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Carmen Díaz Margarit · De
Biografía y amplia selección de poemas de Carmen Díaz Margarit. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Carmen Díaz Margarit. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
"Gacelas de la selva alucinada" 1991
La amistad es una ráfaga de peces luminosos, y te arrastra hacia un océano feliz de mariposas. La amistad es un plañir de campanas que invocan el aroma de los cuerpos en un jardín amanecido de heliotropos. * * *
Una duda infiel. Un torbellino verde. Un centímetro de ternura. Un peligro vacío de palabras. Un instante de cielo atropellado. Un cerezo en las hebras del olvido. Un arrullo, un roce de segundos... * * *
Gacela de la cueva rumorosa No conozco cueva alguna que tengas más recovecos ni más ciervos, ni más hadas que la tuya, amor mío, que la mía. * * *
Bruma o cielo blanco en la noche. En los párpados velados todo era nácar, luz, cristal nimbado. La mano, mariposa infantil, ardió silente. * * *
La piedra intacta se yergue en nudo negro de grasa y sangre. Los ojos, roedores de tinieblas, viven al fondo de un pozo iluminado. Marionetas y naranjas se deslizan por tumbas sin sonido. No hay cielo que resista el rayo y el incendio, y los muertos duermen ajenos a sí mismos. (El amor de los ataúdes tiene márgenes sensibles y flores violentas.) En los arrecifes duermen los nenúfares, Señor, y los muertos se creen culpables. Se ofician funerales en la línea de los tejados, y desde el cielo canta un tigre del color del olvido. * * *
Una lámpara tenue en la penumbra un minuto olvidado de los dioses un sueldo miserable a las palomas una yegua de lluvia enloquecida una oreja de toro ensangrentada un manojo de truenos tartamudos y un puñado de deudas a la luna. * * *
Una serpiente blanca entre los labios. Los ojos -charcas firmes de morfina- miran sin alas a Thánatos. Un niño muerto es una metáfora malva. * * *
entregada Tu risa es una desbandada de aves azules. Tu cuerpo es la selva del universo, y en tu vientre duerme un pájaro blanco. Por tu espalda está bajando una bandada tierna de palomas. Eres todo de espuma como los niños muertos a las orillas del mar. Te pertenezco tanto que en mi pecho tu ausencia es sólo herida. * * *
Yo he sabido esconder musgo en el muelle. Vosotros no conoceréis nunca cómo crece la mágica piel de la madera. Yo he visto llover a muertos sobre los muelles, y bajo los botes acurrucarse la angustia como leopardos. Cuando las rejas espiaban la madera y la bóveda del cielo era un túnel, yo he hecho un fuego de astillas con la noche cerrada.
El plural del abanico se resolvió en un único destino. Resolví la leyenda de mi infancia con una forma ajena y humana, y a mis mayores debo mi amargura milenaria. Nunca vieron turistas mis pestañas. Con almendras fabrico pingüinos, collares. Mis libros son atletas y mi palabra antigua como la seda. En un ataúd blanco escondo una niña que es un arpa, y tengo tanta sed de amor que se estremecen cerezas en los seres más extraños. Mi alergia al espacio y mi manicura siniestra son la curiosidad de mi magia. Me mantuve siempre libre de la ternura azul de los leopardos. Amé todas las entrañas marinas, amé incluso seres fatuos por si alguien tachaba de inmóviles mis pestañas. Desde entonces, un arpa da sombra a los senos en mayo. * * *
El agua inundó la selva alucinada y crecieron escamas en las yeguas. El paraíso anida hoy en nucas y barcas celestes. Pregúntale ahora a los brazos de los pájaros dormidos si el amor existe. Hoy quiero declararte mi amor. Murmullos de sirena sólo se escuchan cuando tu cuello se abandona en mi hombro. Sólo tu ausencia es triste como los lagartos. Sólo quien te haya amado puede sentir porque sólo tu pérdida es inmensa como el océano del dolor. Pregúntale a la risa de los nardos si existe la alegría. Dirán que la alegría sólo la conocieron en tu pecho desvalido, dulce y tremendo. Yo te amo, Y ese amor se engendró en mi garganta. Tu amor es tempestad que estira de un barco hacia la inmensidad, pero también seguro, como el alivio del cielo. Eres como un pirata perdido en una selva de agua y tus párpados sólo son ternura. Tu voz suave es melodía de espaldas amarillas y de axilas que laten como rosas antiguas. Encántame. Cuéntame un cuento de lunares salvajes, y de Sevilla y Málaga entre rejas.
hay miedo, miedo en las criaturas y en los cuerpos. Cruzan los pies de hueso el paisaje de doscientos ahogados. A los niños les crecen las rodillas en los estanques de mármol, Y por las noches huyen de las culebras en las corrientes donde se hunden todas las tristezas. Hay miedo, miedo en las criaturas y en los cuerpos. Sobre el océano habitan la lluvia y el petróleo. La desnudez humana se aleja de la playa anclada en la muerte- De pie en la popa los blancos esnifan lunas como sonámbulos, a babor se arrastran mulatas secretas como ciudades. Las lágrimas no brillan en los tobillos ni en las fronteras. Los ancianos son tan invisibles que no se ven ni en los espejos del agua, y si los edificios fueran cipreses la soledad sería un arroyo contra el cielo. Hay miedo, miedo en las criaturas y en los cuerpos. Se alquilan novias, pestañas y culebras desconcertadas. El veneno se vende en forma de poema, de liguero, de fruta, de pájaro, en calles solitarias de domingo.
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