Poesía Universal

Carlos Pellicer

Biografía y amplia selección de poemas de Carlos Pellicer. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Carlos Pellicer. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Carlos Pellicer

11 poemas seleccionados
1.

Al dejar un alma

Agua crepuscular, agua 
		sedienta, 
		
se te van como sílabas los pájaros tardíos.
Meciéndose en los 
		álamos el viento te descuentan 
		
la dicha de tus ojos bebiéndose en los míos. 


	
	
		Alié mi pensamiento a 
		tus goces sombríos 
y gusté la dulzura de tus palabras lentas.
Tú 
		alargaste crepúsculos en mis manos sedientas:
yo devoré en el pan tus 
		trágicos estíos. 
		


	
	
		Mis manos quedarán 
		húmedas de tu seno.
De mis obstinaciones te quedará el veneno,

		flotante flor de angustia que bautizó el destino. 
		


	
	
		De nuestros dos 
		silencios ha de brotar un día
el agua luminosa que dé un azul divino 

		al fondo de cipreses de tu alma y de la mía.
2.

Amor sin nombre

Amor sin nombre, ámbito 
		destino
de ser y de no estar. Tu pronto asedio
sostiene mi dolor y 
		anula el tedio
de copa exhausta o apretado vino.


		En un alto silencio, un 
		aquilino
palmo azul de silencio, vivo. En medio
de la infausta 
		paciencia de tu asedio
abro las jaulas y desbordo el trino.


		Por ti cuelgo coronas 
		en los muros;
por ti soy más fugaz y en los maduros
soñares 
		aligero tus canciones.


		Y te llevo en mi ser y 
		has recogido
la actitud que en Florencias o Bizancios
consagra sus 
		palomas al olvido.
3.

Canto destruido

¿En qué rayo de luz, 
		amor ausente
tu ausencia se posó? Toda en mis ojos
brilla la 
		desnudez de tu presencia.
Dúos de soledad dicen mis manos 
		
llenas de ácidos fríos 
y desgarrados horizontes. 


		Veo el otoño lleno de 
		esperanza
como una atardecida primavera
en que una sola estrella

		vive el cielo ambulante de la tarde. 
		


		Te amo, amor, y nada 
		estoy diciendo
para llamarte. Siento 
		
que me duelen los ojos de no llorar. Y veo
que tu ausencia me 
		encuentra 
		
como el cielo encendido
y una alegría triste de no usarla 

		como esos días en que nada ocurre
y está toda la casa 
		
inútilmente iluminada. 


		En la destruida alcoba 
		de tu ausencia
pisoteados crepúsculos reviven
sus harapos, morados 
		de recuerdos.
En el alojamiento de tu ausencia
todo lo ocupo yo, 
		clavando clavos
en las cuatro paredes de la ausencia. 
		


		Y este mundo cerrado 
		
que se abre al interior de un bosque antiguo,
ve marchitarse el 
		tiempo,
despolvorearse la luz, y mira a todos lados 
		
sin encontrar el punto de partida. 


		Aunque vengas mañana

		en tu ausencia de hoy perdí algún reino. 
		


		Tu cuerpo es el país de 
		las caricias,
en donde yo, viajero desolado
-todo el itinerario de 
		mis besos-
paso el otoño para no morirme,
sin conocer el valor de 
		tu ausencia
como un diamante oculto en lo más triste.
4.

Discurso por las flores

A Joaquín Romero

		

		Entre todas las flores, señoras y señores,

		es el lirio morado la que mas me alucina.

		Andando una mañana solo por Palestina,

		algo de mi conciencia con morados colores

		tomó forma de flor y careció de espinas.

		

		El aire con un pétalo tocaba las colinas

		que inaugura la piedra de los alrededores.

		

		Ser flor es ser un poco de colores con brisa.

		Sueño de cada flor la mañana revisa

		con los dedos mojados y los pómulos duros

		de ponerse en la cara la humedad de tos muros,

		

		El reino vegetal es un país lejano

		aun cuando nosotros creámoslo a la mano.

		Difícil es llegar a esbeltas latitudes;

		mejor que doña Brújula, los jóvenes laúdes.

		Las palabras con ritmo —camino del poema—

		se adhieren a la intacta sospecha de una yema.

		Algo en mi sangre viaja con voz de clorofila.

		Cuando a un árbol le doy la rama de mi mano

		siento la conexión y lo que se destila

		en el alma cuando alguien está junto a un hermano.

		Hace poco, en Tabasco, la gran ceiba de Atasta

		me entregó cinco rumbos de su existencia. Izó

		las más altas banderas que en su memoria vasta

		el viento de los siglos inútilmente ajó.

		

		Estar árbol a veces, es quedarse mirando

		(sin dejar de crecer) el agua humanidad

		y llenarse de pájaros para poder, cantando,

		reflejar en las ondas quietud y soledad.

		

		Ser flor es ser un poco de colores con brisa;

		la vida de una flor cabe en una sonrisa.

		Las orquídeas penumbras mueren de una mirada

		mal puesta de los hombres que no saben ver nada.

		En los nidos de orquídeas la noche pone un huevo

		y al otro día nace color de color nuevo.

		La orquídea es una flor de origen submarino.

		Una vez a unos hongos, allá por Tepoztlán,

		los hallé recordando la historia y el destino

		de esas flores que anidan tan distantes del mar.

		

		Cuando el nopal florece hay un ligero aumento

		de luz. Por fuerza hidráulica el nopal multiplica

		su imagen. Y entre espinas con que se da tormento,

		momento colibrí a la flor califica.

		

		El pueblo mexicano tiene dos obsesiones:

		el gusto por la muerte y el amor a las flores.

		Antes de que nosotros "habláramos castilla"

		hubo un día del mes consagrado a la muerte;

		había extraña guerra que llamaron florida

		y en sangre los altares chorreaban buena suerte.

		

		También el calendario registra un día flor.

		Día Xóchitl, Xochipilli se desnudó al amor

		de las flores. Sus piernas, sus hombros, sus rodillas

		tienen flores. Sus dedos en hueco, tienen flores

		frescas a cada hora. En su máscara brilla

		la sonrisa profunda de todos los amores.

		

		(Por las calles aún vemos cargadas de alcatraces

		a esas jóvenes indias en que Diego Rivera

		halló a través de siglos los eternos enlaces

		de un pueblo en pie que siembra la misma primavera).

		

		A sangre y flor el pueblo mexicano ha vivido.

		Vive de sangre y flor su recuerdo y su olvido.

		(Cuando estas cosas digo mi corazón se ahonda

		en mi lecho de piedra de agua clara y redonda).

		

		Si está herido de rosas un jardín, los gorriones

		le romperán con vidrio sonoros corazones

		de gorriones de vidrio, y el rosal más herido

		deshojará una rosa allá por los rincones,

		donde los nomeolvides en silencio han sufrido.

		

		Nada nos hiere tanto como hallar una flor

		sepultada en las páginas de un libro. La lectura

		calla; y en nuestros ojos, lo triste del amor

		humedece la flor de una antigua ternura.

		

		(Como ustedes han visto, señoras y señores,

		hay tristeza también en esto de las flores).

		

		Claro que en el clarísimo jardín de abril y mayo

		todo se ve de frente y nada de soslayo.

		Es uno tan jardín entonces que la tierra

		mueve gozosamente la negrura que encierra,

		y el alma vegetal que hay en la vida humana

		crea el cielo y las nubes que inventan la mañana.

		

		Estos mayos y abriles se alargan hasta octubre.

		Todo el Valle de México de colores se cubre

		y hay en su poesía de otoñal primavera

		un largo sentimiento de esperanza que espera.

		Siempre por esos días salgo al campo. (Yo siempre

		salgo al campo). La lluvia y el hombre como siempre

		hacen temblar el campo. Ese último jardín,

		en el valle de octubre, tiene un profundo fin.

		

		Yo quisiera decirle otra frase a la orquídea;

		esa frase sería una frase lapídea;

		mas tengo ya las manos tan silvestres que en vano

		saldrían las palabras perfectas de mi mano.

		

		Que la última flor de esta prosa con flores

		séala un pensamiento. (De pensar lo que siento

		al sentir lo que piensan las flores, los colores

		de la cara poética los desvanece el viento

		que oculta en jacarandas las palabras mejores).

		

		Quiero que nadie sepa que estoy enamorado.

		De esto entienden y escuchan solamente las flores.

		A decir me acompañe cualquier lirio morado:

		señoras y señores, aquí hemos terminado.
5.

En el silencio de la casa, tú...

En el silencio de la 
		casa, tú,
y en mi voz la presencia de tu nombre
besado entre la 
		nube de la ausencia
manzana aérea de las soledades.


		Todo a puertas  
		cerradas, la quietud
de esperarte es vanguardia de heroísmo,

		vigilando el ejército de abrazos
y el gran plan de la dicha.


		Yo no sé caminar sino 
		hacia ti,
por el camino suave de mirarte
poner mis labios junto a 
		mis preguntas
-sencilla, eterna flor de preguntarte-
y escucharte 
		así en mí ¡y a sangre y fuego
rechazar, luminoso, las penumbras...!


		Manzana aérea de las 
		soledades,
bocado silencioso de la ausencia,
palabra en viaje, 
		ropa del invierno
que hará la desnudez de las praderas.


		Tú en el silencio de la 
		casa. Yo
en tus labios de ausencia, aquí tan cerca
que entre los 
		dos la ronda de palabras
se funde en la mejor que da el poema.
6.

En una de esas tardes...

En una de esas tardes 
		
sin más pintura que la de mis ojos, 
te desnudé 
y el viaje de 
		mis manos y mis labios 
		
llenó todo tu cuerpo de rocío. 


		Aquel mundo amanecido 
		por la tarde, 
		
con tantos episodios sin historias, 
fue silenciosamente 
		abanderado 
		
y seguido por pueblos de ansiedades. 


		Entre tu ombligo y sus 
		alrededores 
		
sonreían los ojos de mis labios 
y tu cadera, 
esfera en dos 
		mitades, 
		
alegró los momentos de agonía 
en que mi vida huyó para tu vida. 
		


		Estamos tan presentes, 
		
que el pasado no cuenta sin ser visto. 
No somos lo escondido; 
		
en el torrente de la vida estamos. 


		Tu cuerpo es lo desnudo 
		que hay en mí 
		
toda el agua que va rumbo a tus cántaros. 
Tu nombre, tu alegría… 
		
Nadie lo sabe; 
ni tú misma a solas.
7.

Esta barca sin remos es la mía...

Esta barca sin remos es la mía.
Al viento, al viento, al viento 
		solamente
le ha entregado su rumbo, su indolente
desolación de 
		estéril lejanía.

		
Todo ha perdido ya su jerarquía.
Estoy lleno de nada y bajo el 
		puente
tan sólo el lodazal, la malviviente
ruina del agua y de su 
		platería.

		
Todos se van o vienen. Yo me quedo
a lo que dé el perder valor y 
		miedo.
¡Al viento, al viento, a lo que el viento quiera!

		
Un mar sin honra y sin piratería,
excelsitudes de un azul 
		cualquiera
y esta barca sin remos que es la mía.
8.

Grupos de palomas

A la Sra. Lupe Medina de Ortega


		1
Los grupos de 
		palomas,
notas, claves, silencios, alteraciones,
modifican el 
		ritmo de la loma.
La que se sabe tornasol afina
las ruedas 
		luminosas de su cuello
con mirar hacia atrás a su vecina.
Le da al 
		sol la mirada
y escurre en una sola pincelada
plan de vuelos a 
		nubes campesinas.

		
2
La gris es una joven extranjera
cuyas ropas de viaje
dan 
		aire de sorpresas al paisaje
sin compradoras y sin primaveras.

		
3
Hay una casi negra
que bebe astillas de agua en una piedra.

		Después se pule el pico,
mira sus uñas, ve las de las otras,
abre 
		un ala y la cierra, tira un brinco
y se para debajo de las rosas.

		El fotógrafo dice:
para el jueves, señora.
Un palomo amontona sus 
		erres cabeceadas,
y ella busca alfileres
en el suelo que brilla 
		por nada.
Los grupos de palomas
-notas, claves, silencios, 
		alteraciones-
modifican lugares de la loma.

		
4
La inevitablemente blanca
sabe su perfección. Bebe en la 
		fuente
y se bebe a sí misma y se adelgaza
cual un poco de brisa en 
		una lente
que recoge el paisaje.
Es una simpleza
cerca del 
		agua. Inclina la cabeza
con tal dulzura,
que la escritura 
		desfallece
en una serie de sílabas maduras.


		5
Corre un automóvil 
		y las palomas vuelan.
En la aritmética del vuelo,
los «ochos» 
		árabes desdóblanse
y la suma es impar. Se mueve el cielo
y la casa 
		se vuelve redonda.
Un viraje profundo.
Regresan las palomas.

		notas. claves. Silencios. Alteraciones.
El lápiz se descubre; se 
		inclinan las lomas
y por 20 centavos se cantan las canciones.
9.

Horas

de 
		junio

		
Vuelvo a ti, soledad, agua vacía, 
agua de mis imágenes, tan 
		muerta, 
		
nube de mis palabras, tan desierta, 
noche de la indecible 
		poesía. 
		

Por ti la misma sangre -tuya y mía-
corre el alma de nadie 
		siempre abierta. 
		
Por ti la angustia es sombra de la puerta 
que no se abre de 
		noche ni de día. 
		

Sigo la infancia en tu prisión, y el juego 
que alterna 
		muertes y resurrecciones 
		
de una imagen a otra vive ciego. 

Claman el viento, el sol y 
		el mar del viaje. 
		
Yo devoro mis propios corazones 
y juego con los ojos del 
		paisaje. 
		

Junio me dio la voz, la silenciosa 
música de callar un 
		sentimiento. 
		
Junio se lleva ahora como el viento 
y el alma inútilmente fue 
		gozosa. 
		

Al año de morir todos los días 
los frutos de mi voz dijeron 
		tanto 
		
y tan calladamente, que unos días 

vivieron a la sombra de 
		aquel canto. 
		
(Aquí la voz se quiebra y el espanto 
de tanta soledad llena los 
		días.) 
		

Hoy hace un año, Junio, que nos viste, 
desconocidos, juntos, 
		un instante. 
		
Llévame a ese momento de diamante 
que tú en un año has vuelto 
		perla triste. 
		

Álzame hasta la nube que ya existe, 
líbrame de las nubes, 
		adelante. 
		
Haz que la nube sea el buen instante 
que hoy cumple un año, 
		Junio, que me diste. 
		

Yo pasaré la noche junto al cielo 
para escoger la nube, la 
		primera 
		
nube que salga del sueño, del cielo, 

del mar, del 
		pensamiento, de la hora, 
		
de la única hora que me espera 
¡Nube de mis palabras, 
		protectora!
10.

Hoy que has vuelto, los dos hemos callado...

Hoy que has vuelto, los 
		dos hemos callado,
y sólo nuestros viejos pensamientos
alumbraron 
		la dulce oscuridad
de estar juntos y no decirse nada.


		Sólo las manos se 
		estrecharon tanto
como rompiendo el hierro de la ausencia.
¡Si una 
		nube eclipsara nuestras vidas!


		Deja en mi corazón las 
		voces nuevas,
el asalto clarísimo, presente,
de tu persona sobre 
		los paisajes
que hay en mí para el aire de tu vida.
11.

La primera tristeza ha llegado. Tus ojos...

La primera tristeza ha 
		llegado. Tus ojos
fueron indiferentes a los míos. Tus manos
no 
		estrecharon mis manos.
Yo te besé y tu rostro era la piedra seca

		de las alturas vírgenes. Tus labios encerraron
en su prisión inútil 
		mi primera amargura.
En vano tu cabeza puse en mi hombro y en vano

		besé tus ojos. Eras el oasis cruel
que envenenó sus aguas y 
		enloqueció a la sed.
Y se fue levantando del horizonte una
nube. 
		Su tez morena voló a color. De nuevo
fue oscureciendo el tono de los 
		días de antes.
yo abandoné tu rostro y mis manos
ausentaron las 
		tuyas. Mi voz se hizo silencio.
Era el silencio horrible de los 
		frutos podridos.
Oí que en mi garganta tropezó la derrota
con las 
		piedras fatales.
Yo me cubrí los ojos
para no ver las lágrimas que 
		huían hacia mí.
Luego tú me besaste, dijiste algo. Yo oía
llorar 
		mis propias lágrimas en el primer silencio
de la primera tristeza. El 
		alma  de ese día
llegó de lejos -tu alma- y se quedó en mi 
		pecho.

Versos y pensamientos de Carlos Pellicer

4 citas
« Agua crepuscular, agua / sedienta, »
Carlos Pellicer · Al dejar un alma
« Amor sin nombre, ámbito / destino »
Carlos Pellicer · Amor sin nombre
« ¿En qué rayo de luz, / amor ausente »
Carlos Pellicer · Canto destruido
« A Joaquín Romero / Entre todas las flores, señoras y señores, »
Carlos Pellicer · Discurso por las flores
Biblioteca poética

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