Poesía Universal

Cintio Vitier

Biografía y amplia selección de poemas de Cintio Vitier. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Cintio Vitier. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Cintio Vitier

15 poemas seleccionados
1.

Ahora que empieza a caer, del cielo...

Ahora que empieza a caer, del cielo...


		                                                                                            
		A mi esposa


		Ahora que 
		empieza a caer, del cielo
de nuestra vida, que sólo nosotros podemos 
		ver,
profundo, estrellado, carne y alma nuestra,
ese polvillo 
		sagaz en tu nocturno pelo,
ahora que el lápiz finísimo, grabando

		una medida sagrada, una cantidad misteriosa
del vino que sube en la 
		jarra de la ofrenda,
empieza a trazar, junto a tus ojos, vivos

		como ciervos bebiendo en el agua extasiada,
junto a tus labios que 
		han dicho todas las palabras que adoro,
las huellas del tránsito de 
		nuestra juventud,
ahora, lleno de un fuego y de un peso de amor que 
		desconocía
porque estábamos engendrándolo secretamente en nuestro 
		corazón
y es algo mucho más terrible y precioso que el amor
que 
		diariamente conocíamos,
ahora, mujer, ahora, destinada mía,
es 
		cuando quiero hacerte un canto de amor, un homenaje,
que dice 
		únicamente así:

		
Te amo, lo mismo
en el día de hoy que en la eternidad,
en el 
		cuerpo que en el alma,
y en el alma del cuerpo
y en el cuerpo del 
		alma,
lo mismo en el dolor
que en la bienaventuranza,
para 
		siempre.
2.

Algo le falta a la tarde...

Algo le falta a la tarde,
no están completos los pinos,
y yo 
		mirando a las nubes
siento lo que no he sentido.

		
A cada instante pregunto
por el tesoro perdido
cuya sombra se 
		desplaza
con melancólico frío.

		
Mirándome está el deseo,
nocturno, solo, infinito;
callada va 
		la nostalgia
llameando eternos vestigios.

		
No llega nunca mi gesto
a la tierra del destino;
la vida acaba 
		inconclusa,
quedan los sueños en vilo.
3.

Calendario

entra dice la ene de la nieve
que sólo existe para el calendario

		si entre eros y héroe no se atreve
a prescindir del año imaginario

		
sigue la fe que nos sopló el primero
al segundo del canto 
		gregoriano
miniatura del sol feble y ligero
que todavía el frío 
		hace lejano

		
las lomas de su M dan a un mar
rizándose con oes jubilosas

		anunciando entretiempos de soñar
zigzagueos de amor entre las cosas

		
abre la i lo que la ele lanza
con lucidez que a la mirada inunda

		“oh luna cuánto abril” es su semblanza
la primavera en sí su reino 
		funda

		
llega la lluvia sacudiendo el rayo
como una forma natural del 
		arte
la tarde azul deja de ser ensayo
la flor toma el poder y lo 
		reparte

		
ah junio amigo de la poesía
con tus letras no he de jugar 
		("perdona
llamas al viento, nieve a la memoria")
y si pudiera 
		"clámide" diría

		
el ser solar avanza a los umbrales
de la maduración de los 
		colores
en las umbrías úes coloniales
como en la plaza de los 
		resplandores

		
agosto al gusto ya lo agosta intacto
en la encendida miel del 
		fruto abierto
fosco el mirar de tan radiante tacto
dormido el 
		corazón de tan despierto

		
empieza a dispersarse la dulzura
en las sierpes nubosas del ocaso

		secreto tinte vagamente dura 
		
la noche extiende de rocío el brazo

"escalando sereno las 
		ventanas"
octubre encubre del ciclón el rosa
que lo circunda con 
		extrañas ganas
de ser halo fatal o faz furiosa

		
no vi su nombre no sentí su sombra
sino de vuelo en tránsito en 
		andenes
como aquél de mi infancia que se asombra
porque siguen 
		silbando aquellos trenes

		
sensación de llegar -honda familia
callada eternidad cada momento

		sabores del hogar en la vigilia-– 
		
ya 2todo el tiempo" un solo nacimiento.

27 de marzo 1999
4.

Canción

¡Oh 
		dulcísimo callar
del ángel de mi sigilo!

		
¡Oh dulcísimo callar
del mundo en mi corazón!

¡Oh 
		dulcísima miseria
de mis ojos en la flor,

		
de mi soñar en el ro,
de mi tacto por el cielo!
5.

Donde la brisa...

Porque tal es el rostro del fracaso
que el espejo devuelve ciegamente

		aun antes de llegar, dulce y demente,
el último rescoldo del ocaso:

		
frente de la obsesión y del rechazo,
ojos que sólo vieron lo 
		renuente,
nariz que impide el aire, boca ausente
en su amargo 
		sabor: extraño vaso

		
a punto de volverse puro hueso:
porque tal es el fin, tal la 
		ceniza
cuyo suave huracán todo lo arrasa,

		
dejar de letras quise un ramo grueso
que ardiera un poco más 
		donde la brisa
orea la aridez, sonríe y pasa.
6.

El aire

Estoy despierto, sí, estoy mirando 
fríamente algunas cosas 
		
que van dejando ya de ser secretas. 
Están ahí, como los árboles 
		
en el desnudo aire. Sí, estoy despierto. 
Hasta la casa de mi 
		infancia es de los otros: 
		
la han pintado de un color chillón, 
entran y salen por los 
		cuartos de mi alma, 
		
hablando de otro asunto. La luz invade el patio 
de mis ocultas 
		nadas. También miro 
		
con deseo ese rostro que es ninguno 
y que viene como un ave 
		malherida 
		
de los que sufren y sonríen. 
¡Oh pueblo innumerable! Estoy 
		despierto.
		
Estoy mirando el polvo bañado por la luz, 
las tinieblas 
		disueltas en el aire 
		
cuando empieza a dibujarse la verdad: 
el árbol, la alegría, el 
		sacrificio. 
		
Y sé que aún tengo más recuerdos en la sangre 
de los que puedo 
		recordar, y más olvido 
		
del que puede olvidarse en este mundo. 
Pero qué importa, al fin, 
		si la mitad 
		
de aquella vida se me desprende y cae, 
si tanto sueño, al fin, 
		ha despertado, 
		
si no hay sitio que no me esté mirando 
ni instante en que el 
		azar no me visite. 
		
Quiero ser como tú, ¡oh rostro de los pobres!, 
misterio del 
		dolor y la sonrisa, porque el aire, 
		
el simple aire límpido y vacío, 
llenará nuestras voces y 
		esperanzas.
7.

El desposeído

No son mías las palabras ni las cosas.
Ellas tienen sus fiestas, sus 
		asuntos
que a mí no me conciernen,
espero sus señales como el 
		fuego
que está en mis ojos con oscura indiferencia.

		
No son míos el tiempo ni el espacio
(ni mucho menos la materia).

		
Ellos entran y salen como pájaros
por las ventanas sin puertas de 
		mi casa.

		
Alguien habla detrás de esta pared.

Si cruzara, sería en la 
		otra estancia:
el que habla soy yo, pero no entiendo.

		
Tal vez mi vida es una hipótesis
que alguno se cansó de imaginar,

		un cuento interrumpido para siempre.

		
Estoy solo escuchando esos fantasmas
que en el crepúsculo vienen 
		a mirarme
con ansia de que yo los incorpore:
¿querría usted negar, 
		sufrir, envanecerse?
No es mía, les respondo, la mirada,
negar 
		sería espléndido, sufrir, interminable,
esas hazañas no me 
		pertenecen.

		
Pero de pronto no puedo disuadirlos,
porque no oigo ya mi soledad

		y estoy lleno, saciado, como el aire,
de mi propio vacío resonante.

		
Y continúo diciéndome lo mismo, que no tengo
ninguna idea de 
		quién soy,
dónde vivo, ni cuándo, ni por qué.

		
Alguien habla sin fin en la otra estancia.
Nada me sirve 
		entonces. No estoy solo.
Estas palabras quedan afuera, 
		incomprensibles,
como los guijarros de la playa.
8.

Estamos

Estás 
haciendo
cosas:
música,
chirimbolos de repuesto,

		libros,
hospitales
pan,
días llenos de propósitos,
flotas,

		vida, 
		
con tan pocos materiales.
A veces
se diría
que no puedes 
		llegar hasta mañana,
y de pronto
uno pregunta y sí,
hay cine,

		apagones,
lámparas que resucitan,
calle mojada por la maravilla,

		ojo del alba,
Juan
y cielo de regreso.
Hay cielo hacia delante.

		Todo va saliendo más o menos
bien o mal o peor,
pero se llena el 
		hueco,
se salta,
sigues,
estás haciendo
un esfuerzo 
		conmovedor en tu pobreza,
pueblo mío, 
		
y hasta horribles carnavales, y hasta
feas vidrieras, y hasta 
		luna.
Repiten los programas,
no hay perfumes
(adoro esa 
		repetición, ese perfume):
no hay, no hay, pero resulta que
hay.

		Estás, quiero decir, 
		
Estamos.
9.

Examen del maniqueo

Cuántas 
		veces ha sido humillada tu soberbia: 
la soberbia del maniqueo. 

		Cuántas veces has tenido que beberte las lágrimas de hiel 
		
de no ser puro como un ángel. 

¿De qué vale sutilizar los 
		argumentos? 
		
-Sí, has colaborado con todo lo que odias, 
con la múltiple, 
		infinita cara del mal. 
		
¿En mínima medida? ¿Sólo por omisión? ¿Sólo para ganar el pan? 

		Nada puede consolarte. 
		
-Nada: porque mientras menor o más irrechazable haya sido tu
               
		complicidad, 
más esencial es tu miseria, 
y mientras creías estar 
		amparando en tu casa a los dioses siempre 
		
               
		derrotados, 
no eras más que un oscuro obrero de la monstruosa 
		construcción. 
		

Y así, cuando llegues a la presencia de tu Señor, no podrás 
		decirle: 
		
fui puro, no pacté, no mezclé mi alma con las tinieblas, 
sino 
		tendrás que confesarle: soy 
		
esta mezcla deleznable, 
me fue impuesto el insulto de la 
		promiscuidad, 
		
tuve que dar al César lo que es del César 
y al cuerpo lo que es 
		del cuerpo, 
		
soy uno más, perdido y manchado, en el rebaño, 
-quise salvar la 
		luz, pero no pude. 
		


		18 de 
		septiembre de 1961
10.

Faltabas tú, poeta. La injusticia...

Para Antonio Guerrero

		
Faltabas tú, poeta. La injusticia
no podía omitirte en su 
		venganza:
ella sabe con lúcida impudicia
lo que el amor a la 
		belleza alcanza.

		
Mas no le importa. Su misión inicia
creyendo que encadena la 
		esperanza,
que prostituye el verbo a la avaricia,
que entrega a 
		mercaderes la balanza.

		
Tú en cambio tienes la risa de tu hijo,
la fuerza de tu madre, la 
		palabra
del que por siempre a los cubanos dijo:

		
Solo será posible lo imposible.
Salud, Antonio. Tu alegato labra

		la estrofa de los cinco, ya invencible.

		
28 de diciembre del 2001
11.

La hoja

Quedará

		lo que ella afirma no lo dice
su decir es no decir y no decir y no 
		decir
no infinitamente sino
Tres Veces
tres infinitas veces

		En su rostro escribo y es un rostro sin más rasgos
que mi escritura

		que ella tornará blancor de mente, jeroglífico
de espuma,
nada

		Una hoja tras otra no hacen un árbol
sino un libro un libro tras otro

		no hacen un árbol sino una colección
de libros Una colección tras 
		otra hacen
una biblioteca En la biblioteca dicen
que no hay 
		pájaros pero yo los he visto
Lo que no he visto es libros en el 
		bosque
Claro que el bosque mismo puede considerarse un libro etc.

		Etcétera es la única palabra que la hoja abomina.
12.

La luz del cayo

Una luz arrasada de ciclón, 
aquella misma luz que vi de niño
en 
		las mañanas nupciales del miedo,
estaba esperándome aquí, pero aún 
		más pobre,
más secreta y huraña todavía,
como si no hubiera 
		lámpara capaz
de agrupar nuestras sombras dispersadas,
ni pudiera 
		la abuela regresar con aquel vaso
de espumoso chocolate hasta mi cama

		para decir: la dicha existe, la inminencia
es un tren que estremece 
		las maderas
cargado de luces y dulzura.

		
Por las calles oculto yo corría
gritando como un pino 
		indominable,
destellando la honda piedra de presagios,
discutiendo 
		silencioso con las nubes,
a comprar un martillo y unos clavos
para 
		clavar la casa contra el miedo,
y al fin huíamos del mar, en orden, 
		por los campos,
buscando el ojo del ciclón que nos miraba
como un 
		animal remoto y triste.

		
Esa luz está aquí, ya sin peligro,
toda exterior y plana, 
		establecida
en la absoluta soledad del Cayo,
pura intemperie de mi 
		ser, diciéndome:
no queda nada, no era nada,
no tengas miedo ni 
		esperes otras nupcias,
arde tranquilo como yo, árida y sola,
no 
		esperes nada más, ésta es la gloria
que aguardaba y merece (único 
		amparo)
tu flor desierta.

		
( De Testimonios )
13.

La obra...

Mientras más guardo en mis despensas, soy más menesteroso,
siempre 
		ante el mismo muro, de nada me han servido
las lámparas que encendí. 
		Es de noche. Estoy solo.
Las estancias aun tibias del festejo 
		desiertas,
ni un gesto, ni una sílaba, ni un aroma, podrían ayudarme.

		Tengo que hacerlo todo otra vez, de la raíz
para encontrar al cabo 
		que no poseo nada,
que el pabellón oscuro se inclina a la intemperie.
14.

La voz arrasadora

Esta es la voz de un contemplativo, no de un hombre de acción.
Ambas 
		razas, las únicas que realmente existen, se miran con
            
		recelo.
Es verdad que ha habido gloriosas excepciones, aunque bien

		mirarlos los rostros, bien oídas las voces,
la sagrada diferencia se 
		mantiene se mantiene, y aún se torna
            
		trágica.
Pero el contemplativo entiende y muchas veces ama el rayo de 
		la
            
		acción. Casi nunca lo contrario ocurre.

Esta es la voz absorta de 
		un oscuro, de un oculto, que ha tenido
            
		peregrinas ambiciones.

		
Enumerarlas seria realizar un inventario del delirio.

Baste 
		decir que ha querido romper los límites del fuego en las
            
		palabras

		
y ha vuelto al círculo del hogar con un puñado de cenizas.


		No, sin dudas no lo comprenderéis, salvo los que sois del
            
		indecible oficio.

		
Estos hombres se alimentan de lo que hacen; hasta sus sueños y
            
		sus fantasmagorias son quehaceres, hechos.

¿Como entender a uno 
		que no ha poseído nunca nada; que no ha
            
		tocado una cosa desnuda de alusión;

que sólo vive y muere en el 
		mundo de lo otro, en el inalcansable
            
		reino de las transposiciones:

a uno que, de pronto, necesita 
		escribir, cómo se necesita la
            
		comida o la mujer?

		
Su Suerte es dura, extraña, también irrenunciable. Y sin embargo

		o por lo mismo, ya no me preguntéis,


		cada vez 
		que oye la voz arrasadora de la vida, arroja su
            
		fantástico tesoro


		y sale 
		cantando y llorando y resplandeciendo, y va silencioso a
ocupar el 
		puesto que le asignan.


		Marzo de 
		1960
15.

Lejos

Lejos, 
		lejos nací,
lejos de mi alma:
separada la vida
de la mirada.

		
Lejanía que fue
toda la patria,
como una cicatriz
que no 
		cerrara.

		
No pude atravesar
la tarde rara:
lejos, lejos de mí,
no me 
		abarcaba.

		
He visto, comprendiendo,
la mar morada,
el confín misterioso,

		la doble playa.

Versos y pensamientos de Cintio Vitier

4 citas
« Ahora que / empieza a caer, del cielo »
Cintio Vitier · Ahora que empieza a caer, del cielo...
« Algo le falta a la tarde, / no están completos los pinos, »
Cintio Vitier · Algo le falta a la tarde...
« entra dice la ene de la nieve / que sólo existe para el calendario »
Cintio Vitier · Calendario
« dulcísimo callar / del ángel de mi sigilo! »
Cintio Vitier · Canción
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