Poesía Universal

Concha Urquiza

Biografía y amplia selección de poemas de Concha Urquiza. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Concha Urquiza. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Concha Urquiza

14 poemas seleccionados
1.

Arrepentimiento

Por lo que te he ofendido, dulce cariño mío,
quiero ser a tu anhelo cual 
	sería el rocío:
tierna, dócil y humilde como el agua que mana
y se 
	ofrece a las llagas de la miseria humana.

	
Yo enseñaré a mis manos a ser mansas contigo,
tal como las entrañas 
	sonrosadas del higo,
para que te acaricien con tan suave caricia
como 
	la voz del ave de la blanca novicia.

	
Yo enseñaré a mis plantas a que pisen tan quedo
como el viento que 
	mueve las hojas del viñedo,
ya mis claros cabellos a quebrarse en tus 
	manos
como frágiles tallos de lirios franciscanos.

	
Apoyaré mis dedos sobre tu excelsa frente
y será mi caricia sosegada 
	corriente
para que fertilice tu pensamiento bello
y haga brillar tus 
	ojos con singular destello.

	
Seré quieta y humilde como la arena rubia
y rozaré tus labios como 
	agua de la lluvia
para llenar las horas del dulzor de las vidas,
hasta 
	que tú perdones y para siempre olvides.
2.

Aunque tu nombre es tierno como un beso...

Aunque tu nombre es tierno como un beso
y trasciende como óleo derramado,

	y tu recuerdo es dulce y deseado,
rica fiesta al sentido y embeleso;

	
y es gloria y luz, Amor, llevarlo impreso
como un sello en el alma 
	dibujado,
no basta al corazón enamorado
para alcanzar la vida todo 
	eso.

	
Ya sólo, Amor, perdido en tus abrazos,
cabe tu pecho detendrá su 
	empeño:
no aflojará las redes y los lazos,

	
verá la paz ni gozará del sueño,
hasta que tenga paz entre tus brazos

	y duerma en el regazo de su Dueño.

	
6 de julio, 1937
3.

Caminos

Oh dulce canto de viaje,
mi alegría y mi caudal,
más que en las 
	velas el viento
más que el surco en el mar!

	
Por los senderillos negros
nubes cargadas de afán,
por los 
	senderillos rojos
alardes de tempestad,
por las llanuras inmensas,

	soledad...,
pero una canción de viaje
me llena de oro el morral.

	
Cuán largo camino largo
desde esta noche a la aurora!
mas un 
	cantarcillo alegre
los labios sedientos moja:
"¡Qué amor y qué amores 
	tengo
allá en fronteras remotas!
¿qué camino será largo
siendo 
	camino de bodas?"

	
La luna viaja de incógnito
tras las nubes borrascosas;
y galopa el 
	duro viento
con el girón de su antorcha;
en la soledad vibrante
se 
	adelgaza cada nota,
y siguiendo la carrera
de la senda voladora,

	como una cinta de onix
la noche se desenrolla.


	Negro camino impaciente

	cárcel que vuela hacia el mar;
hilillo de oro lo enfrena
la música de 
	un cantar:
"¿qué camino será triste
que a tus labios dulces va?"


	Agosto, 1942
4.

Cancioncillas

Cancioncilla

                                                  
	¿A quién contaré mis quejas,
                                                                               
	mi lindo amor,
                                                     
	a quién contaré mis quejas
                                                                               
	si a voz non?...
                                                       
	Canción popular del s. XV

Amor, corriente escondida
que 
	pechos adentro va,
como un manantial que está
alimentando mi vida;

	en turbias aguas perdida
abreva el alma dolor:
si no te la cuento, 
	Amor,
¿a quién contaré mi herida?

	
Flauta y risa, pan y abrigo,
levanten gritos de guerra;
lágrimas 
	brota la tierra
que amargan la vid y el trigo;
zumo de dardo enemigo

	la dulce vida envenena:
¿cómo lloraré mi pena
si no la lloro contigo?

	
Negras alas han manchado
el claro cielo de estío;
se encrespa el 
	seno del río
de recias olas turbado:

	
cómo pasaré este vado
sino en tus brazos, amor?
¿Cómo beberé el 
	dolor
si no lo bebo a tu lado?


	10 de junio, 1940
5.

Canciones en el bosque

Variaciones de los Cantares

Yo cantaré mi amor contigo a solas

	que escuchas en el viento sosegado
sobre los vastos campos de amapolas,

	
pasando por los montes y collado,
soplando en las corolas encendidas,

	acariciando el brote malogrado;

	
contigo en las veredas escondidas
donde vagan arroyos silenciosos

	y están las azucenas florecidas;

	
contigo en los parajes nemorosos,
donde el cansado corazón se entrega

	por los espesos cedros rumorosos

	
y sombra de dolor el alma niega;
por los ardientes valles dilatados

	que el sol calienta, que la lluvia riega,

	
donde suenan los vientos derramados;
en caminos que suben desde el 
	suelo,
rodeando los montes levantados,

	
hasta la faz clarísima del cielo;
contigo, Amor, entre las hojas de 
	oro
donde toda la luz detiene el vuelo.

	
Allí tendré mi canto, allí mi lloro,
allí podré contarte mi desvelo

	donde todas las aves forman coro.

	
*

No más la soledad aborrecida
que el corazón henchía de 
	amargura,
no más dolerse de la paz perdida,

	
no más el ruido de la turba impura;
ya no en las noches el gemido 
	triste,
el falso amigo, la compaña oscura

	
El corazón do entero te vertiste
tu camino forzando entre despojos,

	y el duro sello de tu amor pusiste,

	
¿qué puede ya buscar sino tus ojos?
¿qué desear, sino morir contigo

	por los caminos de tu sangre rojos?

	
Si no en ti, ¿dónde gozará de abrigo?
¿ni en qué ricos manjares 
	tendrá halagos
más que en la hartura de tu pan de trigo?

	
Él cruzará los ondeantes lagos,
y llevándote asido dulcemente

	buscará el seno de los montes vagos:

	
allí estará contigo tiernamente;
allí sabrá decirte que te ama;
se 
	abrazará de ti, como la fuente

	
por cuyo rostro el cielo se derrama,
se abraza de ese cielo 
	transparente
sobre su asiento de flexible lama.

	
*

Volvámonos, Amor, y semejante
al cervato en los bosques 
	esparcidos
sobre las altas cumbres, vaga errante

	
(como vagan los pájaros perdidos,
de sus tiernos hijuelos olvidados,

	en tu vuelo suavísimo mecidos).

	
Huye, Amor, sobre montes y collados;
yo esperaré tu paso, y entre 
	tanto
buscaré los parajes más callados,

	
en soledad, para ensayar mi canto.
y tendida en praderas deleitosas

	donde brota el romero y amaranto,

	
veré los días de oro, las graciosas
tardes, donde ya brillan los 
	luceros,
y el giro de las noches luminosas.

	
¡Que vuele la canción por los oteros
y escuchen a la siesta los 
	pastores
los gritos del deseo lastimeros;

	
y el  Austro, desatado entre las flores,
recoja el canto claro y 
	armonía
que responde a la voz de los amores.

	
Yo desearé tus besos como el día
y diré que tus pechos son mejores

	que el vino, dador nuestro de alegría.

	
18 de junio, 1937
6.

David

¡Oh Betsabé, 
	simbólica y vehemente!
Con doble sed mi corazón heriste
Cuando la 
	llama de tu cuerpo hiciste
Duplicarse en la onda transparente.

	
Cerca el terrado y el marido ausente,
¿quién a la dicha de tu amor 
	resiste?
No en vano fue la imagen que me diste
Acicate a los flancos y 
	a la mente.

	
¡Ay de mí, Betsabé, tu brazo tierno,
traspasado de luz como las 
	ondas,
lió mis carnes a dolor eterno! 
	

¡Qué horrenda sangre salpicó mis frondas!
¡En qué negrura y qué 
	pavor de invierno
se ahogó la luz de tus pupilas blondas!

	
Agosto, 1944
7.

Del ser que alienta y del color que brilla...

Del ser que alienta y del color que brilla
me separa tu cálida presencia,

	clausurando el sentido en la vehemencia.
de una noche sin fondo y sin 
	orilla.

	
En ella mi tortuosa pesadilla
te confiere su trágica opulencia,
y 
	tórnase inmortal como una esencia,
siendo que eres trivial como una 
	arcilla.

	
Te he engendrado en mi lumbre y mi universo,
en tu forma plural he 
	proyectado
la queja vaga y el afán disperso.

	
Dudando está el espíritu sitiado
si eres mi sangre disculpada en 
	verso
o mi dolor en carne figurado.

	
San Luis Potosí, 7 de julio, 1943
8.

Dicha

Mi corazón olvida
y asido de tus pechos se adormece:
eso que fue 
	la vida
se anubla y oscurece
y en un vago horizonte desparece.


	De estar tan descuidada

	del mal de ayer y de la simple pena,
pienso que tu mirada
-llama pura 
	y serena-
secó del llanto la escondida vena.

	
En su dicha perdido, 
abandonado a tu dulzura ardiente,
de sí 
	mismo en olvido,
el corazón se siente
una cosa feliz y transparente.

	
La angustia miserable
batió las alas y torció la senda;
¡oh paz 
	incomparable!
un día deleitable
nos espera a la sombra de tu tienda.

	
La más cruel amargura
con que quieras herirme soberano,
se 
	henchirá de dulzura
como vino temprano
apurado en el hueco de tu mano.


	hiere con saña fuerte
si 
	sólo no desciñes este abrazo,
que aun la faz de la muerte
-con ser tan 
	duro lazo-
pienso que ha de reír en tu regazo.


	25 de octubre, 1940
9.

Invitación al amor

(Ensayo de rima interna)

                                                           
	Para María del Rosario Oyarzun

	
Amigo, ten el paso presuroso;
mira este valle umbroso, esta pradera

	donde la primavera se derrama
y su sagrada llama va agitando,
el cáliz 
	desatando de las flores
que escondidos amores enardecen.
Mira cómo se 
	mecen en el viento
con leve movimiento rama y nido.
Pon atento el oído 
	al son del agua
donde el paisaje fragua un espejismo,
amándose a sí 
	mismo en ser ajeno.
Gusta el soplo sereno de la brisa,
y la tierna 
	sonrisa de este cielo,
y el misterioso anhelo de las cosas.

	
Las formas portentosas adivina
que la noche divina engendra y brota,

	la música remota de los mundos
los acordes profundos y distantes
que 
	en voces consonantes se responden
allí donde se esconden en el seno

	del infinito lleno de fulgores;
los oscuros temblores de la tierra
que 
	la simiente encierra y torna a vida,
y acaso, enardecida con la muerte,

	del mismo cuerpo inerte y miserable
el fruto deleitable en sí concibe.

	
El aullido percibe de la fiera
que de su madriguera en noche oscura

	llama con hambre dura su pareja.
Oye cómo se queja la floresta,
y en 
	la selva repuesta y misteriosa
el ave rumorosa, a par de viento,
el 
	grado amarillento al pico lleva
con que la flor renueva, e hinche el 
	tallo.

	
Y aun los amores callo de que el hombre,
eternizando el nombre del 
	proscrito,
pobló el tiempo infinito de su nada.
Basta que la mirada 
	desenvuelvas
y el ámbito revuelvas de la tierra,
y cuanto el mar 
	encierra, y a ti mismo
-si a tan profundo abismo el pie se atreve-,

	luego los ojos mueve a aquella altura
do brilla la hermosura de los 
	astros,
verás de Amor los rastros por doquiera:
Amor es ley primera, 
	suave y fuerte,
ley que vence la muerte, y como ella,
desde la blanca 
	estrella hasta el gusano,
nos lleva de la mano por el mundo.

	
En esta ley me fundo, caro amigo;
cuando en verdad te digo que no 
	aciertas
en antes querer muertas tus lozanas,
tus briosas, tus galanas 
	primaveras,
y tus flores primeras destruidas,
que no al amor rendidas 
	dulcemente.
No sea que, cruelmente derrocado,
vengas por tierra echado 
	como hiedra
que del muro de piedra no se abraza.

	
Y si el amor que pasa presuroso
arguyes de engañoso y deleznable,

	por otro no mudable Amor lo deja,
donde no tiene queja el tiempo aleve,

	ni el olvido se atreve a la mudanza,
y que, firme esperanza y llama 
	fuerte
traspasa las fronteras de la muerte.


	1 de julio, 1939
10.

Jezabel

Palidez consumada en el deseo,
suma de carne transparente y fina,

	ya sellada, en profética rutina,
para el soldado y para el can hebreo.

	
¡Oh desahuciada fiebre, oh devaneo
que oscila como péndulo en rüina,

	de un viñedo que el sol mimba y fulmina
a cruenta gloria y militar 
	trofeo!

	
Horror de pausa y de silencio, acaso
para no conocer turbias carreras

	del corazón, hacia el fatal ocaso,

	
ni sentir que en sus válvulas arteras
se endulza ya la sangre paso a 
	paso
para halagar las fauces de las fieras.

	
24 de agosto, 1944
11.

La

canción de junio


	Junio, brazada de soles
por el campo florecido,
¿qué le dirás a mi 
	alma
que quiera prestarte oído?
¿Qué le dirás a mi alma,
Junio, de 
	verde vestido?

	
El amor de los donceles
se fue por el monte arriba;
el amor de las 
	doncellas
siguiendo sus pasos iba;
ni un brote abierto dejaron,
ni 
	una flor dejaron viva...
Pan ha callado el arrullo
de su flauta 
	primitiva.

	
Junio, mojado de lluvia,
Junio, dorado de trigo,
rojo de tierra 
	del monte,
rostro de sátiro amigo,
¿si creerás que como otrora
hoy 
	me embriagaré contigo?

	
Casa de olvido me dieron
-muros altos, blancas tejas-;
mi Amado 
	cercó la entrada
del vellón de sus ovejas;
la paz me besó en el rostro

	tras los hierros de las rejas...
Por el bosque sosegado
Eros olvida 
	sus quejas...


	Junio, pintado de luna,

	Junio, de ardores ceñido,
¿qué le dirás a mi alma
que quiera prestarte 
	oído?
¿Qué le dirás a mi alma
Junio, de lluvia vestido?
12.

La canción intrascendente

Tonadilla de viajero:

	del corazón a la boca,
y de la boca, al sendero.

	
Siembra los rumbos del viento
y quién sabe
si vayas a hacer 
	granero
en la garganta de un ave.

	
Por los valles y los montes
anda a probar tu fortuna:
los cabellos 
	de los pinos
huelen a viento y a luna.

	
El río tiene su flauta
y la fuente sus espejos:
quédate y canta 
	con ellos,
nosotros vamos más lejos.

	
Tu padre no quiere oírte
después de haberte engendrado:
no eres 
	más que una canción
que el viento se habrá llevado.

	
Viajeros somos, viajeros
que andamos nuestro camino:
luna y monte, 
	monte y luna,
manta y silbo, pan y vino.


	Y como es recio el camino,

	llevamos por equipaje:
en el pecho, el corazón,
y en la boca una 
	canción
para el viaje.


	13 de junio, 1940
13.

Las piedras del camino se llenan de ternura...

Las piedras del camino se 
	llenan de ternura
y de musgos; los cielos contemplan con dulzura
los 
	senos azulosos del agua que se estanca.


	Clareando entre los charcos 
	de solo todos deshechos,
se hinchan de luz las agrias venas de los 
	helechos
tendidos sobre el fresco terror de la barranca.
14.

Mi cumbre solitaria y opulenta...

Mi cumbre solitaria y opulenta
declinó hacia tu valle tenebroso,
que 
	oro de espiga ni frescor de pozo
ni pajarera gárrula sustenta.

	
En tu luz gravitante y macilenta,
quebrado el equilibrio del reposo,

	vago sobre tu espíritu medroso
como un jirón de bruma cenicienta.

	
Libre soy de tornar a mis alcores
do Eros impúber la zampoña toca

	ceñido de corderos y pastores;

	
mas a exilio perpetuo me provoca
la chispa de tus ojos turbadores,

	la roja encrespadura de tu boca.

Versos y pensamientos de Concha Urquiza

4 citas
« Por lo que te he ofendido, dulce cariño mío, / quiero ser a tu anhelo cual »
Concha Urquiza · Arrepentimiento
« Aunque tu nombre es tierno como un beso / y trasciende como óleo derramado, »
Concha Urquiza · Aunque tu nombre es tierno como un beso...
« Oh dulce canto de viaje, / mi alegría y mi caudal, »
Concha Urquiza · Caminos
« Cancioncilla / ¿A quién contaré mis quejas, »
Concha Urquiza · Cancioncillas
Biblioteca poética

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