Poesía Universal

Carlos López Narváez

Biografía y amplia selección de poemas de Carlos López Narváez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de Carlos López Narváez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Carlos López Narváez

11 poemas seleccionados
1.

¿A qué?

"Ya perdieron su arrullo los ocasos
                                           
		y los abismos florecieron huesos".
                                                                             
		Matilde Espinosa

A qué llevar hacia el azul los pasos;
a 
		qué nombrar las cosas dulcemente,
si para la penumbra confidente

		«ya perdieron su arrullo los ocasos».

		
A qué entreabrir los sitibundos besos;
a qué dejar la rosa en la 
		ventana...
Bajó desde los cielos lumbre vana
«y los abismos 
		florecieron huesos».


		A qué mecer la tarde 
		entre los brazos,
ni sentarse a la orilla de la fuente,
si en el 
		sordo rugido del torrente
«ya perdieron su arrullo los ocasos».


		Inútiles ya todos los 
		regresos,
divaguen en la sombra nuestros pasos
«ya perdieron su 
		arrullo los ocasos
y los abismos florecieron huesos».
2.

Adoración

Una flor no ha traído jamás la primavera
digna de la embrujada noche 
		de tu cabello
y que en blanda agonía, cercana de tu cuello
bajo el 
		tibio perfume de tu aliento muriera.

		
Ni seda se ha tejido por mágica hilandera,
ni tul, ni encaje 
		dignos de velar el destello
de tus brazos, tus hombros, tu flanco 
		donde el sello
de su gracia dejaron la diosa y la quimera.

		
Aún no fue tallada la copa diamantina
que de la vid colmada con 
		la sangre divina
merezca de tus labios la sapiente dulzura.

		
No hay plumas ni vellones, damascos ni tapices
dignos de que en 
		su felpa desnuda te deslices;
ni sé qué amor exista digno de tu 
		hermosura.
3.

Almena

La tarde como valle 
		macilento
y en ella tú la sonrosada nube;
bruma este amor 
		calladamente sube
del claro río de mi pensamiento.

		
A tus manos desciende el firmamento
y de tus venas el color 
		asume,
y se duermen la zarza y el perfume
de tu sonrisa al tenue 
		movimiento.

		
¡Oh la clara dulzura de mirarte
callada sonreir, Dama cautiva,

		impasible en su diáfano baluarte!

		
¡Oh la caricia inmóvil que furtiva
ondea como cándido estandarte

		de tu esplendor sobre la almena viva.
4.

Diafanidad

Sereno el esplendor de 
		nuestro júbilo
en la urdimbre de oros vesperales;
lino tus manos, 
		sedas el murmullo
de la canción y la ternura errantes.

		
Callada melodía del coloquio...
Mi corazón, nostálgico velamen;

		tu corazón, velero migratorio,
mecidos al arrullo del instante.

		
Y los deseos como rosas vagas,
y la caricia como una ave ciega,

		dulcemente quedándose asomadas
a ti como al brocal de una cisterna.

		
Toda distante, toda en mí te llevo;
dora la bruma tu presencia 
		cándida,
y sobre el césped de un azul silencio
la noche compasiva 
		nos enlaza.
5.

El

vago encanto


		Bellas, airosas, pálidas, altivas
como tú misma otras mujeres veo;

		son reinas victoriosas; su trofeo
es una multitud de almas cautivas.

		
Su blancura de mármol, sus flexivas
formas, sus ojos, flechan el 
		deseo...
Yo, indiferente y sin afán las veo
bellas, airosas, 
		cálidas, altivas.

		
¿Por qué? Porque les falta a todas ellas,
aún a las más puras y 
		más bellas,
un detalle sutil, un casi nada:

		
No brilla entre la gracia turbadora
de sus encantos, el que te 
		decora :
el vago encanto de mujer amada.
6.

En azul

Azul como el delirio, azul como la hora 
en que cruza tu sombra mi 
		fiebre desvelada; 
		
azul como el más bello cuento de Scherezada, 
azul como la noche 
		de una leyenda mora. 
		

Azul como la llama convulsa que devora 
la mirra alucinante 
		de la orgía sagrada, 
		
parece que de todo lo azul fuese formada 
la veste que te ciñe 
		sensual y triunfadora. 
		

De cálidas neblinas irrigan un paisaje 
fugaz y caprichoso 
		los visos de tu traje; 
		
el aire entre sus pliegues tornasola suspiros ... 

Y bajo la 
		tormenta que aviva el sortilegio, 
		
tu cuerpo resplandece, desnudo, lácteo, egregio, 
prisionero en 
		un móvil palacio de zafiros.
7.

Entre

ti y el aire


		La tarde a tu lado
era una pradera fantástica:
nacía la brisa en 
		tu paso;
era el cielo tu inmensa mirada;
arrebol tu boca franjado 
		de blanco,
y era un césped azul tu palabra.

		
Entre ti y el aire
mi amor era un manto.
Te llevaba en su urna 
		diamante
mi sueño más cándido;
los inmóviles besos rozaban

		apenas tu sien y tus manos.

		
Sumisa la sangre,
oculta en sus ánforas,
tersa, leve, radiante

		reflejaba sólo tu sonrisa plácida,
o se hacía una rosa gigante

		cuando te rozaba.

		
A tu vera, todo,
silenciosamente, tornábase alma.

Ahora la 
		tarde sin brisa en tus pasos;
tu boca y tus ojos distantes;
de tu 
		voz el arrullo, lejano;
ahora la tarde
se envuelve en la bruma que 
		todo lo invade...

		
Y la sangre es bahía convulsa
si a lo lejos te mira pasar.

		
Tiéndeme tus manos,
rosas de las tardes
que no volverán.
8.

Estival II

Leilah: de tu esplendor rezuma un vino
que es en mis venas sosegado 
		fuego
y arrobada embriaguez cuando te aspiro.

		
Leilah: con el estío de tu risa
se madura la mies de los deseos

		para soñar tu cándida vendimia.

		
Leilah: cruzando mares de silencio
sobre la playa de tu voz 
		marina
suspiran caracolas de desvelo.

		
Leilah, tus manos son la tibia rada
donde mecen -veleros 
		despojados-
la ternura y el sueño su nostalgia.
9.

Fanal

Roja dulzura, flor de miel y fuego,
sapiencia al rojo-blanco de tu 
		boca;
lámpara alimentada con la loca
combustión de mi sangre y de 
		tu ruego.

		
Fulva ensenada a cuyo fondo ciego
se lanza nuestro ser desde la 
		roca
del sueño trunco... porque en vano invoca
piedad celeste o 
		terrenal sosiego.

		
Cuando en la sombra pasional tu blanco
desnudo cuerpo fosforezca 
		al roce
de mi beso -cantárida en tu flanco-

		
darás, ardida del fragor nocturno,
a la pradera lívida del goce

		tu fulgor de maléfico Saturno.
10.

Forma cándida

Mi pensamiento es la 
		suspensa forma
de tu presencia;
mi corazón, la forma palpitante.

		
Como bridones blancos,
mis sentidos galopan en la tierra
de 
		tus cinco hermosuras con el carro.


		La voz te anuncia

		con dorados rumores germinales
lo mismo que los astros y las frutas.

		
Nacen de tu palabra
manantiales y céfiros
que sosiegan mi 
		tórrida comarca.

		
Y en tu inefable cercanía
verdean los oteros
y elevas la 
		colina donde pace
mi cándido rebaño de silencios.
11.

La canción secreta

-¿En qué fondo de sueño vi tu gloria ?
-¿A qué prodigio tu poder me 
		encumbra,
     oh mansión ilusoria,
alto amor 
		que traspasas la memoria,
llama sin leño, sol de mi penumbra?

		
Sin saber en qué ayer, en qué ribera,
en qué antro, en qué valle 
		o en qué nube
     se abrió tu primavera;
sin 
		descubrir jamás dónde te hube,
alto amor, claro amor, haz que yo 
		muera.

		
Cuando se rompa el plácido espejismo
y del instante la dorada 
		venda
     se desprenda al abismo;
cuando todo 
		se fugue de mí mismo
y al insondable vórtice descienda,
un nombre, 
		un rostro, le darán al mundo
la luz y el canto en plenitud secreta,

		y encenderá tu corazón profundo,
     ¡oh cautivo 
		errabundo!
la tarde entre sus manos de violeta.

Versos y pensamientos de Carlos López Narváez

4 citas
« "Ya perdieron su arrullo los ocasos / y los abismos florecieron huesos". »
Carlos López Narváez · ¿A qué?
« Una flor no ha traído jamás la primavera / digna de la embrujada noche »
Carlos López Narváez · Adoración
« La tarde como valle / macilento »
Carlos López Narváez · Almena
« Sereno el esplendor de / nuestro júbilo »
Carlos López Narváez · Diafanidad
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