« Ancho es el mar; él ha / de separamos; »
Concha Méndez · Ancho es el mar; él ha de separamos...
Biografía y amplia selección de poemas de Concha Méndez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Concha Méndez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Ancho es el mar; él ha de separamos; quedarán nuestras almas enlazadas. Como un último retrato, en nuestros ojos impresas lucirán nuestras miradas. El barco en que he de ir está en el puerto; a éste seguirá otro en que tú vayas. Te esperarán mis brazos, no se en dónde... tal vez en algún puerto... en una playa..!
¿De qué trigal malherido te fueron a levantar, mi pobre ángel caído? ¿Acaso era tu destino ir tan lejos a acabarte y por eso tanta prisa tenías cuando marchaste? ¿Era la cita en Castilla y esa noche castellana para acogerte en sus brazos a esa hora te esperaba? ¡Qué ajena estaba mi vida a que tu vida marchaba en un viaje de ida sin más vuelta ni más nada!...
En una tarde, como
tantas tardes,
y en un gran parque de ciudad lejana,
para evadirse
del rumor ajeno
conmigo misma paseando estaba.
Era el frescor intenso, se veían
sobre los verdes las señales de
agua,
agua primaveral que da a la tierra
cierta sensualidad que
nos exalta.
En un remanso del florido parque,
junto a un banco de piedra
verde y blanca,
un gran rosal lucía en la penumbra
-la tarde ese
momento declinaba-.
Me senté a reposar y ancho perfume
sentí que
en mis sentidos se adentraba.
y se me vino al alma extraña angustia.
El ala de un recuerdo aleteaba...
¡Ah, sí, ya. sé!... ¡Perfume de
unas rosas!...
¡Otro país!... ¡El mío!... ¡Ya llegaba
a comprender
por qué!...
¡Era en sus brazos
donde un perfume igual yo respiraba!
Eran verdes como un mar, con reflejos de alto cielo. -¡Qué bien sabían mirar!- unos ojos que recuerdo. En la penumbra lucían con una luz de misterio, como dos claros abismos abiertos a mil deseos. Muchas horas tuve cerca los ojos verdes aquellos, que implorantes me miraban ¡y yo hacia por no verlos! Y hoy que mirarlos quisiera, están tan lejos..., ¡tan lejos!
Alguien dijo que «la risa es la gran enterradora». Algo se me está enterrando porque río a todas horas.
brazos que te han llevado... Los brazos que te han llevado, no te dejan escapar para volver a mi lado. Nos separa un ancho mar de difíciles tormentas, y náufrago has de llegar, si es que vuelves a mi puerta, para quererte salvar. Brazos que te sujetaron para alejarte de mí, ¡a mí sí que me salvaron!... Cuando ya no sepa de ti ¡qué bien estaré en la vida!, cuando ya no sepa de ti. Cuando no vuelvas a verme y mis horas sean mías y yo vuelva a ser quien era lejos de tu compañía: Cuando no te vean mis ojos, ¡qué bien me sabrá la vida! No faltará quien se alegre... Unos, porque no me quieran, y alguna porque me quiere... Tan sola no me has dejado, que estoy conmigo y me basta -igual que siempre lo he estado...
« Ancho es el mar; él ha / de separamos; »
« ¿De qué trigal malherido / te fueron a levantar, »
« En una tarde, como / tantas tardes, »
« mar, / con reflejos de alto cielo. »
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