« de nuevo / el verso por la vida »
Claudio Rodríguez Fer · Al encuentro de la vulva
Biografía y amplia selección de poemas de Claudio Rodríguez Fer. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Claudio Rodríguez Fer. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Abandono
de nuevo
el verso por la vida
proteica
abandono la palabra
al encuentro de la vulva.
De "A boca
violeta", 1987
Ámame anarquista
frenéticamente
mientras desato y suelto
el pañuelo que sujeta
tu cabello
y libero a tu pecho
ya sin freno
ya sin sentido
siempre hacia la frontera
roja y negra
y violeta
ámame hacia la izquierda
cara a cara
hacia la noche
hacia ti
siempre hacia ti misma
Ámame anarquista
mismo contra mí mismo.
De "Tigres de
ternura" 1981
Lengua lame emboca resbala lábil lenta lengua en el lodo en que yacente despierta resbala sierpe húmedamente y ardiendo de vidriados ciñe hábil. Labios consagrados nervio a nervio detrás delante al cabo frente a frente gamuzas como pubis refulgente y detenidos en el tiempo verbo a verbo. Piel con piel nácar en la carne almizcles congelados por la aurora espasman y jadean en la materia que arde. Y la vida se prolonga serena e infinitamente. De Poemas de amor sen morte, 1979.
Yo sé que existo porque puse una mano sobre tu vientre y sólo tú estabas dentro.
Todo amor tiene un espacio. Todo espacio un vacío. Y nos llenamos de nosotros vaciándonos de nosotros.
(fragmento)
Yo nací en un país verde finisterre que vago
errante tras manadas de vacas.
Incierto hijo soy de las tribus
móviles que sólo se
detuvieron cuando se les acabó el mundo.
No tengo otras raíces que
las de la espora ni
otra patria habito que la del viento.
Me siento de la estirpe de
aquellos pueblos nómadas
que nunca se constituyeron en estado.
Nuestro espíritu conoció el
abismo y el sentido
telúrico del entorno normal.
Nuestra historia es la del pueblo que
perdió el
norte y se confundió con los bueyes.
Pero yo recuperé el norte en
medio del naufragio
fluyendo sensualmente de la cabellera de la luna.
Y la inmensa
cabellera es laberinto en el que
solamente hablo a quien yo amo.
De "A boca
violeta", 1987
Pimentel ¿Te acuerdas amigo Luis de Lugo libre antes del espanto sobre el fango? Entraba la mañana por tu plaza y la luna abandonaba los bancos de la alameda. Desde la ventana acristalada veias levitar tu ciudad en el espejo que llevaba un obrero encima de la cabeza. Bajabas con cuidado por no romper las sábanas de niebla y lentamente sólo tú paseabas. (Lejos los arrabales se acercaban). La música del palco ponía guantes blancos a las banderas. Después llegaba el atardecer: la hora en que la ciudad era paisaje. Por la calle subían las casas en muletas y las murallas se dormían redondas y suaves. Tu decías: «Atardeceres de mi villa, largos, casi eternos. (Los años pasan rápidos; los días, lentos)». Y Lugo se abandonaba a la noche vigilado por su poeta de guardia. Pero una noche de lenta puesta de sol desamparaste de versos tanta calma. Y tu que creías que en un pueblo pequeño no había asesinos comprendiste que la ciudad había muerto. Con nadie podías cambiar tu sonrisa y todos los rostros resultaban forasteros. Para ti jamás volverían a ser alegres las banderas que sangran anilina. Los arrabales abatidos a balazos quemaban los últimos harapos y los surcos se abrían a los cadáveres que llenaban de metralla las vísceras de la tierra. y cada verso que escribías resultaba ser un surco de lágrimas que se convertía en cuneta. ¿Te acuerdas amigo Luis de Lugo en luto bajo la sombra fugacísima de las balas? Poeta en nicho cruzaste todavía el puente del terror y hubo más palabras para tus versos. (Tú sabías que la ciudad había muerto). Seguramente un día saludaste a mis padres en el parque o en la alameda y me dijiste algo porque yo ya había cumplido y mantenía implacable la alegría. Pero tu sabías como nadie que los niños también mueren que existen niños solitarios y tristes extraños niños que conocen la muerte. Prematuramente desvelado yo nunca olvidé tu canción para que un niño no duerma. (En los arrabales ya no quedaban niños). ¿Te acuerdas amigo Luis de tanta sombra sin luces por la bruma de Lugo? De "Lugo blues", 1987
Cuando
nos abrazamos
vamos
a otro mundo
donde
nos abrazamos
y marchamos
a un trasmundo
donde
nos abrazamos
y donde tal vez sólo
nos abrazamos.
De "Tigres de
ternura", 1981
Yo, que tantos hombres he sido
Borges
Porque de tantas vidas que tuve estoy ausente
y soy, a la vez soy aquel hombre que fui.
Neruda
Tú,
que tantos hombres has sido,
no fuiste aun
aquel
que subió conmigo
a las montañas nubladas,
donde está
escrito:
«Ellos vendrán.
Vendrán erguidos
por la oscura niebla
donde
levita Galicia.
Los caballos serán fulgurantes.
Las botas altas y
negras.
Azules las miradas y las casacas;
las fustas, negras.
Traerán un aroma a roble,
una hoz y una bandera roja.
Bajarán por
la gándara
enamorando a las doncellas.
Quizás vengan dos.
Los
caballos azules.
Botas y espuelas negras.
La bandera, roja.
Uno traerá la hoz,
otro la esperada enseña.
Recitarán a Ossián,
agotarán las cepas,
hablarán de los hombres de las pallozas antiguas.
Bajarán por la
gándara,
relampagueante de cascos,
silenciosa de estoicos
guerreros.
No lo olvidéis.
Ellos vendrán por la oscura niebla.
Uno será un caballero,
traerá hoz de bronce,
y en el porte mítico
veréis
que desciende de Breogán.
El otro será apacible,
traerá
la palabra
y vendrá con el estandarte rojo.
Que la tierra que
pisen sea fmne,
el vino noble y las mujeres propicias».
Mientras,
a mi me sucede lo contrario
que a Pasolini con
Gramsci:
estoy contra ti en la luz,
más contigo en las oscuras
tinieblas.
y es que yo creo en la lógica de las cosas,
pero no
creo en la lógica.
Por eso fui tantos hombres
como mujeres tuve.
Y por si alguna vez nos encontráramos
recuerda que yo subí a la
cumbre de la montaña,
que divisé el abismo
y que bajé por ti.
Recuerda,
que estoy esperando el día
que serenes tu palabra,
liberes de nuevo el grito de los antiguos
y me digas que estás
dispuesto a subir.
Entonces lo dejaremos todo,
quemaremos la
última noche que nos queda,
y en los caballos azules
subiremos a
las montañas nubladas,
traspasando la oscura niebla
donde levita
Galicia
y donde termina nuestro laberinto.
Juntos cazaremos todos
los ciervos pardos
y regresaremos cubiertos por pellejos de lobo.
Después nos perderemos en los barrancos,
librando cadenas,
prendiéndonos de cabelleras femeninas,
hasta consumar el ciclo, .
allá,
donde no hay estado, ni dios, ni poder.
De "Poemas de amor sen morte" 1979
« de nuevo / el verso por la vida »
« Ámame anarquista / frenéticamente »
« Lengua lame emboca / resbala lábil »
« Yo sé que existo / porque puse una mano sobre tu vientre »
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