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Chantal Maillard · Anduve por el dorso de tu mano, confiada...
Biografía y amplia selección de poemas de Chantal Maillard. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Chantal Maillard. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Anduve por el dorso de tu mano, confiada, como quien anda en las colinas seguro de que el viento existe, de que la tierra es firme, de la repetición eterna de las cosas. Mas de repente tembló el universo: llevaste la mano a tus labios y bostezando abriste la noche como una gruta cálida. Llevabas diez mil siglos despertando y el fuego ardía impaciente en tu boca. De "Hainuwele" 1990
Desciendo desciendo al cuerpo y veo la lombriz de mi espíritu alojada en mi vientre. Subo, subo en espiral hacia el motor del mundo huyendo huyendo del mareo del mal de ser sola tan sola entre las vísceras subo al latido me alojo en su arritmia y descubro mi rostro de lombriz adherida a las válvulas y asciendo sigo ascendiendo en busca de una razón que diera sentido a mi existencia me deslizo en la tráquea bloqueo las palabras asciendo resbalo. Hay un agua viscosa tras los ojos resbalo y se me pegan imágenes de un mundo apenas insinuado asciendo y al llegar a la cúpula descubro que sus paredes lisas transparentes, vacías tienen la textura carnosa de mi vientre. He bajado al espíritu he subido al instinto. La misma lombriz tensa el eje que mantiene erguida mi cintura. El nombre que le ponga ahora será el tuyo pero su nombre es el de aquellos que he amado de aquellos que amaré es todos y ninguno el eje que mantiene erguida mi cintura me previene de ti te crea a mi medida y asume el reto de ser muchos de ser tantos que da la impresión que no cabrá mi espíritu adentro de este cuerpo que no cabrá este cuerpo adentro de mi espíritu por eso muero un poco cada vez que te nombro y sin nombrarte apenas alcanzo a definirme. Mi vientre es quien pronuncia las sílabas secretas que se inscriben arriba en la cúpula. Mi existencia es señal de un fuego que arde eternamente en sí mismo. De "Lógica borrosa" 2002
Deseé alguna vez que un poeta me amase Ahora duelen sus poemas en mi cuerpo‚ algo de mí que en él se reconoce hasta quebrar la imagen de todo lo que fui. Ahora deseo que me amase tanto que dejara de amarme y sus palabras fuesen nieve que el sol de junio fundiese entre mis pechos‚ allí donde su aliento insiste en acallar esta tristeza antigua que siempre me acompaña. De "Semillas para un cuerpo" 1988
cansancio El cansancio. De nuevo, el cansancio. El esfuerzo por sobrevivir. Reiterado Observar las nubes. Dentro. Barrer. Dentro. Elegir quedar. Toda nube lleva una trayectoria. Asumir la trayectoria. Imposible barrer todo siempre. Está el cansancio. Aunque también el de las trayectorias. De ver pasar las nubes. También ese cansancio. Entonces, por un momento, ahora. Sin voluntad. Y casi está bien. Hasta pensar el estar bien y convertirlo en nube. En trayectoria. De "Hilos" 2007
1. Memoria del viaje Miré al cielo. Dije un sueño espera ser soñado. Venía de otro sueño. Compartido. Hermoso. Me asfixiaba. Era tan limpio el aire que un grito de dolor hubiese resplandecido. Miré al cielo. Cogí mis armas. Las de ellos eran otras, pero no había diferencia: de una verdad a otra, ¿cuánto dista? ¿Cuánta ignorancia las separa y cuánta las designa? Es la verdad el nombre que damos al impulso con que la vida quiere ser soñada. Cogí mis armas. Atrás quedó el hogar. Abierto, el horizonte. Fue hace mucho tiempo. Ahora… ahora ya no son tiempos de espejismos. * * * * *
El despertar En los bordes del sueño abre los ojos. Sin abrirlos. Algo despierta, la conciencia de una continuidad. De otra continuidad. Y, entonces, el milagro: la hierba. Bajo los pies, creciendo. ¡La hierba!
Heme aquí raíz, savia de impulsos ascendentes, madre aún, posible siempre, anticipada gestación de un porvenir intruso, intrusa de un presente que desestima el valor de nacer a sí mismo de nuevo. Heme aquí clavando mis ojos de savia encarcelada en los troncos vacíos de los árboles muertos, heme aquí creyendo, queriendo creer en la impostura de las ruinas, en el candor del desastre, el valor de lo opaco, la calidez del humo en los rescoldos. Heme aquí, heme aquí, he aquí que me atrevo a creer en las ruinas. ¡Me atrevo a creer en las ruinas! De "Conjuros" 2001
Iniciación Estoy creciendo de la nada. Mis ojos tantean la claridad difusa mis manos se posan y tantean abro agujeros mi cuerpo agujeros en el cielo agujeros tanteo las estrellas agujeros que llueven y es dolor y el dolor penetra mi cuerpo tantea el dolor tal vez el gozo indaga descubre el mí mi boca dice vuelvo sobre mí misma y tanteo ¡es tanta la ceguera! cierro los ojos lo cierro todo y de repente me abro veo veo lo que no hay veo estoy creciendo de la nada.
Entre una imagen tuya y otra imagen de ti el mundo queda detenido. En suspenso. Y mi vida es ese pájaro pegado al cable de alta tensión, después de la descarga. De "Lógica borrosa" 2002
Algún día, cuando el aire pese como tierra sedienta sobre los cuerpos desnudos, tal vez alcance a ser la voz de aquel peregrino que enmudeció o el agua que, gota a gota, resbala por su pecho. Él nunca estuvo en la otra orilla pues sabe que allí los dioses duermen en el polvo. Y sabe que cuando un hombre por azar se duerme en la otra orilla -ese lugar que siempre ocupó la mirada- ellos se despiertan y se contemplan en él. Si ese hombre, entonces, se despierta, se convierte en espejo y estalla con el sol. De "La otra orilla" 1990
Llevo acostada largo tiempo en la orilla. Mis pechos son colinas cubiertas de hoja seca. Levanto la cabeza y me contemplo: en mis muslos el vello a punto de ser vello, me incorporo: la hierba a punto de ser hierba, doy un paso y despierto al agua a punto de ser agua, se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto de ser negra... Un resplandor me ciega: el bosque me contempla, a punto de ser bosque, a punto de ser tuya. De "Hainuwele" 1990
existe el infinito... No existe el infinito: el infinito es la sorpresa de los límites. Alguien constata su impotencia y luego la prolonga más allá de la imagen, en la idea, y nace el infinito. El infinito es el dolor de la razón que asalta nuestro cuerpo. No existe el infinito, pero sí el instante: abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido; en él un gesto se hace eterno. Un gesto es un trayecto y una trayectoria, un estuario, un delta de cuerpos que confluyen, más que trayecto un punto, un estallido, un gesto no es inicio ni término de nada, no hay voluntad en el gesto, sino impacto; un gesto no se hace: acontece. Y cuando algo acontece no hay escapatoria: toda mirada tiene lugar en el destello, toda voz es un signo, toda palabra forma parte del mismo texto. De "Matar a Platón" 2004
Sin embargo, sin embargo, sin embargo... No me fío de mí. Nada es permanente. Menos lo es la palabra. Esto tampoco, esto tampoco, esto tampoco. No me fío, no te fíes de quien dice, de quien habla, de lo que se dice, de lo que dices, de lo que digo, no me fíes, no te fío. La lucidez es una chispa, un estado de conciencia en las multiplicadas estancias de la conciencia o que hacen conciencia, las estancias que se alargan, se prolongan, se continúan, y así se le llama conciencia a aquella continuidad. No me fío, no te fíes de las estancias, se estrechan, se acortan, se invaden, desaparecen, la lucidez es un instante entre estancias, ventanas en la mónada que si permanece bajo la luz del foco se hace estancia, también ella, y sufre las mismas convulsiones. Sin embargo, sin embargo, sin embargo... lo que intuyo ahora se borrará mañana, luego, ahora, apenas se haga pensamiento, conciencia: estancia. Atrapamos la sensación que invade las entrañas, muy abajo, muy adentro, muy homogénea, la atrapamos y la hacemos eso: "sensación", la nombramos, la describimos... la perdemos. Ya no es ella, ya no es eso, ya no es. Aún está allí pero no es lo que digo, lo es apenas, no es lo que oís, no es eso, no os fiéis, no me fíes, no te fío. De nuevo cae la tarde, mengua la luz. Los colores del otoño vienen del oeste, decía aquel poeta chino. El mundo está en mí. No me apartaré. Acojo todos los colores, el estío dentro de mi otoño, porque sé que no hay fin, que no habrá término. Todo comienza y termina en mí. Yo soy el infinito proyecto de mí misma por encima de mí me sobrevuelo. De "Lógica borrosa" 2002
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