra, y a ti mismo
-si a tan profundo abismo el pie se atreve-,
luego los ojos mueve a aquella altura
do brilla la hermosura de los
astros,
verás de Amor los rastros por doquiera:
Amor es ley primera,
suave y fuerte,
ley que vence la muerte, y como ella,
desde la blanca
estrella hasta el gusano,
nos lleva de la mano por el mundo.
En esta ley me fundo, caro amigo;
cuando en verdad te digo que no
aciertas
en antes querer muertas tus lozanas,
tus briosas, tus galanas
primaveras,
y tus flores primeras destruidas,
que no al amor rendidas
dulcemente.
No sea que, cruelmente derrocado,
vengas por tierra echado
como hiedra
que del muro de piedra no se abraza.
Y si el amor que pasa presuroso
arguyes de engañoso y deleznable,
por otro no mudable Amor lo deja,
donde no tiene queja el tiempo aleve,
ni el olvido se atreve a la mudanza,
y que, firme esperanza y llama
fuerte
traspasa las fronteras de la muerte.
1 de julio, 1939
Palidez consumada en el deseo, suma de carne transparente y fina, ya sellada, en profética rutina, para el soldado y para el can hebreo. ¡Oh desahuciada fiebre, oh devaneo que oscila como péndulo en rüina, de un viñedo que el sol mimba y fulmina a cruenta gloria y militar trofeo! Horror de pausa y de silencio, acaso para no conocer turbias carreras del corazón, hacia el fatal ocaso, ni sentir que en sus válvulas arteras se endulza ya la sangre paso a paso para halagar las fauces de las fieras. 24 de agosto, 1944
canción de junio Junio, brazada de soles por el campo florecido, ¿qué le dirás a mi alma que quiera prestarte oído? ¿Qué le dirás a mi alma, Junio, de verde vestido? El amor de los donceles se fue por el monte arriba; el amor de las doncellas siguiendo sus pasos iba; ni un brote abierto dejaron, ni una flor dejaron viva... Pan ha callado el arrullo de su flauta primitiva. Junio, mojado de lluvia, Junio, dorado de trigo, rojo de tierra del monte, rostro de sátiro amigo, ¿si creerás que como otrora hoy me embriagaré contigo? Casa de olvido me dieron -muros altos, blancas tejas-; mi Amado cercó la entrada del vellón de sus ovejas; la paz me besó en el rostro tras los hierros de las rejas... Por el bosque sosegado Eros olvida sus quejas... Junio, pintado de luna, Junio, de ardores ceñido, ¿qué le dirás a mi alma que quiera prestarte oído? ¿Qué le dirás a mi alma Junio, de lluvia vestido?
Tonadilla de viajero: del corazón a la boca, y de la boca, al sendero. Siembra los rumbos del viento y quién sabe si vayas a hacer granero en la garganta de un ave. Por los valles y los montes anda a probar tu fortuna: los cabellos de los pinos huelen a viento y a luna. El río tiene su flauta y la fuente sus espejos: quédate y canta con ellos, nosotros vamos más lejos. Tu padre no quiere oírte después de haberte engendrado: no eres más que una canción que el viento se habrá llevado. Viajeros somos, viajeros que andamos nuestro camino: luna y monte, monte y luna, manta y silbo, pan y vino. Y como es recio el camino, llevamos por equipaje: en el pecho, el corazón, y en la boca una canción para el viaje. 13 de junio, 1940
Las piedras del camino se llenan de ternura y de musgos; los cielos contemplan con dulzura los senos azulosos del agua que se estanca. Clareando entre los charcos de solo todos deshechos, se hinchan de luz las agrias venas de los helechos tendidos sobre el fresco terror de la barranca.
Mi cumbre solitaria y opulenta declinó hacia tu valle tenebroso, que oro de espiga ni frescor de pozo ni pajarera gárrula sustenta. En tu luz gravitante y macilenta, quebrado el equilibrio del reposo, vago sobre tu espíritu medroso como un jirón de bruma cenicienta. Libre soy de tornar a mis alcores do Eros impúber la zampoña toca ceñido de corderos y pastores; mas a exilio perpetuo me provoca la chispa de tus ojos turbadores, la roja encrespadura de tu boca.
« Por lo que te he ofendido, dulce cariño mío, / quiero ser a tu anhelo cual »
« Aunque tu nombre es tierno como un beso / y trasciende como óleo derramado, »
« Oh dulce canto de viaje, / mi alegría y mi caudal, »
« Cancioncilla / ¿A quién contaré mis quejas, »
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