Amor
Todos lo
que amo
están en ti
y tú
en todo lo que amo.
Biografía y amplia selección de poemas de Claribel Alegría. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Antología lírica (29 poemas seleccionados)
Todos lo
que amo
están en ti
y tú
en todo lo que amo.
Yo,
poeta de
oficio,
condenada tantas veces
a ser cuervo
jamás me cambiaría
por la Venus de Milo:
mientras reina en el Louvre
y se muere de tedio
y junta
polvo
yo descubro el sol
todos los días
y entre valles
volcanes
y despojos de guerra
avizoro la tierra prometida.
Hola
dije mirando
tu retrato
y se pasmó el saludo
entre mis labios.
Otra vez la punzada,
el saber que es inútil;
el calcinado clima
de tu ausencia.
Malogrados los ojos
Oblicua la niña temerosa,
deshechos los
bucles.
Los dientes, trizados.
Cuerdas tensas subiéndome del
cuello.
Bruñidas las mejillas,
sin facciones.
Destrozada.
Sólo me quedan los fragmentos.
Se han gastado los trajes de entonces.
Tengo otras uñas,
otra piel,
¿Por qué siempre el recuerdo?
Hubo
un tiempo de paisajes cuadriculados,
de gentes con ojos mal puestos,
mal puestas las narices.
Lenguas saliendo como espinas
de acongojadas bocas.
Tampoco me encontré.
Seguí buscando
en las conversaciones con los míos,
en los salones de conferencia,
en las bibliotecas.
Todos como yo
rodeando el hueco.
Necesito
un espejo.
No hay nada que me cubra la oquedad.
Solamente
fragmentos y el marco.
Aristados fragmentos que me hieren
reflejando un ojo,
un labio,
una oreja,
Como si no tuviese
rostro,
como si algo sintético,
movedizo,
oscilara en las
cuatro dimensiones
escurriéndose a veces en las otras
aún
desconocidas.
He cambiado de formas
y de danza.
Voy a morirme
un día
y no sé de mi rostro
y no puedo volverme.
Barajando recuerdos
me encontré con el tuyo.
No dolía.
Lo saqué de su estuche,
sacudí sus raíces
en el viento,
lo puse a contraluz:
Era un
cristal pulido
reflejando peces de colores,
una flor sin espinas
que no ardía.
Lo arrojé contra el muro
y sonó la sirena de mi
alarma.
¿Quién apagó su lumbre?
¿Quién le quitó su filo
a mi
recuerdo-lanza
que yo amaba?
Cada vez que te amo
vida y muerte
están presentes:
amanecer
y noche
paraíso
sepulcro.
Mi querido Odiseo:
Ya no es posible más
esposo mío
que el
tiempo pase y vuele
y no te cuente yo
de mi vida en Itaca.
Hace
ya muchos años
que te fuiste
tu ausencia nos pesó
a tu hijo
y a mí.
Empezaron a cercarme
pretendientes
eran tantos
tan
tenaces sus requiebros
que apiadándose un dios
de mi congoja
me
aconsejó tejer
una tela sutil
interminable
que te sirviera a ti
como sudario.
Si llegaba a concluirla
tendría yo sin mora
que
elegir un esposo.
Me cautivó la idea
que al levantarse el sol
me ponía a tejer
y destejía por la noche.
Así pasé tres años
pero ahora, Odiseo,
mi corazón suspira por un joven
tan bello como
tú cuando eras mozo
tan hábil con el arco
y con la lanza.
Nuestra casa está en ruinas
y necesito un hombre
que la sepa regir
Telémaco es un niño todavía
y tu padre un anciano
preferible,
Odiseo
que no vuelvas
los hombres son más débiles
no soportan
la afrenta.
De mi amor hacia ti
no queda ni un rescoldo
Telémaco está bien
ni siquiera pregunta por su padre
es mejor para
ti
que te demos por muerto.
Sé por los forasteros
de Calipso
y de Circe
aprovecha Odiseo
si eliges a Calipso
recuperarás la
juventud
si es Circe la elegida
serás entre sus chanchos
el
supremo.
Espero que esta carta
no te ofenda
no invoques a los
dioses
será en vano
recuerda a Menelao
con Helena
por esa
guerra loca
han perdido la vida
nuestros mejores hombres
y
estas tú donde estas.
No vuelvas, Odiseo
te suplico.
Tu discreta Penélope
Estimado señor:
Esta
carta la escribo en mi cumpleaños.
Recibí su regalo. No me gusta.
Siempre y siempre lo mismo.
Cuando niña, impaciente lo esperaba;
me vestía de fiesta
y salía a la calle a pregonarlo.
No sea usted
tenaz.
Todavía lo veo
jugando ajedrez con el abuelo.
Al
principio eran sueltas sus visitas;
se volvieron muy pronto
cotidianas
y la voz del abuelo
fue perdiendo su brillo.
Y usted
insistía
y no respetaba la humildad
de su carácter dulce
y sus
zapatos.
Después me cortejaba.
Era yo adolescente
y usted con
ese rostro que no cambia.
Amigo de mi padre
para ganarme a mí.
Pobrecito el abuelo.
En su lecho de muerte
estaba usted presente,
esperando el final.
Un aire insospechado
flotaba entre los muebles
Parecían más blancas las paredes.
Y había alguien más,
usted le
hacía señas.
El le cerró los ojos al abuelo
y se detuvo un rato a
contemplarme
Le prohíbo que vuelva.
Cada vez que los veo
me
recorre las vértebras el frío.
No me persiga más,
se lo suplico.
Hace años que amo a otro
y ya no me interesan sus ofrendas.
¿Por
qué me espera siempre en las vitrinas,
en la boca del sueño,
bajo
el cielo indeciso del domingo?
Sabe a cuarto cerrado su saludo.
Lo
he visto con los niños.
Reconocí su traje:
el mismo tweed de
entonces
cuando era yo estudiante
y usted amigo de mi padre.
Su
ridículo traje de entretiempo.
No vuelva,
le repito.
No se
detenga más en mi jardín.
Se asustarán los niños
y las hojas se
caen:
las he visto.
¿De qué sirve todo esto?
Se va a reír un
rato
con esa risa eterna
y seguirá saliéndome al encuentro.
Los
niños,
mi rostro,
las hojas,
todo extraviado en sus pupilas.
Ganará sin remedio.
Al comenzar mi carta lo sabía.
Otro círculo
amor
que hemos cumplido
¿será este el último
en cerrarse?
¿Cómo será el
encuentro?
Descarnados los dos
sin tu mirada
sin mis labios
posándose en los tuyos.
Partículas de luz quizá seremos
que se
atraen
se buscan
se amalgaman.
Desde tu ausencia
llamo
de tu exilio
desde este viento
sur
que te convoca
y se asemeja a ti.
Creí pasar mi tiempo
amando
y siendo amada
comienzo a darme cuenta
que lo
pasé despedazando
mientras era a mi vez
des
pe
da
za
da.
"Hoy me gusta la vida mucho menos
pero siempre me gusta vivir"...
César Vallejo
Dame tu mano
amor
no dejes que me hunda
en la tristeza
Ya mi cuerpo aprendió
el
dolor de tu ausencia
y a pesar de los golpes
quiere seguir
viviendo.
No te alejes
amor
encuéntrame en el sueño
defiende tu memoria
mi memoria
de ti
que no quiero extraviar.
Somos la voz
y el eco
el
espejo
y el rostro
dame tu mano
espera
debo ajustar mi
cuerpo
hasta alcanzarte.
A veces
pienso en ti
en lo que pudo ser
en tu ternura presa
en las deshoras.
Soy una chispa
en la tierra
un desahogo fugaz
del corazón que nos piensa.
Nunca más esta lluvia
ni esa mancha de luz
en el peñasco
ni el borde
de esa
nube
ni tu inmóvil sonrisa
fugitiva.
Nunca más este instante
que ya me dice adiós
desde tus ojos.
Cuando el amor se aja
se marchita
se te vuelve amarillo
no hay remedio
sólo te queda
la sonrisa.
Cuando te sientes sola
entre sus brazos
y tu piel
es frontera
y no te brota el llanto
sólo te queda
la sonrisa.
Cuando te sientes sola
entre sus brazos
y tu piel es frontera
y
no te brota el llanto
sólo te queda
la sonrisa.
Cuando el canto
se oxida
y el paisaje
y todo lo vivido
es un espectro
tu
único refugio
es la sonrisa:
ese muro cerrado
impenetrable
sin ayeres
sin hoy
y sin mañanas
donde todos los sueños
se
hacen trizas.
...existen los barrotes
nos rodean
también existe el catre
y sus ángulos duros
y el poema río
que nos sostiene a todos
y es tan sustantivo
como el catre
el poema que todos escribimos
con lágrimas
y uñas
y carbón.
No sé si
con tu muerte
has quedado a la zaga
¿eres recuerdo?
o has dado un salto
repentino
que yo tendré que hollar
hasta alcanzarte.
Ese beso de ayer
me
abrió la puerta
y todos los recuerdos
que yo creí fantasmas
se levantaron
tercos
a morderme.
Estás vivo en mi pecho
y sólo yo te siento.
Eres el alquimista
que transforma en poesía
nuestro llanto.
Es extraño este huésped
este amor
cuanto más me despoja
más me colma.
Florecen
los almendros
en Mallorca
y no estás para verlos.
De mi balcón anoche
los vi fosforecer.
Te llamé por tu nombre,
conjuré tu fantasma,
te perfilé de
pétalos caídos
y una ráfaga de aire
te rasgo.
Fui la nube
y la lluvia
y el mar
y quiero ser la tarde
y la muralla
y tú.
Hoy es noche de sombras
de recuerdos-espada
la soledad me tumba.
Nadie que aguarde mi
llegada
con un beso
y un ron
y mil preguntas.
La soledad
retumba.
Quiere estallar de rabia
el corazón
pero le brotan
alas.
Digo amor
y lacera mi cuerpo
el desamparo.
Sólo éste ahora es mío
este momento
el pasado escapó
y no vislumbro el rostro
del futuro.
Ya la ceiba no existe
derrumbaron mi ceiba
se hicieron añicos los espejos
eché a secar mi Río
y se
escondió la luna.
Estoy vacía de deseos
mi espada
en su estuche de satén.
¿Por qué ahora
por qué
busca seducirme
la poesía?
Entró por la ventana
y se posó en mi mano
la miré con nostalgia
se entreabrieron
mis labios
y con un leve soplo
la alejé.
No te pierdas, Teseo
vuelve a mí.
La playa está desierta
tengo los pies sangrientos
de correr en tu busca
¿será que me engañaste
dejándome dormida en
esta isla?
Perdóname, Teseo
¿Recuerdas nuestro encuentro?
amor
eterno me juraste
y yo te di el ovillo
y volviste a la luz
después de haber
destruido
al minotauro.
¿Te secuestró algún dios
sintiéndose
celoso?
No me inspiran temor
ni Poseidón
ni Zeus
es de fuego
mi ira
y se alzará
desde estas aguas
hasta el cielo.
Vuelve,
vuelve, Teseo
no te pierdas
en los laberintos
de la muerte
anda suelto
el ovillo de mi amor
atrápalo, Teseo
vuelve a mí
soy tu tierra
tu luna
tu destino.
Clava en mí tus raíces.
Edición física y antologías recomendadas para disfrutar de su obra lírica completa:
Poesía completa y antología lírica — Claribel Alegría
Edición crítica con notas, cronología y contexto biográfico esencial.
Selección de poemas universales — Claribel Alegría
Los poemas más representativos y conmovedores de su trayectoria.