Poesía Universal

Claudia Lars

Biografía y amplia selección de poemas de Claudia Lars. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Claudia Lars. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Claudia Lars

24 poemas seleccionados
1.

Primera

parte


	                                          
	Nadie contó la inmensa muchedumbre
                                          
	de espíritus que, en torno de su lumbre,
                                                      
	cantan sus alabanzas inmortales.
                                                         
	Sus infinitos rostros reproducen
                                                 
	la faz tremenda y la visible espalda.
                                                                                          
	Yehuda Halevy 
                                                   
	(Los ángeles del Cielo del Altísimo)
2.

* * *

1. Me salva de mí misma:
huésped 
	del alma en alma devolviendo
la palabra que abisma,
lo que entiendo y 
	no entiendo
por este viaje en que llorando aprendo.

	
Amoroso elemento
forma su fina y leve arquitectura;
con ágil 
	movimiento
de flor sin atadura
abre su vuelo reino de blancura.

	
Sube de mí, conmigo,
a cumbres de silencio, a ruido vano;
siendo 
	el eterno amigo
con invisible mano
siembra fuego cantor en barro 
	humano.

	
Su llamada secreta
colma venas de noche, luz vigía;
es canción y 
	saeta,
profunda compañía,
íntimo sol... para mi breve día.

	
Le he visto por la nube
con rabel de pastor cuidando sueños;
por 
	su arboleda anduve
sobre aromas pequeños,
y era el abril de verdes 
	abrileños.

	
Cuando el clavel tenía
edad de tierna boca adolescente;
cuando el 
	gorrión ponía
aleteo en mi frente,
él ya me daba su lección paciente.

	
Mi soledad le pide
alta verdad y voz corregidora;
sé que su tiempo 
	mide
vida razonadora
y miseria viviente, hora tras hora.

	
Calor sin mengua vierte
en puertasola, bajo nieve hundida;
amando 
	me convierte
en amante aprehendida,
y ya no puedo estar semidormida.

	
Contraluz de mi pecho
a veces me lo vuelve casi nada;
mas del 
	soplo deshecho
su pena derramada
es goce de otra cita enjazminada.

	
Isla de mar adentro,
donde dulce marea crece y canta;
iluminado 
	centro
que hasta el cielo levanta
angélico poder de mi garganta.


	* * *
3.

Segunda parte

Preguntáronle al amigo qué cosa era
                                      
	bienaventuranza, y respondió: malandanza
                                                                                      
	sostenida por amor".
                                                                                               
	Raimundo Lulio.
                                                                               
	(Del amigo y del amado)
4.

Tercera parte

La primera creación de Dios fue la luz
                                               
	de los sentidos; la última fue la luz de
                                           
	la razón. Su obra del Sabbath es, desde
                                               
	entonces, la iluminación del espíritu.
                                                                                                              
	Bacon
                                                                       
	(Ensayo sobre la verdad)
5.

Mi

5. Mi frente:

	avecillas golpeándose
las alas.

	
Mi verso:
pequeña luz,
apenas alumbrando.

Mi mano:
aquí 
	mi libertad
y mi combate.

	
Mis ojos:
sobre la tierra
el blanco sol del alma.

Mi pecho:

	mansión del vigilante.

	
Adentro El Bienvenido 
naciendo en mí y en todos los humanos:

	profundo como el sueño,
envuelto por la noche,
rodeado de las bestias

	y de todos sus ángeles.

	
Naciendo...
La navidad oculta
deja una estrella aquí
y allá una 
	lágrima;
y así vemos los montes, los caminos,
y el rostro del hermano.

	
Es interna la aurora
y empieza a despertarse...
Si no hace en tu 
	vida y en mi vida
de nada han de servir
las horas de batalla.

	
Aprendo mi lenguaje con el ángel,
cuando en silencio habla
y por 
	eso dispongo de oraciones
bellamente eficaces:

	
"Que la luz primogénita
ilumine la mente de los hombres.

Que 
	la paz de los sueños y los cantos
se establezca en el mundo para siempre.

	
Que aprendamos, gozosos,
a servir como libres servidores.

Que 
	olvidemos agravios,
instalando el amor en ese olvido.

	
Que el ángel más radiante
con nuestro propio corazón nos guíe.

	
Que así sea. Así sea.
Y que yo, humildemente,
cumpla mi humilde 
	día de servicio".
6.

8.

¿Llena tu blanco fuego 
	mi sentido?

	¿Hablo de mi camino transparente,

	del nombre que me habita, del viviente

	a veces escuchado y comprendido?

	

	Crece una luz... su vuelo, su latido

	son el poder de la criatura ardiente:

	ángel guardián, amigo de mi frente,

	memoria de un país que casi olvido.

	

	Celeste donador: sin ti sería

	la tierra negro aliento, masa fría,

	isla ciega en las noches de su nada.

	

	Ángel: cantemos el fulgor desnudo,

	tus alas encendidas y tu escudo

	y en mis ojos la tierra iluminada.
7.

Casa sobre tu pecho

Hace diez años, hace cinco años,
                                                                                                     
	un año hace...
                                                                
	A pesar de eso llegaste a tiempo,
                                                                                     
	aunque un poco tarde.
                                                                          
	Christina Georgina Rossetti
8.

1.

A medio otoño, casi 
	del olvido
volviendo con la rosa del verano.
El mar del corazón bajo 
	tu mano
y el camino de ayer para el oído.

	
No es golondrina, no, la que ha venido
al cielo de este cielo 
	cotidiano.
Porque llega del frío más lejano
sabe escoger la tarde de 
	su nido.

	
Así, con simples nombres de acomodo, 
voluntaria de ser, en nuevo 
	modo,
tu sabor y tu clara compañía.

	
Si recojo praderas en tu casa,
ya presiento la rosa que no pasa
y 
	soy nueva en la rosa todavía.
9.

Detrás

2. Detrás de las 
	orillas iniciales,
de la agitada soledad de afuera,
un suave octubre, 
	de caricia entera,
y una isla dulce, en olas de rosales.

	
Pues nunca los amores son iguales
este arrimo de amor, a tu manera,

	de una lejana y muerta primavera
saca el reino del musgo y los panales.

	
Recuerda... y recordando... en sabio río
a breve sangre anuda lo 
	infinito,
iluminado y tierno en su desvelo.

	
Y un poder encendido por tu llama
junta el panal, el musgo y la 
	retama,
para esta casa tuya, entre mi pelo.
10.

A

3. A ti, todo el 
	poder de mi sentido:
este valle de yerba y de paloma,
mi profunda 
	violeta con su idioma
en los verdes recodos aprendido.

	
A ti, mi río-fuego, detenido
en un labio sediento, que lo aroma;

	mi ágil laurel y el pájaro que asoma
dando el país del aire en su latido.

	
Toda mi tierra corporal y oscura:
la que acoge, levanta y asegura,

	recia en la entraña y en el tacto fina.

	
No ha de quedar a piel de amor el goce,
porque ya tu mirada reconoce

	tierra adentro, la luz de cada espina.
11.

Tu

4. Tu casa tiene 
	un nombre de tristeza:
un leve nombre de ceniza y frío.
Toca el fértil 
	azul del nombre mío
y es noche oculta en que tu voz tropieza.

	
Antes fue claro y vivo, con riqueza
de fácil nardo y de inicial 
	estío;
iba copiando cielos como un río
y en él, para mi amor, tu amor 
	empieza.

	
Yo recojo ese nombre de la muerte
y lo acerco a los dos, sin que 
	despierte,
mientras un gran silencio nos anuda.

	
Me crece de los ojos nueva tierra,
y el nombre queda en ti, y en ti 
	se encierra,
guardando el clima de tu patria muda.
12.

Aquí

5. Aquí a tu 
	lado, en medio de las cosas
y del recuerdo... tuya, conmovida.
Por tu 
	claro hospedaje detenida
y también por tus horas dolorosas.

	
Van a tu amor las arpas de las rosas
y todos los rosales de la vida.

	Ya no pierdo mi frente, ya encendida
es tu jardín, la tarde en que 
	reposas.

	
Inmensidad de cielo y tierra envuelve
esta alianza secreta que 
	resuelve
pasos de ayer en casa tan segura.

	
De ti saldrán los días venideros
y en los junios de luz o en los 
	eneros
tendré el hondo crecer de esta dulzura.
13.

Sobre

rosas y hombres

                                                                
	A una casa de rosas no te acerques
                                                           
	demasiado... que estragos de la brisa 
	
                                                                 
	o el rocío inundándola, una gota...
                                                                       
	abatirán su muro amedrentado.
                                                                                                       
	Emily Dickinson
14.

Está

1. Está 
	mirando el cielo,
pero se apoya en una escala de ceniza
y define su 
	invencible linaje
antigua en ella misma
y pasajera.

	
Sé que retorna para el breve latido
entre gorriones y niños sin 
	tiempo,
derramando su cintura de ráfaga,
su piel de olor y su cercana 
	muerte. 
	

¿Puedo guardar mi labio
cuando ella quema su tiernísimo cuerpo

	y prepara las órbitas del suspiro
y dispone de la abeja geométrica?

	
A su cautivo fuego
llega mi fuego libre, con su entrega de llamas,

	y toca las orillas de un aromado incendio
y recibe su júbilo y su 
	alianza.

	
Mientras todo lo vivo tiene sombra en el rostro
ella, la embellecida, 
	arde en el suyo para siempre.
¡Mirad el eslabón de su primer mañana,

	su panal voluntario y su viaje sediento!

	
De un deshecho arrebato
vuelve a su reino por azul semilla
y en 
	ciudadela de aire se defiende
y convoca puñales y violines.

	
Esposa renovada
que salta del olvido con su paso de miedo.
¿Dónde 
	sus verdes ángeles nupciales,
su llave de oro y su misterio?

	
¡Ah, ceñidla de asombro!
¡Buscad su noche ardiente y su combate!

	Yo podría decir su lámpara de pétalos.
Ella dirá, tal vez, mi tiempo de 
	rosales.
15.

Porque

2. Porque guardo la rosa:

	porque la llevo, adentro,
como una llama dócil que obedece
a un fuego 
	nunca visto
y a un coral encendido entre mareas.

	
Su corazón eterno
vive bajo mi pecho y mi palabra.
Su profunda 
	raíz, color de vino,
estalla siete veces
en siete nuevos trajes del 
	aroma.

	
Conozco el río interno donde canta
y el barquero dormido
que la 
	trae a mi labio, dulcemente.
Conozco su silencio
y también su lenguaje 
	melancólico.

	
De su torre de espinas
brota un clima de luz que me sostiene;
un 
	maduro recuerdo del recuerdo,
con sus nombres caídos
y sus puertas a 
	orillas del sollozo.

	
¡Qué soledad de flor puede saberla
como yo... como el gajo
de 
	estas ascuas pequeñas que me llevan
buscándola, llamándola,
hasta 
	encontrar su rama enajenada?

	
nos hermana un secreto:
tal vez todo el amor que va conmigo.

	Ligaduras de edades nos acercan.
Inmóviles palomas nos vigilan.

	
Suelta corre en mi sueño,
inaugurando tiernos horizontes,
y a mi 
	deseo sube, sin decirlo,
con su licor de meses
y su jardín de cuerpos 
	y abandonos.
Creo que puede ser mi propia sangre,
mi perdido planeta,

	este bulto de cálida alegría
y esta mina de fuego.

	
Para marcar su sitio,
su vestido de rosa entre las rosas,
estoy 
	aquí, viviéndola en mi tacto,
en numerosas muertes
y en la sien 
	desvelada en ruiseñores.
16.

Estoy

3. Estoy hablando de la 
	rosa
con un hombre dormido.

	
¿Sabéis que escucha el hombre, en su trasmundo,
como se escucha el 
	mar a medio sueño,
y apenas sabe que la rosa vive
perdida en mi 
	palabra
y en el alcance oscuro de su cuerpo?

	
Duerme el hombre -mi hombre-
sobre la fiel presencia de la rosa
y 
	sus limpias bondades.
Duerme sobre el abril de las semillas,
sobre su 
	guerra joven
y su memoria de divinos pájaros.

	
Las sábanas recogen
el goce balbuciente, el "yo te amo",
y alzan 
	una región de dulces pliegues,
secreta, preferida,
donde la rosa casi 
	le despierta.

	
Yo interpreto la rosa,
pero cae a sus pies y no la mira.
Una 
	extraña vergüenza nos aparta.
Una súbita helada nos castiga.

	
El hombre duerme y duerme...
Nocturnamente busca lo que es suyo

	Tanteando va, por valles de alimento,
y apaga las señales
y encuentra 
	su cabeza en mi cintura.

	
¿Cómo explicar la rosa y su destino?
¿Su incendio azul y su ribera 
	frágil?
¿Cómo decirle, sin herir su lecho,
mi patria solitaria?

	
A la tiniebla el paso.
Mi pequeñez tras los sombríos muros.
Ya 
	vendrán voces nuevas, nueva casa,
y el horizonte que me entregue el 
	mundo.

	
¡Primavera colmada,
para vivir la rosa del dormido!
Dos torcaces 
	mellizas le consienten
y un adiós le desangra
en la rosa humillada y 
	fugitiva.
17.

Cuando

4. Cuando vuelvo a tu 
	nombre
hallo mi rosa solitaria
como llama en desvelo.
También en 
	juventud de mil jardines,
sedienta, de tan joven.

	
Tu sitio de laurel, tu aislada torre,
-entre verdad y nube para el 
	sueño-
permanecen a orilla de los pájaros
que daban corazón a la 
	hojarasca.

	
Me pongo a ver mi cuerpo de aquel jueves
y mi pañuelo blanco.
Si 
	del adiós venía, sin camino,
¿qué cruz de azar me señaló tu casa?

	
Porque tú estabas en esbelta sangre
alumbrando secretos en los 
	libros,
midiendo el tiempo con estrellas altas,
huido y buscado dentro 
	del suspiro.

	
¡Ah, mi asombro dichoso, mi pregunta,
tu voz de caracol, llena de 
	mares!...
Ya estoy al pie del aire, en lo terrestre.
Ya por mis 
	piernas suben los manzanos.

	
Quería descansar en tu silencio,
ir por tus venas hasta el niño de 
	antes;
tal vez medir el río verde-lágrima
que te pone en los ojos ese 
	bosque.

	
Y miraba lo tuyo como tuyo:
tu alero y tus ventanas,
la compañera 
	de tu noche antigua,
las tres ángelas, siempre en delantales.

	
Pero dolía todo por gozoso,
por su virtud de vida,
porque era yo 
	como un panal colmado,
como una luna libre.

	
Demonios pequeñitos instalaron
aquella niebla en medio de nosotros

	y fui, desde la nuez de la tormenta,
la siempre agitadora.

	
Donde apenas tocamos nuestro suelo
de casi paraíso
¡qué límite 
	cerrado, qué metales
para mi nueva herida!

	
Sin embargo, mi cielo penetrante
te deja una paloma,
y mi sal, tan 
	amarga y tan activa,
un ramito de aljófar.

	
Para tu puerta esta señal de ola
y este idioma de olvido para el 
	mundo
¿Hacia dónde mi paso sin deseo?
¿A quién este abandono?

	
Entre rosales vienen los amantes
con su rosa del día.
Sobre la 
	muerte caen, inmortales,
con sus rojas espinas.
18.

Es

5. Es cierto 
	que llegaste de tu arrojo
hasta mi cuerpo dulce y sorprendido.
Amor 
	había estado entre mis lágrimas.
Nunca en la oscuridad de mis raíces.

	
Llegaste con tu incendio sobre el agua,
con tu pecho de sal y tu 
	camisa.
Yo habitaba el solar de los recuerdos
y era mi corazón como 
	una isla.

	
De pronto te miré, dándome el mundo,
sin más poder que tu bandera 
	libre.
¿Qué arboleda lloraba en tu silencio
y qué historia de oleaje 
	en tus heridas?

	
Sudoroso de fuerza y de trayecto,
íntimo del adiós y del peligro,

	en mi suave verano por las rosas
fuiste cálidamente precedido.

	
Yo adivinaba los secretos gajos
y el hondo valle, más que paraíso...

	Todo el horario de palomas súbitas.
Todo el abrazo de mi propio abismo.

	
Pero la tierra no me aprisionaba
con el nudo caliente de sus limos.

	Era del sueño, como flor de nubes,
y era del aire, como golondrina.

	
Alarmó mi quietud aquel llamarme,
aquella fuerza tuya, detenida.

	¿Cómo negar que en el convulso encuentro
tuve la luz terrible y la 
	ventisca?

	
¡Qué importa que tu rosa nos dejara
tan sólo su aromado torbellino

	y que perdure, en el correr del tiempo
el corazón punzante de la espina!

	
Hablaré de mi suelo poderoso,
de la angustia, la sangre y el olvido.

	Tendré un país dorado en la memoria
y en la frente un camino de ceniza.
19.

Instante

y elegía de un marino

                                                                                        
	(De Regreso a mi Padre)

                                               
	Y digo que nunca hablaré de la muerte y del
                                                                                             
	amor en sitio cerrado.
                                                                                                            
	Walt Whitman
20.

Sin

1. Sin 
	rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su 
	sangre como un pájaro.

	
Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda 
	que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de 
	los viajes.

	
Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias 
	palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que 
	buscaba una flor en las espumas.

	
Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en 
	su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

	
Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando 
	señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.
21.

Entre

2. Entre la niebla, el 
	hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los 
	retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

	
Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,

	llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con 
	rumor de la isla en cada pliegue.

	
Ni la casa tranquila,
ni la harina con miel y con manzana,
ni el 
	licor del barril, lleno de risas,
pudieron detener aquel impulso,

	aquel vaivén de muertos entre sales
llamando siempre con su voz nocturna.

	
Sumiso a los mandatos invisibles
pregunta sin querer -como antes, 
	otros,-
la razón del adiós y la distancia,
y la busca en el hierro de 
	los muelles
y en el mojado grito de los ánades.

	
...Ya la proa divide nuevos vientos
y brazos de agua y cielo ya le 
	ofrecen
tiernas playas, de frutos,
y también la delicia de estar 
	triste.

	
Pero ella va en su cuerpo como gota:
burbuja sumergida y navegante.

	Tal vez entre los hielos derretidos,
tal vez en fino idioma, que no 
	entiende.
22.

Y

3. Y un día, sobre el 
	tiempo,
en bulto de pañal y carne frágil
el hombre la recibe:
¡niña 
	del mar salida de sus venas!

	
¿Por qué cubre su sexo
y estudia el cielo tibio de su frente?
¿Por 
	qué le duele su temblor de ola,
su vegetal pujanza
y la estrella 
	gozosa?

	
Ella le burla y le desprecia el miedo,
esbelta de alegría y de 
	palabra,
hija de sal y de olvidadas lunas
pero toda del pecho de la 
	costa.

	
Y el hombre, sometido,
borrando la llamada de las barcas
siembra 
	su corazón en tierra firme
y en aldea de musgo y de regazo.
23.

Una

4. Una noche la sangre
habló 
	con viejos nombres del olvido.
Habló a la niña, con rumor oculto,
y en 
	golfos quietos de su propio oído.

	
Despertando preguntas,
moviendo oscuros limos germinales,
la 
	sangre recobró su voz antigua
y trajo aquellos mares de regreso.

	
Y le embrujó las horas
por donde el sueño descubría rumbos.
De su 
	cauce brotaban peces vivos,
saetas musicales
y los escombros de una 
	casa de humo.

	
Y el hombre, con angustia, 
miró en sus ojos cien países nuevos.

	¿En dónde su alga suelta, su gaviota,
buscaría el color de la tormenta?
24.

Los dos reinos

A Eunice Odio 


	
                                                                
	Quien así encadenare una alegría
                                                                                 
	malogrará su vida alada;
                                                  
	pero quien la alegría besare en su aleteo
                                                                       
	vive en el alba de la eternidad.
                                                                                                         
	William Blake

Versos y pensamientos de Claudia Lars

4 citas
« parte / Nadie contó la inmensa muchedumbre »
Claudia Lars · Primera
« 1. Me salva de mí misma: / huésped »
Claudia Lars · * * *
« Preguntáronle al amigo qué cosa era / bienaventuranza, y respondió: malandanza »
Claudia Lars · Segunda parte
« La primera creación de Dios fue la luz / de los sentidos; la última fue la luz de »
Claudia Lars · Tercera parte
Biblioteca poética

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